בס”ד
Registrado por Itiel Giladi. 159.º aniversario del nacimiento del Rebe Rashab (última parte). 20 de Jeshván 5780, casa del Rebe Rashab, Rostov.
EL SECRETO DEL CUATRO EN LA PARASHÁ JAIEI SARÁ
Resumen del desarrollo de la clase
Hace ocho años, el Rav dio un farbrenguen (reunión jasídica) en el aniversario del nacimiento del Rebe Rashab, el 20 de Jeshván, en la casa del Rebe Rashab en Rostov, donde también falleció y está enterrado. El farbrenguen se tradujo al ruso en forma simultánea y, por su estilo, se dirigía también a quien no está acostumbrado a estos temas. La mayor parte ya se publicó; aquí se presenta otro capítulo, aún no publicado, que trata de la parashá Jaiei Sará.
La clase trata del “descenso con el fin de ascender” (ieridá tzórej aliyá): el descenso “de un techo alto a un pozo profundo”, aludido en el número cuatro, que se repite tres veces al comienzo de la parashá.
El secreto del cuatro: “de un techo alto a un pozo profundo”
Para el descenso del alma al cuerpo hay una expresión, una imagen[1], que está escrita en todos los libros sagrados, y mucho también en Jabad: “mei’igrá ramá lebirá amiktá”, “de un techo alto a un pozo profundo”. Igrá es techo (la traducción aramea de “harás un parapeto para tu techo”[2] es “vetaabed tiká le’igraj”), e igrá ramá es un techo alto. Birá es pozo, y birá amiktá es un pozo profundo.
En el día del nacimiento, el alma desciende, como dijimos[3], en un “descenso con el fin de ascender”[4]: de un techo alto a un pozo profundo[5]. Hay que reflexionar sobre el sentido simple. Antes dijimos que la raíz del alma arriba es el Gan Eden; aquí se describe como un “techo alto”. Este mundo lo conocemos: un mundo de oscuridad y también de falsedad, almá dishikrá, con mucho mal (en el mundo de Asiá “la mayor parte es mal”[6]). Pero aquí se lo describe como un pozo profundo. Estaba en un techo alto y bajé a un pozo profundo.

Además del sentido simple, hay aquí una alusión importante. Las iniciales de Igrá Ramá Birá Amiktá forman, en orden, una palabra simple en hebreo: arbá (ארבע), el número 4.
¿Por qué esta palabra, arbá, alude al secreto del descenso “de un techo alto a un pozo profundo”? Es el descenso del alma al cuerpo, un descenso con el fin de ascender, para llegar a la “verdadera unidad” con la Luz Infinita, bendita sea[7]. Hay que conectar todo lo que se estudia, y todo lo que nos pasa en la vida, con la parashá de la semana. Así dijo el Admur Hazakén, el primer Rebe de Jabad: hay que “vivir con el tiempo”[8].
“Cuatro” al comienzo de Jaiei Sará
El tiempo judío es la parashá de la semana que se lee en la Torá. Ahora empezamos a leer la parashá Jaiei Sará, donde la palabra arbá aparece tres veces solo al comienzo de la parashá. La primera vez: “Y fue la vida de Sará cien años y veinte años y siete años, los años de la vida de Sará. Y murió Sará en Kiriat Arbá”. Observemos estas palabras.
El primer versículo tiene 12 palabras, y arbá es la cuarta palabra del segundo versículo. Así, es la palabra 16 desde el comienzo de la parashá: 4 al cuadrado, 4 veces 4. ¿Cuántas letras hay en “Vatamot Sará beKiriat Arbá”? 16 (y 4 letras en la palabra arbá), como el número de palabras desde el comienzo de la parashá. Vemos aquí que la Torá quiere subrayarnos algo especial en la palabra-número “cuatro”.
El Nombre de cuatro letras
¿Cómo explica aquí el Zohar[9] “Kiriat Arbá”? Mientras el alma está dentro del cuerpo, une los cuatro elementos. Según la naturaleza y la ciencia antigua, se habla de cuatro elementos. Hoy la ciencia, la química, habla de muchos elementos: hasta hace algunos años se estudiaban en las escuelas 92 elementos, y hoy ya más. En todo caso, según los antiguos (y seguramente hay algo de verdad en ello, pues aparece en todos los libros sagrados) hay cuatro elementos: fuego, aire, agua y tierra.
Dice el Zohar que “Kiriat Arbá” significa que el alma viene al cuerpo para unir los cuatro elementos, para combinarlos: hacer “la obra de la Carroza” (maasé merkavá) dentro de “la obra de la Creación” (maasé bereshit). Esto se subraya también en las palabras siguientes, “hi Jevrón”, “que es Jebrón”, también de la raíz jibur, unión: unir juntos los “cuatro”.
En la lengua sagrada, la palabra arbá se relaciona con “¿quién contará la cuarta parte (rova) de Israel?”[10], que habla de la unión de pareja. Rova Israel son las uniones de los judíos, el hombre y la mujer, el novio y la novia, para traer hijos al mundo. Hay algo en la palabra arbá que alude a la unión de pareja y al nacimiento de hijos.
Según la Torá (no solo según la Cábala, sino también según la halajá, la parte revelada), para que haya una familia, para que una persona cumpla el precepto de “fructificad y multiplicaos”[11], ¿cuántas almas debe haber en la familia? Cuatro almas: papá y mamá, un hijo y una hija. El primer precepto de la Torá es “fructificad y multiplicaos”: que haya un hijo y una hija. Hay quien dice que bastan dos hijos varones[12], pero según la halajá[13] hace falta un hijo y también una hija: papá-mamá-hijo-hija (en hebreo, ¡aba-ima-ben-bat suma lo mismo que pru urvú, “fructificad y multiplicaos”!).
El Nombre Havaiá es llamado por nuestros Sabios “el Nombre de cuatro letras” (shem ben arbá). ¿Qué otro precepto de la Torá, además de “fructificad y multiplicaos”, se relaciona con la palabra arbá? También un precepto muy importante: “Te harás flecos en las cuatro esquinas de tu vestido con que te cubras”[14], el precepto del tzitzit, “cuatro esquinas”.
¿Cuándo lo decimos en la plegaria de la Amidá? “Y reúnenos juntos de las cuatro esquinas de la tierra a nuestra tierra”. El tzitzit tiene la virtud especial de reunirnos a nosotros, el pueblo de Israel, de las cuatro esquinas de la tierra. Todo es “descenso con el fin de ascender”: descendemos, nos dispersamos, pero el tzitzit es una virtud divina del “cuatro”. Une en nuestra alma también los cuatro elementos[15] (así como hay elementos en la naturaleza, hay elementos en el alma[16]), para hacer la unión de pareja y traer al mundo un hijo y una hija. Entonces la familia judía refleja el Nombre Havaiá, bendito sea.
Toda familia en la que hay papá y mamá, hijo e hija, es iud, hei, vav y hei. La iud es el papá, la primera hei del Nombre Havaiá es la mamá, la vav es el hijo y la segunda hei es la hija. Toda familia es Iud-Hei-Vav-Hei, el Nombre propio de Dios. Así es el “descenso con el fin de ascender”: el descenso de uno para ser cuatro, y precisamente por medio de esto llegar a la “verdadera unidad” con la Luz Infinita, bendita sea[17].
Iud – papá – fuego
Hei – mamá – aire
Vav – hijo – agua
Hei – hija – tierra
Así, abrimos un tema: el secreto del “descenso con el fin de ascender” es el secreto de “reúnenos juntos de las cuatro esquinas de la tierra a nuestra tierra”. Es una expresión que tiene todo tipo de intenciones místicas en la Cábala, que no es el lugar de explicar ahora, y su palabra principal es arbá, “cuatro”.
“Cuatrocientos siclos de plata”
Dijimos que la palabra arbá está escrita tres veces al comienzo de la parashá. La primera vez: “Y murió Sará en Kiriat Arbá”. ¿Dónde más está escrita? Otras dos veces. ¿Por cuánto dinero compró Abraham Avinu la Cueva de Majpelá a Efrón el jitita para enterrar a Sará, su esposa?
Sará murió, pero también esto es un “descenso con el fin de ascender”: sigue unida y uniendo los elementos. Y Abraham Avinu compra la Cueva de Majpelá para enterrarla por “cuatrocientos siclos de plata [moneda corriente entre mercaderes]”, expresión que se repite dos veces[18].
¿Qué significa “cuatrocientos siclos de plata” (kesef)? En la Cábala se explica que son “los cuatrocientos mundos de anhelo” (tav almín dejisufín)[19]. Es plata pura, la plata de las cosas sagradas, que es el deleite en la Divinidad: “entonces te deleitarás en Havaiá”[20]. Así, Sará Imenu se deleita en Dios.
No hace falta morir realmente en este mundo: toda la vida hay descensos y ascensos. Antes de ir a dormir confiamos el alma a lo alto (el sueño es un sesentavo de la muerte[21]), y también cada día, a lo largo del día, hay aspectos de “descenso con el fin de ascender”[22].
En resumen: ideas y puntos para el servicio a Dios
- El descenso del alma “de un techo alto a un pozo profundo” es el secreto del número cuatro.
- En el “cuatro” está la fuerza de fructificar y multiplicarse, para completar el “Nombre de cuatro letras” en el hogar judío: padre-madre-hijo-hija.
- En el “cuatro” está la fuerza de unir los cuatro elementos en el cuerpo y en el alma (el secreto de “Kiriat Arbá”).
- Por la fuerza del “cuatro” se alcanza el propósito de los “cuatrocientos siclos de plata”, “los cuatrocientos mundos de anhelo” de “entonces te deleitarás en Havaiá”.
- En el día del nacimiento, el alma desciende de un techo alto a un pozo profundo: estaba en un techo alto y bajé a un pozo profundo.
- El tiempo judío es la parashá de la semana que se lee en la Torá. Ahora empezamos a leer la parashá Jaiei Sará, donde la palabra arbá aparece tres veces solo al comienzo de la parashá.
- Dice el Zohar que “Kiriat Arbá” significa que el alma viene al cuerpo para unir los cuatro elementos, para combinarlos: hacer “la obra de la Carroza” dentro de “la obra de la Creación”.
- Para que haya una familia, para que una persona cumpla el precepto de “fructificad y multiplicaos”, tiene que haber cuatro almas: papá-mamá-hijo-hija (¡que suma lo mismo que “fructificad y multiplicaos”!).
- Descendemos, nos dispersamos, pero el tzitzit es una virtud divina del “cuatro”. Une en nuestra alma también los cuatro elementos (así como hay elementos en la naturaleza, hay elementos en el alma), para hacer la unión de pareja y traer al mundo un hijo y una hija.
- Sará murió, pero también esto es un “descenso con el fin de ascender”: sigue unida y uniendo los elementos. Y Abraham Avinu compra la Cueva de Majpelá para enterrarla por “cuatrocientos siclos de plata”.
[1]Ver Jaguigá 5b.
[2]Devarím 22:8.
[3]En otras partes de la clase, ya publicadas en su momento, y en su continuación en los días siguientes.
[4]Likutéi Torá, Behar 41a, según Makot 7b, y en muchos otros lugares. Ver Emuná uMudaút, el artículo “Los principios de la fe de la dimensión interior de la Torá”, p. 204.
[5]Igrá birá (איגרא בירא) suma JaTaJ (חתך, 428). Ramá-amiktá (רמא-עמקתא, en la grafía que aparece al menos una vez) suma 2 veces JaTaJ. En su raíz, el alma no necesita “hijos, vida y sustento” (baní, jaiéi umezonéi), y menos que nada el sustento; lo que define el descenso a este mundo es la necesidad de estas tres cosas. En sentido simple, JaTaJ es el Nombre del sustento (Pri Etz Jaim, Sháar Hazmirot, cap. 5). Pero dicen nuestros Sabios: “Quien da la vida da el sustento” (ver Taanit 8b), y Rajel dijo: “Dame hijos, y si no, muero” (Bereshit 30:1): también los hijos son vida. Todo pertenece al Nombre JaTaJ, “que asigna (hajotej) vida a todo ser viviente” (piyut “Vejol Maaminim”). También la circuncisión se llama “corte” (jitúj). El regalo de los hijos es JaTaJ, el regalo de la vida es JaTaJ, y también el regalo del sustento (JaTaJ suma “umasbía”, “y sacias”, y las letras finales de “Poteaj et iadeja”, “Abres Tu mano”, son una permutación de las letras de JaTaJ). JaTaJ suma 2 veces rúaj, espíritu (Sháar Hakavanot, Drushéi Tefilat Hashajar 1): “una doble porción de tu espíritu” (Melajim II 2:9), que Elishá le pidió al profeta Eliyáhu. Esto se expresó también en la resurrección de los muertos, que pertenece a la vida: los hijos que Eliáhu y Elishá dieron y luego tuvieron que revivir. Así, el propósito del descenso a este mundo son los tres JaTaJ (aludidos en igrá-ramá-birá-amiktá): la necesidad de hijos, vida y sustento, desde la cual se asciende a la Esencia. Antes de descender al mundo no necesitaba nada, y si no necesito nada, no llego a ningún lugar. En el momento en que tengo necesidades, que aparentemente me hacen descender más a la realidad, esas necesidades, con la conciencia de que Dios “asigna vida a todo ser viviente”, son las que me elevan.
[6]Etz Jaim, portal 47, cap. 4; portal 49, caps. 3-6.
[7]Según Torat Shalom, la charla de Simjat Torá 5672 (explicada en la clase del 2 de Nisán 5780, en continuación de las clases de esta serie).
[8]Hayom Yom, 2 de Jeshván.
[9]Zohar I, 122b.
[10]Bamidbar 23:10. “Umispar et rova Israel” suma 1600: ¡40 al cuadrado!
[11]Bereshit 1:28.
[12]Yevamot 62a.
[13]Shulján Aruj, Even Haézer 1:5.
[14]Devarím 22:12.
[15]Ver Likutéi Moharán 8.
[16]Tania, cap. 1.
[17]Y la alusión: arbá (ארבע, 273) suma Ehié (21) por ejad (13).
[18]Bereshit 23:15-16.
[19]Zohar I, 123b; III, 128b; ibíd. 288a.
[20]Ishayá 58:14.
[21]Berajot 57b.
[22]En especial en la “pausa” (ikavá) antes de cada acción (como se explica en la charla del Rebe Rashab mencionada, nota 7), como se explicó extensamente en otras clases.
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