SHAVÚA TOV
🔸ACOMPAÑAMOS A LA REINA DEL SHABAT CON UNA HISTORIA DEL BAAL SHEM TOV Y MUCHO MÁS🔸
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_🎻Es costumbre relatar cada sábado por la noche, durante la comida de Melavé Malká, una historia jasídica sobre el Baal Shem Tov. Se considera un canal de bendición (segulá) para el buen sustento, para tener hijos y satisfacción de ellos, para una vida buena y larga, y para la salud._
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—¿Hay alguien que pueda hacer teshuvá en mi lugar?
—preguntó una persona al Rabino Dweck HaCohen al finalizar una disertación sobre la teshuvá.
Durante su exposición, el rabino había relatado la historia del tanaíta Elishá ben Avuiá, conocido como “Ajer” — “el Otro”, quien escuchó una voz proveniente del Kodesh HaKodashim que proclamaba:
“Shuvu banim shovavim — Retornen, hijos descarriados… excepto Ajer”.
El rabino le respondió siguiendo el espíritu de su propia enseñanza:
—¡Es imposible! ¿Acaso no fue dicho: “Retornen, hijos descarriados… excepto Ajer”? Ajer no puede hacer teshuvá en tu lugar. Solo tú puedes hacerla.
En la parashá de esta semana (KI TAVÓ), junto con la Tojajá — las amonestaciones, leemos también el versículo en el que el Santo, bendito sea, declara que nos ha escogido para ser para Él un “Am Segulá” — un pueblo preciado.
Todo judío está conectado con el Santo, bendito sea. Estos versículos que hablan de la relación entre nosotros y Hashem nos recuerdan la necesidad de prepararnos adecuadamente para el nuevo año y asumir buenas resoluciones, para que seamos inscritos y sellados para un año bueno y dulce.
EL NIÑO QUE LLAMABA “ABUELO” AL BAAL SHEM TOV
Los largos mechones de cabello del pequeño niño caían sobre sus hombros. Sus dos ojos brillantes y despiertos revelaban de inmediato su gran inteligencia.
Con una mano lo sostenía su madre y con la otra, su tía. Antes de bajar del carruaje que los había llevado a Mezhibuzh, las dos se asomaron y examinaron cuidadosamente los alrededores. Miraron hacia uno y otro lado, como temiendo que ojos indiscretos descubrieran su llegada.
Cuando bajaron del carruaje comenzaron a caminar rápidamente, apremiando al niño para que acelerara sus pequeños pasos. Un instante después desaparecieron dentro de la casa.
En el interior ya las esperaba el tzadik, aquel de cuyas maravillas todos hablaban.
—Aquí estoy, Rebe. Hice tal como prometí y traje aquí a mi hijo —dijo la madre con voz temblorosa.
El tzadik contempló a la madre con el rostro radiante y pasó suavemente su mano acariciando la cabeza del niño.
—Espero que tú y tu marido hayan tenido mucho cuidado en cumplir todas mis indicaciones —dijo, mientras tomaba unas tijeras que estaban sobre la mesa.
—Por supuesto, Rebe —respondió la madre con reverencia—. Hemos cuidado mucho a nuestro hijo para que no apareciera en público y para que ningún ojo humano viera su llegada hasta aquí.
El tzadik tomó delicadamente los largos cabellos del niño y comenzó a cortarlos lentamente. A ambos lados de la cabeza dejó las peot, según la costumbre de Israel.
—No se demoren más aquí —les dijo a la madre y a la tía al terminar el corte de cabello—. Regresen rápidamente y en paz a sus hogares, y continúen comportándose tal como le indiqué detalladamente a Rabí Baruj.
Ellas asintieron con sumisión y se dispusieron a marcharse.
—Y una cosa más —las llamó cuando ya se encontraban en el umbral de la casa.
Acercó un dedo a sus labios en señal de silencio, mientras dirigía su mirada hacia el niño. La intención era perfectamente clara: el tzadik quería ocultar el significado de lo ocurrido incluso al propio niño.
Durante el camino de regreso, el niño permaneció en silencio la mayor parte del tiempo. Desde hacía tiempo conocía la costumbre de cortar el cabello de un niño judío al cumplir los tres años, para comenzar a educarlo en las mitzvot. También sabía que ese mismo día había cumplido tres años.
Pero la identidad del tzadik que le había cortado el cabello era para él un misterio fascinante.
—¿Quién es el hombre que me cortó el cabello? —preguntó a su madre.
Por un instante, la madre se turbó, pero enseguida recuperó la compostura.
—Es el abuelo —respondió, sin dar más explicaciones.
Por fortuna, el niño se conformó con aquella respuesta.
LA BENDICIÓN DEL BAAL SHEM TOV
Rabí Baruj, a quien había mencionado el tzadik, era el padre del niño y esposo de su madre, Rivka. Pertenecía al grupo de los tzadikim ocultos, dirigidos por el Baal Shem Tov.
Tampoco Rivka era una mujer sencilla. Por su propia cuenta mantenía un programa regular de estudio de Torá y era una mujer verdaderamente erudita.
Todo había comenzado después de que transcurriera cierto tiempo desde su matrimonio y Rabí Baruj y su esposa aún no habían sido bendecidos con hijos. Acudieron a su Rebe y le suplicaron que despertara misericordia celestial por ellos y pidiera su salvación.
En una ocasión, cuando volvieron a plantearle el asunto, sus ojos se iluminaron.
—Con la ayuda de Hashem, el próximo año recibirán la salvación —les dijo.
Su felicidad no tuvo límites.
Transcurrió un año y llegó el día 18 de Elul de 5505 (תק״ה).
Aquella mañana el Baal Shem Tov se encontraba en un estado de ánimo especialmente elevado. Cuando regresó de su inmersión en la mikve, se acercó al lugar de la plegaria y comenzó a rezar con una melodía festiva. Incluso no recitó Tajanún ese día.
Sus discípulos lo advirtieron y se sorprendieron. Es dudoso que alguno de ellos supiera que aquel era el cumpleaños del propio Baal Shem Tov, pero, aun así, su alegría era excepcional.
Después de la plegaria, los discípulos se reunieron alrededor de su maestro y él les dijo:
“En este día, miércoles, en la semana en que leemos la Haftará ‘Kumi Ori — Levántate, resplandece’, descendió al mundo un alma nueva que iluminará al mundo con la Torá revelada y con la Torá del Jasidut. El poseedor de esta alma ha sido bendecido con mesirut nefesh por el Jasidut, y su camino tendrá éxito hasta la llegada del Mashíaj”.
Los discípulos supusieron que esta era la razón de la alegría especial de su maestro. Pero no sabían más que eso, y tampoco se atrevieron a preguntar.
“El alma de tu hijo pertenece a mi discípulo Rabí DovBer”
Tiempo después, Rabí Baruj llegó a Mezhibuzh para comunicarle a su Rebe el nacimiento de su hijo, ocurrido el 18 de Elul.
El Baal Shem Tov se alegró enormemente y le indicó a Rabí Baruj toda una serie de conductas que debía observar respecto del recién nacido.
La principal indicación era mantener al niño oculto de la mirada de la gente por temor al ain hará — el mal de ojo — y no contarle absolutamente nada acerca del Baal Shem Tov.
El Baal Shem Tov le dijo al padre:
“Debes saber que el alma de tu hijo no me pertenece a mí, sino a mi discípulo Rabí Ber”, quien posteriormente sería conocido como el Maguid de Mezritch.
Tiempo después, ambos padres acudieron juntos al Baal Shem Tov para agradecerle por la bendición que se había cumplido.
En aquella oportunidad, la madre pidió permiso para llevar a su hijo a Mezhibuzh cuando cumpliera tres años, para que el Baal Shem Tov lo iniciara en la mitzvá de las peot.
El Baal Shem Tov reflexionó por un momento y aceptó, pero con una condición: todo debía realizarse ocultándolo de la mirada de la gente y su identidad debía permanecer secreta para el pequeño.
Y así fue exactamente como ocurrió.
¿Quién era aquel niño?
El Baal Shem Tov vivió aproximadamente quince años después del nacimiento de aquel niño. Sin embargo, durante todos esos años tuvo especial cuidado de ocultar su identidad de aquel pequeño que había nacido gracias a su bendición, cuya alma había elogiado tanto y a quien él mismo, con sus propias manos, había dejado por primera vez las peot.
No pasó mucho tiempo hasta que el nombre de aquel niño llegó a ser conocido en todo el mundo como el fundador del Jasidut Jabad.
Aquel niño era nada menos que:
Rabí Shneur Zalman de Liadí, el Alter Rebe.
Durante toda su vida continuó llamando al Baal Shem Tov:
“Zeide” — “Abuelo”.
Y solía decir:
“El Baal Shem Tov es mi abuelo espiritual”.
(Fuente: Sijat HaShavúa)
18 de Elul — Jai Elul
Esta próxima semana, el lunes 18 de Elul, se conmemora el cumpleaños de dos grandes luminarias:
Rabí Israel Baal Shem Tov, fundador del movimiento jasídico, y Rabí Shneur Zalman de Liadí, fundador del Jasidut Jabad.
Que sus méritos nos protejan. Amén.
NACIMIENTO DEL BAAL SHEM TOV
❣️ ¡Shavúa Tov Umevoraj! ❣️
🍯 ¡Shaná Tová Umetuká! 🍯
¡Que las historias de nuestros justos nos acompañen y abran las puertas de la bendición en esta nueva semana!

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