IESHIVÁ OD IOSEF JAI
Iom Kipur 5785
En Iom Kipur nos golpeamos repetidamente el corazón. Nos enojamos con él porque todavía funciona y continúa gritándonos que existe, incluso —aparentemente— independientemente de la voluntad de Hashem. Comprender que también al Satán lo creó Hashem es precisamente lo que lo mata. Así que, adelante: vengamos a “matar” juntos al Satán.
Sobre esto y mucho más trata el siguiente artículo.
Como parte de la mitzvá de teshuvá, en Iom Kipur nos confesamos muchas veces: «Por el pecado que hemos cometido ante Ti…». Mientras confesamos nuestros pecados acostumbramos golpearnos el corazón, como si él fuera el culpable de todo lo que hemos hecho.
Pero, si prestamos atención, hay muchos pecados relacionados específicamente con otros órganos: por ejemplo, lashón hará, con la lengua, o ain hará, con el ojo. Entonces, ¿por qué no golpeamos esos órganos cuando confesamos esos pecados? ¿Por qué golpeamos precisamente el corazón?
La cavidad izquierda: «Quiero vivir»
Para comprender el significado de golpear el corazón debemos observar un poco su estructura. El corazón humano está dividido en dos lados, derecho e izquierdo. Al lado derecho llega la sangre que ya circuló por el cuerpo y se encuentra pobre en oxígeno; desde allí pasa a los pulmones, donde vuelve a oxigenarse. La sangre oxigenada regresa al lado izquierdo del corazón, y desde allí el corazón la bombea para dar vida a todos los órganos del cuerpo.
El oxígeno representa la vitalidad del ser humano, de modo que el lado izquierdo del corazón es el que impulsa la sangre que da vida a todo el cuerpo.
La cavidad izquierda del corazón expresa, espiritualmente, la sensación de existencia y de vitalidad propia del ser humano. Allí sentimos que poseemos una vida que, aparentemente, procede de nosotros mismos: vivimos y existimos porque existimos.
Llevando esta sensación a su extremo, podemos decir que en la cavidad izquierda del corazón la persona siente: «Estoy vivo y quiero vivir, incluso si Hashem no quisiera que viviera». Allí el hombre experimenta su propia existencia como una realidad independiente, sin relación con el Santo, bendito sea.
La sensación de que «yo vivo» independientemente de que Hashem me dé vida es la raíz de todos los pecados. Primero sentimos con enorme intensidad el deseo de vivir; después, de manera casi automática, somos atraídos hacia todo aquello que nos proporciona más vitalidad y placer.
Por eso en Iom Kipur golpeamos el corazón: porque comprendemos que ese deseo obstinado de vivir como una existencia independiente es la raíz de nuestros pecados.
Normalmente, cuando una persona confiesa un pecado determinado, especifica la transgresión cometida. Pero en Iom Kipur nos confesamos por todos los pecados. El vidui se recita siguiendo el orden del alef-bet, como si dijéramos: «No importa con qué letra comienza nuestro pecado; nos confesamos por todos ellos».
En Iom Kipur reunimos todos los pecados y golpeamos el corazón diciendo: la sensación de que nuestra vitalidad está separada de Hashem es la raíz de todo, y de eso hacemos teshuvá.

Vivir solamente de Hashem
En Iom Kipur se nos ordena cesar del trabajo y abstenernos de comer, y además golpeamos nuestro corazón.
Durante el resto del año trabajamos para ganarnos el sustento, para tener alimentos con los cuales mantener nuestra vida. Luego comemos esos alimentos y nuestro cuerpo continúa existiendo.
En Iom Kipur, mediante el cese del trabajo y la abstención de comida, expresamos nuestro deseo de vivir únicamente de Hashem y no de la realidad exterior.
Y además de abstenernos de comer, golpeamos el corazón. Es como si le dijéramos:
«No queremos solamente dejar de trabajar y de comer; quisiéramos, por así decirlo, que también tú dejaras de latir y de proporcionarnos una sensación de vitalidad separada de Hashem. Queremos que solamente Hashem nos dé vida, y no ese lado izquierdo del corazón que siente que posee vida por sí mismo».
«Porque en este día Él expiará por ustedes»
En Iom Kipur hacemos teshuvá por todas nuestras transgresiones particulares junto con el «pecado» general: nuestra propia sensación de existir separadamente de Hashem.
Durante el vidui, al golpearnos el corazón, tomamos conciencia de cuán lejos estamos de Hashem. La distancia entre nosotros y Él no proviene únicamente de nuestros pecados; proviene de la propia sensación de nuestra existencia independiente.
Pero surge una pregunta: ¿por qué precisamente en Iom Kipur, el día más sagrado del año, cuando Hashem perdona todas nuestras transgresiones, profundizamos tanto en la distancia que existe entre nosotros y Él, hasta reconocer que el problema alcanza incluso nuestra propia sensación de existencia?
Sobre los Aseret Iemei Teshuvá, y especialmente sobre Iom Kipur, está escrito:
«קְרָאֻהוּ בִּהְיוֹתוֹ קָרוֹב — Keraúhu bihyotó karov»
«Invóquenlo cuando Él está cerca».
Precisamente la cercanía de Hashem y Su deseo de perdonarnos son los que nos permiten clamar por nuestra lejanía y confesar incluso nuestra sensación de existencia independiente.
Cuando Hashem está cerca y sentimos que Él es quien nos da vida, de repente podemos percibir la enorme distancia que existe entre nosotros y Él. Descubrimos que, en verdad, no vivimos por nosotros mismos: Hashem es quien nos mantiene vivos.
De pronto comprendemos que hasta ahora vivíamos dentro de una ilusión. Sentíamos nuestra vida sin siquiera plantearnos que pudiera existir un problema en nuestra propia sensación de independencia. Ahora, cuando sentimos que Hashem nos da vida, comprendemos hasta qué punto estábamos equivocados.
Y ahora, cuando Hashem está cerca y sentimos verdaderamente que Él nos da vida, podemos hacer teshuvá por nuestra separación.
Precisamente gracias a esta cercanía podemos hacer teshuvá por el pecado fundamental que da origen a todos los pecados: sentirnos como una existencia independiente.
Sin esta enorme cercanía a Hashem y sin sentir que Él nos da vida, no podríamos renunciar a nuestro deseo de vivir por nosotros mismos. Precisamente esta cercanía nos permite golpearnos el corazón y pedirle a Hashem que nos perdone por nuestra existencia separada.
Este es el sentido interior de:
«Invóquenlo —para que nos salve de nuestra sensación de existencia independiente— precisamente cuando Él está cerca».
Recibir la vitalidad de Hashem
Después de pedirle perdón a Hashem por nuestra existencia independiente, Hashem verdaderamente nos perdona.
Cuando Hashem nos perdona, por así decirlo, manifiesta comprensión hacia el deseo humano de vivir. Hashem quiere que vivamos, y por eso nos da vida como seres humanos que desean vivir.
Cuando comprendemos que realmente Hashem quiere que vivamos, endulzamos en cierta medida nuestro deseo ciego de vivir. Comprendemos que, aunque ese deseo independiente no es bueno, también él fue creado por Hashem.
Esta comprensión se asemeja al seír hamishtaleaj — שעיר המשתלח, el macho cabrío enviado a Azazel, que aparentemente entregamos a la Sitra Ajra. Hay un lugar para el mal en el mundo; Hashem quiere que exista.
Cuando arrojamos el seír hamishtaleaj a Azazel, es como si le dijéramos al mal:
«Tú piensas que tu existencia es verdadera e independiente. En realidad estás completamente equivocado: Hashem es la fuente de tu existencia. Pero junto con tu existencia, Él también permite que exista tu posibilidad de equivocarte».
Matar al Satán
Está escrito que en Iom Kipur no hay Satán.
Cuando le decimos al Satán que también él es una creación del Santo, bendito sea, y que toda su vitalidad existe únicamente porque Hashem quiere que exista, entonces, por así decirlo, deja de existir como fuerza independiente.
El Satán o el ietzer hará representan precisamente la sensación de separación de Hashem; la afirmación de que el mundo posee una existencia propia e independiente.
Pero cuando descubrimos que incluso esta afirmación existe únicamente porque Hashem así lo permite, pierde toda su fuerza.
En Iom Kipur sentimos que Hashem crea y da existencia incluso a nuestros lugares más débiles. De este modo, aun allí, dentro de nuestra sensación de separación, podemos descubrir la presencia de Hashem.
Y este es el sentido profundo de «matar al Satán»: no combatir contra una fuerza independiente de Hashem, sino descubrir que nunca fue independiente. Cuando también allí reconocemos que Ein od milvadó — «no hay nada fuera de Él»—, la propia raíz de la separación pierde su poder.
¡Gmar Jatimá Tová!
Beit HaMidrash Od Iosef Jai
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