¿Qué hace que una persona se convierta en alguien que se considera una víctima? ¿Cómo se relaciona esto con la petición de Abraham a Hashem: «¡Ojalá Ishmael viva delante de Ti!»? ¿Y quiénes son, en nuestros tiempos, aquellos que disfrutan de sentirse víctimas?
Jasidut para la parashá Jaié Sará, con el rabino Itzjak Shapira.
Bendito sea el Juez de la Verdad
Compartimos el dolor de la querida familia Herman por el fallecimiento de su amado hijo Abraham Aba, de bendita memoria.
Expresamos nuestras condolencias a toda la querida familia y, en particular, a sus hermanos, alumnos de la ieshivá, Leví Itzjak y Asher.
Que encontremos consuelo con la reconstrucción de Ierushalaim.
Od Iosef Jai y Dorshei Ijudjá.
Ishmael e Itzjak
En las últimas parashiot hemos estudiado la construcción de la familia de Abraham y nos hemos encontrado con la diferencia esencial entre sus dos hijos: Ishmael e Itzjak. En nuestra parashá se cumple la promesa que el Santo, bendito sea, le hizo a Abraham en la parashá Lej Lejá, cuando Hashem accedió a su petición y le dijo: «Y en cuanto a Ishmael, te he escuchado. He aquí que lo he bendecido, lo haré fructificar y lo multiplicaré enormemente. Engendrará doce príncipes y haré de él una gran nación» (Bereshit 17:20). Efectivamente, al final de nuestra parashá aparecen los descendientes de Ishmael, como testimonio del cumplimiento de la promesa divina.
A la luz de esto, esta semana profundizaremos en la figura de Ishmael y en la diferencia esencial entre él y nuestro patriarca Itzjak.
Angustia y dolor frente a risa y deleite
En la parashá Lej Lejá, Abraham Avinu se dirige al Santo, bendito sea, y le pide: «¡Ojalá Ishmael viva delante de Ti!». Pero Hashem le responde categóricamente: «Sin embargo, Sará, tu esposa, te dará un hijo y llamarás su nombre Itzjak. Estableceré Mi pacto con él como pacto eterno para su descendencia después de él» (Bereshit 17:19). Asimismo, en la parashá Vaierá, Hashem le anuncia a Abraham: «Porque en Itzjak será llamada tu descendencia» (Bereshit 21:12).
Debemos preguntarnos: ¿qué significa que Abraham propusiera a Ishmael y qué significa que Hashem eligiera a Itzjak?
La respuesta se encuentra en los nombres de ambos. El nombre Ishmael está relacionado con la expresión «Porque Hashem ha escuchado tu aflicción» (Bereshit 16:11), y representa nuestro acercamiento a Hashem desde la angustia, el dolor y las dificultades. En cambio, Itzjak está relacionado con la risa y el deleite. Itzjak expresa el acercamiento de Hashem hacia nosotros: cuando Hashem se dirige a nosotros, no lo hace como respuesta a nuestro dolor, sino como expresión de Su propio deleite y de Su placer esencial.
La diferencia entre Ishmael e Itzjak también se manifiesta en sus nacimientos. Ishmael nació en el contexto de la angustia de Abraham y Sará, que no habían tenido descendencia. Abraham se dirige al Santo, bendito sea, desde el dolor: «He aquí que no me has dado descendencia» (Bereshit 15:3). Poco después, como respuesta a esta situación, nace Ishmael, hijo de Abraham y Hagar: «Porque Hashem ha escuchado tu aflicción».
En cambio, Itzjak nació enteramente del deseo y del deleite de Hashem. Por su parte, Abraham le dice a Hashem que está dispuesto a conformarse con Ishmael, mientras que Sará ya ha perdido las esperanzas y no espera tener un hijo propio. Precisamente en estas circunstancias nace nuestro patriarca Itzjak, a partir de la risa y del deleite del Santo, bendito sea.
Según esto, cuando Abraham Avinu le pide a Hashem «¡Ojalá Ishmael viva delante de Ti!», en realidad le está diciendo: estoy dispuesto a conformarme con que mi relación Contigo consista en que Tú respondas a mis dificultades y sufrimientos. Pero Hashem no desea una relación de esa naturaleza. Hashem le dice a Abraham: «Porque en Itzjak será llamada tu descendencia». Quiero darte y transmitirte Mi abundancia sin relación con tus carencias ni con tu dolor, sino a partir de Mi propio deleite sencillo y esencial.
EL POZO DE LOS HUMILLADOS
A partir de esto llegamos a un fenómeno interesante de nuestra parashá. Beer Lajai Roí es el lugar donde Hagar se encontró con el ángel de Hashem cuando fue expulsada de la casa de Abraham y Sará. Nuestros Sabios enseñan que el nombre Beer Lajai Roí expresa la idea de que «Tú ves la humillación de los humillados». Esta expresión muestra la forma de relación de Hagar e Ishmael con Hashem: para ellos, Hashem se define como Aquel que ve a los humillados y a los desdichados.
Y he aquí que, precisamente respecto de ese mismo lugar, está escrito que Itzjak «venía de la dirección de Beer Lajai Roí» (Bereshit 24:62). Aquí se produce una transición: de ser el lugar de Hagar e Ishmael, pasa a ser el lugar de Itzjak y Rivká.
Cuando Itzjak llega a Beer Lajai Roí, en realidad quiere transformar este punto. No está dispuesto a que la relación con Hashem se fundamente en el sentimiento de desdicha. Por eso sale a meditar y rezar en el campo, en ese mismo lugar, pero con una actitud completamente diferente: desde la percepción de la risa y del deleite de Hashem, que están por encima de todas las angustias, dolores y sufrimientos humanos.
Y Hashem escuchó la voz del muchacho
Para comprender la raíz espiritual de Ishmael, debemos observar lo que sucede con Hagar cuando es expulsada al desierto. Está escrito que Hagar llora y que entonces Hashem escucha la voz del muchacho. ¿Por qué está escrito que Hashem escucha la voz del muchacho y no la voz de Hagar?
Cuando Hagar llora, Hashem no presta atención a aquello por lo que ella llora, porque su llanto no expresa una verdadera compasión por Ishmael, sino su propio sentimiento de desdicha. Ella deja al niño debajo de uno de los arbustos para no presenciar su muerte y, de esta manera, demuestra que está sumergida en su propia desgracia y no en el sufrimiento de su hijo. Más aún, con su llanto Hagar transmite la impresión de que ella es muy compasiva, mientras que el Santo, bendito sea, no lo es.
Como respuesta, Hashem escucha la voz del muchacho, como diciendo: Yo soy más compasivo que tú. Yo escucho verdaderamente al muchacho y me preocupo por él, mientras que tú solamente quieres expresar tu propia desdicha. Por eso Hashem se dirige a ella y le pregunta: «¿Qué te sucede, Hagar?». Es decir, también tú eres una desdichada y también de ti tengo compasión.
La respuesta de Hashem al llanto de Hagar contiene dos aspectos. En primer lugar, Hashem le dice: Yo soy mucho más compasivo que tú y me preocupo por el muchacho mucho más de lo que tú te preocupas. Por eso escucha la voz del muchacho y no la de ella. Además, después de ocuparse del muchacho, Hashem le pregunta a Hagar: ¿Y qué sucede contigo? Cuando lloras, lo haces por ti misma, ¡y Yo también tengo compasión de ti!
El victimismo del islam
Quien representa actualmente a Ishmael en el mundo es la religión del islam. Ishmael tiene dos aspectos. Por un lado, el islam se caracteriza por una crueldad y una agresividad desenfrenadas, conforme a la expresión «un hombre salvaje, su mano estará contra todos». Pero, por otro lado, ante cualquier enfrentamiento, se repliega inmediatamente hacia la posición de víctima sufriente y oprimida.
El islam se asemeja al mecanismo de una mujer maltratada. Y, en efecto, Hagar fue una especie de mujer maltratada por Sará. Muchas veces, una mujer maltratada mantiene esa condición porque el hecho de serlo la coloca en una posición de la que, en última instancia, obtiene cierta satisfacción, aunque, por supuesto, de una manera enfermiza. La mujer maltratada disfruta de la atención que recibe de su marido, al conseguir que él pierda la tranquilidad, la razón y todo control sobre sí mismo. Pero la «gran ganancia» consiste en que, junto con la atención que recibe, la mujer maltratada permanece siempre en la posición de la persona justa y desdichada: ella es la justa y él es el malvado.
Así funciona también la religión del islam. Por más duramente que los golpees, no lograrás quebrarlos, porque disfrutan de ser víctimas y de hacer que todo el mundo gire alrededor de su condición de desdichados.
También la crueldad del islam surge de esta misma concepción de victimismo. Los musulmanes dividen su vida de la siguiente manera: durante una parte del tiempo desempeñan el papel de víctimas ante Dios y se presentan ante Él con adulación; durante otra parte del tiempo se consideran, supuestamente, Sus enviados para ejercer crueldad contra todos.
No extiendas tu mano contra el muchacho
Esta diferencia precisa se manifiesta en una palabra que el Santo, bendito sea, utiliza para ambos: «naar», muchacho. Hashem llama «muchacho» tanto a Ishmael como a Itzjak, pero en circunstancias completamente diferentes.
Respecto de Ishmael está escrito: «Y Dios escuchó la voz del muchacho» (Bereshit 21:17). Ishmael es el muchacho desdichado y atormentado, que necesita ser escuchado a causa de sus carencias.
Pero a Itzjak, Hashem lo llama «muchacho» en el momento de la Akedá: «No extiendas tu mano contra el muchacho» (Bereshit 22:12). Esto ocurre en el momento de su extraordinaria entrega absoluta, cuando revela que su dimensión más interior se encuentra por encima de todas las angustias, dolores y sufrimientos, y consiste en una relación esencial con Hashem, llena de deleite.
Ishmael expresa únicamente que nosotros necesitamos a Hashem porque somos desdichados. Pero Itzjak expresa que Hashem mismo tiene un interés esencial en nosotros, porque se deleita en mantener una relación con nosotros.
¡Shabat Shalom!
Rabino Itzjak Shapira
Beit HaMidrash Od Iosef Jai
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