
*EL SECRETO DE LA ASTROLOGÍA JUDÍA*
*LAS 12 PUERTAS DEL CARÁCTER*
*04 MAZAL SHOR – TAURO*
*EL SECRETO DEL PENSAMIENTO CONCRETO*
*📖 Según la Cabalá y el Jasidut*
*Domingo 20 de Tamuz 5786 – 5-jul*
🕘*21:00 HORAS DE ISRAEL*
🌍 En vivo desde Israel
💻 Por Zoom https://us06web.zoom.us/j/5839538733
📺 Transmisión simultánea por YouTube 👉 www.youtube.com/galeinaienespañol
Con el Rabino Jaim Frim
MATERIAL PREPARATORIO
EL MES DE IYAR:
*Abierto para todos, sin conocimientos previos.*
*Sumate y conectate con la sabiduría eterna de la Torá.*
*✨Te espero✨*
*UNETE A LA COMUNIDAD GAL EINAI TIKUN HANEFESH*
🍷 *PARTICIPA DEL ESTUDIO DE LA TORÁ PARA TODAS LAS NACIONES*
🕎 Sé socio en esta gran tarea y ayuda a otros a conocer la Torá:
🤲 https://galeinai.org/donations/143245/

INTRODUCCIÓN
¿Por qué estudiar Astrología Judía?
“Conoce al Dios de tu padre y sírvelo con corazón íntegro y con alma dispuesta.”
(Divrei HaIamim I 28:9)
Todo ser humano desea conocerse a sí mismo. Desde los albores de la civilización, el hombre ha buscado comprender por qué cada persona posee un carácter diferente, talentos distintos y desafíos particulares. ¿Por qué algunos nacen con una fuerte inclinación hacia el liderazgo, mientras que otros destacan por su sensibilidad, su capacidad intelectual o su perseverancia? ¿Por qué ciertas personas aprenden con facilidad aquello que para otras requiere años de esfuerzo? ¿Existe un orden detrás de esta diversidad o todo responde al azar?
Estas preguntas acompañan a la humanidad desde hace miles de años. Cada cultura intentó responderlas a su manera. Algunas buscaron la explicación en la filosofía, otras en la psicología, otras en la observación de la naturaleza y muchas dirigieron su mirada hacia el cielo. El movimiento regular de los astros, la sucesión de las estaciones y la repetición constante de los ciclos despertaron la intuición de que debía existir una relación profunda entre el universo y la vida del hombre.
Sin embargo, la Torá nos enseña que esa relación sólo puede comprenderse correctamente cuando comenzamos por reconocer una verdad fundamental: el universo no se explica por sí mismo. El Sol, la Luna, las estrellas y los planetas no son fuerzas independientes ni poseen voluntad propia. Todo cuanto existe fue creado y continúa siendo sostenido, instante tras instante, por la palabra del Santo, bendito sea.
Por esa razón, la Astrología Judía no comienza observando el cielo, sino estudiando al Creador del cielo.
Ésta es la diferencia esencial entre la visión de la Torá y la mayor parte de las concepciones astrológicas desarrolladas a lo largo de la historia. Muchas tradiciones consideran que los astros gobiernan el destino humano. La tradición de Israel enseña exactamente lo contrario: los astros son únicamente instrumentos mediante los cuales Hashem ordena la creación y hace descender determinadas influencias espirituales al mundo. Ellos no deciden; obedecen. No gobiernan; cumplen la voluntad de Aquel que los creó.
Esta diferencia cambia completamente el propósito del estudio.
Quien busca en la astrología una manera de conocer el futuro probablemente se sienta decepcionado por este libro. La Torá no nos fue dada para satisfacer la curiosidad acerca de lo que ocurrirá mañana. Nos fue dada para enseñarnos cómo vivir hoy.
La verdadera pregunta no es:
«¿Qué me sucederá?»
La verdadera pregunta es:
«¿Quién soy y para qué fui creado?»
Cuando una persona descubre las fuerzas con las que Hashem la dotó, comienza a comprender mejor su misión. Reconoce aquellas cualidades que debe desarrollar, identifica las tendencias que necesita rectificar y aprende a utilizar sus talentos para servir al Creador y beneficiar a los demás. El conocimiento deja entonces de ser una simple información para convertirse en un camino de transformación.
Éste es precisamente el objetivo de la Astrología Judía según el Séfer Ietzirá, la Cabalá y el Jasidut. No pretende encerrar al hombre dentro de un carácter fijo ni justificar sus defectos atribuyéndolos al mazal. Por el contrario, le muestra el punto desde el cual comienza su trabajo espiritual. El mazal describe las herramientas con las que la Providencia Divina lo envió al mundo; el libre albedrío determina qué hará con ellas.
Nuestros Sabios enseñaron que “todo está en manos del Cielo, excepto el temor del Cielo” (Berajot 33b). Esta afirmación resume toda la perspectiva de la Torá sobre la personalidad humana. Existen circunstancias que no elegimos: la familia en la que nacemos, nuestras capacidades naturales, nuestra sensibilidad o ciertas inclinaciones del carácter. Pero la decisión de convertir esas cualidades en instrumentos para el bien depende únicamente de nosotros. Allí reside la verdadera grandeza del ser humano.
Por ello, el estudio que comenzamos en estas páginas no debe entenderse como una curiosidad intelectual ni como un ejercicio de conocimiento psicológico. Es, ante todo, un camino de avodat Hashem, de servicio al Creador. Cada correspondencia que analizaremos —las letras hebreas, los meses, las tribus de Israel, las sefirot, los órganos del cuerpo, los planetas y los elementos de la creación— constituye una llave para comprender mejor el alma humana y revelar la armonía con la que Hashem ordenó Su universo.
El Séfer Ietzirá nos enseña que el hombre es un pequeño universo. Todo cuanto existe en la creación tiene un reflejo en el alma, y todo cuanto sucede en el alma encuentra su expresión en la creación. El tiempo, el espacio y la vida humana forman una única sinfonía cuyo Director es el Santo, bendito sea.
EL NOMBRE DEL MES DE IYAR
כָּל הַמַּחֲלָה אֲשֶׁר שַׂמְתִּי בְמִצְרַיִם לֹא אָשִׂים עָלֶיךָ, כִּי אֲנִי יְהֹוָ’ה רֹפְאֶךָ”:
*IYAR – ANI H” ROFEJA*
«Y dijo: Si escuchas atentamente la voz de HaShem tu Dios, haces lo recto ante Sus ojos, prestas oído a Sus mandamientos y guardas todos Sus estatutos, ninguna de las enfermedades que envié sobre Egipto pondré sobre ti, porque Yo soy HaShem, tu Sanador –.
El nombre Iyar (אייר) está relacionado con la palabra or (אור, “luz”), y también con el concepto de curación (refuá).
Asimismo, אייר es un acrónimo del versículo (Éxodo 15:26):
«Y dijo: Si escuchas atentamente la voz de HaShem tu Dios, haces lo recto ante Sus ojos, prestas oído a Sus mandamientos y guardas todos Sus estatutos, ninguna de las enfermedades que envié sobre Egipto pondré sobre ti, porque Yo soy HaShem, tu Sanador.»
La combinación (Tzeruf) del mes de Iyar
La combinación del Nombre de Havaiá que ilumina este mes, proveniente de la luz que emana de Dios durante el mes de Nisán, es:
יִהַהַ”וְ
Esta combinación se obtiene de las letras iniciales del siguiente pasaje (Jeremías 9:22-23 [en algunas Biblias 9:23-24]):
(Irmiahu 9:22-23
«Así dice HaShem: No se gloríe el sabio en su sabiduría, ni el poderoso en su poder, ni el rico en sus riquezas. Antes bien, gloríese quien quiera gloriarse en esto: en comprenderme y conocerme, que Yo soy HaShem, que hago misericordia, justicia y rectitud en la tierra, porque en estas cosas Me complazco, dice HaShem.»
כֹּה אָמַר ה׳: אַל־יִתְהַלֵּל חָכָם בְּחָכְמָתוֹ, וְאַל־יִתְהַלֵּל הַגִּבּוֹר בִּגְבוּרָתוֹ, אַל־יִתְהַלֵּל עָשִׁיר בְּעָשְׁרוֹ.
כִּי אִם־בְּזֹאת יִתְהַלֵּל הַמִּתְהַלֵּל: הַשְׂכֵּל וְיָדוֹעַ אוֹתִי, כִּי אֲנִי ה׳ עֹשֶׂה חֶסֶד מִשְׁפָּט וּצְדָקָה בָּאָרֶץ, כִּי־בְאֵלֶּה חָפַצְתִּי, נְאֻם־ה׳

El Nombre Ehieh que ilumina este mes
El Nombre Ehieh (אהי”ה) que resplandece durante el mes de Iyar es:
אִהַהַ”יְ
Nota
En la enseñanza cabalística del Rabino Itzjak Ginsburgh, el mes de Iyar es considerado el mes de la curación. Durante Nisán se recibe la revelación Divina “desde Arriba”; en Iyar, esa luz comienza a internalizarse y a sanar progresivamente el cuerpo, el alma y las emociones. Por eso los cuarenta y nueve días del Ómer, que transcurren mayormente en Iyar, constituyen un proceso de refinamiento interior (tikún hamidot), mediante el cual la persona se prepara para recibir la Torá en Shavuot
Capítulo 1
La letra Vav: el puente entre el cielo y la tierra
El Séfer Ietzirá enseña que cada uno de los doce meses del calendario hebreo fue creado mediante una letra del alfabeto hebreo. La letra correspondiente al mes de Iyar, cuyo mazal es Shor (Tauro), es la Vav (ו).
A primera vista, la Vav parece la letra más simple de todas. Está formada únicamente por un trazo vertical que desciende desde arriba hacia abajo. No posee la complejidad de otras letras ni requiere varios movimientos para escribirla. Incluso la iud (י), que aparentemente es apenas un pequeño punto, contiene una estructura interna más rica. La Cabalá considera a la iud el origen potencial de todas las letras, mientras que la Vav representa la expresión más sencilla y directa del alfabeto hebreo.
Sin embargo, precisamente en esa aparente simplicidad se encuentra uno de sus mayores secretos.
La forma de la Vav simboliza un canal que une dos dimensiones: lo superior y lo inferior, el mundo espiritual y el mundo material. Su función consiste en hacer descender aquello que existe en el pensamiento hasta convertirlo en una realidad concreta.
Esta idea define profundamente la personalidad de quienes nacieron durante el mes de Iyar.
El amor por lo concreto
Las personas nacidas bajo el signo de Tauro suelen sentirse incómodas frente a las complicaciones innecesarias. No disfrutan de las discusiones excesivamente teóricas ni de las especulaciones que nunca llegan a una conclusión práctica. Necesitan que las ideas puedan apoyarse sobre una base firme y verificable.
Podríamos decir que su forma natural de pensar consiste en construir “piedra sobre piedra”. Cada argumento debe sostener al siguiente, formando una estructura sólida que no pueda derrumbarse fácilmente. No buscan conceptos brillantes pero inestables, sino verdades que puedan ponerse en práctica.
Por esa razón, suelen preferir las explicaciones claras y ordenadas. Cuando una idea permanece demasiado tiempo en el terreno de la abstracción, sienten que todavía está incompleta. Sólo adquiere verdadero valor cuando puede aplicarse a la vida cotidiana, justamente porque su personalidad está influenciada por la letra vav.

El verdadero significado del éxito
La Cabalá enseña que la letra Vav representa el concepto de éxito de la persona.
Sin embargo, la Torá entiende el éxito de una manera muy distinta a la que suele presentar el mundo moderno. Es que proviene de lo Alto y desciende fluyendo hacia abajo y no queda simplemente como una idea.
No consiste únicamente en obtener riqueza, prestigio o reconocimiento. El verdadero éxito consiste en lograr que aquello que comprendemos, soñamos o proyectamos se transforme en una realidad concreta y en su mejor expresión.
Por eso se llama hatzlajá, éxito. El Rebe Maaharash el hijo del Tzemaj Tzedek, nació el 2 de Iyar y dijo sobre si mismo “fui exitoso en todo momento”. Algo característico, sus ideas y su intenciones se concretan en la realidad.
Muchas personas poseen excelentes ideas, pero pocas logran convertirlas en hechos.
La Vav representa precisamente esa capacidad: hacer descender una inspiración desde lo Alto hasta el mundo de la acción.
Quien nace bajo la influencia de esta letra posee una facilidad natural para organizar, ejecutar y construir. No se conforma con imaginar proyectos; necesita verlos realizados. Su satisfacción proviene de contemplar cómo una idea deja de existir únicamente en el pensamiento para convertirse en algo concreto.

El signo más estable del elemento Tierra
Tauro pertenece al elemento Tierra, junto con Virgo y Capricornio.
Cada uno de estos signos expresa una dimensión diferente de la estabilidad. Virgo es un mazal que se adapta y perfecciona continuamente. Capricornio simboliza una tierra que avanza con disciplina hacia sus objetivos. Tauro, en cambio, representa la estabilidad en su forma más pura.
Su pensamiento procura permanecer firmemente apoyado sobre la realidad. Antes de actuar necesita sentir que el terreno es seguro y que las bases son sólidas. Esta búsqueda permanente de estabilidad explica gran parte de su personalidad.
La Vav refuerza todavía más esta cualidad. Así como la letra desciende en línea recta desde arriba hasta abajo, también el nacido en Iyar busca recorrer un camino claro, directo y firme, evitando desviaciones innecesarias.
Cuando la virtud necesita equilibrio
Como sucede con todas las cualidades del alma, también esta fortaleza puede convertirse en una limitación cuando pierde el equilibrio.
La enorme orientación práctica de Tauro puede llevarlo, en ocasiones, a concentrarse exclusivamente en la solución técnica de los problemas. Tiende a pensar que, una vez realizada la acción correcta, todo ha quedado resuelto.
Sin embargo, la vida humana no está compuesta solamente por acciones. Existen emociones, sentimientos, motivaciones y procesos internos que también necesitan ser atendidos.
Una decisión puede ser correcta desde el punto de vista práctico y, sin embargo, dejar heridas emocionales si no fue acompañada por sensibilidad y comprensión.
Por eso, el tikún de la letra Vav consiste en unir dos dimensiones que nunca deberían separarse: la eficacia de la acción y la profundidad del corazón.
Cuando ambas trabajan juntas, la sencillez de la Vav revela toda su grandeza: no sólo construir un mundo funcional, sino también un mundo lleno de humanidad, paz y presencia Divina.
Capítulo 2: El peligro de reducir toda la vida a la acción práctica.
Cuando la acción no basta
La fuerza principal de la letra Vav consiste en su capacidad para hacer descender las ideas al mundo de la acción. Gracias a ella, los nacidos durante el mes de Iyar poseen una extraordinaria habilidad para concretar proyectos, resolver problemas y transformar pensamientos en hechos. Sin embargo, como ocurre con todas las cualidades del alma, una virtud llevada al extremo puede convertirse también en una limitación. Precisamente porque Tauro vive orientado hacia la realización práctica, existe el riesgo de reducir toda la realidad únicamente a aquello que puede hacerse, olvidando que el ser humano posee también un mundo interior de sentimientos, emociones y necesidades que no siempre son visibles.
Para comprender esta idea, imaginemos la respuesta de un niño cuyos padres estaban separados. Al preguntarle qué debería hacerse para que dejaran de pelear, respondió con absoluta naturalidad: «Hay que mandar un taxi a buscar a mamá, traerla a la casa de papá y sentarla nuevamente en el living». Desde la mirada infantil, el problema era exclusivamente práctico: si ambos volvían a compartir el mismo techo, la dificultad desaparecería. Sin embargo, los adultos sabemos que la convivencia no depende solamente de la cercanía física. Un matrimonio necesita confianza, respeto, amor, diálogo y muchas otras dimensiones que ninguna mudanza puede producir por sí sola.
Este ejemplo pone de manifiesto una enseñanza muy profunda. La acción exterior es importante, pero nunca constituye toda la realidad. Muchas veces resolvemos el aspecto visible de un problema mientras permanece intacta su raíz interior. Podemos organizar perfectamente una situación y, sin embargo, dejar heridas abiertas en el corazón de las personas involucradas. Como el Rebe nos enseña que «la acción es lo principal», pero jamás afirma que la acción sea lo único importante.
La diferencia entre vencer y convencer
Esta enseñanza aparece con frecuencia en las relaciones humanas. Supongamos que dos personas mantienen una discusión y, después de un largo intercambio de argumentos, una de ellas logra imponer su opinión. Finalmente, la otra acepta hacer lo que se le pide. Desde un punto de vista práctico, parecería que todo ha terminado satisfactoriamente: se alcanzó el objetivo y la decisión fue aceptada. Sin embargo, ¿podemos afirmar que realmente hubo paz?
Es posible que quien aceptó lo haya hecho únicamente para poner fin a la discusión. Exteriormente obedeció; interiormente continuó sintiendo disgusto, frustración o resentimiento. La victoria fue solamente externa. Se ganó la discusión, pero no el corazón de la otra persona.
Éste constituye uno de los desafíos más delicados del mazal Shor. La eficiencia práctica puede producir resultados rápidos, pero el verdadero liderazgo no consiste únicamente en obtener obediencia. Consiste en despertar comprensión, adhesión y buena voluntad. Una persona puede obedecer por obligación, pero sólo colaborará con alegría cuando también su corazón participe de aquello que está haciendo.
La sensibilidad que completa la acción
Las personas nacidas en Iyar suelen sentirse satisfechas cuando encuentran una solución concreta. Ésa es una de sus mayores virtudes. Sin embargo, necesitan recordar que la solución técnica no siempre coincide con la solución humana. Hay situaciones que requieren escuchar antes de actuar, comprender antes de decidir y acompañar antes de corregir.
Como el Toro que camina y por eso se llama behemá gasá, afirmado a la tierra, sin importar lo que se le interpone.
Muchas veces creemos haber solucionado un problema porque la situación exterior cambió, cuando en realidad todavía queda un largo camino por recorrer en el interior de las personas. Una conversación sincera, una palabra de aliento o un gesto de comprensión pueden producir transformaciones mucho más profundas que una decisión perfectamente organizada.
Por ello, el tikún de Tauro consiste en permitir que la firmeza de la letra Vav se una a la sensibilidad del corazón. Cuando la acción y la compasión avanzan juntas, la enorme capacidad realizadora de este mazal alcanza su máxima perfección. Entonces la fuerza deja de imponerse para convertirse en una influencia positiva que inspira a los demás a caminar voluntariamente por el mismo camino.

La acción al servicio del alma
La Torá nunca desprecia el mundo de la acción. Por el contrario, enseña que el propósito de toda la creación consiste precisamente en hacer descender la santidad hasta la realidad concreta. Pero ese descenso sólo alcanza su plenitud cuando la acción permanece unida al alma que le da vida. Hay personas que ni siquiera se fijan lo que pasa alrededor, si las personas está conformes con tu comportamiento.
Éste es el equilibrio que la letra Vav viene a enseñar. No basta con construir, organizar y realizar. También es necesario cuidar los vínculos, comprender a las personas y recordar que detrás de cada acción existe un corazón que siente.
Cuando Tauro logra integrar ambas dimensiones, descubre que el verdadero éxito no consiste solamente en hacer que las cosas funcionen, sino en lograr que la verdad de la Torá transforme tanto la realidad exterior como el mundo interior de quienes participan en ella.
Capítulo 3
El sentido del Hirhur: pensar para actuar
Después de explicar la letra Vav, el Séfer Ietzirá revela otro de los secretos espirituales del mes de Iyar. Cada uno de los doce meses posee un sentido particular del alma, una facultad interior mediante la cual la persona percibe y se relaciona con la realidad. El sentido asignado al mes de Iyar es el hirhur (הרהור).
A primera vista, podría parecer que hirhur significa simplemente “pensamiento”. Sin embargo, la lengua sagrada no posee sinónimos absolutos. Cada palabra expresa un matiz diferente del alma y, por lo tanto, también una función distinta. Comprender esta diferencia permite descubrir uno de los rasgos más característicos de quienes nacieron bajo el signo de Tauro.
La majshavá —el pensamiento— corresponde al plano de las ideas generales. Es el momento en que la mente contempla una posibilidad, imagina un proyecto o reflexiona sobre una situación sin que todavía exista una decisión concreta. Hay pensamiento teórico y hay pensamiento para llevar a la práctica. En cambio, el hirhur es un pensamiento que ya comenzó a descender hacia la realidad. Es la reflexión que prepara la acción. La persona ya no se pregunta únicamente qué sería bueno hacer, sino cómo lo hará, cuándo lo hará y cuáles serán los pasos necesarios para llevarlo a cabo.
Podemos comparar esta diferencia con alguien que sueña con realizar un viaje. Mientras imagina el destino, recuerda paisajes o piensa cuánto disfrutará de la experiencia, permanece todavía en el nivel de la majshavá. Pero cuando comienza a elegir la fecha, reserva los pasajes, organiza el presupuesto y decide qué llevará en la valija, ese pensamiento se ha transformado en hirhur. La idea ya está descendiendo al terreno de la acción.
Ésta es precisamente la forma natural de pensar de los nacidos en Iyar. Su mente tiende espontáneamente a traducir cada concepto en un plan concreto. Cuando estudian una enseñanza de la Torá, cuando escuchan una explicación o cuando reciben una nueva idea, casi de inmediato surge una pregunta interior: ¿cómo se aplica esto en la vida? No les basta comprender una teoría; necesitan descubrir de qué manera puede expresarse en la práctica.
El pensamiento organizado
Esta orientación práctica produce una forma muy particular de ordenar la mente. Mientras otras personas pueden permanecer largo tiempo desarrollando hipótesis o explorando posibilidades, Tauro siente la necesidad de organizar inmediatamente los detalles concretos. Su pensamiento avanza como un arquitecto que, antes de colocar el primer ladrillo, ya visualiza los planos completos de la construcción.
Por esa razón, el hirhur no debe confundirse con la imaginación. No se trata de dejar vagar la mente libremente, sino de preparar cuidadosamente el camino que permitirá convertir una idea en una realidad. Es un pensamiento disciplinado, estructurado y orientado hacia un objetivo.
Esta capacidad explica por qué muchas personas nacidas en Iyar destacan como organizadores, administradores, constructores, educadores o responsables de proyectos complejos. Poseen una habilidad natural para transformar principios generales en procedimientos claros y ordenados.
La aplicación práctica de la Torá
Esta cualidad también se refleja en el estudio de la Torá. A lo largo de las generaciones encontramos numerosos rabinos posek halajá. En Jabad, el rav Naé, el Rav Landau, Harav Shmuel Ashkenazi, el Rav Levi Bistritzki de Zfat, fue elegido en la rabanut harashit para dirigir el Kashrut, orden, realizar de manera práctica. Sabios nacidos durante el mes de Iyar que sobresalieron especialmente en el mundo de la Halajá. Su interés no consistía solamente en comprender las discusiones del Talmud o las ideas abstractas de la Cabalá, sino en responder una pregunta fundamental: ¿cómo debe actuar el judío en la práctica?
El posek —la autoridad halájica— necesita precisamente esta capacidad. Debe tomar los grandes principios de la Torá y traducirlos en decisiones concretas que orienten la vida cotidiana. El hirhur convierte el conocimiento en acción y hace posible que la sabiduría descienda desde el estudio hasta la realidad.
No es casualidad que varios de los grandes rabinos conocidos por su claridad práctica hayan nacido en este mes. En ellos encontramos una notable facilidad para organizar el pensamiento, distinguir lo esencial de lo secundario y ofrecer respuestas precisas a problemas concretos.
El desafío del hirhur
Sin embargo, esta extraordinaria capacidad también requiere equilibrio. Existe el riesgo de que el pensamiento se concentre tanto en la ejecución que deje de prestar atención a las dimensiones emocionales de la realidad. Una persona puede organizar perfectamente un proyecto, resolver una dificultad técnica o encontrar la solución más eficiente y, aun así, no percibir lo que ocurre en el corazón de quienes la rodean.
Por ello, el tikún del hirhur consiste en recordar que toda acción nace para servir a la vida y no al revés. La organización, la planificación y la eficacia son herramientas extraordinarias, pero nunca deben desplazar la sensibilidad, la escucha y la compasión. Cuando el pensamiento práctico permanece unido al corazón, la fuerza característica de Iyar alcanza su máxima perfección y la letra Vav cumple plenamente su misión: hacer descender la luz espiritual hasta la realidad sin perder, en ese descenso, la calidez humana que da sentido a toda acción.

Capítulo 4
El pensamiento que desciende a la realidad
Una vez comprendida la naturaleza del hirhur, podemos descubrir por qué esta facultad ocupa un lugar tan importante en el mes de Iyar. No se trata simplemente de una forma de pensar más organizada o más lógica. El hirhur representa la capacidad de tomar una idea y conducirla, paso a paso, hasta su realización práctica.
Mientras otras personas disfrutan explorando posibilidades, imaginando escenarios o desarrollando conceptos abstractos, el nacido en Iyar experimenta una necesidad casi natural de preguntar: ¿qué significa esto en la práctica? Su mente no permanece demasiado tiempo en el terreno de la teoría. Necesita traducir el conocimiento en una guía concreta para la vida.
Esta cualidad se manifiesta en todos los aspectos de su existencia. Cuando estudia, busca inmediatamente la aplicación práctica de lo aprendido. Cuando escucha un consejo, intenta descubrir cómo implementarlo. Cuando recibe una nueva responsabilidad, comienza espontáneamente a organizar los pasos necesarios para llevarla adelante. Su pensamiento trabaja como un arquitecto que, antes de colocar el primer ladrillo, ya ha diseñado toda la estructura del edificio.
La mente del legislador
Esta tendencia explica un fenómeno muy llamativo dentro de la historia de la Torá. A lo largo de las generaciones encontramos un número notable de grandes rabinos nacidos durante el mes de Iyar, especialmente entre quienes se dedicaron a la Halajá y a la orientación práctica del pueblo de Israel.
El trabajo del posek no consiste únicamente en comprender los conceptos del Talmud o en dominar las enseñanzas de la Cabalá. Su verdadera misión es mucho más exigente: debe traducir los principios eternos de la Torá en decisiones concretas que orienten la vida cotidiana de las personas.
Para realizar esta tarea se necesita precisamente el tipo de pensamiento que caracteriza al hirhur. No basta con conocer las fuentes; es necesario saber cómo aplicarlas correctamente en cada situación. La mente debe pasar continuamente del principio general al caso particular, de la teoría a la práctica y del estudio a la acción.
Por esta razón encontramos entre los nacidos en Iyar a numerosos maestros que sobresalieron por su extraordinaria capacidad para organizar el pensamiento halájico y ofrecer respuestas claras a problemas complejos.
El talento para organizar
Quien posee esta cualidad suele destacarse también fuera del ámbito del estudio. Muchas personas nacidas bajo este mazal tienen facilidad para administrar instituciones, dirigir equipos, coordinar proyectos o planificar trabajos de gran envergadura. No necesariamente buscan ocupar posiciones de liderazgo, pero cuando reciben una responsabilidad suelen desempeñarla con notable eficacia.
Su capacidad consiste en ordenar lo complejo, establecer prioridades y convertir una idea general en una serie de pasos perfectamente definidos. Allí donde otros perciben confusión, ellos encuentran rápidamente un método de trabajo. Allí donde otros ven un problema enorme, comienzan a dividirlo en pequeñas tareas hasta hacerlo manejable.
No es casual que muchas organizaciones dependan de personas con este tipo de personalidad. Su fortaleza no radica únicamente en trabajar mucho, sino en saber cómo organizar el trabajo para que produzca resultados.
Cuando la organización se convierte en un límite
Sin embargo, toda cualidad necesita equilibrio. La misma mente que posee una enorme capacidad para ordenar puede terminar viendo toda la realidad exclusivamente desde esa perspectiva.
Existe el peligro de transformar cada situación humana en un problema técnico que sólo requiere una solución práctica. Pero el alma no funciona como una máquina. Las personas no necesitan únicamente instrucciones claras; también necesitan ser comprendidas, escuchadas y acompañadas.
Quien vive demasiado concentrado en la organización puede perder sensibilidad hacia aquello que no puede medirse ni planificarse. Hay momentos en los que un abrazo vale más que una estrategia, una palabra de comprensión más que un plan perfectamente elaborado y una escucha sincera más que la solución técnicamente correcta.
Por ello, el hirhur alcanza su perfección únicamente cuando permanece unido al corazón. La inteligencia práctica debe estar siempre al servicio de la persona y no al revés. Cuando la organización nace del amor y busca el bien del prójimo, deja de ser simplemente eficiencia para convertirse en una expresión de la sabiduría de la Torá.
Éste es uno de los grandes secretos del mes de Iyar: pensar para actuar, pero actuar siempre con humanidad. La verdadera realización no consiste únicamente en que las cosas funcionen correctamente, sino en que cada acción contribuya a construir un mundo donde la presencia de Hashem pueda revelarse con mayor claridad.
Capítulo 5
Isajar: la fuerza que sabe llevar la carga
Después de explicar la letra Vav y el sentido del hirhur, el Séfer Ietzirá continúa revelando otro aspecto de la personalidad del mes de Iyar. Cada mes del calendario hebreo está asociado a una de las tribus de Israel, y la tribu correspondiente a Iyar es Isajar.
Esta asociación no es casual. En la Torá, Isajar representa la dedicación al estudio, la capacidad de reflexión y la perseverancia necesaria para profundizar en la sabiduría. Nuestros Sabios describen a esta tribu como el sostén intelectual del pueblo de Israel, capaz de estudiar durante largas horas sin perder la concentración y de extraer conclusiones prácticas de la Torá.
Sin embargo, resulta llamativo que la propia Torá describa a Isajar mediante una imagen muy particular:
“Isajar es un asno robusto, recostado entre los fardos.” El burro duerme con la carga encima.
(Bereshit 49:14).
A primera vista surge una dificultad evidente. Si el símbolo del mes es el buey (Shor), ¿por qué la tribu correspondiente aparece representada por un asno (Jamor)?
La respuesta nos permite comprender una dimensión mucho más profunda de este mazal.
Dos fuerzas complementarias
El buey y el asno representan dos clases diferentes de fortaleza. El buey simboliza la potencia. Posee una fuerza extraordinaria para mover cargas enormes, abrir surcos en la tierra y realizar trabajos que ningún otro animal podría efectuar. Es la imagen de la energía, la capacidad de ejecución y el poder de transformar la realidad. Berav tvuot becoaj shor.
El asno, en cambio, simboliza algo distinto.
Su principal virtud no es la fuerza explosiva, sino la resistencia.
Puede caminar durante largas distancias llevando una pesada carga sobre sus lomos. Incluso cuando necesita detenerse para descansar, permanece acostado sin desprenderse de aquello que transporta. Cuando recupera las fuerzas, continúa su camino como si nunca hubiera interrumpido la marcha.
Ésta es precisamente la imagen que la Torá utiliza para describir a Isajar.
No basta con tener fuerza.
También es necesario poseer la capacidad de sostener el esfuerzo durante mucho tiempo.
La perseverancia del estudioso
El estudio profundo de la Torá exige precisamente esa combinación.
Existen personas muy inteligentes que comienzan con entusiasmo un nuevo tratado del Talmud o un libro de Cabalá, pero al poco tiempo abandonan el esfuerzo. Otras, quizá con menos brillantez inicial, poseen una perseverancia extraordinaria y avanzan constantemente durante años.
La verdadera grandeza de Isajar no consiste únicamente en comprender rápidamente, sino en mantenerse firme cuando el estudio exige paciencia, repetición y constancia.
Ésta es una de las grandes virtudes de los nacidos en Iyar.
Poseen una notable capacidad para continuar trabajando cuando otros ya se han cansado. No se dejan impresionar fácilmente por las dificultades ni abandonan un proyecto porque aparezcan obstáculos. Su naturaleza les permite soportar cargas que para otras personas resultarían excesivas.
Esta fortaleza no se limita al estudio. También aparece en el trabajo, en la familia, en la educación de los hijos y en todas aquellas responsabilidades que requieren continuidad a lo largo del tiempo.
El precio de la resistencia
Sin embargo, esta misma capacidad encierra un riesgo que no siempre resulta evidente.
Quien está acostumbrado a soportar grandes esfuerzos termina acumulando una enorme tensión interior. Mientras los demás descansan, él continúa trabajando. Mientras otros abandonan, él sigue adelante. Mientras muchos buscan el camino más fácil, él permanece fiel a la tarea que asumió.
Pero el alma también necesita respirar.
Cuando una persona sostiene durante demasiado tiempo una carga pesada, comienza a experimentar una necesidad natural de compensación.
No se trata de una debilidad, sino de una ley de la naturaleza humana.
Todo esfuerzo prolongado genera el deseo de recuperar energías.
Por eso quienes poseen una enorme capacidad de trabajo deben aprender también el arte del descanso, de la alegría y del equilibrio. Si no lo hacen, buscarán inconscientemente formas de compensación que pueden conducirlos hacia excesos materiales o placeres desordenados.
La Torá no pretende eliminar esta necesidad. Lo que enseña es a dirigirla correctamente.
Así como el cuerpo necesita reposo después del esfuerzo, también el alma necesita espacios de renovación. El verdadero tikún consiste en encontrar un descanso que fortalezca el espíritu y no simplemente una distracción que haga olvidar momentáneamente el cansancio.
En esto consiste la unión del buey y del asno. La fuerza del primero y la resistencia del segundo convierten a Isajar en un símbolo de perseverancia. Pero sólo cuando ambas cualidades se encuentran equilibradas por la sabiduría de la Torá pueden desplegar todo su potencial y convertirse en una bendición para la persona y para quienes la rodean.
La combinación entre la fuerza del buey y la resistencia del asno explica otra característica muy profunda de los nacidos en el mes de Iyar. Quien posee la capacidad de soportar grandes cargas físicas, emocionales o intelectuales necesita también recuperar las energías invertidas. Ésta no es una debilidad del carácter, sino una ley natural del alma humana.
Todos conocemos esta experiencia. Después de atravesar un período de intenso esfuerzo, sentimos el deseo de descansar, relajarnos o regalarnos algún momento de placer. Cuanto mayor fue la tensión, mayor suele ser también la necesidad de compensación. El alma busca recuperar el equilibrio que perdió durante el tiempo de exigencia.
En el caso de Tauro, esta tendencia suele manifestarse con especial intensidad. Su enorme capacidad para trabajar, perseverar y cargar responsabilidades hace que, al terminar una etapa de esfuerzo, aparezca un fuerte deseo de disfrutar del mundo material. La buena comida, el descanso, la comodidad, la belleza o los placeres de la vida ejercen sobre él una atracción mayor que sobre otras personas.
El peligro de la compensación desmedida
Aquí aparece uno de los principales desafíos espirituales de este mazal.
El problema no consiste en disfrutar de las cosas buenas que Hashem creó. La Torá nunca condena el placer cuando ocupa el lugar que le corresponde. Al contrario, nuestros Sabios enseñan que el mundo fue creado para ser utilizado con santidad y agradecimiento.
La dificultad comienza cuando la necesidad de compensación deja de estar gobernada por la inteligencia y empieza a dirigir la vida de la persona.
Quien ha soportado una carga muy pesada puede sentir que ahora “merece” cualquier satisfacción. Poco a poco esa idea puede transformarse en una justificación para buscar excesos. La necesidad legítima de descanso se convierte entonces en una inclinación permanente hacia la comodidad, el lujo o los placeres materiales.
No se trata únicamente de comida o de bienes materiales. También puede manifestarse en la búsqueda constante de entretenimiento, de reconocimiento o de cualquier experiencia que alivie momentáneamente el cansancio acumulado.
El equilibrio que enseña la Torá
La solución no consiste en negar esa necesidad ni en reprimirla completamente. La Torá propone un camino mucho más profundo: aprender a santificar el descanso.
El descanso también forma parte del servicio a Hashem.
Después de un período de intenso esfuerzo, el ser humano necesita recuperar sus fuerzas para continuar cumpliendo su misión. El problema no es descansar, sino olvidar el propósito por el cual descansamos.
Cuando el placer se transforma en un fin en sí mismo, termina debilitando a la persona. En cambio, cuando se convierte en un medio para renovar las fuerzas y servir mejor al Creador, adquiere un valor completamente diferente.
Por eso los Sabios enseñan que incluso las actividades más sencillas pueden convertirse en parte de la avodá cuando se realizan con la intención adecuada.
La enseñanza del Tzémaj Tzedek
Existe una anécdota jasídica que ilustra admirablemente esta cualidad.
Cierta vez obsequiaron al Tzémaj Tzedek un hermoso reloj de oro. Sin embargo, él respondió que ese regalo no era apropiado para su propia personalidad y pidió que se lo entregaran a su hijo, el Rebe Maharash, nacido precisamente en el mes de Iyar.
A primera vista podría parecer una observación sin importancia. Sin embargo, encierra una enseñanza muy profunda. El Rebe Maharash poseía una personalidad capaz de relacionarse con el mundo material sin quedar atrapado por él. Sabía apreciar la belleza de las cosas creadas por Hashem y, al mismo tiempo, utilizarlas al servicio de una finalidad espiritual.
Éste es precisamente el tikún de Tauro. No rechazar el mundo, sino aprender a disfrutarlo con equilibrio, sin permitir que el placer ocupe el lugar reservado para el alma.
Capítulo 8
La belleza que ilumina… y la belleza que engaña
Uno de los rasgos más sobresalientes del mes de Iyar es su extraordinaria sensibilidad hacia la belleza. La Torá llama a este mes Jodesh Ziv, el “Mes del Resplandor”, y el Zóhar explica que este nombre alude al brillo de la luna, que refleja la luz del sol sobre el mundo, produce ziv y noga.. No se trata simplemente de una imagen poética. El resplandor expresa una determinada forma de percibir la realidad. Todos los seres humanos son así, pero quien nace bajo la influencia de este mes posee una inclinación natural a buscar todo aquello que brilla: la belleza, la inteligencia, la nobleza, la fuerza, el éxito y la excelencia. Su alma siente una atracción espontánea hacia lo mejor, da alegría, simpatía.
Esta cualidad puede apreciarse en todos los ámbitos de la vida. En una conversación, el nacido en Iyar se sentirá naturalmente atraído por personas inteligentes, capaces de desarrollar ideas profundas y bien fundamentadas. En el trabajo admirará la excelencia profesional. En el arte buscará armonía y perfección. Incluso en la naturaleza quedará cautivado por paisajes, jardines y todo aquello que manifieste orden y belleza. Existe en él un deseo permanente de acercarse a aquello que considera luminoso.
Esta tendencia constituye una virtud extraordinaria. Gracias a ella, muchas personas nacidas en este mes desarrollan un gusto refinado y una verdadera admiración por la sabiduría. Les resulta difícil permanecer en ambientes superficiales durante mucho tiempo, porque su alma anhela profundidad. Buscan maestros de gran nivel, conversaciones enriquecedoras y personas capaces de ayudarlos a crecer. Cuando encuentran un verdadero sabio, sienten un impulso natural a aprender de él, porque reconocen intuitivamente el valor de quien ha iluminado su vida con la Torá.
No hay enfermeras en este signo, no soportan el sufrimiento.
Sin embargo, precisamente porque esta sensibilidad es tan intensa, también puede transformarse en una fuente de confusión. El problema aparece cuando la persona deja de distinguir entre la belleza auténtica y la apariencia exterior. No todo aquello que deslumbra posee verdadera luz. Existen personas muy brillantes intelectualmente cuya vida carece de profundidad espiritual. Del mismo modo, existen personas de gran belleza física cuya personalidad no refleja la belleza del alma. Cuando el deseo de contemplar lo hermoso deja de estar guiado por el discernimiento, la persona corre el riesgo de enamorarse de la apariencia y olvidar la esencia.
Éste es uno de los desafíos más importantes del mazal Shor. La fascinación por la belleza puede influir incluso en las decisiones más trascendentes de la vida. Muchas veces ocurre que un hombre queda cautivado por la belleza exterior de una mujer y deja de prestar atención a otros aspectos mucho más importantes de su personalidad. Lo mismo puede suceder a la inversa: una mujer puede sentirse profundamente impresionada por la inteligencia o el prestigio de un hombre sin detenerse a considerar si realmente existe compatibilidad entre ambos. El atractivo inicial puede ser tan intenso que oscurece la capacidad de observar el resto de las cualidades necesarias para construir una vida en común.
A lo largo de los años es posible encontrar numerosos ejemplos de personas que repitieron una y otra vez el mismo error. Buscaron únicamente aquello que más las impresionaba —la belleza, el talento o el éxito— y, al hacerlo, dejaron de lado aspectos fundamentales del carácter. Después de la desilusión, volvieron a elegir siguiendo exactamente el mismo criterio, convencidas de que el problema había sido casual. Sin advertirlo, permanecían prisioneras de la misma fascinación inicial.
La Torá no pretende disminuir el valor de la belleza. Al contrario, reconoce que el mundo creado por Hashem está lleno de hermosura y que el hombre debe aprender a apreciarla. Pero también enseña que la verdadera belleza jamás puede separarse de la verdad. La estética, cuando no está acompañada por la rectitud interior, termina convirtiéndose en una ilusión. Lo mismo sucede con la inteligencia. Una mente brillante es un gran regalo, pero si no está guiada por la humildad y el temor de Hashem puede transformarse fácilmente en motivo de orgullo y confusión.
Éste es el significado más profundo del nombre Ziv. Así como la luna no posee luz propia y toda su belleza consiste en reflejar la luz del sol, también el ser humano alcanza su verdadera belleza cuando refleja la luz del Creador. La hermosura del alma no nace del prestigio ni del reconocimiento, sino de la capacidad de expresar la presencia de Hashem en cada aspecto de la vida. La belleza física, la inteligencia, el talento y el éxito adquieren entonces un nuevo sentido: dejan de ser fines en sí mismos para convertirse en recipientes que revelan una luz mucho más elevada.
El tikún del nacido en Iyar consiste precisamente en aprender a mirar más allá de la primera impresión. Debe conservar su sensibilidad hacia la belleza, porque constituye uno de los dones más preciosos que recibió del Cielo, pero al mismo tiempo necesita desarrollar una mirada capaz de descubrir la esencia que se oculta detrás de las apariencias. Cuando aprende a hacerlo, deja de buscar únicamente aquello que brilla ante sus ojos y comienza a reconocer el verdadero resplandor del alma. Ésa es la luz que nunca se apaga y el auténtico Ziv del mes de Iyar.
Capítulo 9
El riñón derecho: la sabiduría del discernimiento
Después de revelar la letra, el sentido espiritual, la tribu y el nombre especial del mes de Iyar, el Séfer Ietzirá añade una nueva correspondencia que, a primera vista, puede resultar sorprendente. Cada mes se relaciona también con un órgano del cuerpo humano, porque la Torá considera al hombre un universo en miniatura, donde cada facultad del alma encuentra su expresión en una parte determinada del organismo.
El órgano correspondiente al mes de Iyar es el riñón derecho.
En un primer momento esta asociación parece extraña. ¿Qué relación puede existir entre un signo del calendario hebreo y un órgano cuya función conocemos principalmente desde el punto de vista fisiológico? Sin embargo, la Cabalá descubre aquí una enseñanza extraordinaria sobre el funcionamiento del alma.
Desde el punto de vista biológico, los riñones realizan una tarea esencial para la vida. Constantemente filtran la sangre, separando aquello que debe permanecer en el organismo de aquello que necesita ser eliminado. Su trabajo consiste en distinguir, seleccionar y conservar únicamente lo que resulta beneficioso para el cuerpo. Sin ese proceso de discernimiento, la vida misma sería imposible.
La Torá ve en esta función física el reflejo de una capacidad espiritual mucho más profunda.
Los riñones que aconsejan
Nuestros Sabios afirman una expresión aparentemente misteriosa: “Las kelayot ioatzot”, “los riñones aconsejan”. Durante siglos esta frase llamó la atención de comentaristas y estudiosos. ¿Cómo pueden los riñones aconsejar?
La respuesta comienza a comprenderse cuando recordamos que el lenguaje de los Sabios no describe únicamente procesos biológicos, sino también las fuerzas interiores del alma. El consejo no nace solamente de la inteligencia. Para tomar una buena decisión es necesario separar lo esencial de lo secundario, distinguir entre lo verdadero y lo aparente, entre lo beneficioso y lo perjudicial. Exactamente del mismo modo en que el riñón filtra la sangre, el alma debe aprender a filtrar sus pensamientos.
El Rebe relató en una oportunidad que preguntó a un médico cómo interpretaba la ciencia moderna esta antigua afirmación talmúdica. El médico explicó que los riñones producen determinadas sustancias que influyen sobre el funcionamiento general del organismo y, de manera indirecta, también sobre la actividad cerebral. Aunque el lenguaje de la medicina y el de la Torá sean diferentes, ambos reconocen que existe una estrecha relación entre los riñones y la capacidad de tomar decisiones.
La Cabalá lleva esta idea mucho más lejos. Enseña que el riñón representa la facultad espiritual del discernimiento, la capacidad de analizar cada situación con serenidad antes de actuar.
El don de distinguir
Esta cualidad aparece con mucha claridad en los nacidos durante el mes de Iyar. Su pensamiento suele caracterizarse por una notable capacidad para separar lo esencial de lo accesorio. Cuando estudian una cuestión compleja, identifican rápidamente el punto central del problema. Cuando escuchan una discusión, perciben con facilidad qué argumentos poseen fundamento y cuáles carecen de consistencia. No se dejan impresionar fácilmente por discursos grandilocuentes ni por razonamientos confusos. Su mente busca orden, claridad y coherencia.
Esta aptitud explica por qué muchas personas nacidas en este mes sobresalen como maestros, jueces, rabinos, administradores o consejeros. Poseen una inclinación natural a examinar cuidadosamente los hechos antes de emitir un juicio. Del mismo modo que el riñón conserva aquello que fortalece al organismo y elimina lo perjudicial, ellos intentan conservar lo verdadero y apartar aquello que puede desviar el camino.
Sin embargo, este don exige también una gran responsabilidad. Quien desarrolla una poderosa capacidad de discernimiento puede caer fácilmente en la tentación de juzgar demasiado rápido o de confiar excesivamente en su propio criterio. La inteligencia, cuando no está acompañada por humildad, corre el riesgo de transformarse en autosuficiencia.
Por eso la Torá enseña que el verdadero discernimiento nunca nace únicamente del intelecto. El consejo más acertado surge cuando la claridad de la razón se une a la humildad del corazón. El hombre debe analizar, estudiar y reflexionar, pero siempre recordando que la sabiduría pertenece, en última instancia, al Santo, bendito sea. Sólo quien permanece dispuesto a seguir aprendiendo conserva la capacidad de distinguir correctamente entre el bien y el mal.
Éste es el tikún del riñón derecho. No consiste solamente en desarrollar una mente clara, sino en convertir esa claridad en un instrumento al servicio de la verdad. Cuando el discernimiento se une a la humildad, la persona aprende a filtrar no sólo la información que recibe, sino también sus propias motivaciones. Entonces sus decisiones dejan de estar guiadas por el orgullo o por el interés personal y comienzan a reflejar la sabiduría de la Torá.
De este modo comprendemos que la correspondencia entre el mes de Iyar y el riñón derecho no es una curiosidad simbólica. Es una invitación permanente a purificar nuestros pensamientos, a discernir con serenidad y a aprender a elegir, en cada situación de la vida, aquello que verdaderamente alimenta el alma y la acerca a Hashem.
Capítulo 10
Guevurá: la fuerza que sabe contenerse
Cada uno de los meses del calendario hebreo está vinculado con una de las diez sefirot, las fuerzas espirituales mediante las cuales Hashem conduce la creación y que también constituyen la estructura interior del alma humana. El mes de Iyar corresponde a la sefirá de Guevurá, una palabra que suele traducirse como “rigor”, aunque en realidad posee un significado mucho más amplio y profundo.
Con frecuencia se piensa que la guevurá representa únicamente la severidad o la disciplina. Sin embargo, el Jasidut enseña que su esencia consiste en la capacidad de establecer límites. Sin límites no existe crecimiento. Un río necesita orillas para que sus aguas no se desparramen; el cuerpo necesita una piel que contenga sus órganos; la inteligencia requiere orden para no convertirse en confusión. Del mismo modo, el alma necesita la fuerza de la guevurá para dirigir correctamente todas sus energías.
Esta idea armoniza perfectamente con todo lo que hemos estudiado acerca del mes de Iyar. La letra Vav representa el descenso de la idea hacia la acción; el hirhur transforma el pensamiento en un plan concreto; el riñón derecho separa lo útil de lo perjudicial. Todos estos conceptos poseen un elemento común: la capacidad de ordenar, seleccionar y conducir las fuerzas de la vida hacia un objetivo definido. Ésa es precisamente la función de la guevurá.
La disciplina al servicio del amor
En muchas ocasiones la palabra “disciplina” despierta una sensación de dureza. Sin embargo, la disciplina que enseña la Torá nunca nace del enojo ni del deseo de dominar a los demás. Su finalidad consiste en proteger aquello que amamos.
Un padre pone límites a sus hijos porque desea verlos crecer. Un maestro corrige a sus alumnos porque quiere ayudarlos a desarrollar su potencial. El agricultor poda un árbol no porque rechace sus ramas, sino porque sabe que sólo así podrá dar mejores frutos. En todos estos casos la firmeza no contradice el amor; es una expresión del amor mismo.
Éste es uno de los grandes secretos de la guevurá. Cuando se separa del jesed puede transformarse en rigidez, crítica o autoritarismo. Pero cuando ambos trabajan unidos, la firmeza deja de ser una carga para convertirse en un instrumento de crecimiento. La Torá nunca busca quebrar al ser humano; busca ayudarlo a revelar la mejor versión de sí mismo.
Los nacidos en Iyar suelen poseer una inclinación natural hacia el orden, la responsabilidad y el cumplimiento de los compromisos. Les resulta difícil trabajar en ambientes caóticos o improvisados. Necesitan sentir que existe una estructura clara, porque esa estructura les permite desarrollar todas sus capacidades. No es casual que muchas de estas personas sean excelentes administradores, educadores o dirigentes. Comprenden intuitivamente que la libertad no consiste en hacer cualquier cosa, sino en orientar correctamente las propias fuerzas.
El peligro del exceso de rigor
Como toda cualidad del alma, también la guevurá puede perder el equilibrio. Cuando la persona se identifica únicamente con el orden y el control, comienza a exigir de los demás el mismo nivel de perfección que espera de sí misma. Poco a poco aparece la impaciencia frente al error, la dificultad para comprender las debilidades ajenas y una tendencia a juzgar con excesiva severidad.
Rabi Shimón Bar Iojai, atrajo a mucha gente
En ese momento la guevurá deja de construir y comienza a separar.
El Jasidut enseña que el verdadero hombre fuerte no es quien domina a los demás, sino quien sabe dominarse a sí mismo. La fuerza más elevada consiste en contener el propio ego, moderar las propias reacciones y actuar únicamente después de haber reflexionado. La persona verdaderamente poderosa no necesita demostrar constantemente su autoridad, porque la seguridad interior le permite actuar con serenidad.
Por eso el tikún del mes de Iyar consiste en aprender a equilibrar la firmeza con la misericordia. La disciplina debe estar siempre iluminada por la comprensión; la exigencia, acompañada por la paciencia; la claridad intelectual, sostenida por la humildad. Cuando la guevurá se une al jesed, deja de ser una fuerza que limita para convertirse en una fuerza que hace crecer.
Éste es el modelo que la Torá propone para todo liderazgo auténtico. No un liderazgo basado en el temor, sino en el respeto; no una autoridad que aplasta, sino una presencia que inspira. La verdadera fortaleza consiste en conducir las propias energías y ayudar también a otros a descubrir el camino por el cual podrán desarrollar plenamente la misión que Hashem les ha confiado.
Capítulo 11
Noga: el planeta Venus y la búsqueda del placer
Después de estudiar la letra del mes, el sentido del alma, la tribu, el órgano y la sefirá correspondiente, el Séfer Ietzirá nos presenta otra relación significativa: el planeta que influye espiritualmente sobre el mes de Iyar. Se trata de Nogá (נוגה), conocido en la astronomía como Venus.
Desde la antigüedad, Venus ha llamado la atención por su extraordinario brillo. Es el astro más luminoso del cielo después del Sol y de la Luna, hasta el punto de que muchas personas lo confunden con una estrella. Su aparición al amanecer o al anochecer produce una impresión inmediata de belleza y armonía. No resulta extraño, por lo tanto, que la tradición lo relacione con el encanto, la estética y el placer.
Sin embargo, la Cabalá otorga a Nogá un significado mucho más profundo. No representa simplemente la belleza exterior, sino la capacidad de descubrir el bien que Hashem sembró dentro de la creación. El placer, cuando ocupa el lugar que le corresponde, no es un enemigo de la santidad. Por el contrario, puede convertirse en una poderosa fuerza para acercar al hombre a su Creador.
El placer como fuerza espiritual
Vivimos porque experimentamos placer. El niño disfruta aprendiendo, el estudioso encuentra satisfacción en comprender un pasaje difícil del Talmud, el artista se alegra al contemplar una obra terminada y el hombre de fe siente una profunda felicidad al cumplir una mitzvá con todo su corazón. El placer no constituye un accidente de la existencia; forma parte del diseño mismo de la creación.
El problema aparece cuando dejamos de preguntarnos qué clase de placer estamos buscando.
La persona puede orientar esta poderosa energía hacia el crecimiento espiritual o dejar que se disperse en satisfacciones pasajeras. Puede disfrutar de la Torá, de la bondad, de la belleza interior y de la cercanía con Hashem, o puede quedar atrapada en una búsqueda interminable de estímulos externos que nunca logran llenar el vacío del alma.
Éste es uno de los grandes desafíos del nacido en Iyar. Su sensibilidad hacia la belleza y la armonía hace que experimente el placer con una intensidad especial. Por eso necesita aprender desde temprano a educar sus deseos. De lo contrario, aquello que debería impulsarlo hacia la elevación puede terminar convirtiéndose en un obstáculo para su crecimiento.
La santidad del mundo material
El Jasidut enseña que la creación no fue hecha para ser rechazada, sino para ser elevada. Los alimentos, la música, el arte, el trabajo, la familia y todas las dimensiones de la existencia poseen una chispa de santidad que espera ser revelada. La misión del hombre consiste precisamente en descubrir esa chispa y orientarla hacia el servicio de Hashem.
Aquí aparece nuevamente la conexión con la letra Vav. Así como la Vav hace descender la espiritualidad hasta la acción concreta, también el nacido en Iyar está llamado a introducir la santidad dentro del mundo material. No debe escapar de la realidad, sino transformarla.
Por eso el Jasidut insiste en que el placer no debe ser eliminado, sino refinado. La pregunta nunca es si el hombre experimentará placer, sino de dónde provendrá ese placer y hacia dónde lo conducirá. Cuando la alegría nace de una vida llena de sentido, fortalece el alma y amplía el corazón. Cuando depende únicamente de estímulos externos, desaparece tan pronto como éstos terminan.
El brillo verdadero
El nombre Nogá significa precisamente “resplandor”. Pero no todo resplandor posee el mismo origen. Existe una luz que deslumbra durante un instante y luego desaparece, y existe otra que ilumina silenciosamente toda la vida de la persona. La primera atrae la mirada; la segunda transforma el corazón.
Éste es el discernimiento que el mes de Iyar invita a desarrollar. El hombre debe aprender a distinguir entre aquello que simplemente lo seduce y aquello que verdaderamente lo hace crecer. Debe preguntarse si el placer que busca lo acerca a su misión o si solamente le proporciona una satisfacción pasajera.
Cuando el brillo de Nogá es iluminado por la Torá, la belleza deja de ser una distracción para convertirse en un camino hacia Hashem. Entonces el placer ya no aleja al hombre de su propósito, sino que se transforma en una expresión de gratitud por la bondad del Creador y en un instrumento para revelar la santidad escondida en toda la creación.
Éste es el verdadero refinamiento del deseo. No dejar de disfrutar del mundo, sino aprender a contemplarlo con ojos capaces de descubrir, detrás de toda belleza, el resplandor de la Presencia Divina.
El toro y el león
Al toro se lo llama el rey de los animales domésticos, mientras que al león se lo conoce como el rey de las fieras. El Alter Rebe explica que el león recibe ese título porque está lleno de vitalidad (jaiut).
¿Quién es más ágil? El león. El toro posee más fuerza, pero es más lento.
¿Por qué esa lentitud puede considerarse una desventaja? Porque cuando una persona es ágil y expresa hacia afuera toda su fuerza, logra revelar capacidades cada vez mayores. En cambio, cuando es introvertida, reservada, concentrada y cerrada en sí misma, muchas de sus fuerzas permanecen ocultas.
Muchos de los talentos del toro, precisamente por su contracción, por su guevurá y también por su humildad, no llegan a manifestarse. No porque no existan, sino porque la persona no los exterioriza.
Un ejemplo sencillo: si les dijera que deben compartir una enseñanza en una reunión jasídica —sea un hombre en una reunión de hombres o una mujer en una reunión de mujeres—, inmediatamente comenzarían a pensar: «¿Qué voy a decir? ¿Qué voy a decir?». Sin embargo, al final terminan diciendo cosas muy hermosas, porque el hecho de tener que transmitirlas a otros los obligó a prepararse.
Cada vez que uno trabaja para el prójimo recibe enormes fuerzas para seguir avanzando y conquistar nuevos niveles. En cambio, cuando todo el trabajo está orientado únicamente hacia uno mismo, muchas veces no consigue revelar plenamente sus capacidades.
Éste es el movimiento característico del toro: una tendencia a replegarse sobre sí mismo. Debido a ese repliegue no siempre logra expresar todo su potencial. Por eso hay que ayudarlo a liberarse de esa limitación, ya que, si consigue abrirse un poco más, podrá alcanzar logros mucho mayores.
Así aprendimos que la guevurá tiene dos aspectos: uno positivo, que brinda concentración y enfoque, y otro negativo, cuando la persona deja de manifestar sus propias capacidades por exceso de reserva. Éste es un rasgo que puede corregirse.
El poder de la imaginación
Otro punto importante es el mundo de la imaginación. En el mes de Iyar, cuyo mazal es Shor, el pueblo de Israel sintió un fuerte deseo de comer carne. La Torá relata: «La multitud que estaba entre ellos sintió un intenso deseo, y también los hijos de Israel volvieron a llorar…»
Más adelante dice: «Aún tenían la carne entre los dientes… y la mano de Hashem cayó sobre ellos.» La imaginación que nace del hirhur (la contemplación o reflexión) posee una fuerza enorme, pero también puede ser muy peligrosa. ¿Por qué? Porque lleva a la persona a imaginar el futuro, y la imaginación casi siempre resulta más poderosa que la realidad.
Cuando imaginamos un viaje, solemos verlo mucho más hermoso de lo que luego resulta en la práctica. Cuando alguien imagina un pecado que desea cometer, en su fantasía parece mucho más placentero y atractivo de lo que realmente será. Cuando finalmente llega el momento de vivir esa experiencia, suele descubrir que la realidad está muy por debajo de lo que había imaginado.
Ésta es una de las estrategias del ietzer hará. La imaginación puede construir al hombre o destruirlo.
Eso fue precisamente lo que le ocurrió a la multitud mezclada (erev rav). Comenzaron a imaginar el sabor de la carne después de haber comido el maná durante tanto tiempo. Se representaban mentalmente cómo sería comer un buen trozo de carne o un ave asada, y esa imaginación hizo crecer cada vez más su deseo.
Pero cuando finalmente la comieron, ocurrió exactamente lo contrario. La Torá dice: «La carne aún estaba entre sus dientes…» y ya habían perdido todo el entusiasmo. El deseo desapareció.
Así sucede siempre con el ser humano: la imaginación suele ser mucho más dulce que la realidad.
Por eso se nos advierte, y especialmente a quienes nacieron en este mes: el hirhur trabaja horas extras; la imaginación también. Procuren que esa imaginación siempre se dirija hacia objetivos positivos y espirituales, para que los impulse a crecer.
En cambio, si la orientan hacia deseos materiales, terminarán persiguiéndolos y, cuando finalmente los alcancen, descubrirán que no eran tan hermosos, ni tan dulces, ni tan interesantes como habían imaginado.
Ésta es una de las características del mes: la tendencia a imaginar intensamente los placeres materiales, no porque realmente sean tan valiosos, sino porque la imaginación nos engaña.
Rabí Najmán de Breslev llama a esto el tikún del poder imaginativo (tikún koaj hamedamé). A veces la imaginación engaña al hombre y le hace creer que algo es extraordinariamente bueno para él, cuando en realidad no lo es.
Por eso la facultad del hirhur debe aprender a orientarse correctamente: saber hacia dónde dirigir el pensamiento y hasta dónde desarrollarlo.
Cada mes posee una combinación particular del Nombre de Hashem. La combinación correspondiente al mes de Iyar es:י־ה־ו־ה (en el orden específico propio de este mes). El versículo relacionado con esta combinación es: (Irmiahu 9:22-23
כֹּה אָמַר ה׳: אַל־יִתְהַלֵּל חָכָם בְּחָכְמָתוֹ, וְאַל־יִתְהַלֵּל הַגִּבּוֹר בִּגְבוּרָתוֹ, אַל־יִתְהַלֵּל עָשִׁיר בְּעָשְׁרוֹ.
כִּי אִם־בְּזֹאת יִתְהַלֵּל הַמִּתְהַלֵּל: הַשְׂכֵּל וְיָדוֹעַ אוֹתִי, כִּי אֲנִי ה׳ עֹשֶׂה חֶסֶד מִשְׁפָּט וּצְדָקָה בָּאָרֶץ, כִּי־בְאֵלֶּה חָפַצְתִּי, נְאֻם־ה׳.
«Así dice HaShem: No se gloríe el sabio en su sabiduría, ni el poderoso en su poder, ni el rico en sus riquezas. Antes bien, gloríese quien quiera gloriarse en esto: en comprenderme y conocerme, que Yo soy HaShem, que hago misericordia, justicia y rectitud en la tierra, porque en estas cosas Me complazco, dice HaShem.»
Las palabras del versículo corresponden a las letras de la combinación del Nombre.
Este versículo nos enseña, ante todo, que las personas nacidas en Iyar son amantes del conocimiento. Disfrutan aprender, comprender y profundizar.
Si además dividimos este versículo según las cuatro semanas del mes, las dos primeras se relacionan con el desarrollo de la comprensión, mientras que las dos últimas corresponden a un conocimiento más profundo.
La tribu de Isajar estaba formada por aquellos que «conocían los tiempos», los jefes del Sanedrín, los sabios que sabían calcular los ciclos del calendario, las estaciones y los mazalot. Ésta era su cualidad especial.
Por eso los nacidos en este mes deben dedicarse seriamente al estudio de la Torá.
Aun cuando sientan una fuerte atracción hacia el mundo material, muchas veces logran combinar ambos mundos. Existe una expresión que dice que algunas personas tienen «dos mesas»: la mesa de la Torá y la mesa de la grandeza material.
Para ellos no basta solamente la grandeza material; tampoco les basta únicamente el estudio. Necesitan ambas cosas, y generalmente saben armonizarlas de acuerdo con su naturaleza.
El complemento del toro: el escorpión
El mazal que se encuentra frente al toro en la rueda zodiacal es Akrav (Escorpio), correspondiente al mes de Jeshván. Ambos poseen muchas cualidades en común, aunque también presentan diferencias muy marcadas. En una antigua baraita atribuida a Shemuel HaKatán —quien era un gran astrónomo y astrólogo— se enseña que, en el recorrido de la luna, su punto más alto corresponde al toro y su punto más bajo al escorpión.
La luna simboliza al que recibe, porque recibe su luz del sol; por eso representa la sefirá de Maljut. Su nivel más elevado corresponde al toro. ¿Por qué? Porque el toro sabe recibir. Aprende por el simple deseo de aprender. Busca la sabiduría porque ama la sabiduría. En cambio, el nivel más bajo de la luna corresponde al escorpión. También recibe, pero no recibe por el placer de aprender, sino para luego transmitirlo a otros.
Uno de los rasgos distintivos del toro es su extraordinaria aceptación del yugo (kabalat ol). Como un toro que lleva el yugo o un asno que carga su peso, acepta plenamente aquello que se le encomienda y lo realiza con fuerza y perseverancia. El escorpión, en cambio, necesita trabajar mucho más este aspecto. Su carácter lo lleva a consultar a uno, luego a otro y después a un tercero; finalmente termina haciendo lo que él mismo quiere. Con frecuencia su propia autoridad es él mismo, y muchas veces cae en errores precisamente por esa actitud. El toro no es así. Cuando acepta una autoridad, la sigue hasta el final. Ésa es la diferencia fundamental: ¿hasta qué punto eres como la luna? La luna simboliza la capacidad de recibir.
¿Recibes plenamente, anulándote ante la sabiduría como corresponde a un verdadero discípulo? ¿O sólo aceptas aquello que te parece conveniente, rentable o compatible con tus propios criterios? Cuando estudiemos el mes de Jeshván hablaremos de su tikún. Por ahora basta señalar que ambos meses se complementan maravillosamente.
Los dos aman el conocimiento y pertenecen al mundo del intelecto. Sin embargo, existe un intelecto interior y un intelecto exterior. El intelecto de Jeshván posee una capacidad más orientada hacia la comunicación, la explicación y la difusión. Los nacidos en Jeshván suelen expresarse muy bien, saben enseñar y transmitir ideas con facilidad. Ése no es el punto fuerte del toro. Cada uno posee sus propias virtudes, y precisamente por eso ambos mazalot se complementan de una manera extraordinaria
Los mazalot tienen mucha complementariedad entre sí. Esto es válido para todo el círculo de los mazalot.
Nuestros Sabios cuentan que, cuando los griegos intentaron conquistar la Tierra de Israel y conquistar también el espíritu —no sólo lo material—, dijeron: “Escriban sobre el cuerno del toro que no tienen parte en el Dios de Israel.”
Los cabalistas preguntan: ¿por qué eligieron justamente el cuerno del toro? Hay muchas explicaciones, pero según la Cabalá esto tiene un significado preciso. El cuerno del toro representa el descenso hacia la materia, hacia la acción concreta.
Los griegos sostenían que el pueblo de Israel era demasiado espiritual, demasiado místico, demasiado creyente en la bendición del Cielo, demasiado creyente en la ayuda de Hashem. Por eso les dijeron: “Desciendan al mundo del toro. Escriban sobre el cuerno del toro que no tienen parte en el Dios de Israel. Todo depende de la acción concreta. Si haces dinero, tendrás; si no haces, no hay mazal ni nada. Todo depende de lo que tú haces.” Ése era el lema que los griegos querían introducir abajo. Así explica estas palabras el Rebe Tzémaj Tzedek en uno de sus maamarim.
Esto viene a enseñarnos una y otra vez que, cuando la persona está sumergida en la materia, puede empezar a creer que todo depende de eso. Para mantenerse cuerdo debe tener siempre presente que no es su astucia ni su talento, sino la bendición del Cielo. Y no sólo eso: también lo material y lo físico no son un objetivo en sí mismos. Su finalidad es transformar la materia y lo físico en espíritu.
Como aquel jasid cuya esposa le preguntó dónde estaba la vaca. Él había faenado la vaca y preparado carne para que los jasidim hicieran farbrenguen durante toda la noche. Ella le preguntó: “¿Dónde está la vaca? ¿Dónde está el toro?” Y él le respondió: “Está aquí.” Ella dijo: “No la escucho, no oigo nada en el establo, no se ve nada.” Entonces él le dijo: “Está aquí, sólo que hasta ahora gritaba ‘mu’, y ahora grita: ‘Shemá Israel, Hashem Elokeinu, Hashem Ejad.’”
La tarea de todos nosotros es tomar el toro que hay dentro de nosotros, el alma animal, y hacer de ella algo para la Divinidad, algo para la santidad, algo para la espiritualidad. Ésa es la tarea de todos, y no caer, Dios libre, dentro de la materia y dentro del golpe de la materia. Eso es el “cuerno del toro”.
Pasemos al punto anterior al último. Según la Jasidut, cuando el pueblo de Israel estaba en Egipto, se encontraba bajo el mazal Talé, Aries. Talé era la idolatría de Egipto. El pueblo de Israel luchó contra la idolatría de Egipto.
¿Cuál es la diferencia entre el cordero y el toro? El cordero lame la hierba sólo por arriba, mientras que el toro, como dije antes, arranca la hierba de raíz.
Se explica en la Cabalá que el cordero, en su idolatría, cree que todo depende de lo que piensas. Cree que si piensas bien, estará bien, aunque no hagas nada. Basta con pensar. En cambio, el toro no cree sólo en pensamientos; cree también en actos, en hacer algo abajo.
Al principio, los egipcios creían en el mazal del cordero. Esto se expresaba en que pensaban constantemente que, si uno piensa que será el más fuerte y el más poderoso, eso lo llevará allí.
Un día llegó Iosef, quien era “toro”, como está escrito en el versículo: “Primogénito, su toro, hermosura para él.” Iosef HaTzadik llegó a la tierra de Egipto, y el Faraón tuvo un sueño. En el sueño del Faraón le contaban que algo no bueno iba a suceder en Egipto. Eso decía el sueño. Y ustedes saben que él también vio la interpretación, sólo que la olvidó al despertarse por la mañana y no sabía cómo explicarlo, por eso su espíritu estaba agitado.
Vinieron los magos, que eran egipcios clásicos, y todo lo interpretaban de manera positiva. Pero su sueño no era positivo. El sueño era algo negativo, y él recordaba que había algo negativo allí. A veces, cuando ustedes olvidan una canción que tenían en la cabeza y alguien les dice: “¿Tal vez es esta canción?”, responden: “No, no es ésa.” ¿Cómo lo recuerdan si lo olvidaron? No saben cuál es la canción, pero saben que no es ésa.
Así también el Faraón. Cuando escuchó las interpretaciones de los magos, que estaban bajo el mazal Talé, que siempre piensa bien y cree que si piensa bien eso resolverá todos los problemas sin hacer nada, pero en su sueño había una solución que exigía hacer algo, le resultó difícil aceptarlo. No aceptó esa idea.
Entonces llegó Iosef HaTzadik, que era Shor, toro, y le dijo: “Escucha, aquí nada ayudará. Van a venir siete años difíciles. ¿Qué hay que hacer? Hay que tomar y acumular alimentos, introducirlos en las ciudades, y no hay otra opción.” Todo era práctico. Iosef HaTzadik era la practicidad.
Para los egipcios, que eran “corderos”, eso fue: “¡Guau, nos descubrió América!”
Después, muchos de los egipcios decidieron judaizarse, decidieron hacerse judíos, y salieron con los judíos de Egipto. El Zóhar Hakadosh, en Parashat Nóaj, dice que ellos fueron quienes hicieron el becerro. El Alter Rebe explica en Sefer HaMaamarim Inianim que el becerro es Shor, toro.
Ellos dijeron: “Tenemos que pasar del mazal Talé al mazal Shor.” ¿Qué significa pasar del mazal Talé al mazal Shor? Lo contrario de pensar que si será bueno, será bueno: empezar a ser griegos, prácticos; si haces, tendrás bien. Pero eso también es falso. No es verdad.
El hombre debe ser tanto Talé como Shor. ¿Qué significa esto? Debe creer que estará bien, pero también hacer algo abajo de los diez tefajim. “Y Hashem tu Dios te bendecirá en todo lo que hagas.” Ésa es la perfección del hombre: la integración completa de estas dos cosas juntas, y no sólo una por separado ni sólo la otra por separado.
Y ésta es exactamente la diferencia que hubo en el mes de Iyar… y ésta es exactamente la diferencia que hubo en el mes de Iyar, cuando el pueblo de Israel hizo el becerro. En el mes de Siván hicieron el becerro. ¿Cuál fue el problema del becerro? Que querían que hubiera un sustituto práctico para Moshé Rabenu…
El pecado del Becerro de Oro y el mazal Shor
Seguir el aspecto del Shor (Toro), representado por el becerro de oro, debía otorgar al pueblo todas las ventajas y todos los beneficios sin necesidad de esforzarse. Todo vendría por sí solo: trabajarían y recibirían, sin depender del criterio de Moshé Rabenu acerca de si lo merecían o no. Eso era lo que expresaba el mazal Shor.
Aquí existió una diferencia entre los hombres y las mujeres. Como es sabido, los hombres entregaron sus pendientes para fabricar el becerro, mientras que las mujeres se negaron y no aceptaron entregarlos. Éste es también un punto muy importante. El mazal Shor es un mazal masculino, un mazal que influye, que impulsa, que hace avanzar y empuja hacia adelante. En cierto sentido, ésa es su gran virtud. Sólo debe cuidarse de no caer en el pecado del becerro de oro.
¿En qué consiste ese pecado? Consiste en que la persona llega a creer que si yo hago, necesariamente tendré éxito, y que todo depende exclusivamente de su propio esfuerzo. Es lo mismo que hablamos antes respecto de la frase: «Escriban sobre el cuerno del toro…».
Dieciséis rasgos característicos del mazal Shor
Quiero terminar repasando rápidamente unas dieciséis o diecisiete características prácticas propias de los nacidos en este mes. En realidad, durante toda la clase hablamos de estas cualidades, sólo que lo hicimos a través de enseñanzas de la Torá. Ahora quiero resumirlas de manera práctica, para entender mejor cómo relacionarse con las personas de este mazal.
1. Ama la comodidad
La primera característica es que el mazal Shor ama la comodidad. Está dispuesto a esforzarse mucho para alcanzarla, pero su objetivo es vivir cómodamente. No le gusta viajar demasiado ni desplazarse constantemente a lugares lejanos. Puede hacerlo cuando es necesario, pero no es lo que más disfruta. Le resulta muy apropiado el versículo: «Dichosos los que habitan en Tu casa». Lo seguro, lo estable y lo permanente le parecen lo mejor.
Por eso, quien esté pensando en casarse y sea una persona que disfruta excesivamente de los viajes y de la vida nómada, probablemente éste no sea el compañero más adecuado. Como suele decirse en broma: si buscas aventuras constantes, mejor cásate con un Escorpio.
2. Le gustan las cosas grandes y amplias
Al mazal Shor le atraen los espacios amplios. Para él, una casa hermosa es, ante todo, una casa grande. Cuanto más espaciosa sea, más hermosa le parecerá. Lo que aprecia no es tanto el detalle estético como la sensación de amplitud.
Necesita aire, un salón amplio, grandes ventanas y una vista abierta hacia el horizonte, sin edificios que bloqueen el paisaje. Tiende a organizar su entorno de acuerdo con esa necesidad interior de amplitud, que forma parte de su naturaleza.
3. Conservador y estable
Otra característica es que es conservador y muy estable. Precisamente por esa estabilidad, por su fortaleza y por su capacidad de concentrarse en un objetivo, hay que advertirle que no se vuelva una persona de visión estrecha.
A veces, al concentrarse intensamente en un asunto, sólo ve ese punto y deja de percibir todo lo que lo rodea. Puede llegar a ser poco flexible y, en ocasiones, su terquedad deja de ser completamente racional.
Todos preguntan: ¿cómo se mueve un toro cuando se queda plantado?
La Guemará cuenta que hubo una vez un toro que quedó detenido en el camino hacia el Beit HaMikdash y nadie logró moverlo. Hasta que pasó un hombre pobre con unas pocas verduras, el toro comenzó a seguirlo.
La enseñanza es clara: al toro no se lo mueve por la fuerza; se lo mueve con la inteligencia. Hay que explicarle, convencerlo. Está abierto a la lógica, siempre que ésta sea sencilla, directa y evidente, sin razonamientos complicados. Cuando comprende que el argumento es sólido e irrefutable, lo acepta y sigue ese camino.
4. Aprende con profundidad
Al nacido bajo este mazal le gusta estudiar. Su capacidad de captar las cosas no suele ser rápida, pero sí muy profunda. Lo que aprende queda grabado para siempre. Tal vez tarde más en comprender, pero una vez que comprendió, difícilmente lo olvide.
5. El sentido común puede hacerlo cambiar
Aunque es obstinado, un razonamiento claro y de sentido común puede hacerlo cambiar de opinión.
Cada vez que escucha una idea, no le basta con comprender el concepto general. Necesita ver cómo esa idea se aplica a todos los detalles y cómo funciona en cada caso. Si descubre que la explicación no resuelve todas las situaciones, puede desechar toda la teoría diciendo: «No me sirve para nada».
6. Su ritmo es lento
Suele ser una persona lenta. Quien conviva con él, ya sea un jefe, un empleado, un esposo o una esposa, debe ayudarlo a organizar sus tiempos.
Cuando calcula cuánto demorará una tarea, conviene añadir un margen adicional. No porque sea perezoso; no lo es en absoluto. Simplemente trabaja con un ritmo más pausado.
Por eso necesita a alguien que lo ayude a organizar sus horarios y administrar mejor el tiempo.
7. Puede enojarse cuando pierde la comodidad
Debido a su gran búsqueda de comodidad, puede reaccionar con enojo cuando ésta desaparece.
Por ejemplo, cuando tiene hambre. Todos nos irritamos cuando tenemos hambre, pero en este caso la reacción puede ser todavía más intensa.
8. Gran autocontrol
Posee una notable capacidad para contenerse. Tiene paciencia y dominio de sí mismo. No se enfurece fácilmente.
Pero cuando finalmente pierde el control, puede resultar peligroso.
9. Es leal y sabe guardar secretos
Es una persona fiel y discreta. Si le confían un secreto, sabe conservarlo.
10. Sabe ceder cuando comprende que conviene
En esencia, es una persona capaz de ceder, siempre que comprenda que hacerlo es lo correcto o que le resultará beneficioso.
11. Prefiere las ideas simples
No le gustan las teorías complicadas. Prefiere ideas sencillas, claras, directas y bien definidas.
12. Le cuesta aceptar las críticas
Tiene una debilidad: no le gusta recibir críticas, incluso cuando son justificadas.
Si hay que corregirlo, es necesario hacerlo con mucha delicadeza. Todos somos sensibles a la crítica, pero algunas personas lo son mucho más que otras, y éste es uno de esos casos.
13. Le cuesta cambiar de decisión
Una vez que ha tomado una decisión, es muy difícil hacerlo cambiar. Cuando planta sus cuatro patas sobre el suelo, permanece firme.
14. Rechaza las palabras dichas con enojo
Su naturaleza tranquila rechaza las palabras pronunciadas con ira o con precipitación.
Muchas veces ni siquiera analiza el contenido del argumento. El solo hecho de que haya sido expresado con enojo ya le hace pensar que quien habla no tiene razón.
Esto puede suceder incluso dentro de la propia familia. Si las cosas se dicen sin serenidad, tiende a rechazarlas automáticamente.
Por eso es especialmente válido para él el dicho de nuestros Sabios:
«Las palabras de los sabios se escuchan con tranquilidad.»
15. Le cuesta pedir disculpas
Y la última característica —aunque no sea la mejor para terminar— es que le cuesta mucho pedir perdón.
Como está tan convencido de que actuó correctamente, obtener una disculpa de él resulta muy difícil. Parece, en cierto sentido, como pedirle una disculpa al mismo Dios.
Aunque llegue a cambiar de opinión gracias a un razonamiento lógico, pedir perdón ya es otro asunto completamente distinto.
Discover more from Gal Einai en Español
Subscribe to get the latest posts sent to your email.

