ESTUDIO DE JUDAÍSMO MATOT MASEI MENAJEM AV

 MIÉRCOLES 23 TAMUZ 5786 – 8-7-2026

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Nigún 55 CANTO DE VICTORIA

Rabino Itzjak Ginsburgh

📜 56 NIGUN HITVAADUT

Recientemente conmemoramos el día de ayuno del 17 de Tamuz, Iud Zain BeTamuz, y dentro de tres semanas conmemoraremos otro día de ayuno, el 9 de Av, o Tishá BeAv. Estos dos días de ayuno fueron instituidos por los profetas y los Sabios para conmemorar no solo la destrucción de los dos Templos de Jerusalén, sino también muchos otros acontecimientos negativos de la historia judía. Según la Mishná, cinco calamidades ocurrieron el 17 de Tamuz y otras cinco en Tishá BeAv.[1]

Resumen de la Parashá Matot-Masei

Parashat Matot

La parashá comienza con las leyes de los votos y juramentos, enseñando la importancia de cumplir la palabra dada. En la Torá, la palabra tiene poder creador, por lo que hablar implica una gran responsabilidad.

Luego se relata la guerra contra Midián, ordenada por Hashem como respuesta al intento de ese pueblo de corromper espiritualmente a Israel mediante la idolatría y la inmoralidad. Tras la victoria, el botín es repartido y una parte se dedica al Santuario.

Las tribus de Reuvén y Gad, poseedoras de abundante ganado, solicitan establecerse al este del Jordán. Moshé teme que esto desanime al resto del pueblo, como ocurrió con los espías, pero ellas prometen cruzar el Jordán y combatir junto a sus hermanos hasta la conquista de la tierra. También media tribu de Menashé recibe parte de esa región.


Parashat Masei

La Torá enumera las cuarenta y dos jornadas del pueblo de Israel desde la salida de Egipto hasta las puertas de la Tierra Prometida. Cada etapa recuerda cómo Hashem condujo y protegió a Israel durante todo el camino.

A continuación se establecen los límites de la Tierra de Israel y se designan los dirigentes encargados de repartirla entre las tribus.

Los levitas reciben cuarenta y ocho ciudades, entre ellas las seis ciudades de refugio, donde podía refugiarse quien hubiera causado una muerte accidental hasta ser juzgado.

Finalmente se completa el tema de las hijas de Tzlofjad, estableciendo que las herederas de una porción tribal debían casarse dentro de su propia tribu para preservar la distribución territorial de la Tierra de Israel.


Enseñanza central

Matot enseña el poder de la palabra: el hombre debe ser fiel a lo que promete.

Masei enseña el valor del camino: la Redención no llega de un salto, sino a través de un proceso de crecimiento.

Juntas, ambas parashot transmiten un mensaje profundo: la palabra correcta marca el rumbo, y cada paso recorrido con fidelidad nos acerca al cumplimiento de la misión que Hashem nos encomendó.

Shabat Shalom.

MAAMAR

La Torá dice:

אֵלֶּה מַסְעֵי בְנֵי יִשְׂרָאֵל אֲשֶׁר יָצְאוּ מֵאֶרֶץ מִצְרָיִם”
“Estas son las jornadas de los hijos de Israel que salieron de la tierra de Egipto.”

La pregunta es: ¿por qué dice “las jornadas (מַסְעֵי)” en plural, si la salida de Egipto fue una sola?

La respuesta jasídica es muy profunda:

Porque la salida de Egipto no terminó el día en que cruzaron la frontera. Físicamente salieron en un solo momento, pero espiritualmente continuaron saliendo de Egipto durante los cuarenta años del desierto.

“Egipto” (Mitzraim) significa limitaciones y estrecheces (meitzarim). Cada vez que el pueblo avanzaba de una estación a otra, dejaba atrás un nivel más de esclavitud interior. En realidad, cada una de las cuarenta y dos jornadas era una nueva salida de Egipto.

Esta idea también se aplica a cada persona. No basta con decidir servir a Hashem un día. Todos los días debemos salir de un “Egipto” diferente: un mal hábito, un miedo, el orgullo, la comodidad o una visión limitada de nosotros mismos.

Por eso la Torá habla en plural: la verdadera salida de Egipto no es un acontecimiento, sino un proceso continuo de liberación espiritual. Cada avance en el servicio a Hashem es una nueva “ietziat Mitzraim”, una nueva salida de nuestras propias limitaciones.

Como dice el versículo en los profetas:

כִּימֵי צֵאתְךָ מֵאֶרֶץ מִצְרָיִם אַרְאֶנּוּ נִפְלָאוֹת”
“Como en los días de tu salida de la tierra de Egipto, te mostraré maravillas” (Mijá 7:15).

Observa que también allí dice “los días de tu salida” (iemei tzetjá), en plural, porque la salida de Egipto es un proceso que continúa hasta culminar con la Redención final.

Manantial de los Jardines – Bamidbar

Editado a partir de transmisiones del año 5771 (2011), y publicado en los boletines VaAbita–Niflaot

Parashat Matot – Los reyes de Midián

“Y a los reyes de Midián mataron junto con sus muertos: Evi, Rekem, Tzur, Jur y Reva, los cinco reyes de Midián; y también a Bilam hijo de Beor mataron a espada.” (Bamidbar 31:8)

Rashi comenta:

“Los cinco reyes de Midián”. ¿Acaso no veo ya que la Escritura enumeró cinco? ¿Por qué era necesario decir nuevamente “los cinco reyes”? Para enseñarte que todos fueron iguales en el consejo (el perverso consejo de entregar a sus hijas a la prostitución, que provocó la plaga en Israel) y todos fueron iguales en el castigo.

Aunque cada uno de estos reyes posee una historia particular (por ejemplo, Tzur, el tercero, era el padre de Kozbí), existe una característica que los une a todos. La Torá los presenta como “los cinco reyes de Midián”, porque todos participaron del mismo mal consejo y todos compartieron el mismo destino. Siguiendo la explicación de Rashi, analizaremos a estos cinco reyes prestando especial atención al significado de sus nombres y al énfasis que la Torá pone en su número.

Está explicado que Midián representa el opuesto espiritual de Moshé Rabenu. Moshé simboliza la sabiduría de la santidad, cuya esencia interior es el bitul, la anulación del ego ante Di-s, el nivel del Ain (“la nada”), como dice el versículo: “La sabiduría proviene del Ain”. Este es también el sentido profundo de la enseñanza de nuestros Sabios: “Ain mazal leIsrael”.

En cambio, Midián deriva de la palabra madón, “discordia” o “disputa”. La discordia nace de un ego exagerado, cuando una persona no puede soportar al otro porque solo percibe su propio “yo”, llegando a la actitud de: “Yo, y nadie más”.

Por eso, la guerra contra Midián constituye la última misión de Moshé en este mundo. Lo que un tzadik realiza al final de su vida resume toda su existencia. Así, la culminación de la vida de Moshé consiste en derrotar precisamente al ego representado por Midián y por sus cinco reyes.

De acuerdo con esto, los cinco reyes de Midián, cuyo número es enfatizado por la Torá, constituyen el opuesto de los Cinco Libros de la Torá, llamados “La Torá de Moshé”, como está escrito: “Recordad la Torá de Moshé, Mi siervo”, y también: “La Torá que Moshé nos ordenó es herencia de la congregación de Yaakov”.

Incluso existe una alusión en el comienzo del versículo: “Y a los reyes de Midián” posee la misma guematría que la palabra “Torá”.

Así como los cinco reyes fueron igualados a pesar de sus diferencias, también ocurre en la santidad. Cada uno de los cinco libros posee un contenido único, corresponde a un nivel distinto del alma y representa una etapa diferente del desarrollo espiritual. Sin embargo, todos comparten una misma perfección, pues “todos son igualmente buenos”, ya que “no hay bien sino la Torá”.

Por eso el Rambam destaca que no existe diferencia alguna en la santidad entre un versículo aparentemente sencillo, como “Y la hermana de Lotán era Timná”, y el versículo “Escucha, Israel…”. Todas las palabras de la Torá poseen exactamente la misma santidad.

Correspondencia entre los reyes y los cinco libros de la Torá

El primer rey, Evi (אוי), representa el deseo (taavá). Se trata de un deseo negativo, por eso su nombre está formado por las mismas letras que “Oy” (“¡Ay!”). La raíz de toda la inclinación al mal es el ego, y éste se expresa inicialmente como un deseo desordenado. Quien finalmente satisface ese deseo descubre que termina en una situación de dolor, de “¡ay y desgracia!”. Sin embargo, en su raíz más profunda, el deseo está por encima del razonamiento. Por ello Evi corresponde al Libro de Bereshit, donde se revela el deseo primordial de Hashem: “El Santo, bendito sea, deseó tener una morada en los mundos inferiores”. Incluso existe una alusión numérica: Evi tiene la misma guematría que Tov (“Bueno”), relacionándose con la Creación, donde repetidamente aparece la expresión “Y vio Di-s que era bueno”.

El segundo rey es Rekem (רקם). Después del deseo inicial aparece el intelecto, que comienza a elaborar un plan para alcanzar aquello que se desea. La palabra rekem significa precisamente tejer, bordar o elaborar un diseño. Este rey corresponde al Libro de Shemot, donde el plan divino comienza a materializarse, especialmente con la construcción del Mishkán. Es justamente allí donde aparece por primera vez la expresión “Maasé Rokem”, “obra del bordador”. Además, la palabra Rekem posee la misma guematría que Shem (“Nombre”), estableciendo otra relación con el libro de Shemot.

El tercer rey es Tzur (צור), cuyo significado es roca, fortaleza o firmeza. Después del deseo y del plan llega la decisión firme de llevarlo a cabo. En el lado de la impureza esa determinación conduce al mal, mientras que en la santidad representa la firmeza propia del sacerdote, descendiente de la tribu de Leví, la tribu de Moshé. Por ello Tzur corresponde al Libro de Vaikrá, conocido como la Torá de los Cohanim. Además, fue precisamente Pinjás quien dio muerte a Kozbí, hija de Tzur, y por ese acto recibió el pacto del sacerdocio eterno.

El cuarto rey es Jur (חור), cuyo nombre recuerda la palabra jor, “agujero”. Después del deseo, el plan y la decisión, aún falta encontrar el punto débil por donde penetrar. Ese es el talento especial de Jur: descubrir la brecha en las defensas del enemigo. En el lado de la impureza, esta capacidad sirve para conquistar al adversario; en la santidad, corresponde al Libro de Bamidbar, donde quedaron al descubierto las debilidades del pueblo de Israel durante su travesía por el desierto.

El quinto rey es Reva (רבע), que representa la consumación del deseo. Su nombre está relacionado con la unión sexual. En la impureza, simboliza la culminación del perverso plan de los reyes de Midián: la inmoralidad. En cambio, en la santidad, la verdadera unión aparece al final de la Torá, en el Libro de Devarim, cuando Moshé dirige sus últimas palabras al pueblo y establece la unión definitiva entre Hashem e Israel.

Finalmente, gracias al poder de los Cinco Libros de la Torá, la Torá de Moshé, el pueblo de Israel puede vencer a los cinco reyes de Midián, despojarlos de su fuerza y transformar incluso aquello que representa el mal en una fuerza al servicio de la santidad. Así, la Torá no solo derrota a la kelipá, sino que la transforma y revela el bien oculto que existe incluso en su raíz.

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Manantial de los Jardines

Una mirada jasídica a las parashot de la semana

Parashat Matot-Masei

“La guerra de Hashem contra Midián”

La guerra contra Midián, el segundo tema de la parashá Matot, es la guerra propia de Moshé Rabenu. De esta guerra depende la partida de Moshé de este mundo, como dice explícitamente el versículo: “Toma venganza por los hijos de Israel contra los midianitas; después serás reunido con tu pueblo”.

Por lo tanto, se entiende que esta guerra representa la cima y la síntesis de toda la vida de Moshé Rabenu en este mundo. ¿Cuál es la singularidad de la guerra contra Midián? ¿Y cuál es el papel especial de Moshé en ella?

Según el versículo “para dar la venganza de Hashem contra Midián”, se explica que la kelipá de Midián se opone al Nombre Havaiá, bendito sea, más que la kelipá de cualquier otra nación. Incluso hay una alusión: Midián tiene el valor numérico de cuatro veces el Nombre Havaiá, es decir, como si cada letra del Nombre tuviera su contraparte en Midián.

Mientras que las principales naciones contra las cuales Israel debe luchar, los siete pueblos de Canaán, corresponden a malas cualidades particulares del alma —las siete malas midot del corazón—, Midián se opone a la jojmá, la sabiduría del alma. En la jojmá brilla la unidad de Hashem en general, y el Nombre Havaiá en particular, como está dicho: “Havaiá con sabiduría fundó la tierra”.

Una kelipá que se opone a la jojmá y al Nombre Havaiá se opone, en realidad, a toda la revelación divina en el mundo. El Nombre Havaiá expresa el flujo de divinidad que revela a Hashem dentro de la existencia. En verdad, todo el mundo fue creado por la palabra de Hashem y todo es luz divina. Sin embargo, los Nombres de Hashem —y en especial el Nombre Havaiá— tienen la particularidad de que en ellos esa luz divina aparece revelada.

La realidad común se percibe como separada de Hashem, como un conjunto de fuerzas particulares e independientes. En cambio, en el Nombre de Hashem todas las fuerzas de la existencia se unifican, expresadas en las cuatro letras del Nombre Havaiá, y se revelan como un único flujo de la luz infinita de Hashem.

Que una luz se revele como divina, y no como una fuerza separada e independiente, depende del bitul, la anulación ante Hashem. Cuando las fuerzas de la realidad se anulan ante Él y reconocen que su origen está en Él, revelan Su presencia. Pero cuando falta el bitul, cada fuerza se percibe como separada y autónoma, y deja de revelar la Divinidad.

El poder del bitul es la fuerza interior de la sefirá de jojmá, como lo insinúa la palabra jojmá, que puede leerse como koaj má, “la fuerza del qué”, es decir, la fuerza de sentirse como “nada” ante Hashem. Esta fuerza es la que Moshé Rabenu transmite al pueblo de Israel. Moshé, el más humilde de todos los hombres, expresa su anulación con las palabras: “Venajnu má”, “¿y nosotros qué somos?”.

Frente a esta fuerza de bitul que Moshé introduce en Israel —la fuerza mediante la cual el pueblo judío revela a Hashem y Su gran Nombre en el mundo— se levanta Midián. Por eso, su guerra contra la jojmá y el bitul es una guerra contra Hashem mismo.

La interioridad de la jojmá de la kelipá

Para comprender con más profundidad la kelipá de Midián, hay que presentar el esquema completo de las naciones-kelipot que corresponden a las sefirot.

Ya se mencionó que los siete pueblos de Canaán —kenaaní, jití, emorí, prizí, jiví, ievusí y guirgashí— corresponden a las siete midot del corazón: jesed, guevurá, tiferet, netzaj, hod, iesod y maljut.

La raíz de los siete pueblos de Canaán es Amalek, llamado “la primera de las naciones”, que corresponde a la sefirá de daat.

En niveles más altos hay dos pueblos frente a cada sefirá: uno frente a su dimensión exterior y otro frente a su dimensión interior. Moav y Amón corresponden a jojmá y biná en su aspecto exterior. En cambio, Midián y Mitzraim corresponden a la interioridad de jojmá y biná: Midián frente al bitul de la jojmá, y Mitzraim frente a la alegría de la biná.

La conexión entre Moav y Midián —la exterioridad y la interioridad de la jojmá— se destaca en estas parashot, desde Balak en adelante. La “venganza de Hashem contra Midián” viene por un episodio en el que también participaron las hijas de Moav, pero aquí el énfasis está puesto en la dimensión interior, midianita, del pecado.

Edom, con su fuerza agresiva, corresponde a la voluntad exterior del keter. Los plishtim, caracterizados por la burla y la frivolidad, corresponden al placer interior del keter. Solo frente a la cabeza superior del keter, la fe pura y firme, no existe una contraparte real en la kelipá. De ese nivel superior proviene la fuerza de Moshé Rabenu y del pueblo de Israel para vencer a todas las naciones-kelipot.

En resumen:

Plishtim corresponden al placer.
Edom corresponde a la voluntad.
Midián corresponde a la interioridad de la jojmá.
Mitzraim corresponde a la interioridad de la biná.
Moav corresponde a la exterioridad de la jojmá.
Amón corresponde a la exterioridad de la biná.
Amalek corresponde al daat.
Kenaaní corresponde al jesed.
Jití corresponde a la guevurá.
Emorí corresponde a tiferet.
Prizí corresponde a netzaj.
Jiví corresponde a hod.
Ievusí corresponde a iesod.
Guirgashí corresponde a maljut.

Como se dijo, las kelipot que se oponen a las midot son malas cualidades particulares: amor caído, temor caído, orgullo, etc. En cambio, las kelipot superiores se oponen a aspectos generales de la revelación divina.

Dentro de las kelipot de los mojin —las facultades intelectuales—, las más internas son Midián, Mitzraim y Amalek. Sin embargo, la oposición a la totalidad del Nombre Havaiá pertenece específicamente a Midián.

Amalek se opone a que la contemplación divina de los mojin influya sobre las midot del corazón. Amalek “corta la cabeza”, separando las letras iud-hei del Nombre Havaiá de las letras vav-hei, como se aprende del versículo: “Porque hay una mano sobre el trono de Kah: guerra de Hashem contra Amalek de generación en generación”. Sobre esto explican los Sabios: “El Nombre no está completo hasta que sea borrada la descendencia de Amalek”.

También el faraón, rey de Egipto, se ubica simbólicamente en la nuca y succiona la vitalidad que desciende de los mojin hacia las midot a través del estrecho del cuello. La diferencia entre Amalek y Egipto es que Amalek quiere cortar y matar los mojin de la santidad, mientras que el faraón quiere absorber para sí la abundancia de esos mojin.

Pero ambos tienen algo en común: ninguno se opone a la existencia de midot exteriores por sí mismas, mientras no estén iluminadas por los mojin. Al contrario, a estas kelipot les conviene que Israel se conforme con emociones superficiales, con un servicio que puede contener “fuego extraño” y falsedad, como está dicho: “El necio no desea entendimiento, sino solo revelar su corazón”.

En cambio, la kelipá de Midián quiere anular todas las letras del Nombre Havaiá juntas, sin dividirlas. Esto se debe a que en el punto de jojmá todavía no hay fragmentación dentro del Nombre: no hay aún división en cuatro letras, ni separación entre iud-hei y vav-hei. Midián quiere impedir que existan mojin y midot en absoluto, ni siquiera midot exteriores.

Dicho de otro modo: la jojmá es “el comienzo de la revelación”. Mientras que en Egipto y Amalek la fuerza principal de la kelipá se relaciona con la existencia de la luz en el corazón, la kelipá de Midián se enfrenta con la raíz misma de la revelación, antes de que llegue al corazón.

  מנחם אב – Menajem Av

Parte 1 – El nombre del mes y sus correspondencias espirituales

A. El nombre del mes: Menajem Av

El nombre Menajem Av puede entenderse como “el Padre del consuelo” o “el que consuela al Padre”. Alude al padre de todas las destrucciones y también al padre de todos los consuelos. Es el mes en el que el Padre (Hashem) consuela a Israel, e Israel consuela, por así decirlo, al Padre.

Como dice el profeta:

“¡Consolad, consolad a Mi pueblo!, dice vuestro Dios. Hablad al corazón de Jerusalén y proclamadle que su tiempo de servicio ha concluido, que su culpa ha sido expiada, porque ha recibido de la mano de Hashem el doble por todos sus pecados. Una voz clama en el desierto: Preparad el camino de Hashem; enderezad en la estepa una calzada para nuestro Dios.”
(Isaías 40:1-3)

Nuestros Sabios enseñan:

“Cuando entra el mes de Av, se disminuye la alegría.”
(Taanit 26a).

La interpretación interior es que se disminuye el exilio mediante la alegría. No significa aumentar la tristeza, sino reducir el poder del exilio preparando el camino para el consuelo.

Por ello, Menajem Av es, en esencia, el mes del consuelo.

Su rectificación consiste en alcanzar la rectificación mediante el amor gratuito (Ahavat Jinam) y el retorno (teshuvá) a la Torá original recibida en el Sinaí.

Además, la tradición enseña que en este mes nació el Mashíaj Tzidkeinu, nuestro justo Redentor. Por eso, en el futuro, este mes se transformará de duelo en fiesta, tal como prometieron los profetas.

B. La combinación del Nombre de Hashem correspondiente al mes

El Nombre de Havaiá que ilumina durante el mes de Menajem Av es:

הַ וּ יִ הַ

Esta combinación se obtiene de las iniciales del versículo:

“וַיְדַבֵּר משֶׁה וְהַכֹּהֲנִים הַלְוִיִּם אֶל כָּל יִשְׂרָאֵל לֵאמֹר: הַסְכֵּת וּשְׁמַע יִשְׂרָאֵל הַיּוֹם הַזֶּה נִהְיֵיתָ לְעָם לַיהֹוָ’ה אֱלֹהֶיךָ”. תיקון השמיעה בקול ה’:

“Y habló Moshé, junto con los sacerdotes levitas, a todo Israel diciendo: Guarda silencio y escucha, Israel; hoy has llegado a ser pueblo para Hashem tu Dios.”
(Devarim 27:9).

La rectificación espiritual de este mes consiste en corregir la facultad de escuchar la voz de Hashem.


C. El Nombre Ehieh correspondiente al mes

El Nombre Ehieh (אהי”ה) que ilumina en Menajem Av aparece en la combinación:

הַ יּ אִ הַ

Este Nombre expresa la revelación de la Presencia Divina que acompaña el proceso de transformación del duelo en consuelo.

Parte 2 – La tribu del mes: Shimón

La tribu correspondiente al mes de Menajem Av es Shimón.

Su nombre proviene del versículo:

“Concibió nuevamente y dio a luz un hijo, y dijo: ‘Porque Hashem escuchó que yo era menospreciada, también me dio a éste’; y llamó su nombre Shimón.”
(Bereshit 29:33).

El nombre Shimón proviene de la raíz “shemá”, escuchar. Por ello, la misión espiritual de esta tribu consiste en transformar el odio en escucha, la separación en comprensión y el rechazo en reconciliación.

Shimón: el poder de rescatar de la impureza

Cuando Dina fue secuestrada por Shejem, fueron precisamente Shimón y Leví quienes la rescataron.

Como relata la Torá:

“Al tercer día, cuando estaban adoloridos, tomaron Shimón y Leví, hermanos de Dina, cada uno su espada, entraron confiadamente en la ciudad y mataron a todos los varones. También mataron a Jamor y a Shejem, tomaron a Dina de la casa de Shejem y salieron.”
(Bereshit 34:25-26).

Desde la perspectiva interior, esto revela que Shimón posee el poder de liberar aquello que quedó cautivo en el dominio de la sitrá ajará, el “otro lado”, la impureza.

El peligro del celo sin límites

Sin embargo, Yaakov reprendió a Shimón y Leví por la forma en que actuaron:

“Me habéis perturbado, haciéndome odioso entre los habitantes de la tierra… siendo yo pocos en número, se reunirán contra mí y me destruirán.”
(Bereshit 34:30).

Ellos respondieron:

“¿Acaso debía tratar a nuestra hermana como una prostituta?”
(Bereshit 34:31).

Aquí aparece el aspecto negativo de Shimón: la ruptura de límites cuando el celo no está gobernado por la sabiduría.

Shimón en prisión

Más adelante, cuando los hermanos bajaron a Egipto, Yosef tomó precisamente a Shimón como rehén.

“Tomó de entre ellos a Shimón y lo encadenó delante de sus ojos.”
(Bereshit 42:24).

Esto simboliza el estado de cautiverio.

Posteriormente, cuando los hermanos regresan, Yosef libera a Shimón:

“Y sacó ante ellos a Shimón.”
(Bereshit 43:23).

Así se manifiesta nuevamente la fuerza característica de esta tribu: salir del cautiverio hacia la liberación.


El poder del ocultamiento y de la revelación

Cuando Yaakov oye que también Shimón ha desaparecido, exclama:

“A mí me habéis dejado sin hijos; Yosef ya no está, Shimón ya no está…”
(Bereshit 42:36).

Shimón representa entonces el poder del ocultamiento.

Pero cuando Yosef finalmente lo devuelve a sus hermanos, ese ocultamiento se transforma en revelación.

Esta dinámica caracteriza el mes de Menajem Av: primero el ocultamiento, luego el consuelo.


La rectificación del enojo

Antes de morir, Yaakov bendice —y al mismo tiempo corrige— a Shimón y Leví:

“Shimón y Leví son hermanos; instrumentos de violencia son sus armas… Maldita sea su ira, porque fue intensa, y su furor, porque fue cruel. Los dividiré en Yaakov y los dispersaré en Israel.”
(Bereshit 49:5-7).

La dispersión no constituye solamente un castigo.

Según la Jasidut, también es una rectificación: transformar la fuerza del enojo en una influencia positiva distribuida por todo Israel.


Shimón y la bendición

Cuando el pueblo entra en la Tierra de Israel, Shimón se encuentra entre las tribus que permanecen sobre el monte Guerizim para pronunciar las bendiciones:

“Estos estarán sobre el monte Guerizim para bendecir al pueblo: Shimón, Leví, Yehudá, Isajar, Yosef y Biniamín.”
(Devarim 27:12).

Aquí aparece el potencial corregido de Shimón: convertirse en un canal de bendición.


La rectificación mediante Yehudá

La herencia de Shimón quedó incluida dentro del territorio de Yehudá:

“La heredad de los hijos de Shimón estaba dentro de la heredad de los hijos de Yehudá.”
(Yehoshúa 19:9).

Por ello se enseña que la rectificación de Shimón se realiza mediante su asociación con Yehudá.

También en el libro de Shoftim encontramos:

“Yehudá dijo a Shimón, su hermano: ‘Sube conmigo a mi territorio y lucharemos juntos contra el cananeo; luego yo iré contigo al tuyo.’ Y Shimón fue con él.”
(Shoftim 1:3).

Y más adelante:

“Yehudá marchó con Shimón su hermano, derrotaron al cananeo que habitaba Tzefat y destruyeron completamente la ciudad.”
(Shoftim 1:17).

Esto enseña que Shimón alcanza su éxito cuando actúa unido a Yehudá.

Mientras Yehudá aporta liderazgo, reconocimiento de Hashem y realeza, Shimón aporta fuerza, valentía y determinación. Unidas, ambas cualidades producen la verdadera victoria.

Finalmente, el libro de Crónicas resume la esencia de la tribu diciendo:

“De los hijos de Shimón, hombres valientes para la guerra, siete mil cien.”
(I Crónicas 12:26).

Así, la GUEBURÁ de Shimón, una vez refinada y dirigida correctamente, se convierte en una fuerza santa al servicio de Hashem.

ה. La letra del mes: Tet (ט)

La letra correspondiente al mes es la Tet (ט).

Esta letra alude a la abundancia del rocío (tal) y a la rectificación del bien.

La forma de la letra Tet está compuesta por dos letras Zain (ז) con una amplia abertura orientada hacia arriba, indicando el potencial de elevación y ascenso espiritual en el futuro.


ו. Órgano de la cabeza: el ojo izquierdo

El órgano correspondiente de la cabeza es el ojo izquierdo.

Su rectificación consiste en cuidarse de mirar los defectos de los demás.


ז. Órgano del cuerpo: el riñón derecho

El órgano correspondiente del cuerpo es el riñón derecho.

La palabra kiliá (riñón) alude también a varios conceptos: conclusión, recipiente (kli), “vasija de Hashem” (Kli-Yah) o, Di-s no lo permita, destrucción (kilayón).


ח. Parte de la mano

Corresponde al dedo meñique de la mano izquierda, específicamente su falange interna.


ט. La facultad para la rectificación

La fuerza espiritual del mes es la escucha y la contemplación, expresadas en el versículo:

“Shemá Israel” – “Escucha, Israel”.


י. La cualidad (Midá): Hod (Esplendor)

La sefirá correspondiente al mes es Hod.

Su rectificación consiste en la sumisión y refinamiento tanto de los deseos materiales como de los deseos espirituales.


יא. El mazal del mes

El signo del mes es Arie (Leo).


יב. Acontecimientos de Menajem Av

3 de Av: Hilulá de Rabí Shimshón de Ostropoli, de santa memoria.

4 de Av: Comienzo de la construcción de las murallas de Jerusalén en tiempos de Nejemiá. Hilulá del Ramá de Fano (Rabí Menajem Azariá de Fano).

5 de Av: Hilulá del Arí HaKadosh (Rabí Itzjak Luria).

9 de Av: Los espías provocaron el llanto para todas las generaciones. En este día ocurrieron:

  • La destrucción del Primer Templo.
  • La destrucción del Segundo Templo.
  • La expulsión de los judíos de España, Portugal, Francia e Inglaterra.
  • El intento de los maapilim de subir a la montaña contra la voluntad de Hashem.
  • Al caer la tarde nació el Mashíaj, nuestro justo Redentor.
  • Hilulá del Jozé HaKadosh de Lublin.

10 de Av: La mayor parte del Beit HaMikdash continuó ardiendo.

15 de Av: En tiempos del rey Shaúl se permitió nuevamente que las tribus contrajeran matrimonio entre sí.

18 de Av: Los acontecimientos del año 5689 (1929).

21 de Av: Hilulá del Admor Rabí Alexander de Komarna y de Rabí Aharón de Belz.

22 de Av: Hilulá de Rabenu Mordejai, de su esposa y de sus cinco hijos, que santificaron el Nombre de Hashem, y de Rabí Meir HaGadol de Premishlan.

23 de Av: Hilulá de Rabí Yaakov Israel Kanievsky (el Steipler Gaón).

26 de Av: Hilulá de Rabí Yoel de Satmar.


Menajem Av según nuestro maestro el Baal Shem Tov

Como estos días corresponden al período en que los espías recorrieron la Tierra, no son días en los que la misericordia se manifieste con tanta intensidad. Los espías salieron a explorar la Tierra el 29 de Siván (Taanit 29a), por lo que caminaron durante Tamuz, el mes del sentido de la vista. Ellos vieron la Tierra, pero hicieron desfallecer el corazón de los hijos de Israel (Bamidbar 32:9), dañando así el sentido de la visión.

Regresaron al cabo de cuarenta días, en el mes de Av, que corresponde al sentido del oído. Entonces hablaron mal de la Tierra, y toda la congregación alzó su voz y lloró (Bamidbar 14:1). El pueblo escuchó sus palabras y se dañó también el sentido del oído. Debido a ello fue decretado el castigo sobre estos dos meses, hasta que el Santo, bendito sea, tenga misericordia de nosotros muy pronto en nuestros días.

Por eso rezamos: ‘Inclina, Di-s mío, Tu oído y escucha; abre Tus ojos y mira…’ (Daniel 9:18), para que sean rectificados tanto la vista como el oído.

Por eso también, el quince de Av, cuando la luna alcanza su plenitud, se despierta plenamente la misericordia y se manifiesta la perfección de la voluntad divina.”

(Benei Isajar, Maamarei Jodshei Tamuz-Av, Maamar 1, secciones 2-3).

Enseñanzas del Santo Baal Shem Tov sobre el Beit HaMikdash

Kéter Shem Tov, enseñanza 225

“Pensó Hashem…”

Está escrito:

“Hashem decidió destruir la muralla de la hija de Sión; tendió el cordel de medir, no retiró Su mano de destruir, e hizo enlutarse al baluarte y a la muralla; ambos desfallecieron juntos.”
(Lamentaciones 2:8).

Esto se relaciona con el concepto de “extranjero y residente” (ger vetoshav).

Cuando un tzadik reza y clama por el sufrimiento existente en este mundo, y su plegaria aparentemente no es respondida ni recibe atención desde el Cielo, la verdad es que ello ocurre precisamente por el inmenso amor y afecto que el Santo, bendito sea, siente por ese tzadik. Por esa razón, su petición respecto a los asuntos de este mundo no siempre es concedida.

¿A qué puede compararse esto?

A un príncipe pequeño que construyó para sí una casita hecha de ramitas. Vino alguien y la destruyó.

El niño acudió llorando a su padre, profundamente afligido y reclamando justicia.

Sin embargo, el rey sonrió y no ordenó inmediatamente castigar a quien había destruido aquella pobre construcción.

¿Por qué?

Porque en el pensamiento del rey ya existía un proyecto mucho mayor: construir para su hijo un magnífico palacio.

Por eso está escrito:

“¡Exáltate, Hashem, con Tu poder!”
(Salmos 21:14).

Esto alude a la futura construcción del Beit HaMikdash, y entonces se cumplirá el final del versículo:

“Cantaremos y alabaremos Tu poder.”

La enseñanza es clara.

Debido al inmenso amor que Hashem siente por el tzadik, y porque sabe que le otorgará la recompensa del Mundo Venidero, no siempre presta atención al sufrimiento que el tzadik experimenta en este mundo.

Precisamente ese sufrimiento incrementa su recompensa, como enseñan nuestros Sabios:

“Según el sufrimiento, así es la recompensa.”
(Pirkei Avot 5:23).

Así, Hashem le concede una herencia infinitamente superior en el Mundo Venidero.

La misma idea se aplica al Beit HaMikdash. La destrucción del Templo no fue, Di-s libre, un abandono de Israel, sino la expresión de un plan infinitamente más elevado. El Padre permitió que la “casita” fuera destruida porque ya tenía preparado un Palacio eterno, el Tercer Beit HaMikdash, que jamás volverá a ser destruido.

Por eso, incluso en los días de duelo, la fe judía no se detiene en la pérdida, sino que contempla el futuro. La destrucción es solo una etapa del proceso hacia una revelación mucho más grande. Como un padre que no reconstruye la pequeña choza del hijo porque está preparando para él un palacio, así también Hashem prepara para Israel una redención definitiva y un Santuario eterno, donde Su Presencia se revelará para siempre.


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