CONVERTIRSE EN ADÁN Y EVA EN EL NUEVO AÑO

CALENDARIO HEBREO: Rosh Hashaná

Aunque los Diez Días de Teshuvá entre Rosh Hashaná y Iom Kipur son conocidos como días de temor reverencial y juicio, el propósito final de todo el trabajo espiritual de estos días es acercarnos a Di-s y sentir esa cercanía en lo más profundo de nuestro ser.

Un paradigma espiritual para las festividades

Con este espíritu, el Arizal creó un paradigma que resume y expresa este gran deseo de estar cerca de Di-s de la forma más íntima posible, comparando diversas etapas de cercanía con el orden de las festividades del mes de Tishrei.[1] Como base para este paradigma utilizó el modelo de Adán y Eva y la evolución en su relación en el Jardín del Edén. El Arizal llamó a este modelo “el secreto de la separación”, sod hanesirá (סוֹד הַנְּסִירָה) tras la etapa intermedia del modelo de separación entre Adán y Eva, tal y como se explicará.

Los eventos reales que rodean la creación de Adán y la posterior separación de Eva de su único cuerpo unificado ocurrieron según la tradición en Rosh Hashaná. El Arizal recurre a las etapas de la relación entre Adán y Eva, tal y como se describen en la Torá para ilustrar y apreciar mejor el proceso que atravesamos desde Rosh Hashaná hasta el octavo día de Sucot, Shemini Atzeret (y más allá). La idea es que este modelo – el secreto de la separación, o Nesirá, en hebreo – sirve como una parábola para la relación entre Di-s y cada persona. Además, este mismo paradigma puede servir como base para entender la relación entre el cuerpo y el alma.

Creación y separación

De acuerdo con la tradición, Adán y Eva fueron creados originalmente como un solo ser, espalda con espalda, como un par de gemelos siameses. En este estado, no era posible un diálogo real ni un profundo desarrollo de la relación, ya que no podían enfrentarse. Por tanto, estaban conectados en algún nivel inconsciente o inherente, pero completamente desconectados en los niveles más conscientes del ser, que requieren comunicación abierta y cara a cara. Esta realidad corresponde a Rosh Hashaná, el comienzo de las festividades de Tishrei, cuando estamos metafóricamente en una relación relativamente espalda con espalda con Di-s.

Después de que Adán y Eva fueron inicialmente una sola entidad, la Torá describe cómo el aspecto femenino se separó del masculino, creando dos seres distintos.[2] Esta etapa intermedia de separación e individuación, según el Arizal, se denomina nesirá, que literalmente significa una separación. La etapa de corte y separación termina en Iom Kipur, la cima del intenso trabajo espiritual de los Diez Días de Teshuvá entre Rosh Hashaná y Iom Kipur, cuando nos preparamos para ser plenamente vistos y escuchados por Di-s en Iom Kipur.[3]

Dos se convierten en uno

Una vez que Adán y Eva fueron dos personalidades distintas y autoconscientes, la siguiente etapa en el desarrollo de su relación consistió en dejar de lado un tipo de relación relativamente distante – representada por el hecho de estar espalda con espalda – a encontrarse cara a cara. Esta etapa corresponde a los cuatro días entre Iom Kipur y la festividad de Sucot.

La siguiente imagen que ofrece el Arizal en este paradigma es que los aspectos masculino y femenino se reúnen y se unen en un amoroso abrazo. Esto ocurre durante la festividad de Sucot, cuando somos envueltos y, en cierto sentido, abrazados por Di-s a través de las paredes circundantes y la cubierta vegetal, sjaj-סְכָךְ, de la sucá.

El séptimo día de Sucot se conoce como Hoshana Rabá cuando, tras siete vueltas alrededor de la bimá – la mesa central sobre la que leemos la Torá – dejamos nuestras cuatro especies y recogemos cinco ramas de sauce. Cada una de las cuatro especies representa una parte diferente del cuerpo: el lulav (la palmera datilera) representa la columna vertebral, el etrog (cidra) representa el corazón, las hadasim (ramas de mirto) representan los ojos y las aravot (ramas de sauce) representa los labios.[4]  Partiendo de esto, el Arizal compara el acto de tomar las ramas de sauce en Hoshaná Rabá con la siguiente etapa del acercamiento, la de besar.

Finalmente, el octavo día de Sucot, que en realidad es una festividad separada conocida como Shemini Atzeret (y Simjat Torá), simboliza la culminación de todas las festividades y el proceso gradual de profundización de la intimidad, que conduce a la unión matrimonial.

Así, el Arizal nos ha proporcionado una visualización muy tangible y descriptiva a través de la cual podemos relacionarnos con las festividades de Tishrei como un proceso en desarrollo del alma al acercarse a Di-s en amor e intimidad. Construir relaciones buenas y profundas requiere tiempo, esfuerzo y energía. No es diferente si queremos construir nuestra relación con Di-s, con otras personas, o incluso al reflexionar sobre la relación entre nuestro propio cuerpo y alma. Las relaciones normalmente comienzan con un estado de espalda contra espalda con el objetivo de aprender no solo a coexistir, sino de llegar finalmente a un nivel de cooperación, amor e integración.

Un día de juicio

Aunque la Torá Escrita no asocia explícitamente Rosh Hashaná con juicio, la Torá Oral la identifica como el día del juicio para todo el mundo. Los Sabios señalan el siguiente versículo como una alusión textual a la noción de juicio en Rosh Hashaná[5]: “[La Tierra de Israel es] una tierra que Havaia, vuestro Di-s, busca; los ojos de Havaia, vuestro Di-s, están siempre puestos en ella, desde el principio del año hasta el final del año.”[6]

Los “ojos de Di-s” son obviamente una imagen y están destinados a representar la Providencia Divina y el concepto general de juicio. Según este versículo, la vigilancia espiritual o la observación existencial tiene lugar al comienzo del año y dura hasta el final del año, una alusión evidente a Rosh Hashaná. Es interesante señalar que en este pasaje tal y como está escrito en la Torá, la palabra “comienzo [del año]”, mereshit (מֵרֵשִׁית) carece de la letra alef. Esta letra alef que falta, como exploraremos al final del artículo, está relacionada con nuestros dos siguientes temas: Adán y el shofar.

La paradoja de Di-s y el hombre

La letra alef es denominada la “paradoja de Di-s y el hombre.”[7] En el Zohar, la letra alef simboliza la “imagen de Di-s” en la que el hombre es creado.[8] Muchos de los nombres de Di-s comienzan con la letra alef; más que cualquier otra letra.

El nombre para un ser humano, Adán, también comienza significativamente con alef. El nombre Adán, Adam (אָדָם) puede dividirse en dos sílabas: alef (א) y dam (דָּם). La alef representa la imagen Divina en el hombre, mientras que la sílaba dam, que significa “sangre”, simboliza la naturaleza física y animal del hombre.[9] Esta dualidad se manifiesta en el alma y el cuerpo, respectivamente. La paradoja de Di-s y el hombre se refleja en el encuentro continuo del alma, enraizado en la naturaleza infinita y eterna de Di-s, y el cuerpo finito y temporal, formado tal como está a partir del “polvo de la tierra.”[10]

Esto es muy significativo para nuestra deliberación, porque, como se mencionó antes, según la tradición, Rosh Hashaná es el sexto día de la Creación, el día en que el hombre fue creado. También es, según algunos relatos, el día en que Adán y Eva comieron del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal y fueron juzgados, marcando así Rosh Hashaná para siempre como un día de juicio.

El Shofar y el Alma

De todas las mitzvot, rituales y costumbres de Rosh Hashaná, hacer sonar el shofar destaca como el símbolo más potente de todos. La acción física de soplar el shofar implica respirar profundamente y luego exhalar desde lo más profundo de uno mismo. Esta acción recuerda a la descripción de la formación del hombre en Génesis: “y Di-s insufló en sus fosas nasales el alma de la vida.”[11] La Torá describe que Di-s creó el resto de la Creación con el habla. Pero Él, por así decirlo, sopló el alma del hombre en él. Una persona puede hablar durante horas sin cansarse, pero soplar aire desde los pulmones es agotador y no puede hacerse más de un par de veces seguidas. Según el pensamiento jasídico, la diferencia entre el hombre y el resto de la Creación radica en lo que cada uno representa en el Creador. Mientras que la Creación refleja la voluntad exterior de Di-s, el alma del hombre representa la voluntad y esencia interior de Di-s.

Esta idea es un fundamento esencial del Jasidut y se expresa en la enseñanza de que el alma del hombre es “una porción de Di-s Arriba”.[12] Cuando Rosh Hashaná es llamado el “cumpleaños del mundo” en las oraciones, significa no solo la creación del universo físico en general, sino más específicamente, el aniversario de la creación del hombre en el sexto día de la creación y la revelación de la voluntad interna y la verdadera intención de Di-s en la Creación. El toque del shofar en Rosh Hashaná también sirve como recuerdo de Di-s insuflando el alma de vida en el hombre desde Su esencia más profunda.

La Alef Desaparecida

Las imágenes aquí de Di-s insuflando en Adán una neshamá, el “alma de la vida”, y soplar el shofar en Rosh Hashaná, alude a la revelación de una nueva energía en el Año Nuevo. El Arizal enseñó que cada año se revela una nueva energía que nunca antes había estado presente en Rosh Hashaná y desde ahí se extiende para llenar todo el año venidero. El comienzo de su revelación ocurre con el toque del shofar.[13]

La alef “perdida” de la palabra “comienzo [del año]” (מֵרֵשִׁית), como se ha explicado anteriormente, alude a la energía del año anterior, que ahora ha terminado, dejando espacio, por así decirlo, para una nueva afluencia de energía al mundo en general y a cada alma también. Los sonidos del shofar llevan esta nueva energía a nuestras almas y, además, poseen el poder singular de despertar el alma para que se acerque a Di-s.


[1] Sod HaShem Lierei’av, Capítulo 40.

[2] Génesis 2:21-24.

[3] Sod Hashem Lierei’av, loc. cit. 

[4] Vaikra Rabá 30:14.

[5] Rosh Hashaná 8a.

[6] Deuteronomio 11:12.

[7] Las Letras Hebreas, s.v. alef.

[8] 3:104b.

[9] Para más información sobre cómo la palabra Adam se relaciona con ser creado “a imagen” de Di-s, véase Iain Itzjak, Bereshit §28; Cuerpo, mente y alma, p.186.

[10] Génesis 2:7.

[11] Ibid.

[12] Parafraseado de Job 31:2, tal como se enseña en el segundo capítulo de Tania.

[13] De una clase impartida el 24 de Elul, 5779.


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