REZAR CON LOS TRANSGRESORES

IOM HAKIPURIM

EXPLICACIONES DE LA PLEGARIA

«Al daat HaMakom» — Con el consentimiento del Omnipresente

«Con el consentimiento del Omnipresente y con el consentimiento de la congregación, en la Yeshivá de Arriba y en la Yeshivá de Abajo, permitimos rezar con los transgresores».

Los poskim explican[1] que esta declaración se refiere a los «transgresores» que habían violado los decretos o prohibiciones de la comunidad y que, normalmente, no eran incluidos en el minián.

Sin embargo, en las últimas generaciones, por regla general, ya no se recurre al nidui —excomunión— ni al jerem. La esencia de estas medidas era apartar a una persona de la comunidad, algo que tenía sentido cuando la conducta general de la comunidad seguía el camino de la Torá y solamente se excluía a individuos que se habían quitado de encima su yugo. Esto no corresponde a nuestra realidad actual, cuando una gran parte de los judíos —en la Tierra de Israel y, con mayor razón, fuera de ella— podrían ser considerados, en sentido simple, «transgresores», por no aceptar plenamente el yugo de las mitzvot. Sin embargo, «ninguno de ellos será rechazado»,[2] y, Dios no lo permita, no debemos apartar a ninguna parte del pueblo de Israel, como si se amputara un miembro del cuerpo de Israel.[3]

Por lo tanto, hoy el permiso de «rezar con los transgresores» no debe entenderse solamente respecto de ciertos individuos excepcionales, sino en un sentido mucho más amplio: ¡se refiere a todos y cada uno de nosotros! «No hay hombre justo en la tierra que haga el bien y nunca peque».[4] En Iom Kipur todos necesitamos hacer teshuvá y confesarnos, mientras «Tu diestra está extendida para recibir a quienes retornan».[5]

Por eso, al comenzar el día santo declaramos que existe un «permiso» especial para presentarnos y rezar, aunque por nuestra situación podríamos merecer ser llamados «transgresores». Es como una horaat shaá, una disposición especial para todo Israel, desde el más pequeño hasta el más grande.

Esto también se destaca en la costumbre de recitar esta fórmula en voz baja:[6] no se trata de una proclamación pública dirigida a determinados «transgresores», ni de un aviso colocado en la entrada de la sinagoga. Es una determinación del Beit Din, «con el consentimiento del Omnipresente y con el consentimiento de la congregación», porque esta realidad es indudable.

En cuanto a la inclusión en un minián: en la práctica, en nuestros días, la costumbre sencilla y correcta es que durante todo el año —y con mucha mayor razón en Iom Kipur— no debemos ser minuciosos ni «examinar los tzitzit» de quien se incorpora al minián, cualquiera sea la transgresión de que se trate.[7]

Esto adquiere un sabor especial según el camino del Baal Shem Tov, quien enseñó que debemos creer en cada judío.[8] También debemos creer que precisamente ahora está teniendo pensamientos de teshuvá —y, por consiguiente, puede encontrarse en la categoría de un tzadik gamur, un justo completo.[9] Más aún: el hecho mismo de incorporarlo al minián puede despertar en él pensamientos de teshuvá.

Y, principalmente, aunque en ese judío exista algo de mal, ese mal queda anulado cuando se incorpora al tzibur en un et ratzón, un momento de favor: «¿Cuándo es un momento de favor? Cuando la congregación reza».[10] Esto es especialmente cierto al comenzar el día santo, «una vez al año».[11]

Más todavía: cuando alguien que parecía estar lejos se acerca y hace teshuvá, entonces nosotros —los que nos consideramos justos— debemos anularnos ante él y considerarnos «transgresores» en comparación con él: «Sé humilde de espíritu ante toda persona»,[12] incluso ante el más sencillo de los sencillos, pues él quizá enfrenta una prueba enorme en la cual, de encontrarnos nosotros en su lugar, tal vez habríamos caído.[13]

Este es el significado interior de las palabras: «Permitimos rezar con los transgresores».

Hacemos teshuvá

El Baj explicó que «con el consentimiento del Omnipresente y con el consentimiento de la congregación» significa que este permiso no es absoluto, sino que se concede bajo la condición de que hagan teshuvá y dejen de ser transgresores.

El Taz objetó: si fuera así, precisamente en el momento de acercarlos estaríamos insinuando que serán alejados si no hacen teshuvá. Y dado que ante el Cielo el futuro es conocido, esto podría convertirse en una acusación contra ellos. Por eso el Taz explica que «con el consentimiento del Omnipresente y con el consentimiento de la congregación» significa que todo se hace con el acuerdo de la comunidad, mencionándose primero el consentimiento del Omnipresente, Quien también está de acuerdo.

Pero podemos defender la explicación del Baj frente a la objeción del Taz: ¡aquí no existe ninguna acusación, porque con certeza harán teshuvá!

El Taz quiere juzgar favorablemente a Israel y, por eso, prefiere no mencionar aquí la teshuvá, pues quizá ante el Cielo sea sabido que no harán teshuvá. El Baj, en cambio, podría decir exactamente lo contrario: confiamos en que «ante el Cielo el futuro es conocido» y sabemos que verdaderamente harán teshuvá. Esto no constituye una acusación, sino un mérito, porque «al final Israel hará teshuvá».[14]

Además, el hecho mismo de decir «al daat HaMakom» introduce pensamientos de teshuvá en todos. Esta es una explicación según el sentido sencillo, correspondiente a la dimensión de hajnaá — sumisión: con certeza su corazón se doblegará y harán teshuvá.

En un nivel más profundo, «ante el Cielo» la verdad es que incluso nuestras transgresiones forman parte, desde el comienzo, del «plan Divino», como enseñaron nuestros Sabios acerca del versículo «נורא עלילה על בני אדם — temible en Sus designios sobre los hijos del hombre».[15] Quien, por así decirlo, «asume la responsabilidad» y hace teshuvá es el propio HaKadosh Baruj Hu, Quien dice «traigan una expiación por Mí»[16] y «se arrepiente» de haber creado el ietzer hará.[17] Esta explicación corresponde a havdalá — separación: el defecto producido por el pecado queda separado de nosotros.

Y todavía más arriba se encuentra la hamtaká — dulcificación: finalmente se revelará que, en última instancia, no hubo transgresión alguna, y no solamente que la transgresión desempeñó cierto papel dentro del proceso.[18]

«Daat HaMakom» y las Yeshivot

Los poskim escribieron que el orden correcto de la fórmula sería:

«En la Yeshivá de Arriba y en la Yeshivá de Abajo, con el consentimiento del Omnipresente y con el consentimiento de la congregación, permitimos rezar con los transgresores».

Sin embargo, la costumbre extendida sigue el orden impreso en los majzorim, ¡y no el indicado por los poskim!

Podemos explicar que las palabras de los poskim siguen el orden sencillo de la dimensión revelada de la Torá, según la cual la Torá precede a Israel. Es decir, la conexión entre Israel y Hashem se realiza mediante la Torá: «Israel se conecta con la Torá y la Torá con HaKadosh Baruj Hu».[19] Por eso deben mencionarse primero las yeshivot —la Yeshivá de Arriba y la Yeshivá de Abajo, pues una yeshivá es un lugar de Torá— antes de «la voluntad del Omnipresente», HaKadosh Baruj Hu mismo.

Pero la costumbre de Israel sigue la concepción según la cual Israel precede a la Torá, pues en verdad «el pensamiento de Israel precedió a todo», incluso a la Torá primordial.[20]

Normalmente nuestra conexión con HaKadosh Baruj Hu pasa a través de la Torá; así sucede «después del tzimtzum». Pero por encima de ello existe una conexión directa entre Israel y HaKadosh Baruj Hu,[21] tal como es antes del tzimtzum. Por eso anticipamos «la voluntad del Omnipresente y la voluntad de la congregación» —HaKadosh Baruj Hu e Israel— a las yeshivot, que representan la Torá.

Esta idea pertenece especialmente a Iom Kipur, el día de la teshuvá, «una vez al año», cuya revelación esencial es precisamente esta conexión directa con HaKadosh Baruj Hu, que se manifiesta mediante el poder de la teshuvá después de que la conexión establecida a través de la Torá fue dañada.

Liberar a los transgresores

Las palabras «anu matirín — nosotros permitimos» no se dicen solamente en beneficio de los justos, para que puedan incorporar a los transgresores. También se refieren a los propios transgresores.

Esto se destaca en las palabras de la Kneset HaGuedolá,[22] quien prefiere la fórmula «rezar a los transgresores» y explica que significa: «liberamos a los transgresores de su condición de transgresores para poder rezar con ellos».

¿Y cómo se libera realmente al transgresor de las transgresiones a las que está aferrado? ¡Dejando de mirar su transgresión! Apartamos nuestra mirada de ella y contemplamos solamente el bien que hay en él: «Ve iniquidad, pero no fija su atención en ella».[23]

Así cumplimos «עוד מעט ואין רשע — un poco más y ya no habrá malvado»: concentrándonos únicamente en el «poco de bien» que existe en él, que constituye la esencia verdadera de su ser. Entonces, «contemplarás su lugar y ya no estará allí»:[24] ya no se encuentra en su antiguo lugar, sino en el nuevo lugar en el que tú lo contemplas, como explica Rabí Najman.[25]

Un avarián, un transgresor, vive en el pasado. No logra liberarse de las transgresiones que lo envuelven, atrapado en el círculo de «una transgresión arrastra otra transgresión».[26] Vive aferrado al aspecto inferior de su propio pasado, «¿de dónde vienes? De una gota fétida»,[27] y se conforma con permanecer identificado con aquella gota. Más aún, llega hasta el pasado del pecado de Adam HaRishón.

Pero nosotros declaramos: «Permitimos rezar con los transgresores». Liberamos al transgresor de su vínculo con el pasado; le damos la fuerza para cambiar en el presente y avanzar hacia un futuro bueno.

En un nivel todavía más profundo y radical, «permitimos rezar con los transgresores» significa que los tzadikim revelan que las transgresiones terminan convirtiéndose en algo «permitido». Es decir, finalmente se revela que todo lo que la persona hizo estaba contemplado desde el principio dentro de la intención superior: «Todo está previsto, pero la libertad es concedida».[28]

Por eso es HaKadosh Baruj Hu Quien permite rezar con los transgresores, pues desde Su perspectiva superior incluso el transgresor no es un pecador. Desde el Daat Elión, en el futuro se revelará cómo todo estaba incluido en el designio Divino: lo deliberado se transformará en involuntario, lo involuntario en permitido desde un principio,[29] y más aún, en un verdadero mérito, una gran mitzvá —tan elevada que no aparece explícitamente escrita en la Torá—. De este modo se revela que todos los judíos son santos.

Y nuevamente hay que subrayarlo: podemos pensar que los «transgresores» son los demás, no nosotros. Pero, en verdad, cada persona debe considerarse a sí misma como el transgresor al que ahora se le concede entrar y rezar junto con la comunidad.

Más aún, toda la comunidad puede llamarse «transgresora»: todos procedemos, en el pasado, de una «gota fétida» y todos nos dirigimos finalmente al mismo lugar. Todavía estamos en el exilio: «A causa de nuestros pecados fuimos exiliados de nuestra tierra».[30] Cuando lo recordamos verdaderamente, entonces todos somos dignos de presentarnos y rezar como una sola unidad.

Y en todo esto existe una alegría inmensa. Podríamos decir que ésta es una de las cosas más alegres de Iom Kipur: todos los tzadikim de todas las generaciones nos permiten rezar junto a ellos. Desde los Patriarcas y Moshé Rabeinu hasta los verdaderos tzadikim de nuestra generación, «en la Yeshivá de Arriba y en la Yeshivá de Abajo», todos desean unirse a nosotros; y gracias a ellos, también nuestras plegarias son recibidas.


Notas

[1] Oraj Jaim 619:1.

[2] II Shmuel 14:14.

[3] Tal como se expresó el Baal Shem Tov acerca del alejamiento de los frankistas. Véase la clase «Reforma sagrada», publicada en el boletín Nitzotzei Iosef Jai 5786, nota 31.

[4] Kohelet 7:20.

[5] Plegaria de Neilá.

[6] Sefer HaMinhaguim. De todos modos, es necesario que los tres que están de pie alrededor del jazán lo escuchen (Otzar Minhaguei Jabad, en nombre del Rebe).

[7] Es cierto que los poskim establecen que quien transgrede deliberadamente con intención de rebelarse (lehaajís), un apóstata (mumar) o quien niega la Torá Oral no se incorpora al minián. Sin embargo, en la práctica existen muchos fundamentos para adoptar una posición permisiva al respecto. Véase Igrot Moshé, Oraj Jaim, parte II, cap. 19 —y obsérvese allí que de las palabras del Rogatchover deduce una postura permisiva—, así como las palabras del Rebe en Igrot Kodesh, vol. XI, pág. 255 —citadas en Likutei Sijot, vol. IX, pág. 278— acerca de una sinagoga en la que no hay diez judíos observantes de Shabat. Allí escribe: «No me resulta satisfactoria una conducta de celo religioso cuando no corresponde plenamente al lugar; y se le dice a una persona que cometa una transgresión leve para salvar a su compañero de una transgresión grave». Y no es éste el lugar para extendernos sobre el tema.

[8] Véase la Teshurá «Mipi HaShmuá» —farbrenguen de cumpleaños, Dorot 5782—, pág. 9.

[9] Kidushín 49b.

[10] Berajot 8a.

[11] Shemot 30:10.

[12] Pirkei Avot 4:10.

[13] Como se explica en el Tania, capítulo 30.

[14] Rambam, Hiljot Teshuvá 7:5.

[15] Tehilim 66:5; Tanjuma, Vaieshev 4.

[16] Julín 60b.

[17] Sucá 52b.

[18] Como se explica especialmente en las enseñanzas del Jasidut de Izbitza-Lublin.

[19] Zohar III, 73a.

[20] Bereshit Rabá 1:4.

[21] Como se explica en Likutei Sijot, vol. XVIII, pág. 408 y siguientes.

[22] Shiurei Kneset HaGuedolá, glosas al Tur, Oraj Jaim 619; citado en Shaarei Teshuvá.

[23] Iyov 11:11.

[24] Tehilim 37:10.

[25] Likutei Moharán 282.

[26] Pirkei Avot 4:2.

[27] Pirkei Avot 3:1.

[28] Pirkei Avot 3:15.

[29] Véase Pri HaAretz, discurso correspondiente a Parashat Teshuvá.

[30] Texto de la plegaria de Musaf.


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