PARASHÁ JAIE SARÁ
TORÁ Y CIENCIA
CUARTA REVOLUCIÓN
Así como Di-s es Uno, la Conciencia es una. Abraham vino a revelar que no hay nada fuera de Él. Hoy, la cuarta revolución de la Torá, como enseña el Rav Itzjak Ginsburgh, lleva esa revelación a los pueblos del mundo y a toda la realidad: la materia y la energía, el espacio y el tiempo. La ciencia misma, desde la relatividad de Einstein y la física cuántica hasta la inteligencia artificial, se convierte en un instrumento para revelar que todo es Uno.
La Conciencia es una
La Conciencia es una, como Di-s es Uno. Nuestra conciencia es la chispa que captamos de esa Conciencia infinita: el alma es “una porción de Di-s de arriba, verdaderamente” (Tania, cap. 2).
Eso vino a enseñar Abraham, que llamó a Di-s Kel Olam (Bereshit 21:33). No “Di-s del mundo”, como si el mundo fuera algo aparte, sino que el mundo mismo es expresión de Él. Todo es Uno y no hay nada fuera de Él. No somos algo separado de Di-s: estamos incluidos en Él.
Tomar conciencia: el dáat
Tomar conciencia es dáat: darse cuenta, conocer de verdad, que todo es uno. El dáat no es un saber teórico, sino un conocimiento que une y conecta.
El hombre que se conecta a la Conciencia de Di-s se vuelve un canal por el que Di-s actúa en el mundo. Eso es estudiar Torá, rezar y hacer buenas acciones: transformar la realidad en un recipiente que reciba esa Conciencia y la revele.
La cuarta revolución de la Torá
Este es el paso de nuestra generación: la cuarta revolución de la Torá, como enseña el Rav Itzjak Ginsburgh. Es la conversión y revelación de las chispas divinas incluidas en los pueblos del mundo y en toda la realidad: la materia y la energía, el espacio y el tiempo.
Y esto ocurre convirtiendo la Ciencia misma en un instrumento para revelar que todo es Uno.
La ciencia ya empezó este camino
- La relatividad de Einstein mostró que la materia y la energía son una misma realidad (E = mc²), y que el espacio y el tiempo no son dos cosas separadas, sino un solo tejido: el espacio-tiempo.
- La física cuántica fue todavía más lejos. Las partículas no son “cosas” independientes, sino expresiones de campos que llenan todo el universo. Dos partículas que estuvieron unidas siguen conectadas aunque estén en extremos opuestos del universo. Y el acto de observar afecta la realidad que se observa.
Lo que la ciencia veía como pedazos separados resulta ser una sola realidad interconectada. Es un reflejo, en el lenguaje de la ciencia, de lo que la Torá enseñó siempre: “Havaiá es Uno”.
El secreto del cuatro: Kiriat Arbá
Nuestra parashá empieza en Kiriat Arbá, “la ciudad del cuatro”, que es Jevrón, de jibur, “unión”. El cuatro es el número de la realidad completa, y Jevrón enseña que su propósito es unirse.
| El cuatro en… | Los cuatro |
| El Nombre de Di-s | Las cuatro letras de Havaiá: Iud, Hei, Vav, Hei |
| Los mundos | Atzilut, Briá, Ietzirá y Asiá, uno por cada letra |
| Los elementos | Fuego, aire, agua y tierra, que el alma viene a unir en el cuerpo (Zohar) |
| La familia judía | Padre, madre, hijo e hija, que reflejan las cuatro letras del Nombre |
| Las matriarcas | Sará, Rivká, Rajel y Leá, que construyeron la casa de Israel |
| Las fuerzas del universo | Gravedad, electromagnetismo, nuclear fuerte y nuclear débil |
| La realidad física | Materia, energía, espacio y tiempo |
La gran búsqueda de la física es unir las cuatro fuerzas en una sola teoría, y todavía no lo logró. Es como si la ciencia misma estuviera buscando su Kiriat Arbá, su Jevrón: el punto donde el cuatro se revela como Uno.
Esa es la cuarta revolución: que la ciencia descubra que el cuatro está unido porque viene del Nombre de cuatro letras, que es Uno.
La tecnología al servicio de la revelación
La inteligencia artificial, la tecnología aplicada a la ciencia más avanzada de hoy, puede ser también un ejemplo de esta conversión. Si una mente humana puede crear algo así, la ciencia y la tecnología pueden ponerse al servicio de revelar la Conciencia de Di-s, en lugar de esconderla.
Lo que empezó Abraham
Así se completa lo que empezó Abraham, “padre de una multitud de naciones” (Bereshit 17:5). Que todo el mundo, no solo el pueblo de Israel, y toda la realidad, la materia, la energía, el espacio y el tiempo, reconozcan que no hay nada fuera de Él.

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