MATERIAL DE ESTUDIO
EL ENCENDIDO ETERNO DEL ALMA

SEGÚN CABALÁ Y JASIDUT
DOMINGO 15 SIVAN 5786 – 31-5-2026
21:00 HORAS DE ISRAEL
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Con el Rabino Jaim Frim
Sobre la mitzvá de “Cuando eleves las lámparas” (Behaalotjá et hanerot), Hashem le promete a Aharón que su vigencia será eterna. Incluso después de la destrucción del Beit HaMikdash, cuando ya no existe el encendido visible de la Menorá, la luz de las lámparas continúa brillando en el pueblo de Israel: 1 mediante el encendido de las velas de Janucá, que publicitan el milagro realizado a los Jashmonaím (Macabeos), descendientes de los sacerdotes (Cohanim); 2 mediante el encendido de las velas de Shabat, que iluminan los hogares judíos en todas las generaciones.
De este modo, la luz de Aharón no se extinguió jamás, sino que sigue iluminando al pueblo de Israel hasta nuestros días. ✨🕯️
La Menorá representa la misión de encender el alma de cada judío. Así como Aharón elevaba las llamas hasta que ardieran por sí mismas, también cada persona debe ayudar a despertar la chispa divina en los demás, hasta que ellos mismos brillen con su luz propia. Por eso la promesa a Aharón es eterna: la labor de encender almas nunca cesa. Continúa en cada vela de Janucá, en cada vela de Shabat y en cada acto que agrega luz espiritual al mundo.
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MÚSICA DE LA CLASE
Nigún 48 de Esperanza
Este emotivo Piut (poema litúrgico) escrito por el célebre poeta Rabí Israel Nadjara (siglo XVI), el cual fue adaptado a una melodía especial durante un momento de tensión en Israel.
Rabí Israel Najara (ישראל נג’ארה) fue uno de los más grandes poetas y cabalistas judíos de los siglos XVI y XVII. Nació aproximadamente en 1555 y falleció alrededor de 1625.
Su vida
- Nació probablemente en Safed o en Damascus, en una familia de sabios expulsados de España.
- Vivió en la época dorada de la Cabalá de Safed, contemporáneo de figuras como Rabí Itzjak Luria, Rabí Moshé Cordovero y Rabí Jaim Vital.
- Más tarde fue rabino en Gaza y posteriormente en Tiberíades.
¿Por qué es famoso?
Principalmente por sus piyutim (poemas litúrgicos y canciones sagradas).
Su obra más famosa es:
Una curiosidad
Rabí Israel Najara utilizó frecuentemente melodías populares de su época —árabes, turcas y españolas— para vestirlas con palabras de santidad. Esta práctica influyó posteriormente en muchas tradiciones sefaradíes y jasídicas.
Desde una perspectiva jasídica
Rabí Israel Najara representa la idea de que la música y el canto son vehículos para elevar el alma. Sus himnos no son meramente poesía; son formas de devekut (adhesión a Hashem), transformando la emoción humana en servicio divino.
Por eso muchas de sus composiciones siguen siendo cantadas más de cuatro siglos después, especialmente en Shabat, festividades y reuniones jasídicas. 🎶✨
| Se ahuyentó el sueño de mis ojos y me agito como un barco, en medio del mar de Tu deseo, y estas cosas recordaré. Si tan solo yo fuera un lactante y Tú fueras quien me cría, mamaría de los pechos de Tu belleza y así saciaría mi sed. Si tan solo yo fuera un arroyo, y Tú y yo, nos sentaríamos a la sombra de mis jardines, y Tu fruto cuidaría. Si tan solo yo fuera una lanza y Tú fueras quien me arroja, en el corazón de quienes Te odian, con su sangre me embriagaría. Si tan solo yo fuera una tienda y Tú fueras mi morador, nos deleitaríamos en el amor, y con alegría nos ceñiríamos. Si tan solo yo fuera una lengua y Tú fueras mi respuesta, calmaría el fuego de Tu deseo con cantos y salmos. Si tan solo yo fuera un siervo y Tú fueras mi soberano, anhelaría Tu servicio y no elegiría la libertad. | יֻדַּד שְׁנַת עֵינִי וְאֶסְעַר כָּאֳנִי תּוֹךְ יַם תְּשׁוּקָתְךָ וְאֵלֶּה אֶזְכְּרָה לוּ אֶהְיֶה יוֹנֵק וְאַתָּה אוֹמְנִי אִינַק שְׁדֵי יָפְיָךְ צְמָאִי אֶשְׁבְּרָה לוּ אֶהְיֶה שֶלַח וְאַתָּה וַאֲנִי נֵשֵׁב בְּצֵל גַּנַּי וּפִרְיָךְ אֶשְׁמְרָה לוּ אֶהְיֶה רֹמַח וְאַתָּה נוֹתְנִי תּוֹךְ לֵב מְשַׂנְאֶיךָ בְּדָמָם אֶשְׁכְּרָה לוּ אֶהְיֶה אֹהֶל וְאַתָּה שׁוֹכְנִי נִתְעַלְּסָה אֹהַב בְּגִיל נִתְאַזְּרָה לוּ אֶהְיֶה לָשׁוֹן וְאַתָּה מַעֲנִי אַשְׁקִיט יְקוֹד חִשְׁקָךְ בְּשִׁיר וַאֲזַמְּרָה לוּ אֶהְיֶה עֶבֶד וְאַתָּה רוֹזְנִי אֶשְׁאַף עֲבוֹדָתְךָ דְּרוֹר לֹא אֶבְחֲרָה | Fonética Iudad shenat einí ve-es’ar ka-oní toj yam teshukatjá ve-ele ezkerá. Lu ehié ionek ve-Atá omní, inak shedei yofyejá, tzmáí eshberá. Lu ehié shelaj ve-Atá, va-aní neshev betzel ganái, u-firyejá eshmerá. Lu ehié rómaj ve-Atá notení, toj lev mesanejá, be-damám eshkerá. Lu ehié óhel ve-Atá shojní, nitalsá ohav, be-guil nitazrá. Lu ehié lashón ve-Atá maaní, ashkit yekod jishkejá, be-shir va-azamerá. Lu ehié éved ve-Atá rozní, eshaf avodatejá, dror lo evjará. |
Contexto Histórico
Durante la operación militar Tzuk Eitán (Roca Firme), se adaptó este poema a una melodía específica. El sentimiento de entrega y protección divina en el poema resuena con los momentos de dificultad.
(El poema es una expresión de amor anhelante entre el alma/pueblo de Israel y Dios)
La Versión Vocal
La ejecución vocal de Eilon Heitner es conocida por su estilo meditativo y profundo, enfocándose en el despertar del corazón (Hitorerut), ideal para el mensaje de entrega que propone Rabí Israel Najara

BAMIDBAR (NÚMEROS) 10:35-36
Y acontecía que cuando partía el Arca, decía Moshé:
“Levántate, Hashem, y sean dispersados Tus enemigos; y huyan de Tu presencia quienes Te aborrecen.”
Y cuando se detenía, decía:
“Retorna, Hashem, a las miríadas de millares de Israel.”
במדבר י:לה
וַיְהִי בִּנְסֹעַ הָאָרֹן וַיֹּאמֶר מֹשֶׁה׃
קוּמָה יְיָ וְיָפֻצוּ אֹיְבֶיךָ וְיָנֻסוּ מְשַׂנְאֶיךָ מִפָּנֶיךָ׃
במדבר י:לו
וּבְנֻחֹה יֹאמַר׃
שׁוּבָה יְיָ רִבְבוֹת אַלְפֵי יִשְׂרָאֵל׃
Vaiehí binso haArón vaiómer Moshé:
Kumá Hashem, veiáfutzu oiveja, veianusu mesaneja mipaneja.
Uvenujó iomar:
Shuvá Hashem rivvot alfei Israel.
Estos dos versículos son famosos porque en el Sefer Torá están rodeados por las dos letras nun invertidas (נ הפוכה). Nuestros Sabios enseñan en la Guemará Talmud Bavli que constituyen un “libro” independiente dentro de la Torá, de modo que Bamidbar queda dividido en tres secciones.
Además, estos versículos se recitan al abrir el Arón HaKodesh y al sacar el Sefer Torá en muchas comunidades judías.
Cuando el Arón partía, Moshé decía: “Levántate, Hashem, y sean dispersados Tus enemigos; y huyan de Tu presencia quienes Te odian”.
Los Sabios y los comentaristas observan que el versículo menciona dos categorías: los enemigos y los odiadores.
Los enemigos son quienes luchan activamente contra Israel y contra la revelación de Hashem en el mundo. Los odiadores son quienes albergan odio en su corazón, aunque no estén combatiendo de manera abierta. Por eso el versículo dice que los enemigos son dispersados (יפוצו), mientras que los odiadores huyen (ינוסו). Los primeros actúan de forma organizada y visible; los segundos desaparecen ante la revelación de la luz divina.
La enseñanza jasídica explica que toda la Torá existe también dentro del alma. Los enemigos representan las fuerzas interiores que atacan abiertamente la santidad: los deseos negativos, la ira, el orgullo o la pereza espiritual. Los odiadores representan tendencias más profundas y ocultas que se oponen a la Divinidad aun cuando todavía no se manifiestan externamente.
Cuando el Arón —el punto interior de la Torá— comienza a avanzar dentro de la persona, los enemigos manifiestos se dispersan e incluso los odiadores ocultos huyen. La luz de la Torá no solo corrige las acciones externas, sino que también transforma las inclinaciones más profundas del corazón.
Según la explicación del Rav Itzjak Ginsburgh, el enemigo representa la oposición externa, mientras que el odio representa una separación interior más profunda. Por eso primero se corrige la acción y luego el corazón. No basta con que el mal deje de actuar; también debe transformarse la raíz interior que lo alimenta.
Moshé no dice “mis enemigos” ni “mis odiadores”, sino “Tus enemigos” y “Tus odiadores”. El verdadero tzadik no lucha por sí mismo. Toda oposición a la santidad es considerada oposición a Hashem. El versículo expresa así la absoluta anulación del ego de Moshé: no hay aquí una lucha personal, sino la revelación de la Presencia Divina, ante la cual toda oposición termina desapareciendo.
Esta es también una enseñanza central de la parashá Behaalotjá: cuando el Arón avanza y la luz de la Torá se revela en el mundo, tanto los enemigos visibles como los odiadores ocultos pierden su fuerza y retroceden ante la presencia de Hashem.
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PIRKEI AVOT CAP 1
Explicaciones sobre Pirkei Avot – Capítulo 1
Mishná 17
Rabán Shimón ben Gamliel dice:
“Todos mis días crecí entre los sabios, y no encontré nada mejor para el cuerpo que el silencio. No el estudio es lo principal, sino la acción. Y quien multiplica las palabras trae pecado.”
Explicación Jasídica
De las palabras de los comentaristas se entiende¹ que la primera parte de la mishná se refiere a conversaciones relacionadas con asuntos corporales y mundanos, respecto de las cuales no hay nada mejor que el silencio. En cambio, la segunda parte se refiere a las palabras de Torá: allí el habla sí es algo positivo, pero aun así, “no el estudio es lo principal, sino la acción”.
En concordancia con esto, citan las palabras del Talmud² sobre el versículo³:
“¿Acaso hablaréis justicia enmudeciendo?”
La Guemará pregunta:
“¿Cuál es el oficio del hombre en este mundo?
Que se haga a sí mismo como mudo.
¿Podría esto aplicarse también a las palabras de Torá?
Por eso el versículo concluye: ‘Hablaréis justicia’”.
Pero esto requiere explicación:
A.De la mishná y de la Guemará parecería que el silencio y la abstención de palabras vanas son solamente una buena conducta (“bueno para el cuerpo”) o “el oficio del hombre”. Sin embargo, las palabras vanas constituyen aparentemente una prohibición completa, como está dicho:
“Y hablarás de ellas” — y no de palabras vacías.
B.“¿Podría esto aplicarse también a las palabras de Torá?”
¿Acaso podría pensarse siquiera que uno debe abstenerse de abundar en palabras de Torá?
C.“¿Cuál es el oficio del hombre?”
¿Cómo puede definirse la misión del hombre en el mundo solamente en términos de “apartarse del mal” (“hacerse como mudo”), cuando es evidente que el objetivo principal es el “hacer el bien”, y el apartarse del mal es solamente preparación para ello?
D.¿Cuál es la precisión de la expresión “el oficio del hombre en este mundo”?
Explicación según Jasidut
Habla y silencio, en sentido espiritual, corresponden a “habla” y “pensamiento”. La dimensión del habla está expresada en el versículo⁴: “Por la palabra de Hashem fueron hechos los cielos”. Y también: “Con diez expresiones fue creado el mundo”⁵. La relación entre la creación y el habla es la siguiente: La particularidad del habla consiste en revelar a otro aquello que estaba oculto en el pensamiento y no era perceptible para el prójimo. En cambio, el pensamiento permanece dentro de la persona y no se comunica al otro. El equivalente espiritual en relación con el Santo Bendito Sea es:
Para que exista un mundo que se perciba a sí mismo como separado —como una “otredad”— de la Divinidad, la creación debía realizarse específicamente mediante la dimensión del habla: “Con diez expresiones fue creado el mundo”. Sin embargo, acerca de Israel se dice: “Israel surgió en el pensamiento”. Es decir, las almas judías están unidas con Hashem — “una verdadera parte de la Divinidad de lo Alto”⁶ — y no constituyen una “otredad”. Por eso, la misión de las almas de Israel es revelar en el mundo la dimensión del pensamiento: unir también al mundo con la Divinidad, para que deje de sentirse separado.
Este es el sentido de: “¿Cuál es el oficio del hombre en este mundo? Que se haga como mudo”. La tarea del judío es revelar la dimensión del pensamiento —lo opuesto al habla, representado por el silencio— precisamente aquí, en este mundo.
Pensamiento y habla dentro de la Torá
Estas dos dimensiones —pensamiento y habla— existen también en la Torá.
- El “pensamiento” de la Torá es la Torá tal como existe en su dimensión espiritual: la interioridad de la Torá (Pnimíut HaTorá).
- El “habla” de la Torá es la Torá tal como desciende y habla sobre asuntos materiales de este mundo físico, revelando hacia afuera lo que estaba oculto en el pensamiento.
Por eso pregunta la Guemará:
“¿Podría esto aplicarse también a las palabras de Torá?”
Es decir: podría pensarse que, así como en los asuntos mundanos uno debe elevarse por encima del habla, del mismo modo también en la Torá debería ocuparse solamente de su dimensión interior y espiritual. A esto responde: “Hablaréis justicia”. Es necesario ocuparse también de la parte revelada de la Torá (“Niglé deTorá”), porque el propósito de la entrega de la Torá aquí abajo es refinar y purificar este mundo material.
Explicación final de la Mishná
Así también puede interpretarse la frase: “No encontré nada mejor para el cuerpo que el silencio”. El mejor estado de anulación del cuerpo —el verdadero “oficio del hombre en este mundo”— es que el cuerpo llegue a anular completamente su existencia ante la Divinidad, del mismo modo en que el alma está unida con Hashem. Pero, aun así, respecto a la Torá: “No el estudio es lo principal, sino la acción”. Es decir: hay que estudiar la Torá tal como descendió aquí abajo —en habla y acción concretas— para refinar el mundo físico⁷.
— Likutei Sijot, tomo 4, pág. 1186.
Comentarios a Pirké Avot
Capítulo 2 – Mishná 12
La Mishná dice: Rabí Iosei dice: Que el dinero de tu prójimo sea tan querido para ti como el tuyo propio; y prepárate para estudiar Torá, pues no es una herencia para ti; y que todos tus actos sean en nombre del Cielo (Leshem Shamaim).
1. La Torá: ¿Herencia o Adquisición?
El comentario Tiferet Israel plantea una contradicción: Por un lado, el versículo dice: “La Torá que Moisés nos mandó es una herencia (morashá) para la congregación de Jacob”. Sin embargo, nuestra Mishná dice: “prepárate… pues no es una herencia para ti”.
La solución: Existen dos niveles o facetas en la Torá:
- Nivel “Herencia” (Ierushá): La Torá pertenece intrínsecamente a cada judío por nacimiento. No depende de la edad, el intelecto o el nivel espiritual. Como dice el Rambam: “Todo hombre de Israel está obligado al estudio de la Torá, sea pobre o rico”. En este nivel, el compromiso es igual para todos.
- Nivel “Venta/Compra” (Mejer): Nuestros sabios dicen que Dios “nos vendió” Su Torá. Una compra requiere un pago. En el contexto espiritual, el “pago” es el esfuerzo y la dedicación (Iguiá). Para entender profundamente la sabiduría de la Torá, no basta con heredarla; hay que “comprarla” mediante el esfuerzo personal.
A esto se refiere la Mishná: Para lograr el entendimiento intelectual y la conexión profunda, debes “prepararte”, porque esa comprensión no viene automáticamente por herencia; requiere tu trabajo activo.
2. Dos niveles en el servicio a Dios
El Rambam explica que incluso cuando una persona duerme, si lo hace para descansar su mente y cuerpo para poder servir a Dios sin enfermarse, su sueño se considera “servicio al Creador”. Sobre esto, cita dos conceptos:
- “Que todos tus actos sean en nombre del Cielo” (Leshem Shamaim).
- “En todos tus caminos, conócelo a Él” (Bejol darjeja deaú – Proverbios 3:6).
Diferencia entre ambos niveles:
- “En nombre del Cielo”: Se aplica a las cosas permitidas (comer, dormir, negociar). Aquí, el acto sigue siendo mundano, pero el objetivo es sagrado (como comer para tener fuerzas para rezar). El acto es un medio para un fin.
- “En todos tus caminos, conócelo”: Es un nivel superior. Aquí, el camino mismo (el acto de comer o trabajar) se convierte en un acto de “conocer” a Dios. El acto mundano se santifica y se vuelve una mitzvá en sí misma.
¿Por qué el Rambam cita primero la Mishná y luego el versículo?
Porque el orden del servicio espiritual va de lo simple a lo complejo. Primero, uno debe entrenarse para que sus actos mundanos tengan una intención sagrada (Leshem Shamaim), y solo entonces podrá elevarse al nivel donde el acto mundano mismo es una revelación de lo divino (Bejol darjeja deaú).
Fuente: Likutei Sijot, Vol. 13, pág. 115; Vol. 3, pág. 907.
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BEHALOTJA
La sección de Behalotjá (בְּהַעֲלֹתְךָ), que significa “cuando hagas subir” o “cuando eleves”, es una de las parashiot más dinámicas de la Torá. Espiritualmente, representa la transición entre el orden perfecto del campamento y el caótico viaje a través del desierto.
El pensamiento jasídico toma los elementos físicos de esta travesía —las lámparas, las trompetas y los viajes— y los transforma en herramientas psicológicas para el día a día.
1. El encendido de la Menorá: La llama que sube por sí misma
La parashá abre con la orden de Dios a Aarón de encender las luminarias de la Menorá. El texto utiliza una expresión muy inusual: “Behalotjá et hanerot” (literalmente: Al elevar tú las lámparas). Rashi, basándose en el Talmud, explica que el sacerdote debía acercar el fuego a la mecha “hasta que la llama subiera por sí misma”.
- El análisis jasídico: El Baal Shem Tov explica que cada judío es una lámpara de la Menorá Divina y su alma es una mecha lista para iluminar. Aarón (el Líder Espiritual, el maestro o el padre) tiene la misión de encender esa alma.
- La aplicación: El jasidismo enseña que la verdadera educación (Jinuj) o la verdadera ayuda al prójimo no consiste en hacer que el otro dependa de ti para siempre. No se trata de “darle luz” constantemente, sino de inspirarlo, guiarlo y encenderlo de tal manera que su propia alma gane independencia. El objetivo es que la persona desarrolle su propio amor por la Torá, su propia estabilidad emocional y espiritual, hasta que su llama “suba por sí misma” sin necesidad de estímulos externos.
2. Las Trompetas de Plata: Romper la rigidez del corazón
Más adelante, Dios le ordena a Moisés fabricar dos trompetas de plata (Jatzotzrot). Estas trompetas tenían dos funciones: convocar a los líderes (con un toque continuo y liso: Tkiá) y ordenar al pueblo que levantara el campamento para marchar (con un toque quebrado y tembloroso: Teruá).
- El análisis jasídico: La palabra para trompeta, Jatzotzrá, puede dividirse místicamente en dos palabras: Jatzi Tzura (חצי צורה), que significa “media forma” o “medio cuerpo”. El jasidismo enseña que el ser humano, mientras esté lleno de orgullo y ego, se siente una “forma completa” y no deja espacio para Dios ni para los demás.
- La aplicación: El sonido quebrado de la trompeta (Teruá) representa el quebrantamiento del ego. Cuando el ser humano reconoce sus limitaciones y entiende que por sí solo es apenas “media forma” que necesita de Dios y de su prójimo para completarse, su corazón se ablanda. Las trompetas eran de plata (Késef), que viene de la raíz Kisef, que significa “anhelo o deseo ardiente”. El servicio espiritual en el desierto de la vida requiere que rompamos la rigidez mental para marchar con un deseo constante de superación.
3. El viaje de la Nube: Fluir con el ritmo Divino
La Torá describe minuciosamente cómo se movía el pueblo en el desierto: cuando la Nube Divina se elevaba sobre el Tabernáculo, el pueblo marchaba; cuando la Nube se detenía, el pueblo acampaba. A veces la nube se quedaba un año entero, y a veces solo una noche. El pueblo no tenía un mapa ni un calendario fijo; dependían totalmente de la Nube.
- El análisis jasídico: El Maguid de Mezeritch explica que este desierto es el reflejo de nuestras propias vidas. Hay épocas de estabilidad (estaciones largas) y épocas de cambios abruptos e incertidumbre (estaciones de una sola noche).
- La aplicación: El jasidismo nos enseña el secreto de la Bitajón (la confianza absoluta en Dios). El ego humano quiere controlarlo todo, planificar cada paso y saber exactamente cuánto durará cada etapa de la vida. Sin embargo, Behalotjá nos enseña a ser flexibles espiritual y mentalmente. Si nos encontramos en un momento de estancamiento o dificultad, debemos saber que “Dios detuvo la nube” y hay una lección que aprender ahí. Si las cosas cambian de repente, debemos tener la agilidad mental de “levantar el campamento” y avanzar sin miedo, sabiendo que la misma mano Divina que nos detuvo es la que nos hace marchar.
Resumen Jasídico para Behalotjá:
Esta parashá nos desafía a ser dinámicos. Nos recuerda que nuestro objetivo es encender a los demás para que brillen con luz propia, tener la humildad de reconocer que somos seres incompletos que necesitan de la comunidad y del Creador, y desarrollar la fe necesaria para adaptarnos a los movimientos de la vida, marchando o acampando siempre con alegría y propósito.
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📖 Resumen de la Parashá Behaalotjá
La parashá Behaalotjá (Números 8:1–12:16) marca la transición entre la preparación espiritual del pueblo de Israel y las pruebas que enfrentará durante su travesía por el desierto.
🕯️ El encendido de la Menorá
Hashem ordena a Aharón:
“Cuando eleves las lámparas…”
La Menorá simboliza la misión de iluminar. Según nuestros Sabios, Aharón debía sostener la llama hasta que ardiera por sí misma. Espiritualmente, esto enseña que debemos ayudar a cada persona a descubrir su propia luz interior hasta que pueda brillar por sí misma.
👨👩👧👦 La consagración de los levitas
Los levitas son purificados y consagrados para el servicio del Mishkán, reemplazando a los primogénitos de Israel. Representan la dedicación total al servicio divino y la disposición a servir al pueblo.
🐑 Pésaj Shení
Algunas personas estaban impuras y no pudieron ofrecer el sacrificio de Pésaj. Preguntaron:
“¿Por qué habremos de ser excluidos?”
Como respuesta, Hashem establece Pésaj Shení, una segunda oportunidad para cumplir la mitzvá un mes después.
Este es uno de los mensajes más inspiradores de la Torá: nunca es demasiado tarde para rectificar y volver a conectarse.
☁️ Las nubes y las trompetas
La nube divina guiaba los desplazamientos del campamento. Cuando la nube se elevaba, el pueblo viajaba; cuando descansaba, el pueblo acampaba.
También se ordena fabricar dos trompetas de plata para convocar a la comunidad y organizar los movimientos del pueblo.
🚶 El comienzo de los viajes
Después de permanecer casi un año al pie del Monte Sinaí, Israel inicia su marcha hacia la Tierra Prometida.
Moshé invita a su suegro, Itró (según algunas opiniones, Jovev), a acompañar al pueblo y compartir su destino.
😢 Las quejas del pueblo y el deseo de carne
El pueblo comienza a quejarse. Recuerdan la comida de Egipto y se cansan del maná.
En lugar de valorar el alimento celestial, desean carne y placeres materiales.
La queja revela una dificultad profunda: abandonar la mentalidad de esclavos y asumir la responsabilidad de una vida libre.
👥 Los setenta ancianos
Moshé siente el peso del liderazgo y exclama:
“No puedo cargar yo solo con todo este pueblo.”
Hashem le ordena reunir setenta ancianos sobre quienes descenderá parte de su espíritu profético para ayudarlo en la conducción de Israel.
Aquí aparece el modelo del liderazgo compartido y la importancia de la comunidad.
🐦 Las codornices
Hashem envía codornices en abundancia para satisfacer el deseo del pueblo.
Sin embargo, la búsqueda desmedida del placer material trae consecuencias negativas, y el lugar recibe el nombre de Kivrot HaTaavá (“las tumbas del deseo”).
👩 Miriam habla sobre Moshé
Miriam y Aharón cuestionan la conducta de Moshé, especialmente su separación de la vida matrimonial.
Hashem interviene y declara que la profecía de Moshé es única:
“Boca a boca hablo con él.”
Miriam es castigada con tzaráat y permanece siete días fuera del campamento hasta ser sanada.
El pueblo entero espera por ella antes de continuar su viaje, mostrando el honor que se le tenía.
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“CUANDO ELEVES LAS LUMINARIAS…”
“Habla a Aarón y dile: cuando eleves las luminarias, hacia el frente de la menorá iluminarán las siete lámparas”.
(Bamidbar/Números 8:2)
RASHI
“Cuando eleves” (behaalotejá): ¿Por qué fue colocada la sección de la menorá inmediatamente después de la sección de los príncipes de las tribus? Porque cuando Aarón vio la inauguración de los príncipes, se sintió afligido por no haber participado ni él ni su tribu en esa inauguración. Entonces el Santo, bendito sea, le dijo: “¡Por tu vida! Lo tuyo es más grande que lo de ellos, porque tú enciendes y preparas las lámparas”.
“Cuando eleves”: La expresión “elevar” se usa respecto al encendido, porque la llama debe elevarse. De aquí aprendemos que hay que encender la mecha hasta que la llama suba por sí misma. Nuestros sabios enseñaron además: De aquí se deduce que había escalones delante de la menorá, sobre los cuales el sacerdote se paraba para arreglar las lámparas.
“Hacia el frente de la menorá”: Hacia la lámpara central, que no estaba sobre una rama lateral sino sobre el cuerpo principal de la menorá.
“Iluminarán las siete lámparas”: Las seis lámparas de las ramas laterales debían apuntar hacia la lámpara central: las tres orientales inclinaban sus mechas hacia el centro, y las tres occidentales también. ¿Y por qué? Para que no dijeran: “Hashem necesita su luz”.
PUNTOS DE LAS SIJOT DEL REBE
“El encendido” es válido incluso por un no sacerdote
“Cuando eleves las luminarias, hacia el frente de la menorá iluminarán las siete lámparas”.
Está escrito: “La lámpara de Hashem es el alma del hombre” (Mishlé/Proverbios 20:27), es decir, que el alma de cada judío ilumina con la luz de Hashem. Sin embargo, existen judíos cuya luz espiritual no está revelada abiertamente, sino escondida en lo profundo del corazón y cubierta por muchas ocultaciones que esconden la luz divina. Y esta es la tarea de Aarón el Cohen Gadol: “elevar” y revelar en las “siete lámparas” —que representan los siete tipos generales de almas de Israel— la “lámpara de Hashem” que existe dentro de cada alma, hasta que: “la llama ascienda por sí misma” (Shabat 21a), es decir, hasta que el alma misma arda y se encienda espontáneamente en el servicio a su Creador.
Y este “encendido” es “válido incluso por un extraño” (kasher bezar). No debe pensar la persona que sólo Aarón el sacerdote tiene la misión de “elevar las lámparas” y encender las almas de Israel. Más bien, cada judío —incluso quien es considerado “zar” (ajeno o no sacerdote)— tiene el deber de ser: “de los discípulos de Aarón: amar la paz, perseguir la paz, amar a las criaturas y acercarlas a la Torá” (Pirkei Avot 1:12). Es obligación de cada persona acercar a aquellos cuya luz espiritual está oculta y cubierta, elevar y encender la “lámpara de Hashem” dentro de ellos, hasta que: “la llama ascienda por sí misma”.
(Basado en Likutei Sijot, tomo 2, pág. 316 en adelante; adaptado de “Likrat Shabat”).
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PARASHÁ SHELAJ
SHELAJ LEJA (NÚMEROS 13:1–15:41):
1. La Misión de los Espías (Meraglím)
Moshé (Moisés) envía a doce hombres, uno de cada tribu, a explorar la tierra de Canaán por mandato divino (a petición del pueblo). Entre ellos están Yehoshúa (Josué) y Kalev (Caleb). Tienen la tarea de evaluar la fuerza de los habitantes, la fertilidad de la tierra y la fortificación de sus ciudades. Tras 40 días de exploración, regresan cargando frutos colosales, como un racimo de uvas tan grande que debe ser transportado entre dos hombres.
2. El Reporte y la Rebelión
Aunque confirman que la tierra “mana leche y miel”, diez de los espías dan un reporte desmoralizador: afirman que los habitantes son gigantes inconquistables y las ciudades son inexpugnables, diciendo: “No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros”.
Solo Kalev y Yehoshúa intentan calmar al pueblo, asegurando que con la ayuda de Dios la victoria es segura. Sin embargo, el pueblo entra en pánico, llora toda la noche y clama por nombrar un nuevo líder para regresar a Egipto.
3. El Castigo: Cuarenta Años en el Desierto
La ira divina se enciende ante la falta de fe del pueblo. Dios propone destruir a la nación, pero Moshé intercede con éxito, apelando a la misericordia divina.
Aun así, se decreta una consecuencia: toda la generación adulta (de 20 años hacia arriba) que murmuró no entrará a la Tierra Prometida. En su lugar, deambularán por el desierto durante 40 años —un año por cada día que duró la exploración de los espías— hasta que esa generación perezca. Los diez espías que dieron el mal reporte mueren inmediatamente por una plaga.
4. Los Maapilím (El Intento Fallido)
Al escuchar el decreto, un grupo de israelíes se arrepiente e intenta subir por la fuerza a conquistar la tierra por su cuenta, desobedeciendo la advertencia de Moshé de que la presencia de Dios ya no estaba con ellos. Son derrotados por los amalequitas y los cananeos.
5. Mandamientos y Leyes Adicionales
La parashá concluye con una serie de preceptos para cuando la nueva generación finalmente entre a la tierra:
- Ofrendas de libación: Leyes sobre las ofrendas de harina, aceite y vino (nesajím).
- Jalá: La obligación de separar una porción de la masa para los sacerdotes.
- Leyes sobre la idolatría inadvertida: Sacrificios por pecados cometidos por error, diferenciándolos de la rebelión deliberada.
- El transgresor del Shabat: Se relata el caso del hombre que recogía leña en Shabat y la posterior aplicación de la pena correspondiente.
- El precepto del Tzitzit: Dios ordena colocar flecos en las esquinas de las vestiduras con un hilo de azul celeste (tejelet), para recordar todos los mandamientos y no dejarse llevar por los impulsos del corazón y de los ojos. Este pasaje constituye el tercer párrafo del Shemá Israel.
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EL PECADO DE LOS ESPÍAS – JÉSED (BONDAD)
La parashá comienza con el pecado de los espías, que constituye una falla en la sefirá de Jésed.
Los espías fueron enviados a explorar la Tierra de Israel como un novio que va a ver a su novia antes de la boda, con el fin de despertar en él amor por ella. La falla de los espías —“despreciaron la tierra deseable” [139]— daña el atributo del amor, que es la dimensión interior de la sefirá de Jésed.
En lugar de amar la tierra, los espías cayeron en el amor a la vida del desierto, desconectada del trabajo concreto en la tierra. Prefirieron la existencia de quienes “comían el maná” a una vida de esfuerzo y labor en la realidad inferior [140].
Más profundamente aún, no solo los Hijos de Israel fallaron en su amor por la tierra, sino que negaron su propio papel como esposo de la tierra. Prefirieron permanecer como la novia de Hashem en el desierto, recibiendo únicamente [141], antes que convertirse en el esposo de la Tierra de Israel, trabajando en ella y cuidándola, como dice el versículo: “Tus hijos te desposarán” [142].
La construcción espiritual del aspecto masculino proviene de los actos de bondad (jasadim) [143], en el secreto de “recordó Su bondad” [144]. Por ello, la falta de disposición a transformarse en un influenciador y dador constituye una deficiencia en la recepción proveniente de la sefirá de Jésed.
La raíz interior de la falla
En su dimensión más profunda, la falla de Jésed consiste en anhelar un mundo de bondad no rectificada.
En la Cabalá [145], nuestro mundo es llamado “la Shemitá de Guevurá”, un mundo en el que para sobrevivir es necesario esforzarse, y cuya realidad está llena de desafíos y pruebas.
Antes de este mundo existió la “Shemitá de Jésed”, el Mundo del Caos (Olam HaTohu), donde la existencia se recibía gratuitamente, sin depender del trabajo ni del esfuerzo.
Los espías quisieron permanecer en el desierto —símbolo del Mundo del Caos, como en el versículo “en el desierto desolado y aullante” [146]— donde eran alimentados gratuitamente con el “pan del cielo”.
Su deseo era permanecer en la “Shemitá de Jésed” y no entrar en la tierra donde sería necesario trabajar para merecer el “pan de la tierra” [147].
Se explica [148] que en nuestro mundo el esfuerzo requerido para alcanzar logros y recibir recompensa tiene como finalidad que la experiencia del bien divino no sea una “Nahamá deKisufá” (pan de la vergüenza), es decir, un beneficio recibido sin haber sido merecido.
Uno de los significados de la palabra jésed es también vergüenza, como en el versículo:
“Y si un hombre toma a su hermana, hija de su padre o hija de su madre, y ve su desnudez y ella ve la suya, es un jésed…” [149].
Por ello, el deseo de alimentarse gratuitamente constituye una corrupción del aspecto de jésed-boshet (bondad-vergüenza).
Resulta significativo que esta expresión aparezca precisamente en relación con la prohibición entre hermano y hermana, cuya relación se caracteriza por un “amor como el agua” [150], una forma de amor asociada con la sefirá de Jésed [151].
Enseñanza
Según esta explicación, el pecado de los espías no fue simplemente el miedo a los habitantes de la tierra. Su error consistió en rechazar el paso de una relación pasiva con Hashem a una relación madura y activa. Prefirieron recibir antes que construir, consumir antes que producir, el maná antes que el trabajo de la tierra.
La rectificación de este pecado consiste en comprender que el propósito de la vida no es recibir gratuitamente la abundancia divina, sino transformarse en socios de Hashem en la creación, trabajando, construyendo y revelando la santidad precisamente dentro de la realidad material. Allí es donde la bondad divina alcanza su expresión más completa.
