Y EL HOMBRE MOISÉS ERA HUMILDE

Razi nos enseñará qué es la verdadera humildad y cómo es posible que Moisés nuestro maestro pensara que él era el menos apto para el cargo.

Escrito por: Shilo Ofan

Categoría: Yo y los niños

¡Hola, niños!

Nuestra parashá (porción semanal de la Torá) termina con una historia corta y un mensaje muy fuerte. Miriam y Aarón tienen una crítica sobre el liderazgo de su hermano menor, Moisés nuestro maestro, y hablan acerca de él. Aunque su intención seguramente era “en nombre del Cielo” (con buena fe), Dios se molesta con ellos y los reprende: “¿Acaso se les pasa por la cabeza que Moisés haga cosas que no sean aceptables ante Mí?! ¡Si la diferencia entre él y cualquier otro profeta es enorme, no hay posibilidad alguna de compararlos! ¡Él es el único capaz de hablar Conmigo directamente!”.

Pero incluso antes de las palabras explícitas que dice Dios, e incluso antes de convocar a los hermanos para hacerles oír Sus palabras, la virtud de Moisés nuestro maestro se describe en un versículo corto: “Y el hombre Moisés era muy humilde, más que cualquier otro hombre sobre la faz de la tierra”.

¿Qué podemos aprender para nosotros mismos de esta cualidad de Moisés nuestro maestro?

Humildad descalificada (Falsa humildad)

Hay niños que están seguros de que ser humilde significa que debes menospreciar el valor de tus propias virtudes. Por ejemplo, si dibujas bonito, no intentes resaltar eso. No presumas. Guárdate el tema para ti mismo. ¿Y si publicaron el cómic que dibujaste en la cartelera principal del pasillo? Bueno, ahí ya no hay opción, así que al menos intenta “minimizar el daño”. Transmíteles a todos que no es para tanto, que no siempre te sale tan bonito, o que te ayudaron.

Cuando me acerco a un niño con este tipo de humildad, le doy una palmadita en la espalda y le digo: “¡Waooo!… ¡Felicitaciones! ¿Qué es lo que escuché sobre ti?”, supongo que se encogerá, torcerá la cara y murmurará: “Bueno, no es nada… no exactamente…”.

¿Es esto humildad? No siempre.

Esta es una pregunta real: ¿Es realmente cierta la buena cualidad o la característica especial que señalan sobre mí? Para no ser orgulloso, ¿debo distorsionar la realidad o hacer un teatro? Muchas veces, el resultado de una reacción así puede ser todavía más dañino. ¿Por qué? Porque por dentro reconozco mis virtudes y estoy “inflado” de orgullo, pero ese es un secreto oculto; solo yo lo sé. Y entonces, básicamente juego un doble juego: por dentro el orgullo se desboca, mientras que por fuera —como no queda bien…— me justifico y me muestro modesto, y en realidad me adjudico una virtud extra de la cual enorgullecerme. Ahora, además, ¡soy humilde!…

¿Quién es verdaderamente grande aquí?

El único y especial que se destacó en la humildad es, por supuesto, Moisés nuestro maestro. Dios mismo testifica sobre él que “el hombre Moisés era muy humilde, más que cualquier otro hombre sobre la faz de la tierra”. Es decir, Moisés nuestro maestro sentía en su interior que cualquier otra persona en el mundo era mejor que él, y lo pensaba con total seriedad. Según el sentido literal de las palabras del versículo —”más que cualquier otro hombre”— la intención es literalmente cualquiera, incluso un gentil (no judío). ¿Cómo es posible? ¿Moisés nuestro maestro camina por el mercado, ve a un gentil borracho tirado por el suelo y realmente piensa que esa persona es mejor que él? Al fin y al cabo, él es el único hombre que tuvo el mérito de subir a lo alto, habitar con los ángeles y escuchar toda la Torá directamente de la boca de la Divinidad. “¡No se levantó más en Israel otro profeta como Moisés!”.

Se ve que la verdadera humildad comienza en otro lugar. Su definición no se resume solo en entender lo que no soy, sino principalmente lo que soy.

Porque para esto fuiste creado

¿Cuál es la razón por la que un hombre humilde, como Moisés nuestro maestro, está interesado en restar valor a su propia importancia? ¿Qué lo hace estar convencido de que el prójimo lo supera en sus virtudes? Es porque él sabe quién es el verdaderamente Grande. “¡Tuya es, oh Dios, la grandeza!”. Después de que Moisés subió a lo alto y mereció una revelación divina única, él sabe cuán grande es Dios, cuán sabio y bueno es, hasta el infinito, y cuán santo es. A la luz de todo esto, él queda impregnado de una total entrega (bitul) hacia Dios y de un deseo ferviente de revelarlo en cada lugar.

Precisamente a partir de toda la grandeza de Dios que se le revela, él sabe: “La virtud que merecí es un regalo gratuito de parte de Dios, y no es que me corresponda por mis propios méritos”. Si es así, ¿por qué habría de entusiasmarme con mi sabiduría personal, cuando sé que es solo una diminuta migaja de la inmensa sabiduría de Dios? Es con Su sabiduría con la que hay que entusiasmarse.

En lugar de atribuirme las virtudes a mí mismo y entusiasmarme con ellas, debo ver en ellas un desafío y una misión. ¿Para qué me dio Dios ese talento? Para cumplir la misión que se me ha encomendado y ayudar, a través de ella, al otro; a quien no posee esa misma cualidad. “Si has estudiado mucha Torá, no te atribuyas el mérito a ti mismo”. ¡Transmítela, difúndela hacia afuera!

Más que cualquier otro hombre

Ahora, después de que sé de dónde me viene el talento, puedo realizar una especie de examen de verdad y observar al prójimo de una manera diferente. Es verdad, él realmente no se comporta de la forma más adecuada. Pero, ¿qué es lo que realmente hace que yo no actúe como él? Al fin y al cabo, mi virtud no existe en mí por mérito propio. Si es así, piensa el humilde para sus adentros, esas mismas virtudes también pueden convertirse en una especie de “acta de acusación” contra mí: ¿Acaso estoy aprovechando todo mi talento para el objetivo para el cual lo recibí? Debo examinarme muy bien a mí mismo.

Más aún, ¿qué habría pasado si en lugar de depositar esas virtudes en mí, Dios hubiera decidido depositarlas en el otro, dándole a él todos los regalos que yo recibí? La verdad es que ya no estoy tan seguro de quién habría aprovechado mejor estas virtudes. Es muy posible que precisamente él hubiera logrado aprovecharlas mejor que yo…

¡Que tengamos el mérito de alcanzar una humildad de verdad!

¡Un Shabat Shalom y bendecido!

Razi

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