06 MAZAL SARTÁN – CÁNCER ASTROLOGÍA JUDÍA

EL SECRETO DE LA ASTROLOGÍA JUDÍA

LAS 12 PUERTAS DEL CARÁCTER

*HASHEM, TU DIOS, ESTÁ CONTIGO DONDEQUIERA QUE VAYAS*

📖 Según la Cabalá y el Jasidut

 Domingo 5 de Menajem Av 5786 – 19-jul

🕘21:00 HORAS DE ISRAEL

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Con el Rabino Jaim Frim

INDICE TEMÁTICO

EL MES DE MENAJEM AV

Introducción. La letra Jet del mes de Tamuz.

Los significados cabalísticos de la letra Jet según el Maorei Or (Jomá, Jashmal, Jakiká, Jok, Jarishá, etc.).

Las características psicológicas del mazal Sartán.

El sentido de la vista y la memoria.

La tribu de Reuvén.

El Nombre de Havayá del mes.

La sefirá de Nétzaj.

El pecado del Becerro de Oro y la rectificación del mes de Tamuz.

El calor de Tamuz, el entusiasmo y el equilibrio.

Conclusión y enseñanzas prácticas.

EL MES DE Tamuz:

LA LETRA JET:

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MÚSICA DE LA CLASE

Nigún 62 nigún Nitzajón – Victoria

Rabino Itzjak Ginsburg

Las 12 Puertas del Carácter

LA LETRA JET (ח)

El Sefer Ietzirá enseña que cada uno de los doce meses del año posee una letra del alfabeto hebreo que expresa su esencia espiritual. Por eso, al comenzar el estudio del mes de Tamuz debemos conocer primero la letra que le corresponde, ya que en ella se encuentra condensada gran parte de su contenido interior. La letra del mes es la Jet (ח), y a partir de ella los sabios descubren numerosas enseñanzas acerca del carácter del mazal Sartán y del trabajo espiritual propio de este período.

Para profundizar en el significado de esta letra estudiaremos un importante libro de Cabalá llamado Meorei Or, de rabi Meir Gabai, un cabalista anterior del Jidá. que reúne y explica las palabras de la lengua sagrada según el orden del alef-bet. Allí encontramos una serie de conceptos que comienzan con la letra Jet y que revelan distintas dimensiones espirituales del mes de Tamuz.

Jomá – La muralla

La primera palabra es Jomá (חומה), “muralla”. En la antigüedad, antes del desarrollo de las armas modernas, la protección principal de una ciudad dependía de la solidez de sus murallas. Cuanto más altas y fuertes eran, mayor era la fortaleza, la seguridad de quienes vivían dentro de ellas. Por eso la muralla simboliza fortaleza, estabilidad y permanencia, antigüedad. A diferencia de los misiles que pueden pasar por encima y cambiar de rumbo siguiendo su objetivo, la muralla es algo fijo. Representa a una persona que va de acuerdo a las reglas antiguas, así es y no los voy a cambiar.

Desde el punto de vista psicológico, esta imagen describe una de las características principales del nacido bajo el mazal Sartán. Se trata de una persona con gran firmeza interior, que no cambia fácilmente de opinión. No porque sea necesariamente cerrada, sino porque suele aferrarse profundamente a los valores y principios que considera verdaderos. Conserva con fidelidad aquello que aprendió y comprobó a lo largo de su vida, y muchas veces permanece firme incluso cuando el entorno cambia completamente.

Esta fuerza puede manifestarse como una enorme virtud cuando está dirigida hacia la verdad y el servicio a Hashem. La capacidad de sostener una convicción durante muchos años, sin dejarse arrastrar por las modas o las presiones externas, constituye una de las grandes fortalezas de este mazal. Como una muralla que protege la ciudad, esta firmeza protege también la identidad y los valores de la persona. Además de tener fuerza física, son personalidades conservadoras que a veces se irritan pero al final muestran que había un provecho. En todos los mazalot hay conservadores, pero ellos llegan a ser fanáticos, que a veces está por encima del intelecto, a veces tercos, y tienen una fortaleza.

No se refiere a las personas que están detrás de la muralla sino a la muralla misma.

Iosef nació en Tamuz de acuerdo a la tradición. Fue el hombre más rico, era un campeón en hacer dinero. Trajo todo el dinero del mundo a Egipto. Iosef hatzadik era un gran economista, una de las cosas más maravillosas que tenía, que el Tania habla sobre esto, que se apegó a su padre, la imagen de su padre, esa puerta que se pegó en su fe. Una persona que lo ponen en la cárcel, todo el mundo en su contra, lo quieren matar, sus hermanos lo odian, y sin embargo sigue creyendo que hay algo especial y que va a vencer al mundo. Cuántos años un joven de 17 años entre los egipcios solo y no cambió, es el poder del mes, algo sagrado que hay que aprender. Enseñar a los niños a ser como Iosef, que creen en el pueblo, en la tierra, en la historia judía, creen en el pasado, no se inmutan por lo que dicen los demás, no necesita discutir porque está seguro. Una potencia del alma positiva.

Jashmal (חשמל): saber cuándo hablar y cuándo callar

El Meorei Or continúa desarrollando el significado de la letra Jet mediante otra palabra: Jashmal (חשמל). En el hebreo moderno, la palabra jashmal significa “electricidad”, pero ese no es su sentido original. La palabra aparece por primera vez en la visión del profeta Iejezkel y posee un profundo significado cabalístico desarrollado por la Cabalá y la Jasidut.

Los sabios explican que Jashmal está formada por dos palabras: Jash y Mal. Jash significa “callar”, mientras que Mal significa “hablar”. En el Tanaj, respecto de las criaturas celestiales descritas por el profeta Iejezkel, nuestros sabios enseñan que “a veces callan y a veces hablan”, jashot-memalelot. Hay momentos en los que guardan silencio absoluto y otros en los que expresan el mensaje divino.

Esta idea describe con gran precisión una de las características psicológicas más interesantes de los nacidos bajo el mazal Sartán. Son personas capaces de pasar, con relativa facilidad, de un estado de gran comunicación a otro de profundo silencio. Es posible encontrarse con alguien nacido en este mes que ayer conversaba, hacía bromas y transmitía una enorme alegría, y al día siguiente aparezca completamente reservado, sin deseos de hablar y necesitando permanecer consigo mismo.

Muchas veces quienes lo rodean se sorprenden e intentan averiguar qué ocurrió. Sin embargo, en la mayoría de los casos no sucedió nada especial. Simplemente atraviesa uno de esos momentos de recogimiento interior que forman parte de su naturaleza. Si intentamos presionarlo para que hable, probablemente no obtendremos ningún resultado. Lo más conveniente es esperar con tranquilidad, porque ese estado pasará por sí solo, ya sea después de algunas horas o de algunos días.

La astrología general atribuye esta característica a la influencia de la Luna, cuyas fases cambian continuamente. Así como la Luna crece y disminuye, también las emociones de quienes nacieron bajo este signo experimentan cambios naturales. La Cabalá expresa la misma idea mediante la palabra Jashmal: hay tiempos de silencio y tiempos de palabra.

Por eso, quienes conviven con personas nacidas en Tamuz deben comprender que estos cambios de ánimo, callan, se cierran, no necesariamente indican que exista un problema. Forman parte de su constitución emocional. Puede ocurrir que una persona extremadamente conversadora y alegre necesite, de repente, retirarse a su mundo interior y disfrutar de la tranquilidad. No hay motivo para alarmarse; simplemente está viviendo el aspecto de Jash, el tiempo del silencio. Más adelante volverá naturalmente al aspecto de Mal, el tiempo de la comunicación.

Jakiká (חקיקה): la fuerza de grabar las cosas en el alma

El Maorei Or presenta luego otro significado de la letra Jet: Jakiká, “grabado” o “inscripción”.

Existe una gran diferencia entre escribir algo sobre una hoja de papel y grabarlo sobre una piedra. La escritura puede borrarse o desaparecer; el grabado, en cambio, forma parte del propio material. Ya no es un elemento agregado desde afuera, sino que queda integrado en su misma esencia.

Esta imagen representa otra característica muy marcada del mazal Sartán. Se trata de la capacidad de permanecer durante mucho tiempo concentrado en un mismo objetivo, insistiendo una y otra vez hasta lograr dejar una huella permanente. Es como quien trabaja pacientemente sobre una roca hasta conseguir grabar en ella la forma deseada.

No todos poseen esa capacidad. Muchas personas abandonan un proyecto cuando encuentran los primeros obstáculos. En cambio, el nacido bajo este mazal puede continuar golpeando el mismo punto durante mucho tiempo, con paciencia y una extraordinaria perseverancia, hasta alcanzar finalmente el resultado esperado, que se grabe, se agujeree.

Podríamos compararlo con un martillo neumático que trabaja siempre sobre el mismo lugar. Golpea una vez, luego otra, y otra más. Desde afuera puede parecer una acción repetitiva, pero justamente esa constancia termina produciendo el cambio que parecía imposible.

Esta fuerza interior se manifiesta también en la vida espiritual. Cuando una persona toma una buena resolución, al día siguiente puede suceder que ya no tenga ganas de cumplirla. El intelecto comienza a ofrecer argumentos para abandonarla, las emociones cambian y desaparece el entusiasmo inicial. Sin embargo, quien posee la cualidad de Jakiká continúa adelante. Aunque no comprenda completamente el motivo, aunque no tenga deseos o no sienta inspiración, sigue actuando por Cabalat Ol, aceptación del yugo divino. Repite una y otra vez la misma acción correcta hasta que ésta queda verdaderamente grabada en su alma.

Aquí encontramos uno de los secretos del éxito de este mazal. Su capacidad para perseverar incluso cuando desaparece la motivación constituye una fuerza extraordinaria. Todos tenemos ideas, proyectos y momentos de inspiración, pero el verdadero éxito en cualquier ámbito depende de la constancia.

En el caso del nacido en Tamuz, esa constancia puede llegar a ser tan fuerte que continúa avanzando incluso cuando su propia lógica o sus emociones parecen decirle que abandone. Sigue adelante porque aprendió que los principios verdaderos no dependen del estado de ánimo del momento.

Naturalmente, como toda cualidad, también ésta puede presentar un aspecto menos positivo. Si la persona insiste en una dirección equivocada, puede desperdiciar tiempo y energías simplemente porque le cuesta abandonar aquello en lo que ya invirtió tanto esfuerzo. Sin embargo, prefiero destacar el aspecto constructivo de esta característica, ya que, correctamente orientada, constituye una de las mayores fortalezas para el crecimiento espiritual y personal.

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Jok (חוק): la fuerza de la aceptación del yugo

El Meorei Or continúa revelando nuevos significados de la letra Jet y presenta otra palabra fundamental: Jok (חוק), “estatuto” o “decreto”. Este concepto completa y profundiza las ideas anteriores, pues guarda una estrecha relación con la capacidad de mantenerse firme y perseverar.

En la Jasidut se explica que existen dos tipos de preceptos en la Torá: los mishpatim y los jukim. Los mishpatim son aquellas leyes cuya lógica puede ser comprendida por el intelecto humano, así explica Jasidut. Incluso si la Torá no las hubiera ordenado, el hombre podría reconocer por sí mismo que son necesarias para una sociedad justa. En cambio, los jukim son decretos divinos cuya razón trasciende nuestra comprensión. Se cumplen no porque los entendamos, sino porque Hashem así lo dispuso. Jok jakakti, guezará gazarti, ein reshut leorer alai.

Ésta es la esencia del concepto de Jok: “Así es, porque así debe ser”. No se trata de una obediencia ciega, sino de una adhesión profunda a una verdad que está por encima del razonamiento humano. Es la expresión más pura de la Kabalat Ol, la aceptación del yugo del Reino de los Cielos.

Esta actitud aparece con mucha fuerza en los nacidos bajo el mazal Sartán. Su manera de actuar muchas veces no depende del estado de ánimo ni de las explicaciones racionales del momento. Cuando consideran que algo es correcto, continúan haciéndolo con firmeza, aunque no tengan ganas, aunque estén cansados o aunque sus emociones les indiquen lo contrario.

Todos nosotros tenemos ideas, proyectos y buenos propósitos. Sin embargo, muchas veces nuestro entusiasmo inicial desaparece y comenzamos a buscar argumentos para abandonar aquello que nos habíamos propuesto. El nacido en Tamuz posee una herramienta muy poderosa para superar esos momentos: la capacidad de seguir adelante simplemente porque sabe que es lo correcto.

Esta cualidad aparece bajo múltiples formas en su personalidad. No siempre se manifiesta exactamente del mismo modo, pero el denominador común es esa enorme capacidad para permanecer fiel a un compromiso incluso cuando el intelecto o las emociones ya no lo sostienen.

Todos tenemos mucho que aprender de esta característica. La Kabalat Ol constituye uno de los pilares del crecimiento espiritual. Sin embargo, también aquí es necesario encontrar el equilibrio. Debe ejercerse en el momento adecuado y sobre aquello que realmente merece una entrega incondicional.

Jarishá (חרישה): la perseverancia y el desafío de la monotonía

El siguiente concepto que el Maorei Or asocia con la letra Jet es Jarishá (חרישה), el arado.

A primera vista podría parecer una imagen sencilla, pero encierra una profunda enseñanza acerca de la naturaleza humana. Pensemos en el trabajo del agricultor antes de la mecanización moderna. Debía recorrer el campo una y otra vez, avanzando en línea recta de un extremo al otro, girando al llegar al final y regresando nuevamente. Día tras día repetía exactamente los mismos movimientos.

El Talmud incluso menciona una curiosa enseñanza relacionada con quienes trabajaban arando la tierra. Durante la época del exilio existían restricciones respecto al uso de la música y las celebraciones, pero hubo casos en los que los sabios permitieron escuchar música a quienes realizaban este tipo de trabajo. ¿Por qué? Porque comprendían que una actividad tan repetitiva podía afectar el estado de ánimo de la persona, y la música ayudaba a elevar su espíritu.

Toda actividad monótona actúa, en cierta medida, en contra de la naturaleza del alma. El alma busca vida, creatividad, movimiento y renovación. Necesita variedad para mantenerse vital.

Hasta ahora hemos visto que el mes de Tamuz está representado por conceptos como la muralla, el grabado y el decreto. Todos ellos expresan estabilidad, permanencia y repetición. En otras palabras, describen una personalidad capaz de sostener durante mucho tiempo un mismo rumbo. Ésta es una virtud extraordinaria, pero también plantea un desafío: ¿cómo evitar que esa constancia se transforme en rutina vacía?

La respuesta consiste en introducir conscientemente elementos que renueven la vitalidad. Así como el agricultor encontraba alivio mediante la música, también el nacido bajo este mazal necesita incorporar a su vida momentos de alegría, encuentros con otras personas, cambios de ambiente y actividades que alimenten su entusiasmo.

Quizás por eso encontramos entre los nacidos en Tamuz a tantas personas con un gran sentido del humor. Muchas veces son quienes cuentan chistes, hacen reír a los demás y crean un ambiente agradable. Curiosamente, esa necesidad de provocar alegría en el entorno también constituye una forma de equilibrar su propia naturaleza, que tiende a la repetición y a la seriedad.

Existe una conocida historia acerca de un zapatero profundamente deprimido que acudió al médico buscando ayuda. El médico le respondió: “Ve a ver al famoso payaso de la ciudad; seguramente él conseguirá hacerte reír”. El hombre respondió: “Doctor… ese payaso soy yo”.

Con frecuencia, quien hace reír a los demás también está buscando mantener viva su propia alegría interior.

Tikún: como ocurre con todas las cualidades, el mes de Tamuz posee tanto fortalezas como desafíos. La perseverancia y la constancia son virtudes extraordinarias, pero deben ir acompañadas de espacios de renovación. La persona necesita salir de vez en cuando de su rutina, compartir con otras personas, cambiar de ambiente y generar momentos de alegría que impidan que la repetición termine apagando la vitalidad del alma.

Éste es un consejo muy importante para los nacidos bajo el mazal Sartán: procurar vivir en un entorno alegre y, al mismo tiempo, convertirse ellos mismos en personas capaces de alegrar a quienes los rodean, cambiar de atmósfera. De ese modo, la extraordinaria fuerza de su perseverancia continuará siendo una fuente de crecimiento y de éxito, sin transformarse en rigidez o en melancolía, mará shjorá.

La forma de la letra Jet: el hogar y el vínculo con los padres

Además de analizar las palabras que comienzan con la letra Jet, los sabios también estudian la forma misma de la letra. Según la Cabalá y la Jasidut, la silueta de la Jet recuerda la entrada de una casa, una puerta de acceso.

Esta imagen encierra una enseñanza muy profunda. Cada persona tiene una “puerta” por la cual ingresa a la vida. Esa puerta son sus padres. El padre y la madre constituyen el primer mundo que el niño conoce, el ámbito donde recibe sus primeras impresiones, su educación, su seguridad emocional y las bases de toda su personalidad.

En realidad, esto es cierto para todos los seres humanos. Todos recibimos enormes influencias del hogar donde crecimos, del padre y la madre. Sin embargo, en el caso de los nacidos bajo el mazal Sartán, esa conexión es especialmente intensa. Son personas que conservan durante toda la vida un fuerte vínculo emocional con sus orígenes, el pasado. El pasado ocupa un lugar muy importante en su mundo interior, especialmente todo aquello relacionado con la familia, la infancia y el hogar.

Cuando hablamos del pasado, no nos referimos únicamente a los recuerdos en general, sino, ante todo, a la casa donde crecieron y a la relación con quienes los criaron. La Torá misma utiliza una expresión muy significativa cuando dice respecto a una joven: “La sacarán a la puerta de la casa de su padre”. La “puerta de la casa” representa el lugar donde comenzó su vida, el punto desde el cual salió al mundo.

La necesidad de recibir amor y contención

De aquí surge una enseñanza muy importante para la educación de los niños. Todos los hijos necesitan amor, afecto y contención. Sin embargo, los niños nacidos bajo el mazal Sartán necesitan estas manifestaciones de cariño en una medida aún mayor.

El amor que reciben durante la infancia se convierte para ellos en una especie de combustible que los acompañará durante toda su vida. Cuanto más sólida sea esa base afectiva, mayor será la fortaleza emocional con la que enfrentarán los desafíos futuros.

Por eso, cuando conocemos la naturaleza particular de un niño, también comprendemos cuáles son sus necesidades específicas. En el caso de los nacidos en Tamuz, nunca debemos ser mezquinos con el afecto. El calor del hogar no los debilita; por el contrario, les proporciona la seguridad interior que necesitarán para desarrollarse plenamente.

Es cierto que, en algunos casos, un exceso de protección podría producir ciertos efectos negativos. Sin embargo, en términos generales, el beneficio a largo plazo es mucho mayor. El cariño recibido durante los primeros años construye una personalidad fuerte y estable.

El fuerte apego a la familia

Esta conexión con el hogar también se manifiesta en la vida adulta. Un hombre nacido bajo el mazal Sartán suele mantener un vínculo especialmente profundo con sus padres, y particularmente con su madre. La figura materna ocupa un lugar muy importante en su mundo emocional.

Por eso, quien forme una familia con una persona nacida en este mes debe comprender que ese lazo no desaparecerá con el matrimonio. No se trata de algo negativo, sino simplemente de una característica propia de su naturaleza.

Una historia relacionada con uno de los grandes decisores halájicos del siglo XX, Rabí Shlomó Zalman Auerbach, de Ierushalaim, quien nació, según una de las tradiciones, durante el mes de Tamuz.

En cierta ocasión, un joven de ieshivá acudió a consultarlo. Su madre era viuda y ya anciana, y él había tomado una decisión muy firme: cuando se casara, ella viviría con él en su casa. No pensaba enviarla a un hogar de ancianos.

Como era una persona honesta, planteaba esta condición desde el primer encuentro con cada candidata al matrimonio. Les explicaba claramente que como condición, después de casarse, su madre tendría una habitación en la casa. Era una mujer tranquila y no causaría problemas, pero ésa era una condición innegociable. Como era de esperar, muchas jóvenes no aceptaban esa propuesta, y una tras otra rechazaban continuar la relación. Finalmente, el muchacho fue a pedir consejo a Rabí Shlomó Zalman Auerbach.

El rabino le respondió:

—Tú tienes razón. No renuncies a ese principio. Sigue buscando hasta encontrar una mujer que acepte esa condición.

Después de un tiempo, el joven encontró efectivamente a una mujer que estaba dispuesta a recibir a su suegra en el hogar.

Entonces ocurrió algo inesperado.

Al día siguiente del compromiso, Rabí Shlomó Zalman volvió a llamarlo y le dijo:

—Ahora comienza a preparar poco a poco a tu madre para que acepte trasladarse a un hogar de ancianos.

El joven quedó completamente desconcertado.

—Rabí, ¿cómo puede ser? Antes me dijo que no renunciara jamás a esta condición, y ahora me dice exactamente lo contrario.

Rabí Shlomó Zalman le explicó:

—Una mujer que no estuviera dispuesta siquiera a considerar vivir con tu madre demuestra que no posee la sensibilidad adecuada. Pero una vez que encontraste a una mujer con ese corazón y esa disposición, ya sabemos que has elegido correctamente. Ahora la convivencia permanente puede resultar muy difícil para ambas, y será mejor buscar otra solución.

Más allá del aspecto práctico de la historia, el ejemplo refleja perfectamente la enorme importancia que el nacido en Tamuz concede a la familia y a los padres. Esa fidelidad hacia el hogar forma parte de su personalidad más profunda.

La nostalgia como rasgo característico

Quien desee conversar agradablemente con una persona nacida bajo el mazal Sartán descubrirá muy pronto cuáles son sus temas favoritos: los recuerdos de otros tiempos, las historias familiares, las costumbres antiguas y la nostalgia.

Hablar del pasado despierta en ellos un interés muy especial. Disfrutan recordando cómo eran las cosas antes, cómo vivían sus padres o sus abuelos, las antiguas tradiciones familiares y los relatos de generaciones anteriores.

La nostalgia no constituye para ellos una simple curiosidad histórica; es una forma de volver a conectarse con la fuente de su propia identidad. Por eso suelen disfrutar especialmente de los relatos del pasado, de las fotografías antiguas, de las historias familiares y de todo aquello que conserva el perfume de otras épocas.

Jaiut (חיות): la fuerza vital y el entusiasmo

El Meorei Or añade un nuevo significado para la letra Jet: Jaiut (חיות), “vitalidad” o “fuerza de vida”. Este concepto describe una energía interior muy intensa, una personalidad llena de dinamismo, entusiasmo y capacidad para influir sobre quienes la rodean.

No todos los nacidos bajo este mazal manifiestan esta cualidad con la misma intensidad, pero todos poseen el potencial de despertarla. Cuando encuentran una causa que los apasiona, desarrollan una fuerza extraordinaria y son capaces de transmitir ese entusiasmo a muchas otras personas.

Sin embargo, aquí aparece una pregunta importante: ¿qué significa realmente tener “jaiut”? La vitalidad no consiste simplemente en ser activo o en tener mucha energía física. Muchas veces surge de un ideal profundamente arraigado. Cuanto más fuerte es el ideal que impulsa a una persona, mayor es la vitalidad que despierta en ella.

En ocasiones esa intensidad puede llegar incluso a convertirse en una forma de extremismo. Esto no significa necesariamente algo negativo. Toda virtud llevada al exceso puede desequilibrarse, pero esa misma intensidad, bien dirigida, permite realizar obras extraordinarias.

Matitiahu Gelman: un ejemplo de liderazgo apasionado

Como ejemplo de esta cualidad, el rabino menciona la figura de Matitiahu Gelman (Hashem ikom damó), uno de los dirigentes religiosos de la resistencia judía durante el levantamiento del Gueto de Varsovia.

Su historia resulta sorprendente. Durante su juventud creció completamente alejado del judaísmo observante, creció en una casa completamente desconectada de todo judaísmo. En la Polonia de aquella época recibió una educación secular y sobresalió extraordinariamente en literatura, siendo uno de los estudiantes más destacados del colegio, luego de su ciudad.

Sin embargo, alrededor de los veinte años experimentó una transformación radical. Llegó por iniciativa propia, vestido todavía con el uniforme de la escuela de gimnacia, a la corte jasídica de Gur y decidió convertirse en jasid.

No fue un cambio superficial. Recuperó en pocos años todo el conocimiento de Torá que le faltaba, estudiando con una voluntad de hierro, hasta convertirse en uno de los líderes más respetados entre los jasidim, comandir.

Durante la ocupación nazi encabezó uno de los grupos religiosos que se negaban sistemáticamente a obedecer las órdenes de los alemanes, el líder de la rebelión. Si los nazis exigían registrarse para recibir alimento, él respondía que no. Si ordenaban afeitarse la barba, se negaba. Si imponían nuevas restricciones, permanecía firme en su posición. Cientos de jóvenes lo siguieron gracias a la enorme fuerza de convicción que transmitía.

En el Gueto de Varsovia aquellos seguidores eran conocidos como los matovitzes, “los jasidim de Matitiahu”. Más tarde incluso se escribió un libro acerca de ellos titulado “Los que no se rindieron”. El propio Matitiahu murió durante la guerra, en circunstancias que nunca quedaron completamente esclarecidas.

Lo que impresiona de su personalidad es la intensidad de su determinación. Cuando decidía hacer algo, parecía no conocer obstáculos. Si quería salir del gueto para cumplir determinadas misiones siempre encontraba la manera de regresar. Nadie lograba comprender cómo lo conseguía. Tenía sus propios métodos, pero, sobre todo, poseía una voluntad fuera de lo común.

Éste es un ejemplo muy claro de la enorme jaiut, la fuerza vital que puede caracterizar al nacido bajo el mazal Sartán cuando encuentra una causa por la cual vivir. Carisma.

Una personalidad intensa y carismática

El rabino menciona también otra figura conocida: Rabí Meir Kahana (Hashem ikom damó). Sin entrar en cuestiones políticas, lo presenta únicamente como ejemplo de una personalidad extremadamente intensa.

Se trataba de un hombre con una enorme capacidad para despertar entusiasmo en quienes lo escuchaban. Viajaba de un lugar a otro pronunciando discursos llenos de energía, movilizando multitudes y manteniéndose fiel a sus ideales a pesar de las dificultades, de la cárcel e incluso de la pérdida de su ciudadanía estadounidense.

Más allá de que una persona comparta o no sus posiciones, el rabino destaca el estilo de personalidad que representa: alguien que permanece completamente identificado con su objetivo y es capaz de transmitir esa convicción a los demás.

La jaiut produce precisamente ese efecto. Cuando nace de una convicción profunda, se convierte en una fuerza contagiosa que inspira a otras personas. Hay otra que proviene del lugar en donde me encuentro.

Naturei Karta, el rav Amram Bloi fue el que creó el movimiento. Lo encarcelaron, no lo conmovía para nada.

La vitalidad necesita equilibrio

Sin embargo, toda gran virtud exige equilibrio. Una vitalidad excesiva puede conducir al fanatismo o al desgaste. El entusiasmo es indispensable para transformar la realidad, pero debe estar guiado por la sabiduría.

Existen personas cuya energía nace de un profundo trabajo interior, mientras que otras dependen constantemente del entusiasmo del momento o de estímulos externos. El objetivo no es vivir permanentemente en una exaltación emocional, sino desarrollar una fuerza estable que permanezca también cuando desaparece la emoción inicial.

Por eso, la enorme intensidad propia del mazal Sartán debe orientarse hacia ideales verdaderamente elevados. Cuando esa energía se dirige al servicio de Hashem, al estudio de la Torá, al crecimiento espiritual o al bien de los demás, puede convertirse en una fuerza extraordinariamente constructiva. Pero si se orienta hacia objetivos equivocados o pierde el equilibrio, esa misma intensidad puede terminar perjudicando tanto a la persona como a quienes la rodean.

La enseñanza práctica es clara: el nacido bajo este mazal posee un enorme potencial de liderazgo y de influencia. Cuanto más purifique las motivaciones que alimentan su entusiasmo, más bendición podrá aportar al mundo.

El sentido del mes: la vista

Cada uno de los doce meses del año posee un sentido particular del alma. El sentido correspondiente al mes de Tamuz es el sentido de la vista.

¿Qué significa realmente ver? Ver no consiste únicamente en mirar con los ojos. La vista posee una capacidad única: permite captar una imagen completa de manera instantánea. Mientras que el oído recibe la información de forma gradual, palabra tras palabra, la vista percibe el conjunto de una sola vez. Como suele decirse: “Una imagen vale más que mil palabras.”

Por eso la vista está relacionada con la rapidez para captar una situación, comprender un panorama completo y reconocer inmediatamente las conexiones entre las distintas partes de una realidad.

Pero esta cualidad posee otra consecuencia muy importante: la memoria.

El Alter Rebe escribe, en el maamar “Vehadarta Penei Zaken”, (es un precepto bíblico fundamental que proviene del libro de Levítico (Vayikrá 19:32). La frase completa dice: “Ante las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y temerás a tu Dios. Yo soy el Señor.”) que la jojmá es el cerebro de la memoria. La vista pertenece a la sefirá de Jojmá, y la Jojmá está íntimamente relacionada con la capacidad de recordar.

Por ello, muchos nacidos en Tamuz poseen una memoria extraordinaria.

Los distintos niveles de memoria

No todas las memorias son iguales. Hay personas que recuerdan perfectamente una idea general, aunque no puedan repetir exactamente las palabras que escucharon. Otras recuerdan determinados conceptos clave y, a partir de ellos, reconstruyen el resto del contenido.

Sin embargo, existe un tipo de memoria mucho más excepcional: la memoria fotográfica, capaz de recordar las palabras mismas, exactamente como fueron vistas. Estos son de Sartán.

El gran gaón Rabí Pinjas Hirschprung, uno de los genios más extraordinarios del siglo pasado. Cuando tenía apenas dieciséis años ya conocía de memoria todo el Talmud Babilónico y el Talmud de Jerusalén, junto con Rashi y Tosafot, palabra por palabra de memoria. Su dominio era tan extraordinario que fue designado examinador de los alumnos de la famosa Ieshivá Jajmei Lublin.

Los estudiantes acudían a rendir examen sobre doscientas páginas del Talmud que en total tiene 2700, y él no necesitaba abrir ningún libro, les decía sobre qué 200 páginas quieres que examinarte. Escuchaba las preguntas y respondía inmediatamente, citando literalmente los textos sin abrir la guemará.

Quienes estudiaron con él contaban que era posible mostrarle cualquier página de la Guemará y preguntarle, por ejemplo, cuántas veces aparecía determinada palabra en toda la página. Él respondía al instante. Si luego se le preguntaba cuántas veces aparecía únicamente en el comentario de Rashi o solamente en Tosafot, también respondía inmediatamente, sin necesidad de mirar el texto.

Se trataba de un tipo de memoria casi imposible de comprender. No necesitaba reconstruir mentalmente la página: simplemente la veía delante de sus ojos. Éste es un ejemplo extremo de la relación entre la vista y la memoria. Naturalmente, no todos los nacidos en Tamuz poseen semejante capacidad, pero sí suelen compartir una importante facilidad para recordar imágenes, situaciones y detalles visuales.

La vista como expresión de la jojmá

La vista pertenece espiritualmente a la sefirá de Jojmá. La Jojmá no analiza lentamente como lo hace la Biná, sino que capta una realidad completa en un solo instante. Primero aparece la visión general y sólo después comienza el análisis.

Por eso muchas personas nacidas bajo este mazal comprenden rápidamente aquello que tienen delante. Captan con facilidad el cuadro completo y conservan durante mucho tiempo esa imagen en su memoria.

Cada persona debe desarrollar el sentido que Hashem le concedió con mayor intensidad. Quien posee una memoria visual fuerte debe utilizarla para el estudio de la Torá, para fijar imágenes de santidad en su mente y para fortalecer su capacidad de recordar el aprendizaje.

La tribu de Reuvén

Según una de las opiniones, especialmente la del Arizal, la tribu correspondiente al mes de Tamuz es Reuvén. No es casualidad que exista esta relación. El propio nombre Reuvén proviene de la raíz “reíá”, “ver”. La esencia de esta tribu está vinculada precisamente con la capacidad de percepción.

La Torá nos muestra este rasgo en un episodio muy conocido. Cuando los hermanos planearon matar a Iosef, fue Reuvén quien logró contemplar la situación desde una perspectiva más amplia. Mientras los demás estaban concentrados únicamente en el conflicto inmediato, él comprendió las consecuencias que aquello tendría para su padre, Iaakov.

Su visión era más abarcadora. Ésta es una de las grandes virtudes del sentido de la vista: la capacidad de contemplar toda la realidad antes de actuar. Sin embargo, la misma cualidad también puede presentar un peligro.

La visión correcta y la visión equivocada

Ver rápidamente una situación constituye una gran ventaja… siempre que la percepción sea correcta.

La historia de los espías constituye un ejemplo muy claro. Los espías recorrieron la Tierra de Israel precisamente durante el mes de Tamuz. Observaron el país, analizaron la situación y llegaron rápidamente a una conclusión. El problema no fue que vieran, el problema fue que interpretaron incorrectamente lo que estaban viendo. Su visión era rápida, pero estaba distorsionada.

Por eso la rapidez para percibir una situación debe ir siempre acompañada de claridad espiritual. Cuanto más veloz sea nuestra comprensión, mayor debe ser también nuestro cuidado para no sacar conclusiones equivocadas.

Ésta es una enseñanza muy importante para los nacidos bajo el mazal Sartán. Poseen una notable capacidad para captar rápidamente una situación, pero precisamente por ello deben aprender a verificar si la interpretación que hicieron corresponde verdaderamente a la realidad.

Una percepción clara puede conducir a decisiones extraordinarias. Una percepción torcida, en cambio, puede hacer que una persona se equivoque con la misma rapidez con que comprendió la situación. Tener memoria no significa genialidad o comprensión profunda.

El órgano del mes: la mano derecha

Además del sentido de la vista, el Sefer Ietzirá enseña que cada mes está asociado con un órgano específico del cuerpo. El órgano correspondiente al mes de Tamuz es la mano derecha.

A primera vista podría parecer una simple correspondencia simbólica, pero la Cabalá explica que cada órgano expresa una determinada forma de actuar en el mundo. La mano es el instrumento de la acción. Con ella construimos, escribimos, sostenemos, damos y también recibimos. Es el órgano mediante el cual transformamos nuestras ideas en hechos concretos.

La mano derecha representa especialmente la acción consciente y dirigida. No basta con ver correctamente una realidad; también es necesario actuar de la manera adecuada. La visión debe conducir a la acción.

Precisamente por eso el sentido de la vista y la mano aparecen juntos en este mes. Primero la persona contempla la realidad y luego actúa sobre ella.

La importancia de transformar las ideas en hechos

Existen personas con una gran capacidad intelectual que comprenden muchas cosas, pero tienen dificultad para llevarlas a la práctica. Otras, en cambio, actúan constantemente sin detenerse a pensar.

La Torá busca unir ambas dimensiones. Primero debe existir una visión correcta de la realidad; después esa visión debe expresarse mediante acciones concretas.

El nacido bajo el mazal Sartán posee un enorme potencial para realizar esta unión. Gracias a su perseverancia, puede transformar una idea en un proyecto duradero. No se conforma con entusiasmarse durante unos pocos días, sino que es capaz de continuar trabajando hasta materializar aquello que se propuso.

Cuando esa fuerza está orientada hacia la santidad, la persona se convierte en alguien que construye, sostiene y desarrolla proyectos durante muchos años.

La mano que da

La mano derecha está asociada, en toda la Torá, con la bondad y la generosidad. No es casualidad que la mayoría de las mitzvot relacionadas con dar se realicen preferentemente con la mano derecha. La derecha simboliza el jesed, la expansión, la bendición y la entrega.

Sin embargo, en el caso del mes de Tamuz aparece un aspecto muy interesante.Ya vimos que el nacido bajo este mazal suele proteger cuidadosamente aquello que considera valioso. Así como una muralla protege una ciudad, también él protege a su familia, sus ideales y sus afectos. Cuando ama verdaderamente a alguien, no expresa ese amor únicamente con palabras. Lo hace mediante hechos concretos. Ayuda, sostiene, acompaña y se hace responsable.

Su manera de demostrar cariño suele ser práctica antes que verbal. Muchas veces no necesita decir constantemente cuánto quiere a una persona. Prefiere expresarlo ocupándose de ella, resolviendo sus problemas y estando presente cuando hace falta.

La acción perseverante

La mano también representa el trabajo constante. Todos somos capaces de realizar un gran esfuerzo durante un día. Lo difícil es mantener ese esfuerzo durante meses o durante años.

Aquí vuelve a aparecer una de las principales virtudes del mazal Sartán: la perseverancia. La mano trabaja hoy, mañana y pasado mañana. Repite la misma tarea una y otra vez hasta completar la obra. En realidad, todas las grandes construcciones del mundo fueron realizadas de esta manera. Ningún edificio se levanta en un solo día. Piedra tras piedra, ladrillo tras ladrillo, el trabajo constante termina produciendo resultados extraordinarios.

Así sucede también con el crecimiento espiritual. Nadie alcanza un elevado nivel de Torá estudiando intensamente durante una sola semana. Tampoco una persona adquiere buenas cualidades mediante un único acto heroico. El verdadero crecimiento surge de miles de pequeñas acciones repetidas diariamente. Éste es precisamente uno de los mayores regalos que Hashem concede a quienes nacieron bajo este mazal: la capacidad de continuar trabajando cuando otros ya se cansaron.

Construir sin endurecerse

Sin embargo, toda fortaleza necesita equilibrio. La mano puede construir, pero también puede aferrarse demasiado. Así como vimos que la muralla puede transformarse en rigidez cuando deja de cumplir su función protectora, también la mano puede cerrarse y negarse a soltar aquello que ya no corresponde conservar.

Por eso el trabajo espiritual del mes de Tamuz consiste en aprender a distinguir entre la perseverancia y la obstinación. Perseverar significa mantenerse firme en la verdad. Obstinarse significa permanecer aferrado a una idea simplemente porque cuesta reconocer que ya no es correcta. La diferencia entre ambas actitudes es enorme. La perseverancia nace de la fidelidad a Hashem. La obstinación nace del orgullo.

Cuando la persona mantiene esta claridad, la mano derecha se convierte verdaderamente en un instrumento de bendición: una mano que construye, ayuda, sostiene y acerca el mundo un poco más al propósito para el cual fue creado.

Tienes razón. Ese formato quedó demasiado fragmentado. Lo reescribo con el estilo que venimos usando para el libro, en prosa continua, con párrafos desarrollados y sólo subtítulos cuando cambia el tema.

 La combinación del Nombre de Hashem correspondiente al mes de Tamuz

Cada uno de los doce meses del año posee una combinación particular del Nombre de cuatro letras de Hashem (el Tetragrámaton). En el mes de Tamuz la combinación es ה־ו־ה־י (Hei–Vav–Hei–Iud), aprendida del versículo pronunciado por Hamán: וכל זה איננו שוה לי” – “Y todo esto no me vale de nada” (Ester 5:13).

A primera vista resulta extraño que precisamente una frase de Hamán represente la energía espiritual del mes. Sin embargo, cuando analizamos el estado interior del personaje comprendemos la enseñanza. Hamán había alcanzado prácticamente todo aquello que un ser humano puede desear: riqueza, honor, poder y prestigio. Todo el imperio persa estaba sometido a su autoridad. Sin embargo, había un solo hombre que no se inclinaba ante él: Mordejai. Esa única carencia anulaba, a sus propios ojos, todo lo demás. “Todo esto no me vale de nada mientras vea a Mordejai sentado a la puerta del rey”.

Esta actitud refleja una característica muy propia del mes de Tamuz. Cuando una persona concentra toda su voluntad en un objetivo determinado, puede llegar a experimentar que, mientras no alcance esa meta, todo lo demás pierde importancia. Posee muchas bendiciones, muchos logros y muchas satisfacciones, pero siente que todavía le falta aquello que se propuso conquistar. Esa enorme capacidad de concentración constituye una gran fortaleza, aunque también puede transformarse en un peligro cuando la persona pierde la capacidad de valorar todo lo bueno que ya posee.

La sefirá del mes: Nétzaj

La sefirá correspondiente al mes de Tamuz es Nétzaj, atributo que en la Cabalá no significa únicamente “victoria”, sino también perseverancia, constancia y capacidad de mantenerse firme hasta alcanzar el objetivo. Quien posee una fuerte cualidad de Nétzaj no abandona fácilmente aquello que comenzó. Aunque aparezcan obstáculos, dificultades o fracasos temporales, continúa avanzando con una paciencia casi inagotable.

Esta característica armoniza perfectamente con todas las cualidades que hemos visto anteriormente: la muralla, el grabado en la piedra, el decreto inquebrantable, la aceptación del yugo y la perseverancia. Todas ellas expresan una misma fuerza interior: la capacidad de sostener una decisión durante mucho tiempo sin dejarse vencer por el cansancio o por los cambios de ánimo.

Precisamente por ello muchas personas nacidas bajo el mazal Sartán alcanzan logros extraordinarios. No necesariamente porque sean más inteligentes que los demás, sino porque poseen la capacidad de continuar cuando otros ya abandonaron. Esa perseverancia les permite realizar proyectos largos, superar dificultades y mantenerse fieles a sus ideales durante años.

Sin embargo, la misma fuerza necesita equilibrio. Existe una diferencia muy grande entre perseverar en un objetivo importante y convertir cualquier discusión en una batalla personal. Cuando el deseo de vencer se descontrola, incluso asuntos pequeños pasan a ser cuestiones de orgullo. La persona siente que siempre debe tener la última palabra o demostrar que tiene razón. En ese momento la virtud deja de construir y comienza a generar conflictos.

Por eso el verdadero trabajo espiritual consiste en conservar toda la fuerza de Nétzaj, pero aprender al mismo tiempo cuándo conviene ceder, cuándo corresponde cambiar de estrategia y cuándo la verdadera victoria consiste precisamente en renunciar al enfrentamiento.

La ruptura de las Tablas y el pecado del Becerro de Oro

No es casualidad que precisamente en el mes de Tamuz hayan ocurrido dos de los acontecimientos más dramáticos de la historia de Israel: la ruptura de las Tablas de la Ley y el pecado del Becerro de Oro. En la Cabalá ambos hechos constituyen un mismo proceso espiritual y contienen una enseñanza muy profunda para quienes nacieron bajo este mazal.

Surge entonces una pregunta. Si Tamuz representa precisamente la perseverancia y la firmeza, ¿cómo pudo producirse un pecado tan grave durante este mes? La respuesta es que muchas veces Hashem deposita en una persona la misma cualidad que necesita desarrollar para corregir su principal desafío espiritual.

¿Qué ocurrió con el pueblo de Israel que pecaron con el becerro? Moshé había anunciado claramente que regresaría después de cuarenta días. El pueblo, sin embargo, calculó mal el momento de su regreso. El problema comenzó con una percepción equivocada de la realidad. Interpretaron incorrectamente los hechos y concluyeron que Moshé ya no volvería.

Pero el verdadero error no consistió solamente en el cálculo. El error fue abandonar la confianza absoluta en las palabras de Moshé. Si hubieran utilizado correctamente la fuerza espiritual propia del mes de Tamuz, habrían seguido aferrándose una y otra vez a una sola idea: “Moshé dijo que volverá”. Aunque las apariencias parecieran demostrar lo contrario, aunque la incertidumbre aumentara y aunque todos comenzaran a desesperarse, debían permanecer firmes en la palabra recibida.

Aquí aparece un principio muy importante de la Cabalá: el remedio ya está oculto dentro de la propia deficiencia. La misma cualidad que faltó en el pecado del Becerro de Oro es la que puede corregirlo. La perseverancia que fue utilizada para sostener un razonamiento equivocado debía haberse dirigido a permanecer fieles a las palabras de Moshé.

Permanecer fieles a las instrucciones recibidas

Para explicar esta idea un ejemplo muy sencillo. Un comandante ordena a un soldado que custodia la entrada de una base militar: “No permitas entrar a nadie hasta que yo te lo ordene”. Poco tiempo después llega el Jefe del Estado Mayor. El soldado piensa que, tratándose de la máxima autoridad del ejército, seguramente puede abrirle la puerta. Sin embargo, cuando el comandante regresa lo sanciona inmediatamente.

El soldado protesta sorprendido: “¡Pero era el Jefe del Estado Mayor!”. El comandante responde: “¿Quién te dio la orden, él o yo? Yo te ordené que no dejaras entrar a nadie”.

Ésta es precisamente la enseñanza del mes de Tamuz. La verdadera fortaleza no consiste simplemente en ser obstinado, sino en permanecer fiel a la instrucción recibida cuando sabemos que proviene de una autoridad verdadera. Ésa era la prueba del pueblo de Israel. Si hubieran permanecido firmemente aferrados a las palabras de Moshé, sin dejarse confundir por las apariencias, nunca habrían construido el Becerro de Oro.

La enseñanza para nuestra vida es muy profunda. Muchas veces las circunstancias parecen indicar un camino diferente del que nos enseñó la Torá. Precisamente en esos momentos debemos fortalecer la capacidad de permanecer fieles a la verdad recibida, incluso cuando todavía no comprendemos completamente lo que está ocurriendo. Ésa es la expresión más elevada de la cualidad de Nétzaj y uno de los principales tikunim espirituales del mes de Tamuz.

El rasgo de Reuvén: la rapidez y el peligro de la precipitación

La tribu correspondiente al mes de Tamuz, según la opinión del Arizal, es Reuvén. La Torá describe su carácter con las palabras: פחז כמים” – “Impetuoso como las aguas” (Bereshit 49:4). Esta expresión revela uno de los desafíos característicos de este mes. (La frase «פַּחַז כַּמַּיִם אַל תּוֹתַר» (Pájaz kamáim al tótar) forma parte de las bendiciones (y reprimendas) que el patriarca Iaakov le da a sus hijos antes de morir. En este caso, se está dirigiendo a su primogénito, Reubén: מְדֻבָּר עַל רְאוּבֵן: «פַּחַז כַּמַּיִם אַל תּוֹתַר כִּי עָלִיתָ מִשְׁכְּבֵי אָבִיךָ אָז חִלַּלְתָּ יְצוּעִי עָלָה.» “Impetuoso como el agua, no tendrás la preeminencia, por cuanto subiste al lecho de tu padre; entonces lo profanaste; a mi estrado subió.” Iaakov compara la personalidad de Reubén con el agua que fluye de forma abrupta, acelerada y descontrolada (impetuosa). Debido a esa falta de autocontrol en un episodio del pasado (el incidente con Bilhá), Reubén pierde los privilegios que le correspondían por derecho de nacimiento como primogénito: el sacerdocio (Kehuná) y la realeza (Maljut). En el hebreo moderno, la expresión פחז כמים” se utiliza a veces como metáfora para describir a alguien sumamente impulsivo, inestable o que actúa con una prisa desmedida sin medir las consecuencias.

Hasta ahora vimos que los nacidos en Tamuz poseen una gran rapidez para percibir la realidad. Captan una situación casi instantáneamente, comprenden el panorama general y reaccionan con velocidad. Esa capacidad constituye una enorme ventaja, pero precisamente por ello también puede convertirse en un motivo de error.

Cuando una persona comprende las cosas con rapidez, existe la tentación de actuar inmediatamente, sin concederse el tiempo necesario para verificar si la conclusión a la que llegó es realmente correcta. Muchas veces el primer análisis resulta acertado, pero otras veces la velocidad misma impide considerar aspectos que todavía no fueron observados.

Por eso el rasgo de Reuvén sirve como advertencia. La rapidez es una gran virtud, siempre que vaya acompañada de reflexión. La percepción veloz debe transformarse luego en un juicio sereno. Quien aprende a combinar ambas cualidades posee una herramienta extraordinaria para la vida.

Muchos nacidos bajo este mazal aprenden muy rápidamente. Les basta leer unas pocas líneas para captar el contenido general de un texto. Comprenden con facilidad la estructura de una idea y rápidamente saben hacia dónde se dirige la explicación. Esa agilidad intelectual constituye una bendición, pero no reemplaza el análisis profundo. Comprender deprisa no significa necesariamente comprender en profundidad.

Para ilustrar esta idea recuerda una enseñanza del Alter Rebe. Cierta vez una persona se jactaba de tener caballos extremadamente veloces. El Alter Rebe le respondió: “Un caballo rápido también puede perderse rápidamente dentro del bosque”. El hombre contestó: “Pero también puede regresar más rápido”. El Alter Rebe sonrió y respondió: “Entonces… regresa”.

La enseñanza es muy clara. La velocidad, por sí sola no garantiza el éxito. Si el rumbo es correcto, la rapidez constituye una ventaja. Pero si la dirección es equivocada, cuanto mayor sea la velocidad, más lejos terminará alejándose la persona del objetivo. Por eso la verdadera sabiduría consiste en detenerse un instante antes de actuar y comprobar que el camino elegido es realmente el correcto.

El calor de Tamuz y la fuerza del entusiasmo

Tamuz es el mes en el que el sol alcanza uno de sus momentos de mayor intensidad. Es la época del gran calor del verano, y los maestros jasídicos ven en este fenómeno una expresión de la energía espiritual propia del mes.

El Shem MiShmuel, el Rebe de Sojaczow, explica que este calor simboliza el ardor interior, el entusiasmo y la pasión que caracterizan a Tamuz, dice que el cangrejo tiene la cualidad de asustar a las criaturas. La persona nacida bajo este mazal suele vivir con intensidad. Cuando abraza un ideal, lo hace con todo su corazón; cuando trabaja por un objetivo, pone en ello todas sus fuerzas. El problema aparece cuando ese fuego deja de estar contenido dentro de los límites adecuados.

Toda persona necesita entusiasmo para vivir. Sin calor interior nadie puede crear, construir ni crecer espiritualmente. El problema no es el fuego, sino el exceso de fuego. Un entusiasmo equilibrado ilumina. Un entusiasmo descontrolado termina quemando.

Por eso la Cabalá enseña que el verdadero trabajo espiritual consiste en aprender a canalizar esa enorme energía hacia objetivos santos, sin permitir que se transforme en fanatismo o en una pasión que consuma a la propia persona o perjudique a quienes la rodean.

Incluso la enfermedad llamada “cáncer” puede servir como una imagen simbólica para comprender esta idea. El Rebe explica que cada enfermedad tiene cierta carencia en el órgano, pero a diferencia de muchas otras enfermedades, el cáncer no representa una falta de crecimiento, sino precisamente un crecimiento excesivo. Las células continúan multiplicándose cuando ya deberían detenerse.

Desde luego, esta comparación es únicamente simbólica y no pretende establecer una relación entre la enfermedad y las personas nacidas bajo este mazal. Lo que enseña es un principio espiritual: incluso aquello que es bueno, cuando pierde toda medida, puede transformarse en algo destructivo.

Lo mismo ocurre con la vitalidad. La persona necesita entusiasmo, pasión y energía para servir a Hashem y realizar su misión en el mundo. Pero cuando esa energía deja de estar gobernada por la Torá y por el equilibrio interior, puede conducir a extremos perjudiciales. Mojel toives, no necesito tantos favores.

El tikún del mes consiste precisamente en conservar toda esa fuerza, toda esa perseverancia y toda esa capacidad de entrega, pero aprendiendo a mantenerlas siempre dentro del marco correcto. Así, el ardor propio de Tamuz deja de ser un fuego que consume y se convierte en una luz que ilumina el camino propio y el de quienes lo rodean.

 La idolatría llamada Tamuz

Existe otro aspecto relacionado con este mes que aparece mencionado en el libro del profeta Iejezkel. Allí se describe una antigua práctica idolátrica conocida con el nombre de Tamuz. El profeta contempla una escena en la que varias mujeres lloran por esa deidad pagana (Iejezkel 8:14), y los sabios de la Jasidut encuentran en este episodio una enseñanza muy profunda acerca de la psicología espiritual del mes.

Nuestros maestros explican que toda idolatría promete algún tipo de beneficio inmediato pero momentáneos. No significa que posea un poder verdadero, sino que seduce al ser humano ofreciéndole resultados rápidos y aparentemente tangibles. La persona siente que obtiene algo ahora mismo y, precisamente por ello, se deja arrastrar por aquello que sólo satisface una necesidad momentánea.

La diferencia entre el camino de la Torá y los caminos falsos consiste precisamente en esto. La santidad muchas veces exige paciencia. Requiere sembrar antes de cosechar, esforzarse antes de recibir el fruto y desarrollar una mirada capaz de contemplar el largo plazo. La idolatría, en cambio, promete satisfacción inmediata, aunque esa satisfacción sea pasajera y finalmente deje al ser humano vacío.

Ésta es una enseñanza muy importante para el mes de Tamuz. La enorme vitalidad que caracteriza a este mazal necesita dirigirse hacia objetivos permanentes y no dejarse seducir por aquello que produce una emoción intensa pero pasajera. La verdadera vida no siempre ofrece recompensas instantáneas, pero construye algo que permanece para siempre.

La búsqueda de la seguridad

Otro rasgo característico de muchos nacidos en Tamuz es su particular relación con el dinero y los bienes materiales. En términos generales, suelen administrar muy bien sus recursos. Tienen facilidad para ahorrar, organizar, invertir y conservar aquello que poseen. Muchas personas de este mazal llegan a destacarse precisamente por esa capacidad de manejo económico.

Sin embargo, la pregunta importante no es cuánto dinero posee una persona, sino dónde deposita su sensación de seguridad.

Desde una mirada superficial puede parecer que el dinero es la fuente de toda tranquilidad. Quien dispone de recursos económicos siente que tiene el futuro asegurado y que puede enfrentar cualquier dificultad. Pero la Torá enseña una perspectiva diferente. El dinero es una herramienta importante y necesaria, pero nunca constituye la verdadera fuente de la bendición.

La confianza auténtica proviene de Hashem. Los bienes materiales son únicamente uno de los instrumentos mediante los cuales Él hace llegar Su abundancia al mundo.

Cuando la persona olvida esta diferencia, corre el riesgo de convertir el dinero en un sustituto de la confianza en Dios. En cambio, cuando comprende que toda bendición procede finalmente del Creador, puede utilizar correctamente sus recursos sin quedar esclavizada por ellos.

Por eso el tikún de Tamuz consiste también en aprender a mirar más allá de la apariencia exterior. Lo importante no es solamente aquello que se puede contar o acumular, sino la fuente espiritual de donde proviene toda la abundancia.

La vida interior y la vida exterior

Esta idea resume buena parte del trabajo espiritual del mes. La persona puede vivir únicamente pendiente de aquello que impresiona a los sentidos, o puede aprender a descubrir la dimensión interior de la realidad.

Quien se queda solamente con lo exterior persigue constantemente aquello que parece producir satisfacción inmediata: el prestigio, el poder, el reconocimiento o la riqueza. En cambio, quien desarrolla una mirada interior comienza a descubrir que la verdadera plenitud nace del vínculo con Hashem, del cumplimiento de la Torá y de una vida construida sobre valores permanentes.

Precisamente porque los nacidos en Tamuz poseen una enorme fuerza de voluntad y una gran perseverancia, tienen también la capacidad de dirigir toda esa energía hacia metas muy elevadas. Cuando esa fuerza se orienta correctamente, pueden convertirse en personas extraordinariamente estables, fieles, responsables y capaces de construir proyectos duraderos que beneficien a muchas otras personas.

Conclusión

Al recorrer todas las enseñanzas del Sefer Ietzirá y de la Jasidut acerca del mes de Tamuz, descubrimos que todas ellas giran alrededor de una misma idea. La letra Jet, la muralla, el grabado en la piedra, el decreto, el arado, la perseverancia, la nostalgia, la memoria, la vitalidad, la vista, la sefirá de Nétzaj y la tribu de Reuvén expresan distintas facetas de una única cualidad interior: la capacidad de mantenerse firmemente unido a aquello que es verdadero.

Cuando esa fuerza se utiliza correctamente, permite construir una vida sólida, profunda y llena de fidelidad. Pero cuando pierde su equilibrio puede transformarse en rigidez, obstinación, fanatismo o apego excesivo a lo material.

El desafío espiritual del mes consiste, por lo tanto, en conservar toda esa inmensa fortaleza de carácter, pero guiándola siempre por la luz de la Torá. De ese modo, la perseverancia deja de ser una simple terquedad para convertirse en la capacidad de permanecer fiel a Hashem en toda circunstancia, aun cuando el camino resulte largo, difícil o exija paciencia.

Ése es, en definitiva, el gran secreto espiritual del mazal Sartán (Cáncer): transformar una voluntad inquebrantable en una fuerza constante al servicio de la santidad.


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