ABA, POR FAVOR, ESPERA

HISTORIAS JASIDICAS Y MAESTROS ESPIRITUALES

Rebetzin Freida Klotzker

La Rebetzin Freida nació en 5524, fue hija del Alter Rebe rabi Shneur Zalman de Liadi, (1764) y su madre fue la Rebetzin Sterna. El nombre Freida fue dado en honor a la tía abuela del Alter Rebe. Era sumamente querida por su padre, quien decía que su alma provenía del mundo masculino, pero que se había revestido de un cuerpo de mujer por una razón particular. Era una erudita y una mujer virtuosa, y escribió enseñanzas jasídicas que dirigía en forma de cartas a su hermano, el Mitler Rebbe.

Se casó con Rabi Eliahu Klotzker. Aproximadamente cinco meses después del fallecimiento de su padre, el 16 de Siván de 5573 (1813), dejó este mundo a la edad de cuarenta y nueve años. Fue enterrada en Haditch junto a su padre, como había deseado, y en su lápida se lee: «ni en la vida ni en la muerte, nunca se separaron».

Rabi Mordejai Yoel, de bendita memoria, tenía la costumbre de viajar al Ohel (el lugar de sepultura) del Alter Rebe en Haditch. En una ocasión, al salir del Ohel, el santo Rebe Najum (hijo del Mitler Rebe) le dijo: «Ven, vayamos a despedirnos. No en la ciudad, sino aquí con el encargado del Ohel; él tiene una habitación para nosotros».

Se sentaron juntos, y de postre comieron tortitas. Rabi Mordejai Ioel le dijo al Rebe Najum: “Quisiera preguntarle algo. ¿Cómo es que la tía Freidke fue enterrada aquí, junto al Alter Rebe?”.

Rabi Najum respondió: «Cuando el abuelo [el Alter Rebe] falleció, tuvieron que informar al padre [el Mitler Rebe]. Como es sabido, reunieron a todos los médicos de Kremenchug para este propósito, y, de hecho, tras recibir la noticia, permaneció inconsciente durante veinticuatro horas. Lo reanimaron y volvió a desmayarse, pero finalmente… el padre, con su gran inteligencia, se recompuso».

“La tía Freidke ya estaba débil de antemano, y tras el fallecimiento del abuelo, su salud empeoró aún más. Entonces la llevaron a ‘Siratine’ [un balneario] y allí permaneció.”

Cuando su salud empeoró mandó llamar a los jasidim de Kremenchug para que la visitaran. Al llegar, les pidió que tras su fallecimiento la llevaran a Haditch y la enterraran junto a su padre. Los jasidim no sabían qué hacer, aunque sabían que era muy valiosa para el Alter Rebbe, pero les preocupaba que tal vez no fuera apropiado enterrarla en el cementerio masculino. Finalmente, decidieron que ya verían qué hacer más adelante.

Pasaron varios días así y Freidke los llamó de nuevo. Su cama estaba en medio de la habitación, ella ya estaba vestida y les indicó que se colocaran a alrededor de la cama. Entonces empezó a decir: «Di-s mío, el alma que me has dado es pura…» y así sucesivamente hasta llegar a «y Tú me la quitarás en el futuro». Levantó sus diez dedos y exclamó: «Padre, espera, ¡aquí estoy en un instante!», y su alma partió.

[El narrador añadió: Cuando Rebe Najum contó estas últimas palabras un río de lágrimas brotó de sus ojos y cayó sobre las tortitas, hasta que ya no fueron comestibles.]

Los jasidim entendieron entonces que tras tal partida debían obedecer su petición. Sin embargo, aún persistía una ligera duda en sus corazones. Al llegar a un cruce, donde un camino conducía a Kreminitz y el otro a Haditch, dejaron que los caballos siguieran su propio camino. Y seguramente te resultará evidente, Mordejai Ioel, que los caballos tomaron el camino que llevaba a Haditch…

* * *

Cada Shabat, después de las oraciones, el Alter Rebe solía ir a ver a su hija, Freida, para exponerle un discurso jasídico. Pero a su hijo el Mitler Rebbe no le daba enseñanzas jasídicas con tanta frecuencia, para así aumentar su sed de escuchar las enseñanzas del Jasidut.

El Mitler Rebbe, que deseaba escuchar las palabras de su padre, se escondía en casa de su hermana cada vez que quería escuchar Torá, y en una ocasión le pidió que le solicitara a su padre que impartiera enseñanzas jasídicas sobre las cuatro vestimentas del sacerdocio.

Cuando llegó el Alter Rebe, ella le pidió esto y él accedió. Comenzó a explicar y, en sus palabras mencionó todas las vestimentas sacerdotales, pero no habló del cinturón. El Mitler Rebbe sintió que pronto el Alter Rebe se iría a casa y aún no había mencionado el cinturón, así que se quitó el suyo y lo arrojó a los pies de su hermana, para que ella lo recordara y le pidiera al Alter Rebe que también hablara de ello.

Cuando Freida vio el borde del cinturón, le dijo a su padre: “¡Todavía no me has contado nada sobre el cinturón!”.

El Alter Rebe le dijo: “Al parecer, tu hermano Dov se esconde debajo de tu cama y escucha la Torá… ¡Sal, Berel, sal!” Y no continuó…

***

En una ocasión, el Alter Rebe fue a impartir enseñanzas jasídicas a la Rebetzin Freida, y los jasidim deseosos de acercarse para escuchar sus palabras se treparon a los árboles que crecían alrededor de su casa. Cuando su padre, el Alter Rebe, se percató de esto, le dijo a su hijo el Mitler Rebe quien estaba presente durante la charla: «¿Quieren oír las últimas novedades? [¿Es decir, una enseñanza que aún no han escuchado?] ¿Por qué no estudian el Tania? ¡Les digo que con el Tania, uno puede convertirse en un jasid como Abraham, nuestro patriarca!».

“Dile a la Sabiduría: Tú eres Mi hermana”

La singular figura de la Rebetzin Freida es excepcional en muchos sentidos: una mujer erudita y profunda en una generación donde el estudio de la Torá era un dominio exclusivamente masculino, unida a su padre por un vínculo tan profundo que no podía vivir sin él, y él le transmitió enseñanzas que no transmitió a los jasidim, ni siquiera a su hijo y sucesor. Muchas veces, cuando el Mitler Rebe quería preguntarle algo a su padre, lo hacía a través de su hermana. Esto se alude en el versículo: «Dile a la sabiduría: Tú eres Mi hermana» (Proverbios 7:4).

¿Dónde podemos encontrar algo similar en las fuentes? Es interesante observar que en el Talmud de Jerusalén se encuentran numerosas referencias sobre este enfoque.

Rabi Iannai tuvo un hijo, Rabi Shimon, y se relata en el Talmud de Jerusalén (Beitzá 5:1) que dijo acerca de cierta ley: “No lo oí de mi padre, mi hermana me lo dijo en su nombre”. En el Talmud babilónico no hay un paralelo a esto, pero en nuestra historia sí lo hay; además, la opinión de Ben Azzai, de que las mujeres están obligadas al estudio de la Torá, se discute más extensamente en el Talmud de Jerusalén en el contexto de la mitzvá de hakhel – la reunión del pueblo al final de la festividad de Sucot, una vez cada 7 años; y por último, en el contexto del debate sobre el estudio de la Torá durante la impureza ritual, la baraita en el Talmud de Jerusalén (Berajot 3:4) establece que las mujeres que se encuentran en diversos estados de impureza ritual se les permite leer la Torá, así como estudiar y repetir el Midrash [de la Halajá ], y las leyes, y el Midrash” (en el Talmud babilónico, la baraita se refiere únicamente a los hombres).

Iguales en estatura

El estudio de la Torá por parte de las mujeres es un asunto mesiánico, que hemos tratado extensamente bajo el título de «La Tercera Revolución en el estudio de la Torá».[1] De hecho, para el público en general esta revolución surgió hace apenas unas décadas, pero en los hogares de los tzadikim jasídicos era un fenómeno relativamente común. El anterior Rebe de Jabad, el Rebe Raiatz, lo relata extensamente en su Libro de Memorias, y otras tradiciones narran historias de mujeres que conocían la ley judía en lugares donde estaba oculta incluso para el rabino del pueblo.

Esta perspectiva jasídica y del Talmud de Jerusalén está bien expresada en los escritos del santo Ari: Según el Arizal, la sefirá de reinado (maljut), que refleja la feminidad y a las mujeres, pasa por siete etapas de crecimiento hasta la llegada del Mesías.

Este crecimiento está específicamente vinculado a lo que en la jerga cabalística se conoce como la “personalidad” de Rajel, el aspecto de la feminidad que se expresa particularmente en la Tierra de Israel y, por lo tanto, se manifiesta con tanta claridad en el Talmud de Jerusalén. El Jasidut, aunque comenzó a desarrollarse en el exilio, aspiró desde sus inicios a la Tierra de Israel y se relacionó estrechamente con ella. Curiosamente, las enseñanzas jasídicas que la Rebetzin Freida escribió para su hermano abordan temas profundos sobre el Mesías y la Redención, así como el refinamiento del cuerpo físico en el futuro venidero.

Así escribe:

Incluso la carne alcanzará el nivel de verdadera anulación y postración interior, de modo que se disiparán las pantallas que la separan, como está escrito: “Y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne…”.

Según la Rebetzin Freida, quebrar el corazón de piedra se logra al contemplar la grandeza de Di-s hasta que uno se siente impulsado a amarLe y temerLe. Y todo esto es nuestra labor en este tiempo. Sin embargo, en el futuro está escrito: «Y la gloria de Di-s será revelada». Habrá una revelación de los 32 Senderos de la Sabiduría, llamados la «gloria de Di-s», y entonces «toda carne verá», literalmente, incluso la carne física merecerá alcanzar ese nivel de anulación de sabiduría denominado visión. Como dicen los sabios: «¿Quién es sabio? Aquel que ve lo que está surgiendo», de la nada al ser.

Esto significa que, con la llegada del Mesías, la verdad se verá con nuestros ojos físicos sin necesidad de contemplación ni estudio de textos compuestos de letras (que son llamados “piedras” en el Sefer Ietzirá, y su despertar es lo que se denomina un “corazón [hecho] de piedra [es decir, letras]”).

En efecto, la Rebetzin Freida escribe allí que en tiempos de exilio no hay posibilidad de alcanzar esto, pero por la historia de su fallecimiento parece que mereció, al igual que el Alter Rebe en su muerte, tener una visión real de su Padre Celestial.


[1] Busque “Cuarta Revolución” en dimensiones.org

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