¿POR QUÉ NECESITAMOS A LOS TZADIKIM?

Jasidut sobre la Parashá Behaalotjá

Con el Rav Itzjak Shapira

¿Qué pensaba Miriam sobre Moshé Rabenu? ¿Cómo las dificultades de la vida nos conectan con Hashem? ¿Y por qué necesitamos a los tzadikim?

Una enseñanza fundamental sobre una vida de conexión con Hashem, sobre el servicio divino dentro de la realidad cotidiana y sobre la relación entre santidad, separación y compromiso con el mundo.


Moshé Rabenu y Miriam la Profetisa dentro del alma

En nuestra parashá aprendemos acerca de Miriam y Aharón, quienes hablaron lashón hará sobre Moshé Rabenu:

“Y habló Miriam y Aharón contra Moshé a causa de la mujer cushita que había tomado”.

Miriam y Aharón hablaban del hecho de que, desde la entrega de la Torá, Moshé se había separado de su esposa. Desde aquel momento, Moshé Rabenu se elevó por encima de todas las necesidades del cuerpo y, como parte de ello, también se apartó de la vida conyugal.

Miriam y Aharón no veían esta conducta con buenos ojos. Se preguntaban:

“¿Acaso Hashem habló solamente con Moshé? ¿No habló también con nosotros?”

Ellos argumentaban que también eran profetas y que Hashem les hablaba, y sin embargo no se separaban de la vida matrimonial. ¿Por qué Moshé actuaba de manera diferente?

Antes de profundizar en el tema, observemos quién es la principal protagonista de esta crítica.

Del versículo:

“Y habló Miriam y Aharón”,

nuestros Sabios enseñan (como cita Rashi):

“Ella fue quien comenzó a hablar primero”.

La figura principal en la crítica a Moshé es Miriam.

El Moshé y la Miriam que hay dentro de cada uno

Todo judío posee dentro de sí una parte de Moshé Rabenu y una parte de Miriam la Profetisa.

Moshé Rabenu se eleva por encima de las necesidades corporales y de las dificultades humanas. Desde su adhesión a Hashem transmite que, cuando existe una verdadera conexión con Él, ninguna dificultad tiene importancia.

Moshé representa una conexión tan profunda con Hashem que no deja lugar a la angustia humana, porque esta queda anulada ante la presencia luminosa de Dios.

La relación de Moshé con Hashem se asemeja a una nube que lo envuelve: la realidad sigue existiendo a su alrededor, pero él está completamente unido a Hashem, por encima de toda circunstancia.

Así, cada uno de nosotros posee un punto interior semejante a Moshé: una conexión con Hashem que trasciende las dificultades de la realidad.

Por otro lado, cada judío también posee una dimensión semejante a Miriam.

Miriam contempla la forma en que Moshé se relaciona con Hashem y la cuestiona.

Ella observa que Moshé parece saltarse las necesidades humanas, los deseos y las dificultades, debido a su adhesión espiritual.


Miriam: encontrar a Hashem dentro de las dificultades

Según Miriam, Hashem desea que nos conectemos con Él precisamente a través de nuestras dificultades.

Los desafíos humanos no solo no interfieren con nuestra relación con Dios, sino que incluso la fortalecen, porque desarrollan nuestra dependencia de Él.

Las dificultades nos ayudan a permitir que Hashem habite dentro de nosotros.

También en nuestra alma existe un lugar donde encontramos a Hashem justamente a través de nuestras limitaciones y carencias.

Cuando una persona experimenta sus necesidades humanas y sus dificultades, percibe con más intensidad cuán esencial es la presencia de Hashem en su vida.

Entonces toda su relación con Él se vuelve más concreta, más real y más poderosa.

Ese es el sentido de las palabras de Miriam:

“¿Acaso Hashem habló solamente con Moshé? ¿No habló también con nosotros?”

Miriam sostiene que Hashem no se encuentra únicamente en quien trasciende la realidad, sino también dentro de quienes viven plenamente esa realidad y permiten que Él se manifieste en ella.


“¿Y por qué no tuvieron temor?”

Hashem escucha las palabras de Miriam y Aharón y responde inmediatamente.

Al analizar Su respuesta descubrimos algo sorprendente:

Hashem no rechaza el contenido de sus palabras.

Lo que les reprocha es:

“¿Y por qué no tuvieron temor de hablar contra Mi siervo, contra Moshé?”

La crítica divina es una sola:

Les faltó reverencia hacia Moshé Rabenu.

Hashem les enseña que no reconocieron la enorme distancia entre su nivel espiritual y el de Moshé.

Hashem no le dice a Miriam que está equivocada.

Por el contrario, acepta que las necesidades humanas y las dificultades ayudan a desarrollar una dependencia de Hashem y permiten que Él habite dentro de nosotros.

Sin embargo, le enseña que el nivel de Moshé es algo completamente distinto.

Sobre Moshé dice Hashem:

“Boca a boca hablo con él, claramente y no por enigmas; y contempla la imagen de Hashem”.

Moshé no necesita las dificultades de la realidad para sentir intensamente la presencia divina.

Él vive conectado directamente con la esencia de esa presencia.

No necesita apoyarse en las circunstancias para relacionarse con Hashem, porque su propia vida es una conexión permanente con Él.


¡Necesitamos a Moshé Rabenu!

Es cierto que Hashem desea una morada en los mundos inferiores.

Quiere revelarse precisamente dentro de nuestras dificultades y desafíos.

Sin embargo, debemos reconocer que toda nuestra capacidad de encontrar a Hashem dentro de las dificultades proviene de la dimensión representada por Moshé Rabenu.

Solo gracias a alguien que vive por encima de las limitaciones de la realidad podemos recibir la fuerza para encontrar a Hashem dentro de ellas.

Ese es el significado de la reprensión divina:

“¿Y por qué no tuvieron temor de hablar contra Mi siervo, contra Moshé?”

Sí, Hashem quiere habitar dentro de la realidad, pero eso solo es posible porque existe la figura de Moshé, que revela una conexión con Dios más allá de toda limitación.


La lepra de Miriam

Esto se expresa inmediatamente en los versículos siguientes.

Después de que Hashem reprende a Miri

am y Aharón, está escrito:

“Y la nube se apartó de sobre la Tienda, y he aquí que Miriam estaba leprosa como la nieve.”

La nube simboliza la presencia divina.

En el instante en que la nube se retira, Miriam queda afectada por la lepra.

Con ello Hashem le muestra cuánto necesita ella misma a Moshé Rabenu.

La conexión con Hashem que surge de las dificultades de la realidad necesita apoyarse en el tzadik que vive unido a Hashem independientemente de la realidad.

Cuando se rompe ese vínculo, la persona cae dentro de las dificultades mismas y deja de percibir la presencia divina en ellas.

Ese es el significado profundo de la lepra de Miriam: apenas se desconecta de Moshé, la dificultad invade su propio cuerpo.

Hashem le enseña que ama la conexión que nace desde la realidad y sus desafíos, representada por Miriam, pero que esa conexión no puede subsistir sin la dimensión representada por Moshé.


Enseñanza para nuestra vida

También dentro de cada uno de nosotros existen estas dos dimensiones.

Por un lado, la parte que busca a Hashem a través de las dificultades, las necesidades y las luchas de la vida.

Por otro lado, la parte que está unida a Hashem de manera simple, esencial e incondicional, más allá de cualquier circunstancia.

La enseñanza de la parashá es que la primera recibe su estabilidad y su fuerza de la segunda.

Solo cuando existe dentro de nosotros un punto de conexión absoluta con Hashem —el “Moshé interior”— podemos encontrarlo también en medio de los desafíos cotidianos.

Shabat Shalom.

Rav Itzjak Shapira
Beit Midrash Od Yosef Jai

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