El artículo que sigue está tomado del libro “LA UNIFICACIÓN DE LA TORÁ Y LA CIENCIA”, de Rabí Itzjak Ginsburgh, editado por Nir Menussi.
El propósito de este ensayo es brindar a los lectores una primera aproximación a los dos modelos principales de la Cabalá y el Jasidismo: el modelo de las cuatro letras del Nombre Havayá (י־ה־ו־ה) y el modelo de las diez sefirot cabalísticas. Estos modelos —estrechamente entrelazados entre sí, ya que el segundo constituye una expansión y desarrollo del primero— forman la columna vertebral de la dimensión interior de la Torá. Según la Cabalá, ellos subyacen tanto a las distintas estructuras conceptuales de la Torá como a las diversas estructuras de la naturaleza, incluyendo la propia estructura del alma humana.
Al acercarnos a las estructuras básicas de la Cabalá debemos recordar que, en cierto sentido, estamos asomándonos al taller secreto de la Creación. A pesar de su aparente simplicidad, se trata de sistemas conceptuales que encarnan la idea de “poco que contiene mucho”. Esta afirmación es válida respecto de toda la Torá, pero lo es aún más respecto de los conceptos fundamentales de su dimensión interior. Ni siquiera una vida entera de estudio puede agotar la amplitud y profundidad de los secretos que contienen.
Por ello, no debe desanimarnos la sensación de que “queda mucho más por descubrir” que seguramente dejará esta breve presentación. Lo que sigue no es más que un encuentro inicial con conceptos cuya comprensión real solo puede adquirirse mediante numerosos ejemplos de su aplicación.
Comenzaremos conociendo la estructura de las cuatro letras del Nombre Havaןá y luego presentaremos la estructura más desarrollada de las diez sefirot.
Las letras del Nombre Havayá
El Nombre Havaןá es la principal denominación del Santo, bendito sea, en el Tanaj, y el nombre considerado por la halajá como el más sagrado: י־ה־ו־ה.
Como sucede con los siete nombres sagrados de Dios, está prohibido borrarlo una vez escrito. Por esta razón, suele evitarse escribirlo completo y se emplean sustitutos como ה’, ד’, יי o הוי. Sin embargo, mientras que otros nombres divinos pueden pronunciarse en ciertos contextos —como durante la recitación de versículos o bendiciones—, el Nombre Havayá no debe pronunciarse nunca.
Cuando aparece en un versículo o una bendición, se lo sustituye por el Nombre de Adnut, pronunciando “A-donai”. Cuando se lo menciona de manera general, se acostumbra decir simplemente “HaShem” (“el Nombre”).
El único caso en que el Nombre Havayá era pronunciado públicamente era por el Cohen Gadol (Sumo Sacerdote) cuando el Templo estaba en pie. Solo la persona más sagrada, en el lugar más sagrado, podía pronunciar el Nombre más sagrado. (Los demás sacerdotes solían ocultar su pronunciación dentro de la Bendición Sacerdotal).[1]
Incluso al nombrar las cuatro letras del Nombre, se acostumbra alterar ligeramente su pronunciación, diciendo:
Yud – Kei – Vav – Kei
Uno de los nombres más conocidos del Nombre Havayá es “el Nombre de Cuatro Letras”, ya que está compuesto por cuatro letras. Este es también el significado de su denominación en el mundo cristiano, Tetragrammaton, palabra formada por los términos griegos tetra (“cuatro”) y gramma (“letra”).
Según la Cabalá, cada una de las cuatro letras del Nombre Havayá representa un conjunto específico de ideas, imágenes y cualidades. Juntas conforman el patrón más fundamental de toda la existencia.
Las cuatro letras reflejan los cuatro planos más básicos de la realidad, y las relaciones entre ellas vuelven a reproducirse dentro de cada uno de esos planos una y otra vez, de manera semejante a un fractal.
De acuerdo con la Cabalá, cualquier sistema complejo puede, mediante un suficiente grado de abstracción, comprenderse y organizarse a través del modelo de las cuatro letras del Nombre Havayá, de partes de él, de sus expansiones o de diversas combinaciones derivadas de él.
Con frecuencia, versículos como:
“He puesto a HaShem delante de mí constantemente” (Salmos 16:8)
o
“El secreto de HaShem es para quienes Le temen” (Salmos 25:14)
son explicados en la Cabalá y el Jasidismo como referencias no solo a Dios mismo, sino también a Su Nombre. Las letras del Nombre deben estar presentes ante los ojos de la persona creyente en todo momento, acompañadas por la aspiración y la plegaria de llegar a comprender los secretos que encierran.
Tres letras elegidas
Pasemos ahora a conocer esta estructura.
Las cuatro letras del Nombre Havayá son, en realidad, tres letras: י, ה, ו, ya que la segunda de ellas, la ה, vuelve a aparecer como la cuarta letra.
Estas tres letras se destacan porque pertenecen al grupo de las “madres de lectura” (imot ha-kriá), las letras א ה ו י. Estas letras tienen la particularidad de que no solo funcionan como consonantes, sino también como indicadores de vocales (vowels), es decir, letras que señalan la manera en que deben pronunciarse las consonantes.
La relación entre una consonante y una vocal es comparable a la relación entre materia y espíritu, o entre cuerpo y alma. Por ello, las letras אהו”י pueden considerarse, en cierto sentido, las letras más “espirituales” del alfabeto hebreo.[2]
Otro aspecto notable de este trío de letras, י־ה־ו, se relaciona con la forma que tienen en la escritura asiria (el alfabeto hebreo cuadrado utilizado actualmente). Si simplificamos sus formas, descubrimos que aluden a los tres conceptos más básicos de la geometría: punto, línea y plano (o, en el lenguaje de la Cabalá: punto–línea–superficie).
El concepto de plano simboliza toda realidad compuesta por múltiples dimensiones, dos o más.
- La letra י (Yud) es, en su forma más abstracta, un punto sin dimensiones. De hecho, es la única letra del alfabeto hebreo de la que puede decirse esto.
- La letra ו (Vav) es, en esencia, una línea unidimensional; también es única en este sentido entre las letras no finales.
- La letra ה (Hei), como todas las demás letras, ya requiere una superficie para poder ser dibujada.
Podría preguntarse: ¿por qué precisamente la letra ה fue elegida para representar a todas las formas multidimensionales dentro del Nombre Havayá?
Una posible respuesta es que, cuando reducimos la letra ה a su forma más esencial, descubrimos que contiene una alusión a las tres dimensiones del espacio:
- Su trazo horizontal superior representa la anchura.
- Su trazo vertical derecho representa la longitud.
- El pequeño punto o trazo separado de la izquierda inferior representa la profundidad, que se proyecta, por así decirlo, perpendicularmente al plano de la página y atraviesa su superficie.
De este modo, entre todas las letras bidimensionales, la ה se distingue porque simboliza la totalidad del espacio tridimensional del mundo, que constituye la expresión más inmediata y fundamental de la multidimensionalidad en nuestra experiencia cotidiana.[3]
Así, las tres letras del Nombre Havayá pueden entenderse como una progresión desde la máxima simplicidad hasta la expansión de la realidad:
י → Punto → Potencial absoluto
ו → Línea → Desarrollo inicial
ה → Espacio → Manifestación y multiplicidad
Esta secuencia constituye uno de los modelos fundamentales mediante los cuales la Cabalá describe el despliegue de la realidad desde la unidad simple hacia la diversidad del mundo creado.
Alabad a Yah (הללו י־ה)
Otra característica fundamental del Nombre Havayá es el hecho de que se divide claramente en dos mitades: las dos primeras letras, י־ה, que constituyen por sí mismas un Nombre sagrado (como en el versículo: “Mi fortaleza y mi canto es Yah”, Shemot 15:2), y las dos últimas letras, ו־ה. Examinemos primero las características del primer par de letras.
Las letras י y ה son opuestas y complementarias en dos aspectos distintos: en su forma y en su valor numérico (guematria).
Desde el punto de vista de la forma, la י es un punto no desarrollado que “flota” sobre el suelo (es la única letra suspendida en el aire), mientras que la ה se expande hasta convertirse en una superficie completa (o incluso un espacio, como se explicó anteriormente). Según este eje de comparación, la י encarna la existencia en potencia (potencialidad), mientras que la ה encarna su realización en acto (actualidad).
Desde el punto de vista numérico, el valor de la י es 10, número que representa un sistema completo (como los diez dedos de las manos), mientras que el valor de la ה es la mitad de ello, 5, número que representa un sistema parcial (como una sola mano). Según este eje, la י encarna una perfección estática, mientras que la ה encarna una parcialidad que aspira a la perfección.
Como puede verse, cada uno de estos ejes atribuye una ventaja a una letra y una carencia a la otra. Al combinarlos, resulta que la letra י representa una perfección potencial, mientras que la letra ה representa una parcialidad realizada. Puede compararse la י con un guion perfecto que jamás fue filmado, y la ה con una película que necesariamente no es perfecta y expresa solo una interpretación parcial del guion, pero que al menos existe efectivamente y puede ser vista.
Esta reflexión permite comprender en cierta medida por qué, según la Cabalá, estas dos letras representan la totalidad de los pares fundamentales de opuestos en el mundo, de acuerdo con la siguiente regla: la letra י representa el aspecto más espiritual y abstracto de cada par, que contempla las cosas “desde arriba” (“perfección potencial”, como se explicó), mientras que la letra ה representa el aspecto más material y concreto, que contempla las cosas “desde abajo” (“parcialidad realizada”).
El ejemplo más destacado de este par de opuestos es la enseñanza de nuestros Sabios basada en el versículo: “Porque con Yah, HaShem formó los mundos”, (Ishaiahu 26:4) según la cual: “Este mundo fue creado con la letra Hei y el Mundo Venidero fue creado con la letra Yud”. ( Talmud Babilonia 29:2) La espiritual י representa el Mundo Venidero, mientras que la terrenalה representa este mundo.
Un segundo ejemplo destacado es el hecho de que las palabras básicas en hebreo para hombre (ish) y mujer (ishá) están compuestas por las letras אש (esh, “fuego”), a las que se añade una י en el caso masculino y una ה en el femenino (Talmud Bavlí, Sotá 17a). De ello se desprende que la letra י corresponde al principio masculino y la letra ה al principio femenino.
A continuación se presenta una lista parcial de pares fundamentales de opuestos representados por las letras י־ה.

[1] [1] Rambam MIshné Torá, Halajot Plegaria y Bendición Sacerdotal 14 – 1
[2] Las letras אהו”י y su relación con el Nombre Divino
El valor guemátrico total de las letras א־ה־ו־י es 22, una alusión a la totalidad del alfabeto hebreo, compuesto precisamente por veintidós letras.
Además, estas letras representan de manera exacta el esquema de principio–medio–fin dentro de los números del 1 al 10:
- א = 1, el primer número.
- ה־ו = 5 y 6, los dos números centrales.
- י = 10, el último número.
Esto insinúa la relación entre las diez sefirot, de las que se hablará más adelante, y las veintidós letras del alfabeto hebreo. Juntas constituyen los 32 “Senderos Maravillosos de la Sabiduría” mediante los cuales Dios creó el mundo, según la enseñanza del Sefer Yetzirá (1:1).
¿Qué ocurre con la letra א?
Entre las letras אהו”י, hay una que no participa directamente en el Nombre Havayá: la primera letra, א (Álef).
Sin embargo, puede decirse que está presente en el trasfondo del Nombre.
En primer lugar, debido a que su valor numérico es 1, la letra א simboliza la unidad absoluta que representa el Nombre Havayá, tal como expresamos en la declaración:
“HaShem es Uno” (ה’ אחד).
De hecho, en los Midrashim Dios es llamado también “Alufó shel Olam”, “el Soberano del mundo”, expresión relacionada con la palabra Álef.
La Álef contiene el Nombre Havayá
Existe además una hermosa observación visual.
Si descomponemos la forma gráfica de la letra א, descubrimos que está formada por:
- una ו (Vav),
- y dos י (Yud).
Es decir:
א = י + ו + י
El valor guemátrico de estas letras es:
10 + 6 + 10 = 26
y 26 es precisamente el valor numérico del Nombre Havayá (י־ה־ו־ה).
Así, la propia forma de la Álef contiene una alusión oculta al Nombre Divino.
El Nombre “Ehieh”
Por último, aunque la א no aparece en el Nombre Havayá, sí participa en otro Nombre sagrado fundamental: אהיה (Ehieh), revelado a Moshé en la visión de la zarza ardiente:
“Ehieh Asher Ehieh (Seré el que Seré)… Así dirás a los hijos de Israel: ‘Ehieh me ha enviado a vosotros’” (Éxodo 3:14).
Inmediatamente después, en el versículo siguiente, el Nombre Ehieh parece transformarse en el Nombre Havayá:
“Así dirás a los hijos de Israel: HaShem, Dios de vuestros padres… me ha enviado a vosotros; éste es Mi Nombre para siempre” (Éxodo 3:15).
De esta manera, la letra א actúa como un puente entre el Nombre Ehieh y el Nombre Havayá, permaneciendo oculta en el trasfondo de este último como símbolo de la Unidad divina primordial.
Para profundizar en la relación entre las letras אהו”י y los Nombres de Dios, véase el comentario de Abraham Ibn Ezra a Éxodo 3:15.
[3] La tríada de conceptos punto–línea–multiplicidad de dimensiones, llamada en nuestras fuentes “punto, línea y superficie” (nekudá, kav, shétaj), posee numerosos significados dentro del mundo conceptual de la Cabalá.
Véase, por ejemplo: Rabí Itzjak Ginsburgh, Maljut Israel, tomo I, pág. 159.
