SANAR CON EL VENENO MORTAL




Razi nos explica cómo Aharon HaKohen nos cambia la perspectiva

Escrito por: Shilo Ofan

Categoría: Yo y los niños

¡Hola, niños!

En la próxima semana comenzará Rosh Jodesh Menajem-Av, el día de la Hilulá (aniversario del fallecimiento) de Aharon HaKohen (Aarón el Sacerdote). ¿Saben qué tiene de especial este día? Las fechas de la partida (Histalkut) de todos los demás Tzadikim (justos) las conocemos de forma indirecta, porque en la Torá solo se menciona que partieron, pero no se detalla el día exacto en el calendario. Con Aharon HaKohen las cosas son distintas: él es el único de quien la Torá escribe explícitamente la fecha exacta de su fallecimiento en el año: “En el quinto mes, el primero del mes”.

La cualidad más destacada de Aharon HaKohen es, por supuesto, su inmenso amor por la paz. Como decía el sabio Hilel:

“Sé de los discípulos de Aarón: ama la paz y persigue la paz, ama a las criaturas y acércalas a la Torá”.

Por Providencia Divina (Hashgajá Pratit), la fecha de su fallecimiento cae cada año muy cerca de Tishá BeAv, el día de la destrucción del Gran Templo (Beit HaMikdash). El Templo, como sabemos, fue destruido debido al pecado del odio gratuito (sinat jinam), y se reconstruirá muy pronto con la ayuda de Dios gracias al amor gratuito (ahavat jinam). La cercanía de estas fechas nos enseña que, para rectificar la causa de la destrucción e incrementar el amor entre nosotros, debemos estudiar el método especial de Aharon HaKohen, caminar en su senda y ponerlo en práctica.

Alterar las palabras en aras de la paz

¿Cuál era el método tan especial de Aharon HaKohen?

Nuestros sabios (Jazal) nos cuentan cómo actuaba. Cuando Aarón detectaba una disputa sin resolver entre dos judíos, se acercaba a cada uno de ellos por separado y le hablaba directo al corazón. Le describía al oído cuánto lamentaba su compañero el conflicto y cuánto ansiaba, en el fondo, poner fin a la pelea y recuperar la amistad. “Simplemente le da muchísima vergüenza acercarse a ti”, explicaba Aarón para justificar el distanciamiento. De esta manera, lograba ablandar el corazón de ambas partes hasta que se encontraban, se reconciliaban y volvían a ser amigos entrañables.

¿Qué hizo Aarón en realidad? A primera vista, parecería que Aarón no estaba diciendo la verdad exacta. A cada uno le contaba hechos que no tenían un fundamento real en ese momento. ¿Que el otro lo lamentaba? No era seguro, ¡si se lo veía muy enojado! ¿Que le daba vergüenza pedir perdón? ¡Si todavía estaba culpando al otro y exclamando con fervor: “¡Él empezó!”!

De aquí, nuestros sabios nos enseñan una ley (Halajá): “Está permitido alterar las palabras en aras de la paz”. El Alter Rebe (fundador de Jabad) fue aún más allá, y en su código legal (Shulján Aruj) dictamina que no solo está permitido actuar así, sino que esta conducta constituye un precepto: “Es una Mitzvá alterar las palabras en aras de la paz”.

¿Cómo es posible algo así? Dos veces al día declaramos en el Shemá: “Hashem, su Dios, es Verdad”, porque la verdad es la cualidad máxima de la santidad. También sabemos que “Moshé es verdad y su Torá es verdad”, y por eso el precepto nos advierte: “De la palabra mentirosa te alejarás”. Es decir, está terminantemente prohibido mentir y debemos alejarnos de todo lo que se le parezca.

Seguramente conocen personas que, cuando quieren lograr un objetivo, ‘tuercen’ un poco la historia o la adornan para que sea aceptada. ¿Cómo llaman a esto? Una “mentira blanca”. No es una mentira sucia o malintencionada, sino casi la verdad, como si la mentira pudiera ser blanca y transparente…

En el fondo, la mentira no tiene pies (no se sostiene). Alguien que no dice la verdad hace promesas pero no siente la obligación de cumplirlas. La verdad, en cambio, se destaca por su constancia. Si la palabra E-me-t (א-מ-ת, Verdad) comienza con la primera letra del alfabeto (Álef) y termina con la última (Tav), nos muestra que la verdad es continua de principio a fin. ¿Y la mentira (Sheker, ש-ק-ר)? Sus letras se apoyan sobre un solo punto inferior (un vértice agudo) y en cualquier momento se caen.

Todo esto hace que nuestra pregunta sea aún más grande: ¿Cómo es posible que para traer paz esté permitido torcer la verdad y recurrir a algo que no es exacto?

Utilizar el veneno mortal

Esta misma pregunta la formuló el santo Baal Shem Tov, y para responderla recurrió a una parábola muy clara. ¿Recuerdan cuando les dieron una vacuna? No es lindo recibir un pinchazo, pero es mucho peor enfermarse de aquello de lo que la vacuna nos protege. En los laboratorios de todo el mundo, los mejores especialistas trabajan incansablemente realizando experimentos para descubrir vacunas. ¿Y cuál es el principio fundamental para crear una vacuna? Aunque suene extraño, ¡para prepararla se utiliza el mismo… virus!

Por supuesto, el virus pasa por muchas modificaciones médicas que incluyen dilución y debilitamiento, pero el principio básico se mantiene: ¡para curar una enfermedad se utiliza nada menos que el mismísimo virus mortal!

¿Cuál es el secreto entonces? Para dar con la dosis exacta que haga que la sustancia cure y no dañe, se requiere de una inmensa experiencia. Ni ustedes ni yo sabemos cómo lograrlo; solo los médicos expertos que han estudiado a fondo durante años. Un médico especialista sabe tomar una sustancia peligrosa y transformarla en un remedio curativo.

Aharon HaKohen, explica el Baal Shem Tov, es un médico espiritual experto. Él sabe tomar esa sustancia peligrosa —el alterar la realidad— y utilizarla de la manera correcta. El debilitamiento y la pureza de su intención transforman lo que parecería una mentira en una “modificación positiva”. Aharon HaKohen no miente, Dios no lo permita, sino que nos enseña cómo se puede transformar un relato para unir a las personas.

SANAR CON EL VENENO MORTAL

Razi nos explica cómo Aharon HaKohen nos cambia la perspectiva

Escrito por: Shil0 Ofan

Categoría: Yo y los niños

¡Hola, niños!

En la próxima semana comenzará Rosh Jodesh Menajem-Av, el día de la Hilulá (aniversario del fallecimiento) de Aharon HaKohen (Aarón el Sacerdote). ¿Saben qué tiene de especial este día? Las fechas de la partida (Histalkut) de todos los demás Tzadikim (justos) las conocemos de forma indirecta, porque en la Torá solo se menciona que partieron, pero no se detalla el día exacto en el calendario. Con Aharon HaKohen las cosas son distintas: él es el único de quien la Torá escribe explícitamente la fecha exacta de su fallecimiento en el año: “En el quinto mes, el primero del mes”.

La cualidad más destacada de Aharon HaKohen es, por supuesto, su inmenso amor por la paz. Como decía el sabio Hilel:

“Sé de los discípulos de Aarón: ama la paz y persigue la paz, ama a las criaturas y acércalas a la Torá”.

Por Providencia Divina (Hashgajá Pratit), la fecha de su fallecimiento cae cada año muy cerca de Tishá BeAv, el día de la destrucción del Gran Templo (Beit HaMikdash). El Templo, como sabemos, fue destruido debido al pecado del odio gratuito (sinat jinam), y se reconstruirá muy pronto con la ayuda de Dios gracias al amor gratuito (ahavat jinam). La cercanía de estas fechas nos enseña que, para rectificar la causa de la destrucción e incrementar el amor entre nosotros, debemos estudiar el método especial de Aharon HaKohen, caminar en su senda y ponerlo en práctica.

Alterar las palabras en aras de la paz

¿Cuál era el método tan especial de Aharon HaKohen?

Nuestros sabios (Jazal) nos cuentan cómo actuaba. Cuando Aarón detectaba una disputa sin resolver entre dos judíos, se acercaba a cada uno de ellos por separado y le hablaba directo al corazón. Le describía al oído cuánto lamentaba su compañero el conflicto y cuánto ansiaba, en el fondo, poner fin a la pelea y recuperar la amistad. “Simplemente le da muchísima vergüenza acercarse a ti”, explicaba Aarón para justificar el distanciamiento. De esta manera, lograba ablandar el corazón de ambas partes hasta que se encontraban, se reconciliaban y volvían a ser amigos entrañables.

¿Qué hizo Aarón en realidad? A primera vista, parecería que Aarón no estaba diciendo la verdad exacta. A cada uno le contaba hechos que no tenían un fundamento real en ese momento. ¿Que el otro lo lamentaba? No era seguro, ¡si se lo veía muy enojado! ¿Que le daba vergüenza pedir perdón? ¡Si todavía estaba culpando al otro y exclamando con fervor: “¡Él empezó!”!

De aquí, nuestros sabios nos enseñan una ley (Halajá): “Está permitido alterar las palabras en aras de la paz”. El Alter Rebe (fundador de Jabad) fue aún más allá, y en su código legal (Shulján Aruj) dictamina que no solo está permitido actuar así, sino que esta conducta constituye un precepto: “Es una Mitzvá alterar las palabras en aras de la paz”.

¿Cómo es posible algo así? Dos veces al día declaramos en el Shemá: “Hashem, su Dios, es Verdad”, porque la verdad es la cualidad máxima de la santidad. También sabemos que “Moshé es verdad y su Torá es verdad”, y por eso el precepto nos advierte: “De la palabra mentirosa te alejarás”. Es decir, está terminantemente prohibido mentir y debemos alejarnos de todo lo que se le parezca.

Seguramente conocen personas que, cuando quieren lograr un objetivo, ‘tuercen’ un poco la historia o la adornan para que sea aceptada. ¿Cómo llaman a esto? Una “mentira blanca”. No es una mentira sucia o malintencionada, sino casi la verdad, como si la mentira pudiera ser blanca y transparente…

En el fondo, la mentira no tiene pies (no se sostiene). Alguien que no dice la verdad hace promesas pero no siente la obligación de cumplirlas. La verdad, en cambio, se destaca por su constancia. Si la palabra E-me-t (א-מ-ת, Verdad) comienza con la primera letra del alfabeto (Álef) y termina con la última (Tav), nos muestra que la verdad es continua de principio a fin. ¿Y la mentira (Sheker, ש-ק-ר)? Sus letras se apoyan sobre un solo punto inferior (un vértice agudo) y en cualquier momento se caen.

Todo esto hace que nuestra pregunta sea aún más grande: ¿Cómo es posible que para traer paz esté permitido torcer la verdad y recurrir a algo que no es exacto?

Utilizar el veneno mortal

Esta misma pregunta la formuló el santo Baal Shem Tov, y para responderla recurrió a una parábola muy clara. ¿Recuerdan cuando les dieron una vacuna? No es lindo recibir un pinchazo, pero es mucho peor enfermarse de aquello de lo que la vacuna nos protege. En los laboratorios de todo el mundo, los mejores especialistas trabajan incansablemente realizando experimentos para descubrir vacunas. ¿Y cuál es el principio fundamental para crear una vacuna? Aunque suene extraño, ¡para prepararla se utiliza el mismo… virus!

Por supuesto, el virus pasa por muchas modificaciones médicas que incluyen dilución y debilitamiento, pero el principio básico se mantiene: ¡para curar una enfermedad se utiliza nada menos que el mismísimo virus mortal!

¿Cuál es el secreto entonces? Para dar con la dosis exacta que haga que la sustancia cure y no dañe, se requiere de una inmensa experiencia. Ni ustedes ni yo sabemos cómo lograrlo; solo los médicos expertos que han estudiado a fondo durante años. Un médico especialista sabe tomar una sustancia peligrosa y transformarla en un remedio curativo.

Aharon HaKohen, explica el Baal Shem Tov, es un médico espiritual experto. Él sabe tomar esa sustancia peligrosa —el alterar la realidad— y utilizarla de la manera correcta. El debilitamiento y la pureza de su intención transforman lo que parecería una mentira en una “modificación positiva”. Aharon HaKohen no miente, Dios no lo permita, sino que nos enseña cómo se puede transformar un relato para unir a las personas.

Cambiar la cabeza (la perspectiva)

¿Qué es lo que logra Aarón con sus palabras? Te cambia la cabeza, es decir, te cambia la perspectiva.

Supongamos que te peleaste con un amigo por una pelota. Tú llegaste primero a la cancha, empezaste a jugar y de repente viene tu amigo y te arrebata la pelota. ¡Qué desfachatez! Te enojas muchísimo con él. Entonces llega Aarón —después de que te has calmado un poco— y te dice que tu amigo no es un niño malo. Como suele decirse: “No hay niños malos, hay niños que la están pasando mal…”.

¿Quizás es un chico nuevo que está buscando hacer amigos y no sabe cómo? ¿Tal vez para llamar la atención a veces hace cosas que irritan a los demás, pero que no reflejan quién es él en verdad? La realidad es que ese niño tiene un corazón de oro, y con un poquito de esfuerzo podrás descubrir que es súper interesante y divertido. La pelea es solo su momento de debilidad, ¡pero sus buenas cualidades son su verdadera esencia!

Más aún, Aarón te dice: ¿Por qué te empecinas en continuar con el conflicto? ¿Por qué preferir enfocar el ojo en su mala conducta en lugar de ver las hermosas virtudes que lleva ocultas? Tú, y solo tú, tienes el poder de cambiar por completo la situación. ¡Así que adelante, anímate!

Este es el gran cambio que genera en nosotros Aharon HaKohen y cualquiera que siga sus pasos. Alterar las cosas en aras de la paz significa, fundamentalmente, cambiar nuestra dirección de pensamiento. Y entonces, el riesgo de la mentira se transforma en un elixir de vida que trae paz.

¡Que tengamos el mérito de alcanzar la gran maestría de Aharon HaKohen!

¡Shabat Shalom uMevoraj!

Razi


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