Fundamentos de Jasidut
Los Nueve Principios de la Fe parte 8:
SANTIDAD DE LA TIERRA DE ISRAEL Y EL CUERPO JUDÍO
PARTE 1: https://galeinai.org/2026/06/18/los-nueve-principios-de-la-fe-parte-1/
PARTE 2: https://galeinai.org/2026/06/25/los-nueve-principios-de-la-fe-parte-2/
PARTE 3: https://galeinai.org/2026/06/25/los-nueve-principios-de-la-fe-parte-3/
PARTE 4: https://galeinai.org/2026/06/30/todo-descenso-es-en-aras-de-un-ascenso-incluso-del-pecado/
PARTE 5: https://galeinai.org/2026/07/03/di-s-desea-una-morada-aqui-abajo-parte-5/
PARTE 6: https://galeinai.org/2026/07/08/parte-6-decretos-cumplimiento-y-anulacion/
PARTE 7: https://galeinai.org/2026/07/09/los-nueve-principios-de-la-fe-parte-7/
PARTE 8:
En esta entrega, completamos nuestra revisión de los 9 Principios de Fe de la dimensión interior de la Torá. El noveno principio es, en muchos sentidos, el más elevado y difícil de entender: que existe una santidad especial en la Tierra de Israel y en el cuerpo de cada judío. Así como la sefirá de fundamento (correspondiente al octavo principio) se relaciona con la sefirá de reinado (correspondiente al noveno), el estatus especial de la Tierra de Israel y el cuerpo judío sirven como vehículo para la revelación del alma Divina que habita en el pueblo de Israel como un todo y en cada judío individual.
El contenido de esta serie apareció por primera vez en hebreo, en el libro de HaRav Ginsburgh, Emuná VeMuda’ut (Fe y Conciencia). Se está traduciendo aquí por primera vez.
El Noveno Principio de Fe de la Dimensión Interior de la Torá
El noveno y último principio de fe de la dimensión interior de la Torá es la fe de que incluso dentro de la materia física de este mundo inferior puede existir un aspecto Divino, conocido como reinado, la sefirá de reinado (maljut), aludiendo a la realidad mundana y a la tierra, como está establecido: “Y Havaia será Rey sobre toda la tierra.”[1]
En realidad, creemos que “Di-s es todo” y “todo es Di-s”. Este es el pulso y ritmo interior de nuestra alma Divina, tal y como se recoge en dos versículos pronunciados por Moisés: “Se os ha demostrado que Havaia es Di-s, que no hay nada más que Él”,[2] es decir, “Di-s es todo” y “Sabréis hoy y grabaréis en vuestro corazón que Havaia es Di-s en los cielos Arriba y en la tierra abajo, no hay nada más”,[3] es decir, “todo es Di-s” o Divino. Nada en el mundo está separado de Di-s; al contrario, uno puede encontrarse con revelaciones de Di-s en cada cosa del mundo. Pero no en todo el mundo existe una cualidad Divina capaz de revelar esta verdad absoluta.
La Tierra de Israel y el Día de Shabat
La Tierra de Israel está santificada en el espacio, así como el Shabat está santificado en el tiempo. En ambos, la realidad física asciende a Di-s. Toda la Tierra de Israel habla de santidad y pureza. Su aire es sagrado, como dicen los sabios: “el aire de la Tierra de Israel te hace sabio”[4] y la sabiduría es un aspecto de la santidad, como se sabe. Del versículo, “Tus siervos desearon sus piedras y su polvo apreciaban”,[5] aprendemos que “sus piedras son sagradas, su tierra es sagrada.” Como afirma Moisés, es la “tierra que Havaia tu Di-s cuida; los ojos de Havaia, tu Di-s, siempre están sobre ella, desde el principio hasta el final del año.”[6] La Tierra de Israel tiene una cualidad especial: para quienes habitan en ella, es posible – sin mucho esfuerzo – ser conscientes de la Providencia individual de Di-s sobre cada detalle del mundo que creó para Su gloria.
La Tierra que desea cumplir la Voluntad de Su creador
Cuando llegue la redención, “la Tierra de Israel está destinada a extenderse para abarcar todas las tierras.”[7] Hoy en día, las tierras de las naciones son consideradas ritualmente impuras por los Sabios. Pero en el futuro, cuando Di-s retire el espíritu de impureza de toda la Tierra[8] – y solo Di-s pueda separar lo puro de lo impuro[9] – entonces la verdad se revelará en su plenitud, que Di-s es todo y todo es Di-s. es entonces que “la gloria de Havaia será revelada, y toda carne verá al unísono que la boca de Havaia ha hablado.”[10]
La Tierra de Israel se denomina simplemente “tierra”, eretz (אֶרֶץ) porque la raíz de la palabra “tierra” está relacionada con “voluntad”, ratzon (רָצוֹן) o “deseo” y es la tierra la que deseó, ratzata (רָצְתָה) inmediatamente después de ser creada, cumplir la voluntad del Creador.[11] Los Sabios enseñan que “Quienquiera que habita en la Tierra de Israel es como alguien que tiene un Di-s”,[12] lo que significa que habitar en la Tierra de Israel hace que uno siempre desee y anhele acercarse y apegarse a Di-s.
Por consiguiente, cuando identificamos los territorios fuera de la Tierra de Israel (jutz la’aretz) con la continuación, “Y el que habita fuera de la Tierra de Israel es como quien no tiene Di-s”, decimos que otras tierras carecen de deseo de santidad y, por tanto, en ellas la voluntad mundana y natural tira en dirección opuesta a la de Di-s, distanciando la conciencia del reconocimiento de la Providencia y la Presencia de Di-s. No obstante, en el futuro se aclarará que “desde lejos se me apareció Havaia “,[13] lo que significa que incluso en la propia sensación de distancia hay Divinidad, pues la distancia en si misma también fue creada por Di-s con el fin de establecer un vínculo precisamente entre quienes parecen estar distantes y separados.
Elegir la esencia Divina en el cuerpo judío
Esta fe en la santidad de la Tierra Elegida también incluye la fe en la santidad y la cualidad única del cuerpo elegido – el cuerpo físico de cada persona llamada por el nombre de Israel. El Alter Rebe explica en el Tania[14] que la elección del pueblo judío por parte de Di-s judío es la elección del cuerpo judío específicamente para el alma Divina en Israel – es “una parte auténtica de Di-s en lo Alto”, por así decirlo, y, por tanto, la noción de elegirlo es irrelevante.
Al explicar el texto de la bendición “Ahavat Olam“, que se recita justo antes del Shemá por la mañana: “Y somos nosotros a quienes has elegido entre todos los pueblos y lenguas”, escribe, “esto se refiere al cuerpo físico que se asemeja, en su corporeidad, a los cuerpos de las naciones del mundo.” Dado que el cuerpo judío es similar al del niño no judío, el término “elegir” es aplicable en este caso.
Así como la Tierra de Israel es el recipiente apropiado para recibir y revelar en su interior la presencia de la majestad Divina de Di-s, como dice el versículo, “la tierra en la que habito”,[15] así el cuerpo judío es el recipiente adecuado para recibir y revelar en su interior el alma Divina – la parte verdadera de Di-s que habita en él.
Este principio de fe de la dimensión interior de la Torá completa y complementa el decimotercer principio de fe en la Resurrección de los Muertos de Maimónides. Maimónides veía el milagro de la Resurrección de los Muertos como un milagro temporal tras el cual el alma volvería a una vida puramente espiritual, libre de corporalidad.
Sin embargo, según la Cabalá, siguiendo la visión de Najmánides, como antes, el milagro de la Resurrección de los Muertos es un milagro eterno, vida eterna para un cuerpo eterno. Esta es la revelación última de la esencia misma de Di-s, revelando a Aquel que es la Paradoja de todas las Paradojas y omnipotente y por tanto capaz de habitar como lo infinito dentro de lo finito.
“Y para Mí serás un pueblo santo”
En el futuro, el versículo “Seréis para Mí un pueblo santo”[16] se cumplirá refinando el cuerpo hasta su grado último hasta que “se diga que es santo.”[17] Entonces estaremos a la altura de nuestro título, “los ejércitos de Di-s” que existen para siempre. De hecho, el valor de “un cuerpo santo“, guf kodesh (גּוּף קָדוֹשׁ) es igual al valor numérico de la palabra “huestes“, tzevaot (צְבָאוֹת). Esta palabra es en sí misma un Nombre sagrado de Di-s, por eso Él es llamado “el Di-s de los Ejércitos”. Además, el cuerpo se elevará por encima del alma. El cuerpo es relativamente femenino respecto al alma masculina y su elevación por encima del alma es el significado secreto de “una mujer de valor, la corona de su marido[18]“; el cuerpo entonces nutrirá el alma trayéndole una revelación de Di-s que el alma misma no puede entender por sí misma.
Esta maravillosa innovación en nuestra fe supera a todas las demás y ejemplifica el propio concepto de ser un pueblo elegido, pues al elegir Di-s el cuerpo judío – que parece, por así decirlo, el más alejado y distante de Su esencia, de hecho, e incluso su polo opuesto -, el alma llega a descubrir la maravilla de que es “una parte auténtica de Di-s Arriba.”
[1] Zacarías 14:9.
[2] Deuteronomio 4:35.
[3] Ibid. 4:39.
[4] Bava Batra 158b.
[5] Salmos 102:15.
[6] Deuteronomio 11:12.
[7] Véase Sifrei sobre Deuteronomio 1:1; Pesikta Rabatí, Shabat y Noé 2; Ialkut Shimoni, Isaías §503.
[8] Zacarías 13:2.
[9] Job 14:4.
[10] Isaías 40:5.
[11] Bereishit Rabá 5:7.
[12] Ketubot 110b.
[13] Jeremías 31:2.
[14] Cap. 49.
[15] Números 35:34.
[16] Éxodo 22:30.
[17] Isaías 4:3.
[18] Proverbios 12:4.
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