05 MAZAL TEOMIM – GEMINIS

Invitación Especial al Cuarto Encuentro

*📖 Según la Cabalá y el Jasidut*

 *Domingo 27 de Tamuz 5786 – 12-jul*

🕘*21:00 HORAS DE ISRAEL*

🌍 En vivo desde Israel
💻 Por Zoom https://us06web.zoom.us/j/5839538733
📺 Transmisión simultánea por YouTube 👉 www.youtube.com/galeinaienespañol

Con el Rabino Jaim Frim

*✨Te espero✨*

*UNETE A LA COMUNIDAD GAL EINAI TIKUN HANEFESH*

https://chat.whatsapp.com/FVPTbqoYK27FzJGjER8tws

EL MES DE SIVÁN:

EL CALENDARIO HEBREO

LA LETRA ZAIN

INDICE TEMÁTICO

Introducción. La letra Zain y el número siete. La conexión con el mundo. El mes de Siván y el signo de Teomim (Géminis).  La tribu de Zevulún. El sentido del caminar. La sefirá Tiferet. El planeta Kojav (Mercurio). El Nombre Divino del mes. El pie izquierdo y la conexión entre las personas. Conclusiones y enseñanzas prácticas.

¿Por qué estudiar Astrología Judía?

“Conoce al Dios de tu padre y sírvelo con corazón íntegro y con alma dispuesta.”
(Divrei HaIamim I 28:9)

Todo ser humano desea conocerse a sí mismo. Desde los albores de la civilización, el hombre ha buscado comprender por qué cada persona posee un carácter diferente, talentos distintos y desafíos particulares. ¿Por qué algunos nacen con una fuerte inclinación hacia el liderazgo, mientras que otros destacan por su sensibilidad, su capacidad intelectual o su perseverancia? ¿Por qué ciertas personas aprenden con facilidad aquello que para otras requiere años de esfuerzo? ¿Existe un orden detrás de esta diversidad o todo responde al azar?

Estas preguntas acompañan a la humanidad desde hace miles de años. Cada cultura intentó responderlas a su manera. Algunas buscaron la explicación en la filosofía, otras en la psicología, otras en la observación de la naturaleza y muchas dirigieron su mirada hacia el cielo. El movimiento regular de los astros, la sucesión de las estaciones y la repetición constante de los ciclos despertaron la intuición de que debía existir una relación profunda entre el universo y la vida del hombre.

Sin embargo, la Torá nos enseña que esa relación sólo puede comprenderse correctamente cuando comenzamos por reconocer una verdad fundamental: el universo no se explica por sí mismo. El Sol, la Luna, las estrellas y los planetas no son fuerzas independientes ni poseen voluntad propia. Todo cuanto existe fue creado y continúa siendo sostenido, instante tras instante, por la palabra del Santo, bendito sea.

Por esa razón, la Astrología Judía no comienza observando el cielo, sino estudiando al Creador del cielo.

Ésta es la diferencia esencial entre la visión de la Torá y la mayor parte de las concepciones astrológicas desarrolladas a lo largo de la historia. Muchas tradiciones consideran que los astros gobiernan el destino humano. La tradición de Israel enseña exactamente lo contrario: los astros son únicamente instrumentos mediante los cuales Hashem ordena la creación y hace descender determinadas influencias espirituales al mundo. Ellos no deciden; obedecen. No gobiernan; cumplen la voluntad de Aquel que los creó.

Esta diferencia cambia completamente el propósito del estudio.

Quien busca en la astrología una manera de conocer el futuro probablemente se sienta decepcionado por este libro. La Torá no nos fue dada para satisfacer la curiosidad acerca de lo que ocurrirá mañana. Nos fue dada para enseñarnos cómo vivir hoy.

La verdadera pregunta no es:

«¿Qué me sucederá?»

La verdadera pregunta es:

«¿Quién soy y para qué fui creado?»

Cuando una persona descubre las fuerzas con las que Hashem la dotó, comienza a comprender mejor su misión. Reconoce aquellas cualidades que debe desarrollar, identifica las tendencias que necesita rectificar y aprende a utilizar sus talentos para servir al Creador y beneficiar a los demás. El conocimiento deja entonces de ser una simple información para convertirse en un camino de transformación.

Éste es precisamente el objetivo de la Astrología Judía según el Séfer Ietzirá, la Cabalá y el Jasidut. No pretende encerrar al hombre dentro de un carácter fijo ni justificar sus defectos atribuyéndolos al mazal. Por el contrario, le muestra el punto desde el cual comienza su trabajo espiritual. El mazal describe las herramientas con las que la Providencia Divina lo envió al mundo; el libre albedrío determina qué hará con ellas.

Nuestros Sabios enseñaron que “todo está en manos del Cielo, excepto el temor del Cielo” (Berajot 33b). Esta afirmación resume toda la perspectiva de la Torá sobre la personalidad humana. Existen circunstancias que no elegimos: la familia en la que nacemos, nuestras capacidades naturales, nuestra sensibilidad o ciertas inclinaciones del carácter. Pero la decisión de convertir esas cualidades en instrumentos para el bien depende únicamente de nosotros. Allí reside la verdadera grandeza del ser humano.

Por ello, el estudio que comenzamos en estas páginas no debe entenderse como una curiosidad intelectual ni como un ejercicio de conocimiento psicológico. Es, ante todo, un camino de avodat Hashem, de servicio al Creador. Cada correspondencia que analizaremos —las letras hebreas, los meses, las tribus de Israel, las sefirot, los órganos del cuerpo, los planetas y los elementos de la creación— constituye una llave para comprender mejor el alma humana y revelar la armonía con la que Hashem ordenó Su universo.

El Séfer Ietzirá nos enseña que el hombre es un pequeño universo. Todo cuanto existe en la creación tiene un reflejo en el alma, y todo cuanto sucede en el alma encuentra su expresión en la creación. El tiempo, el espacio y la vida humana forman una única sinfonía cuyo Director es el Santo, bendito sea.

LA LETRA ZAIN

El secreto del número siete y la conexión con el mundo

El Sefer Ietzirá, atribuido a Abraham Avinu, enseña que cada uno de los doce meses del año fue creado mediante una de las doce letras simples del alef-bet. Cada letra constituye el canal espiritual a través del cual Hashem infunde la energía particular de ese mes. El mes de Siván, correspondiente al signo de Teomim (Géminis), fue creado con la letra ז (Zain), la séptima letra del alfabeto hebreo. Para comprender la naturaleza espiritual de este mes debemos comenzar preguntándonos qué representa realmente el número siete.

El número siete aparece una y otra vez como uno de los fundamentos de la creación. Lo conocemos por los siete días de la semana, cuyo punto culminante es el Shabat; por el ciclo agrícola de seis años de trabajo y el séptimo año de Shemitá; por los siete colores del arco iris, que representan aspectos fundamentales del mundo; y también por las siete notas musicales, cuya secuencia vuelve a repetirse formando toda la música. Incluso el Iovel (Jubileo) está basado en este mismo principio, ya que llega después de siete ciclos de siete años. Todo el mundo creado parece girar alrededor del número siete, y ese hecho no es casualidad. La letra Zain, con la que fue creado el mes de Siván, viene a revelarnos un aspecto esencial de la vida espiritual.

El verdadero significado de la conexión con el mundo

Podría parecer extraño afirmar que el principal mensaje espiritual de este mes consiste en aprender a conectarse con el mundo. Alguien podría preguntarse: «¿Qué novedad hay en eso? Todos vivimos en el mundo». Sin embargo, precisamente ahí reside la enseñanza.

El ser humano está compuesto por cuerpo y alma, pero el alma constituye nuestra esencia. En la mayoría de las personas —y especialmente en el pueblo de Israel— el alma ejerce una influencia mucho más fuerte que el cuerpo. Nuestra inclinación natural consiste en elevarnos hacia lo espiritual, alejándonos de lo material.

Por ello, cuando la Torá nos enseña a conectarnos con el mundo, está introduciendo una idea novedosa. El mes de Siván, creado mediante la letra Zain, nos recuerda que la misión del hombre no consiste en escapar de la realidad material, sino en aprender a vivir correctamente dentro de ella. Hashem creó este mundo para que Su Presencia se revele precisamente aquí, y no para que huyamos de él.

El mundo no debe convertirse en un enemigo

Esta enseñanza también se manifiesta en nuestra relación con los demás. Todos experimentamos situaciones en las que alguien nos ofende, nos habla de manera desagradable o consigue sacarnos de nuestro equilibrio. Hay momentos en los que sentimos que estamos cansados de las personas, del mundo e incluso de nosotros mismos.

La letra Zain, que representa la energía espiritual de Teomim, enseña una actitud completamente diferente. Para quien desarrolla correctamente esta cualidad, el mundo nunca resulta despreciable. El mundo forma parte de su propia identidad y constituye el ámbito donde debe cumplir su misión, porque fueron creados por la séptima letra.

Por eso, incluso cuando otras personas le hablan con dureza o expresan ideas completamente opuestas a las suyas, posee una capacidad especial para seguir comunicándose con ellas. No significa que esta cualidad aparezca espontáneamente; también requiere trabajo interior. Sin embargo, existe una inclinación natural hacia la diplomacia y la comunicación que les permite relacionarse incluso con quienes piensan de manera totalmente distinta.

La capacidad de contener a quien piensa diferente

Los nacidos bajo la influencia espiritual de Teomim aprenden a dialogar con personas que son, en muchos aspectos, exactamente lo contrario de ellos. Aunque las diferencias sean profundas, procuran mantener abierto el canal del diálogo y encontrar un lenguaje común.

En la Jasidut existe una expresión que describe esta capacidad: “contener” al otro. Así como una persona puede soportar el sabor fuerte de una cebolla aunque le haga llorar, también debe aprender a convivir con personas cuyo carácter le resulta difícil. La convivencia no siempre es sencilla, pero forma parte de la misión espiritual del hombre.

Ellos poseen una habilidad especial para desenvolverse correctamente, al menos en el plano de la comunicación y del diálogo. Saben mantener una conversación respetuosa incluso cuando no existe acuerdo. Esa es una de las enseñanzas más importantes que todos podemos aprender del mes de Siván.

Aprender a vivir en un mundo de diferencias

Es importante porque el mundo fue creado con personas diferentes. Hashem quiso que no todos pensáramos igual. Existen opiniones distintas, sensibilidades distintas y formas diferentes de comprender la realidad estemos de acuerdo o no. No podemos cambiar ese hecho, porque forma parte del diseño mismo de la creación.

Por eso, la pregunta no es cómo eliminar las diferencias, sino cómo aprender a convivir con ellas. El mundo está construido sobre el fundamento del número siete, y el siete nos enseña precisamente la necesidad de aceptar la realidad tal como Hashem la creó.

Si comprendemos que esa diversidad es parte del plan divino, dejaremos de luchar contra ella y comenzaremos a aprender cómo movernos dentro de ella con serenidad y sabiduría. Los mejores maestros para adquirir esta capacidad son precisamente quienes expresan la energía espiritual de Teomim, pues poseen una facilidad natural para relacionarse con personas muy distintas entre sí y encontrar puntos de encuentro donde otros solo ven conflicto.

Todos queremos tener cualidades de todas las letras, pero este mazal es especial de ellos.

«Dentro del mundo y por encima del mundo»

El Rebe Rashab resumió toda esta enseñanza mediante una extraordinaria y breve expresión en idish: “Oisvelt, ibervelt.” Literalmente significa: «Dentro del mundo y por encima del mundo».

Para vivir de manera equilibrada en este mundo y conservar la cordura, la persona debe aprender a existir simultáneamente en dos planos. Por un lado, participa plenamente en la realidad: trabaja, conversa, se relaciona con los demás y cumple todas sus responsabilidades. Pero, al mismo tiempo, mantiene una conciencia interior que permanece por encima de las limitaciones del mundo material.

No se trata de hipocresía ni de llevar una doble vida, pero sin esta capacidad de mantener cierta distancia interior, sería muy difícil sobrevivir espiritualmente en un mundo lleno de tensiones y contradicciones. Debemos estar presentes en la realidad sin quedar absorbidos por ella.

Esta es, precisamente, una de las enseñanzas más profundas del signo de Teomim. Así como los gemelos representan dos aspectos diferentes que conviven en una misma existencia, también el ser humano debe aprender a vivir simultáneamente dentro del mundo y por encima de él, uniendo ambas dimensiones en una vida armónica. Es la actitud de la duplicidad, estar aquí y allá.

La aceptación de la realidad

La letra Zain, con la que fue creado el mes de Siván, nos enseña una actitud fundamental frente a la vida: aprender a aceptar la realidad. Mientras la persona lucha constantemente contra aquello que no puede cambiar, vive atrapada en la frustración. En cambio, cuando comprende que esa es la situación que Hashem le ha presentado y comienza a preguntarse cómo actuar a partir de ella, descubre fuerzas que antes permanecían ocultas. Aceptar la realidad no significa resignarse, sino dejar de desperdiciar energías en aquello que ya ocurrió y concentrarlas en la misión que todavía queda por cumplir. La sabiduría es seguir siendo cada uno quién es pero sin darse la cabeza contra la pared. Actuar con sabiduría y tomar lo mejor y más agradable de cada mes. Cada mes tiene sus virtudes que Hashem le otorgó, pero se puede adoptar las cualidades de cada mes para vivir más libre y tranquilo.

Una visita al hospital

Relata el rabino Najmenson: en una oportunidad fui al Hospital de Rehabilitación Beit Levinstein para alegrar a algunos pacientes antes de Shabat. Allí vi a un hombre sentado con la mirada perdida. Tenía los ojos vidriosos y ni siquiera quería levantar la vista. Todo indicaba que había perdido una pierna, o quizás ambas, y era evidente que sentía que su mundo se había derrumbado. No podía juzgarlo; el sufrimiento que estaba atravesando era enorme.

Mientras conversábamos ocurrió algo muy llamativo. Poco a poco comenzó a abrirse y, en el momento en que aceptó interiormente la situación que estaba viviendo, pareció transformarse por completo. Naturalmente, no le habían vuelto a crecer las piernas, pero sí había recuperado el deseo de vivir. En cuanto dejó de preguntarse por qué le había sucedido aquello y empezó a pensar cómo seguir adelante, su rostro cambió. Vi delante de mí a una persona llena de esperanza, con fe y con fuerzas renovadas para continuar.

Aquella experiencia me hizo comprender que muchas veces el cambio más grande no ocurre cuando cambian las circunstancias, sino cuando cambia nuestra actitud frente a ellas. La realidad exterior puede permanecer exactamente igual, pero si la persona logra aceptarla y comienza a trabajar desde ese punto, descubre caminos que antes le resultaban invisibles. Esa es una de las grandes enseñanzas de la letra Zain y del mes de Siván.

El secreto de una vida larga

Hace poco falleció uno de mis amigos más cercanos. Tenía noventa y seis años. Había nacido en Polonia, pasó los años de la guerra en Rusia y, durante la gran aliá de los años noventa, llegó a Israel. Lo conocí hace unos veinticinco años; él ya tenía más de setenta y yo era todavía muy joven. A pesar de la diferencia de edad, se adaptó muy bien a la Tierra de Israel y nació entre nosotros una amistad muy especial y mantuvimos contacto durante muchos años.

Siempre me impresionó la claridad con la que vivía. Hasta la última semana de su vida conservó una mente lúcida y podía conversar sobre cualquier tema. Un día le hice una pregunta que aparece en la Guemará: «¿En mérito de qué Hashem te concedió una vida tan larga?». Su respuesta fue muy sencilla: «Cada vez que atravesaba una dificultad me decía a mí mismo: “Esto también tengo que pasarlo”». Nunca luchó contra la realidad; la aceptaba y seguía adelante. Había sobrevivido a guerras, había sufrido muchas pérdidas, no tuvo hijos y vivía solo, pero siempre lo vi alegre.

Mirar siempre hacia adelante

En los veinticinco años que lo conocí jamás lo escuché lamentarse por su pasado. Nunca hablaba de sus sufrimientos ni buscaba despertar compasión. Vivía siempre mirando hacia adelante. Recuerdo que un día llegó muy contento y me dijo: «Rab, tiene que felicitarme». Me contó que hacía treinta años había perdido la visión de un ojo y que acababan de devolverle la vista mediante una operación muy breve. Lo sorprendente fue descubrir que durante todos los años que habíamos estudiado juntos yo ni siquiera sabía que era ciego de un ojo. Nunca había hecho de esa carencia el centro de su vida. Vivía concentrado en lo que tenía, no en lo que le faltaba.

Una segulá para la longevidad

Si alguien preguntara cuál es una de las mayores segulot para una larga vida, respondería que consiste precisamente en esta forma de vivir. No construir la propia identidad alrededor de las carencias, sino aceptar la realidad que Hashem nos presenta y continuar avanzando con alegría. Esa actitud nace de una conexión sana con el mundo, y esa es precisamente la enseñanza de la letra Zain. Quien aprende a vivir de esta manera puede atravesar situaciones que a otros los llevarían a la desesperación, sin perder la esperanza ni la confianza en Hashem.

 LA TRIBU DE ZEVULÚN

Además de la letra que lo crea, cada mes del año corresponde también a una de las doce tribus de Israel. Existen distintas opiniones sobre esta correspondencia, pero nosotros seguiremos la tradición transmitida por el Arizal, según la cual el mes de Siván está asociado con la tribu de Zevulún. Esta relación no es casual, pues las características de Zevulún expresan de manera extraordinaria la esencia espiritual de Teomim.

La Torá describe a Zevulún diciendo: «Zevulún habitará a la orilla de los mares» (Bereshit 49:13). Nuestros Sabios explican que se dedicaba al comercio y a los viajes, viviendo en constante movimiento. De aquí aprendemos una de las cualidades fundamentales de este mes: la capacidad de desplazarse, conocer nuevos lugares, entrar en contacto con personas diferentes y ampliar constantemente los propios horizontes.

Quien posee esta naturaleza difícilmente pueda permanecer toda la vida en un mismo sitio haciendo exactamente lo mismo. Necesita movimiento. El cambio no lo desestabiliza; por el contrario, constituye el ambiente donde mejor desarrolla sus capacidades. A través del contacto con nuevas personas y nuevas experiencias adquiere conocimientos, aprende y madura. Ese dinamismo forma parte de su manera de comprender el mundo.

Cada persona aprende de manera diferente

Esta idea también nos ayuda a comprender que no todas las personas aprenden del mismo modo. Hay quienes necesitan estabilidad y rutina para desarrollarse, como el Shor, Taurus, mientras que otros aprenden precisamente mediante el movimiento. Zevulún pertenece a este segundo grupo. El cambio constante no lo distrae; al contrario, estimula su inteligencia y despierta su creatividad.

Por eso resulta importante comprender la naturaleza de cada persona. No todos deben ser educados de la misma manera. Aquello que para uno constituye una dificultad, para otro puede convertirse en su mayor fuente de crecimiento. Comprender esta diferencia evita muchos errores, tanto en la educación como en las relaciones humanas.

Zevulún y Diná

Nuestros Sabios enseñan una relación muy interesante entre Zevulún y Diná, la hija de Iaacov. Según algunas opiniones ambos compartieron el mismo embarazo. Originalmente, debían ser dos niños, pero Lea comprendió mediante inspiración profética que, si daba a luz otro hijo varón, Rajel no tendría la posibilidad de ser madre de dos de las doce tribus de Israel.

Entonces Lea elevó una plegaria a Hashem, y el embarazo cambió milagrosamente. Uno de los niños destinado a nacer como varón pasó a ser Diná, así Rajel pudo dar posteriormente a luz a Iosef y Biniamín, completando la distribución de las doce tribus. Entonces nacieron mellizos, Zebulun y Diná.

Más allá del aspecto milagroso del relato, encierra una enseñanza espiritual. Todo ocurrió para evitar que Rajel sintiera vergüenza o humillación. El origen espiritual de Zevulún quedó así ligado a una extraordinaria sensibilidad hacia el honor del prójimo. Antes que buscar el propio beneficio, aparece la preocupación por preservar la dignidad de otra persona.

No avergonzar al prójimo

Esta cualidad acompaña a Zevulún a lo largo de toda su raíz espiritual. El deseo de no avergonzar a otra persona constituye uno de los rasgos más elevados del carácter. Si lográramos incorporar esta sensibilidad a nuestra vida cotidiana, muchas relaciones humanas serían completamente diferentes.

Esta idea se relaciona con dos grandes figuras nacidas en el mes de Siván: Iehudá el hijo de Iaacov nació el 15 de Siván, así consta en el Midrash, y el rey David el 6 de Siván. Ambos se distinguieron por esforzarse en no avergonzar al otro, y por la capacidad de reconocer la verdad incluso cuando ello implicaba reconocer un error propio. En el caso de Iehudá, la Torá relata que dijo acerca de Tamar: «Ella es más justa que yo» (Bereshit 38:26). Con esas palabras no solo reconoció su responsabilidad, sino que también evitó avergonzarla públicamente.

Una cualidad que debemos adoptar, aunque parece diplomacia, hacer las cosas no de manera directa, pero es algo positivo.

Reconocer un error exige humildad. En la cultura contemporánea suele interpretarse como una señal de debilidad. Sin embargo, la Torá enseña exactamente lo contrario: quien es capaz de admitir su equivocación demuestra una enorme fortaleza interior. La verdadera grandeza no consiste en aparentar perfección, sino en buscar la verdad incluso cuando ello requiere rectificarse.

EL SENTIDO DEL CAMINAR

El Sefer Ietzirá enseña que cada mes posee un sentido particular del alma, y el sentido correspondiente al mes de Siván es el caminar (hiluj). A primera vista podría parecer un detalle menor, ya que todos caminamos, pero la Cabalá revela que se trata de una de las capacidades más profundas del ser humano.

Prácticamente todos los seres vivos se desplazan. Incluso la serpiente, antes de ser maldecida, también tenía patas. El caminar forma parte de la naturaleza de la creación y expresa la capacidad permanente de avanzar. La persona no fue creada para permanecer inmóvil, sino para progresar constantemente en todos los aspectos de su vida.

Cuando alguien atraviesa una situación difícil y siente que todo está cerrado a su alrededor, muchas veces basta con salir a caminar para experimentar un cambio interior. El simple movimiento del cuerpo libera tensiones y modifica el estado del alma. La preocupación no desaparece de inmediato, pero deja de dominar completamente a la persona. De pronto aparece un espacio interior desde el cual resulta posible pensar con mayor claridad y encontrar nuevas soluciones.

Por esa razón, quienes nacieron bajo la influencia espiritual de Teomim suelen descargar sus tensiones mediante el movimiento. Mientras otras personas buscan alivio durmiendo, comiendo o aislándose, ellos encuentran tranquilidad caminando. No es extraño verlos recorrer largas distancias o sentir una necesidad constante de salir, pasear o viajar. El movimiento físico produce en ellos un verdadero equilibrio emocional. Un niño de este signo se calma si lo llevan a dar una vuelta.

Messi 24 de junio 1987 – 27 Sivan

Caminar también significa conectar

Sin embargo, la Cabalá enseña que el sentido del caminar posee un significado mucho más amplio. Caminar no consiste únicamente en trasladarse de un lugar a otro. Cada desplazamiento crea un puente entre dos puntos que antes estaban separados. Allí donde antes existían dos lugares independientes, ahora aparece una conexión.

Esta misma idea se aplica a las relaciones humanas. Las personas cuya raíz espiritual pertenece a este mes poseen una capacidad especial para unir aquello que está separado. Son personas de comunicación. Les gusta conversar, intercambiar ideas, llamar por teléfono, escribir mensajes y mantener contacto con los demás. Todo aquello que crea vínculos entre personas expresa, en un sentido más profundo, el poder espiritual del caminar.

Viajar, escribir cartas, mantener correspondencia o simplemente sostener una buena conversación son distintas manifestaciones de una misma cualidad. En todos los casos se trata de unir dos realidades que antes estaban distantes. Esa es una de las características más notables de Teomim: construir puentes entre las personas.

La sefirá del mes: Tiferet

En cuanto al mes de Siván, corresponde a la sefirá de Tiferet (Belleza). La correspondencia es mes por mes: Nisán corresponde a Jesed (Bondad) y su signo es Talé (Aries). Luego viene Iyar, que corresponde a Guevurá (Rigor), su signo es Shor (Tauro). Finalmente llega Siván, que corresponde a Tiferet. Tiferet está formada por la unión de dos sefirot. Tiferet es la sefirá que une a Jesed con Guevurá, es decir, armoniza la bondad y el rigor, el amor y la disciplina.

En el libro muy antiguo Pesikta, se relata que le preguntaron al Santo, bendito sea: «¿Por qué el signo de Géminis (Teomim, los Gemelos)?». El Santo, bendito sea, respondió: «Porque Teomim es el hombre, y el hombre que voy a crear está destinado a conducirse tanto con la luz como con la oscuridad.»

¿A qué sefirá corresponde la luz? A Jesed. ¿Y la oscuridad? A Guevurá. El hombre que voy a crear —dice Hashem— será Teomim, Gemelos, es decir, llevará dentro de sí esa dualidad.

¿Qué significa esto? Significa, en primer lugar, que el mundo mismo que voy a crear tiene la naturaleza de Géminis. En otras palabras, el mundo posee un ADN espiritual, y ese ADN está representado por la letra ז (Zain), el número siete, del que hablamos anteriormente.  Por eso el signo de Géminis está profundamente conectado con el número siete, que representa la estructura del mundo. Este signo está especialmente vinculado con la naturaleza misma de la creación.

Incluso en la astrología general se habla de una característica muy conocida de Géminis: su gran carisma personal. A veces llegan a advertir: «Ten cuidado con un empleado nacido bajo Géminis; podría lograr que despidas a otro trabajador para contratarlo a él». Es una forma exagerada de describir el enorme poder de atracción y persuasión que puede ejercer.

Entonces surge la pregunta: ¿Por qué tiene ese encanto personal? ¿Por qué ocupa un lugar tan importante en mi corazón? ¿Por qué logra despertar en mí emociones profundas y tocar puntos tan sensibles? La respuesta es que esa es precisamente su raíz espiritual. La raíz de este signo consiste en la unión de Jesed y Guevurá, de la luz y la oscuridad, de dos fuerzas aparentemente opuestas que se integran en una sola realidad.

Y como la raíz misma del mundo está formada por la luz y la oscuridad, tal como vemos al comienzo de la creación en la parashá Bereshit, el nacido bajo este signo tiene una capacidad especial para conectar extremos. Es capaz de pasar en un instante de un polo al otro, como si saltara del Polo Norte al Polo Sur. Puede cambiar rápidamente de un estado de ánimo a otro, porque integra dentro de sí ambos polos de la realidad.

Eso es precisamente Tiferet. Tiferet genera belleza, y la belleza genera encanto. Ese es el secreto del carisma personal de los nacidos bajo el signo de Géminis. No importa ahora cuáles sean las demás características de su personalidad; lo importante es comprender que tienen una notable capacidad para influir sobre las personas. Esa es una de sus mayores especialidades.

El hombre fue creado para integrar los opuestos

Un antiguo Midrash plantea una pregunta muy sugestiva: ¿por qué el signo de este mes es precisamente Teomim, los gemelos? Y responde que el ser humano fue creado para vivir entre dos dimensiones opuestas: la luz y la oscuridad. La luz representa el atributo de Jesed, mientras que la oscuridad simboliza Guevurá. La misión del hombre consiste en aprender a vivir entre ambas sin quedar prisionero de ninguna. El mundo mismo fue creado sobre esa alternancia: día y noche, expansión y contracción, dar y recibir. La existencia humana refleja continuamente esa dualidad.

Por eso el símbolo de los gemelos no expresa una contradicción, sino una complementariedad. La verdadera madurez espiritual consiste en saber integrar fuerzas opuestas sin destruir ninguna de ellas. Esa integración es precisamente la esencia de Tiferet.

El secreto del encanto personal

En la astrología general suele decirse que las personas nacidas bajo el signo de Géminis poseen un encanto especial. La Cabalá explica este fenómeno desde una perspectiva mucho más profunda.

El atractivo personal no proviene simplemente de la simpatía o de la facilidad para hablar. Su raíz espiritual está en Tiferet, la sefirá que armoniza la bondad y el rigor, la luz y la oscuridad. Las personas se sienten naturalmente atraídas por quien es capaz de comprender distintas perspectivas y no queda encerrado en una sola manera de pensar.

Quien solo conoce un color de la realidad termina volviéndose rígido. En cambio, quien sabe contemplar varios aspectos de una misma situación transmite amplitud, belleza y armonía. Ese equilibrio interior genera una atracción natural. No se trata de manipular a los demás, sino de expresar una personalidad amplia, capaz de contener distintos matices sin perder su propio centro.

EL PLANETA DEL MES: KOJAV (MERCURIO)

Así como cada mes posee una letra, una tribu y una sefirá, también recibe la influencia espiritual de uno de los siete planetas mencionados por nuestros Sabios. El planeta correspondiente al mes de Siván es Kojav (Mercurio).

La Guemará, en el tratado Shabat (156a), enseña: «Quien nace bajo la influencia de Kojav será una persona iluminada y sabia». La razón es que Mercurio se encuentra muy próximo al Sol y recibe directamente su luz. De la misma manera, quien nace bajo esta influencia posee una facilidad especial para irradiar inteligencia y transmitir conocimiento. Puede ser que no sabe mucho pero sabe cómo mostrar lo que sabe y además aparentar saber cosas que no sabe.

Nuestros Sabios no dicen necesariamente que esta persona sea la más sabia de todas, sino que posee la capacidad de iluminar. Muchas veces sabe presentar una idea de forma tan clara que quienes la escuchan sienten que han comprendido algo completamente nuevo. Tiene facilidad para explicar, comunicar y despertar interés. Esa es una de las manifestaciones del poder de Kojav.

El talento para comunicar

Vivimos en una generación donde la comunicación ocupa un lugar central. La publicidad, el marketing y los medios de comunicación no siempre venden el producto más valioso, sino el que mejor saben presentar. En cierto sentido, esa capacidad también pertenece a la energía espiritual de este mes. Naturalmente, esta cualidad puede utilizarse para bien o para mal. Puede emplearse para difundir superficialidad o para acercar a las personas a la Torá. El talento de comunicar es un don que Hashem concede, pero la elección de cómo utilizarlo depende de cada individuo.

Por eso, más que admirar esta capacidad, debemos aprender a orientarla hacia un propósito elevado. Quien sabe transmitir una idea tiene la responsabilidad de poner ese talento al servicio de la verdad.

La facilidad para crear vínculos

Otra característica destacada de este mes es la facilidad para establecer relaciones con personas muy diferentes entre sí. Hay quienes parecen conocer gente en todos los ámbitos y mantienen contacto con personas de los ambientes más diversos. No se trata solamente de sociabilidad; existe una auténtica capacidad para crear vínculos y conservarlos a lo largo del tiempo.

Cuenta la historia de un hombre nacido bajo el signo de Teomim, que aseguraba conocer personalmente a las figuras más importantes del mundo. Su amigo pensó que exageraba, hasta que comenzaron a visitar distintas personalidades y, una tras otra, todas lo recibían con afecto y familiaridad. La historia llega a un punto absurdo cuando alguien pregunta: «¿Quién es ese hombre que está al lado de Goldman?», como si el personaje famoso fuera el acompañante del nacido en Teomim. Es una broma que, aunque exagerada, pone de manifiesto una característica real: la facilidad para generar conexiones humanas.

El ejemplo del Rav Israel Meir Lau

Como ejemplo contemporáneo de esta cualidad, el Rav Israel Meir Lau, nacido el 28 de Siván. Huérfano desde muy pequeño y sobreviviente de la Shoá, logró convertirse en una de las figuras más conocidas y respetadas del pueblo judío.

Una de las razones de esa influencia fue su extraordinaria capacidad para relacionarse con personas de todos los sectores. Sabía encontrar el lenguaje apropiado para cada interlocutor y generar inmediatamente un clima de cercanía. Personas con ideas muy diferentes sentían que él las comprendía y las respetaba.

Esta capacidad no surgía de la improvisación. El Rav explica que antes de cada encuentro el Rav Lau se preparaba cuidadosamente. Procuraba conocer la historia del lugar, los nombres de quienes lo recibirían, las características de la comunidad y todos los detalles posibles. Cuando hablaba, las personas percibían ese interés genuino y sentían que eran importantes para él. Ese esfuerzo previo era una expresión de respeto, y precisamente por eso lograba abrir tantos corazones.

El valor de prepararse para cada encuentro

Esta enseñanza vale para todos nosotros. Muchas veces pensamos que la buena comunicación depende únicamente del carisma, cuando en realidad nace del interés sincero por el otro. Prepararse antes de encontrarse con una persona, conocer su historia, comprender su realidad y hablarle en un lenguaje que pueda recibir constituye una verdadera muestra de consideración.

No se trata de manipular ni de decir a cada uno lo que desea escuchar. Se trata de hacer el esfuerzo de entrar en su mundo para poder establecer un vínculo auténtico. Esa capacidad de crear puentes entre personas diferentes expresa nuevamente la esencia espiritual de Teomim: unir aquello que parecía separado.

EL NOMBRE DIVINO CORRESPONDIENTE AL MES

Cada uno de los doce meses posee también una combinación particular del Nombre de cuatro letras (Havaiá) que ilumina espiritualmente ese período del año. Todas las combinaciones contienen las mismas letras, pero aparecen en un orden diferente, expresando así una energía distinta para cada mes.

La combinación básica del Tetragrámaton es י־ה־ו־ה (Iud-Hei-Vav-Hei), pero cada mes aparece con una permutación diferente. En el caso del signo de Géminis, la combinación correspondiente es distinta.

La permutación del Nombre Havaiá (י־ה־ו־ה) que ilumina desde Hashem durante el mes de Siván es:

יְ וּ הַ הַ

Esta combinación se obtiene de las iniciales del siguiente pasaje:

«Harás cuarenta basas de plata debajo de los veinte tablones; dos basas debajo de un tablón para sus dos espigas, y dos basas debajo del otro tablón para sus dos espigas. Y para el segundo lado del Mishkán, el lado norte, veinte tablones.»
(Éxodo 26:19-20).

“וְאַרְבָּעִים אַדְנֵי כֶסֶף תַּעֲשֶׂה תַּחַת עֶשְׂרִים הַקָּרֶשׁ, שְׁנֵי אֲדָנִים תַּחַת הַקֶּרֶשׁ הָאֶחָד לִשְׁתֵּי יְדֹתָיו, וּשְׁנֵי אֲדָנִים תַּחַת הַקֶּרֶשׁ הָאֶחָד לִשְׁתֵּי יְדֹתָיו וּלְצֶלַע הַמִּשְׁכָּן הַשֵּׁנִית לִפְאַת צָפוֹן עֶשְׂרִים קָרֶשׁ”:

Lo interesante es que no proviene de un solo versículo, sino de la unión de dos versículos diferentes. También aquí se refleja el tema de los gemelos.

La palabra ידותיו” (iedotav, sus lados o sus soportes) aparece al final de un versículo, y luego continúa con el siguiente: ולצלע המשכן השנית” (y para el segundo lado del Mishkán). Allí aparece la palabra השנית” (ha-shenit, el segundo).

Observen cómo se repite la idea de lo doble, de lo segundo, e incluso el salto de un versículo a otro sin una relación aparente. Sin embargo, ambos se unen en una misma idea, reflejando esa personalidad capaz de conectar elementos distintos. Todo ello constituye una alusión a una misma cualidad espiritual.

Este es el mes de la entrega de la Torá. ¿Qué ocurrió con el pueblo de Israel en el momento de recibir la Torá? Pasó de ser un conjunto de pueblos a convertirse en el pueblo judío. Fue un salto extraordinario, una transformación radical.

En el mes de Siván también está asociado el rey David, quien desciende de Rut la moabita. Rut representa el ejemplo por excelencia de la conversa al judaísmo. Rut dio un salto inmenso: pasó de ser moabita a ser judía. Pero no simplemente una judía más, sino la mujer de quien surgiría toda la dinastía real de Israel. De ella descendería el rey David. Ese es uno de los poderes especiales de este mes: la capacidad de pasar, en un solo instante, de un estado espiritual a otro completamente diferente. Esa idea también está insinuada en el versículo mediante la expresión השנית” (el segundo).

Esta es una cualidad muy especial. Observando al rabino Israel Meir Lau, es un ejemplo porque hay muchas personas con esta característica. Cuando el rabino Lau llega, por ejemplo, a una reunión de Jabad y da una conferencia, los jasidim de Jabad están convencidos de que él es uno de ellos. Y cuando asiste a un encuentro del movimiento Hashomer Hatzair, los presentes sienten que prácticamente creció en el Palmaj. Así es la manera en que sabe presentarse ante cada grupo.

Durante un tiempo seguí de cerca su forma de actuar porque su personalidad me resultaba muy interesante. Descubrí que, antes de llegar a cualquier lugar, hace una enorme preparación previa. Aunque parezca que habla con total naturalidad y espontaneidad, en realidad estudia muchísimo antes de cada encuentro. Tiene su propio método: quiere saber quién dirige ese kibutz, quién es la persona más importante del lugar, quién fue su fundador, en qué año se estableció y muchos otros detalles.

Memoriza toda esa información y luego la incorpora naturalmente dentro de su conferencia. El resultado es que deja impresionados a todos los presentes, porque tienen la sensación de que conoce la historia de su kibutz mejor que ellos mismos. Entonces todos dicen: «¡Este sí que es un gran rabino!». Así es como se lo percibe. Ese mismo día puede encontrarse en una reunión de jasidim de Vizhnitz. Allí hablará en ídish, con las expresiones y el estilo propios de ese ambiente, y dará la impresión de que proviene exactamente de ese mundo. Es importante comprender que esto nace de una actitud de respeto hacia las personas. Antes que nada, sepan que no surge espontáneamente. No aparece por sí solo.

Eso no puede resultar engañoso en cierto sentido, puede inducir a error, incluso mucho. Pero, al mismo tiempo, también crea conexión. Es una forma de comunicación que acerca a las personas en lugar de alejarlas. Personalmente, no creo que la gente se moleste por ello. A las personas les gusta sentirse reconocidas y apreciadas. El hecho de que alguien conozca tan bien su historia y su realidad suele generar cercanía. Es cierto que al principio piensan: «Es uno de los nuestros». Después descubren que no exactamente. Sin embargo, para entonces ya se ha establecido un vínculo.

Tomemos nuevamente al rabino Lau como ejemplo para que resulte más fácil comprenderlo. Él es percibido como un rabino universal. No es alguien que se siente durante toda una noche con un matrimonio para tratar problemas de shalom bait; ese no es su estilo. Su fortaleza consiste en presentar una visión amplia, general, desde arriba. Las enseñanzas que transmite son muy bellas y elevadas. Precisamente esa es la imagen de una figura verdaderamente nacional, una personalidad que pertenece a todo el pueblo.

Aunque personalmente proviene de un determinado sector y de un entorno muy específico, la percepción que la gente tiene de él es extremadamente amplia y general. Si observan a los demás Grandes Rabinos de Israel, tanto los que estuvieron antes como los que vinieron después, verán que ninguno fue percibido de una manera tan universal como él. No se puede decir que tenga un verdadero competidor en ese aspecto. Esa es precisamente la cualidad característica de esta personalidad, y ahora intentaremos comprenderla todavía con mayor profundidad.

El ejemplo de Rut y el rey David

La misma idea aparece reflejada en otra figura central del mes de Siván: Rut la moabita. Ella nació fuera del pueblo de Israel, pero tuvo la fuerza espiritual para abandonar completamente su pasado y unirse al pueblo judío con absoluta sinceridad. No solo llegó a formar parte de Israel, sino que se convirtió en la bisabuela del rey David y, por lo tanto, en la raíz de la dinastía mesiánica.

El Rav destaca que esta transformación representa perfectamente la energía de Teomim. No se trata simplemente de cambiar de lugar o de circunstancias, sino de tener la capacidad de elevarse hacia una realidad completamente nueva. Es el poder de pasar de un nivel espiritual a otro con decisión y autenticidad.

Adaptarse sin perder la propia identidad

El Rav vuelve a tomar como ejemplo al Rav Israel Meir Lau. Cuenta que, cuando hablaba ante un público jasídico, quienes lo escuchaban tenían la impresión de que había crecido toda su vida dentro de ese ambiente. Sin embargo, cuando se encontraba con personas alejadas de la observancia o pertenecientes a otros sectores de la sociedad israelí, conseguía expresarse en un lenguaje completamente diferente y generar exactamente la misma cercanía.

Quien observaba desde afuera podía pensar que esa capacidad era completamente natural. Sin embargo, el Rav explica que detrás de ella había un enorme trabajo de preparación. Antes de cada encuentro estudiaba cuidadosamente la historia del lugar, conocía a las personas con las que iba a reunirse y procuraba comprender qué era importante para ellas. De esa manera lograba establecer un diálogo verdadero, basado en el respeto y no solamente en la simpatía.

Esta cualidad no debe entenderse como una forma de fingir o de adoptar distintas personalidades según las circunstancias. La enseñanza es mucho más profunda. Cuando una persona respeta sinceramente a quien tiene delante, busca la forma adecuada de transmitirle el mismo mensaje para que pueda recibirlo. El contenido permanece inalterable; lo que cambia es el lenguaje. Esa flexibilidad constituye una de las expresiones más elevadas de la comunicación.

La importancia de la flexibilidad-gamish

Para poder convivir con personas diferentes es necesario desarrollar una gran capacidad de adaptación. El Rav insiste en que la rigidez excesiva termina alejando a las personas. Quien pretende que todos piensen igual, hablen igual y reaccionen igual, encontrará enormes dificultades para construir relaciones duraderas.

La flexibilidad, en cambio, no significa renunciar a los propios principios. Significa saber cómo expresarlos de la manera adecuada en cada situación. La persona flexible no cambia la verdad; cambia la forma de presentarla para que pueda ser recibida. Esa actitud crea cercanía, genera confianza y abre las puertas del diálogo.

Por ello, la energía espiritual de Teomim nos enseña a ser como un puente. El puente permanece firme sobre sus pilares, pero al mismo tiempo permite que personas provenientes de lugares diferentes puedan encontrarse en un mismo camino.

El órgano correspondiente al mes

Según el Sefer Ietzirá, cada mes también se relaciona con un miembro del cuerpo. El órgano correspondiente al mes de Siván es la pierna izquierda.

Cuando una persona comienza a caminar levanta el pie derecho, pero normalmente impulsa el movimiento apoyándose primero sobre la pierna izquierda, mientras la derecha avanza. La pierna izquierda permanece un instante firmemente apoyada sobre la tierra y proporciona la estabilidad necesaria para dar el siguiente paso.

La pierna izquierda representa la conexión con la realidad material, mientras que la derecha simboliza el avance hacia lo espiritual. Ambas son necesarias, pero el objetivo siempre es utilizar la estabilidad que ofrece el mundo material para avanzar hacia un nivel espiritual cada vez más elevado.

Por esa razón, quienes poseen la energía de Teomim deben prestar especial atención al uso que hacen de su extraordinaria capacidad para crear vínculos. Tienen facilidad para acercar personas, iniciar conversaciones y establecer relaciones, pero la pregunta es: ¿para qué utilizan ese don? La Cabalá enseña que el verdadero objetivo consiste en emplearlo para fortalecer la dimensión espiritual de la vida.

Hay muchas formas de conectar a las personas. Uno puede ayudar a alguien a encontrar trabajo, poner en contacto a dos comerciantes o facilitar un negocio. Todo eso es positivo y tiene su valor. Sin embargo, el Rav señala que existe una conexión todavía más elevada: acercar a una persona a la Torá, ayudar a reconciliar a dos personas enemistadas o despertar en alguien el deseo de acercarse a Hashem.

La energía de Teomim alcanza su máxima expresión cuando se convierte en un instrumento para unir almas. La comunicación deja entonces de ser simplemente una habilidad social y se transforma en una verdadera misión espiritual. La persona se convierte en un puente entre seres humanos y, al mismo tiempo, en un puente entre el hombre y Hashem.

Una necesidad de nuestra generación

Vivimos en una época en la que las personas parecen estar cada vez más aisladas unas de otras. Antiguamente se decía: «El hombre es un lobo para el hombre». Hoy, comenta el Rav, podría decirse algo diferente: «El hombre se ha convertido en un muro para el hombre». Muchas personas ya ni siquiera se escuchan mutuamente. Cada uno permanece encerrado en su propio mundo, sin prestar verdadera atención al otro.

Precisamente por eso, la capacidad de tender puentes adquiere hoy una importancia extraordinaria. Saber escuchar, acercar posiciones, crear diálogo y reconciliar personas constituye una de las grandes tareas espirituales de nuestra generación. Quien posee naturalmente esa capacidad debería considerarla un regalo de Hashem y utilizarla para incrementar la paz y la unidad entre las personas.

Construir armonía

No siempre podremos resolver los grandes conflictos del mundo, pero cada uno puede comenzar por su propio entorno. A veces basta una conversación oportuna, una palabra dicha con sensibilidad o un gesto de acercamiento para evitar una discusión o restablecer una amistad.

La verdadera grandeza de Teomim no consiste únicamente en saber hablar, sino en saber construir armonía. Allí donde otros encuentran división, procura descubrir aquello que une. Allí donde existen posiciones enfrentadas, busca el punto de encuentro. Esa capacidad de generar paz refleja una de las funciones más elevadas de la sefirá de Tiferet, que consiste precisamente en armonizar fuerzas aparentemente opuestas.

El verdadero propósito del talento

Toda capacidad que Hashem concede al ser humano implica también una responsabilidad. Quien recibió facilidad para comunicarse no debe utilizarla solamente para obtener beneficios personales o para ganar influencia. Su misión consiste en poner ese talento al servicio del bien.

Cuando una persona logra acercar a otra a la Torá, reconciliar amigos distanciados, fortalecer una familia o inspirar esperanza en quien la había perdido, está utilizando correctamente la energía espiritual del mes de Siván. Esa es la finalidad para la cual fue entregado este don.

«Como un solo hombre, con un solo corazón»

No es casual que la entrega de la Torá haya tenido lugar precisamente en el mes de Siván. Antes de recibir la Torá, el pueblo de Israel alcanzó un grado excepcional de unidad. Sobre el versículo «Israel acampó allí frente al monte» (Shemot 19:2), nuestros Sabios comentan: «Como un solo hombre, con un solo corazón».

Los gemelos poseen entre sí una conexión muy especial; muchas veces parecen sentir lo que experimenta el otro incluso sin necesidad de palabras. Del mismo modo, en el monte Sinaí todo el pueblo de Israel alcanzó un estado de unidad tan profundo que actuó como si fuera una sola persona.

Ése es el ideal al que debemos aspirar. La comunicación no consiste únicamente en intercambiar información. Su objetivo más elevado es crear una auténtica unión entre las personas, hasta el punto de que cada uno pueda sentir al otro como parte de sí mismo.

Sentir al otro

El Rav relata que un joven maestro, que se encontraba realizando sus prácticas docentes, fue observado por un inspector del Ministerio de Educación. Al finalizar la clase, el inspector lo felicitó por su extraordinaria capacidad para explicar las ideas con claridad, pero le hizo una observación muy importante: «Explicas muy bien, pero no dejas que los alumnos hablen. Tú hablas todo el tiempo y ellos casi no tienen oportunidad de expresarse».

Aquella observación encerraba una profunda enseñanza sobre la comunicación. Comunicarse no consiste solamente en transmitir un mensaje, sino también en percibir lo que el otro necesita decir. La verdadera comunicación comienza cuando aprendemos a escuchar.

Un buen educador sabe reconocer el momento en que un alumno necesita intervenir. A veces basta una simple pregunta: «¿Qué opinas tú?», para que una persona descubra confianza en sí misma y comience a participar. Hay maestros que poseen esa sensibilidad de manera natural. Son capaces de percibir quién necesita ser escuchado y encuentran el momento justo para darle la palabra.

Esa cualidad expresa una de las dimensiones más elevadas del signo de Teomim. No consiste únicamente en hablar bien, sino en sentir al otro y ayudarlo a expresar aquello que lleva en su interior.

Dos formas de comprender al prójimo

Si Teomim posee tanta sensibilidad hacia los demás, ¿en qué se diferencia de la cualidad propia del mes de Adar, que también está relacionada con la comprensión del prójimo?

Ambas capacidades son diferentes. La energía de Adar penetra mucho más profundamente en el alma. Tiene una comprensión casi psicológica de los sentimientos ocultos de la persona. Teomim, en cambio, percibe con rapidez lo que ocurre en el plano de la comunicación y de la relación interpersonal. Capta las reacciones, los gestos, las necesidades inmediatas y sabe cómo responder para crear un vínculo.

No se trata de dos cualidades opuestas, sino de dos niveles distintos de percepción. Adar llega a las profundidades del alma; Teomim posee una extraordinaria sensibilidad para establecer contacto y abrir canales de comunicación.

El talento para transmitir

Por esa razón, quienes pertenecen espiritualmente a este mes suelen destacarse como conferencistas, maestros, comunicadores o personas capaces de captar rápidamente la atención de un auditorio. Poseen facilidad para presentar las ideas de manera clara y despertar el interés de quienes los escuchan.

Naturalmente, ese talento puede utilizarse de muchas maneras. Como toda capacidad que Hashem concede, depende del uso que la persona haga de ella. Cuando se pone al servicio de la Torá y del acercamiento entre las personas, se convierte en una herramienta extraordinaria para aumentar la luz en el mundo.

Los hombros: un símbolo de flexibilidad

Uno de los antiguos libros de Cabalá, atribuido a Rabí Iehudá HaJasid, establece una relación entre el signo de Teomim y los hombros. A primera vista la conexión resulta extraña, pero encierra una enseñanza muy profunda.

Los hombros poseen una gran movilidad. Pueden elevarse, descender y adaptarse con rapidez. Esa flexibilidad simboliza una cualidad indispensable para toda persona que desee relacionarse correctamente con los demás. Quien permanece rígido en todas sus posturas encuentra enormes dificultades para convivir y cooperar.

La verdadera unión exige flexibilidad. No significa renunciar a los principios, sino aprender a distinguir entre aquello que es esencial y aquello que puede adaptarse para facilitar el encuentro con el prójimo.

La flexibilidad crea unión

Cuanto más rígida es una persona, más difícil le resulta construir relaciones profundas. En cambio, quien sabe ceder en aquello que no afecta los principios fundamentales logra acercarse mucho más a los demás.

Los hombros representan precisamente esa capacidad de movimiento. Del mismo modo que pueden cambiar de posición con facilidad, también la persona debe aprender a modificar ciertas formas externas cuando ello favorece la paz, el entendimiento y la unidad.

Ésta es otra de las enseñanzas del mes de Siván: la verdadera fortaleza no consiste en endurecerse, sino en saber adaptarse sin perder la propia identidad. Esa combinación de firmeza interior y flexibilidad exterior constituye uno de los secretos más importantes de Teomim.

La Torá fue entregada en un mes de unión

Rabí Shelomó Kluger formula una pregunta muy interesante en uno de sus comentarios al Shir HaShirim: ¿por qué la Torá fue entregada precisamente en el mes de Siván y no en otro momento del año? La respuesta está relacionada con la esencia misma de este mes para mostrar que no se puede ser egoísta, recibieron la Torá para ellos pero también para Eisav. Bnei Israel son los hijos de Iaacov Avinu, y con Eisav eran mellizos. Hay que estudiar Torá con el corazón limpio, así se puede recibir. SI se mira al otro, si este merece o no merece.

Y así los gemelos siempre piensan en el otro, los confunden, está conectado con su hermano y se anulan al otro.

La Torá solo puede recibirse cuando existe unidad. Antes de Matan Torá el pueblo de Israel alcanzó un estado excepcional de unión, descrito por nuestros Sabios con la expresión: «Como un solo hombre, con un solo corazón». El mes de Teomim simboliza precisamente esa capacidad de conectar personas diferentes hasta formar una verdadera unidad.

No se trata de que todos piensen igual o tengan la misma personalidad. Los gemelos tampoco son completamente idénticos. Cada uno conserva su individualidad, pero existe entre ellos un vínculo tan profundo que parecen compartir una misma vida. Del mismo modo, la unidad que exige la Torá no elimina las diferencias; las integra dentro de un propósito común.

Rabi Iejiel Alperin, uno de los grandes de la generación anterior, escribió el libro Seder Hadorot. Saben hablar uno con el otro (es un mazal con boca) Sabe dialogar. Cuando uno le habla al otro lo que estudió se entiende y capta mejor. Este mazal con boca, letra zain, el mazal del mundo, así capta las cosas cuando las dice al otro.

Un shiur de 1 hora se cuenta al otro  10 segundos del shiur eso lo recordará.

Saben de poesía, de lenguaje, expresar con belleza.

Azazel es el monte donde se arrojaba el chico: ez azal (el chivo se fue) notricones.

Jidá en su libro Avahat David: para llegar a la unidad en el pueblo hay que pensar que todos somos mellizos, que nacimos del mismo vientre y se llega a la unidad es con humildad.

Se ponen a la misma altura del otro, son populares.

El verdadero líder habla poniéndose a la altura del pueblo.

Rabi Shimón en Tikuním Zohar: mazal teomim, es un mazal de doble rostro de forma femenina. Dice son teomot. Nukva, mujer, para poder comunicarse con alguien hay que saber que nadie quiere ser solo receptor, también quiere dar, no solo alumno también maestro. La sabiduría es saber darle a las personas que te oyen la sensación de que ellas te enseñaron. Teomot. Si puedo recibir puedo ser un dador mejor. Mashpía y mekabel.

El Metupal le da la sensación de que le enseñó algo. Así puede curar, liberar a las personas.  

Esta cualidad tiene que desarrollarse en los chicos, los padres tienen que mostrarle cómo también aprenden de ellos.

ANGEL QUE CORRESPONDE AL MES

Raam-i-el –  רעמי-אל

Encargado de los rayos. Es un gran ruido y después silencio. Primero hacen mucho ruido pero después veremos. No tiene constancia. Es lo primero para triunfar.

Los padres tienen que ayudarlos.

___________

CARACTERÍSTICAS:

Captan rápido, pero puede llevar a la simpleza.

Tienen varias caras

Les gusta viajar, pasear. Entonces estudiar lenguas

Que no digan lashón hará, porque entienden mucho, ven mucho y son críticos.

Profesión: vendedor, como Zebulún.

Una de las equivocaciones más frecuentes consiste en pensar que la paz solo puede existir cuando todos opinan igual. La Torá enseña exactamente lo contrario. La verdadera unidad aparece cuando personas diferentes aprenden a trabajar juntas sin renunciar a su identidad.

Eso es lo que expresa la sefirá de Tiferet. No elimina el Jesed ni la Guevurá, sino que los armoniza. Del mismo modo, la persona no debe anular su personalidad para llevarse bien con los demás, sino aprender a encontrar el punto donde las diferencias dejan de separarnos y comienzan a enriquecernos mutuamente.

La misión de Teomim

Si tuviéramos que resumir la misión espiritual de Teomim en una sola frase, podríamos decir que consiste en crear conexiones.

Conectar personas.

Conectar ideas.

Conectar mundos diferentes.

Conectar el cielo con la tierra.

Conectar al hombre con Hashem.

Toda la estructura espiritual de este mes gira alrededor de esa capacidad. Por eso encontramos una y otra vez el mismo tema: la comunicación, el movimiento, los viajes, el comercio, el diálogo, la diplomacia, la reconciliación y la armonía. Todos ellos son distintas expresiones de un mismo principio interior.

_________

A. El nombre “Siván”

El nombre Siván está relacionado con la palabra זיו (ziv), que significa resplandor, brillo o irradiación. Alude a una luz que se reviste en recipientes (kelim), es decir, una iluminación espiritual que puede manifestarse y expresarse dentro de la realidad concreta.

D. La tribu del mes: Zevulún

Acerca del nacimiento de Zevulún, la Torá relata:

«Leá concibió nuevamente y dio a luz un sexto hijo para Yaakov. Entonces dijo Leá: “Dios me ha concedido un precioso regalo. Ahora mi marido habitará (izbeleni) conmigo, pues le he dado seis hijos”. Y llamó su nombre Zevulún
(Bereshit/Génesis 30:19-20).

Al bendecir a sus hijos antes de morir, Yaakov dijo:

«Zevulún habitará junto a la costa de los mares; será puerto para los barcos, y su límite llegará hasta Sidón.»
(Bereshit/Génesis 49:13).

Más tarde, Moshé bendijo a la tribu diciendo:

«Alégrate, Zevulún, en tus salidas, e Isajar en tus tiendas. Convocarán a los pueblos al monte; allí ofrecerán sacrificios de justicia, porque se nutrirán de la abundancia de los mares y de los tesoros ocultos en la arena.»
(Devarim/Deuteronomio 33:18-19).

En el libro de Iehoshúa se describe detalladamente el territorio asignado a la tribu de Zevulún mediante el sorteo de la Tierra de Israel. Allí se enumeran sus límites geográficos y las ciudades que componían su heredad, concluyendo:

«Esta fue la herencia de los hijos de Zevulún según sus familias, estas ciudades y sus aldeas.»
(Yehoshúa/Josué 19:10-16).

Sin embargo, durante la conquista de la tierra, la tribu no expulsó completamente a todos los pueblos cananeos:

«Zevulún no expulsó a los habitantes de Kitrón ni a los habitantes de Nahalol; los cananeos permanecieron entre ellos y quedaron sometidos a trabajos forzados.»
(Shoftim/Jueces 1:30).

Más adelante, en tiempos de la profetisa Débora, la tribu de Zevulún volvió a destacarse por su valentía:

«Barak convocó a Zevulún y a Naftalí en Kedesh. Diez mil hombres lo siguieron, y Débora subió con él.»
(Shoftim/Jueces 4:10).

ה. La letra del mes

La letra del mes de Siván es la ז (Zain).

La Zain representa la plenitud de la naturaleza, expresada en los siete días de la Creación (los siete días de la construcción del mundo).

ו. Órgano de la cabeza

El oído izquierdo.

ז. Órgano del cuerpo

La pierna izquierda.

ח. Dedo de la mano

El dedo anular izquierdo, específicamente su falange interna.

ט. La fuerza espiritual para rectificar

Agilidad, diligencia y capacidad de avanzar.

י. La sefirá del mes

Tiferet (Belleza, Armonía).

יא. El signo del mes

Géminis (Teomim – Los Gemelos).

Representa:

  • La correspondencia y armonía, La Torá Escrita y la Torá Oral. El Cielo y la Tierra. La unión entre el Santo, bendito sea (Kudshá Berij Hu) y Su Presencia Divina (la Shejiná).

יב. Acontecimientos del mes de Siván

  • 3 de Siván: Comienzan los Tres Días de Preparación antes de la entrega de la Torá. También es el aniversario del fallecimiento de Rabí Yaakov Shimshón de Shpitovka.
  • 6 de Siván: Entrega de la Torá, hace aproximadamente 3.400 años. También es el aniversario del fallecimiento del rey David y de nuestro maestro el Baal Shem Tov, de bendita memoria.
  • 7 de Siván: Aniversario del fallecimiento del profeta Hoshea ben Beerí y del santo converso Abraham ben Abraham, martirizado por santificar el Nombre de Hashem.
  • 9 de Siván: Aniversario del fallecimiento del gaón Rabí Avigdor Kara, del gaón Rabí Israel de Shklov y de Rabí Itzjak Isaac de Zidichov.
  • 14 de Siván: Aniversario del fallecimiento del gaón Rabí Jaim de Volozhin.
  • 15 de Siván: Aniversario del fallecimiento de Leá, nuestra matriarca, y de Yehudá, hijo de Yaakov y Leá.
  • 25 de Siván: Se decretó el martirio de los Diez Mártires del Reino Romano. También es el aniversario del fallecimiento de Rabán Shimón ben Gamliel, Rabí Ishmael ben Elisha, el Sumo Sacerdote, Rabí Janiná Segán HaCohanim, y del gaón Rabí Mordejai Eliyahu, de bendita memoria.
  • 26 de Siván: Aniversario del fallecimiento del tanaíta Rabí Yonatán ben Uziel.

El mes de Siván según nuestro maestro el Baal Shem Tov

La preparación para recibir la Torá desde Rosh Jodesh Siván

Para prepararse para la entrega de la Torá en Shavuot, son necesarias tres condiciones fundamentales:

a. Pureza: los Tres Días de Preparación (Sheloshet Iemei Hagbalá).

b. Unidad: «Como un solo hombre con un solo corazón».

c. Aceptación del yugo del Reino de los Cielos: anteponer «Haremos» (Naasé) a «Escucharemos» (Nishmá).

La intención de anteponer «Haremos» a «Escucharemos»

«Este es el sentido profundo de haber antepuesto “Haremos” a “Escucharemos” (Éxodo 24:7).

Como ya se explicó anteriormente, esto constituye la unificación perfecta: unir y vincular la fuerza activa que reside en los mundos inferiores —que corresponde al aspecto de la Shejiná— con el Nombre Havayá, que da existencia a toda la creación.

Esa fuerza activa recibe el Nombre de Adonai, relacionado con la palabra adanim (basas o cimientos) del Mishkán. Del mismo modo que el Mishkán descansaba sobre sus basas, toda la realidad material se sostiene sobre la fuerza divina que actúa constantemente dentro del mundo de la acción.

Esta es la idea del versículo:

«Toda la tierra está llena de Su gloria» (Isaías 6:3),

porque la fuerza del Creador está presente dentro de todo lo creado.

Mientras el pueblo de Israel actúe en este mundo con esa conciencia, estará uniendo el Nombre Adonai con el Nombre Havayá.

Sin embargo, cuando una persona realiza una acción sin esta intención y la reduce a un mero acto material, entonces se cumple el versículo:

«El murmurador separa al Amigo íntimo» (Proverbios 16:28).

Es decir, separa, por así decirlo, al “Príncipe del mundo” (Hashem) de Su Shejiná, desconectando la acción de su raíz espiritual y hundiéndola en una materialidad excesiva.

Está escrito:

«Desde mi propia carne contemplaré a Dios» (Job 19:26).

Así como, salvando infinitas diferencias, la unión física alcanza su expresión más plena cuando no existen barreras ni vestimentas que separen, de manera semejante, la unión espiritual superior sólo puede realizarse cuando no existe ninguna pantalla que se interponga entre la intención de la persona y Hashem.

Por ello, la acción debe realizarse sin revestirla de motivaciones puramente materiales.

Antes que nada, la persona debe hacer una teshuvá completa por sus pecados, para eliminar todas las barreras que impiden esa unión.

En realidad, alcanzar el nivel de una unión absolutamente perfecta, con todas las condiciones necesarias, sólo será posible en los días del Mashíaj, que lleguen pronto en nuestros días.

Sin embargo, hubo otro momento en la historia en que el pueblo alcanzó ese nivel: la entrega de la Torá en el monte Sinaí.

En ese instante, Israel se encontraba en un estado espiritual semejante al que existirá en la era mesiánica. La unión con Hashem era completa, sin pantallas ni velos que la ocultaran.

Ese era precisamente el significado de haber dicho «Haremos» antes que «Escucharemos».

Con ello declararon:

«Realizaremos todas nuestras acciones sin ninguna otra intención que Nishmá

Aquí, la palabra Nishmá no significa solamente «escucharemos», sino también reunión, integración y unificación, como en el versículo:

«Shaúl reunió al pueblo» (I Samuel 15:4).

Es decir, aceptaron realizar todas las acciones del mundo con el propósito de producir la unión entre la creación y su Creador, sin velos ni barreras.

En aquel momento, todo Israel se había desprendido casi completamente de la materialidad gracias a la purificación de su naturaleza física.

Por eso dijeron primero «Haremos», porque una vez realizada la acción con esa intención pura, llegaba después la verdadera unión espiritual, que es el significado profundo de «Escucharemos».

Después del pecado del Becerro de Oro, el pueblo volvió a caer en la materialidad, como dice el versículo:

«Los hijos de Israel se quitaron sus adornos desde el monte Jorev» (Éxodo 33:6).

Desde entonces ya no fue posible alcanzar aquella unión perfecta, porque aparecieron nuevamente los velos y las barreras producidos por la materialidad del ser humano y por sus pecados.

Aun así, cada persona debe esforzarse por purificarse todo lo posible, para que esa unión pueda realizarse, aunque todavía no alcance su perfección absoluta.

Quien actúa de esa manera es considerado un verdadero servidor de Hashem y Le produce satisfacción, porque, en la medida de sus posibilidades, une el mundo de la acción con el Infinito, bendito sea.

(Maor Einayim, Parashat Vaetjanán).


Discover more from Gal Einai en Español

Subscribe to get the latest posts sent to your email.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Discover more from Gal Einai en Español

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading