Un cambio desde el interior

Con la ayuda de Dios

Al concluir un año y encontrarnos en el umbral del nuevo, resuena en los oídos de todos el llamado:

«Jadshú maaseijem veshaprú maaseijem» — חַדְּשׁוּ מַעֲשֵׂיכֶם וְשַׁפְּרוּ מַעֲשֵׂיכֶם,
«Renueven sus acciones y mejoren sus acciones».

Si el cumplimiento de la Torá y las mitzvot envejece o pierde su vitalidad, tanto en la vida de una persona como en toda una generación, es necesario renovarlo y revitalizarlo. El Baal Shem Tov afirmó que su alma descendió a este mundo para despertar al pueblo de Israel de un profundo letargo, insuflar un espíritu de vida en el servicio a Dios e introducir en él frescura y renovación, frishkait — פְרִישְׁקַיְיט. ¿Cuál es el camino para lograrlo?

Algunas personas piensan que la renovación debe producirse en el «gufá deOraita» — גּוּפָא דְאוֹרַיְתָא, el cuerpo mismo de la Torá, mediante cambios y nuevas composiciones dentro del ámbito de la Halajá.

A quienes «se desvían hacia la izquierda», es decir, los diferentes movimientos reformistas inválidos, les parece que reducir el yugo de las mitzvot permitirá que el judaísmo florezca. Quienes «se inclinan hacia la derecha», en cambio, piensan en agregar o restablecer preceptos que no fueron practicados durante generaciones, creyendo que eso le dará un nuevo rostro al judaísmo.

También en el servicio individual hay quien considera que, si deja de ser meticuloso en ciertos detalles de la Halajá, o incluso abandona algunas rigurosidades y embellecimientos de las mitzvot, le resultará más fácil cumplir las obligaciones fundamentales con vitalidad y alegría. Otros, en cambio, depositan la esperanza de un cambio positivo en la incorporación de nuevos detalles, exigencias y acciones religiosas.

Sin embargo, en verdad, la auténtica renovación —tanto para el individuo y, con mayor razón, para la comunidad— depende precisamente del alma interior.

El cuerpo judío, es decir, el cumplimiento de la Torá y las mitzvot que nos fue transmitido de generación en generación, está sano y es deseado por Dios. No necesita ninguna modificación fundamental, comparable, Dios no lo permita, con amputar o agregar miembros a un cuerpo.

La vitalidad depende del alma, del espíritu de vida que anima al cuerpo. Es allí donde se necesita una constante reevaluación: un jeshbón hanéfesh — חֶשְׁבּוֹן הַנֶּפֶשׁ, un balance espiritual que conduzca a una nueva percepción de nosotros mismos, a una comprensión renovada de nuestra finalidad y a un cambio de orientación en el servicio a Dios.

Una transformación interior semejante influirá profundamente sobre el servicio del alma y la organización de la sociedad. Incluso podrá influir sobre la manera en que se cumplen las mitzvot, estableciendo nuevos énfasis y prioridades. Pero todo ello debe realizarse sin quebrantar los marcos de la Halajá, sin apartarse del camino central del judaísmo y sin invertir energías innecesarias en cambios externos que finalmente demostrarán carecer de verdadera importancia.

La reforma sagrada más significativa de la historia reciente del pueblo de Israel es el Jasidut. El Baal Shem Tov abrió un nuevo sendero en el servicio a Dios que modificó la orientación de todo el judaísmo, tanto en el trabajo espiritual individual como en la vida comunitaria, sin perjudicar en lo más mínimo la observancia de la Halajá. Por el contrario, agregó mayor excelencia y vitalidad al cumplimiento de todos sus detalles y precisiones.

Antes del Baal Shem Tov se consideraba que el pueblo de Israel existía para la Torá, que precede a todo. El Baal Shem Tov recordó que:

«Majshavtán shel Israel kadmá lejol davar» — מַחְשַׁבְתָּן שֶׁל יִשְׂרָאֵל קָדְמָה לְכָל דָּבָר,
«El pensamiento acerca de Israel precedió a todas las cosas».

La finalidad de la Torá es revelar la grandeza de las almas de Israel. Esta enseñanza provocó un verdadero «terremoto» en la estructura comunitaria. El Rebe dedicado a rectificar las almas adquirió un lugar más central que el rabino cuya función principal era dictaminar la Halajá.

También transformó el servicio a Dios, que comenzó a prestar mayor atención a lo que sucede en el interior del alma, en lugar de ocuparse exclusivamente de los logros exteriores.

Para traer al Mashíaj debemos producir una transformación dentro de nosotros mismos y abrir nuevos caminos en el servicio a Dios. La clave consiste en cambiar nuestra orientación mediante una nueva definición de la finalidad de nuestro trabajo espiritual.

Debemos «salir de nosotros mismos» y contemplarnos como enviados consagrados a una finalidad que nos trasciende. Nuestra misión es hacer realidad el deseo de Dios en la Creación: tener una «dirá batajtonim» — דִּירָה בַּתַּחְתּוֹנִים, una morada en los mundos inferiores.

Para lograrlo debemos dirigir nuestra mirada hacia el tikún olam — תִּקּוּן עוֹלָם, la rectificación del mundo, y orientar todo nuestro servicio hacia el establecimiento de una paz verdadera. Esa paz permitirá que el Creador se revele y habite dentro de Su mundo.


Discover more from Gal Einai en Español

Subscribe to get the latest posts sent to your email.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Discover more from Gal Einai en Español

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading