MERCADO DE SUCOT Y LAS 4 ESPECIES

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Rabino Jaim Frim

🌿 LAS CUATRO ESPECIES: LA ALEGRÍA DE ESTAR UNIDOS

Sucot es llamado Zman Simjateinu — זמן שמחתנו, “el tiempo de nuestra alegría”. Y justamente en esta festividad Hashem nos entrega una mitzvá muy particular: tomar cuatro especies completamente diferentes y convertirlas en una sola unidad.

Nuestros Sabios explican que las Arbaat HaMinim representan diferentes tipos de judíos. El etrog, con sabor y aroma, simboliza a quien posee Torá y buenas acciones; el lulav, cuyo fruto tiene sabor pero no aroma, a quien posee Torá; el hadás, con aroma pero sin sabor, a quien se distingue por sus buenas acciones; y la aravá, sin sabor ni aroma, a quien aparentemente carece de ambos.

Pero hay algo sorprendente: ninguna de ellas puede reemplazar a la otra. Podemos encontrar el etrog más hermoso del mercado, pero sin la sencilla aravá la mitzvá está incompleta.

Aquí comienza la alegría de Sucot.

Durante Rosh Hashaná y Iom Kipur estuvimos mirando hacia nuestro interior: hicimos balance, teshuvá, confesamos nuestras faltas y buscamos acercarnos a Hashem. En Sucot salimos de esa introspección y descubrimos algo nuevo: no estamos solos. Tomamos al otro y lo acercamos a nosotros.

La alegría más profunda no nace de ser perfectos, sino de descubrir que juntos formamos algo que ninguno podría formar por separado.

Por eso las especies no solamente están una al lado de la otra: las sostenemos juntas con nuestras manos. El etrog no le pregunta a la aravá por qué no tiene aroma; el hadás no compite con el lulav. Cada uno aporta aquello que recibió de Hashem.

Y entonces las agitamos hacia todas las direcciones, como proclamando: Hashem está aquí, allí, arriba, abajo y en cada aspecto de nuestra vida. Pero para proclamar esa unidad de Hashem, primero debemos revelar la unidad entre nosotros.

Hay aquí una enseñanza jasídica muy bella: la alegría rompe las barreras — שמחה פורצת גדר, simjá poretzet gueder. Cuando estamos encerrados en nosotros mismos vemos diferencias, defectos y categorías. Cuando aparece una verdadera simjá, las paredes caen y podemos abrazar al otro tal como es.

Quizás este sea uno de los secretos de Zman Simjateinu: después de pedir en Iom Kipur que Hashem nos acepte a cada uno, en Sucot descubrimos que Él quiere encontrarnos juntos.

El etrog es hermoso, el lulav es elevado, el hadás perfuma y la aravá es sencilla; pero la verdadera belleza aparece cuando los cuatro se convierten en uno.

Y lo mismo ocurre con Am Israel: nuestra mayor alegría comienza cuando dejamos de buscar quién es más perfecto y descubrimos cuánto necesitamos unos de otros.

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MERCADO DE SUCOT Y LAS 4 ESPECIES

PARTE 1

Rabino Jaim Frim

🌿 SUCOT: LA BÚSQUEDA DE LA PERFECCIÓN

En vísperas de Sucot, el mercado de las Arbaat HaMinim — las Cuatro Especies se convierte en algo extraordinario. Uno toma un etrog, lo gira hacia la luz, busca una pequeña mancha; otro examina cada hoja del hadás; otro levanta el lulav para comprobar que sea recto. De repente, todos nos convertimos en expertos en detalles.

Pero quizás ese mercado sea también un espejo del alma. Durante todo el año aprendemos a convivir con nuestros defectos; en Sucot, después de Rosh Hashaná y Iom Kipur, Hashem despierta en nosotros el deseo de buscar belleza y perfección.

Y hay algo todavía más profundo: las cuatro especies son muy diferentes, pero la mitzvá sólo está completa cuando las unimos y las sostenemos juntas. La perfección no significa que todos seamos iguales ni que ninguno tenga defectos. Significa descubrir cómo cada uno, precisamente con sus cualidades particulares, puede formar parte de una unidad.

Buscamos el etrog más hermoso, el lulav más recto, el hadás más completo y la aravá adecuada. Pero mientras los buscamos, Hashem parece preguntarnos:

¿Con el mismo cuidado buscas también lo hermoso que hay en el otro?

Quizás esa sea una de las preparaciones más bellas para Zman Simjateinu, el tiempo de nuestra alegría: buscar la perfección, pero aprender a encontrarla cuando nos unimos.

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PARTE 2

 🍋 EL ETROG: LA BELLEZA QUE NACE DESDE ADENTRO

Rabino Jaim Frim

En el mercado de las Cuatro Especies ocurre algo curioso: podemos pasar mucho tiempo buscando el etrog perfecto. Lo tomamos en la mano, lo giramos, observamos su forma, su color, cada pequeña marca. Queremos cumplir la mitzvá con hidur, con la mayor belleza posible.

Pero el etrog tiene una enseñanza especial. Nuestros Sabios lo identifican con el «fruto de un árbol hermoso — פרי עץ הדר, pri etz hadar». Hadar significa belleza, esplendor. Sin embargo, la verdadera belleza que buscamos en estos días no es solamente la que se ve por fuera.

Después de Rosh Hashaná y Iom Kipur, cuando hemos revisado nuestra vida y hecho teshuvá, llega Sucot y Hashem nos dice: ahora toma todo lo que eres y conviértelo en algo bello.

El etrog representa, según nuestros Sabios, al corazón. Y entonces la búsqueda en el mercado adquiere otro significado: mientras revisamos cuidadosamente el etrog buscando que esté entero y hermoso, también podemos preguntarnos: ¿cómo está mi corazón? ¿Está entero? ¿A quién necesito perdonar? ¿A quién necesito acercarme? ¿Dónde puedo agregar un poco más de amor a Hashem y al prójimo?

No existe una persona sin marcas. Incluso un hermoso etrog posee sus pequeñas irregularidades naturales. La perfección espiritual no consiste en no haber tenido nunca una marca, sino en llegar a Sucot después de la teshuvá con un corazón entero, refinado y dispuesto a servir a Hashem con alegría.

Quizás por eso sostenemos el etrog tan cerca del corazón: para recordar que el hidur mitzvá más profundo es hacer de nuestro propio corazón un etrog hermoso para Hashem.

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PARTE 3

🌿EL LULAV: CRECER DERECHO Y HACIA LO ALTO

Rabino Jaim Frim

En el mercado de las Cuatro Especies buscamos un lulav hermoso, recto, firme, con sus hojas unidas y su parte superior íntegra. Lo miramos desde todos los ángulos, buscando que no tenga defectos.

Pero quizás el lulav también nos está mirando a nosotros.

El lulav proviene de la palmera datilera, un árbol que crece alto y derecho. Después de Rosh Hashaná y Iom Kipur, Sucot nos enseña que la teshuvá no termina con el arrepentimiento: ahora hay que crecer. Elevarse un poco más que ayer, sin desviarse del camino.

Nuestros Sabios comparan el lulav con la columna vertebral. La columna mantiene al hombre erguido; el lulav nos pregunta cuál es nuestro eje interior. Podemos inclinarnos ante Hashem con humildad, pero debemos caminar por el mundo con una columna espiritual firme, fieles a la Torá y a nuestra misión.

Y hay algo todavía más bello: sus hojas son muchas, pero permanecen unidas alrededor de un mismo eje. También nosotros tenemos muchos pensamientos, deseos, preocupaciones y proyectos. Sucot nos invita a reunirlos y orientarlos hacia una sola dirección: Hashem.

Cuando levantamos el lulav y lo movemos hacia todas las direcciones, proclamamos que no existe lugar separado de Él: arriba y abajo, derecha e izquierda, adelante y atrás, «מלוא כל הארץ כבודו — toda la tierra está llena de Su gloria».

Quizás el lulav perfecto no sea solamente el que encontramos después de buscar mucho en el mercado. Es también el que despierta dentro nuestro el deseo de crecer derechos, permanecer unidos y elevar toda nuestra vida hacia Hashem.

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PARTE 4

🌿 EL HADÁS: EL PERFUME DE UNA VIDA BUENA

En el mercado de las Cuatro Especies tomamos el hadás — mirto y lo observamos con atención. Buscamos que sea bello, fresco, que sus hojas estén ordenadas y que crezcan armoniosamente alrededor del tallo. Pero el hadás nos invita a mirar algo más profundo que su apariencia.

Nuestros Sabios señalan que el hadás tiene buen aroma pero no tiene sabor. Representa a quien posee buenas acciones, aunque todavía le falte profundizar en el estudio de la Torá. Hay personas cuya grandeza se percibe como un perfume: no necesitan hablar demasiado; sus actos dejan una fragancia a su alrededor.

Además, las hojas del hadás recuerdan la forma de los ojos. Después de Rosh Hashaná y Iom Kipur, Sucot nos pregunta: ¿cómo miramos al otro? ¿Buscamos sus defectos con la misma precisión con la que examinamos un hadás en el mercado, o sabemos descubrir su belleza interior?

Quizás aquí esté la paradoja de Sucot: buscamos cuidadosamente una especie perfecta para aprender que no debemos exigir perfección a las personas.

El verdadero hadás es aprender a mirar con ain tová — עין טובה, un buen ojo. Ver la virtud que se esconde detrás de las imperfecciones y procurar que nuestros propios actos desprendan un buen aroma.

Porque hay palabras que se olvidan, pero una buena acción puede dejar su fragancia en el alma de otra persona durante toda la vida.

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PARTE 5

🌿 LA ARAVÁ: CUANDO NO TENGO NADA QUE MOSTRAR

En el mercado de las Cuatro Especies, la aravá — ערבה, sauce parece la más sencilla. No tiene el sabor del etrog ni el aroma del hadás. Según nuestros Sabios, representa al judío que aparentemente no tiene ni Torá ni buenas acciones.

Y, sin embargo, sin la aravá no podemos cumplir la mitzvá de las Cuatro Especies.

Aquí se esconde una enseñanza profunda de Sucot: hay momentos en que una persona siente que no tiene nada para ofrecer. No comprende como quisiera, no logra rezar como quisiera, no encuentra grandes méritos en sí misma. Se siente como una aravá: sin sabor y sin perfume.

Pero Hashem le dice: también a ti te quiero dentro del ramo.

La aravá nos enseña que nuestra unión con Hashem no comienza por nuestras virtudes. Existe un vínculo más profundo que nuestros logros: el hecho mismo de ser parte de Su pueblo.

Y por eso tomamos juntos etrog, lulav, hadás y aravot. No buscamos una comunidad formada solamente por “etrogim perfectos”. La verdadera perfección aparece cuando comprendemos que ningún judío está completo sin el otro.

Quizás por eso, precisamente la humilde aravá nos enseña uno de los secretos más hermosos de Sucot: cuando estamos unidos, incluso quien cree no tener nada descubre que es imprescindible.

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PARTE 6

Rabino Jaim Frim

🌿 LAS CUATRO ESPECIES EN LA SUCÁ: DIFERENTES, PERO UNA SOLA MITZVÁ

Entramos en la sucá, una vivienda frágil, y allí tomamos las Arbaat HaMinim — ארבעת המינים, las Cuatro Especies. Cada una es diferente: el etrog tiene sabor y aroma; el lulav tiene sabor pero no aroma; el hadás tiene aroma pero no sabor; y la aravá no tiene ni sabor ni aroma.

Nuestros Sabios ven en ellas cuatro clases de judíos, con distintas cualidades. Pero Hashem no nos pide elegir solamente al etrog. Nos ordena tomarlos a todos y unirlos.

Y esto sucede precisamente dentro de la sucá.

La sucá nos envuelve a todos por igual. Allí no importa quién sabe más, quién posee más méritos o quién parece más perfecto. Todos estamos bajo el mismo sejaj, abrazados por una misma mitzvá. En Jasidut, la sucá expresa una luz envolvente — Or Makif, una luz divina tan elevada que puede rodearnos y unirnos a todos.

Entonces ocurre algo maravilloso: la sucá nos une desde afuera y las Cuatro Especies nos unen desde adentro.

Tomamos al etrog-corazón, al lulav-columna vertebral, al hadás-ojos y a la aravá-labios, y dirigimos todo nuestro ser hacia Hashem. Después los movemos hacia las distintas direcciones, proclamando que Hashem está en todas partes y que no existe ningún lugar separado de Él.

Después de Rosh Hashaná y Iom Kipur podríamos pensar que la perfección consiste en convertirnos todos en “etrogim perfectos”. Sucot nos revela algo más profundo: la verdadera perfección no está en ser todos iguales, sino en permanecer diferentes y saber unirnos.

Por eso Sucot es Zman Simjateinu — el tiempo de nuestra alegría. La alegría más profunda comienza cuando dejamos de preguntarnos quién es mejor y descubrimos que Hashem necesita las cuatro especies para formar una sola mitzvá, y a todos nosotros para formar un solo pueblo.

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