🕯️SHABAT VEZOT HABRAJÁ Y SUCOT

*Con la ayuda del Cielo*

*Queridos amigos de Gal Einai:*

 🌿 SHABAT SHALOM — NOS PREPARAMOS PARA SUCOT

Una semana muy intensa, con alegrías y muchos amigos nuevos que quieren ser parte de la Torá, la Cabalá y el Jasidut de Gal Einai, con alegrías de la familia y algunos asuntillos de salud que hay que solucionar.

Agradezco a cada uno por acompañarnos espiritual y materialmente y ser parte de nuestra vida. No pudimos dar clase en vivo, pero si Hashem ayuda seguiremos la semana que viene también desde la Sucá.

Porque después de Rosh Hashaná y Iom Kipur, después de coronar a Hashem, hacer teshuvá, pedir perdón y volver a descubrir nuestra unión esencial con Él, llega Sucot — “Zman Simjateinu”, el tiempo de nuestra alegría.

Y quizás el gran secreto de esta alegría sea precisamente la unidad.

Durante esta semana estuvimos estudiando las Cuatro Especies. Nuestros Sabios enseñan que representan diferentes tipos de judíos: unos tienen “sabor y aroma”, otros solo sabor, otros solo aroma, y otros aparentemente no tienen ninguno. Pero la mitzvá no se cumple con uno solo: debemos reunirlos a todos. El mensaje es extraordinario: para estar completos, nos necesitamos unos a otros.

Pero vimos también algo más profundo: cada una de las Cuatro Especies nos enseña una manera diferente de unirnos.

Y el lulav nos transmite una enseñanza especialmente necesaria para nuestro tiempo. Su forma es como una flecha dirigida hacia adelante. Sus hojas están unidas a una misma columna y todas apuntan hacia una misma dirección.

Hay una unidad que no significa que todos seamos iguales, sino que, siendo diferentes, miramos hacia el mismo lugar y avanzamos hacia un mismo objetivo.

Como pueblo tenemos una misión que nos une y que es más grande que cada uno de nosotros:

לתקן עולם במלכות ש־די — Letakén olam bemaljut Shadai
“Rectificar el mundo bajo la soberanía de Shadai”.

Lo mismo sucede en la familia. Un matrimonio no une solamente a dos personas: las une alrededor de algo que las trasciende: construir un hogar, traer santidad al mundo, educar a la próxima generación y transmitirle la antorcha de la Torá.

Por eso el lulav es alto. Nos dice: levanta la mirada. Cuando solo miramos nuestras diferencias, es fácil separarnos. Cuando levantamos los ojos y recordamos para qué estamos aquí, descubrimos cuánto tenemos en común.

Y entonces entramos en la Sucá, bajo un mismo sejaj, rodeados por el abrazo de Hashem. Allí tomamos el etrog, el lulav, los hadasim y las aravot, distintos entre sí, y pronunciamos una sola bendición.

Después de la profunda introspección de Iom Kipur, Sucot nos enseña que la teshuvá no termina con el ayuno. Desemboca en alegría, amor y unión.

Que este Shabat nos prepare para entrar en Sucot con verdadera simjá, para mirar al otro con buenos ojos y, como el lulav, elevar juntos nuestra mirada hacia la gran misión que nos une.

🌿 Shabat Shalom y Jag Sucot Sameaj.
Que sea un tiempo de alegría, unión, salud, abundancia y buenas noticias para todo Am Israel, y que podamos ver con nuestros propios ojos la Gueulá verdadera y completa, con Mashíaj Tzidkeinu.

Jaim Frim
Gal Einai en español — La Dimensión Interior

💎 Por la pronta recuperación (Refuá Shelemá) de Lili Rivka bat Lea y de todos los enfermos del pueblo de Israel y bnei Noaj; para recibir buenas noticias muy pronto.

*Rabino Jaim Frim*
*Instituto Gal Einai en Español*
*La Dimensión Interior de la Torá*

*Del Rabino Itzjak Ginsburgh*   

*LA DIMENSIÓN INTERIOR DE LA TORÁ*

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¡ALEGRARNOS EN HASHEM CON TODO EL CORAZÓN!

SUCOT 5785 EN LA IESHIVÁ OD IOSEF JAI

Apenas terminan los Iamim Noraím, los Días Solemnes de Rosh Hashaná y Iom Kipur, entramos en la festividad de Sucot. El cambio parece casi demasiado brusco. Hace apenas unos días estábamos atravesando momentos de profundo temor reverencial, examinándonos interiormente, pidiendo perdón y suplicando ser inscritos para un buen año. Y de repente, todo cambia: construimos la Sucá, tomamos el lulav y el etrog y se nos ordena alegrarnos. Pero hay algo todavía más profundo: precisamente el gran temor reverencial de Rosh Hashaná y Iom Kipur es lo que nos permite alcanzar la gran alegría de Sucot. ¿Qué clase de alegría es esta?

La alegría después de los Días Solemnes

Rosh Hashaná y Iom Kipur ya quedaron atrás y nos acercamos a Sucot. Es natural sentir cierto alivio: atravesamos la parte más intensa de las festividades y ahora parece llegar el momento de relajarnos y alegrarnos. Incluso podemos sentir cierta incomodidad frente a esa sensación de liberación. ¿Acaso no deberíamos seguir sintiendo el temor reverencial de los Días Solemnes? A veces nos sentimos un poco como un niño que escapa de la escuela…

Pero detengámonos un instante y preguntémonos: ¿de dónde viene realmente nuestra alegría cuando terminan los Días Solemnes? Podemos reconocer dos dimensiones. La primera es la alegría que surge de nuestra confianza en que hemos salido favorablemente del juicio. La Guemará, en el tratado de Iomá, dice: “Todo aquel que come en el noveno día es considerado como si hubiera ayunado el noveno y el décimo.” La comida de la víspera de Iom Kipur expresa nuestra profunda confianza en que el Santo, bendito sea, aceptará nuestro arrepentimiento y nos concederá un buen veredicto. Y esto resulta sorprendente: no sabemos qué ocurrió realmente en el juicio. Sin embargo, podemos alegrarnos desde una confianza profunda en que Hashem acepta nuestro arrepentimiento.

La segunda dimensión de la alegría es diferente. Nos alegramos porque hicimos un gran esfuerzo por acercarnos a Hashem durante Iom Kipur. Esa alegría se expresa en la comida que hacemos al finalizar el ayuno, tal como dijeron nuestros Sabios sobre el versículo: “Ve, come tu pan con alegría… porque Dios ya se ha complacido en tus obras.”

“Y te alegrarás en tu festividad”

La alegría de Iom Kipur todavía está relacionada con nosotros: nos alegramos porque confiamos en que Hashem nos perdona y porque sentimos que hemos conseguido acercarnos a Él. En Sucot ocurre algo diferente. La Torá no solamente nos permite alegrarnos: nos ordena alegrarnos: “Y te alegrarás en tu festividad… y estarás únicamente alegre”. ¿Por qué? Porque Hashem quiere que estemos alegres.

En Sucot no solamente somos nosotros quienes nos alegramos en Hashem. Descubrimos algo mucho más grande: Hashem mismo se alegra en nosotros y quiere alegrarnos. Por eso podemos alegrarnos dos veces: nos alegramos porque Hashem quiere que estemos alegres, y nos alegramos porque el propio Hashem se alegra en nosotros.

Para comprender la magnitud de esta alegría necesitamos mirar hacia atrás, hacia Rosh Hashaná y Iom Kipur.

Rosh Hashaná: Hashem desciende hacia nosotros

En Rosh Hashaná coronamos a Hashem como Rey. Tocamos el shofar como si proclamáramos con toda nuestra fuerza: “¡Queremos que Tú continúes siendo nuestro Rey! ¡Queremos que continúes dando vida al mundo!”. Le pedimos que nos recuerde y decida concedernos otro año de vida.

Pero aquí aparece una pregunta profunda. ¿Qué significa que Hashem sea nuestro Rey? Hashem no necesita nada de nosotros. Él es infinito y nosotros somos pequeños y limitados. La distancia entre nosotros y Él es infinita. Sería como llamar “rey” a una persona que gobierna sobre un nido de hormigas.

Entonces, ¿qué sucede en Rosh Hashaná? Nosotros le pedimos a Hashem algo extraordinario: que quiera relacionarse con nosotros, que encuentre placer en nuestro servicio y que, a causa de ese vínculo, continúe sosteniendo el mundo.

El Admur Hazakén explica que, cuando Hashem acepta esto, es como si Él reinara sobre seres de Su misma especie. Por así decirlo, Hashem se “adapta” a nosotros, se acerca a nuestra realidad, para que sea posible que Él sea nuestro Rey.

Aquí se encuentra una de las grandes novedades de Rosh Hashaná: Hashem se contrae y desciende para que nuestro servicio pueda tocarlo y producirle placer. Cuando nuestro servicio llega a Él y le produce placer, por así decirlo, Hashem se convierte en “uno de nuestra especie”: Él disfruta de algo que, aparentemente, está fuera de Él.

Iom Kipur: descubrir de dónde vivimos

Si en Rosh Hashaná ocurre un cambio “arriba”, en Iom Kipur somos nosotros quienes cambiamos. Durante el año podemos sentir que nuestra vitalidad proviene de las cosas materiales: de la comida, del descanso, del cuerpo, del mundo que nos rodea. Pero llega Iom Kipur y ayunamos. Durante un día dejamos de recibir nuestra vitalidad de las fuentes materiales habituales y descubrimos algo mucho más profundo: nuestra verdadera fuente de vida es Hashem.

Nos desconectamos de la materialidad para poder sentir que Él es quien realmente nos da vida. Y cuando vivimos de Hashem, nos convertimos en recipientes para Su revelación dentro del mundo material.

Nuestros Sabios describen algo extraordinario acerca del Sumo Sacerdote cuando entraba al Kódesh HaKodashim, el Santo de los Santos: “Y Aharón entrará en la Tienda del Encuentro… y ninguna persona estará en la Tienda del Encuentro…”. Rabí Abahu pregunta: “¿Acaso el Sumo Sacerdote no era una persona?” Y responde explicando que, cuando la inspiración Divina reposaba sobre él, su rostro ardía como antorchas.

Cuando el Sumo Sacerdote entraba al Kódesh HaKodashim, se convertía en un recipiente completo para la revelación de Hashem. En Iom Kipur nosotros hacemos algo semejante. Al ayunar, nos desprendemos temporalmente de nuestra dependencia de lo material y descubrimos que nuestra vida proviene de Hashem.

El secreto de la alegría de Sucot

Ahora podemos comprender algo fundamental. La purificación de Iom Kipur es la que nos permite experimentar la verdadera alegría de Sucot. ¿Por qué? Porque para poder apreciar que Hashem mismo nos está alegrando, primero necesitamos descubrir que Él es nuestra verdadera fuente de vida.

La separación de la materialidad se convierte en nuestro recipiente para recibir una alegría mucho más profunda: la alegría de descubrir que Hashem puede revelarse dentro de nosotros.

Si llegáramos a Sucot sin haber atravesado Iom Kipur, podríamos alegrarnos, pero no comprenderíamos la verdadera novedad de esta alegría. Es como un rey que decide darle a un niño un regalo extraordinario: lo nombra ministro de Finanzas. El niño se pone muy contento porque ahora puede entrar al almacén y comprar todos los caramelos que quiera. Pero precisamente esa alegría demuestra que no comprende el verdadero significado del regalo que recibió. El rey no le dio simplemente la posibilidad de comprar caramelos: le dio una posición completamente extraordinaria.

Lo mismo sucede con nosotros. Si llegáramos a Sucot sin haber pasado por Iom Kipur, podríamos disfrutar de la alegría de la festividad, pero no comprenderíamos la grandeza de que Hashem mismo quiere alegrarnos. Iom Kipur nos enseña que vivimos de Él. Y cuando descubrimos que Él es nuestra fuente de vida, entonces comprendemos cuánto significa que Él se dirija hacia nosotros, se alegre en nosotros y quiera alegrarnos.

Rosh Hashaná e Iom Kipur: Hashem desciende y nosotros ascendemos

Ahora podemos contemplar el proceso completo. En Rosh Hashaná, Hashem desciende hacia nosotros. Él elige ser nuestro Rey, se relaciona con nosotros y encuentra placer en nuestro servicio. En Iom Kipur, nosotros ascendemos hacia Él. Nos desconectamos de la materialidad y descubrimos que nuestra verdadera vitalidad proviene de Hashem.

Rosh Hashaná nos enseña que Hashem desciende para reinar sobre nosotros. Iom Kipur nos enseña que nosotros podemos elevarnos para vivir de Él. Rosh Hashaná revela la inmensa novedad de que Hashem puede, por así decirlo, convertirse en “uno de nuestra especie”, hasta el punto de disfrutar de nuestro servicio. Iom Kipur revela la capacidad igualmente extraordinaria del ser humano: una persona que vive dentro de un mundo material puede convertirse en un recipiente para la Presencia de Hashem.

Y entonces llega Sucot.

“Ani Vehú Hoshia Ná” — Yo y Él, ¡sálvanos, por favor!

Después de que en Rosh Hashaná Hashem “descendió” hasta nosotros, y después de que en Iom Kipur nosotros “ascendimos” hacia Él, llega Sucot. Ahora podemos encontrarnos juntos.

Durante Sucot decimos cada día: “Ani Vehú Hoshia Ná” — “Yo y Él, por favor, sálvanos.” Ya no se trata solamente de Hashem que desciende hacia nosotros ni de nosotros que ascendemos hacia Él. Ahora existe una alegría compartida.

Hashem nos salva y nos alegra junto con Él. Nosotros nos alegramos en Hashem, nuestro Dios. Nos alegramos de que Él sea nuestro Rey. Nos alegramos de que Él sea la fuente de nuestra vida. Nos alegramos de que Él se esfuerce, por así decirlo, en “descender” hacia nosotros y “elevarnos” hacia Él. Nos alegramos porque Él ilumina Su rostro sobre nosotros y quiere alegrarnos.

Y esta es la verdadera alegría de Sucot: alegrarnos en Hashem con todo el corazón, porque descubrimos que Hashem mismo se alegra en nosotros.

¡Jag Sameaj y Shaná Tová!

Beit Midrash “Od Iosef Jai”

Esta versión conserva el desarrollo como artículo continuo, en párrafos, y deja los subtítulos solamente para marcar los grandes cambios de tema.


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