ESTUDIO SEMANAL: Parashá semanal
JACQUES ELLUL
Continuando (aunque aún sin completar) el debate sobre la necesaria reforma del espíritu judío en nuestra generación, HaRav Ginsburgh analizó las ventajas de una anarquía rectificada basada en la responsabilidad individual de servir a Di-s y observar los mandamientos. En esta breve alución, repasa algunas de las ideas propuestas por el filósofo francés Jacques Ellul, reflexiones adecuadas para la parashá Bereshit, la primera de dos porciones universales de la Torá que se dirigen a las naciones del mundo.
Una elevación del alma de Jacques Ellul
Jacques Ellul (1912-1994) fue un importante filósofo, sociólogo y luchador en la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial. Su filosofía era que la forma última de gobierno es la anarquía. Lo que le hace especial y distingue en este sentido es que creía que la anarquía debía incluir tanto a un rey anarquista como a una Torá anarquista, el tema que hemos estado analizando últimamente.[1]
Por parte de madre desciende de conversos, conversos forzosos de España, por lo que es posible que incluso sea de ascendencia judía. Su apellido, Ellul, es un nombre maltés, de la isla de Malta, al sur de Italia, pero por supuesto también resuena con el mes de Elul.
Sigamos examinando el pensamiento de Jacques Ellul: en su vida personal, se comportó como cristiano. Su historia – cada uno tiene la suya[2] -era que a los 17 años tuvo una experiencia mística, una sensación de presencia Divina. A partir de entonces, se convirtió en creyente, y así llegó a las conclusiones que llegó en su filosofía. En Iad VaShem está entre los Justos entre las Naciones. Solo por ese mérito ya merece la pena hacer por él una elevación del alma. De nuevo, era un cristiano devoto, pero arriesgó su vida y la de toda su familia por ocultar a judíos durante el Holocausto. Verdadera mesirut nefesh. Salvar a judíos fue la aplicación de su pensamiento, su anarquismo.

Fuentes sobre la anarquía en las Escrituras
Como era cristiano, estudió el Tanaj y basó su filosofía en cuatro puntos que extrajo de él.
El primer punto lo sacó de la apertura de los Diez Mandamientos, el inicio de la Entrega de la Torá en el Monte Sinaí, que dice: “Yo soy Havaia vuestro Di-s, que os sacó de la tierra de Egipto, de la casa de la esclavitud.”[3] Estas son las palabras que forjaron la mentalidad de la generación del desierto, el tercer periodo en la historia del pueblo judío.[4] El objetivo es que se desprendan de la mentalidad que tenían en Egipto, que fue la segunda era de la historia judía. ¿Cómo cambiará la mentalidad? Ellul sostiene que lo que normalmente se describe como el “segundo mandamiento”, “No tendrás otros dioses ante mí”,[5] es el cambio necesario.
Algunos comentarios consideran estos como dos mandamientos separados en el Decálogo (lo llamamos así porque hay varias opiniones sobre cuántos mandamientos aparecen realmente en las palabras pronunciadas en el Sinaí y que normalmente se denominan los Diez Mandamientos). Pero según las cantilaciones del texto, todo es uno, una sola expresión, como se explica extensamente en otros lugares.[6] Es decir, el propósito de “Yo soy Havaia tu Di-s” es “no tendrás otros dioses antes que Mí.” Él dice que “otros dioses” en realidad se refiere al gobierno estatal. Ellul sostiene que la subyugación al Estado es la fuente de toda idolatría, de todos los “otros dioses” que existen en el mundo. [7]
Es una idea muy bonita: que “otros dioses” significa fe en el Estado, apego al Estado. También podría referirse a la fe en el poder militar, tras la advertencia de que no se debe pensar que es “mi fuerza y el poder de mi mano lo que me ha traído este éxito.”[8] El principio general es que una fe que hace que la vida humana dependa de causas físicas (de la economía, etc[9].) es un falso dios. La subyugación al Estado, a sus ojos, es idolatría. Esta es su primera fuente.
La segunda fuente es lo que ya hemos analizado un poco en profundidad: la era de los Jueces. Afirma que el liderazgo de los Jueces es una situación ideal, en la que no hay rey. En una historia que se relata explícitamente en el Tanaj, querían coronar a Guideón como rey, pero él se negó: «No quiero ser rey; Di-s es el Rey».”[10] No es que su negativa a ser coronado condujera a nada bueno; al final, Guideón también fue un fracaso.[11] Aun así, así es como Guideón lo entendió desde el principio: no se necesita ningún rey – Di-s es el Rey. Con sus palabras, Guideón puso en marcha el inicio de una rectificación para los reyes de Edom, cada uno de los cuales (según la Cabalá) quería ser el único soberano, afirmando: “Yo Reinaré.”[12] Esta es la segunda historia que, según Ellul, demuestra claramente que el ideal es el anarquismo.
La tercera historia bíblica de la que aprende son las palabras de advertencia pronunciadas por Samuel cuando el pueblo vino a exigir un rey. Samuel advierte al pueblo: tendréis un rey, y será malo. Tendréis un gobierno, y será malo para vosotros. Ellul sostiene que no hay mayor declaración del mal de la monarquía que “la ley del rey” que Samuel expone y sobre la que advierte al pueblo.
La cuarta fuente que aporta Ellul es quizás su mayor apoyo a la anarquía según el Tanaj. Dice que todos los profetas de Israel profetizaron contra los reyes que gobernaron Israel y Judea. Los profetas reconocieron a los reyes como la raíz de la corrupción del pueblo judío,[13] en cada generación. Ningún verdadero profeta fue jamás “leal” ciegamente a un rey; todos estaban en contra de los reyes malvados, e incluso críticos con los reyes justos.[14]
Incluso cuando un profeta se situaba a la derecha de un rey justo, no buscaba su favor ni le adulaba. Por el contrario, el verdadero profeta criticaba al rey por cada error que cometía: encontraba en él los puntos débiles que necesitaban de corrección.[15] De hecho, la diferencia entre un profeta verdadero y un falso profeta es que este último tipo era pura adulación hacia el rey.[16]
Estas son sus cuatro pruebas a favor del “anarquismo de la Torá” como ideal. Algo interesante sobre lo que merece la pena reflexionar. Como dijimos antes, esta es la naturaleza primordial del judío – así es como Dios lo creó, recto, íntegro. Las “muchas maquinaciones” que corrompen a la humanidad comienzan desde la monarquía, desde el Estado, desde el gobierno.
[1] Consulte material publicado sobre 10 épocas y 10 diferentes mentalidades. https://galeinai.org/2026/09/24/diez-eras-y-diez-mentalidades-diferentes/
[2] Véase publicaciones para Rosh Hashaná 5787, sobre la “historia verdadera” de cada persona.
[3] Éxodo 20:2.
[4] Véase material publicado para Iom Kipur 5787.
[5] Éxodo 20:3.
[6] Véase Shiurim BeSod Hashem Lierei’av, vol. 5, cap. 20. Véase también el farbrengen de 15 Shevat 5775. Y en otros lugares.
[7] Compárese con Zohar 3:108a: “Este yugo no recae sobre quien está sometido a otro. Por tanto, los esclavos están exentos del yugo del reino de los cielos, etc.”
[8] Deuteronomio 8:17.
[9] Los sabios dicen que los judíos que viven fuera de la Tierra de Israel son comparados con idólatras “en pureza” (Avodá Zara 8a). Según las enseñanzas jasídicas (véase Likutei Torá del Alter Rebe, Iom Kipur 68b; véase de manera similar Shabat Shuvá 64d), esta afirmación críptica y a menudo malinterpretada equipara una forma sutil de idolatría con quienes depositan su fe y confianza en causas físicas, por ejemplo, considerándolas la fuente de su sustento. En efecto, esto es natural fuera de la Tierra de Israel, donde incluso los judíos reciben su abundancia a través de los setenta ángeles ministeriales. Por lo tanto, allí (y para cualquiera que pueda comportarse de la misma manera incluso en la Tierra de Israel, “el yugo del gobierno y el yugo de ganarse el sustento” – ambos opuestos al yugo de la Torá” (Avot 3:5) – se consideran idénticos.
[10] Jueces 8:22–23. Guideón dice esto después de merecer un nuevo nombre que le inculcó una especie de segunda naturaleza: Ieruba’al, que significa “contienda con el Baal” (Jueces 6:32), indicando una negativa a aceptar cualquier forma de dominio o autoridad sometedora sobre sí mismo y sobre los demás (a partir de un deseo ideal de anarquía).
[11] Jueces 8:24–27, y allí, cap. 9.
[12] Basado en 1 Reyes 1:5. Véase Ma’amarei Admur HaZaken 5562, vol. 2, pág. 432; Ketuvim, vol. 1, pág. 195, y otros lugares.
[13] Y véase también Isaías 1:23; Miqueas 3.
[14] Véase, por ejemplo, 1 Reyes 21:17–24 (Elíahu y Ajav); 2 Crónicas 16:7–10 (Janani y Asa); Íbid. 19:2 (Yehú ben Janani y Iehoshafat).
[15] Véase, por ejemplo, 2 Reyes 20:16-19. Berajot 10a.
[16] Véase 1 Reyes 22:5–28 (Tzidkiahu ben Kena’ana y los profetas de Ajav); Jeremías 28 (Janania ben Azur).
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