ESTUDIO SEMANAL: Parashá Bereshit
BERESHIT, SANACIÓN, CHISPAS FLOTANTES Y ADAM
Nos complace anunciar una nueva serie de artículos para este año, 5787, llamada Maravillas del idioma hebreo. Cada semana destacaremos varias palabras, frases o versículos de la parashá semanal y los estudiaremos para revelar sus dimensiones internas y significado utilizando una serie de métodos lingüísticos tradicionales de la Torá. Las letras hebreas se consideran los pilares de la Creación, y estos artículos, si Di-s quiere, abrirán nuevas perspectivas para entender nuevas profundidades en nuestra sagrada Torá escrita junto con estas letras.
Permutaciones
Uno de los métodos que usamos para estudiar la Torá son las permutaciones de letras en una palabra. Las permutaciones se han estudiado en el lenguaje y en las matemáticas. El aspecto matemático comienza con la pregunta de cuántas permutaciones se pueden hacer a partir de una palabra que tiene n letras. La respuesta se presenta en el texto cabalístico más antiguo, el Sefer Ietzirá – el Libro de la Formación. Allí dice,
2 piedras construyen 2 casas, 3 piedras construyen 6 casas, 4 piedras construyen 24 casas, 5 piedras construyen 120 casas, 6 piedras construyen 720 casas, 7 piedras construyen 5400 casas. A partir de aquí, calculad lo que la boca no puede pronunciar y lo que el oído no puede oír.[1]
En matemáticas modernas, la función utilizada para calcular estos números se conoce como “n factorial” y se escribe como, n! ¡Así, 2! = 2, 3! = 6, etc. Las matemáticas modernas también diferencian entre permutaciones y combinaciones. Una permutación es una disposición de las letras donde el orden importa, mientras que, en combinación, el orden no importa. Por ejemplo, podríamos preguntarnos cuántos pares posibles de dos letras diferentes del alef-bet hebreo existen.
Como hay 22 letras en hebreo, la respuesta será 462 (22 por 21). Este es el número de permutaciones. Sin embargo, si queremos saber cuántas combinaciones hay, necesitamos dividir este número entre 2, porque con las combinaciones el orden no importa, así que אב es igual que בא. Así, hay 231 pares combinados de 2 letras en hebreo. Los cabalistas consideran efectivamente ambos resultados, lo que revela una sensibilidad al orden.
De todos los cabalistas de la historia, Rabi Abraham Abulafia es probablemente el que más utilizó permutaciones en su sendero de iluminación espiritual. El Zohar también se centra en el estudio de las permutaciones, específicamente, en lo que respecta a las tres letras que aparecen en el Nombre esencial de Di-s, Havaia (י-הוה): iud, vav y hei. Muchas de las intenciones cabalísticas más profundas se basan en permutaciones, siendo una de las más conocidas las 12 permutaciones del Nombre esencial de Di-s, Havaia, ya que corresponden a los 12 meses del año. HaRav Ginsburgh ha estudiado profundamente el tema de las permutaciones, tanto matemáticamente como desde una perspectiva de la Torá, y hemos escrito sobre ello en el pasado.
En esta primera entrega de nuestra nueva serie, consideremos las permutaciones derivadas de la primera palabra de la Torá, “En el principio”, Bereshit (בראשית). Las permutaciones de las letras de las palabras hebreas revelan nuevas conexiones, asociaciones y correspondencias, que a su vez revelan las profundidades ocultas de la Torá.

Permutaciones de la primera palabra de la Torá
El Tikunei Zohar, una obra clásica de la Cabalá, se encuentra repleta de permutaciones, en particular las permutaciones de la palabra inicial de la Torá, bereshit(בְּרֵאשִׁית). Literalmente significa “en el principio”, las permutaciones de esta palabra revelan secretos profundos relacionados con la propia mecánica de la Creación. Los siguientes son solo algunos de ellos.
Primero, la palabra bereshit se divide naturalmente en dos palabras de tres letras cada una, que significan “Él creó seis”, Bará shit (בָּרָא שִׁית).[2] Este significado compuesto oculto en la primera palabra de la Torá presagia que la Creación se desarrollaría en seis días.
La primera permutación que veremos es: “Ten respeto por el Shabat”, iré Shabat (יְרֵא שַׁבָּת).[3] El poema litúrgico Leja Dodi que cantamos los viernes por la noche menciona que Shabat fue “último en la acción, pero primero en el pensamiento.” Estas dos combinaciones, “Él creó seis” y “Ten respeto por el Shabat” revelan cómo los seis días activos de la Creación, y el séptimo día de descanso, el Shabat,, ya están incluidos en la primera palabra. Otra alusión a esta misma idea es que el primer verso contiene siete palabras.
Otra permutación de la primera palabra significa “Un pacto de fuego”, brit esh (בְּרִית אֵשׁ).”, “a covenant of fire[4] Actualmente, la ciencia plantea la teoría de que, en los orígenes del universo, todas las fuerzas fundamentales de la creación estaban unificadas en lo que se conoce como un estado similar al plasma, a una temperatura excepcionalmente alta. Solo cuando esta sustancia comenzó a enfriarse pudieron formarse los componentes básicos de las partículas, átomos, moléculas y elementos. Por tanto, no es de extrañar que lo primero que Di-s creara en la Torá fuera la luz, una manifestación inicial del “pacto del fuego”.
Al permutar la palabra bereshit de otra manera, llegamos a “la cabeza de la casa”, rosh bait (רֹאשׁ בָּיִת).[5] Esto alude a que el universo creado es, por así decirlo, la “casa” de Di-s, el lugar donde puede cumplir su deseo de morar en los mundos inferiores y relacionarse con Sus criaturas y derramar sobre ellas Su amor y bondad.
Otra permutación que aparece en el Tikunei Zohar significa: “feliz es la hija”, ashrei bat (אַשְׁרֵי בַּת).[6] ¿Quién es esta hija feliz? La Cabalá enseña que toda la Creación es femenina en relación con Di-s; así, la hija es metafóricamente la propia Creación, pero eso no es todo. La palabra hebrea para hija (בָּת) es cognada de la palabra hebrea para casa, bait (בָּיִת) y en el Talmud, una esposa se denomina la “casa” de su marido o, más exactamente, su “hogar”.[7] Así, esta permutación sugiere que toda la Creación es, por así decirlo, hija o esposa de Di-s y que la energía femenina receptiva crea un lugar de morada – un hogar – para su Amado en los mundos inferiores. En la Cabalá, nuestra relación más elevada con Di-s ocurre cuando se le concibe íntimamente como nuestro Amado.
Otra permutación de bereshit crea la formulación que significa “una canción que desea” o “una canción de deseo”, shir taev (שִׁיר תָּאֵב).[8] Esta permutación también puede entenderse usando la afirmación midrásica de que, “Di-s sentía un gran deseo por crearse una morada en los mundos inferiores.”[9] Sin embargo, mientras que solemos asociar el acto de la Creación con la palabra de Di-s, según esta permutación, es producto de un Canto Divino. Así, esta permutación alude a una de las razones más profundas por las que Di-s creó el mundo.
Creación y sanación
“En el principio Di-s creó los cielos y la tierra.” Así es como el primer versículo de la Torá suele traducirse al español y otros idiomas. Sin embargo, la palabra para “creó”, Bará בָּרָא, tiene un significado alternativo de “sanar”, lehavrí (לְהַבְרִיא).[10] Así, el versículo puede leerse “En el principio Di-s comenzó a sanar los cielos y la tierra.”
Esta explicación se basa en la enseñanza cabalística de que este mundo fue precedido por otro mundo, que se desintegró debido a la “ruptura de los recipientes”, cuando las poderosas luces de la Creación no pudieron ser contenidas adecuadamente por los recipientes iniciales. El Arizal llamó a este mundo anterior el Mundo del Caos (Olam HaTohu). Así, el relato de la Torá sobre la Creación comienza en realidad después de la destrucción y describe una nueva fase de la Creación destinada a sanar y rectificar la fractura de los recipientes que la precedieron. Por ello, el Arizal se refirió a nuestra realidad, cuya Creación describe la Torá, como el Mundo de la Rectificación (Olam HaTikun), ya que su finalidad es rectificar los recipientes destrozados del mundo anterior.
Secretos de la palabra “cernirse”
Según el Arizal, 288 “fragmentos” que contenían chispas de luz cayeron en los mundos inferiores debido a la “ruptura de los recipientes”, como se ha comentado anteriormente. Una de las fuentes para este número se encuentra en la palabra que significa “cernirse-flotar” (מְרַחֶפֶת, merajefet), que aparece en el segundo versículo de la Torá:
“Y la tierra estaba desolada y sin forma, y la oscuridad estaba sobre la faz del abismo, y el espíritu de Di-s se cernía sobre la superficie del agua”
Vehaaretz haita tohu vabohu vejosej al pnei tehom veruaj elokim merajefet al pnei hamaim
וְהָאָרֶץ הָיְתָה תֹהוּ וָבֹהוּ וְחֹשֶׁךְ עַל פְּנֵי תְהוֹם וְרוּחַ אֱ־לֹהִים מְרַחֶפֶת עַל פְּנֵי הַמָּיִם
Las letras inicial y final de la palabra merajefet forman la palabra para “muerte”, met (מֵת), mientras que el valor de las tres letras internas (רחפ) es 288. Así, el Arizal interpretó esta palabra como una alusión a las 288 chispas de santidad que figurativamente “murieron” en la “ruptura de los recipientes”.[11] Significativamente, la palabra “cernirse” es la decimoctava palabra de la Torá. El número 18 siempre se asocia con la vida, ya que el valor de la palabra para “vivo”, jai (חַי) es igual a 18. De hecho, el propio 288 es un múltiplo de 18, concretamente el producto de 16 y 18, lo que indica que, aunque los recipientes se rompieron y “murieron”, la luz unida a ellos sigue viva y constantemente esperando ser restaurada y elevada de nuevo a su origen. Esto es una profunda alusión al concepto de la Resurrección de los Muertos, que tendrá lugar en las etapas finales de la redención final y completa.
El significado interno del nombre “Adam”
Para entender el nombre Adán, Adam (אָדָם), el nombre tanto del primer ser humano como de la propia humanidad, primero exploremos el significado de la primera letra de este nombre, una alef, la primera letra hebrea. La letra alef a veces se denomina la “paradoja de Di-s y el hombre.”[12] Paradójicamente, la letra alef representa tanto la unidad como la singularidad, y al mismo tiempo, la pluralidad en la Creación. Esto puede verse numéricamente: el valor de alef es 1, pero el nombre de la letra, como palabra, “alef” (אָלֶף), también puede leerse como “elef” (אֶלֶף), que significa 1000. Así, alef se refiere tanto a la unidad como a la multiplicidad. La forma de la alef también expresa la paradoja, ya que se construye a partir de una línea diagonal, que se asemeja a la letra vav, con una iud encima de la línea y una iud debajo. La iud que está por encima de la línea representa lo supremo, la iud debajo de la línea representa lo mundano. La línea separa y une simultáneamente las dos iud’s (א). Sin embargo, esta dualidad se encuentra dentro del contexto de la unidad general inherente a la letra alef.[13]
En el Zohar, la letra alef simboliza la “imagen de Di-s” en la que se crea el hombre.[14] Más nombres de Di-s comienzan con la letra alef que por cualquier otra letra, y, de curiosamente, el nombre que la Torá da para el primer humano, Adán, también comienza con una alef.
La misma naturaleza paradójica que se encuentra en la letra alef se extiende al nombre completo “Adam.” Adam consta de dos sílabas: A y dam (אָ דָם). La primera sílaba, la alef , representa la imagen Divina, mientras que la segunda, dam, significa “sangre”, simbolizando la naturaleza física o animal del hombre. Esta dualidad es paralela a la dualidad del alma humana y el cuerpo. La paradoja de Di-s y el hombre dentro del hombre se refleja en la tensión dinámica continua entre el alma y el cuerpo. El alma está arraigada en el reino supremo, en la naturaleza infinita y eterna de Di-s, mientras que el cuerpo es la entidad más compleja en el ámbito mundano, perteneciente al mundo finito y temporal. El hombre es un compuesto de estas dos entidades opuestas. Como seres humanos, y aún más como judíos, nuestro desafío es aprender a unir alma y cuerpo de manera positiva y productiva para servir a la suprema bondad de Di-s.
Acrónimos del nombre Adam
Siendo Adán el primer humano, así como su alma es fuente de las almas de toda su descendencia, su nombre también debe considerarse una encapsulación de toda la historia humana. Basándose en esta premisa, el Arizal enseñó que las tres letras del nombre de Adán (אָדָם) son las iniciales de los tres personajes arquetípicos que abarcan toda la historia y la rectificación de la humanidad: Adán (אָדָם), David (דָּוִד) y Mashíaj (מָשִׁיחַ).[15]
Las tres letras de Adán también pueden entenderse como las iniciales de tres palabras que representan el desarrollo espiritual y el propósito del servicio Divino. La alef representa la fe, emuná (אֱמוּנָה), la dalet significa “conocimiento” o “conciencia”, daat (דָּעַת) y la mem significa “acción”, maasé (מַעֲשֶׂה). Para desarrollarse espiritualmente, una persona debe tomar la fe (que por su naturaleza es superconsciente), integrarla en su conciencia (de él o de ella) y así poder poner en práctica esa fe consciente a través de la acción y los hechos en el mundo real.
Acción como rectificación: Tikun Olam
La Torá concluye el primer relato de la Creación con el versículo: “Di-s bendijo el séptimo día y lo santificó porque en él descansó de Su obra, que Di-s creó para hacer.”[16] Sin embargo, la Torá no especifica para qué acciones fue creada la Creación. and aSí reflexionamos un poco, revelaremos que esto parece contraintuitivo: si la Creación ya está completa, ¿qué queda por hacer?
La respuesta es que, en las Escrituras, el verbo “hacer” se refiere a arreglar o “rectificar” algo.[17] Aunque Di-s es el Creador, hizo a la humanidad Su compañera, Su socia en la rectificación continua del mundo.[18] La palabra “hacer” implica así un proceso creativo continuo, no uno definitivamente terminado en un único y aislado momento del tiempo. De hecho, Di-s dejó deliberadamente la obra de perfeccionar y llevar la Creación a su máximo potencial en manos de la humanidad, who que está llamada, a través del libre albedrío, a convertirse en colaboradora de Di-s en la rectificación del mundo.
Abraham: A imagen de Di-s
“Estas son las crónicas del cielo y la tierra cuando fueron creados, el día en que Havaia Elokim hizo tierra y cielo.”[19] Los sabios señalan que la palabra hebrea para “cuando fueron creados”, behibram (בְּהִבָּרְאָם) contiene las mismas letras que la palabra hebrea que significa “con [o a través de] Abraham”, beavraham (בְּאַבְרָהָם). [20] lo que esto implica es que el cielo y la tierra fueron creados en aras de, o a través del aspecto de bondad (jeseds), que Abraham encarnaba.[21]
El valor de “Abraham” (אַבְרָהָם) es de 248, igual al concepto de “a imagen de Di-s”, betzelem Elokim (בְּצֶלֶם אֱלֹהִים), el aspecto esencial de todo ser humano, mediante el cual estamos llamados a reflejar la Divinidad.[22] Abraham es así el ejemplo de lo que es la arquetípica “imagen de Di-s”, y es a través y por esta Divinidad y para ella que la tierra y los cielos fueron creados.
Las Escrituras describen a Abraham como “aquel que ama a Di-s”. La Cabalá va más allá al identificar a Abraham como la encarnación arquetípica de la bondad. A través de sus acciones centradas en la bondad, Abraham se convirtió en un “carroza” o vehículo a través del cual todo el amor de Di-s por la Creación entró en el mundo. En otras palabras, Abraham se convirtió en el conducto fundamental a través del cual todo lo relacionado con el amor fluyó hacia y a través de la Creación. Las enseñanzas jasídicas explican que Abraham alcanzó este estado al percibir constantemente a Di-s como el Creador. No solo que Di-s creó la realidad en algún momento del pasado, sino que Di-s está constantemente recreando la realidad. Así es como él mismo se convirtió en un conducto para el amor de Di-s, que es la energía creativa en la raíz de toda la Creación.
Esto se relaciona con la idea anterior de que la creación es similar a la salud y la sanación. Cuando somos capaces de percibir la recreación de la realidad en un momento dado, nos conectamos con la energía sanadora que aparece en el mismo inicio de la Creación – es decir, nos conectamos con el amor de Di-s por la Creación. Así, la Creación, el amor de Di-s por la Creación y Abraham, que sirve como conducto para ellas, están todos intrínsecamente conectados con la salud y la sanación.
Ahora, en un rollo de la Torá, la letra hei en la palabra “cuando fueron creados”, behibram (בְּהִבָּרְאָם) está escrita en un tamaño más pequeño que las otras letras.[23] Una explicación para este cambio de tipografía es que esta es la letra hei que Di-s añadió a Abram cuando fue circuncidado, renombrándolo como Abraham.[24] Aparte de la diferencia de significado entre Abram y Abraham, los Sabios afirman que la letra hei es la letra con la que Di-s creó nuestra realidad presente (mientras que la letra iud se usará para crear el Mundo Venidero).[25] Antes de ser circuncidado, Abraham era un pensador teórico cuyo impacto en la realidad era limitado; en cierto sentido, estaba más allá de la realidad (en el pensamiento judío su estado original se identifica con la sabiduría oculta del superconsciente, también llamada “la mente inefable”). Una vez que recibió el mandamiento de Di-s de circuncidar, el poder de ese mandamiento afianzó sus esfuerzos por dar a conocer la unidad de Di-s, aumentando y consolidando su impacto en la realidad. De hecho, la expresión “cuando fueron creados” es la séptima vez que se aparece en la Torá el verbo “crear”, bará (בָּרָא). Estas siete menciones se corresponden con las sefirot desde bondad hasta reinado. Con esto, Abraham se convirtió en el conducto a través del cual se podía reconocer la Presencia de Di-s en la tierra.
[1] 4:12.
[2] Tikunei Zohar, 11, 18, 25, 46 y más; Las Letras Hebreas, pág.103; 913: La sabiduría secreta del Génesis, p. 117.
[3] Ibid., Introducción, 7 y 24.
[4] Ibid., 3, 22, 24.
[5] Ibid., 3, 55; Las Letras Hebreas, págs. 38-39.
[6] Ibid., 58 y 69.
[7] Iomá 2a.
[8] Tikunei Zohar, 10. Sod Hashem Liereiav, cap. 21.
[9] Tanjumá, Naso 16.
[10] Iain Itzjak, Bereshit, 12.
[11] Como se explica en otro lugar, “muerte” en el sentido espiritual significa la pérdida del estado previo. Así, estas chispas de santidad que “murieron” cayeron de su estado original y descendieron entre las cáscaras de impureza. Jasdei David HaNe’emanim, vol. 8.
[12] Las Letras Hebreas, la letra alef.
[13] Ibid.
[14] Zohar 3:104b.
[15] Sefer HaGilgulim, 62; Torá Or 46d, Las Letras Hebreas, pág. 7.
[16] Génesis 2:3.
[17] Véase, por ejemplo, Rashi en Génesis 1:7: “Hizo el firmamento: Él [Di-s] lo dispuso adecuadamente en su lugar.”
[18] De una clase impartida el día 15 de Nisan 5770 en Kfar Jabad.
[19] Génesis 2:4; Para una exploración profunda de este versículo y sus muchos significados profundos, véase Sha’ashuim Iom Iom, Bereshit.
[20] Bereshit Raba 12:9.
[21] Zohar 1:47b.
[22] Génesis 1:27.
[23] Las Letras Hebreas, p. 88.
[24] Génesis 17:5.
[25] Menajot 12b. Las Letras Hebreas, p. 83.
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