LECTURA DE LA TORÁ BERESHIT

Rabino Jaim Frim

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En este día del iortzait de mi padre, la Torá nos invita a reflexionar sobre el misterio de la vida y la muerte.
Antes del pecado del Árbol del Conocimiento, Adam vivía en armonía con la Fuente de la Vida.
Al comer del árbol, el bien y el mal se mezclaron en su interior, y la muerte ingresó en la experiencia humana.
El Jasidut explica que la muerte expresa la separación entre la criatura y su Fuente divina.
Según las enseñanzas del rav Itzjak Ginsburgh, nuestra misión es rectificar el daat, el conocimiento, y transformarlo en unión con Hashem.
La Torá es llamada Etz Jaim, Árbol de la Vida, porque nos permite recuperar esa conexión.
En el iortzait, el alma de nuestros padres continúa elevándose mediante nuestras mitzvot, Torá y tzedaká.
Su vida permanece en las enseñanzas, el amor y la luz que dejaron en nosotros.
La rectificación definitiva llegará cuando se cumpla la promesa: «Bilá hamavet lanétzaj» — La muerte será eliminada para siempre.
Que el mérito de este estudio eleve el alma de mi padre y apresure la Gueulá verdadera y completa.

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27 DE TISHREI – LA MUERTE, EL ÁRBOL DEL CONOCIMIENTO Y EL SECRETO DE LA VIDA ETERNA

RABINO JAIM FRIM

Una meditación para el iortzait de mi padre, a la luz de Parashat Bereshit, el Jasidut y las enseñanzas del rav Itzjak Ginsburgh.

LA MUERTE NO FORMABA PARTE DEL IDEAL ORIGINAL DE LA CREACIÓN

En este jueves 27 de Tishrei, día del iortzait de mi querido padre, la lectura de Parashat Bereshit nos invita a contemplar uno de los misterios más profundos de la existencia: ¿por qué existe la muerte? ¿Qué cambió en el mundo cuando Adam HaRishón comió del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal? ¿Y qué significa que el alma continúa viviendo cuando el cuerpo regresa a la tierra?

La Torá relata que Hashem colocó a Adam en el Jardín del Edén y le permitió comer de todos los árboles, excepto de uno:

«Pero del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal no comerás, porque el día que comas de él, ciertamente morirás» (Bereshit 2:17).

En hebreo, la expresión es מוֹת תָּמוּת — Mot tamut, literalmente, «morir, morirás».

Nuestros Sabios explican que Adam no murió físicamente aquel mismo día, sino que la muerte entró en su existencia. Según una explicación tradicional, sus 930 años estuvieron comprendidos dentro de un «día» de Hashem, pues «mil años son ante Tus ojos como el día de ayer» (Tehilim 90:4).

Pero el Jasidut nos invita a profundizar: la muerte no es solamente el final biológico de la vida. Es la manifestación de una separación que comenzó mucho antes, en el interior de la conciencia humana.

EL PECADO DEL ÁRBOL: CUANDO LA VIDA SE SEPARÓ DE SU FUENTE

Antes del pecado, Adam vivía en una conciencia de unidad con Hashem. Su existencia estaba orientada hacia la voluntad divina, sin experimentar la misma mezcla interior de bien y mal que conocemos actualmente.

El Árbol del Conocimiento se llama Etz HaDaat Tov VaRá, el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. En la interpretación cabalística y jasídica, comer de su fruto significó introducir una mezcla entre dos realidades que debían permanecer diferenciadas.

El mal, que antes era una realidad exterior al ser humano, penetró en su experiencia interior. Desde entonces, incluso nuestras buenas acciones pueden mezclarse con intereses personales, orgullo o deseos egoístas.

La consecuencia más profunda fue la pérdida de la transparencia entre la criatura y su Creador.

La vida verdadera procede de Hashem, llamado Jai HaJaim — la Vida de toda vida. Cuando la conciencia humana se identifica con su existencia separada y autónoma, aparece la posibilidad de experimentar la muerte.

No porque Hashem haya dejado de dar vida, sino porque el ser humano perdió la capacidad de percibir plenamente su conexión con la Fuente eterna.

Esta es una manera de comprender, desde el Jasidut, la enseñanza de nuestros Sabios: «No hay muerte sin pecado» (Shabat 55a), aunque el propio Talmud examina las complejidades de esta afirmación.

LA ENSEÑANZA DEL RAV ITZJAK GINSBURGH: TRANSFORMAR EL CONOCIMIENTO EN VIDA

En las enseñanzas del rav Itzjak Ginsburgh encontramos una distinción fundamental entre daat, conocimiento, y devekut, adhesión a Hashem.

El conocimiento no es malo. Por el contrario, daat es una de las facultades esenciales del alma. Pero cuando el conocimiento se separa de la humildad y de la unión con Hashem, puede convertirse en una fuente de ego.

El problema del Árbol del Conocimiento no era adquirir sabiduría, sino apropiarse de ella de una manera contraria a la voluntad divina.

El ser humano quiso incorporar una realidad para la cual todavía no estaba preparado.

Podemos comprenderlo mediante una distinción fundamental: conocer algo no significa necesariamente vivirlo.

Una persona puede conocer muchas verdades espirituales y, sin embargo, permanecer interiormente desconectada de ellas. La finalidad del Jasidut es transformar la sabiduría en una experiencia viva, hasta que el conocimiento de Hashem penetre en los pensamientos, las emociones y las acciones.

En el lenguaje cabalístico, la rectificación del daat conduce a una unión más profunda entre las facultades del alma.

Esta interpretación desarrolla temas centrales de la enseñanza del rav Ginsburgh, sin pretender reproducir una cita textual de una clase específica.

¿POR QUÉ HASHEM IMPIDIÓ QUE ADAM COMIERA DEL ÁRBOL DE LA VIDA?

Después del pecado, la Torá declara:

«Ahora, no sea que extienda su mano y tome también del Árbol de la Vida, coma y viva para siempre» (Bereshit 3:22).

A primera vista, resulta sorprendente. ¿Por qué impedirle al hombre alcanzar la inmortalidad?

La explicación interior es extraordinaria: vivir eternamente en un estado de corrupción espiritual no sería una verdadera bendición.

La muerte, aunque dolorosa, también establece un límite a la condición caída del ser humano. La existencia física, tal como quedó después del pecado, no puede perpetuarse indefinidamente sin una rectificación.

En la visión cabalística, la historia humana consiste en reparar aquella ruptura original, separar el bien del mal y preparar el mundo para una vida en la que la presencia divina pueda manifestarse plenamente.

Por eso, la muerte no representa el propósito definitivo de la Creación.

El profeta Ieshaiahu anuncia:

«Bilá hamavet lanétzaj — Destruirá la muerte para siempre» (Ieshaiahu 25:8).

Y nuestros Sabios enseñan que, en el futuro, el Santo, bendito sea, eliminará la muerte (Sucá 52a).

El objetivo final no es aprender a resignarse ante la muerte, sino alcanzar la redención de la vida misma.

EL IORTZAIT: CUANDO LA AUSENCIA FÍSICA REVELA UNA PRESENCIA MÁS PROFUNDA

En el día del iortzait de mi padre, estas enseñanzas adquieren un significado especial.

La Torá nos enseña que el ser humano fue formado del polvo de la tierra, pero recibió algo que no procede de la tierra:

«Y sopló en sus narices aliento de vida, y el hombre se convirtió en un ser viviente» (Bereshit 2:7).

El Tania, capítulo 2, explica que el alma divina del judío es verdaderamente una parte de la Divinidad de lo Alto, y relaciona el soplo divino con una procedencia espiritual particularmente interior.

El cuerpo pertenece al mundo material, pero la neshamá tiene una raíz espiritual que no desaparece con la muerte física.

Por eso, el iortzait no es solamente un aniversario de pérdida. Es también un día para elevar el alma mediante Torá, tefilá, tzedaká y buenas acciones.

El Zóhar enseña que las acciones de los justos continúan produciendo efectos espirituales incluso después de su partida. Y el Tania, en Igueret HaKodesh, epístola 27, profundiza en la continuidad de la vida espiritual del tzadik y de su influencia sobre quienes permanecen en este mundo.

Aunque esa enseñanza se refiere específicamente a los tzadikim, nos ayuda a comprender una verdad más amplia: el legado espiritual de una persona no termina con su vida física.

Un padre continúa presente en las cualidades que transmitió a sus hijos, en la Torá que les enseñó, en los valores que sembró y en las buenas acciones que ellos realizan siguiendo su ejemplo.

Cada mitzvá realizada en su mérito es una forma de transformar la memoria en vida.

DEL ÁRBOL DEL CONOCIMIENTO AL ÁRBOL DE LA VIDA

La Torá comienza con un árbol que introdujo la muerte en la experiencia humana, pero también nos revela el camino hacia la vida.

Sobre la Torá está escrito:

«Etz jaim hi lamajazikim ba — Es un Árbol de Vida para quienes se aferran a ella» (Mishlé 3:18).

La Torá es el Árbol de la Vida accesible al ser humano después de haber abandonado el Jardín del Edén.

Cada vez que estudiamos Torá con humildad, realizamos una mitzvá con alegría o ayudamos a otra persona, estamos rectificando una pequeña parte del pecado original.

Desde la perspectiva del Jasidut, el camino no consiste en escapar del mundo material, sino en transformarlo en una morada para Hashem.

Esta es también una de las ideas centrales de la enseñanza del rav Ginsburgh: la finalidad de la sabiduría divina es revelar la unidad de Hashem precisamente dentro de la realidad material.

La rectificación del Árbol del Conocimiento prepara el regreso al Árbol de la Vida.

UNA REFLEXIÓN PERSONAL PARA EL 27 DE TISHREI

En el iortzait de mi padre, al estudiar el comienzo de la Torá, pienso que la vida humana contiene una paradoja.

Nacemos en un mundo donde existe la muerte, pero recibimos un alma cuya raíz pertenece a la eternidad.

Nuestros padres nos dieron la vida física, pero también nos transmitieron algo que puede continuar durante generaciones: su influencia, sus enseñanzas, su amor y su ejemplo.

La pregunta más importante no es solamente cuánto tiempo vivió una persona, sino cuánta vida continúa produciendo aquello que sembró.

El pecado de Adam introdujo la muerte en el mundo. Pero cada generación recibe la misión de acercar la rectificación de aquel pecado, hasta el cumplimiento de la promesa profética de que la muerte será eliminada para siempre.

En este día, quiero que el recuerdo de mi padre no permanezca únicamente en el pasado. Quiero que se convierta en una fuerza para agregar luz, Torá, amor y bondad al presente.

Porque el recuerdo verdadero no consiste solamente en mirar hacia atrás, sino en continuar hacia adelante con aquello que nuestros padres nos entregaron.

Que el estudio de estas palabras sea para la elevación de su neshamá, y que tengamos el mérito de ver pronto el cumplimiento de la promesa:

הקיצו ורננו שוכני עפר

Hakítzu veranenú shojné afar.

«Despertad y cantad, vosotros que habitáis en el polvo» (Ieshaiahu 26:19).

Que sea pronto, con la resurrección de los muertos, en la Gueulá verdadera y completa.

לעילוי נשמת אבי מורי משה קלמן בן יצחק ז״ל

Leilui nishmat avi mori, zijronó livrajá.

Para la elevación del alma de mi querido padre, MOSHE CALMAN BEN ITZJAK, de bendita memoria.

Una precisión sobre la lectura de la Torá: el jueves 27 de Tishrei de 5787, 8 de octubre de 2026, corresponde a la lectura semanal de Bereshit. En la lectura habitual de lunes y jueves se lee Bereshit 1:1–2:3, el relato de los siete días de la Creación. El pecado del Árbol del Conocimiento aparece después, en el capítulo 3, y se leerá en la continuación de la parashá durante Shabat. Así, la meditación de este jueves nos lleva desde la creación de la vida hasta el misterio de la muerte y su rectificación.

Una pregunta para profundizar: Si el pecado del Árbol del Conocimiento introdujo la muerte, ¿por qué la Torá, llamada Árbol de la Vida, todavía no nos ha liberado de ella? La respuesta del Jasidut nos conduce directamente al sentido de la llegada del Mashíaj y de la resurrección de los muertos.


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