TERMINAN LAS FESTIVIDADES DE TISHREI
y la proclamación “VeIaacov halaj ledarkó” — “Y Iaacov siguió su camino” forman, desde la perspectiva de la Jasidut, un único movimiento espiritual: recibir durante los Jaguim una enorme luz de alegría y santidad, y luego llevarla al mundo cotidiano. No alcanza con elevarse durante Tishrei; toda esa elevación debe convertirse después en fuerza para vivir, trabajar y transformar la realidad.
Las Hakafot Shniot — הקפות שניות, las “segundas hakafot”, se celebran en Eretz Israel después de finalizar Sheminí Atzeret-Simjat Torá. Mientras en la diáspora todavía se celebra Simjat Torá, en Israel el Jag ya terminó, y sin embargo volvemos a sacar los Sifrei Torá y a bailar. Hay aquí un mensaje muy profundo: la santidad del Jag puede terminar en el calendario, pero no debe terminar dentro del judío. Las Hakafot Shniot llevan la alegría de Simjat Torá desde el kódesh hacia el jol, desde la festividad hacia la vida cotidiana.
En Simjat Torá sucede algo extraordinario. Después de todo un mes de intensa avodá —Rosh Hashaná, Iom Kipur, Sucot y Hoshana Rabá— llegamos a la culminación y bailamos con el Sefer Torá cerrado. No importa entonces quién sabe más Torá. El gran talmid jajam y el judío sencillo abrazan la misma Torá y bailan juntos. Se revela una relación con la Torá que está por encima de la comprensión: antes de ser una Torá que yo comprendo, es mi Torá, nuestra Torá; es nuestra propia vida.
Por eso en Simjat Torá tienen tanta importancia los pies. La cabeza, sede del intelecto, acepta ser transportada por los pies. Es una expresión de bitul: primero establecemos nuestra unión esencial con la Torá mediante la alegría y después volvemos a abrirla para comprenderla. Terminamos con “LeEinei kol Israel” y enseguida comenzamos nuevamente: “Bereshit bará Elokim…”. La Torá nunca termina; el final mismo engendra un nuevo comienzo.
Entonces llegamos a Shabat Bereshit. Los Rebeim de Jabad transmitieron: “Como un judío se establece en Shabat Bereshit, así transcurre todo el año”. Simjat Torá nos entrega una alegría que está por encima de la razón; Shabat Bereshit comienza a introducir esa energía dentro de la conciencia y de la vida concreta. Durante Tishrei recibimos las grandes luces; en Bereshit comenzamos a construir los recipientes capaces de contenerlas durante todo el año.
Y entonces aparece la expresión וְיַעֲקֹב הָלַךְ לְדַרְכּוֹ — “VeIaacov halaj ledarkó”, “Y Iaacov siguió su camino”. La Jasidut utiliza estas palabras como una consigna para la salida de los Jaguim. “Iaacov” es cada judío. “Halaj”, caminó: no permanece encerrado en la experiencia espiritual de Tishrei. “Ledarkó”, hacia su camino: regresa a su casa, su trabajo, sus responsabilidades, sus negocios y su misión particular en el mundo.

Pero Iaacov no vuelve igual que antes. Lleva consigo la coronación de Hashem de Rosh Hashaná, la teshuvá de Iom Kipur, el abrazo de la sucá, la unidad de los Arbaat HaMinim, la culminación de Hoshana Rabá y la alegría ilimitada de Simjat Torá. La gran pregunta es qué ocurre cuando termina la música. ¿Podemos llevar el baile de Simjat Torá al lunes por la mañana, a nuestras preocupaciones y obligaciones? La respuesta de la Jasidut es que precisamente para eso bailamos.
Hay aquí una imagen bellísima: en Simjat Torá los pies bailan y, después de Simjat Torá, esos mismos pies comienzan a caminar. Primero hacemos hakafot alrededor de la Torá; después salimos de los círculos y avanzamos hacia nuestra misión. El baile no es una evasión del mundo, sino la preparación para entrar en él con una conciencia nueva.
Esto se conecta directamente con la enseñanza de Lijiot im Hazmán que venimos estudiando: primero debemos establecer una hanajá, una disposición interior correcta; de ella nace la menujá, la serenidad interior; y desde esa menujá surge la capacidad de caminar. Por eso la secuencia de las primeras parashiot es tan significativa: Bereshit, Noaj, Lej Lejá. Primero establecer correctamente nuestra visión del mundo; después encontrar reposo y estabilidad interior; finalmente, “Lej Lejá”, salir y caminar hacia la misión que Hashem nos encomienda.
Las Hakafot Shniot son precisamente el puente. El Jag terminó, pero seguimos bailando. Es como si declaráramos: “No dejamos Simjat Torá atrás; lo llevamos con nosotros”. La alegría sale del Beit HaKneset hacia la calle, y de la calle debe entrar en nuestra vida cotidiana. Allí comienza verdaderamente “VeIaacov halaj ledarkó”.
Este es el gran mensaje al terminar Tishrei: no despedirnos de los Jaguim, sino llevarlos con nosotros durante todo el año. La verdadera medida de Simjat Torá no es solamente cuánto bailamos durante las hakafot, sino cómo caminamos después de ellas. Y cuando Iaacov sale al camino llevando la Torá y la alegría dentro suyo, ese camino mismo se convierte en el camino hacia la Gueulá verdadera y completa.
SHABAT BERESHIT
Según la enseñanza transmitida por los Nesiím de Jabad, “tal como un judío se coloca a sí mismo en Shabat Bereshit, así se conduce durante todo el año”. No significa que este Shabat determine mágicamente lo que va a suceder, sino que constituye el momento en que las grandes luces espirituales recibidas durante Tishrei comienzan a transformarse en una forma estable de vivir.
Durante Rosh Hashaná coronamos a Hashem como Rey; en Iom Kipur retornamos a nuestra esencia; en Sucot vivimos envueltos por la mitzvá y la alegría; en Simjat Torá llegamos a una unión con la Torá que está incluso por encima del intelecto y la expresamos bailando. Pero todo esto puede quedar como una experiencia extraordinaria de los Jaguim. Shabat Bereshit plantea la pregunta decisiva: ¿qué vas a hacer ahora con todo lo que recibiste?
Por eso comenzamos nuevamente con “Bereshit bará Elokim”. La primera hanajá, la premisa que debemos fijar profundamente en la conciencia, es que el mundo pertenece a Hashem, es creado por Él y recibe de Él su existencia a cada instante. El mundo no es esencialmente un adversario de la Torá. Nuestra misión consiste en descubrir la Divinidad que se encuentra oculta dentro de la propia realidad.
Aquí se comprende por qué Shabat Bereshit puede influir sobre todo el año. Es semejante a colocar correctamente la primera piedra de un edificio o determinar la dirección antes de emprender un viaje. Si la orientación inicial es correcta, cada paso posterior continúa en esa dirección. La Jasidut llama a esto una hanajá tová, una disposición interior correcta y profunda. No se trata solamente de lo que uno piensa, sino de la manera fundamental en que contempla a Hashem, a sí mismo y al mundo.
Esto tiene una aplicación muy concreta. Una persona puede levantarse por la mañana pensando: “Hoy tengo problemas, obstáculos, personas difíciles y preocupaciones; tengo que luchar contra todo eso”. O puede comenzar desde otra hanajá: “Hashem me puso en este día, en este lugar y frente a estas circunstancias; aquí mismo tengo una misión”. Los problemas no desaparecen, pero cambia completamente la manera de enfrentarlos.
También se aplica a la familia y a la educación. Si miramos a una persona difícil suponiendo que su esencia es negativa y que debemos quebrarla, nuestra relación se convierte en una lucha. La enseñanza de Bereshit propone otra mirada: en su raíz existe bien; mi tarea es ayudar a revelarlo. Esto no significa ignorar conductas incorrectas, sino corregirlas sin confundir el problema con la esencia de la persona.
Lo mismo ocurre con nosotros mismos. Si una persona se define por sus defectos —“yo soy así, nunca voy a cambiar”— queda encerrada dentro de ellos. Bereshit enseña que Hashem renueva continuamente la Creación. Si el mundo es creado nuevamente a cada instante, también existe siempre la posibilidad de un comienzo nuevo. La teshuvá deja de ser solamente reparación del pasado y se convierte en la capacidad de volver a comenzar.
Después viene Noaj, que significa reposo y serenidad. Primero necesitamos establecer una visión correcta de la realidad; luego encontrar estabilidad interior incluso en medio de las “aguas del Diluvio”, las preocupaciones de la vida. Y solamente entonces podemos llegar a Lej Lejá, comenzar a caminar y cumplir nuestra misión.
Esto ilumina también la proclamación jasídica al concluir los Jaguim: “VeIaacov halaj ledarkó — Y Iaacov siguió su camino”. Después de Simjat Torá hay que salir. El judío regresa al trabajo, la familia, las cuentas, las decisiones y las dificultades. Pero no regresa igual: lleva consigo todo Tishrei.
En Simjat Torá los pies bailaron; ahora esos mismos pies deben caminar. Esa es la prueba de que la alegría penetró verdaderamente en la persona.
Por eso, vivir bien Shabat Bereshit no significa solamente rezar más o estudiar más ese Shabat. Significa establecer la orientación para el año: mirar el mundo como creación de Hashem, buscar la misión divina dentro de cada situación, comenzar cada día nuevamente, enfrentar los obstáculos sin miedo y llevar la alegría de la Torá a las cosas más sencillas de la vida.
Podemos resumir toda la secuencia en una frase:
En Simjat Torá recibimos la alegría; en Shabat Bereshit fijamos la dirección; en “VeIaacov halaj ledarkó” comenzamos a caminar.
Y entonces el año entero puede convertirse en una continuación de aquel primer “Bereshit”: comenzar una y otra vez, pero cada vez desde un lugar más profundo.
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