* CUANDO EL CIELO SE OSCURECE Y LA TIERRA TIEMBLA*
*MIÉRCOLES 29 MENAJEM AV 5786 – 12-8-2026*
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*El cielo y la tierra se estremecen, ¿qué debe hacer el hombre?*
Un eclipse ocurre en los cielos; un terremoto, en la tierra. El hombre se encuentra entre ambos. Jazal, los sabios de bendita memoria, efectivamente hablan de fenómenos extraordinarios de la naturaleza como acontecimientos que deben despertar al ser humano. Respecto de los eclipses, la Guemará, Sucá 29a, utiliza un lenguaje de simán —señal—, aunque esto debe estudiarse cuidadosamente y no traducirse automáticamente como una predicción de calamidades.
Y respecto del terremoto, la propia halajá establece una berajá al experimentarlo. Es decir, la reacción judía ante el estremecimiento de la naturaleza no es solamente preguntarse “¿qué va a suceder?”, sino reconocer Quién está detrás de la naturaleza.
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Nigún 66 TIKVÁ – ESPERANZA
Rabino Itzjak Ginsburgh

*POR QUÉ SUCEDEN LOS TERREMOTOS*
*SIGNIFICADO DEL ECLIPSE*
PARASHÁ SHOFTIM
MES DE ELUL
ELUL
El Mes de Elul: El Rey en el CAMPO
Con la llegada del mes de Elul ingresamos en el período más propicio del año para la renovación del alma, el balance espiritual (Jeshbón Néfesh) y el retorno sincero al Creador (Teshuvá). Es el último mes del calendario hebreo, la antesala de Rosh Hashaná y Yom Kipur.
1. El Acrónimo del Amor: Aní LeDodí VeDodí Li
El propio nombre de ELUL (אֱלוּל) forma las iniciales del célebre versículo del Cantar de los Cantares (6:3):
(«Yo soy para mi Amado y mi Amado es para mí»)
A diferencia del resto del año, donde la iniciativa celestial a menudo desciende desde lo Alto, en Elul el movimiento comienza en nosotros: nosotros damos el primer paso hacia Dios, y Él nos responde con infinito amor y misericordia.
2. La Parábola del Baal Shem Tov y el Alter Rebe: «El Rey en el Campo»
Durante el año, para ver al Rey hay que viajar al palacio, cruzar guardias y protocolos estrictos. Pero en el mes de Elul, el Rey sale al campo:
- Se vuelve accesible para todos: para el campesino, para quien está en el trabajo diario, sin necesidad de vestimentas de gala.
- Recibe a cada persona con un rostro sonriente, benevolente y cercano, escuchando las peticiones de cada corazón antes de entrar formalmente a Su tribunal en Rosh Hashaná.
3. Costumbres y Prácticas de Elul
- El toque diario del Shofar: Despierta el alma de la rutina y la insensibilidad cotidiana.
- Recitado de Selijot: Plegarias y súplicas que despiertan los Trece Atributos de Misericordia divina.
- Salmo 27 (LeDavid Hashem Orí): Se recita dos veces al día, recordando que Dios es nuestra luz y nuestra salvación.
- Revisión de Tefilín y Mezuzot: Un momento propicio para verificar el estado de nuestros preceptos protectores.
- Incremento en Torá, Tefilá y Tzedaká: El estudio, la plegaria del corazón y la ayuda generosa al prójimo son las tres llaves que abren los portales de la bendición.
Que los días de Elul sean una oportunidad profunda para reencontrarnos con nuestra esencia, corregir con alegría y prepararnos para ser inscritos y sellados para un año bueno, dulce y lleno de bendición.

SHOFTIM
Resumen de Parashat Shoftim — שופטים
Shoftim significa “jueces”. La parashá (Devarim 16:18–21:9) presenta las bases de una sociedad judía regida por la justicia, pero también contiene una profunda enseñanza personal: cada persona debe establecer “jueces y guardianes” sobre sí misma, discerniendo correctamente qué deja entrar en su conciencia y cómo actúa.
Justicia y liderazgo. La Torá ordena establecer jueces y funcionarios en todas las ciudades: “Tzedek, tzedek tirdof — Justicia, justicia perseguirás”. Los jueces deben actuar con absoluta imparcialidad, sin aceptar sobornos ni favorecer a ninguna de las partes. También se establecen las leyes relativas al rey de Israel: no debe engrandecerse sobre sus hermanos y debe llevar consigo un Sefer Torá para recordar permanentemente que incluso el rey está sometido a Hashem y a Su Torá.
No buscar conocer el futuro. La Torá prohíbe la hechicería, la adivinación, los augurios y otras prácticas destinadas a descubrir o controlar el futuro. Frente a ellas aparece uno de los grandes principios de la parashá: תָּמִים תִּהְיֶה עִם ה׳ אֱלֹקֶיךָ — “Tamim tihie im Hashem Elokeja — Íntegro serás con Hashem, tu Dios” (Devarim 18:13). Rashi explica: camina con Hashem con integridad, confía en Él y no investigues obsesivamente qué traerá el futuro.
El verdadero profeta. En contraste con adivinos y hechiceros, Hashem promete levantar verdaderos profetas dentro de Israel. La parashá establece cómo distinguir al profeta auténtico del falso. La enseñanza es fundamental: la Torá no niega la comunicación entre lo Alto y nuestro mundo, pero determina que esta comunicación proviene de Hashem y no del intento humano de dominar fuerzas ocultas.
Protección de la vida y responsabilidad. Shoftim establece las arei miklat, ciudades de refugio para quien provoca involuntariamente una muerte, y legisla cuidadosamente sobre testigos y delitos. Dos testigos son necesarios para establecer determinados hechos judiciales, y los testigos falsos reciben el castigo que intentaban provocar al acusado.
La guerra según la Torá. Antes de una batalla, el Cohén fortalece al pueblo: “No teman… porque Hashem, su Dios, marcha con ustedes”. La Torá establece quiénes están exentos de determinadas guerras y prohíbe destruir innecesariamente los árboles frutales durante un sitio, origen del principio de bal tashjit, no destruir sin necesidad.
Eglá arufá y responsabilidad colectiva. La parashá concluye con el caso de una persona encontrada muerta en el campo sin conocerse al asesino. Los ancianos de la ciudad más cercana deben realizar un procedimiento especial y declarar que no fueron responsables de aquella muerte. La Torá enseña así que los dirigentes no pueden desentenderse del bienestar físico y espiritual de quienes se encuentran bajo su responsabilidad.
La enseñanza interior
Shoftim se lee al comienzo de Elul, y su mensaje resulta especialmente apropiado. Antes de juzgar a los demás debemos colocar “shoftim veshotrim” dentro de nosotros mismos: examinar nuestros pensamientos, palabras y acciones, pero hacerlo con el propósito de corregir y acercarnos a Hashem.
Y frente a un mundo lleno de incertidumbres, señales y acontecimientos que pueden producir temor, Shoftim nos entrega una orientación extraordinariamente actual:
תָּמִים תִּהְיֶה עִם ה׳ אֱלֹקֶיךָ
“Íntegro serás con Hashem, tu Dios.” No se trata de ignorar lo que sucede, sino de mirarlo con discernimiento, sin superstición ni miedo, y transformarlo en teshuvá, tefilá, tzedaká y una mayor confianza en Hashem. Ese es también el comienzo de la avodá de Elul.

TERREMOTOS, ECLIPSES Y SHOFTIM:
¿SEÑALES DEL CIELO O SUPERSTICIÓN?
Hay una conexión muy fuerte entre los tres temas: *terremotos, eclipses y Parashat Shoftim,*
Parashat Shoftim contiene justamente una de las advertencias centrales de la Torá contra interpretar el futuro mediante augurios:
תָּמִים תִּהְיֶה עִם ה׳ אֱלֹקֶיךָ
“Íntegro serás con Hashem, tu Dios.”
(Devarim 18:13)
El contexto es muy significativo. La Torá prohíbe מעונן, מנחש, קוסם קסמים — distintas formas de adivinación y lectura supersticiosa de acontecimientos— y enseña que Israel debe relacionarse directamente con Hashem.
Esto permite plantear una idea muy potente:
El cielo y la tierra se estremecen, ¿qué debe hacer el hombre?
Un eclipse ocurre en los cielos; un terremoto, en la tierra. El hombre se encuentra entre ambos. Jazal, los sabios de bendita memoria, efectivamente hablan de fenómenos extraordinarios de la naturaleza como acontecimientos que deben despertar al ser humano. Respecto de los eclipses, la Guemará, Sucá 29a, utiliza un lenguaje de simán —señal—, aunque esto debe estudiarse cuidadosamente y no traducirse automáticamente como una predicción de calamidades.
Y respecto del terremoto, la propia halajá establece una berajá al experimentarlo. Es decir, la reacción judía ante el estremecimiento de la naturaleza no es solamente preguntarse “¿qué va a suceder?”, sino reconocer Quién está detrás de la naturaleza.
Aquí Shoftim introduce el punto esencial:
La Torá no nos pide ser indiferentes a las señales; nos prohíbe convertirlas en adivinación.
Hay una enorme diferencia entre:
“Ocurrió un terremoto/eclipsе, por lo tanto sucederá tal cosa”
y:
“Ocurrió algo que me recuerda que el mundo no es autónomo; ¿qué quiere Hashem que transforme ahora en mi vida?”
Esto conecta maravillosamente con תמים תהיה. Rashi explica allí:
התהלך עמו בתמימות ותצפה לו
“Camina con Él con integridad y espera en Él.”
No investigues obsesivamente el futuro. Vive correctamente el presente delante de Hashem.
Y hay otra conexión extraordinaria con Shoftim. La parashá comienza:
שֹׁפְטִים וְשֹׁטְרִים תִּתֶּן לְךָ בְּכָל שְׁעָרֶיךָ
En Jasidut, los “portones” pueden entenderse también como los portones de la persona: aquello que entra en nuestra conciencia por los ojos, oídos, etc. Precisamente cuando vemos fenómenos impresionantes —un eclipse, un terremoto, acontecimientos que conmueven al mundo— necesitamos shoftim, discernimiento.
No todo lo impresionante es profecía.
No toda coincidencia es una predicción.
Pero todo puede convertirse en una llamada a la avodá.
Y aquí introduciría una dimensión todavía más profunda:
El eclipse representa ocultamiento —הסתר.
El terremoto representa sacudimiento —רעש.
Shoftim representa discernimiento —משפט.
Y “Tamim tihie” representa emuná.
Cuando la luz se oculta arriba y la tierra tiembla abajo, el judío no pierde su centro. Busca qué debe rectificar, aumenta en Torá, tefilá y tzedaká, y permanece unido a Hashem.

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“CUANDO EL CIELO SE OSCURECE Y LA TIERRA TIEMBLA — Eclipses, terremotos y el secreto de Parashat Shoftim”
CUANDO LOS MUNDOS SE ESTREMECEN
Una lectura desde la Cabalá y el Jasidut
1. Sol, Luna y Tierra: tres niveles de una misma historia
En la Cabalá, el mundo físico no es solamente materia. También es un mashal, una parábola que nos permite comprender procesos espirituales. Por eso podemos contemplar tres elementos: el Sol, como fuente visible de luz; la Luna, que recibe y refleja esa luz; y la Tierra, como el lugar donde esa luz debe convertirse en vida y acción.
La Cabalá relaciona especialmente a la Luna con Maljut. La Luna no posee luz propia, sino que recibe la luz y después la refleja. Esto expresa una característica fundamental de Maljut, formulada en el Zóhar con las palabras לית לה מגרמה כלום — leit lah migarma klum, “no tiene nada de sí misma”. Pero precisamente esa aparente carencia es su grandeza: Maljut se vacía de ego, en un estado de bitul, para transformarse en un recipiente capaz de recibir y revelar una luz superior.
2. El eclipse: la luz existe, aunque no la veamos
Ahora podemos contemplar el eclipse desde una perspectiva más profunda. Durante un eclipse solar, el Sol no deja de brillar. La fuente de luz continúa allí; lo que cambia es nuestra posibilidad de percibirla. Espiritualmente, esto puede servirnos como una imagen extraordinaria del concepto de הסתר פנים — hester panim, el ocultamiento del Rostro Divino.
Cuando atravesamos una situación de oscuridad podemos pensar: “Hashem se alejó”, “Hashem ya no está iluminando”. Sin embargo, el Jasidut nos enseña a mirar más profundamente. La oscuridad no demuestra que la luz haya dejado de existir; puede significar que existe algo que se interpone entre nosotros y ella. El eclipse nos ofrece así una enseñanza fundamental: no debemos confundir ocultamiento con ausencia. Hashem está presente también cuando nosotros no alcanzamos a percibir Su luz.
3. La Luna: bitul y Maljut
Aquí aparece otro elemento fundamental. La Luna representa a Maljut precisamente porque recibe. En nuestra mentalidad habitual, recibir puede parecer inferior a producir, pero la Cabalá nos enseña que para recibir verdaderamente hace falta ביטול — bitul, la anulación del ego. Mientras el hombre está lleno de sí mismo, no queda lugar para recibir algo superior.
Por eso la Luna disminuye y vuelve a crecer, desaparece de nuestra vista y vuelve a revelarse. Y el pueblo de Israel cuenta sus meses precisamente según ella. También la historia judía ha atravesado períodos en los cuales nuestra luz parecía desaparecer: exilio, destrucción, persecuciones y oscuridad. Pero la Luna nos recuerda que la disminución no es el final de la historia. Después de la oscuridad comienza nuevamente el crecimiento. La pequeñez puede convertirse precisamente en el comienzo de una nueva plenitud.
4. El terremoto: cuando la tierra se estremece
Ahora descendamos del cielo a la Tierra. En hebreo encontramos la palabra רעש — raash, que significa ruido, conmoción o estremecimiento. La palabra aparece de manera impresionante en la visión del profeta Iejezkel: וָאֶשְׁמַע אַחֲרַי קוֹל רַעַשׁ גָּדוֹל — “Y escuché detrás de mí el sonido de un gran estremecimiento”. ¿Y qué proclama ese enorme raash? בָּרוּךְ כְּבוֹד ה׳ מִמְּקוֹמוֹ — “Bendita sea la gloria de Hashem desde Su lugar”.
Esta asociación es sumamente sugestiva. El raash no termina en el raash. El estremecimiento conduce al reconocimiento del Kevod Hashem, la Gloria Divina. Esto no significa que podamos atribuir a un terremoto determinado una causa espiritual específica. Significa que, cuando la creación nos sacude, podemos transformar ese acontecimiento en conciencia de la presencia del Creador.
5. Cuando se mueve lo que creíamos inamovible
La tierra representa para nosotros la estabilidad. Hablamos de “tener los pies sobre la tierra” y de encontrarnos sobre “terreno firme”. Pero, de pronto, la tierra misma puede moverse. Desde una lectura jasídica podemos formular entonces una pregunta interior: ¿qué sucede cuando se mueve aquello que yo consideraba absolutamente estable?
Descubrimos cuánto dependemos de realidades que en verdad son contingentes. El dinero puede desaparecer, el trabajo puede cambiar, el prestigio puede desvanecerse, los gobiernos cambian, las estructuras sociales se transforman e incluso aquello que parecía sólido como la tierra puede estremecerse. El terremoto puede convertirse así en un mashal que nos obliga a preguntar: ¿qué hay en mi vida que verdaderamente no puede temblar?
La respuesta es el vínculo esencial del alma con Hashem. El mundo cambia, pero el Creador no cambia, como dice el profeta: אֲנִי ה׳ לֹא שָׁנִיתִי — “Yo, Hashem, no he cambiado”. El mundo puede temblar; Hashem permanece absolutamente firme.
6. Del raash exterior al despertar interior
Aquí debemos ser especialmente cuidadosos. No estamos diciendo que cada terremoto físico corresponda a determinada averá, ni que nosotros podamos identificar la causa espiritual concreta de una catástrofe. Hacerlo sin una fuente explícita podría conducirnos precisamente al terreno que Parashat Shoftim nos enseña a evitar.
Pero sí podemos transformar el raash en avodá. Hay momentos en los cuales el alma se adormece. Todo funciona, todo continúa y la rutina se vuelve automática. Entonces necesitamos una especie de רעש דקדושה — raash dekedushá, un “estremecimiento de santidad” que rompa nuestra indiferencia y nos diga: ¡Despierta! No se trata de producir pánico, sino de despertar la conciencia.
7. Shoftim: colocar un juez en las puertas de la conciencia
Aquí regresamos al comienzo de nuestra parashá: שֹׁפְטִים וְשֹׁטְרִים תִּתֶּן לְךָ בְּכָל שְׁעָרֶיךָ — “Jueces y guardianes pondrás para ti en todos tus portones”. En la lectura interior de la Torá, estos portones pueden entenderse también como los canales por los cuales el mundo entra en nuestra conciencia: los ojos, los oídos y la boca.
En nuestra época podemos agregar un portón extraordinariamente poderoso: la pantalla. En pocos minutos podemos recibir decenas de interpretaciones sobre un eclipse, un terremoto o cualquier acontecimiento mundial. Entonces Shoftim nos dice: coloca un shofet, un juez, en la puerta. Pregunta si aquello que estás recibiendo proviene realmente de la Torá, si existe una fuente auténtica, si se trata de una interpretación o simplemente de imaginación; y, sobre todo, si esa información te acerca a Hashem y a la avodá o solamente aumenta el miedo.
Eso es בירור — birur, discernimiento y refinamiento. No debemos cerrar las puertas, sino colocar jueces en ellas.
8. “Tamim tihie”: no necesitamos dominar el futuro
Aquí llegamos al corazón de toda la enseñanza: תָּמִים תִּהְיֶה עִם ה׳ אֱלֹקֶיךָ — “Íntegro serás con Hashem, tu Dios”. La palabra tamim significa entero, íntegro, completo. La obsesión por conocer el futuro puede fragmentar al ser humano: una parte de él se encuentra aquí, otra está pensando qué sucederá mañana, otra interpreta señales, otra busca predicciones y otra vive con miedo.
La Torá nos dice: vuelve a ser entero. Tamim tihie. ¿Cómo? Im Hashem Elokeja, estando con Hashem. No necesito conocer todo lo que sucederá mañana para saber qué quiere Hashem de mí hoy.
9. Y entonces llega Elul
Todo esto adquiere una dimensión todavía más profunda porque estamos entrando en el mes de Elul, cuyo nombre es aludido por las iniciales de אֲנִי לְדוֹדִי וְדוֹדִי לִי — Ani Ledodí Vedodí Li, “Yo soy para mi Amado y mi Amado es para mí”.
El orden de la frase es fundamental. Primero dice Ani Ledodí, “Yo soy para mi Amado”, y después Vedodí Li, “Mi Amado es para mí”. El Jasidut explica que esto expresa la dinámica de אתערותא דלתתא — itaruta deletata, el despertar desde abajo. Elul comienza con el movimiento del hombre hacia Hashem. No esperamos pasivamente una revelación espectacular proveniente del Cielo. Nosotros damos el primer paso.
10. El terremoto y Elul: el movimiento debe comenzar abajo
Aquí podemos encontrar una hermosa conexión conceptual. El terremoto mueve la tierra desde abajo, mientras que Elul comienza espiritualmente con un movimiento desde abajo: Ani Ledodí. Yo me muevo, yo regreso, yo hago teshuvá, yo agrego una mitzvá, yo doy tzedaká, yo reparo una relación, yo estudio más Torá y yo doy un paso hacia Hashem.
Entonces llega Vedodí Li: la respuesta desde Arriba. Esta no es una interpretación cabalística de la causa física del terremoto, sino un mashal para nuestra avodá. No necesitamos esperar que el Cielo se estremezca. Podemos producir nosotros mismos el estremecimiento dentro del corazón.
11. El Rey está en el campo
El Alter Rebe explica el mes de Elul mediante su famosa parábola de המלך בשדה — Hamelej basadé, “el Rey está en el campo”. Durante el año, para llegar hasta el rey es necesario atravesar puertas, ministros y protocolos. Pero antes de regresar a su palacio, el rey sale al campo y allí cualquiera puede acercarse.
El Alter Rebe describe al Rey recibiendo a todos בסבר פנים יפות — besever panim iafot, con un rostro agradable, y mostrando פנים שוחקות לכולם — panim sojakot lekulam, un rostro sonriente a todos. Elul, por lo tanto, no es esencialmente el mes del miedo, sino el mes de la proximidad. Hashem está cerca y nos ofrece la posibilidad de acercarnos a Él.
12. Del hester panim al panim sojakot
Ahora podemos regresar al eclipse. El eclipse nos sirvió como imagen del hester panim, el ocultamiento del rostro, mientras que Elul nos habla de panim sojakot, el rostro sonriente del Rey. La luz que parecía oculta estaba allí todo el tiempo.
Nuestro trabajo de teshuvá consiste, en cierto sentido, en retirar aquello que se interpone. No necesitamos fabricar una nueva luz divina; debemos volver a revelar la luz que estaba oculta. La distancia no necesariamente se encontraba en la fuente de la luz, sino en nuestra capacidad de recibirla.
13. Cielo, Tierra y hombre
Ahora tenemos la estructura completa. El cielo puede oscurecerse. La tierra puede estremecerse. El hombre debe despertar. Y entre ambos aparece la Torá diciendo: תמים תהיה עם ה׳ אלקיך — Tamim tihie im Hashem Elokeja.
La respuesta no es el miedo ni la adivinación. Tampoco es la indiferencia. Es el despertar. Si un acontecimiento de la naturaleza me conmueve, debo preguntarme qué puedo hacer con esa conmoción: más teshuvá, más tefilá, más tzedaká, más Torá, más ahavat Israel y más conciencia de Hashem.
14. La revolución de Elul
Por eso, al entrar en Elul, quizás la pregunta correcta no sea: “¿Qué nos está anunciando el cielo?”, sino una pregunta mucho más profunda: “¿Qué está despertando Hashem dentro de mí?”
Porque puede suceder algo paradójico: puede ocurrir un eclipse afuera y yo continuar espiritualmente dormido; puede temblar la tierra y mi corazón permanecer inmóvil. Entonces habremos perdido toda posibilidad de aprendizaje espiritual. El objetivo no es que tiemble el mundo. El objetivo es que se mueva el alma.
15. Del raash al kol demamá daká
Pero existe un nivel todavía más profundo. El estremecimiento puede despertarnos, pero no debemos vivir permanentemente del estremecimiento. El profeta Eliahu experimentó un viento grande y poderoso, después un רעש — raash, un terremoto o estremecimiento, y después fuego. Sin embargo, el mensaje culminó en קוֹל דְּמָמָה דַקָּה — kol demamá daká, “una voz sutil y silenciosa”.
Aquí encontramos un gran secreto de la avodá. A veces necesitamos un raash para despertarnos, pero después del despertar debemos aprender a escuchar el silencio. Los acontecimientos espectaculares llaman nuestra atención; la voz de Hashem puede manifestarse precisamente en la sutileza de la vida cotidiana, en una mitzvá, una tefilá, una palabra de Torá, un acto de bondad y una decisión íntima de regresar.
16. El mensaje para este Elul
Si el cielo se oscurece, debemos buscar la luz que existe detrás del ocultamiento. Si la tierra tiembla, debemos buscar aquello dentro de nosotros que verdaderamente es firme. Si el mundo hace ruido, debemos aprender a escuchar la voz sutil de Hashem. Y si aparecen señales, no debemos intentar dominar el futuro, sino hacer algo mucho más poderoso: transformar el presente.
Porque Elul dice אני לדודי — Ani Ledodí: el primer movimiento comienza conmigo. Y cuando doy incluso un pequeño paso hacia Hashem, se revela ודודי לי — Vedodí Li, “Mi Amado es para mí”.
17. La enseñanza final
El eclipse nos enseña que la luz puede estar oculta sin haber desaparecido. El terremoto nos enseña que aquello que parece firme también puede moverse. Parashat Shoftim nos enseña a discernir sin caer en supersticiones, y Elul nos enseña que el verdadero estremecimiento debe producirse dentro del corazón.
Cuando el cielo se oscurece y la tierra tiembla, la Torá no nos llama a tener miedo del futuro. Nos llama a despertar en el presente. Por eso escuchamos las palabras:
תָּמִים תִּהְיֶה עִם ה׳ אֱלֹקֶיךָ
Tamim tihie im Hashem Elokeja
“Íntegro serás con Hashem, tu Dios.”
Y respondemos con las palabras de Elul:
אֲנִי לְדוֹדִי וְדוֹדִי לִי
Ani Ledodí Vedodí Li
“Yo soy para mi Amado y mi Amado es para mí.”
Que el estremecimiento exterior se transforme en despertar interior; que el ocultamiento revele una luz todavía más profunda; y que ese despertar nos conduzca de la teshuvá a la gueulá verdadera y completa.
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