HISTORIAS JASIDICAS Y MAESTROS ESPIRITUALES
Rabi Iaacov Itzjak HaLevi Horowitz también fue conocido como “el Joize (el Vidente) de Lublin” gracias a su maravillosa capacidad para percibir más allá de grandes distancias en el tiempo y espacio. Nació en el año 5505 (1745) en Polonia. Estudió bajo la tutela del Rebe Shmelke de Nikolsburg y del Maguid de Mezritch, y tras su fallecimiento se convirtió en el principal discípulo del Rebe Elimelej de Lizhensk. Se estableció en la gran ciudad de Lublin y estableció allí su sede, a la que acudían multitudes.
El Joize envió a sus discípulos más distinguidos a difundir las enseñanzas y el modo de vida del Jasidut por toda Polonia y Galicia. Entre ellos estaban el “Judío Sagrado-el Sagrado Yid” de Pshisja, el Rebe Uri “el Serafín” de Strelisk, el Rebe Naftali de Ropshitz, y muchos otros. El Joize se dedicó a acelerar la Redención y la llegada de Mashíaj, y en la víspera de Simjat Torá 5575 (1814) cayó por la ventana de su hogar en circunstancias extrañas y misteriosas, en medio de sus esfuerzos espirituales por acelerar la Redención. Como consecuencia de la grave caída, permaneció postrado en cama durante casi un año, hasta que partió de este mundo en Tisha B’Av 5575 (1815). Fue enterrado en Lublin.
En cierta ocasión, el Joize viajó para visitar a su maestro, el Rebe Shmelke de Nikolsburg, hermano del Rebe Pinjas, autor del Hafla’ah y uno de los grandes tzadikim entre los discípulos del Maguid. El Maguid había enviado a los dos hermanos a Alemania, donde la observancia religiosa era comparativamente menor que en Polonia, y nadie más que ellos habían logrado encender allí la luz del Jasidut allí. Sin embargo, a pesar de todo lo bueno que habían logrado, Nikolsburg seguía siendo una ciudad alemana moderna con un estilo que el Joize simplemente no podía tolerar. Así que cuando llegó a Nikolsburg, se ató un pañuelo sobre los ojos y dejó que uno de los jasidim lo guiara.
Una mujer que vio a alguien siendo guiado con un trapo sobre los ojos estalló en carcajadas al ver esa extraña escena. No paraba de reir hasta que, debido al malestar del tzadik, ya fuera de forma consciente o no, algo muy lamentable le ocurrió.
Cuando el Rebe Shmelke de Nikolsburg supo del hecho, le dijo a su alumno el Joize: “Por favor, vuelve a casa y no vengas aquí de visita. No tienes nada que hacer en un lugar como Nikolsburg.”
El atributo de guevurá -o severidad Divina- del Joize, encontró su expresión más característica en su celo por proteger los ojos, asegurándose de que no viera lo que no debía ver. Se cuenta que cuando su maestro, el Rebe Elimelej de Lizhensk, partió de este mundo, transmitió sus poderes espirituales a cuatro de sus discípulos: al Joize entregó el poder de sus ojos, al Maguid de Kozhnitz el poder de su corazón, y al Rebe Menajem Mendel de Rimanov el poder de su mente, y al Ohev Israel de Apt el poder de sus palabras.
De la historia vemos que incluso antes de llegar al Rebe Elimelej, el Joize fue extremadamente vigilante en todos los asuntos relacionados con sus ojos y su santidad, y fue precisamente por esta razón que mereció este regalo del Rebe Elimelej, en consonancia con el principio de “Otorga sabiduría al sabio” (Daniel 2:21). Así fue con los demás discípulos que merecían sus respectivos dones del Rebe Elimelej.
Cuando un tzadik teme por la santidad de su vocación particular, trae hacia su entorno un atributo de juicio Divino. Percibe con aguda claridad la importancia de su servicio único, y quien sea insensible a esto puede sufrir algún daño. A través de este poder, el Joize podía, golpear espiritualmente a quienes menospreciaban su dignidad, incluso cuando no albergaba tal intención en su corazón.
Sin embargo, muchos tzadikim se comportaban de manera diferente. Se cuenta que el Rebe Baruj de Mezhibuzh (nieto de Ba’al Shem Tov) que, cuando el Joize vino a visitarlo, las mujeres de la casa entraron en la habitación donde se reunían el tzadik y los jasidim para escuchar las palabras de Torá en la tercera comida de Shabat. El Joize se volvió hacia el Rebe Baruj con gran asombro: “¿No está escrito: ‘Aparta mis ojos de ver lo indecoroso?'” El Rebe Baruj respondió: “No está escrito ‘aparta lo indecoroso de mis ojos’. Más bien, afirma lo contrario: si hay algo indecoroso presente, simplemente no lo veo.”
De manera similar, cuando el Rebe Shmelke de Nikolsburg se enteró de lo ocurrido, envió al Joize a casa. La labor de Rabi Shmelke fue acercar a la gente de su ciudad a Di-s. Para adentrarse en el mundo de los judíos, para quienes la vida aún está alejada de la santidad revelada, hay que ser sensible a su santidad latente. Aunque esto requiera dejar de lado el servicio personal a Di-s, uno debe estar dispuesto a descender a lugares de menor reputación para sacar a relucir los diamantes ocultos en su interior.
En contraste con las dificultades que surgen de tal desajuste, cuando el Joize se encontraba con judíos que eran recipientes aptos para recibir, su extraordinaria santidad actuaba en ellos de formas profundamente bendecidas:
Uno de los tzadikim que fue discípulo del Joize fue el Rebe Shalom de Kaminke. De joven estudiante, ya se le consideraba como un genio prodigioso, pero no era un jasid. Como solía pasar en aquellos tiempos, un hombre adinerado lo tomó como yerno con la promesa de mantener a la familia durante muchos años y de proporcionar una dote generosa. Sin embargo, el futuro suegro condicionó el acuerdo a que viajaran juntos al Joize de Lublin, quien bendeciría al joven y pondría a prueba su conocimiento de la Torá. El futuro novio y su padre aceptaron, y ambos partieron hacia el Joize.
Cuando llegaron, el Joize llamó a su asistente para que trajera el Libro de Levítico y leyera de él. Cuando el Rebe Shalom relató esto a su amigo, el Imrei Noam, dijo: “Créeme, cuando les pidió que trajeran el Libro de Levítico, casi me echo a reír. ¿Así es como me ponen a prueba? ¡Necesito que me examinen sobre complejidades talmúdicas, no sobre el Levítico!” El Rebe abrió el libro al principio de la porción de la Torá de Kedoshim y preguntó: “¿Sabes qué escribe Rashi sobre esto?” De nuevo, el Rebe Shalom reprimió su risa ante tal pregunta y dijo: “Sepárate de la inmoralidad sexual y de la transgresión.” El Rebe dijo: “Recitemos este Rashi juntos”, y comenzaron a decirlo juntos. En ese mismo instante – relató el tzadik – un temblor y un escalofrío se apoderaron de todo mi cuerpo. Temblé tan violentamente que tuve que tumbarme. Durante muchas horas no paré de temblar y estuve realmente muy grave. Incluso hoy, cuando cuento esta historia, empiezo a temblar por todo mi cuerpo.
Otro gran tzadik de Polonia, autor del Tiferet Shlomo, relató que su padre lo había llevado al Joize cuando era niño. El Rebe lo apartó y le dijo exactamente lo mismo: “¿Recuerdas lo que Rashi escribe en ‘Kedoshim tihiu’ (Seréis santos)? Digamos juntos: ‘Sepárate de la inmoralidad sexual y de la transgresión.'” El autor del Tiferet Shlomo testificó más tarde que, gracias a Di-s, nunca en su vida había tropezado con la transgresión del pacto, gracias a esas palabras que había escuchado de niño.
En dos historias que en realidad son una sola, se revela el poder del Joize: el poder de tomar una simple frase de la Torá y, a través de ella, transformar toda la vida de dos personas. El niño pequeño se convirtió en guardián del pacto de la manera más natural, mientras que el brillante opositor al Jasidut, que presumiblemente había entendido mucho más que el niño lo que implicaba la “inmoralidad y la transgresión”, temblaba por todo su cuerpo. Finalmente, ambos se convirtieron en grandes tzadikim que guiaron a multitudes en el camino de Di-s.
Como corresponde a una historia que trata sobre la santidad de la procreación, lo que aquí se revela no es solo la moderación y el temor al pecado. Más bien, en estas historias, el tzadik hace fructíferos a sus jasidim y desencadena una transformación profunda en ellos, una que da fruto durante vidas enteras y generaciones tras generaciones, al igual que un acto de procreación.
El aniversario del fallecimiento del Joize cae el 9 de Av, el día en que nace Mashíaj. El Mashíaj encarna la perfección de la rectificación del pacto y el cumplimiento del mandamiento: “Sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra” (con santidad y pureza). Este es el primer mandamiento de la Torá. Tener descendencia se denomina “el gran mandamiento” (donde “gran” invoca y sugiere aumento), el mandamiento que interincluye toda la Torá. Revelar esta conexión esencial entre el Joize y su día de partida se revela en la igualdad entre el valor numérico de Tisha B’Av (תִּשְׁעָה בְּאָב) y “Iosef”, el alma arquetípica del poder de la procreación y “el guardián del pacto”, cuando Iosef se escribe de una forma especial (conocida como panim ve’ajor) por el Arizal, tal y como se indica a continuación: Tisha B’av tiene un valor numérico de 780 y “Iosef” frente y espalda (י יו יוס יוסף יוסף וסף סף ף).
Además, el valor de “Mashíaj nace en Tishá B’av” (בְּתִשְׁעָה בְּאָב נוֹלַד הַמָּשִׁיחַ) es igual a la exclamación de Ezequiel que describe la santidad de Di-s, “Santo, santo, santo [es Havaia, Di-s de los Ejércitos]” (קָדוֹשׁ קָדוֹשׁ קָדוֹשׁ), donde, una vez más, la santidad es un signo inherente de quienes protegen y salvaguardan el pacto.

Discover more from Gal Einai en Español
Subscribe to get the latest posts sent to your email.
