LA SANTIDAD DE LA TIERRA DE ISRAEL

ESTUDIO SEMANAL: Parashat Ekev

Las descripciones más pintorescas de la Tierra de Israel en toda la Torá están en la parashat de esta semana, Ekev. Por ejemplo:

Porque Havaia, tu Di-s te está llevando a una buena tierra, una tierra con arroyos, manantiales y aguas subterráneas, que brotan en valles y montañas. Una tierra de trigo y cebada, vides [uva], higos y granadas, una tierra de aceite que produce aceitunas y miel [datilera]. Una tierra en la que comerás pan sin escasez, no te faltará nada. Una tierra cuyas piedras son de hierro, y de cuyas montañas extraerás cobre. Y comeréis y os saciaréis, y bendeciréis a Havaia, vuestro Di-s, por la buena tierra que Él os ha dado.”[1]

Otro ejemplo:

Porque la tierra que vienes a heredar no es como la Tierra de Egipto que dejaste allí, donde plantabas tu semilla y la regabas con el pie [acciones rudimentarias de bombeo]como un huerto. Pero la tierra que cruzas para heredar es una tierra de montañas y valles; de la lluvia de los cielos, beberéis agua.”[2]

Quizá el versículo más poderoso sea aquel que expresa la relación de Di-s con la tierra:

Una tierra que Havaia, vuestro Di-s, cuida; los ojos de Havaia, vuestro Di-s, siempre están puestos en ella, desde el principio del año hasta el final del año.[3]

Comentando este versículo, Rashi cita primero un versículo de Job que parece indicar que Di-s busca el bienestar de todas las tierras, no solo de la Tierra de Israel; sin embargo, explica rápidamente que la atención de Di-s se dirige ante todo a la Tierra de Israel, y a través de esto se incluyen todas las demás tierras. Esta interpretación subraya que no solo la Tierra de Israel es especial, sino también que lo que ocurre en Israel tiene un impacto profundo en todo el mundo. Los sabios enseñaron que, si las naciones del mundo hubieran entendido lo beneficioso que era el Templo de Jerusalén para ellos, cuánto dependía su propia riqueza y éxito de su impacto, habrían designado a su propia guardia para protegerlo.[4]

Esta afirmación tiene especial relevancia hoy en día, cuando Israel, aunque apenas un punto en el mapa mundial, está en el epicentro mismo de la política internacional, la economía global y los avances tecnológicos; y, por supuesto, la religión. Dado el tamaño minúsculo del país y su población relativamente pequeña, su importancia supera todas las expectativas. Sin embargo, la respuesta a esta paradoja reside en el versículo que estamos analizando: los ojos del mundo están enfocados en este mismo lugar porque los ojos de Di-s, por así decirlo, están enfocados en él. De hecho, la obsesión mundial con la Tierra de Israel ha sido evidente a lo largo de la historia, ya que un imperio tras otro ha intentado controlar la Tierra de Israel, la encrucijada espiritual y geográfica del mundo.

La Providencia Divina de Di-s

La expresión “los ojos de Di-s”, o Di-s “mirando” o “viendo”, que se encuentra a lo largo del Tanaj, son una metáfora de la Providencia Divina de Di-s.[5] Los Sabios enseñaron que este versículo nos muestra que Di-s juzga el mundo en Rosh Hashaná – porque el versículo afirma explícitamente que Sus ojos siempre están puestos sobre la Tierra desde “el principio del año” –  y que el alcance del juicio es para todo el año, como dice el versículo, “hasta el final del año.”[6] La palabra hebrea traducida como “principio”, meReshit (מֵרֵשִׁית) tiene la misma raíz hebrea que la primera palabra de la Torá: “En el principio [Di-s creó los cielos y la tierra]”, Bereshit (בְּרֵאשִׁית). Comentando este versículo, Rashi explica que la frase “en el principio” podría interpretarse como “en aras del principio”. Luego cita dos versículos que implican que la Torá y el pueblo de Israel representan dos aspectos del “comienzo-principio”, infiriendo que por amor tanto a la Torá como al pueblo judío, Di-s creó los cielos y la tierra.[7] Esto explica por qué los “ojos de Di-s” siempre están enfocados en la Tierra, pues este es el lugar donde el pueblo judío debe cumplir la Torá y crear una sociedad que sea luz para las naciones, el lugar desde el cual el propósito último de Di-s para la creación acabaría brillando para envolver el mundo entero.

El concepto de Santidad

La Tierra de Israel ha sido conocida como “Tierra Santa” durante milenios. Para entender esta idea, nos conviene intentar definir el concepto abstracto de santidad. Quizá, la forma más sencilla de definirlo es explorando cómo se alcanza la santidad. La Kedushá (sacralidad o santidad, en hebreo) se alcanza mediante la separación, ya que ese es el significado literal de la palabra. Al distanciarnos del mal – la impureza y las diversas energías mundanas que bloquean nuestros canales y sensibilidades espirituales – nos convertimos en verdaderos recipientes, capaces de recibir e irradiar santidad. De hecho, una de las premisas fundamentales subyacentes a las mitzvot es el requisito constante de separar y distinguir entre el bien y el mal, lo puro y lo impuro, lo permitido y lo prohibido, y entre el tiempo y espacio sagrados, y el tiempo y espacio mundanos.

Sin embargo, junto con la noción de separación, la santidad también se asocia con designar, asignar y elegir. En el periodo del Templo, un animal u objeto que se elegía y luego se designaba para ser sacrificado o donado al Templo se llamaba hekdesh (una palabra que proviene de la misma raíz que “santidad” y que literalmente significa “santificado”). Así, la designación y la elección están fundamentalmente ligadas al concepto de santidad. En última instancia, toda santidad emana de Di-s, quien declara al pueblo judío: “Seréis santos, porque Yo soy santo, Havaia vuestro Di-s.”[8]

La conexión entre designación, elección y santidad se ve claramente en el Templo de Jerusalén. En la parashá de la próxima semana, Reé, se menciona la siguiente idea en numerosas ocasiones de formas ligeramente diferentes: que solo se pueden llevar ofrendas a Di-s “al lugar que Havaia tu Di-s, elija “, o “únicamente al lugar que Havaia, tu Di-s, elija de entre todas tus tribus para establecer allí Su nombre.”[9] Es significativo que los sabios se refirieran al sagrado Templo de Jerusalén como Beit HaMikdash, la Casa de Santidad/Sagrada, así como que Maimónides lo mencionara como Beit HaBejirá, la Casa de la Elección o la Casa Elegida.[10] Se explica en Jasidut que no solo el Templo manifiesta la Presencia y Santidad de Di-s debido a su elección de lugar, sino que quien visitó el Templo se inspiró e impregnó del poder de ser santo y de ejercer la libre elección correctamente.[11]

De hecho, la mayoría de los conceptos que asociamos con la santidad y que se llaman santos, como el idioma hebreo, la Torá, el Shabat, el pueblo judío, la Tierra de Israel, Jerusalén y el Templo, alcanzaron esta categoría porque Di-s los eligió.

La Torá y las letras hebreas fueron designadas por Di-s como Su plan para la creación, como enseña el Zohar: “Di-s miró dentro de la Torá y creó el mundo.”[12] Así, cuando buscamos definir la “santidad”, por primera vez buscamos la raíz de santidad y consagración-santificación que aparece en la Torá. Lo encontramos por primera vez cuando Di-s designa el Shabat, el séptimo día, como sagrado:

Y los cielos y la tierra se completaron, y todo lo que contienen. Al séptimo día Di-s completó la obra que había realizado, y se abstuvo el séptimo día de toda obra que Él había hecho. Di-s bendijo el séptimo día y lo santificó (vaiekadesh, del verbo infinitivo “ser santo”), pues en él descansó de Su obra, que Di-s creó para realizar.[13]

La elección de Di-s sobre el pueblo judío comenzó con su elección de Abraham. Aunque Abraham ciertamente ejerció su propio intelecto para descubrir que Di-s es uno, Di-s ya había comprendido el potencial de Abraham y lo había elegido entre todos los pueblos para revelar Su unidad al mundo. En las oraciones matutinas recitamos lo siguiente:

Eres tú, Havaia, el Di-s que eligió a Abram, lo sacó de tu Kasdim y le dio nombre a Abraham. Y encontraste su corazón fiel ante Ti.[14]

En el caso de la Tierra de Israel, la santidad inherente de la tierra es evidente desde la primera instrucción que Di-s dio a Abraham: “ve … a la tierra que Yo te mostraré.”[15] Claramente, Abraham no estaba siendo instruido para deambular hasta que encontrara un lugar que le gustara. Más bien, Abraham estaba siendo guiado a una tierra específica que Di-s ya había elegido. El hecho de que Di-s lo llevara a un lugar particular implica que la Tierra poseía cualidades y energías espirituales particulares que Di-s consideraba importantes para Abraham y sus descendientes.

La gloria de Di-s revelada

En el libro de Isaías, el profeta recoge su dramática visión:

En el año en que murió el rey Uzía, vi a Di-s sentado en un trono elevado y exaltado, y su comitiva llenó el Templo. Serafines se paraban sobre Él; cada uno tenía seis alas, dos cubriendo la cara, dos los pies y dos con las que volaban. Y uno decía al otro: “Santo, santo, santo es el Señor de los Ejércitos; toda la tierra está llena de Su gloria.”[16]

La proclamación de los ángeles “Santo, Santo, Santo” se ha convertido en una de las declaraciones centrales de la oración judía. Recitado dos veces al día en oración privada, y cuatro veces cuando se reza con una congregación, nos conecta con el propio canto de los ángeles.

En nuestras oraciones, incorporamos un versículo de Ezequiel en el que diferentes ángeles responden a quienes proclaman la santidad de Di-s: “Bendita sea la gloria de Di-s desde Su morada.”[17] Una joya numérica asombrosa: la palabra “gloria”, kavod (כָּבוֹד) tiene el valor numérico 32, mientras que el Nombre de Di-s, Havaia (י-הוה), de cuatro letras, tiene el valor 26. Multiplicar estas palabras entre sí da 832, la guematria de “la Tierra de Israel”, Eretz Israel (אֶרֶץ יִשְׂרָאֵל).[18] Así, cuando decimos: «Bendita sea la gloria de Di-s desde Su morada», no solo afirmamos Su majestad trascendente en los mundos superiores, sino que también aludimos a Su lugar de morada más perfecta, aquí en la tierra, en la Tierra de Israel.

Eretz Israel, la Tierra de Israel, es el centro de la santidad, el recipiente terrenal para la Presencia de Di-s, la Shejiná. Incluso cuando su luz está oscurecida ante los ojos del mundo, nunca debemos olvidar esta verdad: la tierra misma es la encarnación física de “la gloria de Di-s.”

Esta gloria es resultado de que los “ojos” de Di-s, es decir, Su Providencia Divina, estén centrados y enfocados en Eretz Israel en todo momento. Di-s la busca con el propósito de cumplir Su propio deseo de tener un lugar de morada en los mundos inferiores. La revelación plena de la Santidad y Providencia de Di-s es el destino hacia el que fluye toda la historia y es la esperanza que nos sostiene hasta que la redención sea completa.  


[1] Deuteronomio 8:7-10.

[2] Ibid 11:10-11.

[3] Ibid 11:12.

[4] Bamidbar Rabá 1:3.

[5] Las Letras Hebreas, p. 238.

[6] Rosh HaShaná 8a.

[7] La Torá se refiere como “al principio de Su camino” en Proverbios 8:22 [רֵאשִׁית דַּרְכּוֹ-reshit darcó]. A Israel se le llama “el principio de su producción-cosecha” en Jeremías 2:3 [רֵאשִׁית תְּבוּאָתֹה-reshit tevuató].

[8] Levítico 19:1.

[9] Deuteronomio 12:18; 12:4.

[10] Las Letras Hebreas, p. 46.

[11] Ibid.

[12] Zohar 2:161b; Consulte la introducción completa de Las Letras Hebreas para un entendimiento profundo de las letras hebreas y su papel en la creación.

[13] Génesis 2:1-3.

[14] Nehemías 9:7.

[15] Génesis 12:1.

[16] Isaías 6:1-3.

[17] Ezequiel 3:12

[18] Iain Itzjak, Ekev 35.


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