El Rebe Moharash  CÓMO ACONSEJAR

Historias de tzadikim y maestros espirituales

Rabi Shmuel Schneersohn, el Rebe Moharash, fue el cuarto Rebe de la dinastía Jabad-Lubavitch. Nació el 2 de Iyar de 5594 (1834), siendo hijo del Tzemaj Tzedek, y de la Rebetzin Jaia Mushka. Recibió su nombre del tzadik oculto, rabi Shmuel el Aguador de Plotsk. Aunque era el hijo menor, continuó el liderazgo de su padre en Lubavitch, mientras que la mayoría de sus hermanos dirigían sedes jasídicas en otras ciudades. Se casó con su sobrina Sterna Schneersohn, y tras su fallecimiento se casó con su prima, la Rebetzin Rivká. Trabajó mucho en favor del judaísmo ruso y del pueblo judío en general, estableciendo asentamientos judíos e intercediendo ante las autoridades.

Acuñó la famosa expresión jasídica “Lejatjila Ariber“, que significa “Desde el principio, ve por encima.” Lo explicó de la siguiente manera: “El mundo piensa que, cuando uno no puede pasar por debajo de un obstáculo, debe para por encima de él. Pero sostengo, que, desde el principio, hay que pasar por encima de él. Desde el principio uno debe actuar con todas sus fuerzas, sin dejarse intimidar por nada, y hacer lo que deba hacerse. Y cuando uno comienza así, el Santo Bendito le ayuda.” El Rebe Maharash fue conocido por comportarse con gran generosidad y abundancia. Partió de este mundo el 13 de Tishrei de 5643 (1882), a los 48 años, y fue enterrado en Lubavitch en el ohel de su padre, el Tzemaj Tzedek. Su hijo, Rabi Shalom DovBer, le sucedió en el liderazgo.

El líder y referente jasídico, Rabi Dovid Tzvi Jen, rabi de Chernigov, visitó una vez al Rebe Moharash en Lubavitch, como era su costumbre. Había llegado tarde a su audiencia privada, así que fue a la sala contigua a la cámara del Rebe y esperó allí a que el Rebe pasara, con la intención de preguntarle qué hacer, ya que estaba obligado a viajar a casa. En ese momento, el asistente del Rebe entró en aquella sala para reemplazar la ropa de lino al Rebe tras la audiencia privada anterior, ya que durante las sesiones las prendas quedaban empapadas de sudor. El asistente le dijo a rabi David Tzvi: “¿Quizá sabes por qué suda tanto ahí dentro cuando da una audiencia privada? Hoy, aunque las sesiones duraron solo una hora en total, ¡sudó mucho!” Rabi David Tzvi guardó silencio. El asistente repitió: “¿Qué es, en aras del Cielo, lo que le hace transpirar tanto ahí dentro?”

En ese momento, la puerta de la cámara del Rebe se abrió, y el Rebe se volvió hacia su asistente y dijo: “Desde hoy en adelante quedas destituido de tu cargo. No se te descontará ni un céntimo de tu salario. Vete a casa, y cada semana enviaré tu salario a tu casa.”

Luego añadió: “No puedes entender por qué sudo. Durante esa hora, veinticinco personas vinieron a mí para una audiencia privada. Para dar a cada persona el consejo adecuado, debo sentir su angustia exactamente como él mismo la siente. Debo despojarme de mis propias “prendas” y vestirme con las suyas. Y cuando luego tengo que darle un consejo, no puedo hacerlo mientras sigo llevando puestas sus ropas, del mismo modo que él mismo no puede aconsejar a su propia alma desde dentro de su situación; por eso debo volver a quitarme sus ropas y volver a vestirme con las mías. Así pues, por cada persona que viene a solicitar una audiencia privada, tengo que desvestirme y vestirme dos veces. Ahora piensa en esto: si en el transcurso de una hora una persona tiene que desvestirse y vestirse cincuenta veces, ¿es posible hacerlo esto sin sudar?

La profunda preocupación del Maharash por sus jasidim está ligada al hecho de que el Rebe Maharash pertenece a la sefirá de belleza (tiferet). Una de las señales de esta conexión es que nació en el día que es “belleza en la belleza” (tiferet shebetiferet) en la Cuenta del Omer. Su día de fallecimiento es el 13 de Tishrei, que según el sagrado Ari también está relacionado con esta sefirá, ya que los cuatro días entre Iom Kipur y Sucot corresponden a las letras del Nombre esencial de Di-s, Havaia, siendo el 13 de Tishrei la letra vav de Havaia y representando la sefirá de belleza.

Entre las facultades del alma, la experiencia interior de “belleza” es atributo de compasión (rajamim). Más que cualquier otra cualidad, la compasión se caracteriza por una percepción profunda de la situación de quien la recibe y por un genuino entendimiento de su posición, y es a partir de este entendimiento de donde fluye la generosidad hacia él. Otra historia sobre audiencias privadas describe una conversación entre el Moharash y su padre, el Rebe Tzemaj Tzedek:

El Tzemaj Tzedek, como todo Rebe, tenía horarios fijos para audiencias privadas. Era una labor inmensamente exigente, y en una ocasión, al término de una larga noche dedicada a recibir personas en privado, se sinceró ante su hijo, el Moharash, que se encontraba en su habitación en ese momento: “¿Por qué necesito esto? ¿No sería más sencillo y mejor si escribiera discursos jasídicos y los difundiera, y cada persona encontrara descanso para su alma en las palabras vivientes de Di-s?”

El Moharash, que entonces era un joven, respondió de inmediato. Se dirigió a la estantería, corrió la cortina que cubría los estantes, señaló un estante concreto que contenía decenas de manuscritos jasídicos escritos a mano por su padre, y le preguntó si podría haber escrito tales obras de no haber recibido a personas para consulta privada. Su padre reconoció inmediatamente que no habría podido.

El Tzemaj Tzedek tuvo varios hijos que sirvieron como rebes, pero eligió a su hijo menor para continuar su liderazgo en Lubavitch. Antes de su fallecimiento, el Tzemaj Tzedek recitó a su hijo el versículo de Job: “Uno está tan cerca de otro que no puede haber aire entre ellos” (Job 41:8). El Moharash no entendió lo que su padre quiso decir. Solo después de que el propio Moharash falleciera las personas pudieron entenderlo. El valor de “uno”, ejad (אֶחָד) es 13.

Así que “uno está tan cerca de uno” se refiere a trece y trece, el 13 de Nisán – la fecha en que falleció el padre, el Tzemaj Tzedek – y el 13 de Tishrei, la fecha en que el hijo, el Rebe Moharash, falleció. El profundo vínculo entre ellos permitió al Moharash penetrar en la profundidad de la mente de su padre y poner en paz su mente respecto a las dificultades de relacionarse con sus jasidim y vestirse con sus vestimentas durante sus audiencias privadas.

La relación entre el Moharash y su padre se asemeja a la relación entre las sefirot de conocimiento (da’at) y belleza (tiferet); el conocimiento se considera el alma de la belleza. Lo que esto significa es que el Tzemaj Tzedek se inclina por una forma más “espiritual” y abstracta de identificarse con sus jasidim, del mismo modo que la sefirá de conocimiento se considera parte de las sefirot intelectuales. Aunque incluye la emoción y la capacidad de identificación del alma (tanto del yo como de la empatía hacia los demás), sigue siendo, en relación con belleza – el centro de todas las sefirot emotivas – abstracta y conceptual. El Moharash, en cambio, aspira a ser un Rebe que llegue a sus jasidim y se encuentre verdaderamente con ellos, un encuentro de la parte singular del alma, la iejidá, con la singular del otra alma, en una identificación total entre las almas.

El Tzemaj Tzedek una vez se comparó a sí mismo con un sombrerero. Un sombrerero coloca sombreros de distintos tamaños en su tienda sin tener en mente a ningún cliente en particular. Así mismo, un rebe escribe variados ensayos jasídicos sin pensarlos para ninguna persona concreta. La gente entonces viene, estudia los discursos y elige aquel que ha tocado su corazón; en cierto sentido, encuentran el sombrero que les queda bien.

 Pero el Moharash insiste en demostrar que toda la riqueza del Jasidut de su padre proviene de los encuentros directos que tiene con los jasidim, y no de influir en ellos desde la distancia. El agotador encuentro personal refina los recipientes de la mente y el corazón, y es de ese refinamiento de donde merece revelar y entender los profundos misterios de la Torá.

Otra historia bien conocida relata que el año 5608 (1848) se consideró un momento auspicioso para la llegada de Mashíaj. Pero, cuando pasó el año y Mashíaj no llegó, el Tzemaj Tzedek le dijo a su hijo que, de hecho, la llegada de Mashíaj había ocurrido ese año, pues ese fue el año en que se imprimió Likutei Torá, una antología seminal de los ensayos del Alter Rebe. El Moharash respondió que ese no era el Mashíaj que esperaban. La sefirá de belleza no está dispuesta a transigir en materia de compasión cuando el asunto llega de verdad al corazón del otro, ni está dispuesta tampoco a ceder en lo que respecta al Mashíaj – debe ser un ser humano de carne y hueso que redimirá compasivamente.


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