ENTRE EL CELO Y LA PAZ

UN RECORRIDO TRAS LA FIGURA DE PINJÁS

Basado en la clase semanal del 13 de Tamuz de 5776
Por Rabino Iosi Plai

UN PERSONAJE CASI DESCONOCIDO

Hasta la parashá Balak, en el libro de Bamidbar, Pinjás es prácticamente un personaje desconocido. Es cierto que aparece en la genealogía de la tribu de Leví, en la parashá Vaerá, como hijo de Elazar ben Aharón HaCohén, pero nada más se dice acerca de él. Más aún, cuando Aharón y sus hijos son consagrados como sacerdotes, no queda claro qué sucede con el nieto, Pinjás. Rashí, basándose en las enseñanzas de nuestros Sabios, explica que Pinjás no fue investido como sacerdote en ese momento. Solamente quienes nacieran posteriormente de la descendencia de Aharón recibirían el sacerdocio, mientras que Pinjás permaneció siendo simplemente un levita.

¿QUIÉN ES REALMENTE EL CONSTRUCTOR DE PAZ?

De pronto, Pinjás sale del anonimato al dar muerte a Zimrí ben Salú. Si este episodio hubiera sido cubierto por los medios de comunicación actuales, probablemente Zimrí habría sido presentado como el hombre de la paz y Pinjás como el hombre de la guerra. Después de todo, Zimrí pretendía salvar a los hijos de Israel —y especialmente a los miembros de su tribu— del castigo que Moshé había ordenado aplicar: «Matad cada uno a los hombres de su tribu que se unieron a Baal Peor». Para ello realizó públicamente un acto destinado a legitimar el pecado de muchos. En cambio, la acción de Pinjás resulta extraordinaria incluso desde el punto de vista halájico y está rodeada de numerosas dudas legales.[1] A simple vista parece surgir del celo y la ira, no de un espíritu de paz, ni entre Israel y las naciones ni siquiera dentro del propio pueblo de Israel.

Sin embargo, la realidad es exactamente la contraria. Pinjás actúa en medio de una plaga devastadora que ya estaba cobrando miles de vidas. Nuestros Sabios preguntan: «¿Qué vio Pinjás? Vio al ángel destructor castigando al pueblo».[2] Comprendió que el pueblo de Israel no puede actuar según sus propios deseos. Había sellado una alianza eterna con Hashem, y romper ese pacto traía consecuencias devastadoras. La paz ya había sido quebrantada. Si nadie actuaba, la plaga continuaría extendiéndose a círculos cada vez más amplios, alcanzando a cualquiera que tuviera alguna relación con el pecado. Por eso, movido por el amor y la misericordia hacia Israel, Pinjás no encontró otra alternativa que intervenir. Su objetivo no era aumentar el daño, sino reducirlo al mínimo posible: concentrarlo en un solo individuo para salvar a toda la nación.

LA SOSPECHA… Y LA RESPUESTA DIVINA

Aun así, muchos israelitas cuestionaron su conducta. Se preguntaban si realmente había actuado únicamente por motivos puros o si no existía en él alguna inclinación hacia la crueldad. Después de todo, argumentaban, una de las características esenciales del pueblo judío es la misericordia. Pero la madre de Pinjás provenía de otro pueblo, era descendiente de Putiel, y quizá había heredado de esa rama familiar ciertos rasgos negativos.

Para responder definitivamente a esas sospechas, el propio Hashem intervino. Al comienzo de la parashá Pinjás declara: «Pinjás, hijo de Elazar, hijo de Aharón el sacerdote». La Torá vuelve a relacionarlo explícitamente con Aharón, el hombre que «amaba la paz y perseguía la paz». Del mismo modo, el nieto había actuado únicamente por amor. Por eso Hashem dice: «He aquí que Yo le doy Mi pacto de paz». Él actuó para restablecer la paz y, por ello, recibe la paz. A continuación agrega: «Será para él y para su descendencia después de él un pacto eterno de sacerdocio». Recién ahora Pinjás recibe efectivamente el sacerdocio, que hasta entonces existía únicamente en potencia. De hecho, ahora comprendemos por qué originalmente no había sido ungido como cohén: para que llegara a merecer el sacerdocio por mérito propio. Más exactamente, para que aquello que existía potencialmente en él se revelara mediante sus propias acciones. La proclamación de Pinjás como sacerdote precisamente en este momento demuestra que actuó exclusivamente por el bien del pueblo. La misión del cohén consiste en representar al pueblo, expiar por él y bendecirlo con amor, tal como concluye el versículo: «Porque tuvo celo por su Dios e hizo expiación por los hijos de Israel».

CONSTRUCTOR DE PAZ POR SEGUNDA VEZ

Sin embargo, la polémica no desapareció completamente. La impresión dejada por aquel episodio seguía viva. Ocurre algo parecido a cuando alguien es presentado diciendo: «No se preocupen, está perfectamente bien». Aunque realmente lo esté, la necesidad misma de aclararlo deja cierta sensación extraña. También el hecho de que la Torá continúe llamándolo repetidamente «Pinjás, hijo de Elazar, hijo de Aharón el sacerdote» insinúa que el título de cohén todavía no estaba completamente identificado con su propia persona. En otras palabras, aunque Hashem ya había decretado su sacerdocio, mientras el pueblo no estuviera plenamente convencido seguía existiendo un problema. Desde el punto de vista halájico también puede entenderse que Pinjás había recibido el sacerdocio jurídicamente, pero todavía no lo ejercía plenamente en la práctica.

La confirmación definitiva llega en el libro de Yehoshúa, capítulo 22. Después de la conquista y el reparto de la Tierra de Israel, las tribus de Reuvén, Gad y la media tribu de Menashé regresan a sus territorios al otro lado del Jordán. Antes de cruzar construyen un enorme altar junto al río, y todo Israel interpreta aquel acto como una posible rebelión, ya que los sacrificios debían ofrecerse únicamente en el Mishkán de Shiló. El pueblo incluso se prepara para la guerra. Sin embargo, antes de atacar envían a Pinjás junto con diez príncipes de las tribus para investigar.

Entonces las dos tribus y media explican que aquel altar no estaba destinado a ofrecer sacrificios. Todo lo contrario: sería un monumento recordatorio de que todos forman un solo pueblo y que todos sirven únicamente a Hashem en el santuario central. El relato concluye diciendo: «Y Pinjás el sacerdote y los príncipes de la congregación… lo consideraron bueno», y la paz volvió a reinar entre las tribus. Ahora Pinjás aparece exclusivamente como constructor de paz. Por eso, por primera vez, la Escritura lo llama simplemente «Pinjás el sacerdote», sin necesidad de añadir ninguna explicación.

¿CUÁNDO RECIBIÓ REALMENTE EL SACERDOCIO?

Existe incluso una opinión en el Talmud que sostiene que «Pinjás no fue hecho sacerdote hasta que hizo la paz entre las tribus».[3] Según esta opinión, la promesa realizada en nuestra parashá garantizaba únicamente un reconocimiento futuro. El sacerdocio seguía estando en potencia y sólo cuando todo Israel lo aceptó como hombre de paz pudo manifestarse plenamente. Incluso según la opinión aceptada por Rashí —que Pinjás recibió el sacerdocio inmediatamente después de matar a Zimrí— puede decirse que aquello fue válido jurídicamente, pero necesitó la aceptación sincera del pueblo para realizarse plenamente. Para ser un verdadero cohén, en todos los sentidos, era necesaria también la aprobación del pueblo.

PINJÁS ES ELIYAHU

La figura de Pinjás continúa acompañándonos mucho después de estos acontecimientos. Descubrimos que vivió una vida extraordinariamente larga, pues aparece no sólo en el libro de Yehoshúa sino también en el libro de Shoftim. Más aún, nuestros Sabios enseñan que «Pinjás es Eliyahu». Es decir, la repentina aparición del profeta Eliyahu frente al rey Ajav, más de quinientos años después del Éxodo, constituye una nueva manifestación de Pinjás bajo otra identidad. Por eso Pinjás-Eliyahu sigue acompañándonos hasta hoy.

Su misión concluirá solamente cuando se cumpla la profecía: «He aquí que Yo les envío al profeta Eliyahu antes del gran y terrible Día de Hashem». El Arizal enseña además que el alma de Pinjás se incorpora también al alma del Mashíaj, tanto Mashíaj ben Yosef como Mashíaj ben David. No es casual que nuestros Sabios afirmaran: «Quien ve a Pinjás en un sueño, un milagro será realizado para él».[4] Pinjás es verdaderamente un hombre extraordinario.

DE LA SEPARACIÓN A LA PAZ ENTRE LAS NACIONES

Hasta aquí hemos hablado de la relación de Pinjás con el pueblo de Israel. Pero ¿qué ocurre con las naciones? Pinjás no sólo mata a Kozbí la midianita, sino que también acompaña al ejército en la guerra contra Midián como «cohén ungido para la guerra». A primera vista parecería no mantener ninguna relación positiva con los demás pueblos. Los Sabios incluso atribuyen a Pinjás el decreto que prohibió beber el vino de los gentiles para evitar vínculos sociales que terminaran conduciendo a la idolatría y a la inmoralidad.[5]

Sin embargo, también aquí el proceso culmina en la paz. Primero es indispensable establecer límites claros entre Israel y las naciones. Pero, una vez definidos esos límites, llega el momento de influir positivamente y acercar a todos los pueblos. Ese es precisamente el objetivo mesiánico, como anuncia el profeta: «La raíz de Ishai será estandarte para los pueblos; hacia él acudirán las naciones». En realidad, la relación entre Israel y las naciones es semejante a la relación entre los cohanim e Israel.

Tal como está escrito: «Ustedes serán para Mí un reino de sacerdotes y una nación santa»[6], y también: «Ustedes serán llamados sacerdotes de Hashem».[7] Así como el cohén debe ser un constructor de paz dentro del pueblo judío y todos deben aceptar su sacerdocio, del mismo modo Israel debe llegar a ser el «cohén de las naciones». ¿Cómo? Siendo constructores de paz entre todos los pueblos, difundiendo la verdad de la Torá y el mensaje de paz de los profetas a toda la humanidad. Esa es la misión de Israel, y cuanto antes se haga realidad, mejor.


Notas

[1] Véanse los detalles halájicos en Rambam, Hiljot Isurei Biá 12. Véase también el Talmud de Jerusalén, Sanedrín 9:7, y el ensayo Halajá veEin Morín Ken en Etz Pri.

[2] Sanedrín 82a.

[3] Zevajim 101b.

[4] Berajot 56b.

[5] Pirkei deRabí Eliezer, capítulo 47.

[6] Éxodo 19:6.

[7] Isaías 61:6.


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