RAZI SER SALVADO DE LOS JUECES DE SU PROPIA ALMA

¡Shalom, chicos!

Parashat Shoftim comienza con el mandamiento de establecer un sistema de justicia recto que funcione de acuerdo con las leyes de la Torá: “Jueces y guardianes pondrás para ti en todas tus portales”. Esta es una mitzvá que pertenece al conjunto de preceptos especialmente vinculados con nuestra vida en la Tierra de Israel, cuando establecemos en ella la anhelada soberanía de Israel. Una de las funciones importantes del rey es procurar que reine la justicia en el país y que los conflictos que puedan surgir entre las personas sean resueltos en un Beit Din.

Uno de los principios importantes que nos enseña nuestro maestro, el Baal Shem Tov, es que la Torá es eterna y pertenece a todo tiempo, a todo lugar y a cada uno de nosotros. Por eso, el nombramiento de jueces también nos concierne hoy, aun cuando todavía no hemos tenido el mérito de contar con un rey tzadik que nos gobierne ni con un sistema judicial íntegro que juzgue de acuerdo con nuestra sagrada Torá. Cada uno debe colocar jueces en sus propias puertas personales.

En Jasidut se explica que en el cuerpo humano existen siete puertas: los dos ojos, los dos oídos, las dos fosas nasales y la boca. Sobre estas puertas debemos designar jueces que revisen qué entra por ellas y qué sale a través de ellas, y que dicten el veredicto adecuado.

Muy bien, todo perfecto. ¿Verdad? Pero un momento… En una revisión que hice últimamente descubrí otro hecho: resulta que en cada puerta donde yo quiero colocar un juez, alguien ya se me adelantó…

Disculpá, esa es solamente tu opinión

“Que levante la mano quien piense que mi propuesta es buena”. Jaim observó a quienes lo rodeaban con una mirada sorprendida. No estaba acostumbrado a una escena semejante. En nuestra clase no existe el título oficial de “rey del aula”, alguien cuya palabra sea ley, pero en la práctica Jaim cumple bastante bien ese papel. No estoy seguro de que la razón sea precisamente su sabiduría. No es que sea tonto, pero creo que la razón principal es la seguridad en sí mismo que transmite. Tiene algo que decir sobre todo: desde el clima y los distintos tipos de automóviles hasta las últimas noticias.

Sea como fuere, cuando Jaim expresa su opinión, generalmente eso significa que la discusión está a punto de terminar, porque la mayoría de los chicos suele dejarse convencer por él. Pero esta vez, como dijimos, no ocurrió así. Precisamente en esta discusión tan acalorada Jaim se encontró en minoría. Había algunos chicos que seguían fieles a él y apoyaban su opinión, pero la mayoría se inclinó por aceptar la opinión contraria de Moti.

“Lo siento”, le anunció Moti, “esta vez vas a tener que ceder”.

“¡Pero ustedes están muy equivocados!”, protestó Jaim. “Vos sabés que yo tengo razón. ¿Acaso tenés alguna experiencia en este tema?”

La pregunta directa de Jaim logró confundir un poco a Moti y debilitar por un instante su seguridad, pero no por mucho tiempo. Moti se recompuso y respondió: “Jaim, estoy convencido de que vos estás seguro de tener razón. Pero, ¿qué se puede hacer? Hay reglas. Decide la mayoría”.

La discusión entre Moti y Jaim refleja dos tipos diferentes de personalidad. Jaim habla como un rey. Se acostumbró, equivocadamente, a pensar que, como si fuera un jefe de gobierno, él gobierna la clase. Por supuesto, nunca dominó a nadie por la fuerza; simplemente convencía a todos de que su opinión era correcta. Pero, con el tiempo, la costumbre hace lo suyo.

Moti, en cambio, habla como un juez. Cuando un juez se sienta en su tribunal y analiza el caso que tiene delante, puede expresar su opinión, incluso con la mayor firmeza. Pero debe recordar algo importante: no está solo, no es un juez único. Junto a él se sientan por lo menos otros dos jueces, y su opinión será aceptada solamente si logra obtener la mayoría y convencer al menos a uno de ellos.

De los jueces de su propia alma

Volvamos ahora a nosotros mismos, a los jueces que debemos colocar en las puertas de nuestro cuerpo. El juez que se encuentra en la puerta de la boca, por ejemplo, debe examinar la calidad de los alimentos que entran por ella, para asegurarse de que sean completamente kasher, y también las palabras que salen de ella. Si existe la sospecha de mentira o lashón hará, debe encender inmediatamente una luz roja y ordenar detener la actividad.

Esa es su opinión firme, pero, sorprendentemente, descubre en la puerta de la boca a otro juez que también tiene sus propias ideas. “¿Cuál es el problema?”, argumenta su colega de profesión. “Según lo que yo estudié, no hay ningún problema”.

“¿¿¿Quééé???”, abre la boca sorprendido mi juez. “¿No hay ningún problema? ¿De dónde sacaste eso?”

“Es para un beneficio”, dictamina el erudito juez mientras baja sus anteojos por la nariz. “Y además, si no te molesta, todos ya lo saben, así que ya no existe ninguna prohibición”.

Seguramente ya adivinaron de quién se trata. Es nuestra nefesh habehamit, el alma animal, que esta vez decidió presentarse disfrazada de juez erudito. ¿Conocen este tipo de discusiones? Un instante más y la sala se llena de libros que cada una de las partes trae para demostrar que tiene razón.

En realidad, a mí no me importa que discutan hasta mañana; yo sé de qué lado está la verdad. Pero existe un pequeño problema: en este tribunal nunca habrá una decisión entre las partes. En los Batei Din que juzgan cuestiones económicas se sientan tres jueces, un número impar, de manera que siempre es posible llegar a una decisión en una dirección u otra. Siempre habrá un juez que opine de una manera y otros dos que opinen de otra.

Pero en estas discusiones interiores hay solamente dos jueces, y ambos son bastante obstinados. Ninguno logra convencer al otro. El asunto queda trabado…

El que decide entre ellos

En el Tania, el Alter Rebe nos enseña un principio fundamental: sí existe una decisión. Cada uno de nosotros enfrenta sus propias pruebas. Todos tenemos un ietzer hará y una nefesh habehamit, y la lucha no siempre es sencilla. En el caso del beinoni, que en realidad es el modelo según el cual todos debemos esforzarnos por vivir, por sí solo no existe una victoria definitiva de una de las dos almas.

La nefesh haElokit tiene una opinión muy importante y puede decir todo lo que quiera, pero no es la única que gobierna. Frente a ella se encuentra un rival difícil, que sostiene sus argumentos con obstinación y astucia. Entonces surge la pregunta: ¿quién puede decidir dentro de mí esta batalla?

La lucha permanece sin resolución mientras yo piense que puedo arreglármelas solo, con mis propias fuerzas. Pero en el momento en que levanto los ojos al Cielo y elevo una tefilá, aparece la decisión.

Nuestros Sabios enseñan: “El instinto del hombre se fortalece contra él cada día, y si el Santo, bendito sea, no lo ayudara, no podría vencerlo”.

Cuando recuerdo que la fuerza para vencer me llega desde Arriba, de Hashem bendito, que viene y me ayuda, entonces soy capaz de triunfar. Desde ese momento dejo de ser solamente alguien que tiene una opinión y me convierto en alguien que posee dominio.

De juez me convierto en rey.

Que tengamos el mérito de que se cumpla muy pronto: “Restauraré a tus jueces como al principio”.

¡Shabat Shalom umevoraj!

Razi

VERSIÓN EN HEBREO

לְהוֹשִׁיעַ מִשּׁוֹפְטֵי נַפְשׁוֹ

שָׁלוֹם יְלָדִים!

פָּרָשַׁת שׁוֹפְטִים נִפְתַּחַת בַּצִּוּוּי לְהַעֲמִיד עַל תִּלָּהּ מַעֲרֶכֶת מִשְׁפַּט צֶדֶק הַפּוֹעֶלֶת לְפִי חֻקֵּי הַתּוֹרָה – “שֹׁפְטִים וְשֹׁטְרִים תִּתֶּן לְךָ בְּכָל שְׁעָרֶיךָ”. זוֹ מִצְוָה שֶׁשַּׁיֶּכֶת לְסִדְרַת הַמִּצְווֹת הַמְּיֻחָדוֹת לָנוּ בָּאָרֶץ, בְּשָׁעָה שֶׁאָנוּ מְכוֹנְנִים בָּהּ אֶת מַלְכוּת יִשְׂרָאֵל הַמְּיֻחֶלֶת. אֶחָד מִתַּפְקִידָיו הַחֲשׁוּבִים שֶׁל הַמֶּלֶךְ הוּא לִדְאֹג שֶׁהַצֶּדֶק יִשְׂרֹר בָּאָרֶץ, וְסִכְסוּכִים שֶׁעֲלוּלִים לְהִוָּצֵר בֵּין אֲנָשִׁים יִפָּתְרוּ בְּבֵית הַדִּין.

אַחַד הָעֶקְרוֹנוֹת הַחֲשׁוּבִים שֶׁמְּלַמֵּד אוֹתָנוּ מוֹרֵנוּ הַבַּעַל שֵׁם טוֹב הוּא שֶׁהַתּוֹרָה נִצְחִית, וְכִי הִיא שַׁיֶּכֶת בְּכָל זְמַן, בְּכָל מָקוֹם וְאֵצֶל כָּל אֶחָד וְאַחַת מֵאִתָּנוּ. מִנּוּי שׁוֹפְטִים שַׁיָּךְ גַּם כַּיּוֹם, כַּאֲשֶׁר עֲדַיִן לֹא זָכִינוּ לְמֶלֶךְ צַדִּיק שֶׁיַּנְהִיג אוֹתָנוּ וּלְבֵית מִשְׁפָּט צֶדֶק שֶׁשּׁוֹפֵט עַל פִּי תּוֹרָתֵנוּ הַקְּדוֹשָׁה. עַל כָּל אֶחָד מֵאִתָּנוּ לְהַעֲמִיד שׁוֹפְטִים בַּשְּׁעָרִים הָאִישִׁיִּים שֶׁלּוֹ. בַּחֲסִידוּת מוּבָא, כִּי בְּגוּף הָאָדָם מֻצָּבִים שִׁבְעָה שְׁעָרִים: שְׁתֵּי הָעֵינַיִם, שְׁתֵּי הָאָזְנַיִם, שְׁנֵי נְחִירֵי הָאַף וְהַפֶּה. עַל שְׁעָרִים אֵלּוּ עָלָיו לְמַנּוֹת שׁוֹפְטִים, שֶׁיִּבְדְּקוּ מִי נִכְנָס דַּרְכָּם וּמִי יוֹצֵא בַּעֲדָם, וְיִפְסְקוּ אֶת פְּסַק הַדִּין הַמַּתְאִים.

מְעֻלֶּה, הַכֹּל טוֹב. נָכוֹן? אֲבָל רֶגַע… בִּבְדִיקָה שֶׁעָרַכְתִּי לָאַחֲרוֹנָה גִּלִּיתִי עֻבְדָּה נוֹסֶפֶת. מִסְתַּבֵּר שֶׁבְּכָל שַׁעַר שֶׁבּוֹ אֲנִי מְעֻנְיָן לְהַצִּיב שׁוֹפֵט כְּבָר הִקְדִּים אוֹתִי מִישֶׁהוּ…

סְלִיחָה, זוֹ רַק דַּעְתְּךָ

“מִי שֶׁחוֹשֵׁב שֶׁהָעֵצָה שֶׁלִּי טוֹבָה שֶׁיָּרִים אֶת יָדוֹ”. חַיִּים בָּחַן אֶת הַסּוֹבְבִים בְּמַבָּט מֻפְתָּע. לְמַחֲזֶה מִסּוּג זֶה הוּא לֹא הָיָה רָגִיל. אֵין אֶצְלֵנוּ תֹּאַר רִשְׁמִי שֶׁל “מֶלֶךְ הַכִּתָּה”, מִי שֶׁעַל פִּיו יִשַּׁק כָּל דָּבָר, אֲבָל בְּפֹעַל חַיִּים מְמַלֵּא אֶת הַתַּפְקִיד דֵּי בְּהַצְלָחָה. אֲנִי לֹא בָּטוּחַ שֶׁהַסִּבָּה הִיא דַּוְקָא הַחָכְמָה שֶׁלּוֹ. לֹא שֶׁהוּא טִפֵּשׁ, אֲבָל הַסִּבָּה הָעִקָּרִית לְדַעְתִּי הִיא הַבִּטָּחוֹן הָעַצְמִי שֶׁהוּא מַפְגִּין. בְּכָל תְּחוּם יֵשׁ לוֹ מָה לוֹמַר, מִמֶּזֶג הָאֲוִיר וְסוּגֵי מְכוֹנִיּוֹת וְעַד לַחֲדָשׁוֹת הָאַחֲרוֹנוֹת. כָּךְ אוֹ כָּךְ, כַּאֲשֶׁר חַיִּים מַבִּיעַ אֶת עֶמְדָּתוֹ, בְּדֶרֶךְ כְּלָל זֶהוּ הָאוֹת לְכָךְ שֶׁהַדִּיּוּן עוֹמֵד לְהֵחָתֵם, כֵּיוָן שֶׁרֹב הַיְּלָדִים נוֹטִים לְהִשְׁתַּכְנֵעַ מִדַּעְתּוֹ.

אֲבָל הַפַּעַם, כָּאָמוּר, זֶה לֹא קָרָה. דַּוְקָא בַּדִּיּוּן הַסּוֹעֵר הַזֶּה מָצָא חַיִּים אֶת דַּעְתּוֹ בְּמִעוּט. הָיוּ אָמְנָם כַּמָּה יְלָדִים שֶׁשָּׁמְרוּ לוֹ אֱמוּנִים וְתָמְכוּ בְּדַעְתּוֹ, אֲבָל הָרֹב דַּוְקָא נָטָה לְקַבֵּל אֶת הַדֵּעָה הַהֲפוּכָה שֶׁל מוֹטִי. “מִצְטַעֵר”, הוֹדִיעַ לוֹ מוֹטִי, “הַפַּעַם תֵּאָלֵץ לְוַתֵּר”. “אֲבָל אַתֶּם מָה-זֶה טוֹעִים!”, טָעַן חַיִּים, “אַתָּה הֲרֵי יוֹדֵעַ שֶׁאֲנִי צוֹדֵק. יֵשׁ לְךָ בִּכְלָל נִסָּיוֹן בָּזֶה?”. הַשְּׁאֵלָה הַיְּשִׁירָה שֶׁל חַיִּים הִצְלִיחָה קְצָת לְבַלְבֵּל אֶת מוֹטִי וּלְהַחְלִישׁ לוֹ לְרֶגַע אֶת הַבִּטָּחוֹן הָעַצְמִי, אֲבָל לֹא לִזְמַן רַב. מוֹטִי הִצְלִיחַ לְהִתְעַשֵּׁת וְעָנָה: “חַיִּים, אֲנִי מְשֻׁכְנָע שֶׁאַתָּה בָּטוּחַ בְּצִדְקַת דַּעְתְּךָ. וּבְכָל זֹאת, מָה לַעֲשׂוֹת? יֵשׁ כְּלָלִים. הָרֹב קוֹבֵעַ”.

הַוִּכּוּחַ בֵּין מוֹטִי לְחַיִּים מְשַׁקֵּף שְׁנֵי טִפּוּסִים שׁוֹנִים. חַיִּים מְדַבֵּר כְּמוֹ מֶלֶךְ. הוּא הִתְרַגֵּל, בְּטָעוּת, לַחֲשֹׁב שֶׁכְּמוֹ רֹאשׁ מֶמְשָׁלָה – הוּא הַשּׁוֹלֵט בַּכִּתָּה. כַּמּוּבָן, הוּא לֹא הִשְׁתַּלֵּט עַל אַף אֶחָד בְּכֹחַ, הוּא רַק שִׁכְנֵעַ אֶת כֻּלָּם בִּנְכוֹנוּת דַּעְתּוֹ, אֲבָל בְּסוֹפוֹ שֶׁל דָּבָר הַהֶרְגֵּל עוֹשֶׂה אֶת שֶׁלּוֹ. מוֹטִי, לְעֻמָּתוֹ מְדַבֵּר כְּמוֹ שׁוֹפֵט. כַּאֲשֶׁר מִתְיַשֵּׁב הַשּׁוֹפֵט עַל כֵּס הַמִּשְׁפָּט וּמְעַיֵּן בַּמִּקְרֶה שֶׁלְּפָנָיו הוּא יָכוֹל לְהַבִּיעַ אֶת דַּעְתּוֹ, וּבַצּוּרָה הֲכִי נֶחֱרֶצֶת, אֲבָל עָלָיו לִזְכֹּר דָּבָר חָשׁוּב: אַתָּה לֹא לְבַד, אֵינְךָ דַּיָּן יְחִידִי. יַחַד עִמְּךָ יוֹשְׁבִים (לְפָחוֹת) שְׁנֵי שׁוֹפְטִים נוֹסָפִים, וְדַעְתְּךָ תִּתְקַבֵּל רַק אִם תַּשִּׂיג אֶת דַּעַת הָרֹב וְתַצְלִיחַ לְשַׁכְנֵעַ לְפָחוֹת אֶת אֶחָד מֵהֶם.

מִשּׁוֹפְטֵי נַפְשׁוֹ

נַחֲזֹר רֶגַע אֵלֵינוּ, אֶל הַשּׁוֹפְטִים שֶׁאָנוּ מְצֻוִּים לְהַצִּיב עַל שַׁעֲרֵי הַגּוּף שֶׁלָּנוּ. הַשּׁוֹפֵט הַמֻּצָּב עַל שַׁעֲרֵי הַפֶּה, לְדֻגְמָא, אָמוּר לִבְחֹן אֶת טִיב הַמַּאֲכָלִים הַנִּכְנָסִים דַּרְכּוֹ, שֶׁיִּהְיוּ בְּתַכְלִית הַכַּשְׁרוּת, וְאֶת הַדִּבּוּרִים הַיּוֹצְאִים מִמֶּנּוּ. בְּמִקְרֶה שֶׁל חֲשָׁשׁ שֶׁקֶר אוֹ לָשׁוֹן הָרַע עָלָיו לְהַדְלִיק תַּמְרוּר אָדֹם וּלְהוֹרוֹת עַל הוֹצָאַת צַו מִיָּדִי לְהַפְסָקַת עֲבוֹדָה. זוֹ דַּעְתּוֹ הַנֶּחֱרֶצֶת, אֲבָל לְמַרְבֵּה הַפֶּלֶא הוּא מוֹצֵא בְּשַׁעֲרֵי הַפֶּה שׁוֹפֵט נוֹסָף עִם דֵּעוֹת מִשֶּׁלּוֹ. “מָה הַבְּעָיָה?”, טוֹעֵן עֲמִיתוֹ לַמִּקְצוֹעַ, “לְפִי מָה שֶׁלָּמַדְתִּי אֵין שׁוּם בְּעָיָה”. “מְמְמָה???”, פּוֹעֵר הַשּׁוֹפֵט שֶׁלִּי אֶת פִּיו, “אֵין שׁוּם בְּעָיָה? מֵאֵיפֹה הֵבֵאתָ אֶת זֶה?”. “זֶה לְתוֹעֶלֶת”, פּוֹסֵק הַשּׁוֹפֵט הַמְּלֻמָּד תּוֹךְ הַרְכָּנַת הַמִּשְׁקָפַיִם בְּמוֹרַד הָאַף. “וְחוּץ מִזֶּה, אִם לֹא אִכְפַּת לְךָ, כֻּלָּם כְּבָר יוֹדְעִים, כָּךְ שֶׁאֵין כְּבָר שׁוּם אִסּוּר בַּדָּבָר”.

אַתֶּם כְּבָר וַדַּאי מְנַחֲשִׁים נָכוֹן. זוֹהִי הַנֶּפֶשׁ הַבַּהֲמִית שֶׁלָּנוּ, שֶׁהַפַּעַם בָּחֲרָה לָבוֹא בִּדְמוּת שׁוֹפֵט מְלֻמָּד. מַכִּירִים אֶת סוּג הַדִּיּוּנִים הָאֵלּוּ? עוֹד רֶגַע וְהָאוּלָם מִתְמַלֵּא בִּסְפָרִים שֶׁיָּבִיא כָּל אֶחָד מֵהַצְּדָדִים לְהוֹכָחַת צִדְקָתוֹ. הָאֱמֶת, לֹא אִכְפַּת לִי שֶׁיִּתְוַכְּחוּ עַד מָחָר, אֲנִי מִצִּדִּי יוֹדֵעַ מִי צוֹדֵק, אֲבָל יֵשׁ כָּאן בְּעָיָה קְטַנָּה. הַבְּעָיָה הִיא שֶׁבְּבֵית הַמִּשְׁפָּט הַזֶּה אַף פַּעַם לֹא תִּהְיֶה הַכְרָעָה בֵּין הַצְּדָדִים. בְּבָתֵּי דִּין לְסִכְסוּכֵי מָמוֹן יוֹשְׁבִים שְׁלֹשָׁה דַּיָּנִים, מִסְפָּר אִי-זוּגִי, כָּךְ שֶׁתָּמִיד הַדִּין מֻכְרָח לִהְיוֹת מֻכְרָע, לְכָאן אוֹ לְכָאן. תָּמִיד יִהְיֶה שׁוֹפֵט אֶחָד בְּדֵעָה אַחַת וּשְׁנַיִם לְעֻמָּתוֹ. אֲבָל בַּדִּיּוּנִים הָאֵלּוּ יֵשׁ שְׁנֵי שׁוֹפְטִים בִּלְבַד, וְהֵם עַקְשָׁנִים לֹא קְטַנִּים בִּכְלָל. אַף אֶחָד מֵהֶם לֹא מַצְלִיחַ לְשַׁכְנֵעַ אֶת חֲבֵרוֹ. הָעֵסֶק תָּקוּעַ…

הַמַּכְרִיעַ בֵּינֵיהֶם

בְּסֵפֶר הַתַּנְיָא מְלַמֵּד אוֹתָנוּ אַדְמוֹ”ר הַזָּקֵן עִקָּרוֹן חָשׁוּב: יֵשׁ הַכְרָעָה! כָּל אֶחָד מֵאִתָּנוּ מִתְמוֹדֵד עִם נִסְיוֹנוֹת מִשֶּׁלּוֹ. לְכָל אֶחָד יֵצֶר הָרַע וְנֶפֶשׁ בַּהֲמִית וְהַהִתְמוֹדְדוּת לֹא תָּמִיד קַלָּה. אֵצֶל הַבֵּינוֹנִי, שֶׁבְּעֶצֶם עַל כֻּלָּנוּ לִפְעֹל כְּמוֹתוֹ, אֵין הַכְרָעָה. הַנֶּפֶשׁ הָאֱלֹקִית הִיא דֵּעָה חֲשׁוּבָה, מֻתָּר לָהּ לוֹמַר מָה שֶׁהִיא רוֹצָה, אֲבָל הִיא לֹא הַשּׁוֹלֶטֶת. מוּלָהּ עוֹמֵד יָרִיב לֹא קַל, שֶׁטּוֹעֵן בְּעִקְּשׁוּת וּבְתִחְכּוּם לְצִדְקָתוֹ. מִי יוּכַל לְהַכְרִיעַ בְּתוֹכִי אֶת הַמַּעֲרָכָה?

הַמַּעֲרָכָה הַזּוֹ נוֹתֶרֶת בִּלְתִּי-פְּתוּרָה כָּל עוֹד אֲנִי חוֹשֵׁב שֶׁאֶסְתַּדֵּר לְבַד, בְּכֹחוֹת עַצְמִי. אֲבָל בָּרֶגַע שֶׁאֲנִי מֵרִים אֶת עֵינַי לַשָּׁמַיִם וְנוֹשֵׂא תְּפִלָּה – בָּאָה הַכְרָעָה. “יִצְרוֹ שֶׁל אָדָם מִתְגַּבֵּר עָלָיו בְּכָל יוֹם וְאִלְמָלֵא הַקָּדוֹשׁ בָּרוּךְ הוּא עוֹזְרוֹ – אֵין יָכוֹל לוֹ”. כַּאֲשֶׁר אֲנִי זוֹכֵר כִּי הַכֹּחַ לְנַצֵּחַ מַגִּיעַ אֵלַי מִגָּבוֹהַּ, מֵה’ יִתְבָּרַךְ שֶׁבָּא וּמִתְעָרֵב לְטוֹבָתִי, אֲנִי מְסֻגָּל לְנַצֵּחַ. מֵרֶגַע זֶה אֲנִי הוֹפֵךְ מִבַּעַל דֵּעָה לְבַעַל שְׁלִיטָה. מִשּׁוֹפֵט אֲנִי נַעֲשָׂה מֶלֶךְ!

שֶׁנִּזְכֶּה לַהֲשָׁבַת הַשּׁוֹפְטִים כְּבָרִאשׁוֹנָה!

שַׁבַּת שָׁלוֹם וּמְבֹרָךְ!

רזִי


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