La diferencia profunda entre Ol Maljut — עול מלכות y Ol Torá — עול תורה no consiste simplemente en que uno significa «aceptar a Hashem como Rey» y el otro «aceptar cumplir la Torá». Se trata de dos formas diferentes de relacionarnos con Hashem.
En Rosh Hashaná el movimiento fundamental es la coronación — hamlajá. Para que exista un rey debe existir un pueblo que lo reconozca como tal. Por eso todavía hay cierta distancia: yo estoy aquí y el Rey está allí. Precisamente porque existe esa distancia puedo inclinarme ante Él y aceptar Su soberanía. Este es el sentido profundo de Ol Maljut, el «yugo de la Realeza»: antes de preguntarme qué quiere Hashem de mí, establezco algo mucho más esencial: Él es mi Rey y yo acepto Su voluntad.
Por eso Rosh Hashaná no se concentra principalmente en enumerar nuestros pecados, sino en algo anterior y más fundamental: coronar nuevamente a Hashem. Primero debe haber un Rey; después pueden existir los mandamientos del Rey. De allí que toda la plegaria de Rosh Hashaná esté atravesada por la idea de «מלוך על העולם כולו בכבודך — Reina sobre todo el mundo con Tu gloria».
Además, esta coronación no es solamente personal. Israel acepta el Ol Maljut para llevar el reinado de Hashem a toda la creación: «לתקן עולם במלכות ש־די — rectificar el mundo bajo la soberanía de Shadai». Esto es precisamente lo que hizo Adam HaRishón, creado en Rosh Hashaná, cuando llamó a todas las criaturas: «בֹּאוּ נִשְׁתַּחֲוֶה וְנִכְרָעָה… — Vengan, prosternémonos e inclinémonos…». Rosh Hashaná, por lo tanto, mira hacia el mundo entero: hay que hacer que toda la realidad reconozca al Rey.
En Iom Kipur sucede algo diferente y todavía más profundo. Después de haber coronado a Hashem como Rey, podemos atravesar esa dimensión de la realeza y descubrir una relación mucho más íntima. Ya no predomina la imagen de Rey y súbdito, sino la de Padre e hijo y, en el lenguaje de Shir HaShirim y del Jasidut, la relación entre el Amado y Su amada.
Por eso Iom Kipur está relacionado con «וּבְיוֹם חֲתֻנָּתוֹ — y en el día de su boda», que nuestros Sabios interpretan como una referencia a Matán Torá. Iom Kipur fue el día en que Moshé descendió con las segundas Lujot, las Tablas de los baalei teshuvá. Después del pecado, la ruptura y la teshuvá, se produce una unión todavía más profunda.
Aquí aparece el Ol Torá — yugo de la Torá. También se llama «yugo», porque la intimidad con Hashem no significa independizarnos de Su voluntad. Todo lo contrario: ahora Su voluntad puede penetrar mucho más profundamente dentro de nosotros. En Ol Maljut obedezco la voluntad del Rey; en Ol Torá, la voluntad divina comienza a transformarse en mi propia vida interior.
Podríamos expresarlo así: Ol Maljut dice: «Haré lo que Tú quieres porque Tú eres mi Rey». Ol Torá dice: «Quiero unirme a lo que Tú quieres, porque mediante Tu Torá puedo estar unido a Ti».
Esta es también la diferencia entre la distancia de Maljut y el Panim bePanim — פנים אל פנים, rostro a rostro de Iom Kipur. La realeza necesita cierta distancia. Para que exista un rey debe existir un pueblo sobre el cual reine. Por eso Rosh Hashaná está caracterizado por bitul, temor, majestuosidad y aceptación de la soberanía divina.
Iom Kipur, en cambio, revela una cercanía en la que esa distancia se desvanece. Es el día de «לִפְנֵי הוי׳ תִּטְהָרוּ — delante de Hashem serán purificados». No estamos solamente ante el Rey, sino lifnei Havaiá, delante de Hashem mismo, en una relación interior. Esto alcanza su máxima expresión en el servicio del Cohen Gadol, que precisamente en Iom Kipur entra al Kodesh HaKodashim, el lugar de máxima intimidad con la Presencia Divina.
Así comprendemos por qué Ol Torá corresponde específicamente a Iom Kipur. La Torá no es solamente una colección de órdenes promulgadas por un Rey. La Torá es la sabiduría y voluntad de Hashem, el medio mediante el cual Él mismo se entrega y se revela al judío. Por eso Matán Torá es comparado con una boda: mediante la Torá se produce una unión.
Entre ambos momentos aparece el Ol Derej Eretz — עול דרך ארץ. Desde Rosh Hashaná hasta Iom Kipur debemos llevar la coronación de Hashem a nuestra vida humana concreta: reparar las relaciones bein adam lejaveró, pedir perdón, dejar de herir al otro y rectificar nuestro carácter. No alcanza con proclamar que Hashem es Rey; Su reinado tiene que transformar la manera en que tratamos a los demás.
Así, los Diez Días de Teshuvá describen un proceso extraordinario. En Rosh Hashaná me inclino ante Hashem y lo corono como Rey: Ol Maljut. Durante los días siguientes rectifico mi relación con el prójimo: Ol Derej Eretz. Finalmente, en Iom Kipur, puedo entrar en la intimidad de la relación con Hashem, Panim bePanim, y recibir nuevamente Su Torá: Ol Torá.
En una frase: Rosh Hashaná establece quién gobierna mi vida; Iom Kipur revela con Quién está unida mi vida.
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LA COSTUMBRE DE KAPAROT ANTES DE IOM KIPUR
Se acostumbra realizar el rito de Kaparot (expiación) el día anterior a Yom Kipur, si no es posible hacerlo en ese momento, se puede adelantar.
Consiste en recitar una plegaria con un pollo en la mano. Un hombre toma un macho, una mujer lo hace con una hembra y una mujer embarazada con tres (un macho y dos hembras). Es recomendable que sean de color blanco , simbolizando purificación de pecado, como está escrito: “Y si tus pecados son como escarlata, serán blancas como la nieve” (Isaias 1:8)
·De no encontrarse pollos se puede utilizar otro animal, inclusive un pez. Sin embargo no se debe utilizar palomas, ya que eran utilizadas en el templo como sacrificios y podría causar la impresión incorrecta de pensar que las Kaparot son una especie de sacrificio.
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3 HAAZINU – ESCUCHAR DICHO CON FIRMEZA
En el Dvar Maljus de Haazinu 5752, pronunciado el Shabat 13 de Tishrei de 5752, después de Iom Kipur y coincidiendo con el Iortzait del Rebe Maharash, el Rebe desarrolla principalmente estas ideas:
1. «Haazinu»: escuchar con firmeza
Moshé no dice simplemente “escuchen”, sino הַאֲזִינוּ הַשָּמַיִם — “¡Escuchen, cielos!”. Habla en tono de orden y autoridad. Esto expresa que un judío, mediante la Torá, puede convertirse en un verdadero dueño de la realidad: no debe sentirse sometido al mundo, sino transformarlo conforme a la voluntad de Hashem.
2. Moshé continúa vivo en la Torá
La canción de Haazinu fue pronunciada por Moshé antes de su desaparición física. Sin embargo, precisamente aquí se revela que Moshé permanece eternamente vivo:
“Moshé es verdad y su Torá es verdad”.
Su vida continúa en la Torá y en los líderes de cada generación, la extensión de Moshé presente en cada época.
3. El camino del Rebe Maharash
El 13 de Tishrei es el día de la hilulá del Rebe Maharash, cuya enseñanza característica fue:
לְכַתְּחִילָּה אַרִיבֶּער — Lejatjila aríber:
“Desde el comienzo, pasar por arriba”.
Si aparece un obstáculo, no siempre hay que luchar con él paso a paso. Un judío puede elevarse por encima de la limitación desde el principio, apoyándose en la fuerza de la Torá y de su neshamá.
4. Después de Iom Kipur se asciende todavía más
Podríamos pensar que después de Neilá ya alcanzamos la máxima altura. Pero el Rebe explica que un judío es llamado mehalej, alguien que avanza continuamente. Por eso, los días entre Iom Kipur y Sucot contienen una elevación incluso mayor: la santidad de Iom Kipur comienza a penetrar en la vida concreta, construyendo la sucá y preparando las cuatro especies.
5. La enseñanza práctica
El Rebe pide aumentar especialmente:
en el estudio de la Torá;
en el estudio de las enseñanzas del Rebe Maharash;
en tzedaká;
y en la difusión del Jasidut.
Todo esto debe realizarse con el espíritu de Lejatjila aríber: sin intimidarse ante el mundo ni ante las dificultades.
6. La Gueulá
La culminación es que ya podemos superar todas las limitaciones del galut. La Gueulá no debe contemplarse como algo distante, sino como una realidad que debe revelarse concretamente. Nuestro servicio tiene que conducir inmediatamente a recibir al Mashíaj y a la Gueulá verdadera y completa.
La frase central podría resumirse así:
Haazinu nos enseña a escuchar la voz de la Torá hasta adquirir la fuerza de elevarnos por encima de todos los obstáculos y preparar el mundo para la Gueulá.
La sijá corresponde a Shabat Parashat Haazinu, 13 de Tishrei de 5752. Puede consultarse en la recopilación oficial de textos del Rebe en Chabad.org.
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4 Tania del 5 de Tishrei 5787
Este miércoles 5 de Tishrei de 5787 (16 de septiembre de 2026), el estudio diario del Tania continúa en Igueret HaKodesh, epístola 20, desde «ובזה יובן…».
El Alter Rebe profundiza hoy en el concepto de iesh meáin — יש מאין, la creación de «algo a partir de la nada». Esta creación verdaderamente nueva recibe en Lashón HaKodesh el nombre de Beriá — בריאה.
Aquí aparece una idea fundamental: aunque nosotros percibimos el mundo como una realidad independiente, ante Hashem la creación está completamente anulada a la fuerza Divina que constantemente le da existencia. El Alter Rebe lo compara con un rayo de sol dentro del propio sol: allí el rayo no se percibe como una realidad independiente de su fuente.
Esto nos lleva a dos perspectivas:
Dáat Elión — דעת עליון, «el conocimiento superior»: desde la perspectiva Divina, toda la existencia está absolutamente anulada ante Él.
Dáat Tajtón — דעת תחתון, «el conocimiento inferior»: desde nuestra perspectiva, el mundo se experimenta como un iesh, una realidad existente y separada.
Y precisamente aquí está el prodigio de la creación: Hashem crea una realidad que se siente independiente, aunque en verdad depende de Él absolutamente en cada instante.
Para la avodá de estos días
En estos días entre Rosh Hashaná y Iom Kipur, esta enseñanza adquiere una fuerza especial. La teshuvá no significa únicamente corregir algo que hicimos mal. Significa descubrir que aquello que parecía un «yo» independiente —iesh— en realidad recibe toda su existencia de Hashem.
Podemos expresarlo así:
El mundo dice: «Yo existo».
El alma descubre: «Existo porque Hashem me está creando ahora».
Y entonces el bitul no destruye a la persona. Al contrario: le permite descubrir para qué fue creada. Ese puede ser uno de los sentidos interiores de estos Aseret Iemei Teshuvá: transformar el iesh que se siente separado en un iesh que reconoce permanentemente su Ain, su Fuente Divina.
Es una continuación directa del Tania que vimos ayer, 4 de Tishrei, sobre la imposibilidad de producir iesh meáin mediante una simple cadena de ilá vealul. Hoy el Alter Rebe da el paso siguiente: explica cómo una creación que se siente independiente puede, al mismo tiempo, estar completamente anulada ante Hashem.
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5 Tania — 6 de Tishrei 5787
El 6 de Tishrei de 5787, jueves 17 de septiembre de 2026, el estudio diario continúa en Igueret HaKodesh, epístola 20.
El Alter Rebe continúa desarrollando el concepto de iesh meáin — יש מאין, la creación de una realidad nueva a partir de la «nada».
Ahora explica dónde comienza ese “iesh” creado:
«Vehiné, reshit haiesh hanivrá utjilató, hen hakelim deiud sefirot deBeriá-Ietzirá-Asiá» — והנה ראשית היש הנברא ותחילתו הן הכלים די׳ ספירות דבריאה־יצירה־עשיה.
Es decir: el comienzo del “iesh creado” son los recipientes —kelim— de las diez sefirot de los mundos de Beriá, Ietzirá y Asiá. También los niveles inferiores de las luces, Nefesh y Rúaj, pertenecen ya en cierto sentido a esta categoría de iesh.
¿De dónde reciben su existencia? De un nivel que todavía es Elokut — Divinidad. El Alter Rebe explica que los treinta kelim de Maljut de Atzilut —las diez sefirot, cada una con tres dimensiones— se invisten en los mundos de Beriá, Ietzirá y Asiá, convirtiéndose en su neshamá y fuente de vitalidad.
Y algo semejante sucede incluso dentro de Atzilut. De la exterioridad de los kelim de las diez sefirot de Atzilut surgen los heijalot — היכלות, los «palacios» de Atzilut, y también los cuerpos de los ángeles de ese mundo. Estos ya poseen cierta dimensión de iesh, aunque sea un iesh incomparablemente más sutil que el de nuestro mundo.
Aquí aparece una diferencia fundamental:
Iesh haneetzal — יש הנאצל: una realidad «emanada», todavía vinculada manifiestamente con su Fuente.
Iesh hanivrá — יש הנברא: una realidad «creada», que ya puede experimentarse como algo separado de su Fuente.
La enseñanza para la avodá
Esto profundiza lo que estudiamos el 5 de Tishrei. Ayer vimos que Beriá significa una verdadera novedad, iesh meáin. Hoy el Alter Rebe comienza a mostrarnos cómo se produce gradualmente la sensación de existencia independiente.
Y aquí hay una enseñanza muy apropiada para los Aseret Iemei Teshuvá:
El problema no es que exista el iesh, el «yo». Hashem mismo quiso crearlo. La avodá consiste en que ese iesh no olvide de dónde recibe su existencia.
La teshuvá no exige borrar nuestra personalidad, sino devolverla a su raíz: reconocer que nuestras capacidades, nuestra vida y nuestra propia existencia reciben continuamente su fuerza de Elokut.
Podríamos resumir el Tania de hoy en una frase:
El objetivo no es dejar de ser un “iesh”, sino ser un “iesh” que sabe que toda su existencia proviene del Ain Divino.
Y hay un detalle especialmente significativo: 6 de Tishrei es también el iortzait de la Rebetzin Jana, la madre del Rebe.
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