HOSHANA RABA 5787

1 🌿 Hoshana Rabá 5787 — Meditación para Shajarit

Hoshana Rabá no es simplemente el último día de Sucot. Es el momento en que todo lo vivido desde Rosh Hashaná desciende a la vida concreta. Rosh Hashaná es la coronación; Iom Kipur, la purificación; Sucot, el abrazo de Hashem; y Hoshana Rabá es el momento de llevar esa luz hasta la realidad cotidiana.

🌅 Al comenzar Shajarit: “la salvación grande”

El nombre הוֹשַׁעְנָא רַבָּא — Hoshana Rabá puede entenderse como “la gran súplica: ¡sálvanos!”. No pedimos solamente ser rescatados de algo negativo. En Jasidut, yeshuá implica también salir de nuestras propias limitaciones.

Al comenzar Shajarit podemos pensar:

Ribono shel Olam, hoy no te pido solamente que cambies lo que me rodea. Te pido que me permitas salir de mis propias estrecheces y revelar aquello para lo cual me enviaste al mundo.

El día conserva una dimensión particular de din, juicio, pero ya está completamente envuelto por la alegría de Sucot. Por eso existe la antigua expresión aramea פִּתְקָא טָבָא — Pitká Tavá, “un buen escrito/decreto”: que aquello que fue establecido para el nuevo año se manifieste concretamente para bien.

🔥 El Hallel: transformar el juicio en alegría

En Hoshana Rabá decimos Hallel completo. Esto encierra una enseñanza extraordinaria: precisamente cuando el día conserva una dimensión de juicio, el judío responde con alabanza y alegría.

Cuando llegues a: אָנָּא ה׳ הוֹשִׁיעָה נָּא, Ana Hashem, hoshía na, “Por favor, Hashem, ¡sálvanos!” podés detenerte interiormente unos segundos.

La palabra נא — na no es solamente una petición. Es el grito del alma que sabe que la salvación divina puede irrumpir ahora. No mañana. No cuando todo esté preparado. Ahora.

🌿Las siete Hakafot y las siete midot

En las Hoshanot de Hoshana Rabá rodeamos la bimá siete veces. Cabalísticamente podemos contemplarlas como una rectificación de las siete cualidades emocionales:

Jesed — que mi amor sea santo.
Guevurá — que mi fuerza tenga dirección.
Tiferet — que verdad y compasión se unan.
Netzaj — que no abandone mi misión.
Hod — que sepa agradecer y reconocer.
Iesod — que mis vínculos sean verdaderos y puros.
Maljut — que toda mi vida revele el reinado de Hashem.

Durante Sucot trabajamos estas siete dimensiones día tras día. En Hoshana Rabá las rodeamos todas, como diciendo: ninguna parte de mi personalidad debe quedar afuera de la kedushá.

Y hay algo todavía más profundo: no somos nosotros quienes estamos realmente en el centro.

En el centro está la Torá.

Nuestra personalidad entera gira alrededor de la voluntad divina.

🌿 Los cinco aravot

Uno de los momentos más especiales del día es Jabatat Aravá, tomar cinco ramas de sauce y golpearlas en el suelo según la costumbre recibida.

La aravá es justamente la especie que nuestros Sabios describen como carente de sabor y aroma. Simboliza al judío que aparentemente no posee grandes méritos de Torá ni de mitzvot.

Y precisamente ella protagoniza el final de Hoshana Rabá.

Es una enseñanza jasídica formidable:

cuando desaparecen los títulos, los conocimientos y los logros, queda la esencia del judío.

Y esa esencia está unida con Hashem de una manera que no depende de ninguna cualidad.

Los cinco aravot se relacionan en la tradición cabalística con las cinco guevurot. Golpearlas representa la hamtakat hadinim, la mitigación o endulzamiento de las severidades.

No destruimos la guevurá. La transformamos.

La fuerza que podía manifestarse como rigor puede convertirse en energía, disciplina, salud, sustento y capacidad para cumplir nuestra misión.

💧 El secreto del agua

Toda la festividad de Sucot está profundamente relacionada con el agua y con el juicio sobre las lluvias.

El agua siempre desciende.

Por eso representa shefa, abundancia divina que baja desde niveles elevados hasta nuestro mundo.

Podemos pedir hoy:

Que descienda la bendición.

Que no permanezca solamente como una posibilidad espiritual.

Que llegue a la salud. A la familia. A la parnasá. A la paz. Al estudio de Torá. A la difusión de Jasidut. Y a todo aquello que necesitamos para cumplir nuestra misión.

👑 Hoshana Rabá y Maljut

Según la estructura interior de Sucot, el séptimo día culmina en Maljut, reinado.

Y aquí aparece una paradoja bellísima: Maljut “no tiene nada propio”. Precisamente por no atribuirse nada, puede recibirlo todo y transmitirlo al mundo.

Ese es el trabajo de Hoshana Rabá:

dejar de preguntarme solamente qué quiero recibir este año y comenzar a preguntarme para qué Hashem me está dando este año.

La berajá deja entonces de ser únicamente algo que recibo.

Se convierte en una misión.

🌅 Una kavaná para hoy

Antes de terminar Shajarit, podés tener esta intención:

Hashem, todo lo que comenzó en Rosh Hashaná, fue sellado en Iom Kipur y se reveló durante Sucot, haz que hoy descienda hasta mi vida concreta. Endulza todo juicio y transforma cada dificultad en bendición. Dame vida, salud, alegría y fuerza para cumplir la misión que me corresponde. Que este año sea un año de Torá, mitzvot, Jasidut y difusión de la luz divina. Y que la gran Hoshana sea la Gueulá verdadera y completa, con Mashíaj Tzidkeinu.

פתקא טבא — Pitká Tavá.

Que recibamos un buen decreto, revelado y manifiesto, בטוב הנראה והנגלה — betov haniré vehaniglé, con un bien visible y revelado.

¡Hoshana Rabá sameaj! 🌿

2 🌿 HOSHANA RABÁ – LA LECTURA DE LA TORÁ

SÉPTIMO DÍA DE SUCOT

Hoshana Rabá, el séptimo día de Sucot, es la culminación de todo el proceso espiritual iniciado en Rosh Hashaná y Iom Kipur. Es llamado “el día del gran Hoshana”, porque rodeamos la bimá siete veces con los Arbaat HaMinim y pronunciamos numerosas súplicas de “Hoshana — ¡Sálvanos, por favor!”

📖 Lectura de la Torá: Bamidbar/Números 29:26-34.

En Hoshana Rabá, como en los demás días de Jol HaMoed Sucot, se llaman cuatro personas a la Torá.

🔹 PRIMERA ALIÁ — Bamidbar 29:26-28

“Y en el quinto día: nueve toros, dos carneros y catorce corderos…”

La Torá describe los sacrificios correspondientes al quinto día de Sucot. Los toros disminuyen cada día: 13, 12, 11, 10, 9, 8 y finalmente 7.

Nuestros Sabios explican que los 70 toros de Sucot corresponden a las 70 naciones del mundo. Israel no reza solamente por sí mismo: en el Beit HaMikdash ofrecía korbanot por la bendición y existencia de toda la humanidad.

🔹 SEGUNDA ALIÁ — Bamidbar 29:29-31

“Y en el sexto día: ocho toros, dos carneros y catorce corderos…”

La disminución continúa: ahora son ocho toros. Espiritualmente, Sucot realiza un proceso de birur, refinamiento: la multiplicidad del mundo va regresando progresivamente hacia su fuente divina.

El ocho alude además a aquello que está por encima del ciclo natural representado por el siete. Dentro de Sucot ya comienza a insinuarse Sheminí Atzeret, el encuentro íntimo entre Hashem e Israel.

🔹 TERCERA ALIÁ — Bamidbar 29:32-34

“Y en el séptimo día: siete toros, dos carneros y catorce corderos…”

Llegamos a Hoshana Rabá. Quedan siete toros.

El siete representa la integridad dentro de la creación: siete días, siete cualidades emocionales —Jesed, Guevurá, Tiferet, Netzaj, Hod, Iesod y Maljut— y los siete Ushpizín de Sucot.

Después de atravesar los siete días, buscamos que todas las dimensiones del corazón sean refinadas y dirigidas hacia Hashem.

🔹 CUARTA ALIÁ — Bamidbar 29:32-34

Se vuelve a leer la ofrenda correspondiente al séptimo día, destacando así la santidad particular de Hoshana Rabá.

Los siete toros completan los 70 toros ofrecidos durante Sucot. La multiplicidad de las naciones llega a su tikún y el mundo queda preparado para el paso siguiente: Sheminí Atzeret, cuando se ofrece un solo toro, expresión de la unión singular entre Hashem y el pueblo de Israel.

🌿 EL MENSAJE DE HOSHANA RABÁ

Hoshana Rabá es el día en que todo lo vivido desde Rosh Hashaná, Iom Kipur y Sucot desciende a la realidad.

Por eso tomamos las aravot, las ramas de sauce. La aravá no tiene ni sabor ni aroma, y representa al judío que aparentemente carece de grandes méritos en Torá o mitzvot. Sin embargo, precisamente con ella culminamos la avodá de Hoshana Rabá.

El mensaje es extraordinario: ningún judío queda afuera.

Rodeamos siete veces la Torá proclamando “Hoshana”. No pedimos solamente ser salvados de las dificultades. Pedimos que Hashem revele la chispa divina escondida dentro de cada aspecto de nuestra vida.

Y después golpeamos las cinco aravot contra el suelo. Según la dimensión interior de la Torá, este antiguo minhag de los profetas expresa la mitigación de las guevurot, los juicios severos, para transformarlos en bondad revelada.

Hoshana Rabá nos enseña que después de las grandes luces de los Jaguim llega el momento de hacerlas descender hasta la tierra, hasta nuestra vida cotidiana.

הוֹשַׁע נָא — Hoshana: ¡Hashem, sálvanos!

Que todas las decisiones sean selladas para bien, que las guevurot se endulcen en jasadim, y que desde Hoshana Rabá entremos con inmensa alegría en Sheminí Atzeret y Simjat Torá, hasta la Gueulá verdadera y completa, con Mashíaj Tzidkeinu.

Vemos maravillas

Sucot corona un proceso de ascenso espiritual que se desarrolla a lo largo de las festividades de Tishrei. Desde la teshuvá por temor, pasando por la teshuvá por amor, hasta llegar a la teshuvá de la alegría; desde un estado de “espalda con espalda” (ajor beajor), centrado con temor en uno mismo, hasta la alegría del “rostro a rostro” (panim bepanim), dirigiéndonos hacia Hashem, que está más allá de nosotros; y desde el intenso esfuerzo de la teshuvá hasta llegar a una danza de alegría que iguala y une al pequeño con el grande.

Estas diferentes etapas se corresponden con las partes del versículo:

“Y hubo un Rey en Ieshurún, cuando se reunieron los jefes del pueblo, juntas las tribus de Israel”
(Devarim 33:5).

Estas palabras describen también una unidad cada vez mayor entre todos los integrantes del pueblo de Israel, una unidad capaz de superar toda discusión y división, incluso aquellas que son “por amor al Cielo” (leshem Shamaim).

Y entonces surge una pregunta muy concreta:

¿Un izquierdista convencido se sentiría cómodo en tu sucá?

Quizás, después de esta clase… sí.

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«Purifica nuestro corazón para servirte con verdad»

Otra columna en honor al nuevo año, dentro de una serie de columnas especiales para el sitio, escritas por distintos autores. Esta semana, Jaguit Gron, de “Melugma”, escribe sobre el cuerpo, el alma, la Divinidad y las Cuatro Especies:

El cuerpo humano no es simplemente un recipiente; es un mapa. Al contemplar la propia estructura del cuerpo podemos encontrar indicios acerca de nuestra esencia y extraer de ella inspiración.

Nuestros Sabios dicen que las Cuatro Especies corresponden a cuatro órganos del cuerpo: el etrog corresponde al corazón, el lulav a la columna vertebral, el hadás a los ojos y la aravá a los labios. Y la propia sucá es comparada con el vientre materno. La sucá es redondeada, envuelve y cobija.

La sucá representa un or makif, una “luz envolvente”: la sombra de la emuná, la fe, que nos cubre desde arriba. Las Cuatro Especies, en cambio, representan un or pnimi, una “luz interior”. Cuando agitamos las Cuatro Especies, tomamos precisamente esa fe y la hacemos descender hasta nuestra vida cotidiana.

Al tomar las Cuatro Especies pronunciamos específicamente la bendición «al netilat lulav» — «por la toma del lulav», a pesar de que el etrog es el “tzadik” del grupo, completo tanto en Torá como en buenas acciones. ¿Por qué? Algunos sugieren que se debe a que el lulav es el más alto, recto y erguido de todos, mientras que el etrog es redondeado y queda oculto; incluso hay quienes acostumbran cubrirlo durante los movimientos de las Cuatro Especies.

Esto nos invita a contemplar la posibilidad de que exista algo en la rectitud del lulav que sea más interior que la forma circular de la sucá y del etrog.

Si observamos el cuerpo humano, podemos ver que su parte superior, la más cercana al cielo, está compuesta por órganos de formas redondeadas: el cráneo, los ojos, la boca. Pero a medida que descendemos hacia la tierra, los órganos del cuerpo se vuelven rectos. Los huesos de las extremidades —cuya esencia es el encuentro con la realidad y con el prójimo— son rectos.

La columna vertebral, representada por el lulav, encierra algo maravilloso: está formada por vértebras redondeadas que, al unirse, forman una estructura recta y erguida.

Así se mueve nuestro servicio a Hashem entre la emuná —la fe, representada por el círculo— y el bitajón —la confianza, representada por la línea recta.

El propósito de la creación es dar satisfacción a Hashem mediante la unión entre amigos, el dar, el jesed, la misión de difundir los manantiales de la Jasidut y traer la Gueulá. Todo esto se realiza mediante la línea recta, a través de la cualidad del bitajón: la capacidad de mantenerse erguido, extender la mano y actuar en el mundo. La rectitud es la finalidad de la vida.

Pero si vivimos únicamente en esa línea recta, puede transformarse en presión y en un choque permanente con la realidad.

Por eso tenemos también el círculo de la emuná.

La fe siempre está allí, en la corona circular que envuelve nuestro ser. Cuando resulta difícil seguir avanzando en línea recta, cuando sentimos que algo de la realidad choca contra nosotros, soltamos y regresamos al interior del círculo, a la sucá. No para escapar, sino para volver a cargarnos de fuerzas.

Solo quien tiene un círculo al cual regresar puede mantenerse verdaderamente erguido.

Las iniciales de la plegaria:

וְטַהֵר לִבֵּנוּ לְעָבְדְּךָ בֶּאֱמֶת
VeTaher Libeinu Leovdeja BeEmet
«Purifica nuestro corazón para servirte con verdad»

forman la palabra:

לולב — LULAV.

El lulav corresponde a la sefirá de Iesod, cuyo atributo interior es la verdad. Y precisamente él representa la columna vertebral, formada de manera maravillosa por círculos de emuná que se unen para formar una línea de bitajón.

El equilibrio y el fluir natural entre emuná y bitajón, fe y confianza, hacen nacer en nuestro corazón la inmensa alegría de esta dulce festividad de Sucot.

Sobre el mensaje del lulav

  • Explicar las Cuatro Especies
  • Resumir la idea central

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El sjaj no ama el enojo | Relato para Sucot 🌿

Había un sencillo sirviente al servicio del Rebe Maharash de Lubavitch, llamado Iosef Mordejai, quien también había servido al Rebe Tzemaj Tzedek, padre del Maharash.

En una ocasión, Iosef Mordejai entró en la sucá del Rebe estando enojado. Apenas había terminado de reprender a alguien en la cocina y entró en la sucá todavía dominado por su enojo.

El Rebe le dijo:

«Iosef Mordejai, es cierto que eres un meiujás —una persona de distinguido linaje—, pero hay que comportarse con derej eretz ante el sjaj. El sjaj no ama el enojo».

¿Y por qué el Rebe lo llamó meiujás?

Por algo que había sucedido anteriormente. En una ocasión, el Rebe Tzemaj Tzedek le ordenó que fuera a dormir en la sucá. El Tzemaj Tzedek tenía dos sucot, una en la casa y otra en el patio. Hacía mucho frío afuera, e Iosef Mordejai le dijo:

—Rebe, hace mucho frío.

El Rebe le respondió:

«Amalek es frío; un judío tiene calidez. Ve a dormir en la sucá y tendrás el mérito de una larga vida».

Por eso el Maharash lo llamaba meiujás: había recibido personalmente aquella bendición del Tzemaj Tzedek.

Y efectivamente, Iosef Mordejai vivió 103 años. Cuando tenía 98 años todavía bailaba sobre el techo del “Gran Salón”, como se denominaba al gran recinto de la sinagoga en el patio del Rebe, como si fuera un joven.

(De “Sipurei Jasidim”, del rabino Shlomo Iosef Zevin)

Un punto para meditar

¿Por qué el sjaj no ama el enojo?

El Rebe Maharash explica en sus discursos sobre Sucot que, en su raíz espiritual, el sjaj proviene de la nube del incienso —ketoret— que ofrecía el Cohen Gadol en Iom Kipur. La nube del ketoret de Iom Kipur eleva el aroma agradable que surge de la teshuvá del pueblo de Israel en ese día.

En Iom Kipur, el judío se presenta ante Hashem con el corazón quebrantado. Su teshuvá es sincera y brota de lo profundo del corazón, porque reconoce cuánto le falta y hasta qué punto todavía no es perfecto. Por eso, en su raíz, el sjaj representa precisamente este movimiento interior de teshuvá: el reconocimiento de nuestras propias carencias e imperfecciones.

El enojo expresa justamente el movimiento contrario.

Cuando una persona se enoja con su compañero, muchas veces lo hace porque se percibe a sí misma como completa y al otro como deficiente. “Él se equivocó, él hizo las cosas mal por sus defectos; yo, en cambio, advertí perfectamente su error”. La persona queda atrapada en una falsa sensación de perfección que le permite ver con enorme claridad la falta del otro, pero le impide reconocer la propia.

Por eso puede llegar a enfurecerse tanto.

Cuando Iosef Mordejai entró enojado en la sucá, había olvidado demasiado rápidamente cómo, apenas unos días antes, en Iom Kipur, había permanecido ante Hashem con el corazón quebrantado, consciente de sus propias faltas y de su propia imperfección.

Ahora el sjaj que estaba sobre su cabeza venía a recordárselo.

Quizás este sea uno de los mensajes más profundos de la sucá: antes de mirar lo que le falta al otro, levantemos los ojos hacia el sjaj y recordemos lo que todavía debemos reparar en nosotros mismos.

El sjaj no ama el enojo porque quien vive verdaderamente bajo la sombra de la Emuná aprende a ser menos duro con los demás y más consciente de sí mismo.


El relato está dedicado a la elevación del alma del dulce niño Tzur Levaví Simjí, de bendita memoria. ❤️

Los relatos se comparten en el grupo “BeOhalei Tzadikim – Historias”.

¿Les gustó? ¡Compártanlo! ❤️


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