CALENDARIO HEBREO: Sucot
QUÉ ELEGIR: ¿UN ETROG GRANDE O UNO PEQUEÑO?
En cuanto al etrog, es conocido que el Rebe de Lubavitch solía ser mehader a la hora de elegir un etrog grande, uno realmente grande – esto fue una innovación, una innovación propia del Rebe. Hoy también hay muchos jasidim que quieren hacer lo que hizo el Rebe, por lo que hacen grandes esfuerzos para buscar un etrog grande, pero un etrog grande conlleva un pequeño problema. En el caso del Rebe, seguramente eligieron un etrog grande que estaba cien por cien limpio, pero en general un etrog grande no es cien por cien limpio.
Así pues, se plantea la cuestión del hidur [embellecimiento de la mitzvá] – de hecho, hoy en día se dan diferentes opiniones entre los rabinos de Jabad – si es preferible tener un etrog más pequeño y limpio, o uno muy grande que no esté cien por cien limpio. Hay rabinos que dicen que uno grande y sucio es mejor que uno pequeño y limpio, pero la lógica sencilla parecería ser: si el pequeño cumple la medida requerida y está limpio, parecería ser más hadar [selecto y esplendoroso] que uno grande que no está al cien por cien limpio (por supuesto, aquí no nos referimos a una imperfección o imperfecciones que invalidarían al etrog, sino más bien a manchas que no lo invalidan).
El Etrog y lo femenino
Dado que el etrog representa la sefirá de reinado y eso es lo femenino y la mujer (más específicamente, está relacionado con la “revelación de la corona” de Ze’er Anpin, la revelación de la futura novia), un etrog grande es como una “gran mujer”. La frase “una gran mujer”[1] aparece en el Tanaj exactamente una vez – es decir, el gran etrog. ¿Quién es esta gran mujer? Las escrituras describen a la mujer de Shunam que construyó una habitación en el ático para Elisha el profeta y colocó allí una cama, una mesa, una silla y una menorá, proporcionándole así las cuatro rectificaciones que corresponden a los cuatro mundos.
[Aquí hay un discurso extraordinariamente maravilloso del Rebe Rashab sobre este versículo y esta historia de la gran mujer que hizo una habitación en lo alto para Elisha el profeta con una cama, una mesa, una silla y una menorá. La historia detrás del discurso sobre “mesa, cama, silla y menorá” es que el Rebe Rashab convocó en una ocasión a varias personas especiales, entre ellas Reb Shmuel Gronem, y pronunció el discurso ante ellas. Posteriormente, Reb Shmuel Gronem dijo que nunca había escuchado un discurso semejante en su vida, y que, no obstante, estaba dispuesto a renunciar a ello – es decir, que él mismo no escucharía el discurso, sino que los demás estudiantes lo escucharían – pero ellos no tuvieron el mérito de escucharlo, y así ha quedado hasta el día de hoy. ¡Lejaim, Lejaim!]
Volviendo a la mujer de Shunam, después ella merece, a través del profeta Elisha, ser bendecida con un hijo, y este hijo – según los sabios, como se explica extensamente en los escritos del Arizal – es el profeta Habakuk, [Javakuk (חֲבַקּוּק)]. Este hijo muere repentinamente y Elisha lo revive realizando una resurrección de los muertos.
Elisha fue discípulo de Elías. Elías también resucitó a un niño que había muerto, hijo de la mujer de Tzarfat. Este niño se convirtió en el profeta Ioná. Habakuk está así conectado con Sucot, su madre es la gran mujer, y Jonás (Ioná) está conectado con Iom Kipur, ya que leemos su libro la tarde de Iom Kipur. Pero Jonás también está conectado con Sucot porque recibió su profecía a través de Simjat Beit HaSho’eiva. La lección para nosotros es que desde Iom Kipur uno llega a Simjat Beit HaSho’eiva para alcanzar la visión mediante inspiración divina.
Habakuk está relacionado con Sucot por otra razón. Está dicho que Sucot es aludido en las palabras, “y Su mano derecha me abraza”,[2] y Habakuk proviene de la misma raíz que “abrazar”. Todo esto proporciona una importante alusión para tomar un gran etrog en Sucot.
Leá y Rajel: Lo grande y lo pequeño femenino
Una vez más, tomar un etrog grande nos proporciona un hidur [embellecimiento de la mitzvá] en cuanto a tamaño, pero en la mayoría de los casos compromete el hidur de la limpieza. Pero con un etrog pequeño, “una pequeña mujer”, no hay un hidur de tamaño, pero el hidur de limpieza es mucho más común.
Ya sabemos que aquí hay una “gran mujer” en las Escrituras, pero ¿existe una “mujer pequeña”? La expresión “mujer pequeña” no aparece en el Tanaj, pero sí sugiere la diferencia entre Leá y Rajel. La Torá escribe sobre ellas que, “el nombre de la mayor era Leá, y el nombre de la más pequeña era Rajel.” [3] Entre las dos, ¿quién se describe como limpia, hermosa en todos los aspectos, de quien se podría decir, “no hay defecto alguno en ti”? Esta es Rajel. Rajel es alabada por la perfección de su belleza – es la más pequeña, pero está limpia. La verdadera pregunta es cuál es más hadar. El Rebe de Lubavitch, que es el tzadik de “Beit Rabeinu SheBeBavel” – para quien Leá es el partzuf femenino principal -, considera que el objetivo primordial es embellecer el etrog escogiendo uno grande.
Aun así, debemos preguntarnos en general: ¿cuál es mejor – un etrog grande e impuro, o uno pequeño y limpio? Para entender mejor esta cuestión, necesitamos mirar sus raíces espirituales. Espiritualmente, esta es la cuestión de la relación entre Leá y Rajel.
Tanto Leá como Rajel, cada una tiene su propia virtud. Leá representa el pensamiento, que se conoce como el Mundo oculto (en contraposición con el habla, que es el Mundo revelado, es decir, expresamos nuestros pensamientos a través del habla). Dado que Leá es superior a Rajel, podría haber pensado que, por su propia naturaleza, debería ser más limpia, pura, ya que cuanto más bajo es algo, más sucio es, ya que está más cerca de las cáscaras de impureza. Y no solo eso, sino que Rajel representa el aspecto de la feminidad sobre el que se dice que desciende incluso hasta la muerte de las cáscaras impuras. Por lo tanto, habría pensado que Leá, que no desciende a la kelipá, debería estar más limpia, tanto física como espiritualmente (lo físico solo refleja lo espiritual). ¿Por qué no es así?
La explicación sencilla es que incluso cuando rezo, incluso cuando estoy ante Di-s, mi pensamiento siempre divaga, y reconocemos que nuestros pensamientos no son limpios. Pero cada persona puede decidir, por su propia voluntad, cuidar y proteger su forma de expresarse para no utilizar un lenguaje soez o negativo. Así que una persona puede tener un habla limpia – correspondiente a Rajel, aunque no haya ninguna persona justa en la tierra que sea limpia en sus pensamientos. Puede pensar grandes cosas, mucho más allá de lo que es capaz de lograr en el habla, pero decir que es puro de pensamiento – eso es una hazaña muy, muy seria, algo reservado para el futuro.
En el futuro, Rajel crecerá y será conocida como “Rajel la Grande.” Esperamos que Rajel no permanezca pequeña, sino que llegue a incluir a Leá en su interior también. En el lenguaje de la Cabalá, el rostro de Rajel se elevará e incluirá el rostro de Leá, que no es más que un reflejo fugaz del completo rostro femenino del principio madre. El Partzuf Rajel comienza como una raíz, un punto esencial que surgió en la primera emanación de la realidad. El propósito último es que Rajel se eleve y herede plenamente a Leá, del mismo modo que “los recipientes de Rectificación” deben heredar e incorporar todas “las luces de Caos”. Este estado es denominado “Rajel la Grande.” Cuando esto ocurre, la unificación se convierte en Israel y Rajel la Grande – la unión última de la era mesiánica. La conclusión es que esto significa que habrá un etrog grande y limpio.
De hecho, el valor de “grande y limpio”, gadol venaki (גָּדוֹל וְנָקִי) es el mismo que el de hadar (הָדָר), embellecimiento. Así, al instruirnos: “Y tomaréis para ustedes el primer día el fruto de un hermoso árbol”, un árbol que habar, la Torá nos dice que debemos tomar un etrog grande y limpio, puro. Por eso es la primera de las Cuatro Especies que se enumeran en el versículo.
[1] 2 Reyes 4:8.
[2] Cantar de los Cantares 2:6.
[3] Génesis 29:16.
CALENDARIO HEBREO: Sucot
QUÉ ELEGIR: ¿UN ETROG GRANDE O UNO PEQUEÑO?
En cuanto al etrog, es conocido que el Rebe de Lubavitch solía ser mehader a la hora de elegir un etrog grande, uno realmente grande – esto fue una innovación, una innovación propia del Rebe. Hoy también hay muchos jasidim que quieren hacer lo que hizo el Rebe, por lo que hacen grandes esfuerzos para buscar un etrog grande, pero un etrog grande conlleva un pequeño problema. En el caso del Rebe, seguramente eligieron un etrog grande que estaba cien por cien limpio, pero en general un etrog grande no es cien por cien limpio.
Así pues, se plantea la cuestión del hidur [embellecimiento de la mitzvá] – de hecho, hoy en día se dan diferentes opiniones entre los rabinos de Jabad – si es preferible tener un etrog más pequeño y limpio, o uno muy grande que no esté cien por cien limpio. Hay rabinos que dicen que uno grande y sucio es mejor que uno pequeño y limpio, pero la lógica sencilla parecería ser: si el pequeño cumple la medida requerida y está limpio, parecería ser más hadar [selecto y esplendoroso] que uno grande que no está al cien por cien limpio (por supuesto, aquí no nos referimos a una imperfección o imperfecciones que invalidarían al etrog, sino más bien a manchas que no lo invalidan).
El Etrog y lo femenino
Dado que el etrog representa la sefirá de reinado y eso es lo femenino y la mujer (más específicamente, está relacionado con la “revelación de la corona” de Ze’er Anpin, la revelación de la futura novia), un etrog grande es como una “gran mujer”. La frase “una gran mujer”[1] aparece en el Tanaj exactamente una vez – es decir, el gran etrog. ¿Quién es esta gran mujer? Las escrituras describen a la mujer de Shunam que construyó una habitación en el ático para Elisha el profeta y colocó allí una cama, una mesa, una silla y una menorá, proporcionándole así las cuatro rectificaciones que corresponden a los cuatro mundos.
[Aquí hay un discurso extraordinariamente maravilloso del Rebe Rashab sobre este versículo y esta historia de la gran mujer que hizo una habitación en lo alto para Elisha el profeta con una cama, una mesa, una silla y una menorá. La historia detrás del discurso sobre “mesa, cama, silla y menorá” es que el Rebe Rashab convocó en una ocasión a varias personas especiales, entre ellas Reb Shmuel Gronem, y pronunció el discurso ante ellas. Posteriormente, Reb Shmuel Gronem dijo que nunca había escuchado un discurso semejante en su vida, y que, no obstante, estaba dispuesto a renunciar a ello – es decir, que él mismo no escucharía el discurso, sino que los demás estudiantes lo escucharían – pero ellos no tuvieron el mérito de escucharlo, y así ha quedado hasta el día de hoy. ¡Lejaim, Lejaim!]
Volviendo a la mujer de Shunam, después ella merece, a través del profeta Elisha, ser bendecida con un hijo, y este hijo – según los sabios, como se explica extensamente en los escritos del Arizal – es el profeta Habakuk, [Javakuk (חֲבַקּוּק)]. Este hijo muere repentinamente y Elisha lo revive realizando una resurrección de los muertos.
Elisha fue discípulo de Elías. Elías también resucitó a un niño que había muerto, hijo de la mujer de Tzarfat. Este niño se convirtió en el profeta Ioná. Habakuk está así conectado con Sucot, su madre es la gran mujer, y Jonás (Ioná) está conectado con Iom Kipur, ya que leemos su libro la tarde de Iom Kipur. Pero Jonás también está conectado con Sucot porque recibió su profecía a través de Simjat Beit HaSho’eiva. La lección para nosotros es que desde Iom Kipur uno llega a Simjat Beit HaSho’eiva para alcanzar la visión mediante inspiración divina.
Habakuk está relacionado con Sucot por otra razón. Está dicho que Sucot es aludido en las palabras, “y Su mano derecha me abraza”,[2] y Habakuk proviene de la misma raíz que “abrazar”. Todo esto proporciona una importante alusión para tomar un gran etrog en Sucot.
Leá y Rajel: Lo grande y lo pequeño femenino
Una vez más, tomar un etrog grande nos proporciona un hidur [embellecimiento de la mitzvá] en cuanto a tamaño, pero en la mayoría de los casos compromete el hidur de la limpieza. Pero con un etrog pequeño, “una pequeña mujer”, no hay un hidur de tamaño, pero el hidur de limpieza es mucho más común.
Ya sabemos que aquí hay una “gran mujer” en las Escrituras, pero ¿existe una “mujer pequeña”? La expresión “mujer pequeña” no aparece en el Tanaj, pero sí sugiere la diferencia entre Leá y Rajel. La Torá escribe sobre ellas que, “el nombre de la mayor era Leá, y el nombre de la más pequeña era Rajel.” [3] Entre las dos, ¿quién se describe como limpia, hermosa en todos los aspectos, de quien se podría decir, “no hay defecto alguno en ti”? Esta es Rajel. Rajel es alabada por la perfección de su belleza – es la más pequeña, pero está limpia. La verdadera pregunta es cuál es más hadar. El Rebe de Lubavitch, que es el tzadik de “Beit Rabeinu SheBeBavel” – para quien Leá es el partzuf femenino principal -, considera que el objetivo primordial es embellecer el etrog escogiendo uno grande.
Aun así, debemos preguntarnos en general: ¿cuál es mejor – un etrog grande e impuro, o uno pequeño y limpio? Para entender mejor esta cuestión, necesitamos mirar sus raíces espirituales. Espiritualmente, esta es la cuestión de la relación entre Leá y Rajel.
Tanto Leá como Rajel, cada una tiene su propia virtud. Leá representa el pensamiento, que se conoce como el Mundo oculto (en contraposición con el habla, que es el Mundo revelado, es decir, expresamos nuestros pensamientos a través del habla). Dado que Leá es superior a Rajel, podría haber pensado que, por su propia naturaleza, debería ser más limpia, pura, ya que cuanto más bajo es algo, más sucio es, ya que está más cerca de las cáscaras de impureza. Y no solo eso, sino que Rajel representa el aspecto de la feminidad sobre el que se dice que desciende incluso hasta la muerte de las cáscaras impuras. Por lo tanto, habría pensado que Leá, que no desciende a la kelipá, debería estar más limpia, tanto física como espiritualmente (lo físico solo refleja lo espiritual). ¿Por qué no es así?
La explicación sencilla es que incluso cuando rezo, incluso cuando estoy ante Di-s, mi pensamiento siempre divaga, y reconocemos que nuestros pensamientos no son limpios. Pero cada persona puede decidir, por su propia voluntad, cuidar y proteger su forma de expresarse para no utilizar un lenguaje soez o negativo. Así que una persona puede tener un habla limpia – correspondiente a Rajel, aunque no haya ninguna persona justa en la tierra que sea limpia en sus pensamientos. Puede pensar grandes cosas, mucho más allá de lo que es capaz de lograr en el habla, pero decir que es puro de pensamiento – eso es una hazaña muy, muy seria, algo reservado para el futuro.
En el futuro, Rajel crecerá y será conocida como “Rajel la Grande.” Esperamos que Rajel no permanezca pequeña, sino que llegue a incluir a Leá en su interior también. En el lenguaje de la Cabalá, el rostro de Rajel se elevará e incluirá el rostro de Leá, que no es más que un reflejo fugaz del completo rostro femenino del principio madre. El Partzuf Rajel comienza como una raíz, un punto esencial que surgió en la primera emanación de la realidad. El propósito último es que Rajel se eleve y herede plenamente a Leá, del mismo modo que “los recipientes de Rectificación” deben heredar e incorporar todas “las luces de Caos”. Este estado es denominado “Rajel la Grande.” Cuando esto ocurre, la unificación se convierte en Israel y Rajel la Grande – la unión última de la era mesiánica. La conclusión es que esto significa que habrá un etrog grande y limpio.
De hecho, el valor de “grande y limpio”, gadol venaki (גָּדוֹל וְנָקִי) es el mismo que el de hadar (הָדָר), embellecimiento. Así, al instruirnos: “Y tomaréis para ustedes el primer día el fruto de un hermoso árbol”, un árbol que habar, la Torá nos dice que debemos tomar un etrog grande y limpio, puro. Por eso es la primera de las Cuatro Especies que se enumeran en el versículo.
[1] 2 Reyes 4:8.
[2] Cantar de los Cantares 2:6.
[3] Génesis 29:16.
Discover more from Gal Einai en Español
Subscribe to get the latest posts sent to your email.
