CUANDO TODO CONVERGE EN MALJUT

En el séptimo día de Sucot, Hoshaná Rabá, las siete cualidades del alma alcanzan su culminación en Maljut. Es el momento de reunir toda la luz recibida durante la festividad y llevarla a la vida concreta: transformar la emuná, la alegría y la unión con Hashem en palabras y acciones, preparando el mundo para la revelación plena de Su reinado. (sigue abajo)

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¿QUÉ ES HOSHAMA RABA?

Hoshaná Rabá (הוֹשַׁעְנָא רַבָּא) es el séptimo y último día de Sucot, y tiene un carácter especialmente solemne y espiritual.

Su nombre significa aproximadamente “la gran súplica de salvación”. Hoshaná viene de הוֹשַׁע נָא — Hoshá na, “¡Sálvanos, por favor!”, y Rabá significa “grande”.

Durante este día se realizan siete hakafot alrededor de la bimá con las Cuatro Especies, recitando las Hoshanot. Al finalizar existe la antigua costumbre de tomar cinco ramas de aravá (sauce) y golpearlas contra el suelo.

Según la tradición cabalística, Hoshaná Rabá representa una especie de culminación del juicio iniciado en Rosh Hashaná y Iom Kipur. Por eso la noche de Hoshaná Rabá tiene costumbres especiales de estudio y plegaria.

En Jasidut, el día puede entenderse como el descenso de toda la espiritualidad de Tishrei hasta Maljut y la acción concreta. Después de recibir tanta luz —Rosh Hashaná, Iom Kipur y los días de Sucot— llega la pregunta decisiva: ¿cómo llevamos esa luz a nuestra vida cotidiana?

Por eso Hoshaná Rabá es simultáneamente un día de plegaria, alegría y culminación: cerramos los siete días de Sucot pidiendo que todo lo recibido se materialice en un año de vida, bendición y Gueulá.

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Las principales costumbres de Hoshaná Rabá (הושענא רבה) son:

  • Estudiar durante la noche: existe la costumbre del Tikún Leil Hoshaná Rabá. Se acostumbra permanecer despierto estudiando Torá; tradicionalmente se recorre Sefer Devarim y se recitan secciones de Tehilim. En las comunidades hay distintas prácticas.
  • Rezar con especial intensidad: aunque Hoshaná Rabá pertenece a Jol HaMoed Sucot, posee un carácter especial de cierre y culminación de los días de juicio de Tishrei.
  • Las siete Hoshanot: en Shajarit se realizan siete hakafot alrededor de la bimá, llevando el lulav y el etrog y recitando las plegarias de Hoshanot. Durante los días anteriores de Sucot se hace una vuelta por día; en Hoshaná Rabá se hacen siete.
  • La aravá: después de las Hoshanot se toman cinco ramas de sauce — aravot separadas del lulav. Se recitan las plegarias correspondientes y se acostumbra golpearlas cinco veces contra el suelo, según la tradición recibida.
  • Alegría: pese al aspecto solemne del día, no es un día triste. Es Sucot, “Zman Simjateinu” — el tiempo de nuestra alegría. En Jasidut se enfatiza que incluso la avodá vinculada al juicio debe realizarse con alegría y confianza en Hashem.
  • Comer en la Sucá: seguimos cumpliendo la mitzvá de habitar y comer en la Sucá durante Hoshaná Rabá. Es nuestra última jornada completa dentro de la Sucá antes de Sheminí Atzeret.

Hoshaná Rabá lleva hasta la acción concreta todo lo alcanzado desde Rosh Hashaná: aquello que comenzó con la coronación de Hashem en Rosh Hashaná, pasó por la teshuvá de Iom Kipur y se reveló con alegría en Sucot, ahora debe penetrar en nuestra vida cotidiana.

En el séptimo día de Sucot, Hoshaná Rabá, las siete cualidades del alma alcanzan su culminación en Maljut. Es el momento de reunir toda la luz recibida durante la festividad y llevarla a la vida concreta: transformar la emuná, la alegría y la unión con Hashem en palabras y acciones, preparando el mundo para la revelación plena de Su reinado.

Para el séptimo día de Sucot — Hoshaná Rabá, la meditación puede centrarse en Maljut, la culminación de los siete días: todo lo que descendió desde Jesed hasta Iesod debe ahora entrar en la realidad y convertirse en acción.

Durante Sucot fuimos recorriendo las siete cualidades del corazón: Jesed, Guevurá, Tiferet, Netzaj, Hod, Iesod y Maljut. El séptimo día corresponde a Maljut, el reinado. Pero la esencia de Maljut es paradójica: no posee luz propia. Como la luna, recibe la luz y la refleja. Por eso, el verdadero reinado de Hashem comienza cuando la persona deja de colocar su propio “yo” en el centro y se convierte en un recipiente para revelar la voluntad divina.

Este es también el día de David HaMélej, el séptimo de los Ushpizín. David representa precisamente Maljut. Su grandeza no nace de sentirse poderoso, sino de su shiflut, su humildad interior. Dice: “וְאָנֹכִי תוֹלַעַת וְלֹא אִישׁ — VaAnojí tolaat velo ish”, “Yo soy un gusano y no un hombre” (Tehilim 22:7). Y justamente desde esa profunda humildad puede surgir Maljut David, el reinado de David, destinado a alcanzar su plenitud con el Mashíaj.

En Hoshaná Rabá rodeamos la bimá siete veces. Durante los primeros seis días se realiza una hakafá cada día; ahora las siete vueltas aparecen juntas. Podemos meditarlas como la reunión de las siete midot alrededor de un único centro. Jesed ama a Hashem; Guevurá se somete ante Él; Tiferet busca Su verdad y belleza; Netzaj persevera; Hod agradece y reconoce; Iesod se une; y Maljut transforma todo ello en una vida gobernada por Hashem. Las siete vueltas dicen: no hay ningún aspecto de mi personalidad que quede fuera de este círculo.

También culmina aquí el misterio de los setenta toros de Sucot, correspondientes tradicionalmente a las setenta naciones. Su número fue disminuyendo día tras día: 13, 12, 11, 10, 9, 8 y finalmente 7. El movimiento es desde la multiplicidad hacia la unidad. Después de atravesar toda la diversidad del mundo, llegamos al siete: la estructura completa de la creación. Y después llegará Sheminí Atzeret, el octavo, que ya apunta a aquello que está por encima del orden natural.

Por eso el séptimo día puede comprenderse como el momento en que Israel reúne simbólicamente todo lo trabajado durante Sucot y lo eleva hacia su fuente. No escapamos del mundo; reunimos sus múltiples fuerzas para revelar que detrás de todas ellas existe un solo Rey. Es el sentido profundo del versículo: “וְהָיָה ה׳ לְמֶלֶךְ עַל כָּל הָאָרֶץ… ה׳ אֶחָד וּשְׁמוֹ אֶחָד” — “Hashem será Rey sobre toda la tierra; en aquel día Hashem será Uno y Su Nombre Uno” (Zejariá 14:9).

Y aquí aparece una hermosa conexión con la enseñanza de Gal Einai: Maljut es también la capacidad de hablar. El pensamiento y las emociones permanecen ocultos hasta que la palabra los lleva afuera. Todo lo que recibimos durante estos siete días —emuná, alegría, amor, temor reverencial, unión y conciencia de Hashem— debe finalmente convertirse en palabras y actos capaces de transformar el mundo. La espiritualidad que no desciende hasta Maljut todavía no completó su recorrido.

Podemos entonces entrar en la última jornada de Sucot con una pregunta: ¿qué voy a llevar de la Sucá a mi vida cotidiana? No basta haber estado siete días bajo la sombra de la emuná. Ahora esa sombra tiene que acompañarnos cuando salgamos de la Sucá. Que nuestra casa sea una Sucá, que nuestra palabra revele Torá, que nuestros actos revelen bondad y que nuestra vida proclame silenciosamente: Hashem Mélej, Hashem Malaj, Hashem Iimloj leolam vaed.

Y en Hoshaná Rabá pedimos una última vez con toda la fuerza: הוֹשַׁע נָא — Hoshá Na, “¡Sálvanos, por favor!”. No solamente “sálvame a mí”, sino salva y eleva todo lo que hemos reunido durante estos siete días. Lleva las siete cualidades a su perfección, lleva a las setenta naciones al reconocimiento del Creador y lleva a Maljut a su plenitud: Maljut Beit David y la Gueulá completa con Mashíaj Tzidkeinu.

Meditación breve: “Hoy es Maljut. No necesito ser el centro; necesito revelar el Centro. Que todo lo que pensé, sentí y aprendí durante Sucot descienda hoy a mis palabras y a mis actos. Que mi pequeña maljut revele la Maljut de Hashem, hasta que ‘Hashem sea Uno y Su Nombre Uno’.”


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