Razi: El más grande de los “ovdim”

Razi nos contará acerca de la figura del famoso jasid, Rabí Hilel de Paritch

Shiló Ofan

¡Shalom, niños!

Este Shabat, 11 de Menajem Av, es el día de la hilulá del gran jasid Rabí Hilel de Paritch. ¿Por qué decimos “el gran jasid”? Porque cuando queremos describir la figura de un verdadero jasid, un auténtico servidor de Hashem, inmediatamente pensamos en él.

El Rebe Tzemaj Tzedek dijo acerca de Rabí Hilel que era un “tzadik en sus actos”, y que no había habido alguien como él en el mundo durante trescientos años.

Rabí Hilel fue un gran genio en el estudio de la Torá y un pensador extraordinariamente profundo en el estudio de la Jasidut. Al igual que los Rebeim, pronunciaba discursos jasídicos ante sus discípulos, y estos fueron recopilados en la serie de libros Pelaj HaRimón.

Pero lo que más destacaba en él era su extraordinario servicio a Hashem. En el lenguaje de la Jasidut, Rabí Hilel era un verdadero oved, alguien que trabajaba intensa y constantemente sobre sí mismo en su avodá espiritual.

En su honor, contaremos algunas historias que nos permitirán conocer un poco mejor su maravillosa personalidad.

Aprende a valorarte a ti mismo

Rabí Hilel creció en un hogar jasídico. Su padre estaba ligado a Rabí Mordejai de Chernóbil, y desde muy joven Rabí Hilel fue reconocido como un prodigio excepcional. En cierto momento llegaron a sus oídos noticias acerca de Jasidut Jabad, de su camino y de la figura del Admur HaZakén. Decidió investigar el asunto personalmente, pero antes preparó una serie de difíciles preguntas de Guemará con las que pensaba “examinar” la grandeza del Rebe.

La Guemará de la que eligió sus preguntas fue el tratado Arajín, que trata, entre otros temas, de los valores monetarios establecidos por la Torá para quien se compromete a donar su “valor” al Beit HaMikdash. En pocas palabras: ¿cuánto vale una persona? El tratado Arajín se encuentra hacia el final del Shas y no todos los estudiosos lo conocen en profundidad. Por eso Rabí Hilel lo eligió precisamente para poner a prueba al Rebe.

En aquella época, el Admur HaZakén se encontraba viajando de un lugar a otro. Eran los días de la guerra entre Napoleón y el zar de Rusia. El Admur HaZakén se oponía a Napoleón, que avanzaba conquistando territorios cada vez más profundos dentro de Rusia. “El zar oprime a los judíos materialmente —explicaba el Admur HaZakén—, pero las mejoras que trae Napoleón son todavía más peligrosas, porque pueden destruir su espiritualidad.” Por esa razón, el Admur HaZakén tuvo que huir constantemente del ejército francés.

Rabí Hilel deseaba ardientemente encontrarse con él, pero una y otra vez llegaba al lugar justo después de que el Rebe ya se hubiera marchado. Hasta que cierta vez logró adelantarse. Averiguó a qué lugar debía llegar el Rebe y llegó allí antes que él. Se instaló en la habitación que estaba preparada para recibirlo, se escondió debajo de la cama y esperó.

De repente, se abrió la puerta. El Admur HaZakén entró en la habitación y, como acostumbraba, comenzó a hablar consigo mismo con una melodía:

“¡Joven, joven! Antes de preparar una pregunta sobre Arajín… ¿sabes hacer una verdadera evaluación de ti mismo?”

Rabí Hilel, que ni siquiera logró ver el rostro del Rebe y solo alcanzó a distinguir sus pies, escuchó estas palabras y se desmayó. Cuando recuperó el conocimiento, el Rebe ya no estaba allí. El Admur HaZakén continuó su viaje y poco tiempo después falleció.

Mesirut néfesh por la Jasidut

Las palabras del Rebe habían penetrado profundamente en el corazón de Rabí Hilel. Regresó a su casa y al entorno jasídico en el que se había criado, pero su alma ya estaba en otro lugar. Anhelaba escuchar Jasidut, palabras de Elokut viviente, los llamados Divrei Elokim Jaim. Rabí Mordejai quería que aquel joven tan talentoso permaneciera con él e intentó por todos los medios evitar que viajara a Lubavitch.

Llamó a Rabí Hilel y le advirtió: “Debes saber que tu padre estaba ligado a mi padre, Rabí Menajem Najum, autor del Meor Einaim, y tú estás ligado a mí desde la raíz de tu alma. Si viajas allí, te estarás separando de tu raíz. Terminarás con el ombligo hacia arriba.” La última frase sonaba ya casi como una amenaza, pues una persona fallecida yace con el rostro hacia arriba.

Pero el intenso deseo de Rabí Hilel fue más fuerte incluso que aquella advertencia. Para él, la Jasidut estaba por encima de todo. Rabí Mordejai llegó incluso a colocar guardias para asegurarse de que Rabí Hilel no abandonara el lugar. Sin embargo, Rabí Hilel logró escapar muy temprano por la mañana y subir a una carreta rumbo a Lubavitch, para encontrarse con el Admur HaEmtzaí, hijo y sucesor del Admur HaZakén.

—¡Ve rápido! —ordenó al carretero—. ¡Que no nos alcancen! El carretero azuzó los caballos y comenzaron a galopar. Por la velocidad, la carreta volcó en una curva y cayó al costado del camino. El carretero y Rabí Hilel terminaron tendidos en el suelo, pero, gracias a Hashem, sin heridas graves. Cuando finalmente Rabí Hilel llegó ante el Admur HaEmtzaí, le expresó su preocupación. La severidad o el enojo de un tzadik no es algo menor. Quizás había cometido un error al huir hacia Lubavitch.

El Admur HaEmtzaí lo tranquilizó: “Ya cumpliste con la advertencia de Rabí Mordejai. En el accidente del camino ya estuviste acostado con el ombligo hacia arriba…” ¡Esto sí era mesirut néfesh por la Jasidut!

El alma entiende

Pasaron los años. Rabí Hilel se convirtió en un jasid profundamente ligado al Admur HaEmtzaí y, después, al Tzemaj Tzedek. Llegó a ser uno de los grandes mashpiím de Jabad. Sus plegarias duraban muchas horas y surgían de lo más profundo de su corazón.

Rabí Hilel decía: “La Jasidut está íntimamente ligada al sentido de la música.” Él mismo compuso diez melodías jasídicas especiales y profundas. El Admur HaEmtzaí lo enviaba a ciudades lejanas con una misión particular: “Siembra espiritualidad y cosecha materialidad.” Es decir: ve a recolectar tzedaká para los pobres de Eretz Israel y, durante el camino, enseña Jasidut.

Rabí Hilel recorría las aldeas y ciudades de Rusia y llegaba incluso a lugares donde vivían judíos muy sencillos, personas para quienes las profundas enseñanzas de Jasidut estaban aparentemente muy por encima de su nivel de comprensión. Pero para Rabí Hilel eso no era un impedimento. Cuando alguien le preguntaba qué sentido tenía enseñar ideas tan profundas a personas que aparentemente no podían comprenderlas, respondía: “El alma entiende.”

Rezar antes de la plegaria

Sobre su inmenso amor por las enseñanzas de la Jasidut se cuenta la siguiente historia. En una ocasión llegó ante Rabí Hilel uno de sus discípulos y le planteó una pregunta: —Como preparación para la plegaria estudio mucha Jasidut, intentando comprenderla profundamente, y eso me da mucha vitalidad. Pero después de toda esa preparación, cuando finalmente me dispongo a rezar, todo desaparece. No siento nada. Mi corazón permanece cerrado y duro como una piedra.

Rabí Hilel no respondió inmediatamente. —Esa es una pregunta que deberías hacerle al Rebe, no a mí —dijo. El discípulo insistió: —Pero el Rebe no está aquí. ¿A quién puedo preguntarle? Rabí Hilel respondió con otra pregunta: —¿Y si en Sucot no tienes un lulav, acaso tomas una escoba en su lugar? El discípulo no se rindió. —Pero de todos modos, ¿qué debo hacer?

Finalmente Rabí Hilel accedió a responderle, nuevamente con una pregunta: “¿Y qué te importa si estás rezando antes de la plegaria?” Es decir, si el estudio profundo de Jasidut previo al rezo ya despierta tu alma, te conecta con Hashem y genera en ti una verdadera avodá interior, entonces quizás esa preparación misma ya forma parte esencial de tu plegaria. Esta fue apenas una pequeña muestra de la figura de uno de los más grandes ovdim de la Jasidut Jabad.

Que tengamos el mérito de caminar por sus caminos.

¡Shabat Shalom Umevoraj!

Razi


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