Los Nueve Principios de la Fe: Parte 2

Fundamentos de Jasidut

PARTE 1: https://galeinai.org/2026/06/18/los-nueve-principios-de-la-fe-parte-1/

PARTE 2: https://galeinai.org/2026/06/25/los-nueve-principios-de-la-fe-parte-2/

PARTE 3 https://galeinai.org/2026/06/25/los-nueve-principios-de-la-fe-parte-3/

RENOVACIÓN CONTINUA DE LA CREACIÓN Y PROVIDENCIA DIVINA

Uno de los conceptos más conocidos en el judaísmo son los 13 Principios de Fe de Maimónides, que aparecen originalmente en su comentario sobre la Mishná. Según el Zohar, su origen está vinculado a los 13 Principios de Misericordia Divina que Di-s reveló a Moisés para ayudar a lograr el perdón de Di-s. Menos conocidos son los 9 Principios de Misericordia Divina que se encuentran en la parashat Shelaj, de los cuales provienen los 9 Principios de Fe de la dimensión interior de la Torá.

En esta entrega sobre este tema, repasamos el tercer principio: que no solo la realidad se crea a partir de la nada,, sino que es continuamente recreada por Di-s, en cada instante.

El contenido de esta serie apareció por primera vez en hebreo, en el libro de HaRav Ginsburgh, Emuna VeMuda’ut (Fe y Conciencia). Se está traduciendo aquí por primera vez.

Según la dimensión revelada de la Torá, uno debe creer y saber que Di-s creó el mundo a partir de la nada absoluta y el vacío, ya que la Torá comienza: “En el principio, Di-s creó los cielos y la tierra”,[1] pero no hace falta decir que esta creación es perpetua, y se repite a cada instante. La dimensión interior de la Torá, la Cabalá y el Jasidut, explican que la Creación no fue un evento puntual, sino un acto continuo del Creador. La realidad no puede existir independientemente del Creador y, por tanto, sostenerla requiere recrearla continuamente.

“El mundo fue construido con bondad”

Este principio de fe está relacionado con la sefirá de bondad, de la que está dicho: “El mundo fue construido con bondad “[2], Olam jesed ibané (עוֹלַם חֶסֶד יִבָּנֶה). La conjugación del verbo “construir”, ibané (יִבָּנֶה) en este verso implica un acto de construcción en constante renovación. La bondad en sí misma se asocia con la continuidad en cada momento, como en el versículo “la bondad de Di-s nos acompaña a lo largo de todo el día”[3] así como “en Su bondad, renueva diariamente, perpetuamente, el acto de la Creación.”[4]

Se explica en Jasidut que la propia renovación de la existencia proviene del atributo de bondad de Di-s. Al mismo tiempo que la Creación se recrea continuamente, usando Su atributo de poder (guevurá), Di-s se oculta de las criaturas que creó, para que se sientan independientes, reales y autónomas. Este ocultamiento del Creador de la creación se conoce como “contracción”, tzimtzum (צִמְצוּם). Como resultado, quien solo siente el atributo de poder de Di-s – el atributo mediante el cual Di-s se oculta y esconde – es incapaz de sentir la renovación de la creación en cada momento. Experimentar la Creación (así como la propia) es el sentimiento de la bondad divina que da origen al mundo.

Juicio y bondad

Di-s crea el mundo en cada momento a partir de Su maravilloso amor por cada criatura que creó para Su honor, cavod (כָּבוֹד).[5] La Torá incluye más de un relato de la Creación, cada uno desde una perspectiva diferente y usando distintos Nombres de Di-s.

El primer relato está ordenado por días y dura 7 días. Ya hemos visto que comienza con las famosas palabras: «Al principio, Di-s creó los cielos y la tierra».[6] El segundo relato comienza con el versículo: “Estas son las crónicas de los cielos y de la tierra cuando fueron creados el día  en que Havaia Elokim hizo la tierra y los cielos.”[7] Los sabios comentan que la palabra hebrea que significa “cuando fueron creados”, Behibaram (בְּהִבָּרְאָם) puede permutar para formar “con Abraham”, beAbraham (בְּאַבְרָהָם), lo que significa que, de alguna manera, la Creación fue creada con Abraham. ¿Cómo podemos entender esto?

Abraham es descrito como el hombre de amor y bondad, y la idea de que el mundo fue creado con él significa que fue a través de su raíz del alma -la raíz arquetípica del alma del atributo de Di-s de bondad suprema – que Di-s creó el mundo. El primer relato de la Torá sobre la Creación solo menciona el Nombre de Di-s Elokim, el Nombre asociado a Su atributo de juicio. Esto lleva a la realización de que cuanto más se experimenta el juicio de Di-s en la Creación, más se experimenta la Creación como un acto puntual que ocurrió en el pasado. Por consiguiente, cuanto más se siente la bondad de Di-s – el atributo arquetípico de Abraham – más se percibe que la Creación es un acto que se desarrolla de forma continua y que está teniendo lugar incluso en este mismo instante.

De hecho, la raíz del alma de Abraham puede encontrarse no solo en el segundo relato de la Creación, sino también en el primero. Antes de que Di-s cambiara su nombre a Abraham, el nombre de nuestro primer patriarca era Avram; más concretamente, en la antigua Tierra de Canaán era conocido como Avram el Hebreo, Avram haIvri (אַבְרָם הָעִבְרִי), donde “el Hebreo” es cognado con “el pasado”, avar (עָבָר). En el primer versículo de la Torá, “Di-s creó” (בָּרָא אֱ-לֹהִים) es un anagrama de “el Di-s de Avram”, Elokei Avram (אֱ-לֹהֵי אַבְרָם). Se podría decir que cuando Abraham aún se llamaba Avram, poseía fe en Di-s como Creador y Guía del mundo, pero aún no había tenido una revelación[8] completa del continuo proceso de traída a la existencia de toda la Creación, desde la nada absoluta. Pero en el momento de su circuncisión, cuando mereció ser llamado Abraham, mereció la revelación completa de la plena fe en un proceso de creación continuo de la existencia.

Fue entonces cuando adquirió la capacidad de proclamar que Di-s no era solo el Creador, sino el mundo – Di-s, que Di-s y la Creación son uno en el sentido de que Di-s da vida a la Creación en cada nuevo momento: “Él [Abraham] proclamó allí a Havaia, Di-s del mundo.”[9] Por eso “behibar’am” se escribe con una pequeño hei, insinuando que al principio de la creación esta hei estaba en “potencial”, para ser revelada (cuando Abraham, nuestro antepasado, tenía 99 años en su circuncisión.)

Además, en el primer relato de la Torá sobre la Creación, el verbo usado para la creación, bará (בָּרָא) está en la forma perfecta del pasado, lo que enfatiza que es algo que ocurrió en el pasado. Pero en la segunda explicación de la Creación, la palabra “cuando fueron creados”, behibram (בְּהִבָּרְאָם) está en el infinitivo constructo y, por tanto, no conlleva un tiempo – no es pasado, presente ni futuro; se podría decir que es atemporal, exactamente la manera en que deberíamos entender la Creación continua. 

Discurso y mirada

Di-s crea perpetuamente el mundo a través de los Diez Dichos de la Creación. Esto se alude en el versículo “Por siempre, oh Di-s, Tu palabra está en los cielos”,[10] que describe el dicho de Di-s, “Que sea un firmamento”,[11] que se mantiene, por así decirlo, en todo momento en los cielos y los consolida en el firmamento. Si aunque fuera por un solo momento, esa expresión creadora cesara, los cielos – y de hecho toda la Creación – dejarían de existir.

Claramente, Di-s no “habla” en el sentido literal, porque eso haría que Di-s fuera corpóreo y antropomorfizara el acto de la Creación, que sabemos que van en contra del tercer principio de fe de Maimónides: que Di-s no es corpóreo. La filosofía jasídica explica que la Torá describe el acto de la Creación con el habla: “Di-s dijo: ‘Que haya firmamento'” para implicar que incluso la Creación continua es simplemente la dimensión externa de la relación de Di-s con Su mundo, así como el habla es relativamente externa al pensamiento.

De hecho, el habla es la expresión externa del pensamiento, revelando que dentro del acto continuo de la Creación, existe una dimensión interior que relaciona a Di-s con la Creación. Esta relación interior es la Providencia Divina, y a veces se describe como la mirada amorosa y protectora que Di-s tiene sobre cada una de Sus criaturas. La mirada es otra forma de expresar atención. Di-s no solo hace que la Creación exista, sino que observa, cuida y presta atención constantemente a todos los pequeños y específicos acontecimientos que ocurren dentro de la Creación.

La mirada de Di-s, por así decirlo, Su Providencia individual, también expresa Su maravilloso amor por el mundo que creó para Su gloria. Una vez más, quien solo experimenta el atributo del juicio en la Creación no puede sentir la Providencia Divina individual, solo la Providencia general.[12] La fe en la Providencia Divina individual corresponde al primer principio de fe de Maimónides, que el Creador conoce todas las obras de los humanos y todos sus pensamientos, excepto que, según la dimensión interior de la Torá, el conocimiento de Di-s y la Providencia individual sobre todo lo que creó (con amor) se unen con Su discurso que lo hace existir todo, en cada momento y constantemente. La atención, el cuidado y el amor de Di-s son, por tanto, la vitalidad interior de todo lo que existe.

Creación continua y bondad

Ya hemos visto la conexión íntima entre la Creación como un acto de amor y conciencia de la Creación continua y la fe de Abraham. Lo que nos queda por explorar es una conexión adicional entre este principio de fe de la dimensión interior de la Torá y la sefirá de bondad. La bondad se encuentra en el eje derecho de las sefirot, encima de ella está la sabiduría (jojmá), y debajo de ella está eternidad, o victoria (netzaj).

Una de las formas en que se puede entender la diferencia entre los ejes derecho e izquierdo es que el eje derecho es relativamente masculino y el eje izquierdo relativamente femenino. Mientras que lo masculino se caracteriza por un descenso de arriba hacia abajo, una extensión, hitpashtut (הִתְפַּשְּׁטוּת) hacia la realidad, lo femenino se caracteriza por un ascenso de abajo a arriba y un retraimiento, histalkut (הִסְתַּלְּקוּת).[13]

De hecho, la extensión de Di-s a la realidad, que ocurre a través del acto de la Creación, se asocia de forma más natural con el eje derecho, que representa la efusión y el amor de Di-s por la realidad. Por encima de bondad está sabiduría, que hemos visto corresponder con el principio de fe en la renovación de la Torá en el futuro.[14] Estas dos sefirot – que representan la renovación de la Torá y la recreación continua del mundo – se ven unidas por la afirmación de los Sabios de que, “Di-s miró dentro de la Torá y creó el mundo.”[15] La mirada está asociada con la sabiduría (el asiento, la sede de los ojos), mientras que el acto propio de la Creación se asocia con la bondad, como hemos visto.


[1] Génesis 1:1.

[2] Salmos 89:3.

[3] Ibid. 52:3.

[4] Liturgia, bendición de Iotzer Or.

[5] El honor de Di-s también se refiere a Su atributo de amor. Un ejemplo de esto está en el mandamiento de honrar a los padres: “Honra a tu padre y a tu madre” (Éxodo 20:12). Lo opuesto al amor es el temor o el miedo, y de hecho también se nos ordena temer a nuestros padres – “todo hombre teme a su madre y a su padre” (Levítico 19:3).

[6] Génesis 1:1.

[7] Ibid. 2:4.

[8] La revelación inicial de Abraham se denomina “la mente más allá de toda concepción”, sejel haneelam micol raaion (שֵׂכֶל הַנֶּעֱלָם מִכָּל רַעֲיוֹן), correspondiente a la facultad de sabiduría superconsciente. Aún no había revelado que eso también implicara sus facultades de entnedimiento y conocimiento.

[9] Génesis 21:33.

[10] Salmos 119:89.

[11] Génesis 1:6.

[12] Véase la Guía de Maimónides para el perplejo 3:17.

[13] Véase también nuestro artículo, “¿Cuándo vendrá el Mashíaj?” en Wonders número 195 (Shavu’ot 5786).

[14] Consulta la primera entrega de esta serie en el número 198 de Wonders.

[15] Zohar 1:134a.


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