MELAVE MALKA VAERA 5787

SHAVUA TOV

Se acostumbra contar, cada salida de Shabat, durante la comida de Melavé Malká, un relato jasídico sobre el Baal Shem Tov. Se considera una segulá para tener un buen sustento, tener hijos y recibir satisfacciones de ellos, disfrutar de una vida buena y larga y gozar de salud.

🔸COMO YA LES CONTÉ, LA FAMILIA ESTÁ PRIMERO: LA CLASE DE ASTROLOGÍA SE TRASLADA PARA EL LUNES, PORQUE MAÑANA FESTEJAMOS EL BAR MITZVÁ DE MI NIETO MENDY – MAZAL TOV Y ALEGRÍAS PARA TODOS🔸

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CUENTO 1

TREINTA MIL ZLOTIS

Rabí Meir Shapira de Lublin

Cuando Rabí Meir Shapira de Lublin fue elegido rabino de la ciudad de Lodz, pronunció un discurso apasionado y conmovedor sobre la difícil situación en la que se encontraban los estudiantes de las ieshivot.

Durante su discurso contó que el malvado gobierno de Polonia le había impuesto el pago de un impuesto de treinta mil zlotIs, una suma que en aquella época representaba una verdadera fortuna. Sin pagar esa cantidad, no podía abrir las puertas de la ieshivá que había fundado, Ieshivat Jajmei Lublin (la Ieshivá de los Sabios de Lublin).

Una noche soñó que se le acercaba un judío y le decía que estaba dispuesto a pagar los treinta mil zlotIs, con una sola condición: que le vendiera toda su parte en el Mundo Venidero.

Cuando despertó, Rabí Meir reflexionó: «Es sabido que aquello en lo que pensamos durante el día aparece en nuestros sueños por la noche. Pero durante el día jamás pensé que alguien pudiera venir a ofrecerme semejante suma a cambio de mi Mundo Venidero. Por lo tanto, aparentemente se trata de un sueño verdadero».

Y así fue.

Poco tiempo después llegó a verlo un judío que le dijo:

—Estoy dispuesto a entregarle en efectivo los treinta mil zlotIs, con la condición de que me venda toda su parte en el Mundo Venidero.

Rabí Meir aceptó la propuesta y redactó un contrato formal, tal como correspondía.

Sin embargo, introdujo una cláusula muy especial:

«Le vendo toda la parte del Mundo Venidero que me corresponde hasta este preciso momento. Pero la recompensa del Mundo Venidero que me corresponde por haber vendido mi Mundo Venidero para poder abrir la ieshivá, esa recompensa no está incluida en la venta».

El comprador aceptó también esta condición. De esta manera, Rabí Meir Shapira pudo pagar todas sus deudas y finalmente abrir las puertas de la ieshivá.

Extraído del libro «Iehí Or» (Que haya luz).

¿QUIÉN FUE RABÍ MEIR SHAPIRA?

Rabí Meir Shapira fue rabino de Lublin y posteriormente de Lodz. Fundó la célebre Ieshivat Jajmei Lublin y se entregó de todo corazón al bienestar y a la educación de sus alumnos.

Fue presidente de Agudat Israel en Polonia y el creador de la iniciativa del Daf Iomí, el estudio diario de una página del Talmud, gracias al cual miles de judíos de todo el mundo estudian cada día la misma página de Guemará.

Falleció el 7 de Jeshván de 5694 (1933) y sus restos descansan en Har HaMenujot, Jerusalén.

En la fotografía: Rabí Meir Shapira junto a los estudiantes de su ieshivá.

La enseñanza del relato: Rabí Meir Shapira estuvo dispuesto a entregar toda su recompensa espiritual acumulada para que otros judíos pudieran estudiar Torá. Pero precisamente ese acto de entrega absoluta generó un mérito nuevo, que no podía estar incluido en la venta: la recompensa por haber renunciado a su propia recompensa para asegurar el futuro de la Torá.

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CUENTO 2

UN TZADIK FUNDAMENTAL

REBE ZEV KITZES

Rebe Zev Wolf Kitzes, uno de los discípulos más distinguidos del Ba’al Shem Tov y su compañero más cercano, nació en el año 5455 (1695). Era reconocido como un genio y erudito de todas las partes de la Torá, con un amplio conocimiento en la sabiduría del mundo también. Ejerció como rabino de Tulchin y más tarde se mudó a Mezhibuzh, donde ejercía su suegro, Rabi Naftali. Junto con Rabi David Furkas dirigió un grupo de ascetas, hasta que un encuentro con el Ba’al Shem Tov les reveló la profundidad de la santidad de este último y se convirtieron en sus discípulos cercanos.

El Ba’al Shem Tov dijo de él: “Entre tú y yo no hay más que un ancho de cabello, pero no puedes cruzarlo”. Sus criterios de pureza eran extraordinarios, y se decía de él que sumergía todos sus utensilios domésticos en la mikvé, incluso una aguja. Falleció en Mezhibuzh el 12 de Jeshván, 5549 (1788), y fue enterrado cerca del Ba’al Shem Tov.

Una vez, el Ba’al Shem Tov dijo a su círculo de discípulos: “La próxima semana vendrá aquí un hombre justo, un tzadik que es fundamento del mundo. Quien le dé algo de placer a este hombre merecerá el Mundo por Venir”. Esa semana, Rebe Zev Kitzes se dispuso a encontrar el tzadik del que había hablado su maestro. Buscó en las posadas y en los albergues comunales donde los pobres eran alojados a cargo de la comunidad, pero no encontró al hombre.

CUENTO 3

Con la ayuda del Cielo

EL BAAL SHEM TOV Y RABÍ MENAJEM MENDEL DE RIMANOV

Una historia jasídica sobre los milagros, la santidad y el verdadero temor al Cielo.

Cuentan que en una ocasión Rabí Menajem Mendel de Rimanov regresó de una visita al sagrado lugar de descanso del Baal Shem Tov.

Después de su regreso, comenzó a relatar con gran entusiasmo y emoción que, durante aquella visita, había tenido el mérito de experimentar una revelación del alma del santo Baal Shem Tov.

Cuando la noticia de sus palabras llegó a oídos del santo rabino, autor del libro Deguel Majané Efraim, que era nieto del Baal Shem Tov, aquello no fue de su agrado y despertó en él un profundo disgusto.

Cuando Rabí Mendele se enteró del enojo y el disgusto del nieto del Baal Shem Tov, se levantó inmediatamente y viajó especialmente para encontrarse con él, con la intención de apaciguarlo y disipar su malestar.

Sin embargo, cuando Rabí Mendele llegó y se presentó ante él, el autor del Deguel Majané Efraim lo recibió con gran frialdad. No lo invitó a permanecer como huésped durante Shabat, como era costumbre, sino que se dirigió a él inmediatamente con una pregunta tajante e inesperada:

—Decime, por favor, ¿dónde me encuentro en este momento?

Rabí Mendele, que comprendió la intención del tzadik y captó la profundidad de su pregunta, contempló mediante su ruaj hakodesh —inspiración divina— el lugar por el que transitaban los pensamientos del autor del Deguel en aquel instante, y respondió inmediatamente:

—En Ierushalaim.

El autor del Deguel continuó poniéndolo a prueba:

—¿Y ahora?

Rabí Mendele respondió:

—En el Beit HaMikdash, el Sagrado Templo.

El autor del Deguel Majané Efraim quedó profundamente impresionado ante la evidente inspiración divina de Rabí Mendele. Su enojo comenzó a disiparse y entonces le preguntó si realmente había tenido el mérito de ver a su abuelo, el Baal Shem Tov.

Una vez que le creyó, y después de que Rabí Mendele confirmara lo sucedido, el autor del Deguel quiso saber qué le había dicho su ilustre abuelo durante aquella revelación.

Rabí Mendele le respondió:

—El Baal Shem Tov me dijo que siente una profunda tristeza y un gran dolor porque las personas se dedican principalmente a contar las historias de sus milagros y maravillas, pero no relatan las historias de su temor al Cielo. Y precisamente de estas últimas se pueden aprender caminos para la vida y encontrar fortaleza en el servicio a Hashem.

En el instante en que el autor del Deguel Majané Efraim escuchó estas palabras tan puras y profundas, quedó completamente satisfecho y tranquilo.

Se acercó entonces a Rabí Mendele con amistad y cariño, y lo invitó con gran honor a sentarse a su lado en la mesa de Shabat.

Que por el mérito de los tzadikim, el Santo, bendito sea, conceda una curación completa, una salud firme y buenas noticias a todas las personas cuyos nombres fueron mencionados.

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Parashat Lej Lejá 5787

¿Quién determina las fronteras?

¿Qué aprendemos de la parashá acerca de nuestro derecho sobre la Tierra de Israel? ¿Por qué el orden de los versículos comienza por los territorios que serán entregados en la Redención?

Un toque de humor

«Antes de comenzar mi discurso —dijo el representante de Israel en la última sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas—, quisiera contarles una historia sobre Moshé Rabenu. Cuando Moshé golpeó la roca y brotó agua, pensó que aquella era su oportunidad para darse un baño. Se quitó la ropa, la dejó junto a la roca y entró al agua. Cuando salió y quiso vestirse, no encontró su ropa. ¡Los palestinos se la habían robado!».

«¡¿Cómo?! —protestó el observador palestino—. ¡En aquella época ni siquiera había palestinos en el mundo!».

El representante israelí sonrió y dijo: «Eso es lo que quería escuchar. Ahora puedo comenzar mi discurso…».

La Redención en la parashá

Últimamente escuchamos «silbidos y gorjeos» de las naciones del mundo —y, a veces, también del «gentil que hay en tu interior»— acerca de quién es el verdadero propietario de la Tierra de Israel. «¿A quién pertenece realmente esta tierra?». La verdadera respuesta a esta pregunta, y a otras más, se encuentra en la parashá de esta semana, Lej Lejá. En ella, la Torá nos relata el Pacto entre las Partes, el pacto que constituye el fundamento del vínculo entre la Tierra de Israel y el pueblo de Israel según la Torá de Israel. En este pacto, el Santo, bendito sea, promete a nuestro patriarca Avraham: «A tu descendencia he dado esta tierra» (Lej Lejá 15:18).[1] El uso del verbo «he dado», en pasado, despierta asombro: el Santo, bendito sea, todavía no había entregado nada; solo había prometido entregarlo en el futuro. Aparentemente, ¡la Torá debería haber escrito «daré» y no «he dado»!

De aquí, y de otros pasajes, nuestros Sabios aprenden que «la Tierra de Israel está en nuestra posesión desde nuestros antepasados». La Tierra de Israel es nuestra incluso antes de que la conquistáramos. Es nuestra desde antes de que entráramos en ella, desde antes del nacimiento del pueblo de Israel, desde aquella histórica promesa a nuestro patriarca Avraham.

Según numerosos comentaristas —el Or HaJaim y otros—, la palabra del Santo, bendito sea, equivale a un acto. Desde el momento de la promesa divina a Avraham de que sus hijos heredarían la Tierra Prometida, nuestro patriarca se convirtió en su dueño, en el propietario exclusivo de toda la tierra de Canaán. Y como los hijos de Israel son los únicos herederos de Avraham, es como si ya hubieran heredado la tierra desde aquel mismo momento. Por eso la Torá utiliza el pasado, «he dado», y no «daré»: para insinuar que la propiedad del pueblo de Israel sobre la Tierra de Israel es algo que ya quedó sellado y concluido, un hecho consumado que no admite impugnación alguna, ¡ni en el pasado, ni en el presente, ni en el futuro!

Pero, más allá de la política y la actualidad, ¿qué relación tiene el Pacto entre las Partes con la Redención verdadera y completa?

La relación con la Redención se encuentra en la continuación de los versículos cuyo comienzo citamos: «Desde el río de Egipto hasta el gran río, el río Éufrates: al kení, al kenizí y al kadmoní; al jití, al perizí y a los refaím; al emorí, al kenaaní, al guirgashí y al ievusí» (ibíd., 15:18 y siguientes).[1] El Santo, bendito sea, nos prometió desde el río de Egipto hasta el Éufrates, pero el pueblo de Israel nunca recibió el Éufrates, que se encuentra en algún lugar del lejano Irak. Nos prometió los territorios de las naciones kení, kenizí y kadmoní, y tampoco los recibimos jamás. Entonces, ¿acaso el Santo, bendito sea, promete y no cumple, Dios no lo permita?

El santo Or HaJaim ve en esto un enorme fortalecimiento de la fe de Israel en la futura Redención. Es evidente que, si el Santo, bendito sea, prometió algo, lo cumplirá. Y si no lo ha cumplido hasta ahora, es únicamente porque la promesa se refería principalmente a un tiempo futuro: la época de la Redención. Es cierto que en el pasado recibimos determinadas partes de la Tierra de Israel e incluso tuvimos una firme soberanía judía sobre amplias regiones. Pero aquello fue solamente el comienzo, apenas una muestra, porque el verdadero momento del cumplimiento de la promesa todavía no ha llegado.

La promesa se refería principalmente a la época de la Redención. Entonces, en la Redención verdadera y completa, el Santo, bendito sea, cumplirá lo que prometió a nuestro patriarca Avraham. Recibiremos, efectivamente, «desde el río de Egipto hasta el río Éufrates», mal que les pese a todas las naciones —árabes y occidentales…—. Entonces recibiremos los territorios del kení, el kenizí y el kadmoní sin ningún acuerdo político, tampoco acuerdos que lleven el nombre de «Avraham»…

El santo Or HaJaim encuentra un respaldo sencillo para esta interpretación en las palabras del versículo. Quien lea los versículos citados verá que el Santo, bendito sea, prometió a Avraham una tierra que abarcaba los territorios de diez naciones, comenzando por la nación kenizí y terminando por la ievusí.[2] Como señalamos, nunca recibimos los territorios de esas diez naciones. Todo lo que recibimos en el pasado fue la tierra de las «siete naciones», desde el jití hasta el ievusí. ¿Y qué sucedió con el kení, el kenizí y el kadmoní? Los territorios de estas tres naciones los recibiremos únicamente con la llegada de la Redención. Sin embargo, esto resulta muy extraño: precisamente las tres naciones cuyos territorios recibiremos solo en el futuro aparecen al comienzo del versículo, mientras que las naciones cuyos territorios sí recibimos aparecen al final. Es como si el versículo estuviera escrito en un orden cronológico inverso, del futuro al pasado. En palabras del santo Or HaJaim: «No corresponde anteponer lo posterior». Esto requiere una explicación.

Con ello, la Torá nos insinúa que la promesa del Santo, bendito sea, se refería principalmente a la época de la Redención. Entonces el versículo se cumplirá íntegramente y siguiendo su orden: primero recibiremos los territorios del kení, el kenizí y el kadmoní, y después también los de las otras siete naciones.

Encuentra un respaldo adicional en otro relato de nuestra parashá: la guerra de los cuatro reyes contra los cinco reyes. Como sabemos, después de aquella guerra, nuestro patriarca Avraham emprendió una operación militar extraordinaria y ajustó cuentas con los cuatro reyes con bastante rapidez —¡ojalá aprendiéramos de él!—. Los tres primeros reyes, Amrafel, rey de Shinar; Arioj, rey de Elasar; y Kedorlaómer, rey de Eilam, tenían una identidad clara y un territorio definido. Sin embargo, el cuarto, Tidál, es mencionado en la Torá como «rey de naciones», sin identificar una nación ni un territorio determinados.

Según la explicación del Or HaJaim, también esto constituye una alusión a la Redención y a la herencia de la Tierra de Israel. La victoria de Avraham sobre los tres primeros reyes representa la conquista de los territorios de las tres naciones —kení, kenizí y kadmoní— en la Redención completa. Como consecuencia, las demás naciones, las siete restantes, se someterán al gobierno de Israel. Esto se insinúa en la victoria sobre el cuarto rey, Tidál, que era «rey de naciones»: representa, por así decirlo, la conquista de los territorios de las otras siete naciones, que en el futuro se someterán al pueblo de Israel.

En cuanto a nosotros, la Jasidut explica el motivo interior por el que, en la época actual, el Santo, bendito sea, nos entregó únicamente la tierra de las siete naciones, mientras que en el futuro recibiremos los diez territorios. El número siete representa el mundo de las cualidades emocionales, las midot, mientras que las tres naciones restantes representan las tres facultades del intelecto: Jabad, Jojmá, Biná y Dáat.

Esta es la diferencia principal entre la época del exilio y la llegada de la Redención. En el presente se nos exige rectificar principalmente el mundo emocional: reprimir las malas cualidades y encauzar las cualidades naturales en la dirección correcta. La principal lucha interior de la persona se concentra en el ámbito emocional, en la batalla contra las pasiones y los impulsos. Debemos trabajar para rectificar y refinar las malas cualidades. Sin embargo, con la llegada del Mashíaj comenzará una nueva era, denominada en la Jasidut «el servicio de las facultades intelectuales», avodat hamojín. El intelecto será entonces un fin y un objetivo en sí mismo, y no solamente un medio para rectificar las emociones. Nuestra ocupación principal será el conocimiento de Hashem. Esto se expresará en la recepción de los tres territorios adicionales, que simbolizan la plenitud de las facultades intelectuales.

Por eso, para merecer el cumplimiento de la promesa de la Redención y recibir la tierra de las diez naciones, debemos comenzar ya ahora con este tipo de servicio: concentrarnos en el conocimiento de Hashem mediante el estudio profundo de los discursos de Jasidut. Debemos intentar comprender, según nuestras posibilidades, incluso conceptos y cuestiones que, a primera vista, nos parecen completamente abstractos e imposibles de captar. Y sea Su voluntad que, mediante el incremento del estudio de la Jasidut, merezcamos ya la llegada del Mashíaj, tal como el rey Mashíaj se lo prometió al Baal Shem Tov.

Un relato para concluir

Terminaremos con una historia sobre la santidad de la Tierra de Israel.

Se cuenta que un jasid de Polonia emigró a la Tierra de Israel y estableció su residencia en Ierushalaim. Después de un tiempo, no logró adaptarse a las condiciones de vida de la ciudad, que eran muy difíciles, y decidió regresar a Polonia. Antes de partir fue a despedirse del tzadik Rabí Simjá Bunim de Vurka, quien residía entonces en Ierushalaim, y le explicó por qué quería abandonar la tierra.

El tzadik suspiró desde lo más profundo de su corazón y le dijo: «Siento mucha compasión por ti. Por lo visto, no has hallado gracia a los ojos de Ierushalaim, porque, si hubieras hallado gracia ante ella, también Ierushalaim habría hallado gracia a tus ojos».

Aquellas palabras penetraron en el corazón del jasid. Cambió de decisión y se quedó en Ierushalaim.

¡Que merezcamos verla reconstruida pronto!

«Mashíaj en la parashá», basado en el Or HaJaim sobre Bereshit 15:17 y siguientes.

¡Que viva nuestro señor, maestro y Rebe, el rey Mashíaj, por siempre jamás!
Iaacov Lenchner

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❣️¡Una buena y bendecida semana!❣️

💎💎Para la elevación del alma de💎💎
Iosef Itzjak, hijo de Abraham y Shterna Sara

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INSTITUTO GAL EINAI
EL PORTAL A LA DIMENSIÓN INTERIOR DE LA TORÁ
Del RABINO ITZJAK GINSBURGH

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