ESTUDIO SEMANAL: Parashá Lej Lejá

Este artículo apareció como un pequeño folleto titulado Lej Lejá en 5757 (1997) y más tarde fue publicado por Gal Einai como parte de la colección de artículos de HaRav Ginsburgh conocidos como Esá Einai en 5758 (1998). Este artículo se basa en algunos de los mismos fundamentos que otro artículo titulado “Apertura, Identidad y Madurez” también impreso en Esá Einai.
Se está publicando aquí en español por primera vez, en relación con la parashat Lej Lejá y con algunos cambios editoriales menores.
Encontrar Tu Verdadero Yo
Las primeras palabras de Di- s a Abraham, el primer judío, son Lej Lejá, “Ve a ti “:
Ve [a] ti desde tu tierra, desde tu lugar de nacimiento, y desde la casa de tu padre a la tierra que Yo te mostraré. Y te haré una gran nación, y te bendeciré, y haré grande tu nombre, y serás una bendición. Y bendeciré a los que te bendigan, y al que te maldiga, yo maldeciré, y todas las familias de la tierra serán bendecidas por ti.[1]
La Torá es eterna y su mensaje está destinado a cada alma, en cada generación, en cada parte del mundo. Así, las primeras palabras de Di- s a Abraham resuenan y reverberan a través de la historia con un mensaje eterno. Ante todo, el judío escucha este mandamiento Divino a Abraham y entiende que Di-s se lo está indicando personalmente, a él o a ella, que ellos también deben ser independientes y liberarse de toda dependencia de los valores ilusorios, y supuestamente “naturales” de la sociedad, la cultura y la familia. Cada persona debe emprender el camino de la vida en busca de su verdadero yo: “ve a ti”.[2]
La esencia solo puede revelarse en el lugar donde Di- s decide dar a conocer el nombre de cada persona. Solo allí, la persona puede ser mostrada al mundo, “a la tierra que [es decir, donde] te mostraré”. Allí, su verdadero mazal y destino[3] lo esperan, es allí que “te convertiré en una gran nación, etc.”, y allí se convertirá en “influencer”, una luz que ilumina a los muchos, “y todas las familias de la tierra serán bendecidas a través de ti”.
En la educación de un niño judío (y también de un adulto), esta enseñanza esencial y sus directivas prácticas para todas las generaciones, se rigen por la instrucción por excelencia con respecto a la educación: “educar a un joven según su camino; incluso cuando envejezca, no se apartará de ella”.[4] Corresponde al educador que se dedica de verdad a sus alumnos indagar y descubrir la esencia de cada niño, su carácter individual y su misión única en la vida, para ayudarle a desarrollar sus propios sentidos y talentos, gracias a los cuales merecerá encontrar su porción y herencia en la Torá y en Di-s de modo que la Divinidad se revele en su corazón. Este principio se ilustra aún más por la explicación jasídica de la frase, “nuestro Di- s y el Di-s de nuestros padres”[5]: primero, uno está obligado a conectarse con “nuestro Di-s”, y solo después, con el “Di-s de nuestros padres”. Hay un versículo en la Torá que demuestra el mismo principio, “este es mi Di- s, y lo glorificaré; el Di- s de mi padre, y lo exaltaré”,[6] – primero “mi Di- s”, y solo después “el Di- s de mi padre”.
Autoimagen y el vínculo colectivo
En la búsqueda del propio verdadero yo, Lej Lejá, “ve a ti”, hay dos interpretaciones en Jasidut.[7] Una interpretación (según el Arizal) explica “Lej Lejá” como un movimiento de abajo a arriba, de lo mundano a lo supremo. Según esta interpretación, “a la tierra que te mostraré” se refiere a la tierra suprema, que en realidad es la Congregación suprema de Israel, la fuente de las almas de toda la Casa de Israel. Una segunda interpretación (según el Zohar) explica “Lej Lejá” como un movimiento de arriba a abajo. Según esta interpretación, “a la tierra que te mostraré” se refiere específicamente a la Tierra física de Israel en este mundo.[8] Tanto “estas como estas son las palabras del Di- s viviente”.[9] Además, el rey David dijo: “Caminaré ante Havaia en las tierras de los vivos”.[10] “Yo caminaré” (אֶתְהַלֵּךְ) está en la forma reflexiva y, por lo tanto, se refiere a caminar hacia uno mismo, al igual que “Lej Lejá”.[11] La referencia a “las tierras de los vivos” en plural también se refiere a dos aspectos de “tierra”: a la tierra suprema, superior, y a la tierra física.
Estas dos tierras también aluden a dos aspectos de la voluntad, porque la palabra “tierra”, eretz (אֶרֶץ) en hebreo connota voluntad: “¿por qué se llama tierra (אֶרֶץ)? Porque deseaba ratztá (רָצְתָה) hacer la voluntad de su Creador.[12] La voluntad superior dentro del alma es el deseo de ser incluido dentro de la esencia de Di- s, que es sobre todo razón y conocimiento, incluso la razón y el conocimiento que está de acuerdo con la Torá revelada que se nos ha dado. La voluntad mundana inferior, la voluntad asociada a la tierra física es la voluntad inferior de nuestra alma, que se rige por los principios de las mitzvot de nuestra sagrada Torá, todas las cuales son mitzvot prácticas deben cumplirse en la realidad mundana y física.
Según las dos interpretaciones anteriores, el servicio de “lej lejá” nos exhorta a liberarnos de nuestra autoimagen, compuesta tanto por nuestra autoimagen innata, como por aquélla que se ha ido forjando a lo largo de los años dedicados a la búsqueda del éxito material y espiritual en aras de engrandecernos tanto ante nosotros mismos como ante los demás, y a ver nuestro yo individual tal y como está arraigado e incluido dentro de la Congregación de Israel (“sal y ve”[13]).
“Lej Lejá” de abajo hacia arriba, significa su paso del individuo aislado al colectivo – al alma general de la generación – al alma general de la generación, el alma del “tzadik iesod olam” [el tzadik que es el fundamento del mundo],[14] la extensión de Moisés que está presente en cada generación.[15] Es decir, se identifica con el colectivo en la medida en que está “ligado” [ajid] al alma del Nasi, el líder de la generación, que se alza, desde sus hombros hacia arriba, por así decirlo, más alto que todas las personas de su generación,[16] excepto que, desde lo más alto de su estatura desciende continuamente, “de la montaña al pueblo”,[17] para proporcionar al pueblo, todo tipo de bienes, ya sean físicos o espirituales. Cada persona debe verse a sí misma como incluida en el alma del tzadik del que aprendemos el servicio de la sumisión completa y la propia entrega para cumplir las instrucciones del tzadik a su generación.
“Lej Lejá” de arriba a abajo significa salir de sí mismo, como un hombre de estatura, para identificarse, con honestidad inquebrantable, con el colectivo, concretamente tal y como se refleja en la gente común, sentirse habitando entre su pueblo (en su tierra), dándose al otro (que parece inferior a él) con un verdadero amor por Israel, con todo su corazón y toda su alma, y hacer el bien con todo lo que está en su mano, en cuerpo y alma. Aquí su propia esencia se refleja en el otro que es más inferior que él en particular, y, en general, en la gente de su generación, de acuerdo con su condición y posición dondequiera que estén (“y buscarás desde allí”[18], y reflexiona bien sobre esto).
Descubrir los propios talentos
Por lo tanto, encontramos que en la instrucción de “Lej Lejá” hay, por así decirlo, una cosa y su opuesto. Por un lado, el hombre tiene instrucciones de ser independiente, libre de todas las dependencias. Por otro lado, se le muestra que el camino hacia esto es el camino de la anulación absoluta del sentimiento de tener un ego separado. Los opuestos apuntan a liberarte de tu falso yo separado y particular y aspirar hacia tu verdadero yo, que está arraigado dentro del colectivo, tanto el colectivo que está por encima de ti, cuya encarnación en nuestro mundo es el tzadik de la generación, como el colectivo que aparentemente está debajo de ti, las personas de tu generación tal como son.
La verdad misma proporciona la orientación y las instrucciones necesarias para perseguirla. No puede haber independencia para un judío, ni para el individuo ni para el colectivo, excepto anulando el ego y regresando a Tzión y a Jerusalén.
Retornar a Tzión se refiere a un regreso al “punto de Tzión” – también conocido como el punto interno del corazón – donde se puede encontrar la voluntad, el anhelo más profundo del corazón, reuta deliba (רְעוּתָא דְּלִיבָּא). Aquí es donde uno experimenta la voluntad suprema dentro del alma, voluntad que está por encima de todo pensamiento racional. Del mismo modo, el valor de “Tzión” (צִיּוֹן) es el mismo que “Iosef” (יוֹסֵף), porque él es el tzadik iesod olam, el tzadik que es el fundamento del mundo para esa generación.
Volviendo a Jerusalén, cuyo nombre significa literalmente “la plenitud del temor [a Di- s]”, dentro del pueblo de Israel, independientemente de su estado. Con respecto a cada persona, Jerusalén hace referencia a la voluntad inferior, que sigue la lógica de la Torá y el conocimiento que esta revela. En términos prácticos, Jerusalén refleja el servicio de la tzedaká, tanto espiritual como física, el mandamiento al que se hace referencia simplemente como “la mitzvá” en el Talmud de Jerusalén.
Los padres deben confiar a sus hijos con verdaderos educadores que sean conscientes y dedicados a su papel[19]: para ayudar a su estudiante a desarrollar el talento especial con el que ha sido agraciado desde el Cielo a partir de la conciencia (que fluye del educador al estudiante) de que el único propósito del uso de ese talento no es forjar su carácter – es decir, cultivar un ego independiente, Di- s no lo quiera – sino más bien servir como medio para salir de su yo inicial (su primera naturaleza), en busca de su verdadero yo, tal y como está incluido dentro del colectivo.
El estudiante debe entender que su talento o talentos fueron confiados en sus manos desde arriba para llevar najat ru’aj arriba y najat ru’aj abajo. En la medida en que dedique sus talentos, y su utilidad, a la santidad, a Di- s, a Su Torá y a Su pueblo, así cumplirá en su alma, “ve a ti, vete de tu tierra, etc., a la tierra que Yo te mostraré”.
Un socio en la creación
Una vez que el estudiante merezca llegar a su Tierra Prometida, podrá alcanzar la plena y verdadera realización de su talento; merece expresar su yo más íntimo y auténtico a través del uso de su propio talento especial, algo que no le resultaba en absoluto posible antes de llegar a la tierra.
La historia del Génesis, que precede a Abraham y continúa a lo largo de su vida, es paralela a las etapas en el desarrollo del talento especial de cada individuo:
Antes de llegar a la Tierra Prometida, el individuo se parece a Noaj, que es descrito como uno de “aquellos con poca fe”[20], miktanei amaná (מִקְּטַנֵּי אֲמָנָה), que también se puede leer como “aquellos de escaso talento artístico”, miktanei amanut (מִקְּטַנֵּי אָמָּנוּת), lo que indica que aún no es capaz de dar a luz plenamente su verdadero talento artístico. De hecho, el llamado de todo judío es ser socio con el Santo Bendito Sea en la obra de la Creación, “la obra de las manos de un artista”.[21] Los Sabios interpretan el versículo, “[trabajar] con el rey en su oficio”[22] como la descripción de las almas de los justos a quienes Di- s consultó antes de la Creación. Sin embargo, el significado más literal del versículo es que aquellos que están cerca del rey son aquellos que trabajan con él en su ocupación. Por lo tanto, el objetivo de todo judío debe ser convertirse en un socio en la Creación, utilizando sus talentos para beneficiar a toda la Creación.
Cuando eso sucede, uno merece ver cómo la promesa que Di- s le hizo a Abraham, “todas las familias de la tierra serán bendecidas a través de ti”, se cumple automáticamente y por su propia voluntad, es decir, sin la necesidad de engrandecerse ante los demás. Más bien, cuando el talento de cada persona se revela y aplica plenamente, “Haré que tu nombre sea grande” y su influencia se extenderá por todo el mundo.[23] Esto es también lo que le sucedió a Abraham, que finalmente llegó a “Emek Shave, es decir, el Valle del Rey”. Fue llamado así porque era “el valle donde todas las naciones estuvieron de acuerdo y coronaron a Abraham sobre ellos”.[24]
[1] Génesis 12:1-3.
[2] Mei HaShilo’aj escribe al principio de su comentario sobre Lej Lejá:
Nuestro patriarca Abraham comenzó a investigar y buscar la raíz de su vida una vez que se dio cuenta de que era inconcebible que todos los deseos de este mundo no pudieran definirse como la “vida verdadera”. Y es que todos los deseos mundanos solo sirven para eliminar las numerosas preocupaciones y obstáculos que enfrentamos. Una vez que todas las preocupaciones y obstáculos son eliminadas, ¿cuál es la verdad nuclear de la vida sobre la que se creó el mundo? Para responder a esta pregunta, Di- s le dijo: “Lej Lejá“, que significa “Avanza” hacia ti, hacia tu verdadera fuente, porque realmente cualquier otra cosa en este mundo no puede llamarse “vida”, y el sentido principal de la vida lo encontrarás en ti mismo. “Te regocijarás en Di- s, en el Santo de Israel te gloriarás” (Isaías 41:16), esto es lo que es la vida
[3] Observe que la Tierra de Israel fue dividida en parcelas por sorteo (Números 26:55), lo que indica que la conexión entre los individuos y las parcelas donde viven en la Tierra de Israel se determinó con autoridad supraracional.
[4] Proverbios 22:6
[5] Amidá, primera bendición.
[6] Éxodo 15:2.
[7] Ver Rebe Hilel de Paritch, Pelaj HaRimon, comienzo de Lej Lejá.
[8] Ver Keter Shem Tov (Kehot ed.), 26.
[9] Eruvin 13b.
[10] Salmos 116:9
[11] Iejezkel 1:14.
[12] Bereshit Rabá 5:8.
[13] Cantar de los Cantares 3:11.
[14] Proverbios 10:25.
[15] Tikunei Zohar, 69 años.
[16] 1 Samuel 9:2; 10:23.
[17] Éxodo 19:14.
[18] Deuteronomio 4:29.
[19] Una persona que no se benefició de una relación así, debe al menos, convertirse en su propio educador.
[20] Sotá 48b.
[21] De la liturgia de Iom Kipur (“como arcilla en la mano del alfarero”).
[22] 1 Crónicas 4:23.
[23] Una conocida expresión jasídica, en nombre del Rebe Raiatz.
[24] Rashi en Bereshit 14:17 (basado en Bereshit Rabá).
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