Los Nueve Principios de la Fe parte 9:
Fundamentos de Jasidut
ESTUDIO SEMANAL: Parashat Ki Tavó
PARTE 1: https://galeinai.org/2026/06/18/los-nueve-principios-de-la-fe-parte-1/
PARTE 2: https://galeinai.org/2026/06/25/los-nueve-principios-de-la-fe-parte-2/
PARTE 3: https://galeinai.org/2026/06/25/los-nueve-principios-de-la-fe-parte-3/
PARTE 4: https://galeinai.org/2026/06/30/todo-descenso-es-en-aras-de-un-ascenso-incluso-del-pecado/
PARTE 5: https://galeinai.org/2026/07/03/di-s-desea-una-morada-aqui-abajo-parte-5/
PARTE 6: https://galeinai.org/2026/07/08/parte-6-decretos-cumplimiento-y-anulacion/
PARTE 7: https://galeinai.org/2026/07/09/los-nueve-principios-de-la-fe-parte-7/
PARTE 8: https://galeinai.org/2026/07/10/parte-8-santidad-de-la-tierra-de-israel-y-el-cuerpo-judio/
La parashá de Ki Tavó comienza: “Y será, cuando vengas [ki tavó] a la tierra, que Havaia, tu Di-s, te da como herencia, y la poseas y te establezcas en ella.”[1]
La idea de venir a la tierra es una alusión sutil a relaciones matrimoniales íntimas, que son denominadas bi’ah (בִּיאָה), de la misma raíz que la palabra “tú vengas”, tavó (תָּבוֹא). La relación entre Israel y su amada tierra es como el amor de un novio por su esposa. Esta relación amorosa incorpora esencialmente las otras tres relaciones amorosas esenciales: amor a Di-s, amor a la Torá y amor al pueblo de Israel.[2]
Esta misma dinámica se observa en la relación entre Israel y el Shabat, al que también se hace referencia como la novia. Esta alusión se incorporó al canto litúrgico Leja Dodi, que se entona los viernes por la noche para dar la bienvenida al Shabat: “Ven, mi amado [Di-s], vamos a dar la bienvenida a la novia [Shabat], el rostro del Shabat daremos la bienvenida [juntos].”[3]
Las últimas palabras del verso inicial de Ki Tavó citadas arriba, “y asentaos en ella”, conectan aún más la Tierra de Israel y el Shabat. En primer lugar, la palabra hebrea para “en ella”, bah (בָּהּ) está escrita en tiempo femenino, aludiendo a la Tierra de Israel como la novia del pueblo judío. El valor de esta palabra, bah (בָּהּ), es 7, una alusión al Shabat también llamado “el séptimo día”. La palabra en hebreo para “asentarse”, vaiashavta (וְיָשַׁבְתָּ), comparte la misma raíz que la palabra Shabat (שַׁבָּת) y teshuvá (תְּשׁוּבָה).[4] Aquí de nuevo vemos una conexión esencial entre la forma en que Israel se relaciona tanto con la Tierra de Israel como con Shabat, a los que se refiere como una novia.
Más adelante en la porción, la Torá describe una renovación del pacto Divino que tendría lugar en una ceremonia pública en el monte Grizim y el monte Eival cuando Israel entrara en la tierra.[5] Según algunas opiniones, el lugar exacto donde se renovó el pacto fue exactamente el mismo en el que Di-s estableció el primer pacto con Abraham. Fue entonces cuando prometió inicialmente a Abraham que la Tierra de Israel sería para siempre su herencia y la de sus hijos. El matrimonio se denomina “un pacto”. Así, entrar en la Tierra de Israel y renovar el pacto es similar a renovar los votos matrimoniales entre Di-s e Israel, y entre Israel y la Tierra Santa.
Una tierra de leche y miel
La conocida expresión que describe la Tierra de Israel como “una tierra que mana leche y miel” aparece tres veces en la parte de Ki Tavó.[6] Para entender la importancia de esta frase, que aparece muchas otras veces en la Torá,[7] es que el Shemá, la declaración cardinal de fe en la unidad de Di-s, está escrito en la porción de Va’etjanan inmediatamente después de una descripción de la Tierra de Israel fluyendo leche y miel.[8]
Las tres letras de la palabra “uno”, ejad (אֶחָד) son las iniciales de las tres palabras, “tierra, leche, miel”, eretz jalav dvash (אֶרֶץ חָלָב דְּבַשׁ).[9] Cuando uno percibe verdaderamente la unidad de la creación expresada en el Shemá, la materialidad misma se entiende como una dimensión integral de la Divinidad. El punto central de esta sencilla pero profunda percepción de la unidad entre lo material y lo espiritual se manifiesta con mayor intensidad en Tierra Santa.
Una tierra de fe
Otra descripción utilizada para referirse a la Tierra de Israel es “la tierra de tzvi“, eretz tzvi (אֶרֶץ צְבִי). La palabra tzvi tiene dos significados principales: ciervo y libertad. De hecho, Ezequiel en particular yuxtapone la Tierra de Israel como una tierra que mana leche de miel y su descripción como una tierra de tzvi.[10] Una de las razones por las que se compara la tierra con un ciervo es porque el valor numérico de la palabra tzvi (צְבִי) es 102, lo mismo que “fe”, emuná (אֱמוּנָה). En la transformación alfabética conocida como Atbash, donde la primera letra del alfabeto se intercambia por la última letra, la segunda por la penúltima y así sucesivamente, tzvi (צְבִי) se transforma en Moisés (מֹשֶׁה). El Zohar se refiere a Moisés como “el pastor fiel” (Raia Mehemna). De hecho, Moisés comenzó su camino para guiar al pueblo de Israel como pastor: “Moisés pastoreaba los rebaños de Itró, su suegro, el jefe de Midián, y condujo los rebaños en busca de pastos libres, y llegó al monte de Di-s, a Jorev.”[11] Aunque Moisés no logró entrar en la Tierra de Israel, guio fielmente a Israel durante cuarenta años a través del desierto y los llevó hasta las fronteras de la Tierra.
Otra conexión entre la Tierra de Israel y la fe se encuentra cuando Caleb y Iehoshua – los dos espías que argumentaban que los israelitas, con la ayuda de Di-s, podían conquistar la Tierra de Israel – declararon: “La tierra por la que pasamos para explorar es una tierra sumamente buena.”[12] El valor numérico de las palabras “la tierra es sumamente buena”, tová haAretz meod meod (טוֹבָה הָאָרֶץ מְאֹד מְאֹד) es 408, o 4 por 102, el valor de “fe” (אֱמוּנָה). Así, la media de cada una de estas cuatro palabras es en sí misma “fe”.
Desde que Abraham llegó por primera vez a la tierra y Di-s hizo un pacto con él, el pueblo judío ha mantenido un amor constante con la tierra “que mana leche y miel”, siempre manteniendo la fe en nuestra más profunda creencia de que esta tierra no solo es sagrada, sino que estamos intrínsecamente ligados a ella.
Otra razón por la que se compara la Tierra de Israel con un ciervo es que, cuando se despelleja, su piel nunca podrá volver a ponerse sobre el ciervo debido a que queda demasiado tensa. Simbólicamente, esto alude a que las fronteras físicas relativamente pequeñas de la Tierra de Israel contienen un potencial infinito. Las fronteras de la Tierra de Israel no son fronteras políticas, son fronteras de rituales – es decir, los campos de cultivo situados dentro de esas fronteras deben estar sujetas al diezmo y sus cosechas deben destinarse a alimentar a los hambrientos y pobres, además de cumplir con una variedad de otros mandamientos. Según los Sabios, en el futuro estas fronteras se expandirán hasta abarcar todo el mundo, requiriendo que toda la humanidad trate incluso a los miembros más débiles de la sociedad con dignidad y respeto.[13]
Trayendo los primeros frutos
Parashat Ki Tavó comienza con el mandamiento de llevar los primeros frutos de la propia cosecha al Templo Sagrado: “Y será cuando entres en la tierra cuando Havaia, tu Di-s, te dé como herencia … que tomarás el primero de cada fruto… y lo pondréis en una cesta e iréis al lugar que Havaia, vuestro Di-s, elijará.”[14] Los sabios han enseñado que cuando una parashá comienza con “Y será” (וְהָיָה), como hace Ki Tavó, es un signo de gran alegría.[15]
Después de llevar los primeros frutos, en lo que la Mishná describe como una procesión increíblemente alegre, al Templo y recitar palabras de agradecimiento y alabanza a Di-s, la Torá dice: “Te alegrarás con todas las bendiciones que Havaia, tu Di-s., te ha concedido”[16] Más adelante en la porción, la Torá analiza las consecuencias que enfrentará el pueblo judío si escucha o no a Di-s y siguen Sus mandamientos. Esta sección se denomina “las bendiciones y las maldiciones”. Hacia el final de las maldiciones, la Torá da una razón por la que podría llegar a producirse esta lamentable situación: “Porque no servisteis a Havaia vuestro Di-s con alegría y bondad de corazón.”[17]
Servir a Di-s con alegría y mirar siempre el lado positivo de la vida es crucial en el pensamiento judío para mantener la observancia adecuada y una existencia espiritualmente vibrante y significativa. Cuando cosechamos los frutos de nuestro trabajo, podemos relacionarnos con nuestro éxito de una de dos maneras: podemos atribuir nuestro éxito únicamente a nuestros propios talentos y esfuerzos, o bien atribuirlo a Di-s y darLe gracias por bendecirnos con sabiduría y habilidades para alcanzar nuestros objetivos. El secreto de la felicidad radica en anular la tendencia natural del ego a reclamar todo el mérito; en cambio, debemos aprender a regocijarnos en las bendiciones que Di-s nos otorga. Porque, en verdad, cuando se da rienda suelta al ego, este no conoce límites en cuanto a la gloria que considera que le corresponde, y por eso se excede, para acabar sintiéndose decepcionado y frustrado ante su incapacidad para sentirse plenamente satisfecho.
El mandamiento de llevar las primicias al Templo contiene una hermosa alusión que nos enseña cómo alcanzar un estado de ánimo alegre. En el versículo, “y pondréis [los primeros frutos] en una cesta”, la palabra hebrea usada para cesta es “tene” (טֶנֶא).[18] El valor numérico de esta palabra es 60. Dado que según las reglas de la guematria (numerología cabalística), se puede añadir un uno adicional a la suma para representar la palabra completa, encontramos una alusión a la ley de anulación de los Sabios, según la cual una mezcla de uno entre sesenta hace que una sustancia quede ritualmente nula y sin efecto.
La “cesta”, cuyo valor es igual a sesenta, representa la capacidad de una persona para anular su propia sed de honor al ofrecer los primeros frutos a Di-s. Esta idea también se insinúa por el hecho de que el valor numérico de la palabra hebrea para “yo”, ani (אֲנִי) es 61. Estas mismas letras hebreas, cuando se intercambian, forman la palabra hebrea para “nada”, ain (אָיִן).[19] Así, aquel (el 1) que deposita sus primeros frutos en una cesta (60) está, en efecto, anulando su ego, su “yo”, en una proporción de 1:60, alcanzando así un estado de desinterés o autoanulación, el secreto de la verdadera alegría.
El Ba’al Shem Tov enseñaba un mensaje similar usando la imagen de depositar los primeros frutos – el mérito de los propios logros – en la cesta. Señala que las tres letras hebreas de la palabra para “cesta”, tené (טֶנֶא) son las iniciales de las palabras “marcas de cantilación”, teamim (טְעָמִים), las señales con las que se canta la Torá, “vocales”, nekudot (נְקֻדּוֹת) y “letras”, otiot (אוֹתִיּוֹת).[20] Estos son los tres elementos que componen el texto bíblico. Como los seres humanos suelen querer atribuirse el mérito exclusivo de sus logros, la Torá nos ordenó colocar los primeros frutos en una cesta, un recipiente que nos recuerda a la Torá, para que controlemos nuestro ego y reconozcamos a Di-s como la fuente de toda bondad material y espiritual.
La Torá y sus mandamientos nos recuerdan constantemente nuestra conexión con Di-s, para que no perdamos la perspectiva adecuada sobre esta relación. El Ba’al Shem Tov enseñaba que debemos aprender a tomar nuestros pensamientos, palabras y acciones, e integrarlos en las letras, vocales, y y el canto de la Torá, lo que a nivel práctico significa incorporar la sabiduría de la Torá en todas nuestras actividades.
La obligación de estudiar Torá va más allá de aprender el texto de la Torá y se extiende a alcanzar un estado de conciencia que permita que todas las experiencias de la vida se filtren a través de la Torá, como si llevaras “gafas de color Torá”. Colocar los primeros frutos de nuestro trabajo en la cesta de la Torá es similar a llevar “gafas de color Torá”, de modo que todas nuestras experiencias vitales se reflejan a través del prisma de la Torá. Que todos aprendamos a ver el mundo a través de las “gafas de color Torá” rectificadas y desinteresadas.
[1] Deuteronomio 26:1.
[2] Consulta Sha’arei Ahavá VeRatzon para una exploración profunda de estos cuatro amores esenciales y las trece relaciones que surgen de ellos. Véase también Las Letras Hebreas, pp. 336-7.
[3] Compuesto por Rabi Shlomo Alkabetz de Safed.
[4] VeShavta Haaretz, pp. 5-10.
[5] Deuteronomio 27:1-26.
[6] Ídem. 26:9, 26:15, 27:3
[7] Éxodo 3:8, 3:17, 13:5, 33:3, Levítico 20:24, Números 13:27, 14:8, 16:13, 16:14, Deuteronomio 6:3, 11:9.
[8] Deuteronomio 6:3-5.
[9] De una clase impartida por HaRav Ginsburgh el 16 de Kislev de 2015.
[10] Ezequiel 20:6 y 20:15.
[11] Éxodo 3:1.
[12] Números 14:7.
[13] Pesikta Rabati, Shabat VeRosh Jodesh 3. Para más información, véase Rectificar el Estado de Israel, cap. 8, nota 13.
[14] Deuteronomio 26:1.
[15] Bereshit Rabá 42:3.
[16] Bikurim 3:2-4; Deuteronomio 26:11.
[17] Deuteronomio 28:47. Para más información sobre el versículo, véase Iain Itzjak, Ki Tavó, 17-18.
[18] Ibid 26:2.
[19] Las Letras Hebreas, p. 233.
[20] Ba’al Shem Tov sobre la Torá, Ki Tavó, 2. Para un tratamiento más profundo del acrónimo de la palabra tene, véase Wonders Número 119, Ki Tavo 5784.
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