¿POR QUÉ SUCEDEN LOS TERREMOTOS?

MENSAJE DEL RABINO GINSBURGH:

Acabo de hablar con el rabino Ginsburgh sobre los terremotos que están sucediendo en Venezuela y Colombia. Envía su bendición a todos los alumnos de Gal Einai y a la población en general, que Hashem traiga curación a todos los heridos, sean encontrados con vida todos los desaparecidos y de consuelo a los familiares de la víctimas. Concluye diciendo que el raash, la conmosión del terremoto se transforme en el estruendo del Gran Shofar que anuncie la Redención definitiva y completa.

Amplío el mensaje del rav con sus enseñanzas y enseñanzas de los sabios de la Torá. En la clase de mañana miércoles vamos profundizar más en este tema.

RABINO ITZJAK GINSBURGH

Según las enseñanzas del rabino Itzjak Ginsburgh, el terremoto puede comprenderse en tres etapas: רעש־דממה־מעשה, conmoción, silencio y acción.

  1. EL רעש — LA CONMOCIÓN EXTERIOR

En hebreo bíblico, un terremoto se denomina רַעַשׁ, ráash, palabra que también significa estrépito o conmoción. Simboliza una sacudida de las estructuras exteriores: la seguridad humana, la estabilidad material y la sensación de que dominamos la realidad.

Sin embargo, el Rav Ginsburgh enfatiza el pasaje del profeta Elías:

“Después del viento, un terremoto; pero Hashem no estaba en el terremoto… y después del fuego, una voz de fino silencio”
— I Reyes 19:11-12

Esto no significa que el acontecimiento esté fuera de la Providencia Divina. Significa que no debemos confundir el impacto exterior con el mensaje interior de Dios. El estrépito despierta, pero la voz divina se descubre después, en la קוֹל דְּמָמָה דַקָּה, “la voz de fino silencio”.

Véase

y

  1. LA דממה — ESCUCHAR EL MENSAJE INTERIOR

De acuerdo con el Jasidut, una experiencia muy intensa no es necesariamente una experiencia espiritual profunda. El miedo, el sobresalto y la agitación pertenecen inicialmente a las capas exteriores del corazón.

Cuando la conmoción se aquieta, la persona puede escuchar el punto interior: reconocer la fragilidad humana, despertar a la teshuvá, agradecer la vida y fortalecer su confianza en Hashem. El sentido espiritual de la audición consiste precisamente en percibir la presencia divina que se encuentra detrás de todos los sonidos.

Véase:

Por eso, la pregunta jasídica no es solamente: “¿Por qué ocurrió?”, sino principalmente: “¿Qué debo escuchar ahora y cómo debo responder?”.

  • EL מעשה — TRANSFORMAR EL DESPERTAR EN ACCIÓN

El Rav Ginsburgh relata la conducta de Rabí Abraham Dov de Avritch, autor del Bat Ayin, durante el gran terremoto de Tzfat. Mientras rezaba, llamó a quienes estaban en la sinagoga para que se acercaran a él. Gran parte del edificio se derrumbó, pero la sección donde se encontraban permaneció en pie.

Inmediatamente después afirmó que no era momento de quedarse llorando, sino de auxiliar a los necesitados y salvar todo lo posible. Organizó equipos de rescate, envió mensajeros para conseguir ayuda y fortaleció a los habitantes para que no abandonaran Tzfat.

Véase

Esta enseñanza es fundamental: la emuná no sustituye el rescate ni la ayuda material. La plegaria auténtica debe convertirse en responsabilidad, solidaridad y acción.

En síntesis, desde esta perspectiva cabalística y jasídica:

  • El terremoto sacude la ilusión de que la existencia material es absolutamente estable.
  • No debemos pretender descifrarlo mecánicamente como castigo ni culpar a quienes sufren.
  • La conmoción exterior debe conducir a escuchar la “voz de fino silencio”.
  • El despertar debe expresarse en tefilá, teshuvá, tzedaká, ayuda concreta y amor al prójimo.
  • La respuesta más elevada es convertir el miedo en bitajón —confianza en Hashem— y el estremecimiento en actos de bondad.

Lo más fiel a sus enseñanzas es buscar la Providencia Divina sin hacer cálculos acusatorios y responder mediante profundidad interior y acción compasiva.

LAS “LÁGRIMAS” DEL SANTO, BENDITO SEA

En Berajot 59a, Rav Katina explica los terremotos por medio de una imagen profundamente conmovedora:

Cuando el Santo, bendito sea, recuerda a Sus hijos que sufren entre las naciones del mundo, derrama dos lágrimas en el gran océano. Su sonido se escucha de un extremo del mundo al otro, y la tierra tiembla.

Esta enseñanza no describe un proceso físico, sino su raíz espiritual. El estremecimiento de la tierra expresa, en el lenguaje de la Agadá, el dolor de la Shejiná por el exilio y por el sufrimiento del pueblo de Israel.

Otros Sabios emplean diferentes metáforas: Dios junta Sus manos, suspira, golpea el firmamento o mueve Sus pies debajo del Trono de Gloria. Todas expresan que el mundo no es indiferente al sufrimiento humano: también los mundos superiores, por así decirlo, se estremecen.

Un llamado a despertar

El Rambam enseña que, cuando sobreviene una desgracia pública, no debemos decir: «Es simplemente un fenómeno natural» o «ocurrió por casualidad». Debemos reconocer que el acontecimiento nos llama a examinar nuestros actos, rezar, hacer teshuvá, dar tzedaká y mejorar nuestra conducta.

Sin embargo, esto no significa negar las causas naturales. La Torá reconoce que los acontecimientos poseen mecanismos físicos, pero enseña que también debemos buscar su mensaje espiritual. La ciencia explica cómo ocurrió; la Torá nos invita a preguntarnos qué debemos hacer ahora.

El Rambam advierte:

«Si no claman ni hacen sonar las trompetas, sino que dicen: “Esto nos ocurrió por el curso natural del mundo y esta desgracia sucedió por casualidad”, esta es una conducta cruel». (Hiljot Taaniot 1:1-3).

La crueldad consiste en presenciar el dolor sin permitir que nos transforme.

No culpar a las víctimas

La Torá no nos permite afirmar con seguridad que un terremoto determinado ocurrió por los pecados de quienes lo padecieron. Solamente un profeta puede revelar una relación específica entre un acontecimiento y una causa espiritual concreta.

Cuando personas sufren, nuestra primera obligación no es buscar sus faltas, sino ayudarlas. Debemos rezar por ellas, rescatar vidas, ofrecer alimento y refugio, consolar a los dolientes y dar tzedaká. Quien utiliza una tragedia para acusar a sus víctimas se aleja del camino de la compasión que nos enseña la Torá.

EL TEMBLOR QUE PRECEDE A LA REVELACIÓN

En el Tanaj, el estremecimiento de la tierra también acompaña la revelación Divina. En la entrega de la Torá:

«Todo el monte Sinaí humeaba… y todo el monte temblaba intensamente»
(Shemot 19:18).

El terremoto simboliza que, ante la revelación de una verdad superior, las estructuras aparentemente firmes del mundo pierden su estabilidad. Aquello que considerábamos permanente se sacude para dar lugar a una conciencia nueva.

También los profetas emplean el terremoto como imagen de los grandes cambios que preceden a la Redención. No necesariamente como una predicción literal, sino como la conmoción de un mundo antiguo antes del nacimiento de una realidad nueva.

LA ENSEÑANZA INTERIOR

La tierra representa la estabilidad y la sensación de seguridad. Cuando tiembla, el ser humano descubre que no controla completamente su existencia. Desde la perspectiva del Jasidut, este estremecimiento puede despertar el bitul: la humildad y el reconocimiento de que nuestra verdadera seguridad proviene de Hashem.

La respuesta judía ante un terremoto es, por tanto: reconocer el poder del Creador, despertar en teshuvá, aumentar la plegaria y la tzedaká, ayudar concretamente a quienes sufren y pedir que se cumpla:

«Que nunca más se oiga violencia en tu tierra, destrucción ni quebranto dentro de tus fronteras» (Ieshaiahu 60:18).

¿QUÉ NOS DICE EL REBE?

El Rebe de Lubavitch habló explícitamente sobre los terremotos en la gran reunión de Lag BaÓmer de 5750 (13 de mayo de 1990).

El terremoto como recordatorio

El Rebe explicó que Dios creó el mundo con bondad, amor y misericordia, y puso en él abundancia suficiente para todos. Cuando la humanidad reconoce que la abundancia proviene de Dios y la comparte con los demás, disminuyen las causas de enfrentamiento entre personas y naciones.

Entonces agregó que esta conducta de paz, unidad y generosidad aumenta las bendiciones divinas y evita la “necesidad” de medidas transitorias:

«Terremotos y fenómenos semejantes, destinados a recordarnos Su presencia constante y Su dominio».

Es decir, según el Rebe, el terremoto no debe contemplarse solamente como destrucción o castigo. Es un fuerte recordatorio de que el mundo tiene un Creador y que la naturaleza no es independiente de Él. Pero la finalidad no es producir miedo: el propósito es despertar conciencia y conducir a una vida mejor. Sijá de Lag BaÓmer 5750

No vivir con miedo

El mensaje del Rebe no fue: «Tengan miedo porque puede llegar un terremoto». Por el contrario: si el mundo adopta una conducta de reconocimiento del Creador, bondad, justicia, paz y unidad, no hacen falta acontecimientos dolorosos para despertarlo.

La respuesta adecuada es aumentar:

  • La paz y la unidad entre las personas.
  • La ayuda material y espiritual al prójimo.
  • La tzedaká, entendida no solo como entregar dinero, sino como actuar justamente y proporcionar a cada persona la ayuda que necesita.
  • La educación basada en la fe en Dios y, para toda la humanidad, el cumplimiento de las siete mitzvot de los hijos de Nóaj.

Para el Rebe, estos actos no son únicamente una reacción posterior al desastre: son el camino para atraer bendición y estabilidad al mundo.

La respuesta ante una tragedia concreta

Después del devastador terremoto de Agadir, Marruecos, ocurrido en 1960, el Rebe no buscó culpables ni acusó a las víctimas. Expresó su profundo dolor junto con los judíos de Marruecos, rezó para que Dios reparara las brechas y pidió aumentar la plegaria y la tzedaká.

También enseñó que la reconstrucción debía ser mucho mayor que lo destruido:

«En lugar de un centro de estudio, deben establecerse numerosos centros; y en lugar de un alumno, deben surgir muchos más».

La manera judía de responder a la destrucción es reconstruir con más fuerza: aumentar la Torá, las mitzvot, la educación, la ayuda y la vida comunitaria. Respuesta del Rebe después del terremoto de Agadir

Para el Rebe, un terremoto nos recuerda que Dios está presente y dirige el mundo. Pero la enseñanza principal no es el temor ni la búsqueda de pecados ajenos. La respuesta es:

reconocer al Creador, unir a las personas, ayudar a los afectados, aumentar en plegaria y tzedaká, y transformar la destrucción en una reconstrucción mucho más grande y luminosa.


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