VIDEOS SUCOT HOSHANOT Y HALEL 10 TOROS

rabino Jaim Frim

*¡Comparte a tus contactos!* ❤️

*¿QUIERES MÁS INSPIRACIÓN DIARIA?*

https://chat.whatsapp.com/DzwcPE2yDuV4NwQta9OFOy

COLABORA Y CONCRETA TU COMPROMISO CON LA CUARTA REVOLUCIÓN DE LA TORÁ

https://galeinai.org/donations/143245/

En Eretz Israel, el tercer día de Jol HaMoed Sucot corresponde al cuarto día de Sucot.

La sección central correspondiente es Bamidbar 29:23-25:
וּבַיּוֹם הָרְבִיעִי פָּרִים עֲשָׂרָה…

Uvaiom harevií, parim asará…

«Y en el cuarto día: diez toros, dos carneros y catorce corderos de un año, sin defecto…»

Ese día se ofrecían 10 toros. La secuencia completa de Sucot es: 13 + 12 + 11 + 10 + 9 + 8 + 7 = 70 toros, que nuestros Sabios relacionan con las setenta naciones del mundo (Sucá 55b).

Una meditación para hoy

El número 10 es especialmente significativo en Cabalá: diez sefirot, desde Kéter hasta Maljut. Es decir, la luz divina no permanece en un único nivel, sino que desciende por toda la estructura de la creación hasta alcanzar Maljut, la realidad concreta.

Podemos leer entonces los diez toros del cuarto día de Sucot como una imagen de integración: llevar la presencia de Hashem a todas las dimensiones de la existencia.

Y hay algo todavía más profundo. Cada día disminuye un toro: 13, 12, 11, 10… No significa que disminuya la santidad. Al contrario: disminuye la multiplicidad para revelar la Unidad.

Todo conduce finalmente a Sheminí Atzeret, cuando se ofrece un solo toro.

70 → 1.

Las setenta naciones, las múltiples culturas y las innumerables formas de la creación tienen una única raíz: Hashem Ejad.

Por eso, una kavaná apropiada para este tercer día de Jol HaMoed sería:

“Que las diez fuerzas de mi alma se unifiquen en el servicio a Hashem, y que por medio de Israel la bendición divina llegue a todas las naciones, hasta que toda la multiplicidad del mundo revele al Uno.”

En el tercer día de Jol HaMoed Sucot, que corresponde al segundo día de jol hamoed en la diáspora, es cuarto día de Sucot, la Torá describe una ofrenda particular: “Uvaiom harevií, parim asará, eilim shnáim, kevasim bnei shaná arbá asar, temimim” — “Y en el cuarto día: diez toros, dos carneros y catorce corderos de un año, sin defecto” (Bamidbar 29:23). Este día ocupa un lugar especial dentro del proceso de Sucot porque hemos llegado a los diez toros. Durante los siete días la cantidad disminuye progresivamente: 13, 12, 11, 10, 9, 8 y 7, sumando en total 70 toros, que nuestros Sabios relacionan con las setenta naciones del mundo. La disminución no representa una pérdida de santidad, sino un proceso de birur, refinamiento: la multiplicidad va siendo depurada hasta revelar la Unidad divina que se encuentra detrás de toda la creación.

El número diez posee una importancia fundamental en la Cabalá, porque toda la manifestación divina se estructura mediante las diez sefirot: Kéter, Jojmá, Biná, Jesed, Guevurá, Tiferet, Netzaj, Hod, Iesod y Maljut. Llegar a diez toros puede sugerir, por lo tanto, una integración completa. La luz de Hashem no debe permanecer únicamente en los niveles elevados de la conciencia, sino atravesar toda nuestra personalidad hasta llegar a Maljut, la acción concreta. Jojmá capta la chispa de sabiduría; Biná la desarrolla; Jesed la convierte en amor; Guevurá le da disciplina y límites; Tiferet armoniza; Netzaj persevera; Hod se entrega y agradece; Iesod establece el vínculo; y Maljut lleva todo a la realidad. La pregunta espiritual de este día es entonces: ¿está todo mi ser dentro de la sucá, o solamente una parte de mí?

Esta idea se relaciona profundamente con el significado cabalístico de la propia sucá. A diferencia de muchas mitzvot que realizamos con una parte determinada del cuerpo, en la sucá entra la persona completa. Comemos, bebemos, estudiamos y vivimos dentro de la mitzvá. El Zóhar denomina a la sucá “Tzilá dimehemenutá” — צלא דמהימנותא, “la sombra de la fe”. En el lenguaje de la Cabalá y el Jasidut, esto se relaciona con el concepto de Or Makif, una luz envolvente que está por encima de nuestra capacidad de comprensión. No podemos introducirla completamente dentro de nuestros recipientes intelectuales, pero podemos entrar nosotros dentro de ella. La sucá nos enseña que no todo vínculo con Hashem comienza con comprender. A veces primero debemos entrar bajo Su sombra, entregarnos a Su presencia y permitir que esa luz nos envuelva por completo.

Hay además un detalle notable en los korbanot de Sucot: mientras los toros disminuyen cada día, los catorce corderos permanecen constantes. El número catorce corresponde a la guematria de יד — iad, “mano”. La mano simboliza la acción. Esto permite una hermosa meditación: mientras ciertas fuerzas del mundo necesitan ser refinadas y reducidas, nuestra capacidad de transformar la espiritualidad en actos concretos debe permanecer firme. La inspiración puede cambiar de intensidad; las emociones pueden subir y bajar; pero la iad, la mano que realiza una mitzvá, da tzedaká, ayuda al prójimo y transforma el mundo, debe continuar actuando.

Los setenta toros revelan además una dimensión universal extraordinaria de Sucot. La Guemará enseña que corresponden a las setenta naciones. Esto significa que en el Beit HaMikdash Israel no ofrecía estos korbanot pensando únicamente en sí mismo, sino que había una dimensión de bendición dirigida hacia toda la humanidad. Sucot es Zman Simjateinu, el tiempo de nuestra alegría, pero esa alegría no puede permanecer encerrada dentro de Israel: debe irradiarse hacia el mundo. Por eso precisamente el profeta Zejariá describe la era futura diciendo que las naciones subirán a Ierushalaim para celebrar Sucot. La verdadera luz de Israel no busca borrar las diferencias entre los pueblos, sino revelar cómo cada uno puede reconocer, desde su lugar particular, al único Creador.

También podemos observar el proceso numérico: comenzamos con 13 toros y descendemos hasta llegar hoy a 10. El número 13 tiene una resonancia extraordinaria: אחד — Ejad, “uno”, suma 13, y también אהבה — Ahavá, “amor”, suma 13. Podemos decir entonces que el proceso comienza con Ejad y Ahavá, Unidad y Amor, y ahora esa unidad debe penetrar las diez sefirot. No alcanza con declarar “Hashem Ejad” como una verdad abstracta. El Ejad debe penetrar nuestra inteligencia, nuestras emociones, nuestras relaciones y finalmente nuestras acciones. El Uno tiene que revelarse dentro de los muchos.

Todo esto adquiere todavía más fuerza durante Simjat Beit HaShoevá, la extraordinaria celebración de la extracción y libación del agua. El agua representa el descenso desde arriba hacia abajo. Nuestros Sabios comparan la Torá con el agua porque, así como el agua desciende desde un lugar elevado hacia uno bajo, la sabiduría infinita de Hashem desciende hasta nuestro mundo. Pero en Sucot ocurre también el movimiento inverso: tomamos el agua de abajo y la elevamos sobre el altar. Hay entonces dos movimientos simultáneos: Hashem hace descender Su luz hacia el mundo, y nosotros elevamos el mundo hacia Hashem. Cuando esos dos movimientos se encuentran nace una alegría extraordinaria, acerca de la cual nuestros Sabios dijeron que quien no vio la alegría de Simjat Beit HaShoevá nunca vio verdadera alegría.

Así podemos entrar hoy en la sucá con una meditación muy concreta. Estoy sentado dentro del Or Makif de Hashem, bajo la Tzilá dimehemenutá, la sombra de la fe. Los diez toros me recuerdan que debo entregar a Hashem todas las dimensiones de mi personalidad. Los catorce corderos me recuerdan que la espiritualidad debe llegar a la iad, a la mano y a la acción. Los setenta toros me enseñan que nuestra misión no termina en nosotros mismos, sino que Israel tiene la responsabilidad de llevar bendición y conocimiento de Hashem a toda la humanidad. Y la disminución diaria de los toros me enseña que detrás de las innumerables diferencias de la creación existe una única realidad: Hashem Ejad.

Éste es el movimiento profundo de Sucot: de los setenta hacia el Uno, de la multiplicidad hacia la Unidad, de la cabeza hacia todo el cuerpo, de la inspiración hacia la acción, y de Israel hacia todas las naciones del mundo. Finalmente, todo desemboca en Sheminí Atzeret y Simjat Torá. Después de ocuparnos simbólicamente de los setenta pueblos, queda un solo toro, como la intimidad del Rey con Su pueblo. Y entonces abrazamos la Torá y bailamos: después de haber elevado la multiplicidad del mundo hacia su raíz, descubrimos que detrás de todo siempre estuvo el Uno — אחד — Hashem Ejad.

_________

SIMJAT TORÁ

EL CÍRCULO QUE ESTÁ POR ENCIMA DE LA RAZÓN
En Simjat Torá ocurre algo sorprendente: después de un año entero dedicado a abrir la Torá, estudiarla y comprenderla, llega el momento culminante y hacemos exactamente lo contrario: cerramos el Séfer Torá y bailamos con él.
¿Por qué?
Porque existe una dimensión de la Torá que podemos comprender, pero existe otra dimensión infinitamente superior que ninguna mente puede contener.
El Zóhar expresa la unión esencial entre Kudshá Berij Hu, la Torá e Israel. No son tres realidades independientes que luego se relacionan entre sí. En su raíz más profunda, Hashem, Su Torá y las almas de Israel participan de una unidad esencial.
Durante el año esa unión desciende hasta Jojmá y Biná: estudiamos, preguntamos, comprendemos y profundizamos. Pero en Simjat Torá ascendemos hasta aquello que está por encima del intelecto.
Por eso el Séfer Torá permanece cerrado.
📜 Cuando está abierto, cada persona comprende según la capacidad de su mente. Cuando está cerrado, todos abrazamos la misma Torá.
Aquí aparece el secreto de la hakafá — הקפה.
Hakafá significa rodear, circundar. En Cabalá, la luz que puede ser recibida y comprendida interiormente se denomina Or Pnimí, luz interior. Pero existe una luz demasiado elevada para ser contenida dentro de los límites del recipiente: Or Makif, la luz circundante.
En Simjat Torá no queremos solamente que la Torá entre dentro de nuestra mente. Queremos entrar nosotros dentro del círculo de la Torá.
⭕ POR ESO DAMOS VUELTAS.
El círculo no tiene principio ni final, ni un punto superior a otro. Esto alude a una dimensión que trasciende las diferencias: sabio y sencillo, maestro y alumno, quien comprende secretos profundos y quien apenas sabe leer las letras.
Dentro del círculo de Simjat Torá, todos pertenecemos igualmente a Hashem.
Este es también el secreto de las siete hakafot.
Las siete vueltas corresponden a las siete midot:
Jesed — Guevurá — Tiferet — Netzaj — Hod — Iesod — Maljut.
La alegría de la Torá atraviesa así toda la estructura emocional del alma. No basta que la Torá permanezca en Jojmá y Biná, como una idea sublime. Debe descender hasta el corazón, las emociones y finalmente Maljut: la acción concreta dentro del mundo.
Y aquí aparece otro secreto maravilloso.
¿Con qué parte del cuerpo cumplimos principalmente la mitzvá de bailar?
Con los pies.
La cabeza comprende la Torá, los ojos la leen, la boca la pronuncia y el corazón la siente. Pero en Simjat Torá son precisamente los pies los que hacen avanzar la Torá.
Desde la perspectiva jasídica, Israel se convierte entonces, por así decirlo, en los pies de la Torá.
El Séfer Torá por sí mismo permanece inmóvil. El judío lo toma en sus brazos y lo hace bailar.
Pero interiormente ocurre lo contrario:
creemos que nosotros llevamos la Torá, cuando en realidad la Torá nos está llevando a nosotros.
🔥 El final toca el principio
Hay todavía un secreto más profundo.
Terminamos toda la Torá con:
לְעֵינֵי כָּל יִשְׂרָאֵל
LeEinei kol Israel
“Ante los ojos de todo Israel”.
E inmediatamente comenzamos:
בְּרֵאשִׁית בָּרָא אֱלֹקִים
Bereshit bará Elokim
“En el comienzo creó Elokim…”.
El final vuelve al comienzo.
Esto expresa el principio cabalístico:
נעוץ סופן בתחילתן ותחילתן בסופן
Naútz sofán bitjilatán vetjilatán besofán.
“Su final está insertado en su comienzo, y su comienzo en su final.”
La Torá no es simplemente una línea. Es también un círculo.
Cuando creemos haber llegado al final, descubrimos que estamos nuevamente frente a Bereshit.
Pero no es el mismo Bereshit.
Después de haber recorrido toda la Torá, regresamos al comienzo desde un nivel más elevado. Por eso cada año podemos leer las mismas palabras y encontrar en ellas una luz completamente nueva.
👑 De Kéter a Maljut, y de Maljut nuevamente a Kéter
Aquí se encuentra una clave cabalística de Simjat Torá.
Kéter, la corona, representa aquello que está por encima de la comprensión consciente. Maljut, el reinado, es la última de las sefirot, donde la voluntad divina se manifiesta concretamente en la realidad.
Pero cuando Maljut llega a su perfección, vuelve a conectarse con Kéter.
El final toca el principio.
Por eso la alegría de Simjat Torá no es simplemente la alegría de haber “terminado un libro”.
Es la alegría de descubrir que la Torá jamás termina.
💎 LA IEJIDÁ BAILA
En el alma existen niveles: Néfesh, Rúaj, Neshamá, Jaiá e Iejidá.
La Iejidá es el punto absolutamente uno del alma, el nivel en el cual su vínculo con Hashem no depende de comprensión, emoción ni siquiera de experiencia espiritual.
En Simjat Torá puede revelarse precisamente esa dimensión.
Por eso bailamos incluso cuando estamos cansados.
Porque quizá el cuerpo está cansado.
Quizá la mente está cansada.
Pero la Iejidá nunca se cansa de estar unida a Hashem.
🌟 EL MENSAJE
Simjat Torá nos enseña que hay momentos en los que debemos comprender a Hashem, momentos en los que debemos amar a Hashem, momentos en los que debemos temer a Hashem…
y existe un momento en el que ya no queremos explicar nada.
Simplemente tomamos la Torá, cerramos los ojos y bailamos.
En ese instante, desaparecen por un momento las diferencias entre cabeza y pies, principio y final, sabio y sencillo.
Queda solamente:
Hashem, la Torá e Israel.
Y de esa unión nace nuevamente:
בראשית — Bereshit.
Un mundo nuevo.
Que las hakafot de este Simjat Torá 5787 despierten el gran Or Makif, una luz tan inmensa que pueda penetrar finalmente toda la realidad; que las siete hakafot rectifiquen las siete midot del mundo, y que nuestra danza se una muy pronto a la gran danza de la Gueulá.
“ושמחת עולם על ראשם” — “Alegría eterna sobre sus cabezas”.
Que podamos bailar con la Torá en Ierushalaim, con Mashíaj Tzidkeinu y la Gueulá Shelemá, inmediatamente.
[29/9/2026 13:13] Jaim Mates Frim: Claro. Las siete hakafot (הקפות) son las siete vueltas o circuitos de danza que se realizan con los Sifrei Torá en Simjat Torá. En una lectura cabalística, pueden entenderse como un proceso de hacer descender la alegría y la luz de la Torá a través de las siete sefirot emocionales.
1. Jesed (חסד) — Amor y expansión. La primera hakafá despierta el amor ilimitado a Hashem y a la Torá. Es el impulso de acercarse, dar y abrirse: “Quiero pertenecer a Ti sin medida.”
2. Guevurá (גבורה) — Fuerza y límite. El amor necesita dirección. Guevurá representa disciplina, reverencia y capacidad de poner límites. La Torá no solamente inspira: también exige. Esta hakafá transforma la alegría en compromiso.
3. Tiferet (תפארת) — Armonía y verdad. Integra Jesed y Guevurá: amor y rigor, expansión y límite. Es la belleza de una vida en la que la Torá armoniza fuerzas aparentemente opuestas.
4. Netzaj (נצח) — Perseverancia y victoria. Aquí la danza expresa la decisión de continuar. No basta entusiasmarse en Simjat Torá: hay que llevar esa energía a los días ordinarios. Netzaj dice: “No abandono el camino.”
5. Hod (הוד) — Humildad y reconocimiento. Hod está relacionado con hodaá: reconocer, agradecer, inclinarse ante algo superior a uno mismo. Después de la fuerza de Netzaj llega la humildad: “No todo depende de mí; me entrego a una voluntad superior.”
6. Iesod (יסוד) — Unión y vínculo. Iesod canaliza las fuerzas anteriores hacia una relación concreta. Espiritualmente es el brit, el vínculo. La Torá deja de ser solamente algo que estudio o admiro: se convierte en aquello con lo que estoy íntimamente conectado.
7. Maljut (מלכות) — Reinado y realización. Todo desemboca finalmente en Maljut. La luz debe llegar al mundo de la acción. La pregunta ya no es cuánto comprendí o cuánto sentí, sino: ¿cómo voy a vivir mañana? Maljut convierte la inspiración de Simjat Torá en actos, mitzvot y transformación de la realidad.
El secreto de las siete
Hay aquí un movimiento muy bello: Jesed → Guevurá → Tiferet → Netzaj → Hod → Iesod → Maljut.
La luz comienza como amor, adquiere disciplina, encuentra armonía, recibe perseverancia, aprende humildad, se convierte en unión y finalmente llega a la acción.
Y precisamente después de Maljut volvemos a Bereshit. El punto más bajo vuelve a conectarse con el más alto: lo que recibimos arriba tiene que manifestarse abajo.
Por eso las hakafot no son simplemente “dar siete vueltas”. Simbólicamente estamos diciendo:
“Torá, entra en todas las dimensiones de mi alma, hasta que aquello que mi alma sabe y siente se convierta en la manera en que vivo.”
Hay además una profundidad mayor: por qué se llaman hakafot, “círculos”, y qué relación tiene el círculo con Or Makif, Kéter y las siete sefirot. Esa explicación lleva el simbolismo de Simjat Torá a otro nivel.


Discover more from Gal Einai en Español

Subscribe to get the latest posts sent to your email.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Discover more from Gal Einai en Español

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading