Razi nos contará acerca de la manera en que Rabí Leví Itzjak de Berditchev juzgaba favorablemente a cada judío y acerca de sus graves “pecados”.
Escrito por Shilo Ofen
Categoría: Anoji y los niños
¡Hola, niños!
La semana pasada, el 25 de Tishrei, conmemoramos el día de la hilulá de uno de los tzadikim más queridos: Rabí Leví Itzjak de Berditchev. Se lo conoce por el famoso título de “Defensor de Israel”, debido a su inmenso amor por el pueblo judío y a su costumbre de encontrar méritos en cada judío, incluso en quien fuera considerado el mayor pecador.
LOS TRES “PECADOS”
No todos saben que Rabí Leví Itzjak sufrió mucho en su vida personal. Sorprendentemente, gran parte de ese sufrimiento fue provocado por la conducta desagradable de otros judíos. Este hecho eleva su capacidad para juzgar favorablemente a los demás a un nivel completamente diferente.
Es hermoso y digno de reconocimiento juzgar favorablemente a otra persona. Pero continuar haciéndolo después de haber sido herido personalmente representa una cualidad verdaderamente excepcional.
¿Qué sucedió?
Rabí Leví Itzjak ejercía como rabino y presidente del tribunal rabínico de la ciudad de Pinsk. En aquella época, Pinsk era una ciudad grande e importante, llena de estudiosos de la Torá y eruditos. Muchos de ellos no veían con buenos ojos sus costumbres jasídicas, que les parecían extrañas.
Rabí Leví Itzjak intentaba comportarse públicamente de manera moderada, acorde con el espíritu de los habitantes del lugar. Sin embargo, de vez en cuando se le “escapaba” alguna conducta jasídica que irritaba a los ancianos de la ciudad.
En determinado momento perdieron la paciencia y resolvieron destituirlo de su cargo. Pero lo hicieron de la manera más irrespetuosa posible. Un viernes, poco antes de la entrada del Shabat, hicieron subir a Rabí Leví Itzjak y a su familia a una carreta, los llevaron fuera de la ciudad y los abandonaron allí, humillándolos.
Así, sin alimentos y sin vino para hacer Kidush, Rabí Leví Itzjak y su familia tuvieron que pasar el Shabat.
¿Por qué los habitantes de Pinsk actuaron de una manera tan extrema?
Se cuenta que los dirigentes de la ciudad decidieron vigilar al rabino y observar atentamente sus extraños comportamientos. Finalmente, luego de investigarlo, descubrieron en él tres graves “pecados”, por los cuales decidieron destituirlo.
¿Cuáles eran aquellas terribles transgresiones? Creo que vale la pena conocerlas. ¡Ojalá nuestras mitzvot llegaran a parecerse a los “delitos” de Rabí Leví Itzjak!
TEMOR Y ESTREMECIMIENTO
Rabí Leví Itzjak fue sorprendido cometiendo su primer “pecado” dentro de su propia casa. ¿Cómo lo descubrieron? Muy sencillo: le prepararon una emboscada.
Un grupo de notables de la ciudad esperó fuera de su casa y, en un momento acordado, entró de repente en su habitación privada, sin advertencia previa.
La habitación parecía estar vacía y sobre la mesa había un vaso de agua. De pronto se escuchó un poderoso rugido:
“¡Bendito eres Tú, Hashem, Dios nuestro, Rey del universo, por cuya palabra todo fue creado!”.
Los hombres miraron en todas direcciones. Entonces, desde debajo de la cama, salió de un salto el rabino de la ciudad, Rabí Leví Itzjak. Sostenía con sus manos temblorosas el vaso de agua y bebió su contenido.
Ese era su primer pecado: un temor a Dios excesivo.
¿Alguno de nosotros sintió últimamente semejante temor ante Dios? Cuando Rabí Leví Itzjak se disponía a pronunciar las palabras “Bendito eres Tú”, se llenaba de tal temor y estremecimiento que terminaba acurrucado en algún rincón de la habitación, debajo de la cama.
“ME RESULTA DIFÍCIL VUESTRA SEPARACIÓN”
Como dijimos, los habitantes de Pinsk consideraban que aquella no era una conducta apropiada para un rabino respetable. Sin embargo, el episodio había sucedido en su casa particular, por lo que no podían reaccionar con demasiada dureza ni destituirlo solamente por eso. Decidieron, entonces, continuar vigilándolo.
El siguiente episodio no tardó en producirse, y los sabios de Pinsk ni siquiera necesitaron seguirlo para enterarse.
Rabí Leví Itzjak mantenía una profunda amistad con Rabí Tzvi, hijo de nuestro maestro, el Baal Shem Tov. Rabí Tzvi era un hombre modesto y silencioso, un tzadik oculto. Pero Rabí Leví Itzjak conocía sus grandes cualidades y amaba profundamente su compañía.
Cuando ambos se sentaban a realizar un farbrenguen, les resultaba difícil dar por terminado el encuentro. Como aprendimos acerca de Simjat Torá:
“Me resulta difícil vuestra separación”.
En cierta ocasión estuvieron reunidos hasta una hora muy avanzada. Rabí Tzvi miró el reloj, advirtió lo tarde que era y recordó que debía regresar a su casa para atender un asunto urgente.
Pero se enfrentaba a un grave problema: ¿cómo marcharse? No podía levantarse, porque pensaba en el dolor que le provocaría a su querido amigo Rabí Leví Itzjak.
Rabí Tzvi esperó el momento oportuno. Cuando Rabí Leví Itzjak se levantó para salir un momento, aprovechó la oportunidad y abandonó la casa.
Pocos instantes después, Rabí Leví Itzjak regresó. Al darse cuenta de que su amigo ya no se encontraba allí, se puso de pie agitadamente, salió corriendo a la calle y comenzó a gritar:
“¡Reb Tzvi! ¡Reb Tzvi! ¿Dónde estás?”.
Rabí Leví Itzjak ni siquiera prestó atención a su aspecto desaliñado. Dentro de su casa acostumbraba caminar con el talit katán, sin la prenda exterior: el traje negro propio del rabino de la ciudad. Y así salió a la calle.
Sus fuertes gritos hicieron que los vecinos abrieran las ventanas de sus casas y contemplaran a su maestro y rabino recorriendo las calles con una vestimenta que parecía un pijama…
Semejante amor por el pueblo de Israel estaba más allá de la comprensión de los notables de Pinsk. Respetar a un amigo, por supuesto. Sonreírle cortésmente, ¿por qué no? Pero un amor inmenso por el prójimo, que no conoce límites, era considerado por ellos una conducta salvaje.
“Una corona Te colocarán”
Después de aquellos acontecimientos, la gota que colmó el vaso para los habitantes de Pinsk fue un episodio ocurrido en público.
En las ciudades de Lituania y en los países ashkenazíes se utilizaba un orden específico de plegarias: el Núsaj Ashkenaz. Los jasidim, discípulos de nuestro maestro el Baal Shem Tov, adoptaron las costumbres del Arizal y el orden de plegarias que él había establecido.
Existen doce portales en el cielo, correspondientes a las doce tribus de Israel. Por cada uno de ellos asciende un orden diferente de plegarias. El orden seleccionado por el santo Arí es denominado “el portal general”, la puerta por la cual pueden ingresar todas las plegarias.
Los habitantes de Pinsk no estaban dispuestos a renunciar al orden tradicional de sus plegarias. Por eso le impusieron una condición a Rabí Leví Itzjak: pasara lo que pasara, ¡en Pinsk se rezaría según el Núsaj Ashkenaz!
Rabí Leví Itzjak aceptó la condición y acostumbraba rezar con la comunidad siguiendo su orden tradicional. Generalmente así lo hacía, hasta el día en que “tropezó” públicamente.
Ocurrió durante la plegaria de Musaf de Shabat. En la repetición de la Amidá, los jasidim comienzan la Kedushá con las palabras:
“Una corona Te colocarán”.
Estas palabras no aparecen en el Núsaj Ashkenaz.
En aquel Shabat, Rabí Leví Itzjak dirigía la plegaria. Por un instante olvidó dónde se encontraba y, apenas terminó la bendición de Mejaié hametim —“Quien resucita a los muertos”—, proclamó en voz alta:
“¡Una corona Te colocarán!”.
¿Cómo era posible santificar a Dios sin colocar una corona sobre Su cabeza?
¿Qué aprendimos de los tres “graves pecados” de este tzadik?
Recibimos una extraordinaria lección sobre lo que significa el temor a Dios. Vimos hasta dónde puede llegar el amor por Israel entre dos amigos del alma. Y aprendimos acerca del inmenso amor a Dios, que “salta” por encima de la cabeza, ¡hasta alcanzar la corona del Rey!
¡Que tengamos el mérito de seguir sus caminos!
¡Shabat Shalom y bendecido!
Razi
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