al Edicto de Expulsión de los Judíos de España del 31 de marzo de 1492
Sus Majestades:
Abraham Senior y yo agradecemos esta oportunidad para hacer nuestro último alegato escrito llevando la voz de las comunidades judías que nosotros representamos.
Condes, duques y marqueses de las Cortes, caballeros y damas: no es un gran honor cuando un judío es llamado a asistir por el bienestar y seguridad de su pueblo, pero es desgracia mayor que el Rey y la Reina de Castilla y Aragón y por supuesto de toda España tenga que buscar su gloria en gente inofensiva.
Encuentro muy difícil comprender como todo hombre judío, mujer y niño pueden ser una amenaza a la fe Católica. Son cargos muy fuertes, demasiado fuertes. ¿Es que nosotros la destruimos?
Es todo lo opuesto. ¿No estáis obligando en este edicto a confinar a todos los judíos en lugares restringidos y a tantas limitaciones en nuestros privilegios legales y sociales, sin mencionar que nos forzáis a cambios humillantes? ¿No fue suficiente la imposición de la fuerza, no nos aterrorizó vuestra diabólica Inquisición? Déjeseme mostrar en toda su dureza esta materia a todos los presentes; no dejaré callar la voz de Israel en este día.
Escuchad ¡oh Cielos!, y sea permitido que se me escuche, Rey y Reina de España. Isaac Abravanel se dirige a vos; yo y mi familia somos descendientes directos del Rey David, verdadera sangre real; la misma del Mesías corre por mis venas. Es mi herencia, y yo lo proclamo en nombre del rey de Israel.
En nombre de mi pueblo, el pueblo de Israel, los escogidos por Dios, declaro que son inocentes y sin culpa de todos los crímenes declarados en este abominable edicto. El crimen y la transgresión es para vos; para nosotros es el soportar el decreto sin justicia que Vos habéis proclamado. El día de hoy será de derrota y este año, que se imagina como el año de la gran gloria, será el de la vergüenza más grande de España. Es reconocido que la palabra honor debe ser propia de buenas y nobles acciones; de la misma forma, un acto impropio haría sufrir la reputación de una persona. Y si reyes y reinas acometen hechos dudosos se hacen daño a ellos mismos; como bien se dice, cuanto más grande es la persona el error es mayor.
Si los errores son reconocidos a tiempo pueden ser corregidos y el ladrillo débil que soporta el edificio puede ser resituado en posición correcta. Asimismo un edicto errado, si es cambiado a tiempo, puede ser corregido; pero objetivos religiosos han aventajado a la razón y malos consejos han precedido al justo razonamiento. El error de este edicto será irreversible, lo mismo que estas obligaciones que proclaman; mi rey y mi reina, escuchadme bien: error ha sido, un error profundo e inconcebible como España nunca haya visto hasta ahora. Vosotros sois los únicos responsables, como instrumentos del poder de una nación; si las artes y letras dan pautas a sensibilidades mas refinadas, si vosotros habéis aplacado el orgullo del infiel musulmán pese a la fuerza de su ejército mostrando conocimiento del arte y de la guerra y respetando su conciencia ¿con qué derecho los inquisidores recorren los campos quemando libros por miles en piras publicas?
¿Con qué autoridad los miembros de la Iglesia desean ahora quemar la inmensa biblioteca arábiga de este gran palacio moro y destruir sus preciosos manuscritos? Porque es por autoridad vuestra, mi rey y mi reina. En lo más profundo de sus corazones Vuestras Mercedes han desconfiado del poder del conocimiento, y Vuestras Mercedes han respetado sólo el poder. Con nosotros los judíos es diferente. Nosotros los judíos admiramos y estimulamos el poder del conocimiento. En nuestros hogares y en nuestros lugares de rezo el aprendizaje es una meta practicada por toda la vida. El aprendizaje es una pasión nuestra que dura mientras existimos; es el corazón de nuestro ser; es la razón, según nuestras creencias, para la cual hemos sido creados. Nuestro amor a aprender pudo haber contrapesado su excesivo amor al poder. Nos pudimos haber beneficiado de la protección ofrecida por vuestras armas reales y vos os pudisteis haber beneficiado de los adelantos de nuestra comunidad y del intercambio de conocimientos, y digo que nos hubiésemos ayudado mutuamente.
Así como se nos ha mostrado nuestra debilidad, su nación sufrirá la fuerza de un desequilibrio al que Vuestras Mercedes han dado comienzo. Por centurias futuras, vuestros descendientes pagarán por los errores de ahora. Vuestras Mercedes verán que la nación se transformará en una nación de conquistadores que buscan oro y riquezas, viven por la espada y reinan con puño de acero; y al mismo tiempo os convertiréis en una nación de iletrados, vuestras instituciones de conocimiento, amedrentadas por el progreso herético de extrañas ideas de tierras distintas y otras gentes, no serán respetadas. En el curso del tiempo el nombre tan admirado de España se convertirá en un susurro ente las naciones. España, que siempre ha sido pobre e ignorante, España, la nación que mostró tanta promesa y que ha completado tan poco. Y entonces, algún día, España se preguntará a sí misma: ¿que ha sido de nosotros? ¿Por qué somos el hazmerreír entre las naciones? Y los españoles de esos días mirarán al pasado para ver por qué sucedió esto. Y aquellos que son honestos señalarán este día y esta época de la misma manera que cuando esta nación se inició. Y la causa de su decadencia no mostrará a nadie más que a sus reverenciados soberanos Católicos, Fernando e Isabel, conquistadores de los moros, expulsores de los judíos, fundadores de la Inquisición y destructores de inquisitivas mentes de los españoles.
El edicto es testimonio de la debilidad cristiana. Esto ha demostrado que los judíos son capaces de ganarle a los siglos. Argumento viejo sobre estas dos creencias. Esto explica el por qué existen falsos cristianos: estos cristianos cuyas creencias han sido sacudidas por argumentos que el judío conoce mejor. Esto explica por qué la nación cristiana se perjudicará como dice que lo ha sido. Deseando silenciar la oposición judía, la mayoría cristiana ha decidido no seguir argumentando, eliminando la fuente del contraargumento. No se le dio oportunidad alguna al judío.
Esta es la última oportunidad para traer este tema a tierra española. En estos últimos momentos de libertad, otorgada por el Rey y la Reina, yo, como representante de la judería Española, reposo en un punto la disputa teológica. Yo la dejaré con un mensaje de partida, a pesar de que a Vuestras Mercedes no os guste.
El mensaje es simple. El histórico pueblo de Israel, como se ha caracterizado por sus tradiciones, es el único que puede emitir juicio sobre Jesús y su demanda de ser el Mesías; y como Mesías, su destino fue el de salvar a Israel, de modo que debe venir de Israel a decidir cuándo debe salvarlo. Nuestra respuesta es la única respuesta que importa, o acaso Jesús fue un falso Mesías. Mientras el pueblo de Israel exista, mientras las gentes de Jesús continúen en rechazarlo, su religión no puede ser validada como verdadera. Vuestras Mercedes pueden convertir a todas las gentes, a todos los salvajes del mundo, pero mientras no conviertan al judío, Vuestras Mercedes no han probado nada, salvo que pueden persuadir a los que no están informados.
Lo dejamos con este confortante conocimiento. Porque Vuestras Mercedes pueden disponer de sus poderes, pero nosotros poseemos la verdad por lo alto. Vuestras Mercedes podrán desposeernos como individuos, pero no podrán desposeernos de nuestras almas sagradas y de la verdad histórica, que es el único testigo nuestro.
Escuchad, Rey y Reina de España, en este día Vuestras Mercedes han engrosado la lista de fabricantes de maldades contra los que quedan de la Casa de Israel; si Vuestras Mercedes se empeñan en destruirnos, todos han fracasado. Mas, sin embargo, nosotros prosperaremos en otras tierras lejanas. Y doquiera que vayamos, el Dios de Israel estará con nosotros, y a Vuestras Mercedes rey Fernando y reina Isabel, la mano de Dios los atrapará y castigará por la arrogancia de sus corazones.
Hágase a Vuestras Mercedes autores de esta iniquidad; a lo largo de generaciones por venir, será contado repetidamente cómo su fe no fue benevolente y cómo su visión se cegó. Pero, más que sus actos de odio y fanatismo, el coraje del pueblo de Israel será recordado por haberse enfrentado contra el poderoso Imperio Español y por habernos apegado a la herencia religiosa de nuestros padres, resistiendo a los argumentos inciertos.
Expúlsennos, arrójennos de esta tierra que hemos querido tanto como Vos, pero los recordaremos, Rey y Reina de España, como los que en nuestros santos libros buscaron nuestro daño. Nosotros los judíos, con nuestros hechos en las páginas de la historia y nuestros recuerdos de sufrimiento; e incurriréis en un daño mayor a vuestros nombres que el mal que nos habéis causado.
Nosotros los recordaremos, y a su vil edicto de expulsión, para siempre.

Contexto histórico y manipulación moderna de un mito hispanófobo:
Con todo respeto, pero para quienes citen esa supuesta carta de Abravanel, conviene precisar algunos hechos históricos. Lamento desilusionar a alguno, pero esa pretendida épica “respuesta de Isaac Abravanel” que circula por internet no consta en ninguna fuente hebrea o castellana del siglo XV. Es un texto apócrifo redactado siglos después, con estilo bíblico, pero sin soporte documental. De hecho, no es un texto histórico auténtico, sino una recreación posterior, difundida en círculos sionistas y negrolegendarios desde mediados del siglo XX. Vamos, en época de mis padres, para que se hagan una idea. Y con anacronismos históricos propios de ladinos ignorantes, como referirse al “poderío de la España imperial”. Un imperio de España que tardaría décadas aún en establecerse y que no formaba parte del léxico de la época, por lo que Abravanel no pudo escribir tal cosa.
Por otra parte, la supuesta “respuesta” de Isaac Abravanel a los Reyes Católicos carece de toda verosimilitud histórica. Cuando se instala en Nápoles hacia 1492-1493, lo hace en un territorio de la órbita política aragonesa, bajo la protección de un monarca aliado y emparentado con Fernando el Católico —Alfonso II de Nápoles, primo segundo del rey aragonés y miembro de la misma Casa de Trastámara que reinaba en Aragón con Fernando el Católico y en Castilla con la reina Isabel La Católica. Poco después fue nombrado consejero financiero del propio Alfonso II, lo que demuestra que no existió persecución personal ni enemistad política. Si realmente hubiera redactado un panfleto de odio contra los Reyes Católicos, insultando a quienes eran aliados de su nuevo señor, habría cometido un acto de traición cuyas consecuencias habrían sido inmediatas. Sus obras conocidas no contienen ninguna invectiva contra España ni contra sus monarcas, lo que confirma el carácter apócrifo y tardío de ese supuesto escrito, que no existió en ninguna fuente hasta que fue difundido por primera vez a mediados del siglo XX, y que se refiere a una España imperial de un imperio que fue muy posterior.
Conviene recordar que la expulsión de los judíos no fue exclusiva de España: Inglaterra (1290), Francia (1306 y 1394), Austria (1421) y otros reinos europeos hicieron lo mismo, sin dar la opción de conversión.
En España, sí hubo esa opción, y la mayoría eligió quedarse como cristianos nuevos; muchos de ellos o sus descendientes siguieron sirviendo a la Corona y a la cultura hispánica durante siglos, hasta perder la memoria de sus raíces judaicas perfectamente integrados en la España de la Monarquía Católica.
La hostilidad hacia las comunidades judías en la España medieval no surgió del fanatismo religioso, sino de la memoria política y militar de su colaboración con el invasor islámico desde 711.
Las crónicas cristianas y árabes coinciden en que, tras la invasión musulmana, los judíos se asentaron masivamente en las ciudades ocupadas por los invasores islámicos, ocupando posiciones estratégicas, administrando impuestos, abastecimientos y defensa local mientras los ejércitos musulmanes salían a guerrear en el norte contra los reinos hispanos cristianos que luchaban por recuperar el reino perdido de Spania. Crónicas cristianas como la de Alfonso III de Asturias y la Crónica Mozárabe de 754 mencionan cómo los cristianos locales, al intentar reconquistar alguna ciudad durante esas ausencias, eran denunciados o reprimidos por las autoridades locales judías al servicio de los musulmanes.
Durante siglos, los judíos también participaron en el tráfico de esclavos cristianos capturados en las razzias, comerciando a través de sus contactos con otros judíos asentados en Europa y en el Mediterráneo desde los mercados de Al-Ándalus. De allí, eran primero adquiridos a sus captores musulmanes que regresaban de sus campañas militares y luego enviados a los poderosos del Mediterráneo islámico y vendidos en los mercados de esclavos establecidos en la zona islámica.
Este tráfico de cristianos cautivos se realizaba a través de rutas mediterráneas conectadas con Ceuta, Alejandría, Constantinopla y el Próximo Oriente, donde la presencia mercantil judía era importante. A su vez, una vez trasladados los cristianos a los territorios musulmanes del Mediterráneo, las familias que querían liberar a los suyos tenían que pagar los sustanciosos rescates que gestionaban los judíos allí asentados.
La crónica de Lucas de Tuy (s. XIII) y documentos de la Corte de León y Castilla mencionan el resentimiento social de los cristianos hacia los arrendadores y recaudadores judíos, que gestionaban tributos y rescates de cautivos cristianos esclavizados. Existía una red transmediterránea de comercio de esclavos donde intermediaban mercaderes judíos entre el norte cristiano y el mundo islámico. Con ello hicieron grandes fortunas los judíos sefardíes de Al-Ándalus junto a sus socios instalados en el Mediterráneo, beneficiándose del comercio de los cautivos esclavos —hombres, mujeres y niños cristianos— que mantuvieron viva la memoria de tantos crímenes contra el pueblo cristiano durante los siglos de estrecha colaboración con los mahometanos. Vender a un cristiano cautivo al enemigo musulmán equivalía a colaborar con el opresor.
Hasta que, con el fin de la Reconquista, llegó el momento de saldar cuentas por la desconfianza y el odio que, por su colaboración con los invasores —además de los otros factores comunes pero menos relevantes con los demás reinos europeos de los que ya habían sido expulsados—, habían generado las comunidades judías entre los cristianos, un sentimiento que se transmitió durante generaciones. En España la expulsión tenía factores históricos que eran ajenos a las decretadas en los demás reinos de Europa. El clima de confianza era imposible: no se trataba de fe, sino de lealtad política.
Culminó en el Edicto de Expulsión de los judíos en 1492, que sería seguido unos pocos años después por el Edicto de Expulsión de los mahometanos y finalizado por la expulsión de los moriscos (conversos dudosos de su lealtad de origen musulmán) por orden del rey Felipe III, ejecutada entre 1609 y 1615, y que supuso la expulsión forzosa de unos 300.000 moriscos, multiplicando muchas veces el número de la minoría de judíos que prefirieron abandonar España en vez de convertirse.
Fue una decisión política de un Estado que acababa de reunificarse por fin en la fe cristiana del antiguo reino cristiano católico de Spania, con capital en Toledo, tras ocho siglos de sangrientas guerras contra el invasor islámico e incontables sufrimientos. El Edicto de Granada, como el posterior de los moriscos, no se dirigía contra una raza, sino contra una minoría sospechosa de doble lealtad en un contexto de guerra y espionaje.
El antisemitismo racial surgirá décadas y siglos después, con Lutero, Voltaire y el nacionalismo romántico europeo. En la España medieval, la cuestión judía fue una cuestión de lealtad y soberanía, no de raza ni de odio teológico.
No fue debido al mito del “deicidio”. Tampoco fue un acto racista de antisemitismo moderno, ya que, de otro modo, no se les habría dado la opción de convertirse al cristianismo, opción elegida por la mayoría de los judíos sefarditas, que se quedaron e integraron definitivamente como españoles.
Lo que resulta moralmente inaceptable es que cinco siglos después, con los avances filosóficos de la Escuela de Salamanca, la Ilustración, la doctrina de los derechos humanos, el desarrollo del derecho internacional y el horror aún reciente de genocidios como el Holodomor y el Holocausto, algunos desde Israel jueguen la carta victimista contra España y pretendan dar lecciones de humanidad desde un Estado moderno que hoy practica bombardeos masivos sobre población civil, con miles de niños muertos, algo infinitamente más cruel que cualquier hecho del siglo XV.
Si se va a juzgar la historia, que se juzgue toda, en su momento cronológico del desarrollo filosófico humanitario y con sus luces, sus sombras y su coherencia moral. Quien pretenda usar el pasado como arma política, debería empezar por mirar su propio presente.