JASIDUT

ESTUDIO SEMANAL: Parashá Noaj
CALENDARIO HEBREO: El mes de Jeshván
Parte 1: Reyes Malvados y sus Chispas Mesiánicas
EL MES DE JESHVAN
Este y los dos siguientes artículos son extractos de la emisión mensual en inglés de octubre de 2017, que giraba en torno a la figura de tres reyes no judíos: Nimrod (que se menciona por primera vez en la parashá de esta semana), Nabucodonosor y el emperador romano Nerón. En la clase original, HaRav Ginsburgh explicó cómo la oscuridad infligida por los peores de nuestros enemigos acabará convirtiéndose parte de la luz de Mashíaj, gracias al nuevo y más profundo entendimiento de la Torá que revelará.
La letra y el sentido del mes de Jeshván
Sefer Ietzirá o “El Libro de la Formación” es el texto cabalístico más antiguo. Se centra en las letras del alfabeto hebreo y ofrece una gran cantidad de información sobre ellas y su relación con el tiempo y el espacio. Uno de los análisis fundamentales es que las 22 letras se dividen en 12, 7 y 3. Cada una de las 12 letras, conocidas como letras simples, crea un mes del año que comienza en el mes de Nisan. El orden es הוזחטילנסעצק. Dado que ahora estamos en el mes de Jeshván, que es el octavo mes desde Nisan, la letra que crea Jeshván es una nun (נ). Cada mes también está asociado a un sentido particular. Los doce sentidos son más que los cinco sentidos físicos habituales en nuestro cuerpo; incluyen también un conjunto ampliado de sentidos basados en facultades espirituales. Los 12 meses también corresponden a las Doce Tribus de Israel.
La tribu del mes de Jeshván es Menashé, y su sentido es el olfato. El profeta Isaías asoció el sentido del olfato con el Mashíaj, hasta tal punto que los sabios dicen que Mashíaj se le puede reconocer por su capacidad de juzgar u orientar a cada persona con la ayuda de su propio sentido espiritual del olfato interior.
Si la letra es nun y el sentido es el olfato, ¿cuál es la conexión entre ellos? Entenderemos esto entendiendo el significado de la letra nun.
“Yinon es su nombre”
Las letras hebreas tienen nombres, y el nombre de la letra nun (נ) es explicado por Rashi como “rey” o “realeza”, especialmente en el Salmo 72, que comienza con “Por Salomón: oh Di-s, concede Tus juicios al rey y Tu justicia al hijo del rey”,[1] pero que muchos comentaristas dicen que describe la figura de Mashíaj. En ese salmo encontramos el versículo, “que su nombre perdure para siempre; ante el sol, que reine su nombre.”[2] La palabra hebrea para “reinar” o “gobernar” se pronuncia inón y se escribe: יִנּוֹן. Pero este versículo también puede significar que el rey, es decir, el nombre del Mashíaj será Inón,[3] un nombre derivado de la letra nun.
El versículo concluye: “y todas las naciones se bendecirán por él; le llamarán afortunado [alabadle y alegraros y afortunados por medio de él].” Cuando Di-s le dijo a Avraham que dejara su tierra, su lugar de nacimiento y la casa de su padre, le prometió: “y tú serás una bendición… y todas las familias de la tierra se bendecirán por ti.”[4] Así como el primer judío es la fuente de bendición para toda la humanidad, así Mashíaj será la fuente de bendición para toda la humanidad. En resumen, Inón es el nombre del rey que conecta la letra nun (y el mes de Jeshván) con la realeza.
Nisán y Jeshván: El exterior e interior de la realeza
Sin consultar el Sefer Ietzirá, el mes en que la Torá se conecta explícitamente con la realeza es Nisán. Como dice la mishná, “Hay cuatro comienzos para el año… el primero de Nisan es el Año Nuevo para los reyes.”[5] Además, dado que hemos identificado la letra nun con la realeza, es significativo que el nombre del mes de Nisan (נִיסָן) empiece y termine con la letra nun. Como extra, la tribu asociada al mes de Nisan es Judá, Iehuda, la tribu del rey David y la casa eterna de reyes davídicos.
¿Cuál es la diferencia entre la realeza de Nisan y la realeza de Jeshván (חֶשְׁוָן), en la que la letra nun aparece solo una vez al final del nombre del mes? Nisan es la manifestación revelada y externa de la realeza y del rey, pero el alma interior del rey, el aspecto interior de la realeza, que está ligado al sentido del olfato, la dimensión espiritual del liderazgo de Mashiaj, está en Jeshván. El lado físico del rey – su cuerpo, que proviene del rey David y la tribu de Judá, pertenece a Nisan, mientras que su lado interior y espiritual pertenece a Jeshván. Así, podemos empezar a apreciar la esencia del mes de Jeshván, que encapsula las facultades espirituales internas de la realeza y de Mashíaj.

Parte 2: Reyes Malvados y sus Chispas Mesiánicas
REYES DE LA LETRA NUN
Nimrod: El Primer Rey
El mes de Jeshván se relaciona con las facultades internas de la realeza.[6] Es muy apropiado que en nuestra lectura pública de la Torá leamos sobre el primer rey en el mes de Jeshván, específicamente en la parashat Noaj.
Hay un principio en la Torá (y en general) que dice que “todo sigue al origen”. Cuando uno quiere saber algo en la Torá – una persona, un concepto, una historia – debe encontrar su primera aparición en la Torá, o en la historia,[7] en la que se basan todos los conceptos y eventos similares que le siguen. La realeza comienza desde un punto determinado, desde un lugar determinado. Adán, el primer hombre, no fue rey (sobre una nación); su hijo Set tampoco fue rey, ni tampoco lo fue su nieto Enosh. ¿Quién fue el primer rey? ¿Cuántas generaciones hay que esperar, desde la creación de Adán hasta el primer rey?
La respuesta es 13 generaciones – tres generaciones después de Noé, que era la décima generación desde Adán, la décima generación de la humanidad. Noé tuvo tres hijos. Uno de ellos fue Jam, que tuvo un hijo llamado Kush (Etiopía), y Kush engendró a Nimrod, el primer rey de la historia, según lo documentado en la Torá,
Y Kush engendró a Nimrod; el primer hombre poderoso en la tierra. Fue un cazador poderoso ante Di-s…. Y su reino comenzó con Babilonia, y con Erej, y Akkad, y Kalneh, en la tierra de Shinar.[8]
Si la realeza comienza con Nimrod, hay que familiarizarse con esta alma. No era un tzadik; era malvado. Conocemos su maldad a través de Abraham, el primer judío y nuestro primer patriarca, a quien persiguió por su fe en un solo Di-s. Después de que Abraham rompiera los ídolos en la tienda de su padre, Nimrod intentó matarlo arrojándolo al horno de fuego, pero Abraham fue milagrosamente salvado cuando Dis mismo lo salvó.[9]
Nimrod fue el rey de Babilonia, y estuvo detrás de la construcción de la Torre de Babel. En la historia de la propia Torre de Babel, el nombre Nimrod no aparece, pero en el relato de las generaciones de Noé se escribe de él: “y el principio de su reino fue Bavel“, por lo que está muy claro que él fue quien lideró la historia de la construcción de la ciudad y la construcción de la torre. Se dice que la idolatría de Babilonia, que comenzó con Nimrod y terminó con Nabucodonosor (Nebujadnetzar) fue llamada Bel, como Babel, algo parecido a Baal, la principal idolatría en la Tierra de Israel durante la época bíblica. Nimrod construyó la ciudad capital de Babilonia, y todo lo relacionado con Babilonia[10] proviene de él. Incluso cosas buenas relacionadas con Babilonia, como el Talmud babilónico.
La forma en que vivimos hoy como judíos deriva en gran medida del Talmud babilónico y no, como se podría suponer, según el posterior Talmud de Jerusalén. Como resultado, hasta hoy, hay algo muy fundamental en nuestras vidas que sigue conectado con Babilonia.
Nabucodonosor: La reencarnación de Nimrod
¿Qué sabemos en la Cabalá sobre Nimrod? Lo primero que queda claro es que su nombre comienza con la letra nun, la letra de este mes, Jeshván, cuyo significado dijimos es rey.
El Arizal, el más grande de los cabalistas, nos enseña que Nimrod regresó en reencarnación por segunda vez como Nabucodonosor. Nabucodonosor fue el rey del imperio babilónico, como Nimrod, y es el rey que destruyó el Primer Templo. En Nabucodonosor, Nevujadnetzar (נְבֻכַדְנֶאצַּר), la letra nun aparece dos veces. Se entiende que Nevujadnetzar está compuesto por dos palabras: Nebujad – netzar. La segunda parte, netzar significa emperador o rey. Así que, esencialmente, ambas partes de su nombre comienzan con la letra nun.
De nuevo, según el Arizal, Nabucodonosor fue una reencarnación de Nimrod. Según el Talmud – la dimensión revelada de la Torá – era un descendiente físico de Nimrod. Pero el Talmud añade otro hecho asombroso: que también era descendiente del rey Salomón, quien construyó el Primer Templo que Nabucodonosor destruyó. ¿Cómo puede ser esto?
Las Escrituras relatan que la reina de Saba (Sheba) vino a presenciar la sabiduría de Salomón y la grandeza de su reino. Cuando se encontraba en Jerusalén, le pidió algo (que no se menciona explícitamente en las Escrituras). Los sabios revelan que ella pidió tener un hijo de Salomón, y que él le concedió su petición.[11] El niño nacido de esta unión fue Nabucodonosor, lo que podría significar que Nabucodonosor era descendiente de este niño unas generaciones después.
Nerón Caesar
Hay otro rey no-judío más importante cuyo nombre comienza con nun y que estuvo relacionado con la destrucción del Templo, esta vez el Segundo Templo. Se trata de Nerón, el emperador romano, que en el Talmud es conocido como Nerón César, Nerón Keisar (נֵירוֹן קֵיסָר). Su nombre comienza con nun y termina con nun, y contiene todas las letras del nombre de la letra nun (נון), que significa “rey”, como se mencionó anteriormente.
La guematria más famosaen la tradición no judía es la 666. Para muchos no judíos, este es un número aterrador, asociado con lo que llaman el “Anticristo”. El verdadero significado de este número es que es el valor del nombre de Nerón cuando se escribe de una manera particular, Nerón Kesar (נֵרֹון קֵסָּר). Claramente, la conexión es imprecisa ya que ambas palabras están escritas con una grafía defectiva. Nerón es considerado el Anticristo según la falsa tradición no judía, hasta tal punto que creen que volverá para luchar contra el Mashíaj.[12]
Hay una pizca de verdad detrás de estos relatos fantásticos. En el Talmud babilónico, nuestra verdadera tradición, está escrito que, al final de su vida, Nerón se convirtió al judaísmo, y que Rabi Meir, el gran discípulo de Rabi Akiva, se encontraba entre sus descendientes. Según algunos historiadores romanos no judíos, Nerón se suicidó a una edad temprana, pero según otros, simplemente desapareció. Incluso hay no-judíos que piensan que nunca murió, que sigue vagando errante por el mundo – el “anti-” de su mesías. Para nosotros, es muy sencillo: es el padre de una figura mesiánica, el Mashíaj se encuentra entre sus descendientes – se trata de un linaje asombroso. De todos los sabios de la Mishná, Rabi Meir fue el único que se consideraba a sí mismo con potencial para ser Mashíaj. El hecho de que la única figura mesiánica en la Mishná sea Rabi Meir y que sea descendiente de Nerón, sobre quien existe toda una historia en el Talmud acerca de lo que le llevó a convertirse al final de sus días.
El retorno de las chispas de los malvados
Hemos visto la rectificación de Nerón, que se convirtió al final de sus días. ¿Existe una rectificación para Nabucodonosor? ¿Podría haber también alguna rectificación para él? Según los sabios, Nerón tiene una rectificación – ¿qué pasa con los dos antes que él, Nimrod y Nabucodonosor? La conclusión a la que intentamos llegar, la idea principal de todo este debate, es que incluso los reyes más malvados de la historia – aquellos que destruyeron los Templos, los valores y la cultura judíos, y mataron a millones de judíos – incluso ellos tienen algún tipo de rectificación. No solo existe alguna rectificación para ellos, sino que en su interior hay una chispa de Mashíaj. En el interior de estas personas malvadas hay chispas mesiánicas que deben ser redimidas y cuando logremos redimirlas, el verdadero Mashíaj podrá aparecer y redimirnos a todos.
Lo que acabamos de decir encaja perfectamente con lo que hemos estado debatiendo en los últimos años sobre la Cuarta Revolución en el estudio de la Torá, que trata de permitir e incluso exigirnos enseñar la Torá a todo el mundo. La Torá posee la cualidad especial de extraer de estos reyes, como un imán que atrae limaduras de metal, las chispas perdidas de santidad que se encuentran ocultas en su interior. Como explicamos extensamente al tratar de la Cuarta Revolución, ahora nos encontramos en las etapas finales de nuestro largo exilio, una etapa destinada a redimir las chispas de santidad que se hallan entre las naciones del mundo. Estas chispas son redimidas cuando los no judíos se convierten al judaísmo. Hasta que todas las chispas perdidas entre las naciones regresen al judaísmo y sean rectificadas, la redención final no llegará; Mashíaj no puede llegar.
De acuerdo con los sabios, todas los malvados más conocidos tuvieron descendientes que estudiaron Torá – no solo Nimrod y Nabucodonosor, sino también Sanjeriv, el Faraón y otros similares. Hay un debate en el Talmud cuya conclusión es que todos los reyes malvados que destruyeron y mataron a judíos e incluso aquellos que solo conspiraron contra nosotros, como Hamán, tuvieron descendientes que se convirtieron y estudiaron Torá.

Parte 3: Reyes Malvados y sus Chispas Mesiánicas
PRIMERO LA OSCURIDAD, LUEGO LA LUZ
De Nimrod a Gedeón (Guidón – גִּדְעוֹן).
La primera aparición de la realeza se encuentra en la parashá Noaj. La Torá describe a Nimrod, rey de Babilonia, quien era sumamente malvado. La realeza es un concepto central en la Torá, y el hecho de que su aparición inicial esté representada por uno de los peores ejemplos ilustra el principio de que muchos conceptos siguen el orden de «la oscuridad precede a la luz».[13] La creación también comenzó con un estado en el que «la tierra era caótica y vacía», una realidad fragmentada, y después, el hombre fue creado para recoger los fragmentos y reconstruir la realidad. De hecho, existen innumerables ejemplos en la Torá de cómo el caos precede al orden y la oscuridad precede a la luz. Cuando la primera aparición de un concepto es negativa, generalmente le sigue alguien cuya misión consiste en remediar la situación y transformar la oscuridad en luz.
Específicamente con respecto a Nimrod, quien era el rey de Babilonia, la suma de su nombre, Nimrod (נִמְרֹד) y el nombre de su reino, Babel (בָּבֶל) es “oscuridad”, joshej (חֹשֶׁךְ).
Continuemos con un poco más de análisis numérico más en detalle. Una de las formas de calcular el valor de una palabra es mediante la “numeración primordial”, mispar kidmi (מִסְפַּר קִדְמִי), que consiste en asignar a cada letra la suma de los valores de todas las letras hasta esa letra inclusive. El valor de alef se mantiene en 1, pero el de iud (אבגדהוזחטי) se convierte en 55, y así sucesivamente.
El valor primordial de ambos Nimrod (אבגדהוזחטיכלמנ אבגדהוזחטיכלמ אבגדהוזחטיכלמנסעפצקר אבגד) y Babilonia (אב אב אבגדהוזחטיכל) es 1256, lo que significa que la parte primordial (1256 menos 328, [328 = 294 más 34] el valor numérico ordinario de Nimrod y Babilonia, como hemos visto anteriormente) es 928, que es el valor de “Una nueva Torá”, Torá Jadashá (תּוֹרָה חֲדָשָׁה), “una nueva Torá surgirá de Mí”; revelando esto que, oculta en el interior de su oscuridad, hay una luz grandiosa e innovadora que espera ser revelada. Este principio se describe mediante el versículo: “El pueblo que caminaba en la oscuridad ha visto una gran luz”, y demuestra que existe una ventaja y una superioridad especiales en la luz que surge de la oscuridad.
Una nación de sacerdotes no necesita un rey.
Permítannos hacer una introducción más sobre este tema: uno de los jueces más justos, si no el más justo, es Gedeón. Después de que Gedeón venciera a Midián gracias a milagros y a una abundante ayuda divina, los israelitas quisieron coronarlo rey. Esta era la época de los Jueces, anterior al tiempo de Saúl y David, y este relato trata de la petición de un rey formulada por parte del pueblo. Durante el período de los Jueces, el pueblo iba madurando para llegar a tener un rey, y uno de los hitos principales en este proceso es la historia de Gedeón. El propio Gedeón se negó a ser coronado, pero su malvado hijo Avimelej aprovechó la oportunidad, y de ello surgió algo bastante nefasto. Cuando se reclama algo antes de que haya madurado, el resultado es totalmente nefasto. El siguiente intento de coronar a un rey tuvo lugar con Saúl, quien, a pesar de ser descrito como inocente, “como un niño de un año, cuando Saúl comenzó a reinar», y a pesar de ser, en el fondo, un tzadik, (justo), se derrumbó, lo que constituye otro ejemplo de “primera oscuridad”.
Fue solo cuando David fue ungido rey – ese David, que arrastraba tras de sí una “caja de alimañas”, símbolo de sus defectos y fracasos – que algo exitoso y positivo surgió de la realeza.
El primer intento fue con Gedeón, pero él se negó: «No, yo no reinaré sobre vosotros, ni mi hijo reinará sobre vosotros; Havaia reinará sobre vosotros». ¿Qué nos enseña esto en general? Hay comentaristas que explican que, como principio fundamental, el pueblo judío no necesita la institución del rey. Se supone que debe ser, como dice Di-s en la Entrega de la Torá: «Seréis para Mí un reino de sacerdotes y una nación santa», es decir, un reino gobernado por sacerdotes. Si el pueblo acepta el sacerdocio – es decir, a los maestros del espíritu – como su liderazgo, puede convertirse en «una nación santa». Ese es el propósito original de Di-s.
La mitzvá de nombrar un rey se aplica únicamente cuando «y diréis: “Pondré un rey sobre mí, como todas las naciones”». En el caso de Saúl, la situación fue aún peor, pues la petición del pueblo llevó a que Di-s le dijera a Samuel: «No te han rechazado a ti, sino a Mí es a quien ellos han rechazado». Se dice que el precepto de nombrar un rey, al igual que la ley de la hermosa cautiva, se aplica «solo en consideración a la inclinación al mal».
Di-s cede ante la inclinación al mal cuando la nación no es santa, lo que provoca su deterioro general. Esto puede deberse a la corrupción entre los sacerdotes o entre los rabinos, o que el pueblo no esté dispuesto a someterse a la autoridad. Esto conduce a una forma negativa de anarquía. Pero nuestro verdadero objetivo es que, cuando venga Mashíaj, merezcamos finalmente una forma rectificada de anarquía, que no requiera guardianes de la ley, sino solo consejeros. Para nosotros, este estado ideal se denomina “conciencia natural”. En el momento en que fracasa el anhelo primordial de un «reino de sacerdotes», se convierte en anarquía, y Di-s prefiere el gobierno de un rey a la anarquía destructiva. Por lo tanto, nombrar un rey es una situación que dista de ser ideal, pero impuesta por la realidad.
[1] Salmos 72:1.
[2] V. 17.
[3] Curiosamente, en numeración reducida, el valor de la letra nun es 5, y si aplicamos esto al nombre Inón, obtenemos el Nombre esencial de Di-s, Havaia (י-הוה). La forma escrita de este nombre es Inin (ינין). Al efectuar la misma sustitución, llegamos al futuro Nombre esencial de Dios: Ihié (יִהְיֶה).
[4] Génesis 12:2-3.
[5] Mishná Rosh Hashaná 1:1.
[6] Véase el artículo anterior de esta serie.
[7] A veces el orden de la Torá no es el orden de la historia – “no hay orden cronológico en la Torá” – y entonces lo principal es el orden de los acontecimientos que describe la Torá.
[8] Génesis 10:8-10.
[9] Véase Pesajim 118a: En el momento en que el malvado Nimrod arrojó a Avraham Avinu al horno de fuego, Gabriel dijo ante el Santo Bendito Sea: “Señor del universo, déjame bajar y enfriar [el fuego] y salvar al justo del horno ardiente.” El Santo Bendito Sea le dijo: “Soy único en Mi mundo, y él es único en su mundo; es apropiado que el Único salve al único.” Y dado que el Santo Bendito Sea no niega recompensa a ninguna criatura, dijo: “merecerás salvar a tres de sus descendientes [es decir, Jananí, Mishael y Azariá].
[10] Véase también el ensayo “Mapelet Bavel” en nuestro volumen en hebreo, Rujó Shel Mashiaj.
[11] Esto se insinúa en el versículo (1 Reyes 10:13), “y el rey Salomón dio a la reina de Saba todo lo que ella deseaba, todo lo que ella pidió.”
[12] Usando la ortografía hebrea correcta, el valor de “Nerón” (נֵירוֹן) es el mismo que “ese hombre”, Haish (הָאִישׁ), refiriéndose a Jesús”, Ieshu (יֵשׁוּ). Resulta que esto es una alusión aún más clara a que Nerón es una figura anti-mesiánica que toda la idea sobre el 666. Según la historia cristiana, Nerón fue quien mató a los dos principales apóstoles, Pedro y Pablo. Se dice que cuando regrese, también derrotará a “ese hombre”, razón por la cual se le teme como anticristo.
[13] Shabat 77b
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