EL MUNDO VUELVE A NACER BAJO UNA NUEVA LUZ
*1 LECTURA DE LA TORÁ*
*2 INVITACIÓN A LA MEDITACIÓN DE HOY POR ZOOM Y YOUTUBE*
*LA LUZ DEL JASIDUT*
*NACE UNA NUEVA LUZ*
*LUNES 24 DE TISHREI– 5-10-2026*
🕘*21:00 HORAS DE ISRAEL*
*🌍En vivo desde Israel
*💻Por Zoom* https://us06web.zoom.us/j/5839538733
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*Con el Rabino Jaim Frim*
En el primer día aparece la luz: *“Y dijo Dios: Sea la luz, y hubo luz”*. Antes de que existan el sol y la luna, Hashem introduce en la creación una luz primordial. Jasidut explica que esto nos enseña que, antes de ocuparnos de ordenar todos los detalles de nuestra vida, necesitamos luz: claridad acerca de para qué vivimos y hacia dónde queremos dirigirnos. Después de todo el trabajo espiritual de Tishrei, esa luz es la conciencia renovada de que nuestra vida tiene una misión divina.
*Abierto para todos, sin conocimientos previos.*
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26 de tishrei: RABI LEVI ITZJOK DE VERDITCHOV
Parashat Bereshit — El nacimiento del mundo y del ser humano
Bereshit abre la Torá con la creación del universo. En seis días, Hashem crea la luz y la oscuridad, los cielos, los mares y la tierra, la vegetación, el sol, la luna y las estrellas, los animales y, finalmente, al ser humano. El séptimo día, Shabat, Hashem cesa la obra creadora y lo bendice y santifica.
Adam y Javá son colocados en el Gan Eden, donde reciben una única prohibición: no comer del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. La serpiente persuade a Javá, ella come del fruto y también se lo da a Adam. Como consecuencia, toman conciencia de su desnudez y se esconden. Hashem los confronta y finalmente son expulsados del Gan Eden. Desde entonces, la vida humana estará marcada por el esfuerzo, la elección entre el bien y el mal y la tarea de reparar y elevar el mundo.
Luego nacen Caín y Hével. Ambos presentan ofrendas a Hashem, pero la ofrenda de Hével es recibida favorablemente. Caín, dominado por los celos, mata a su hermano. Hashem le pregunta: “¿Dónde está Hével, tu hermano?”, y Caín responde: “¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?”. Así aparece desde el comienzo de la humanidad una de las grandes preguntas de la Torá: nuestra responsabilidad por el otro.
La parashá continúa describiendo las primeras generaciones de la humanidad. Nacen ciudades, se desarrollan oficios, música y tecnología, pero paralelamente crecen la violencia y la corrupción moral. Adam y Javá tienen otro hijo, Shet, de cuya descendencia surgirá finalmente Nóaj.
Bereshit concluye con una humanidad que se ha alejado profundamente de su propósito. Hashem contempla la corrupción de la tierra y decide traer el Diluvio. Sin embargo, en medio de la oscuridad aparece una esperanza:
“Y Nóaj halló gracia a los ojos de Hashem”.
Así, Bereshit comienza con “Iehí Or — Sea la luz” y termina buscando una persona capaz de conservar esa luz dentro de un mundo oscurecido. Ese es también el mensaje al salir de Tishrei: la creación vuelve a comenzar, y cada uno recibe nuevamente la misión de hacer de su pequeño mundo una morada para Hashem.
JASIDUT DEL REBE
Un punto de Mesirut Néfesh — entrega absoluta
“¿Una ayuda frente a él” o “que no diga que las dos autoridades son Dios”?
“No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda frente a él” (Bereshit 2:18).
A primera vista hay que preguntar: es sabido que Rashi explica que el motivo de la creación de la mujer fue “para que no digan que existen dos autoridades [divinas]”. Pero aparentemente, ¿qué tiene que ver esta razón con el versículo que dice que fue creada para ser “una ayuda frente a él”?
Puede explicarse de la siguiente manera:
Si la mujer hubiera sido creada únicamente para satisfacer la necesidad del hombre, el versículo debería haber dicho: “No es bueno que el hombre esté solo”. Sin embargo, de las palabras “no es bueno que el hombre esté solo” se entiende que no se trata solamente de algo que no es bueno para el hombre, sino de algo que no es bueno para la totalidad de la Creación.
Por eso Rashi explica que la razón de la creación de la mujer es:
“Para que no digan que las dos autoridades son Dios”.
¿Y por qué está escrito entonces: “Le haré una ayuda frente a él”?
Porque esta es la razón correspondiente a la creación de la mujer misma: que ella sea una ayuda para él.
Pero el propósito santo y superior de su creación era proteger al hombre para que no llegara a una situación en la que pudiera equivocarse. De modo que los seres vivientes no estuvieran en pareja mientras él permaneciera solo, pues entonces la mujer fue creada para evitar que se dijera que existen “dos autoridades”.
Y puesto que fue creada, además, para ser “una ayuda frente a él”, el hombre debe entregarse y esforzarse en su trabajo espiritual. Incluso debe dejar de lado la consideración de que él es quien dirige y conduce el hogar.
(Basado en Likutei Sijot, vol. 5, pág. 19 y ss.; tomado de “Likrat Shabat”)
La diferencia es muy profunda: “una ayuda frente a él” explica para qué necesita Adam a Javá; “para que no digan que existen dos autoridades” explica por qué la Creación misma necesita que Adam no permanezca solo.
Cuando la Torá dice “No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda frente a él” — עֵזֶר כְּנֶגְדּוֹ, ézer kenegdó, habla de la relación entre el hombre y la mujer. La mujer viene a completar aquello que el hombre no puede realizar solo. Y la expresión es deliberadamente paradójica: es ézer, “ayuda”, precisamente siendo kenegdó, “frente a él”. No siempre ayudar significa estar de acuerdo; a veces la verdadera ayuda consiste en ponerse enfrente, cuestionar, equilibrar y obligar al otro a salir de sus limitaciones.
Rashi, en cambio, introduce una dimensión más universal. Sobre “No es bueno que el hombre esté solo”, explica que no debía quedar Adam como único ser humano, mientras todos los demás seres estaban constituidos como macho y hembra, “para que no dijeran: existen dos autoridades: el Santo, bendito sea, único en los superiores, y Adam único en los inferiores”. Es decir, la creación de la mujer no responde solamente a una necesidad personal de Adam, sino a la necesidad de preservar la verdad fundamental de toda la Creación: solo Hashem es verdaderamente Uno.
Aquí está la complementariedad. “Para que no digan que existen dos autoridades” destrona al hombre; “ézer kenegdó” construye la pareja. Primero Adam debe dejar de aparecer como una existencia autosuficiente, como el “único” de abajo. Después puede descubrir que precisamente su falta de autosuficiencia permite una relación en la que uno completa al otro.
Hay incluso una enseñanza de mesirut néfesh en esto. El hombre debe renunciar a la pretensión de ser el centro absoluto. La presencia de alguien “frente a él” le recuerda que no posee por sí solo la totalidad. Debe escuchar, recibir, ceder y dejar espacio al otro. Esa disminución del ego no debilita a la persona: la convierte en un recipiente para una unidad superior.
Por eso las dos explicaciones funcionan en dos planos:
“Ézer kenegdó” habla de la función de la mujer respecto del hombre; “que no digan que existen dos autoridades” habla del propósito divino de su creación respecto del mundo entero.
Y ambas confluyen en una misma idea jasídica: la verdadera unidad no significa estar solo, sino reconocer que la plenitud surge cuando dos realidades diferentes dejan de competir por ser absolutas y se unen alrededor del único Absoluto: Hashem.
Así, el “kenegdó” — estar frente al otro no contradice al “ézer” — ayudarlo. Precisamente porque está frente a él y no es simplemente una extensión de él, puede ayudarlo a trascenderse.
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LUZ PARA LAS NACIONES – Or lagoim
La relación es muy profunda: tanto “ézer kenegdó — una ayuda frente a él” como “leOr goim — luz para las naciones” enseñan que la verdadera relación con el otro no consiste en anularlo, sino en ayudarlo a revelar aquello que está llamado a ser.
En Bereshit, Javá es llamada עֵזֶר כְּנֶגְדּוֹ — ézer kenegdó. La expresión contiene una aparente contradicción: es ézer, ayuda, pero al mismo tiempo kenegdó, está frente a él. Precisamente porque no es idéntica a Adam, porque posee una existencia y una perspectiva propias, puede completarlo. La diferencia no destruye la unidad; hace posible una unidad más elevada.
Algo semejante ocurre entre Israel y las naciones. El profeta Ieshaiahu define la misión de Israel como “לְאוֹר גּוֹיִם — leOr goim, luz para las naciones”. Israel no recibe la Torá para borrar la identidad de las demás naciones ni para convertir a toda la humanidad en Israel. Las naciones permanecen siendo naciones, pero Israel tiene la responsabilidad de iluminar: revelar la presencia del Creador, la justicia, la rectitud y la conciencia de que toda la humanidad posee una misión ante Hashem.
Aquí aparece el paralelo con kenegdó. El otro se encuentra “frente a mí”, diferente de mí. La pregunta es qué hago con esa diferencia. Puedo verla como una amenaza y luchar contra ella, o comprender que precisamente allí existe una posibilidad de tikún. El otro puede recibir de mí, pero también puede obligarme a profundizar y expresar con mayor autenticidad aquello que yo mismo represento.
Y esto conecta directamente con la enseñanza de Bereshit que veníamos estudiando: la Torá no viene simplemente a combatir al mundo, sino a revelar la verdad divina escondida dentro del mundo. De manera semejante, ser “luz para las naciones” no significa considerar a las naciones como oscuridad esencial, sino ayudar a revelar el bien y la finalidad divina que existen en la humanidad y en la Creación.
Hay además un punto aún más profundo. Adam solo podía dar lugar a la impresión de que existían, jas veshalom, “dos autoridades”: Hashem arriba y Adam abajo. La aparición de Javá rompe la ilusión de la autosuficiencia de Adam. Del mismo modo, Israel no debe concebir su elección como autosuficiencia o grandeza para sí mismo. La elección implica responsabilidad. Si recibió luz, es para iluminar.
Así podemos formular el paralelo:
Adam + Javá: diferencia → complementariedad → unidad.
Israel + las naciones: diferencia → iluminación y rectificación → reconocimiento de la Unidad de Hashem.
Y por eso el destino final no consiste en que desaparezcan las diferencias, sino en que todas ellas apunten hacia una Unidad superior, como dice el profeta:
“En aquel día Hashem será Uno y Su Nombre Uno”.
La verdadera “luz para las naciones” no elimina al otro: lo ayuda a encontrar su lugar frente a Hashem. Y precisamente entonces el kenegdó, “el que está frente a mí”, puede transformarse en ézer, una ayuda para llevar toda la Creación hacia su propósito.
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JASIDUT DEL REBE
Un punto de Mesirut Néfesh — entrega absoluta
¿Qué aprendemos de que Caín construyera una ciudad?
“Y construyó una ciudad, y llamó el nombre de la ciudad como el nombre de su hijo, Janoj” (Bereshit 4:17).
De manera sencilla, todos los detalles que la Torá relata acerca de las generaciones de Adam HaRishón y sus descendientes son detalles que contienen una enseñanza para todas las generaciones. Y esto es así incluso cuando se trata de algo que ocurrió durante un período de apenas unos pocos cientos de años, aunque aquella época abarcase miles de años.
Por lo tanto, debemos comprender qué enseñanza transmite la Torá al relatarnos que Caín construyó una ciudad y la llamó con el nombre de su hijo, algo que, aparentemente, no parece contener una enseñanza especial para las generaciones posteriores.
La explicación es la siguiente:
Está escrito: “Y conoció Caín a su mujer, y ella concibió y dio a luz a Janoj; y él construyó una ciudad…”. En la continuación del relato acerca de Caín, quien había cometido el gran pecado del asesinato, está escrito también: “Caín salió de delante de Hashem”, y nuestros Sabios explican que salió alegre porque su teshuvá había sido aceptada.
De esto se desprende que aquello que se relata acerca de Caín y la construcción de la ciudad ocurrió después de haber hecho teshuvá por su pecado y haber recibido su castigo.
Pero Caín no se conformó con ello. Además de rectificar su propio pecado, procuró también rectificar el mundo que había sido afectado por su transgresión.
Por eso fue y construyó una ciudad con el objetivo de incrementar la civilización y el asentamiento del mundo que él había disminuido, y llamó a esa ciudad con el nombre de su hijo, para hacerlo conocer y difundir su camino.
De aquí surge una enseñanza para todas las generaciones:
En el trabajo de teshuvá no basta con confesarse y lamentarse por el pecado, como explican las palabras del Rambam en Hiljot Teshuvá. El baal teshuvá no debe limitarse a clamar continuamente ante Hashem con súplicas y ruegos, sino que debe también “hacer una mitzvá opuesta a la transgresión que cometió”.
Es decir, debe realizar una acción que repare precisamente aquello que el pecado dañó.
Caín había provocado una disminución de la población del mundo al matar a su hermano. Por eso, como parte de su teshuvá, realizó una acción en la dirección contraria: construyó una ciudad, contribuyendo al desarrollo y poblamiento del mundo.
Encontramos que la esencia de la teshuvá se aprende precisamente de la conducta de Caín. Incluso en el Midrash se afirma que Adam HaRishón aprendió de Caín el poder de la teshuvá.
El mensaje es muy fuerte: la verdadera teshuvá no consiste solamente en lamentar el pasado, sino en transformar precisamente el lugar que dañamos en un lugar de construcción.
(Basado en Likutei Sijot, vol. 5, pág. 7 y ss.; tomado de “Likrat Shabat”).
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HAFTARA
“¡Ay, ay!”, dijo el dueño de la misericordia. “¡Vengan y sean consolados!”
“Hashem, Dueño del juicio y Dueño de la misericordia, consuela a las siete semanas de duelo por la Tierra”.
El versículo dice: “Brotarán como entre la hierba, como sauces junto a corrientes de agua”. Y los descendientes florecerán. El pueblo de Israel volverá a levantarse, crecerá y florecerá.
Por eso dice:
“Y sucederá en aquel día que Hashem volverá a extender Su mano por segunda vez para adquirir al remanente de Su pueblo…”
Y también:
“¡Levántate, resplandece, porque ha llegado tu luz, y la gloria de Hashem ha amanecido sobre ti!”
Hashem promete consolar a Su pueblo y transformar la oscuridad en luz.
La Haftará de Parashat Bereshit — Isaías, capítulo 42
“Así dijo Dios, Hashem, que crea los cielos y los extiende; que extiende la tierra y todo lo que brota de ella; que da aliento al pueblo que está sobre ella y espíritu a quienes caminan por ella.
Yo, Hashem, te he llamado con justicia; sostendré tu mano, te protegeré y te pondré como pacto del pueblo, como luz para las naciones.
Para abrir ojos ciegos; para sacar de la prisión al cautivo y de la cárcel a quienes habitan en la oscuridad.
Yo soy Hashem; este es Mi Nombre, y Mi gloria no entregaré a otro, ni Mi alabanza a los ídolos.”
La conexión con Bereshit
La Haftará comienza hablando de Hashem como Creador de los cielos y de la tierra, en correspondencia directa con el comienzo de la parashá:
“Bereshit bará Elokim et hashamaim veet haaretz — En el principio creó Dios los cielos y la tierra”.
Pero la Haftará agrega algo fundamental: la Creación no terminó en Bereshit. Hashem no solamente crea el universo, sino que le da permanentemente neshamá — aliento vital— y rúaj — espíritu a quienes viven en él.
Y después aparece la misión del pueblo de Israel dentro de esa Creación:
“Te pondré como pacto del pueblo, como luz para las naciones — לאור גוים, leOr goim.”
Es decir, Bereshit responde a la pregunta “¿quién creó el mundo?”, mientras que la Haftará comienza a responder una segunda pregunta: “¿para qué fue creado?”
El mundo fue creado para que la luz divina escondida dentro de él pueda ser revelada. Por eso continúa: “abrir ojos ciegos” y sacar de la oscuridad a quienes están encerrados en ella.
Esto se conecta muy bien con el estudio jasídico que venimos traduciendo: la tarea no consiste en escapar de la naturaleza, sino en abrir sus ojos y revelar la Divinidad que ya se encuentra escondida dentro de ella.
Así, “Bereshit bará” es la creación del mundo, y “leOr goim” es su finalidad: convertir ese mundo en un lugar capaz de reconocer a su Creador.
Sobre Bereshit y su propósito
- Relacionar la pareja con la misión de Israel
- Explicar la unidad sin borrar la diferencia
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LECTURA DE LA TORÁ BERESHIT 5787
LUNES DE PARASHAT BERESHIT — EL MUNDO VUELVE A NACER BAJO UNA NUEVA LUZ
Y IAACOV SALIÓ AL CAMINO
Y he aquí que, cuando uno hace un balance interior acerca de cómo fue su servicio a Dios durante el mes de Tishrei, surge en él una pregunta:
¿Con qué (“mit vos”) sale ahora a emprender su camino para el servicio de todo el año?
Y la respuesta es… que por medio de la conexión con el Rebe se recibe también la fuerza necesaria para el servicio de “VeIaakov halaj ledarkó” — “Y Iaakov salió a su camino”, durante todo el año, incluso en los asuntos cotidianos (uvdín dejol).
(Torat Menajem, sijá de Simjat Torá, 5711 [1950])
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En la lectura de la Torá del lunes comenzamos nuevamente desde las primeras palabras de toda la Torá: “Bereshit bará Elokim et hashamaim veet haaretz” — “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. La lectura comprende Bereshit 1:1-13, los tres primeros días de la Creación.
En el primer día aparece la luz: “Y dijo Dios: Sea la luz, y hubo luz”. Antes de que existan el sol y la luna, Hashem introduce en la creación una luz primordial. Jasidut explica que esto nos enseña que, antes de ocuparnos de ordenar todos los detalles de nuestra vida, necesitamos luz: claridad acerca de para qué vivimos y hacia dónde queremos dirigirnos. Después de todo el trabajo espiritual de Tishrei, esa luz es la conciencia renovada de que nuestra vida tiene una misión divina.
En el segundo día Hashem separa las aguas superiores de las inferiores mediante el rakía, el firmamento. Aquí aparece la havdalá, la capacidad de distinguir. No basta con tener inspiración; debemos aprender a separar entre lo que eleva y lo que arrastra hacia abajo, entre lo esencial y lo secundario. Tishrei estuvo lleno de momentos extraordinarios, pero ahora comienza el desafío de traducirlos en decisiones concretas.
En el tercer día ocurre algo nuevo: las aguas se reúnen, aparece la tierra firme y la tierra comienza a producir vegetación y frutos. Por eso este día recibe dos veces la expresión “ki tov — que era bueno”. Una bondad corresponde al cielo y otra a la tierra: la verdadera finalidad es unir ambos mundos. La espiritualidad no debe quedarse en las alturas; tiene que dar frutos aquí abajo.
Y esto es especialmente significativo al acercarnos al final de Tishrei. Durante este mes pasamos por Rosh Hashaná, los Diez Días de Teshuvá, Iom Kipur, Sucot, Hoshaná Rabá, Sheminí Atzeret y Simjat Torá. Recibimos una enorme cantidad de “luz”. Pero ahora llega Bereshit y Hashem nos dice: comienza nuevamente.
El jasidut enseña que después de los jaguim llega el momento de “VeIaakov halaj ledarkó” — “Y Iaakov salió a su camino”. Hay que tomar toda la energía de Tishrei y llevarla al camino cotidiano: a la casa, al trabajo, a la familia, al estudio de Torá, a la tzedaká y al encuentro con otras personas.
Podemos resumir la lectura de este lunes en tres movimientos: primero, encender la luz; segundo, saber distinguir; tercero, producir frutos. Esa es precisamente la transición de Tishrei a todo el año.
Tishrei no termina cuando termina el calendario de fiestas. Tishrei termina cuando conseguimos introducir sus luces dentro de Bereshit, dentro de un nuevo comienzo.
Y entonces el “Iehí or — Sea la luz” de la primera lectura de Bereshit se transforma en una bendición para todo 5787: que la luz recibida durante Tishrei ilumine cada día del nuevo año, hasta la luz completa de la Gueulá verdadera y completa, con Mashíaj Tzidkeinu.
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En este final de Tishrei, al comenzar Bereshit, vale la pena volver a mirar el número del año 5787 — תשפ״ז y algunas de sus alusiones, no como predicciones, sino como remezim, señales que pueden inspirar la avodá del año.
Una alusión especialmente bella es leer פ״ז como פז — paz, “oro fino”. En Tehilim aparece la expresión מִפַּז רָב — “más que mucho oro fino” (Tehilim 19:11), hablando precisamente de la Torá y las mitzvot. Así, 5787 puede contemplarse como un año de “oro”: descubrir el valor precioso que está escondido en cada mitzvá, cada palabra de Torá y cada oportunidad de hacer el bien.
Además, פז tiene guematria 87: פ = 80 y ז = 7. El 7 representa el orden natural de la creación: siete días, siete midot, siete años del ciclo de Shemitá. El 80, asociado a la letra פ — pe, boca, permite una meditación adicional: llevar aquello que está por encima de nuestra percepción habitual hasta la palabra. Que durante 5787 nuestra boca sea instrumento de Torá, tefilá, bendición y palabras que den vida.
Hay otra alusión muy apropiada para Bereshit: פז, oro refinado, no es simplemente algo brillante; es algo precioso que ha sido depurado. Después de Rosh Hashaná, Iom Kipur, Sucot y Simjat Torá, entramos en los días ordinarios. Allí se comprueba el verdadero “oro” de Tishrei. La pregunta ya no es cuánto nos emocionamos durante los jaguim, sino qué quedó de ellos dentro de nosotros.
Y aquí aparece “VeIaakov halaj ledarkó” — ויעקב הלך לדרכו, “Iaakov salió a su camino”. Iaakov no abandona Tishrei: lleva Tishrei consigo al camino. Lleva la coronación de Hashem de Rosh Hashaná, la teshuvá de Iom Kipur, la alegría de Sucot y la unión con la Torá de Simjat Torá hacia los asuntos cotidianos.
Por eso podemos formular la avodá de 5787 — תשפ״ז así: transformar cada día común en una oportunidad de oro. Una palabra de Torá es oro. Una moneda de tzedaká es oro. Ayudar a otra persona es oro. Una berajá dicha con intención es oro. Un momento dedicado a acercar a otro judío a Hashem es oro.
Y hay aquí una conexión profunda con Bereshit. La primera palabra creadora es יְהִי אוֹר — “Sea la luz”. El oro solamente revela su brillo cuando recibe luz. Tishrei nos dio la luz; ahora, en Bereshit, comienza el trabajo de descubrir el oro escondido dentro del mundo.
Ese puede ser nuestro mensaje para 5787:
תשפ״ז — שנת פז: un año de oro.
No necesariamente porque todo sea fácil, sino porque debemos aprender a descubrir la chispa divina preciosa escondida en cada circunstancia.
Que al salir de Tishrei podamos decir “VeIaakov halaj ledarkó”, llevando toda su luz hacia el año entero, y que 5787 sea verdaderamente una “Shnat Paz”, una oportunidad de oro, para Torá, mitzvot, difusión de Jasidut y preparación del mundo para la Gueulá verdadera y completa.
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Otra alusión muy bella para 5787 — תשפ״ז puede construirse alrededor de la letra ז, cuyo valor es 7.
El siete es el número de la plenitud dentro de la naturaleza: siete días de la Creación, siete midot, siete brazos de la Menorá, siete semanas del Omer, siete años del ciclo de Shemitá. Pero después del siete viene el ocho, que en Jasidut representa aquello que trasciende el orden natural. Por eso, 5787 puede contemplarse como un año en el que nuestra tarea es llevar el “siete” hasta su perfección para abrir la puerta al “ocho”.
Esto adquiere una fuerza especial después de Simjat Torá. Hemos terminado toda la Torá y enseguida volvemos a Bereshit. No nos quedamos celebrando lo que alcanzamos: volvemos inmediatamente al primer día de la Creación. El final se transforma en principio.
Hay además una imagen extraordinaria en la primera lectura: “Y fue la tarde y fue la mañana, un día” — ויהי ערב ויהי בקר יום אחד. La Torá no dice simplemente iom rishón, “primer día”, sino iom ejad — un día/ día uno. Rashi explica que en ese momento Hashem estaba, por así decirlo, único en Su mundo. Antes de toda multiplicidad está la Unidad.
Esta puede ser una profunda avodá para 5787: entrar nuevamente en un mundo lleno de multiplicidad —trabajo, preocupaciones, familia, proyectos, dificultades— y descubrir dentro de todo ello el Ejad, que todo proviene de Hashem y todo puede convertirse en un instrumento para Su servicio.
Por eso, al terminar Tishrei, no debemos preguntarnos solamente: “¿Qué recibí durante los jaguim?”, sino: “¿Cómo voy a revelar el Ejad dentro de mi vida cotidiana?”
Rosh Hashaná proclamó que Hashem es Rey. Iom Kipur reveló la esencia del alma. Sucot nos envolvió con la presencia divina. Simjat Torá nos unió con la Torá. Y ahora Bereshit nos dice: lleva todo eso al mundo.
Ese podría ser otro lema para 5787:
Del siete al ocho, de Tishrei a Bereshit, de la inspiración a la acción, y de la multiplicidad del mundo al “Hashem Ejad”.
Y cuando cada judío revela el Ejad dentro de su pequeña parcela del mundo, prepara toda la creación para el gran día en que será manifiesto: “Hashem será Rey sobre toda la tierra; en aquel día Hashem será Uno y Su Nombre Uno”.
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