Historias de tzadikim y Maestros Espirituales
CALENDARIO HEBREO: Iud Jeshván (Día de la madre judía)
EN ARAS DE LA TORÁ
Rebe Avraham Weinberg de Slonim, que partió de este mundo el 11 de Marjeshvan de 5644 (1883), fue conocido epónimo como el “Iesod HaAvoda” por su libro. Fue el fundador de la dinastía jasídica de Slonim. Nació en el año 5564 (1804) siendo su padre el Rebe Itzcjak Matisyahu, quien era cercano al Rebe Asher el Primero de Stolin. En su juventud fue cercano al Rebe Noaj de Lechovitch, y después al Rebe Moshe de Kobrin, quien continuó su camino. Tras el fallecimiento del Rebe Moshe, dirigió una congregación en Slonim.
Fue autor de muchas obras, y su importante libro Iesod HaAvodá es una de las raras obras jasídicas que no fue escrita como comentario sobre las porciones semanales de la Torá, sino más bien como una exposición sistemática que enuncian los principios fundamentales del pensamiento jasídico. Como sus predecesores en la línea Lejovitch-Kobrin-Slonim, fue conocido por su vínculo singular con la Tierra de Israel y su asentamiento, y fue jefe del Kolel Reissin, que apoyaba a la comunidad judía en Tierra Santa.
Asimismo, animó a muchos de sus jasidim a hacer aliá a la Tierra de Israel e incluso envió a tres de sus pequeños nietos a hacer aliá a la Tierra a los trece años. Cuando quienes le rodeaban expresaron asombro por este paso, dijo que “llegará un tiempo de terrible ocultamiento… y deseo que se establezca un remanente de nuestra hermandad en la Tierra de Israel para que haya un núcleo alrededor del cual reunirse.” Con el tiempo quedó claro que, a través de este acto, había asegurado la continuidad de su legado, pues desde esas mismas raíces, la dinastía jasídica de Slonim se reconstruyó tras el Holocausto.
Cuando se publicó el Nefesh HaJaim de rabi Jaim de Volozhin sobre el tema del estudio de la Torá lishmá (en aras de ella), el Iesod HaAvodá dijo: “¿Qué hago? Sea cual sea el libro de los sabios que abra, ya sea el Talmud, el Zohar o un Midrash, el significado del estudio de la Torá no me parece coincidir con lo que escribió el Rebe Jaim.” Luego compuso el libro sagrado Iesod HaAvodá, diciendo en yidish: “Ich hob tzibrochen meine alle beiner oif dem,” “Me he roto todos mis huesos por esto.” La dificultad radicaba en garantizar que no tuviera ningún interés personal en el asunto, y que todo lo que escribiera que difiriera del Nefesh HaJaim fuera estrictamente en aras del Cielo.
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Rabi Berel Avigel fue un gran erudito de la Torá y juez rabínico en la ciudad de Slonim, y viajaba al santo Rebe Noaj de Lejovitch, de bendita memoria.
Una vez, uno de sus compañeros jueces rabínicos planteó una dificultad formidable en un asunto determinado. Cuando rabi Berel regresó a casa, le vino a la mente una maravillosa resolución a la pregunta del colega. Mientras caminaba, se encontró con el Iesod HaAvodá. Rabi Berel le dijo: “Es bueno haberte conocido, porque mis pensamientos me causan una gran angustia. Un cierto juez rabínico planteó una dificultad de peso y ahora, gracias a Di-s, se me ha ocurrido una maravillosa resolución. No sé qué enfoque tomar: debería ir a su casa y relatarle la resolución para que sepa que entre los jasidim también hay eruditos, o debería no ir, ya que esto sería simplemente seguir la inclinación maligna que siempre busca hacerme flaquear por orgullo.” El Iesod HaAvodá le dijo que continuara su camino a casa y que no compartiera la resolución. Rabi Berel le reconoció que había sentido dentro de sí mismo que eso era realmente cierto.
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El Iesod HaAvodá dijo una vez a Rabi Iehuda Leib, padre del Rebe Mordejai Jaim de Slonim, que debía revisar un tratado hasta conocerlo de memoria, para poder cumplir el mandamiento de pronunciar palabras de la Torá, “cuando recorras un camino” (Deuteronomio 6:7). Y si le preocupaba que ese estudio pudiera implicar un aspecto del estudio que no fuera en aras de la Torá, podría arrepentirse de ello más adelante. Pero mientras tanto, adquiría el conocimiento sólido dominándolo a la perfección.

Una disputa en aras del cielo
El estudio de la Torá por sí mismo era absolutamente central en la enseñanza del Iesod HaAvodá. Una vez dijo sobre el versículo: “los que entienden la Torá no Me conocen” (Jeremías 2:8) que se refiere a quienes estudian Torá con el propósito de apropiarse de ella, utilizándola abusivamente para satisfacer sus propias necesidades. Cuando la verdadera intención de aprender – es decir, apegarse a Di-s – está ausente, la Torá se convierte en una cautiva, limitada e incapaz de cumplir su verdadero propósito.
Aquí radica la disputa esencial entre el Iesod HaAvodá y el Nefesh HaJaim: ¿se refiere el adjetivo “por ella misma/en aras de ella” (lishmá) a estudiar Torá, “en aras de conocer la Torá”, como entiende el Nefesh HaJaim, o significa estudiar Torá “en aras de aferrarse a Di-s”, como sostiene el Iesod HaAvodá? Según esta última visión, la Torá actúa como intermediario – un vínculo de conexión entre el pueblo judío y el Santo Bendito Sea. La disputa era tan fundamental que los jasidim de Slonim relatan que en la primera edición – o en el manuscrito – del Iesod HaAvodá, la frase “y no como el Nefesh HaJaim” apareció repetidamente.
Esto no significa, Di-s no lo quiera, que el Rebe de Slonim disminuyera la importancia de conocer la Torá; su propia instrucción de aprender un tratado de memoria (aunque el orgullo que uno sentiría por haberlo logrado requeriría arrepentimiento) desafía tal conclusión.
Aun así, nos gustaría analizar estas dos opiniones sobre lo que significa estudiar en aras de la Torá. ¿Cuál es la relación entre estas dos interpretaciones: conocer la Torá y apegarse a Di-s?
Comencemos con un análisis numérico: la suma de “saber/conocer”, iediat (יְדִיעָה) y “adhesión”, dvekut (דְּבֵקוּת) es 611, ¡el valor de “Torá” (תּוֹרָה)! Esto indica inmediatamente que, en cierta medida, ambas interpretaciones son ciertas. De hecho, existe una mitzvá de conocer la Torá, tal como se explica detalladamente en las Leyes del Talmud por el Alter Rebe. Con este fin, el Rebe de Lubavitch instituyó la campaña de estudio diario del Rambám. Sin embargo, al realizar la mitzvá de estudiar Torá para conocerla, existe una verdadera tendencia a buscar el reconocimiento como erudito, o incluso a procurar que se nos honre por la Torá que uno ha aprendido. Esta motivación ajena al propósito esencial desvirtúa el carácter de lishmá del cumplimiento de la mitzvá de conocer la Torá solo en aras de conocerla. El Tania considera que esta motivación ajena requiere una rectificación, y que, hasta que se lleve a cabo, la Torá que se ha aprendido permanece “atada a la tierra”.
Por debajo de esto está el nivel de aprendizaje de la Torá con una intención ulterior, como ser nombrado rabino y cosas por el estilo. Esto sería un ejemplo de aprender la Torá no por sí misma y corresponde a las tres cáscaras impuras. Aprender por el simple hecho de saber, que incluye motivos ajenos como el honor, corresponde al ámbito de la cáscara intermedia, kelipat nogá, que puede redimirse en el futuro cambiando la actitud. Este nivel es el secreto del versículo “el camino de los justos es como la luz de Noga, creciendo cada vez más brillante hasta la plena luz del día” (Proverbios 4:18), que describe el movimiento desde el aprendizaje para conocer la Torá hasta el aprendizaje para apegarse a Di-s a través del aprendizaje – desde el lishmá imperfecto (que sin embargo es una mitzvá de Di-s) hasta el verdadero lishmá.
La unión deseada entre el conocimiento y la adhesión a Di-s consiste en comprender que el conocimiento en sí mismo es el recipiente que permite adherirse a Di-s. En esta unión, la energía jasídica del estudio, descrita como «luces caóticas», se une a los «recipientes de rectificación», asociados con la diligencia no-jasídica en el estudio.
Hasta ahora, hemos estudiado tres niveles de lishma. Para añadir nuestro cuarto nivel, consideremos la siguiente historia adicional del Rebe Avraham de Slonim:
“Establece para Tu siervo Tu palabra, la que conduce a Tu temor”
Una vez, un joven se acercó al Iesod HaAvodá y le pidió su bendición para convertirse en un gran erudito de la Torá. El tzadik respondió que el rey David había pedido: “Establece para Tu siervo Tu palabra, la que conduce a Tu temor” (Salmos 119:38). Luego explicó que la Torá, que es la palabra de Di-s, se da a uno de acuerdo con su irat shamaim, su temor al Cielo.
Si es así, todo comienza con un puro temor hacia el Cielo, así como está escrito que la entrega de la Torá en el Sinaí estuvo acompañada de “temor en la mente, miedo en el corazón, temblor en las extremidades internas y estremecimiento en el cuerpo”, así también aquí. El temor es una rectificación esencial del corazón, y el aprendizaje de la Torá depende del corazón propio. Esta dependencia se insinúa en la letra lamed (למד), cuyo significado es “aprendizaje”, limud (לִמּוּד) y cuyas iniciales del nombre forman la frase “llena tu corazón de conocimiento”, libjá malé daat (לִבְּךָ מָלֵא דַּעַת) o, alternativamente, “un corazón que entiende el conocimiento”, lev mevin daat (לֵב מֵבִין דַּעַת). Este es el secreto de “mi corazón ha visto mucha sabiduría” (Eclesiastés 1:16).
“Temor”, irá (יִרְאָה) es un anagrama de “ver/visión”, riá (רְאִיָּה). Contemplar con temor es similar a la enseñanza de los Sabios según la cual, al repetir una afirmación, uno debe visualizar ante sí al autor de la misma, su fuente. Del mismo modo, al ver que Di-s es el Maestro de la Torá que estudiamos, deberíamos estudiar con la conciencia de que Di-s está, por así decirlo, justo delante de nosotros, enseñándonos. Esto debería llenarnos a cada uno de un temor reverencial mezclado con vergüenza, irá boshet (יִרְאַת בֹשֶׁת) y de temor ante la grandeza de Di-s.
Conocimiento en cinco etapas
A la pareja fundacional de saber y adherirse, entonces, se ha añadido ahora el temor. ¿Pero es esto todo lo que requiere de un estudioso de la Torá? También es necesario profundizar en la Torá y estudiarla con un análisis profundo. Y, de hecho, la palabra “saber”, iediat (יְדִיעָה) puede interpretarse como un acrónimo de “temor”, irá (יִרְאָה), “adhesión”, dvekut (דְּבֵקוּת), “saber”, iediat (יְדִיעָה), “reflexión”, iún (עִיּוּן) e “inmersión”, haamaká (הַעֲמָקָה).
Así, se configura un proceso completo: desde el puro temor que suscita “contemplar la gloria del Dador de la Torá”, el estudiante que llega a aferrarse a Él – el secreto de la corona de la letra iud. Entonces la luz de la adhesión ilumina el interior del recipiente del conocimiento, y el conocimiento asciende de un grado a otro mediante la reflexión (iyun) y la inmersión profunda (ha’amaka). El propósito último de estas dos últimas etapas es expandir y ampliar el recipiente del conocimiento, para que pueda recibir medidas cada vez mayores de la luz esencial de la adhesión a Di-s.
Adhesión y conocimiento – Hablar e interiorización
El estudio desde un estado de Temor Supremo es el estudio desde un estado de auto-anulación, o bitul, en hebreo. En este estado, uno no tiene ningún sentido de sí mismo. Esta es la experiencia interna de la sefirá de sabiduría en el alma intelectual, que controla los aspectos externos de la sabiduría asociados con el conocimiento y la comprehensión. La manera en que la experiencia interior, la anulación del yo, controla las facultades externas de la sabiduría se describe como “el interior del corazón gobierna el exterior de la mente”, pnimiut halev shaliv al hamoaj (פְּנִימִיּוּת הַלֵּב שַׁלִּיט עַל הַמֹּחַ).
En cuanto al estudio de la Torá, hay dos mitzvot distintas: la mitzvá de conocer la Torá, que se cumple en la mente y el corazón, y la mitzvá de dedicarse al estudio en sí, que se cumple específicamente con la boca, al pronunciar las palabras de la Torá en voz alta. Los Sabios aprenden esto del versículo, “porque dan vida a quienes las encuentran”, que se interpreta como “para quienes las pronuncian por la boca.” Aunque se experimenta temor en el corazón, identificamos la adhesión esto genera crea con aquello que se pronuncia con la boca, y no con las palabras tal como quedan grabadas posteriormente en la mente y en el corazón. De hecho, solo después de haber repetido su aprendizaje oralmente, con temor, con apego y desde un estado de anulación del yo, uno puede recordar la enseñanza en la mente y comprenderla, asimilarla en su corazón, haciendo posible la verdadera adquisición de la Torá.
¿Por qué la adhesión está relacionada con las palabras pronunciadas con la boca? Como se explica en el Tania, el aferramiento a Di-s es el secreto de “Él me besará con los besos de Su boca” (Cantar de los Cantares 1:2), que se refiere a palabras pronunciadas de Torá que mezclan el espíritu Divino con el aliento del estudiante creando una especie de “unión de besos”, zivug nesikim (זִוּוּג נְשִׁיקִין). Esta es la versión espiritual del mandato Divino de que “serán una sola carne”, una unificación de la Torá recordada en la mente (unión conyugal) y asimilada en el corazón (la creación de una nueva vida).
Simbólicamente, quien estudia la Torá es una madre, que lleva al niño en su interior, fruto de la unión entre el alumno y Di-s durante el estudio. Esto se insinúa en el versículo: “Porque es agradable cuando las guardas en tu interior, [una vez que] se han afianzado juntos en tus labios” (Proverbios 22:18).
El Tania (cap. 5) enseña que estudiar Torá permite una unificación con Di-s que no se parece a ninguna otra. Porque no solo la sabiduría de Di-s penetra en la mente del individuo, sino que también se sumerge y es aprehendido por ella. A la luz de lo que hemos expuesto aquí, dentro de la intención de la persona, el deseo de ser aprehendido por la Torá (y por Di-s) debe preceder al deseo de aprehenderla. Esta dinámica de ser atrapado por la Torá y comprenderla es una forma de “correr y regresar”. Cuanto mayor es el correr, mayor es el retorno: cuanto mayor es el deseo de ser absorbido en la Torá, mayor será el conocimiento que se alcance posteriormente.
Sorprendentemente, la guematria del “11º de Jeshván”, iud jeshván (יא חֶשְׁוָן) – el día de la muerte tanto del Iesod HaAvodá como de nuestra matriarca Rajel – es precisamente la de “en su nombre/en aras de”, ¡lishmá (לִשְׁמָהּ)! Nuestra matriarca Rajel, el secreto de la hei inferior en el Nombre esencial de Di-s, Havaia, surge del exilio y se une con Ze’er Anpin, su esposo, a través del estudio en aras de la Torá – para elevar a la hei inferior, la Presencia Divina – la Shejiná, y con su elevación toda la realidad se rectifica cumpliendo el versículo, “y vosotros, que os aferráis a Havaia, vuestro Di-s estáis todos vivos hoy“ (Deuteronomio 4:4).
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