*LAS 12 PUERTAS DEL CARÁCTER*
*“LA FLECHA DE LA FE QUE ALCANZA EL BLANCO”*
«PORQUE TU ROCÍO ES ROCÍO DE LUCES»
De las conversaciones y escritos del Rebe Raiatz de Lubavitch: La lluvia —dice mi padre— produce un crecimiento mejor. La naturaleza del agua es hacer brotar toda clase de deleites y beneficiar tanto la siembra como la plantación. Existen cuatro clases de agua que favorecen el crecimiento de los productos del campo y de los frutos de la viña: guéshem (lluvia), matar (precipitación), ioré (primera lluvia de la temporada) y malkosh (lluvia tardía). Sin embargo, todos estos beneficios actúan únicamente sobre el cuerpo de los cereales y de los frutos. En cambio, el beneficio que produce el rocío (tal) se manifiesta en el buen sabor y en el valor nutritivo de los cereales y de los frutos.
Este es el significado de «Porque Tu rocío es rocío de luces» (טל אורות טליך): «Todo aquel que se sirve del rocío de la Torá, el rocío de la Torá le da vida; y todo aquel que no se sirve del rocío de la Torá, el rocío de la Torá no le da vida». Los relatos y las conversaciones que tienen lugar durante los farbrenguens, las reuniones jasídicas, constituyen el «rocío de la Torá». Y el rocío añade vitalidad. La lluvia, en sus distintas formas, favorece el crecimiento del cuerpo de los cereales y de los frutos, mientras que el rocío fortalece su buen sabor y su valor nutritivo. Fuente: Likutei Diburim, edición en hebreo, tomo I, pág. 871.
*📖 Según la Cabalá y el Jasidut*
*Domingo 7 DE TISHREI 5787 – 18 10 2026*
🕘*21:00 HORAS DE ISRAEL*
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*Con el Rabino Jaim Frim*
INFORMACIÓN Y MATERIAL DE ESTUDIO
- Libertad con responsabilidad.
- Optimismo con realismo.
- Sinceridad con sensibilidad.
- Espontaneidad con autocontrol.
- Expansión con límites.
- Fe y buena fortuna con esfuerzo personal.
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CLASE 1

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MES DE KISLEV
LETRA SAMEJ
MATERIAL DE ESTUDIO
*MÚSICA DE LA CLASE*
PEREK SHIRÁ
LA LLUVIA Y EL CIELO
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https://pnimi.org.il/wp-content/uploads/2023/08/1_01-Rain_1.mp3

El canto de la lluvia en el Pérek Shirá
En el Pérek Shirá (פרק שירה), el Canto de la Creación, cada criatura y cada fenómeno de la naturaleza expresa una alabanza particular al Creador. La lluvia canta un versículo de los Salmos:
La lluvia no canta solamente acerca del agua que cae del cielo, sino de la generosidad divina que desciende sobre un mundo sediento. La tierra agotada representa también al alma que ha perdido sus fuerzas. Hashem no espera a que el ser humano sea perfecto para bendecirlo: le envía una lluvia de bondad que lo fortalece y le permite volver a florecer. El mensaje del canto es que incluso aquello que parece seco y sin vida puede renovarse cuando recibe la bendición de lo Alto.
LA MEZCLA DE LA «JASIDUT ARDIENTE» CON LOS «JASIDIM FRÍOS»
Los caminos de la Jasidut, de las charlas y cartas del Rebe Raiatz de Lubavitch.
Mi santo bisabuelo y maestro, el Rebe Tzemaj Tzedek, dijo que el Admur Hazakén dedicó veintiocho años de arduo trabajo a formar jasidim, y no a desarrollar la Jasidut. Había una Jasidut ardiente y jasidim fríos. Su entrega absoluta consistió en mezclarlos, a semejanza de lo dicho: «Tomó fuego y agua, los mezcló entre sí y se formaron los cielos: shamáim, sa máim».[1]
«Jasidim fríos» no se dice aquí en sentido negativo, sino como una virtud, pues expresa la cualidad de un pnimi, una persona que interioriza su servicio espiritual. La virtud del pnimi consiste en esperar hasta alcanzar realmente ese nivel. El jitzón, quien actúa desde lo exterior, no espera hasta encontrarse en ese nivel. En verdad, también esto constituye un trabajo espiritual y, a veces, es necesario; por ejemplo, en la práctica de netilat iadáim, al verter agua tres veces sobre cada mano y utilizar una tela para no tocar directamente el recipiente.
La entrega absoluta del Admur Hazakén por los jasidim hizo que el ahavat Israel, el amor a cada judío, quedara arraigado en ellos para las generaciones futuras. Cuando ese amor no se manifestaba, eran necesarios el esfuerzo y el trabajo interior para revelarlo.
No hay que aprovechar el ahavat Israel únicamente para ofrecer una golosina, es decir, para cuestiones materiales, sino que hay que emplearlo también para lo espiritual. Cuando se le pide al prójimo, desde el amor a cada judío, que corrija su conducta, las palabras son escuchadas.
Fuente: Séfer HaSijot 5701 [edición traducida], pág. 119. Presentado por el Instituto «Or HaJasidut».
[1] Nota de traducción: Shamáim significa «cielos». El pasaje alude a la unión de esh, «fuego», y máim, «agua», y al juego de palabras sa máim, «lleva agua».
KESHET – SAGITARIO
RESUMEN DE LA PRIMERA CLASE: LAS PALABRAS CLAVE DE KISLEV

- KISLEV – כסלו: El mes de Keshet, Sagitario, expresa el deseo de expansión, aventura, descubrimiento y libertad.
- SÁMEJ – ס: La letra que creó el mes según el Séfer Ietzirá. Su forma circular simboliza movimiento continuo, viajes y horizontes ilimitados.
- SULAM – סולם (escalera): Representa la aspiración de elevarse, explorar lo desconocido y descubrir realidades más allá de los límites habituales.
- LISMOJ – לסמוך (confiar): La confianza y el optimismo son cualidades esenciales de Keshet: «Todo está bien y todo saldrá bien».
- SIATA DISHMAIA – סיעתא דשמיא: La ayuda del Cielo acompaña sus aventuras; simán tov representa la buena señal y la fortuna que atrae mediante su confianza.
- SOMEJ HASHEM – סומך ה׳: «Hashem sostiene a todos los que caen». La protección divina sostiene al aventurero incluso cuando tropieza.
- SOF – סוף (final, límite): La principal rectificación de Keshet consiste en aprender a establecer límites, plazos y objetivos concretos.
- SNÉ – סנה (zarza): La zarza ardiente de Moshé simboliza el conflicto entre el deseo de libertad y la aceptación de una misión.
- LIBERTAD Y RESPONSABILIDAD: La búsqueda de independencia puede convertirse en una huida de las obligaciones y hacer perder oportunidades irrepetibles.
- TIKÚN – תיקון (rectificación): La verdadera grandeza de Keshet consiste en unir expansión con límites, confianza con responsabilidad y libertad con compromiso, para transformar su inmenso potencial en una misión concreta.
Enseñanza central: Keshet debe aprender que la verdadera libertad no consiste en escapar de todos los límites, sino en elegir conscientemente aquellos que le permiten cumplir su misión en el mundo.
CLASE 2
La quinta palabra clave se relaciona con lo que la Cabalá denomina stimot — סתימות, “obstrucción” o “cerrazón”.
¿Qué significa esta cerrazón? Supongamos que estoy sentado dando una clase y el público no comprende absolutamente nada de lo que digo. Yo continúo hablando sin percibir las señales que las personas me transmiten con sus miradas. No capto su reacción —o no quiero captarla— y sigo adelante sin tomarla en consideración. En algún momento termino perdiendo completamente a quienes están frente a mí.
Pero aquí existe algo mucho más profundo dentro del alma. Esta “cerrazón” significa también una visión limitada. No nos referimos a los ojos físicos, sino al ojo de la inteligencia.
¿Qué significa poseer una visión limitada? Hay personas que, al encontrarse con alguien, comprenden inmediatamente: “Este hombre es un impostor; es un mentiroso”. Por lo tanto, no desean continuar hablando con él y le dicen: “Aléjate de mí”.
Pero existe otra clase de persona que, incluso después de recibir varias señales de peligro, no comprende lo que sucede. Necesita que alguien se acerque y le advierta:
“Apártate de esa persona. Puede conducirte a un abismo y llevarte a lugares peligrosos”.
Esto se relaciona con el espíritu aventurero que mencionamos anteriormente. ¿Qué es una aventura? Te advierten:
“Allí existe una reserva de leopardos en Ein Guedi. No conviene que entres. Hubo personas que entraron caminando y regresaron en una camilla”.
Entonces te preguntan:
“¿Por qué quieres entrar allí?”.
Y respondes:
“¡Porque es una aventura! Deja de lado todo lo que me estás contando. Quizás pueda mirar un poco; todavía no vi lo que hay allí”.
Esto es precisamente el smoj al smoj del que hablamos anteriormente: “Confía en que todo saldrá bien”.
¿En qué confías? En que podrás confiar. “Todo estará bien, todo estará bien”.
Y muchas veces funciona. No estoy diciendo que no funcione: en un porcentaje muy elevado de los casos, esta confianza verdaderamente da resultado. Pero, al mismo tiempo, no podemos negar que aquí existe cierta actitud que dice:
“Yo veo únicamente lo que quiero ver. En este momento deseo ver esto y, por lo tanto, eso es lo que veo”.
La persona continúa avanzando según esa visión. Si tuvo buena fortuna, excelente: como suele decirse, le salió bien la jugada. Pero esto no funciona como una fábrica ni constituye una fuente inagotable de buena suerte. Algunas veces resultará bien y otras veces no. Por eso, en ocasiones, la visión necesita ser más amplia.
¿Qué significa poseer una visión corta? Es la visión propia de un niño. ¿Cómo piensa un niño? Dice:
“Ven, juguemos ahora en la arena”.
Pero se le debe recordar:
“Sí, ahora puedes jugar, pero dentro de poco tendrás que regresar al mundo real…”.
“Hemos venido a la celebración de la tía Iafa y ahora estás completamente sucio. No puedes presentarte así”. Pero el niño piensa solamente en el presente: “Ahora quiero jugar en el charco y en el barro”. Esto es propio de todo niño.
Cuando ese niño crece, el “charco” se transforma en otra cosa. Ahora está sumergido en cierta experiencia porque es lo único que le interesa. No piensa en lo que sucederá después: “En este momento me siento cómodo y estoy disfrutando”. Este es un movimiento infantil.
Las personas de Keshet continúan siendo niños desde el día de su nacimiento hasta el último día de su vida. Es parte de su naturaleza y posee aspectos muy hermosos: conserva su vitalidad, su alegría, su optimismo y muchas otras cualidades agradables. Pero quien permanece muy niño también contempla la vida de color rosa y puede tener una visión de corto alcance.
Se trata de una misma cualidad con dos caras. Posee un aspecto maravilloso y encantador, y otro aspecto que necesita cuidado, desarrollo y perfeccionamiento.
—¿Qué tiene de negativo? —pregunta alguien.
La respuesta es: cierta ingenuidad. Cuando observas una situación a largo plazo, comienzas a calcular sus posibles consecuencias. Pero la persona de Keshet puede decir: “Déjame tranquilo con todo eso. Ahora estoy bien, ahora es agradable, ahora estoy feliz. Eso es lo más importante”.
Es verdad que siempre nos enseñan que debemos vivir el presente y no permanecer atrapados en lo que sucedió ni preocuparnos constantemente por lo que ocurrirá. Sin embargo, en el judaísmo también existen los conceptos del Gan Eden y el Guehinom. Esto significa que una persona debe pensar en las consecuencias futuras de sus actos.
No se trata solamente de premio y castigo. Todo el concepto de premio y castigo está construido sobre la capacidad de preguntarse: “¿Qué producirá mañana el acto que realizo hoy? ¿Qué sucederá posteriormente como consecuencia de mi conducta?”. Esto exige mucho discernimiento y la activación de un pensamiento orientado hacia el futuro.
Nuevamente, no estoy calificando esta característica como buena o mala. Estoy describiendo una cualidad que puede contemplarse desde diferentes ángulos.
Un niño es encantador y no pierde el tiempo. No permanece quieto ni un solo instante: siempre está en movimiento, viviendo y actuando. La persona de Keshet conserva su juventud a cualquier edad. Esto es maravilloso y realmente encantador.
También posee la capacidad de comenzar nuevamente sin cargar con todas las angustias del pasado. Pero, en cierta medida, esa capacidad también procede de su visión corta: no queda atrapado en lo que sucedió antes. Ambos aspectos provienen de una misma cualidad y marchan juntos.
Existen signos de naturaleza más pesada y otros más ligeros. Esto no significa que una persona de Keshet no pueda ser seria ni trabajar como psiquiatra o psicólogo. Existen muchos otros factores que influyen en la personalidad. Sin embargo, en términos generales, Keshet es considerado un signo ligero y dinámico.
Cuando hablamos de infantilismo, debemos comprender varias cosas. Quienes conviven o trabajan con personas de Keshet necesitan entenderlas, porque de lo contrario podrían perder la paciencia.
Una persona de Keshet puede tener explosiones semejantes a las de un niño. No recibió exactamente aquello que necesitaba en ese momento y, por eso, estalló. Pero eso no significa que realmente esté enojada ni que sienta odio.
Si tomas demasiado en serio sus palabras, te impresionas por lo que dijo y te ofendes por sus reclamos, quizás no estés interpretando correctamente a esa persona. Puede decir cosas que en realidad no pretende sostener. Sencillamente se le escaparon en el momento.
Se cuenta humorísticamente que una persona de Keshet se encuentra con un amigo y le dice:
“¡Esa camisa realmente te queda maravillosa! Y el cuello todavía mejor: te tapa perfectamente la papada”.
Esto es falta de tacto. Pero ¿qué significa tener tacto? Significa prever qué consecuencias producirán mis palabras.
La persona de Keshet puede pensar:
“Si lo más importante para mí es mi libertad, ¿acaso no puedo decir lo que pienso en esta casa? Solamente expresé lo que realmente sentía”.
Lo dice aunque nadie le haya preguntado y aunque pueda resultar ofensivo. Luego explica:
“No pretendía ofenderte; sencillamente era lo que tenía en el corazón y necesitaba decirlo”.
Es muy importante comprender esto. Cuando lo entendemos, en lugar de enojarnos podemos sonreír y pensar: “Aquí tenemos nuevamente al niño que saltó con las botas dentro del charco”. No es tan grave; ya comprendimos lo que sucedió.
Sabemos que, en esencia, esa persona es positiva. Si dijo algo hiriente, probablemente no deseaba hacer daño. Solamente procuraba conservar su libertad de expresión y su capacidad de decir espontáneamente aquello que se le ocurría. En esta ocasión fue a costa tuya, pero esa no era su verdadera intención.
Debes creerlo, porque si interpretas sus palabras como maldad no estarás siendo completamente fiel a la verdad. Esa persona no actuó desde un lugar interior negativo.
Esto nos conduce a otra palabra clave: sela — סלע, “roca”. La roca de la Torá es aquella a la que Moshé Rabenu debía hablar, pero que terminó golpeando.
Moshé llegó ante la roca y recibió la orden divina:
“Habla con la roca para que produzca agua”.
Según uno de los comentaristas, Moshé habló, pero la roca no produjo agua inmediatamente. Quizás era como uno de esos aparatos que tardan algunos segundos en responder. Moshé se encontraba bajo presión y actuó impulsivamente: “¿No produces agua? ¡Toma, toma!”. La golpeó dos veces y entonces brotó el agua.
La roca representa aquí el impulso y la impulsividad. ¿Qué se opone a la impulsividad? La moderación y el autocontrol: poder contenerme y no exteriorizar inmediatamente todo lo que siento.
Pero cuando una persona se encuentra en un movimiento exagerado de libertad, dice:
“No me detengas ni me interrumpas. Ahora me siento así y quiero decirlo. Déjame expresar todo lo que tengo para decir. Después podrás responder que no estás de acuerdo, pero primero quiero terminar”.
Este es el movimiento de la impulsividad simbolizado por la roca.
Otra palabra clave es sima — סימה, una palabra aramea que significa “tesoro”. También existe Sima como nombre propio.
¿De qué clase de tesoro hablamos? De un tesoro de fortaleza y de una poderosa capacidad intelectual para recibir, contener y asimilar conocimientos.
Keshet posee una gran capacidad para aprender por medio de la conexión emocional. Si estas personas se vinculan emocionalmente con una idea, no necesitan anotarla ni repetirla constantemente: queda grabada rápida y profundamente en su “disco duro”.
Cuando establecen una verdadera conexión emocional con algo, pueden aprender sin límites y asimilar enormes cantidades de información. Pero su estudio debe ser vivencial, lleno de experiencia y de emoción.
Debe ser un estudio lleno de entusiasmo. Cuando las personas de Keshet dan una conferencia sobre determinado tema, pueden tomar incluso el asunto más aburrido y llenarlo de vida, porque esa es su manera de aprender. No son capaces de estudiar de otra forma. No pueden recibir un conocimiento completamente seco, frío y puramente académico. Necesitan que sea cálido, intenso y apasionante.
Ese entusiasmo otorga una enorme fuerza a la memoria. Todos recordamos mejor aquello que estudiamos con entusiasmo. En el caso de Keshet, su poderosa memoria se alimenta precisamente de esa emoción. Este principio también les brinda un consejo práctico acerca de cómo deberían estudiar.
Si no consiguen conectarse con una materia, entonces, ¡que Dios los ayude! Será una pérdida de tiempo para ellos, para el profesor y para quienes se encuentren alrededor. Su imaginación puede comenzar a volar hacia los pájaros, los viajes, los barriletes o cualquier otra cosa. La información ni siquiera entrará por un oído para salir por el otro: sencillamente no entrará.
Cuando hablamos de esta capacidad intelectual y de este “tesoro” de conocimientos, encontramos también su contracara. Si les dices algo que les interesa, pueden recordarlo incluso mejor que tú. Pero si dices algo que no les interesa, es como si nunca lo hubieran escuchado.
Esto se denomina audición selectiva. Debemos saber que existe. En ocasiones le dices a alguien:
—Yo te dije esto.
Y responde:
—¡Nunca dijiste algo semejante!
—¿Cómo que no? ¡Te lo dije claramente!
Pero si aquello no le “hablaba”, no despertaba su interés ni generaba una conexión interior, verdaderamente no lo escuchó.
Esto resulta importante para comprender el alma de la persona. Cuando conoces a quien se encuentra frente a ti desde todos sus ángulos, puedes contenerlo y aceptarlo mejor, y te ofendes menos.
La forma redonda de la letra sámej simboliza en la Cabalá el anillo matrimonial, que originalmente también debe ser redondo. ¿Qué significa el matrimonio? Es la unión entre dos personas: una conexión verdadera y sincera.
Toda relación fuerte está construida sobre los pilares de la honestidad. En el documento de los tanaím que algunas comunidades ashkenazíes escriben antes de la jupá, se declara:
“No ocultarán nada el uno del otro ni la una del otro”.
No deben existir ocultamientos ni secretos: todo debe colocarse sobre la mesa.
Cuando se crea una relación, se forma lo que la Cabalá denomina un makif, una luz envolvente. Es como el hogar que ambos construyen y que los rodea. Este makif se forma mediante el or jozer, la “luz que retorna”, considerada una luz de enorme intensidad. Se construye por medio de la verdad y la rectitud.
Para las personas de Keshet, la verdad y la honestidad son fundamentales. Todo se mide según una única pregunta:
“¿Es verdad o no es verdad? ¿Es verdad o no es verdad?”.
Sin embargo, si poseen una visión limitada, su verdad puede corresponder únicamente a lo que sus ojos perciben en ese instante. Aun así, no introducen falsedades deliberadamente.
Una persona puede equivocarse y sus ojos pueden engañarla. Después de todo, nuestra visión es limitada. Pero existe una diferencia entre equivocarse y fingir deliberadamente ser algo que uno no es. Las personas de Keshet no suelen ser hipócritas: su boca y su corazón coinciden. Les resulta muy difícil aparentar o decir algo contrario a lo que sienten. Poseen una rectitud natural.
Este principio no pertenece solamente a Keshet, sino a todos los signos: quien desee construir una relación verdadera debe basarla en la sinceridad, la honestidad y la confianza. Si estos elementos no existen, toda la relación queda sostenida por una garantía sumamente limitada y se vuelve defectuosa.
Las personas de Keshet detestan intensamente a los hipócritas, los mentirosos y quienes fingen ser lo que no son. Cuando descubren que alguien mintió o actuó con falsedad, pueden quemar todos los puentes y dejar muy pocas posibilidades de reparar la relación:
“Desaparece de mi vista. Márchate de aquí. Ya no tenemos nada de qué hablar”.
La honestidad es tan importante para ellos que, si alguien los acusa de no ser sinceros, lo consideran una de las ofensas más graves:
“¿Cómo puedes decir eso? Yo solamente dije la verdad y toda la verdad. ¿Sospechaste de mi honestidad? No puedo perdonarte”.
Precisamente porque suelen ser sinceros, esta cualidad compensa en cierta medida su infantilismo, espontaneidad e impulsividad, incluso al hablar. Las personas que recibieron algún comentario desafortunado de su parte pueden perdonarlos porque perciben que hablaron con sinceridad y que sus palabras no provenían de la maldad ni del odio.
En una ocasión entré en una casa y me senté para conversar con el dueño. Él me ofreció té. Su pequeño hijo estaba de pie junto a mí y me observaba atentamente, mirándome de un lado y del otro. Finalmente me dedicó uno de los mayores cumplidos que recibí en mi vida. Me dijo:
“Mi tontito”.
Comprendí que probablemente su madre lo abrazaba y le decía con cariño: “Mi tontito”. Para él era una expresión de amor. No sabía exactamente lo que significaba; solamente repetía lo que había escuchado de su madre.
Así son los niños: colocan todo sobre la mesa. Pueden decir que eres tonto o realizar algún otro comentario semejante, pero no lo hacen desde una intención negativa.
Otro aspecto importante para quienes conviven con personas de Keshet es que ellas hablan de sus propios errores de una manera muy abierta y directa. Aquello que otra persona intentaría disimular y ocultar, ellas lo colocan sobre la mesa.
Si no sabes interpretar correctamente esta conducta ni apreciar su valor, podrías pensar:
“¿Quién querría relacionarse con una persona así? ¡Mira cómo habla de sus errores! ¡Mira qué tonto fue!”.
Pero esta conclusión es equivocada. Por el contrario, es una gran cualidad que una persona sea capaz de reconocer abiertamente sus propios errores. Sin embargo, también se necesita cierta grandeza para percibir y valorar esta virtud. Hay personas a quienes semejante franqueza les resulta incómoda o inapropiada, pero en esencia es una cualidad positiva.
Hasta aquí hablamos de la letra sámej y la dividimos en siete u ocho palabras clave diferentes. Ahora pasaremos a otro tema.
Como explicamos, el sof, el límite o final, constituye la rectificación: saber finalizar, establecer fronteras y no expandirse indefinidamente.
Existen doce meses en el año y cada mes posee un sentido o facultad particular. El Séfer Ietzirá enseña que la facultad correspondiente al mes de Kislev es el sentido del sueño.
¿Qué significa poseer el sentido del sueño?
Hay personas que, cuando están tensas, comienzan a comer. Otras descargan la tensión explotando con enojo contra algo o contra alguien. Y existen personas que, cuando se encuentran bajo presión, se van a dormir: son capaces de liberar la tensión por medio del sueño.
Algunas personas, cuando están preocupadas, no consiguen dormir. En cambio, la persona vinculada con la cualidad de este mes puede dormir todavía mejor cuando está sometida a tensión. Este es el “sentido del sueño”.
Pero el sueño también simboliza algo más profundo. Intentemos comprender qué representa dentro del alma humana.
En primer lugar, debemos preguntar: ¿quién fue la persona del Tanaj que se levantó y le dijo al Santo, bendito sea…?
¿Quién fue la persona del Tanaj que se dirigió al Santo, bendito sea, y le dijo:
“Dios, ¿sabes qué? Yo me voy a dormir; Tú encárgate de resolverlo”?
Fue el rey Jizkiahu.
El rey Jizkiahu se encontraba ante una guerra terrible. Un ejército inmenso había avanzado contra él: bastaba con que sus soldados ingresaran en la tierra para destruir todo lo que encontraran a su paso. Jizkiahu comprendió que no tenía fuerzas para enfrentarse a aquella amenaza y le dijo a Dios:
“Dios, yo no sé qué hacer ante esta situación. Me iré a dormir y Tú resolverás el problema”.
Estamos hablando de un movimiento interior del alma. La persona dice:
“Haré el mínimo esfuerzo necesario. No tengo fuerzas para hacer demasiado. Haré algo pequeño y que después las cosas continúen por sí mismas. No puedo asumir toda la responsabilidad. Haré lo que pueda y después sucederá lo que tenga que suceder”.
Este es cierto movimiento espiritual relacionado con el sueño. No significa necesariamente que la persona se acueste a dormir físicamente; se trata de un “estado de sueño” dentro del alma. Dice: “Déjenme tranquilo, no puedo cargar todo esto sobre mis hombros”. Y esa actitud le permite liberar la tensión.
Un segundo aspecto relacionado con el sueño es la postergación:
“Aquello que puedas hacer mañana, no lo hagas hoy”.
La persona posterga porque siente que su reloj interior no avanza: “Puedo hacerlo mañana; entonces lo haré mañana. Es preferible mañana que hoy”. En realidad, parece como si para ella no existiera ningún reloj.
Sin embargo, esta cualidad desarrolló en las personas de Keshet un talento extraordinario para improvisar en el último instante. Como siempre sienten que todavía hay tiempo, consideran que no existe ningún problema. Pueden preparar la entrada del Shabat durante el último cuarto de hora y llegar a terminar todo.
Tú les preguntas:
—¿Cómo puedes hacer eso?
Y responden:
—¿No sabes cómo? Ven y observa; sí se puede.
Y verdaderamente lo hacen. Son especialistas en actuar cuando llega la hora cero. Esto también procede del sentido del sueño.
En una computadora existe un estado de suspensión: el aparato no está totalmente apagado, pero tampoco funciona plenamente. Del mismo modo, la persona está despierta, pero vive según el principio de smoj al smoj: “Todo estará bien. Cuando se aproxime el examen, nos sentaremos y estudiaremos”.
Otro aspecto relacionado con el sueño es cierto grado de superficialidad. Una persona que se expande, se extiende y abarca cada vez más campos puede perder profundidad precisamente debido a esa enorme dispersión.
Cuando contemplas a una persona dormida, parece que todo está allí: tiene cabeza, manos, piernas y todos sus órganos. ¿Qué falta? Su mente no está funcionando conscientemente y su boca no habla. El estado de sueño significa que las fuerzas interiores de la persona no siempre se encuentran plenamente presentes junto con ella. Ella está allí, pero sus facultades profundas no siempre están activas. Este es un aspecto que convendría desarrollar y rectificar.
Podríamos decir que se trata de cierta indiferencia. Mientras duerme, la persona es uno de los seres más indiferentes que existen.
Existe otro punto muy importante. La actitud del sueño dice:
“Déjenme tranquilo; me voy a dormir”.
¿Qué significa? Comencé algo, pero me resulta difícil terminarlo. ¿Quién lo finalizará? Probablemente otra persona.
Quien continuamente inicia cosas nuevas abre, por así decirlo, una ventana, otra ventana y otra más. Pero ¿cuándo cerrará todas esas ventanas? “Ya vendrá alguien y lo hará”.
Al comenzar un proyecto, puede lanzarse con una potencia de diez caballos: hace, produce y avanza sin detenerse. Pero esa fuerza aparece principalmente al comienzo. La pregunta es: ¿quién continuará posteriormente?
Si deseamos construir algo con una persona así, podemos nombrarla responsable de comenzar el proyecto, pero conviene que tenga un asistente encargado de continuarlo. De lo contrario, el comienzo será excelente, pero no necesariamente su desarrollo posterior.
Todas estas influencias pertenecen a la categoría espiritual que denominamos estado de sueño.
Ahora pasaremos a la fe y la confianza.
Uno de los grandes maestros del pensamiento judío, Rabí Tzadok HaCohen de Lublin, posee una enseñanza acerca del mes y de Rosh Jodesh Kislev. Explica que la palabra Kislev — כסלו está relacionada con késel — כסל, que significa confianza o seguridad.
Lo aprende del versículo del libro de Iyov:
“Si puse al oro como mi confianza y dije al oro fino: ‘Tú eres mi seguridad’”
(Iyov 31:24).
La persona de Keshet posee una confianza en sí misma tan grande que incluso la expresión “exceso de confianza” le queda pequeña. Raramente se observará en ella vacilación: está convencida de que así deben ser las cosas.
¿De dónde procede esa seguridad? En parte, de una intuición sumamente poderosa. Su intuición es tan intensa que siente como si ya estuviera viendo la realidad futura. Tú todavía no la ves, pero ella sí cree verla.
Sin embargo, no obtiene su fuerza únicamente de la intuición. También se interesa profundamente por la historia. Estas personas recuerdan relatos históricos y extraen de ellos fuerza y capacidad para comprender de qué manera vuelven a repetirse ciertos procesos. Gracias a eso pueden planificar sus movimientos basándose en acontecimientos del pasado.
Por lo tanto, existe en ellas un elemento suprarracional —la intuición—, pero este también se reviste dentro de la inteligencia. Acumulan mentalmente información acerca del pasado.
Esto no significa que vivan atrapadas en el pasado. Viven en el presente, pero les interesa investigar la historia: cómo se comportaron las personas ante determinadas circunstancias y cómo reaccionaron frente a situaciones semejantes. Guardan todo ese conocimiento dentro del “tesoro” que mencionamos anteriormente. Más adelante, esa información las ayuda a avanzar y a construir su confianza.
Pueden conservar una mente lúcida hasta una edad muy avanzada: continúan siendo profundas, claras y afiladas como una navaja incluso durante la vejez. Mantienen la seguridad de que todo saldrá bien, que todo está calculado y bajo control. Interiormente, parecen conservar siempre algo de la juventud.
En el mes de Kislev celebramos Janucá y recordamos la guerra de los Jashmonaim, en la cual los pocos vencieron a los numerosos. No podemos comprender semejante fuerza sin pensar en personas que se lanzaron a una aventura con una fe y una confianza extraordinarias en que triunfarían.
Esta es la cualidad de Keshet: se pone en marcha convencido de que tendrá éxito y de que las cosas se resolverán favorablemente. Esa misma fe y esa confianza contribuyen a producir el éxito, incluso cuando se enfrenta a situaciones que no pueden comprenderse según la lógica natural.
Una última cuestión dentro del mundo de la confianza: Keshet recibe su poderosa seguridad de ciertas fuerzas espirituales. Es un signo muy conectado con los asuntos del espíritu, del alma y del misticismo. De allí obtiene inspiración para emprender muchas cosas que una persona puramente realista, que necesita comprobar todo con sus propios ojos, nunca se atrevería a intentar.
Es también un signo relacionado con la plegaria. ¿Qué significa rezar? Significa pedir que algo tenga éxito y confiar en que, mediante el poder de la plegaria, podrá lograrse.
Estas personas poseen una conexión muy fuerte con el corazón, la fe, la confianza y la plegaria. Es recomendable que fortalezcan todavía más este aspecto.
Esta idea también aparece en la Torá. Iaacov Avinu le dice a Iosef:
“Te entrego Shejem, que tomé de manos del emorí con mi espada y con mi arco”.
¿Cómo conquistó Iaacov aquel lugar? El Targum Onkelos traduce “con mi espada y con mi arco” como:
“Con mi plegaria y con mi súplica”.
Iaacov enseña que conquistó mediante la oración y la entrega interior. La plegaria le otorgó una fuerza inmensa y, después, pudo salir a actuar…
La persona de Keshet extrae sus fuerzas no racionales de una fuente espiritual, casi misteriosa, que la fortalece enormemente.
El planeta asociado con este signo es Tzedek — צדק, Júpiter. La propia palabra tzedek significa justicia.
En el antiguo libro Tzeidá Ladérej se explica acerca de Keshet y del planeta Tzedek:
“No fue creado bajo el planeta Tzedek por casualidad, pues su porción se encuentra entre los hombres que juzgan”.
La persona de Keshet posee un sentido natural de la justicia. Tiene la capacidad de examinar las situaciones y colocarlas sobre la balanza para determinar qué es correcto y qué no.
Su sentido de la justicia está muy desarrollado. No tolera las manipulaciones ni soporta a quienes intentan mostrarse excesivamente astutos, a los “sabelotodo” o a quienes se consideran sabios ante sus propios ojos. En el hebreo moderno los llamaríamos tajmanim, personas tramposas o manipuladoras.
En esencia, las personas de Keshet suelen ser sencillas, sinceras y directas. Esto no significa que sean simplistas, sino que son personas sin dobleces. Valoran a quien coloca francamente todas las cosas sobre la mesa. Esa es la manera de conquistar su confianza.
Si un niño de Keshet descubre una pequeña falta de honestidad en su maestro o en el director de su escuela, puede perder completamente la confianza en esa persona. Desde ese momento ya no será capaz de recibir nada de ella. En casos extremos, quizás sea incluso necesario cambiarlo de escuela, porque para él esa relación quedó destruida.
Otro aspecto de su relación con la verdad y la justicia, que ya mencionamos, es su forma de hablar sin demasiado tacto. Puede utilizar un lenguaje cínico o pronunciar palabras hirientes, justificándose:
“Yo solamente dije la verdad”.
En situaciones extremas puede mostrarse insolente:
“Es verdad y por eso la digo”.
No siempre toma en cuenta si está hablando con una persona joven o anciana. Para él, la verdad es el valor supremo y más sagrado. Por lo tanto, considera que debe expresarla sin importar si la otra persona está preparada para aceptarla, si merece recibirla de esa manera o si tiene cabellos blancos o negros.
Cuando las personas de Keshet están convencidas de que tienen razón, resulta muy difícil hacerlas cambiar de opinión. Pueden mantenerse en su postura hasta el final y ni siquiera sentir la necesidad de disculparse:
“Esta es la situación, esta es la realidad y eso es todo”.
Todo esto se encuentra bajo la influencia simbólica del planeta Tzedek: para ellas, la justicia posee una enorme importancia.
Durante el mes de Kislev, la mayoría de las parashiot que leemos en la Torá hablan de Iosef HaTzadik. Esto nos revela otro aspecto de estas cualidades del alma: la relación con Iosef, el hombre de los sueños.
Iosef poseía varias características muy destacadas. La primera era su capacidad para desenvolverse en cualquier lugar y circunstancia.
Tomemos a un joven hebreo y coloquémoslo en el antiguo Egipto, entre personas con otra mentalidad, otro idioma y un estilo de vida completamente diferente. A pesar de todo, consigue sobrevivir allí y lo hace de una manera extraordinaria.
Esta es una gran capacidad para sobrevivir en un ambiente extranjero, establecer rápidamente vínculos amistosos y adaptarse con enorme rapidez al lugar en el que uno se encuentra.
Debemos considerar que esta adaptación a un nuevo lugar también exige liberarse de los recuerdos agobiantes del hogar y de todo lo sucedido anteriormente:
“He comenzado una página nueva. Ya no tengo mi antigua casa ni mi lugar de origen. Ahora construiré algo completamente nuevo”.
Muchas personas nacidas bajo este signo, al fundar su propio hogar, llevan al extremo la idea expresada en el versículo:
“Olvida a tu pueblo y la casa de tu padre”.
Dicen:
“Construí mi hogar y ahora abro un camino nuevo. No me cuenten cómo se hacían las cosas en la casa de mi padre, de mi abuela o de los demás. Yo soy diferente. Quiero construir mi nido según mi propio estilo y no pretendo imitar a nadie”.
A veces tampoco sienten demasiado la necesidad de llamar por teléfono para decir “Shabat Shalom” o simplemente avisar que están vivos. La familia necesita recordárselo:
“Llámanos para que sepamos cómo estás y para que podamos recordarte y sentirnos conectados contigo”.
Es un estilo particular de independencia.
Iosef simboliza a una persona capaz de permanecer durante mucho tiempo lejos de su hogar, sostenerse por sí misma y no quedar dominada por resentimientos o cargas emocionales.
Otra cualidad de Iosef era su extraordinaria espontaneidad. ¿Quién es capaz de comenzar a dirigir un país sin ninguna preparación previa?
Iosef salió de la prisión e inmediatamente comenzó a administrar Egipto, una de las grandes potencias de aquella época. No había recibido ninguna capacitación anterior para semejante función.
¿De dónde provenía esa capacidad? De la espontaneidad y de una profunda confianza:
“Todo estará bien”.
Y, efectivamente, finalmente todo estuvo bien.
Esta capacidad espontánea es muy interesante. Toda persona necesita algunas gotas de este “medicamento”, por lo menos en determinados momentos. Es una cualidad realmente maravillosa.
Hasta aquí explicamos la relación de Keshet con Iosef. Pero el mes de Kislev también se encuentra vinculado con Biniamín, pues, según el Arizal, este mes corresponde esencialmente a su tribu.
¿Qué caracteriza a Biniamín? Nació huérfano de madre, porque Rajel falleció durante su nacimiento.
Existen personas que, si no reciben durante la infancia los abrazos y el calor constante de su madre, pueden tener enormes dificultades para desenvolverse posteriormente. Pero otras poseen la capacidad de avanzar incluso sin ese apoyo. Consiguen arreglárselas por sí mismas.
Esto no significa que no necesiten afecto, sino que pueden continuar avanzando aun cuando no lo reciben en la misma medida que otros.
Existen diferentes tradiciones acerca de la fecha exacta del nacimiento de Biniamín. Por eso, cuando el Arizal lo relaciona con Kislev, no se refiere necesariamente a su fecha histórica de nacimiento, sino a la esencia espiritual de la tribu de Biniamín, que corresponde interiormente a este mes.
Biniamín nació sin madre y, aun así, tuvo la capacidad de crecer y avanzar. Generalmente se considera que un niño que crece sin su madre puede experimentar una carencia afectiva.
¿Qué significa aquí una carencia afectiva? Que la estructura emocional de estas personas se desarrolla muy lentamente. Pueden parecer más frías que emotivas.
Antes hablamos de impulsividad, pero esta pertenece a otra capa del mundo emocional. Una persona puede ser impulsiva y, al mismo tiempo, tener dificultades para construir vínculos emocionales profundos. Su dimensión afectiva no se desarrolla rápidamente, sino de manera gradual.
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