*SHAVÚA TOV*
🔸 CUENTO JASÍDICO PARA EL TÉRMINO DEL SHABAT 🔸
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Que tengan una excelente y bendecida semana! (Shavúa Tov uMevoraj).
Con inmensa alegría, nos volvemos a encontrar en esta nueva entrega iluminadora, un espacio del Instituto Gal Einai pensado para nutrir el alma y comenzar los próximos días colmados de luz y dulzura espiritual.
Existe una hermosa y profunda costumbre jasídica: al caer la noche del Shabat, durante la melodiosa cena de Melavé Malká, nos reunimos para relatar una historia del Baal Shem Tov. Saben nuestros sabios que este momento es una poderosa segulá (un canal de bendición) para atraer el sustento y la abundancia, para el mérito de tener hijos que nos llenen de genuina satisfacción, y para gozar de una vida larga, plena y rebosante de salud.
¡Que las historias de nuestros justos nos acompañen y abran las puertas de la bendición en esta nueva semana!
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*ESTE DOMINGO ASTROLOGÍA JUDÍA*
*MAZAL DAGUIM – PISCIS*
DOMINGO A LAS 21:00 EN VIVO DESDE ISRAEL
con el Rabino Jaim Frim
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*HISTORIA DEL BAAL SHEM TOV*
*AQUEL QUE LE DIJO AL ACEITE QUE ARDIERA…*
Relató el Rebe Raiatz, Rabi Iosef Itzjak de Lubavitch lo que escuchó de su padre, el Rebe Rashab: En el año 5579 (1818), el Rebe Tzemaj Tzedek estuvo una vez en un Farbrenguen (reunión jasídica) con los jasidim, y dijo entonces que en la época del Baal Shem Tov ardían velas de hielo, mientras que hoy en día, incluso los jasidim que poseen conocimiento y comprensión intelectual (Haskalá) son fríos.
Al Baal Shem Tov —relató el Rebe Tzemaj Tzedek— le gustaba mucho la luz. “Luz” (אור, Or) en guematria es 207, equivalente a “Secreto” (רז, Raz). Quien conoce el secreto interior de cada cosa, tiene la capacidad de iluminar. Una vez, los alumnos del Baal Shem Tov tenían una sola vela, y el Baal Shem Tov estaba a punto de entrar. Los alumnos se apenaron mucho porque sabían que al Baal Shem Tov le gustaba la luz, y no sabían qué hacer.
Cuando entró el Baal Shem Tov, dijo:
“¡Entre los judíos debe haber luz, mi trabajo es iluminar a los hijos de Israel!”.
Los alumnos respondieron que no habían podido conseguir más que una sola vela. Entonces, el Baal Shem Tov les ordenó bajar estalactitas de hielo del techo y encenderlas. Los alumnos lo hicieron así, y las “velas” de hielo ardieron.
Luego, el Rebe Tzemaj Tzedek cantó un nigún con profunda devoción (dvekut) y dijo: “En la época de los jasidim y alumnos del Baal Shem Tov, ardían e iluminaban velas de hielo, mientras que entre los jasidim de hoy hay oscuridad y frío”. Y el Rebe Rashab solía contar esta historia y concluía: El abuelo (el Tzemaj Tzedek) reveló el “fuego continuo que arderá” (Esh tamid tukad) del alma, para que los caminos del Jasidut iluminen los hogares jasídicos. Que dondequiera que estén, en todas las extensiones del mundo y los confines de la tierra, logren iluminar con la luz de la Torá. (Sefer HaSijot 5700, pág. 174)
El Secreto del Hielo y la Luz de la Torá
“¡Mi trabajo es iluminar a los hijos de Israel!”, dijo el Baal Shem Tov, y el Rebe Rashab explica que esa luz es la luz de la Torá. Pero si a nivel revelado parece que la Torá ilumina al mundo desde afuera, desde arriba, cuanto más uno tiene el mérito de acceder a los secretos (Razei) de la Torá, comprende que la luz de la Torá se encuentra dentro del mundo mismo. Por lo tanto, cuando uno sabe plantarse ante el secreto del hielo, este también se convierte en una vela que ilumina.
Algo similar ya ocurrió en el pasado, en el famoso episodio de Rabí Janina ben Dosa, quien le dijo a su hija: “Aquel que le dijo al aceite que ardiera, le dirá al vinagre que arda”. Y sin embargo, aquí las cosas se agudizan aún más, ya que el hielo frío es el opuesto absoluto del fuego que calienta.
El núcleo del trabajo del Baal Shem Tov no radica en las velas de hielo; incluso en los milagros (moftim) que realiza, su intención principal es iluminar a los hijos de Israel. Para la estalactita de hielo bastaba, por orden del Baal Shem Tov, con encenderla con un fuego simple. Pero, ¿qué debe atravesar una persona para convertirse en una vela divina? Se puede decir que este proceso recuerda mucho a la fotosíntesis en el reino vegetal:
- Recepción: Primero se recibe luz desde arriba, la luz de la Torá.
- Absorción: Esta luz es captada en el alma del hombre y lo hace merecedor de la revelación de un secreto (raz).
- Proyección: Luego, mediante la fuerza del secreto que ha alcanzado, el hombre puede iluminar desde su interior también a su entorno.
Este proceso surge de las dos partes del versículo que aparentemente se contradicen: “Sino que en la Torá de Dios está su deseo” y “en Su Torá medita de día y de noche”. ¿Es la Torá de Dios o la Torá del que estudia? La respuesta ya se comprende según las palabras del Talmud: “Al principio es llamada en nombre del Santo, bendito sea, y al final es llamada en su propio nombre”. Al principio, la luz ilumina al hombre que está a oscuras, y más adelante, el hombre mismo se convierte en una fuente capaz de iluminar y calentar la oscuridad y el frío a su alrededor.
Luz, Calor, Curación y Crecimiento
En nuestra historia se dice que al Baal Shem Tov le gustaba la luz, y en otro lugar se trae que siempre bendecía a los niños de Israel para que fueran “judíos cálidos” (Iehudim jamim). En el libro Sod Havaiá Leireav (en el portal Shemesh Havaiá), se explica que el sol tiene cuatro cualidades: luz, calor, curación y crecimiento (correspondientes a las cuatro letras del Nombre de Havaiá).
La luz y el calor habitan juntos en el Baal Shem Tov, en el aspecto de “dos amigos que nunca se separan” (trin rein de-lo mitparshin). Aunque, en verdad, las cuatro cualidades se revelaron en él. Ya que era un Baal Shem (maestro del Nombre) que se ocupaba de la curación del cuerpo y del alma, y asimismo era “quien siembra actos de justicia y hace brotar salvaciones” para la colectividad y el individuo en todo momento, un destello de “un hombre cuyo nombre es Tzemaj (Brote) y desde abajo brotará” (Zacarías 6:12).
Ya en la generación del Tzemaj Tzedek, apenas cuatro generaciones después, se sentía la ausencia del Baal Shem Tov y de sus velas. Porque la vela ilumina y calienta, y el Rebe Tzemaj Tzedek se lamenta de que entre los jasidim de hoy hay oscuridad y frío. La luz está en el intelecto (Mojin) de la cabeza: un conocimiento de Dios claro y puro. Esos mismos secretos de la Torá que iluminan el intelecto, calientan el corazón con sentimientos sagrados de amor y temor a Dios, bendito sea. También el Farbrenguen, en el transcurso del cual el Tzemaj Tzedek contó esta historia, es un encuentro cuya función es despertar principalmente el calor del corazón en sus participantes.
Las palabras del Rebe Rashab vienen a “endulzar” el lamento del Rebe Tzemaj Tzedek. En general, un Tzadik no se queja ni critica a menos que su intención sea rectificar. El Rebe Rashab explica que la profunda sensación de carencia que sentía el Rebe Tzemaj Tzedek fue lo que lo llevó a actuar con mayor fuerza para encender el fuego en el alma y elevar la luz en los hogares jasídicos.
La Luz del Individuo a la Colectividad
Es posible observar la situación y concluir de ella que, efectivamente, la constante caída de las generaciones afectó a los jasidim y su luz se va debilitando. Al fin y al cabo, el Jasidut por su naturaleza es la revelación de secretos internos, y quienes lo estudian deberían ser velas que iluminen en cada generación, ¡exactamente como en la generación del Baal Shem Tov! ¿Por qué, entonces, no es así?
Si observamos con mayor profundidad, comprenderemos que, si bien la caída de las generaciones es un decreto integrado en la naturaleza del mundo, el bien jamás se pierde, sino que encuentra otras vías para expresarse:
- En los días del Baal Shem Tov: Cada alumno era un hombre de un nivel espiritual sumamente elevado. Aunque no todos podían encender el hielo, todos podían iluminar y calentar en gran medida a quienes los rodeaban.
- En las generaciones posteriores: La cualidad de la luz pasó del individuo a la colectividad. Este es el significado de la luz que ilumina en los hogares jasídicos: esa misma luz que los individuos alcanzaron en su servicio divino se convirtió en el patrimonio de toda la comunidad. Los hogares jasídicos irradian amor y temor con una naturalidad simple, lo cual representa una gran elevación.
Y otra rectificación que logró el Rebe Tzemaj Tzedek: que dondequiera que estén, logren iluminar con la luz de la Torá. Cuando la luz se debilita, el consejo es iluminar al prójimo. “Y de mis alumnos más que de todos”: una luz retornante (Or Jozer) se eleva desde el receptor e ilumina al emisor, y viceversa. Una llama se une a otra llama, fecundándola y multiplicándola diez veces más.
Particularmente en la última generación vemos cómo todo el fervor que en tiempos pasados se invertía en el servicio de la plegaria (Avodat HaTfilá) sirve ahora como un motor incansable para la misión del Shlijut (la emisaría): iluminar con la luz de la Torá en todas las extensiones del mundo y los confines de la tierra, en el sentido más literal de la palabra.
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*PARA MEDITAR Y LLEVAR A LA ACCIÓN!*
“…En nuestra generación, y especialmente en los años más recientes, esto se ha acrecentado de una manera que va más allá de toda medida y limitación: se están distribuyendo los tesoros del Rey que habían permanecido ocultos durante todas las generaciones. Incluso aquellos pocos elegidos (iejidei segulá) que sí los tenían en su poder, no contaban con la posibilidad de publicarlos y estudiarlos de una forma que alcanzara el entendimiento y la comprensión de Jojmá, Biná y Daat (Jabad)… Y ahora, se están revelando los tesoros… y se están imprimiendo, de modo que cada uno pueda estudiar en ellos al modo de Jabad, y difundir los manantiales hacia el exterior, hasta el exterior más remoto donde no hay más allá”.
(Sijá del Shabat Parashat Toldot, 5752 – 1991)
*¡¡¡Sueños jasídicos!!!* ❤️❤️
*¡Que tengan una semana buena, próspera y bendecida!*
“¡Que así perezcan todos Tus enemigos, oh Hashem!”
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*Dedicado especialmente para la pronta y completa curación (Refuá Shelemá) de: ITZJAK FEIVISH BEN BREINA MALKA*
*Para la eterna elevación del alma (Leilui Nishmat) de: IOSEF ITZJAK BEN AVRAHAM VE-STERNA SARA*
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El pez del terrateniente y el noble misterioso
Había una vez un judío que le alquiló un estanque de peces a un paritz (terrateniente feudal). El contrato entre ellos estipulaba que todos los peces que pescara el judío se dividirían a partes iguales, pero si se pescaba un solo pez en la jornada, este le pertenecería al terrateniente. En una ocasión, cayó en la red del judío un pez maravilloso, único en su especie. El judío, que deseaba con todo su corazón honrar la mesa de la festividad de Purim, decidió conservar el pez para el banquete del precepto (Seudat Mitzvá) y compensar al terrateniente al doble en otra oportunidad.
El asunto llegó a oídos del terrateniente, quien relató lo sucedido en la asamblea anual de propietarios de tierras. Otros terratenientes añadieron sus propias “historias de judíos” y los ánimos se encendieron. Llevados por la ira y el odio, los presentes redactaron un cruel decreto de expulsión que despojaría a todos los judíos de la región de sus sustentos y los desterraría.
Un momento antes de que se firmara el decreto, entró en la sala un respetable noble, vestido con una elegancia real como nadie jamás había visto, y con un rostro resplandeciente. Los desconcertados terratenientes le cedieron la cabecera de la mesa y le presentaron el decreto para que fuera el primero en firmar. El noble miró el documento y dijo con tono autoritario: “¿Por una porción de pez quieren expulsar a un pueblo entero?”. Para asombro de todos, rompió el decreto en pedazos y salió de la habitación.
Cuando los terratenientes intentaron averiguar quién era el misterioso noble, resultó que nadie lo conocía. El terrateniente que había contado la historia inicial concluyó con inocencia: “Estoy seguro de que vi al Dios de los judíos con mis propios ojos”.
El miedo de Moshé y el mérito de Og, rey de Bashán
Los hijos de Israel se acercaban a la tierra de Og, rey de Bashán, y de pronto el Santo, Bendito Sea, se dirigió a Moshé Rabenu con palabras sorprendentes: “No le temas”. ¿A qué temía exactamente Moshé Rabenu? Después de todo, Moshé había presenciado los milagros de Egipto y la partición del Mar Rojo. ¿Acaso un gigante físico, por muy grande que fuera, podría asustar al pastor de Israel?
Explica Rashí que Moshé no temía a la fuerza física de Og, sino a su mérito espiritual. Cientos de años antes, había sido Og quien corrió a informarle a Avraham Avinu que Lot había sido tomado cautivo, y gracias a esa información, Avraham salió a la batalla y rescató a su sobrino. Moshé Rabenu sabía valorar la enorme validez de un mérito en los Cielos. Temía que esa protección histórica de Og lo defendiera e impidiera la victoria de los hijos de Israel.
Sin embargo, aquí la Torá nos enseña una regla de oro sobre la existencia del pueblo judío: Og perdió ese mérito en el instante en que buscó destruir al pueblo de Israel. Nuestros sabios (Jazal) relatan que Og arrancó una montaña entera para arrojarla sobre el campamento de Israel; y en el momento en que se convirtió en enemigo de la colectividad, su protección caducó. Por lo tanto, la Torá resume la batalla con las palabras “y lo hirieron” (en plural). Debido a que Og quiso dañar a Israel, perdió sus méritos, y el poder para someterlo pasó a la totalidad del pueblo de Israel.

